Capítulo 4. Oscuros nubarrones en el horizonte.
Si descontamos la pelea futbolera que hubo entre Mijael y Kentin, y el golazo que me anotó el primero, el entrenamiento fue de lo más sencillo. Bueno, que no se puede esperar más de las prácticas de un grupo de adolescentes.
- Fabuloso, Daisuke.- me dice el entrenador Hans.- Sigue así y te pondré de titular para el próximo partido, tu índice de imbatibilidad sigue siendo el mejor hasta el momento.
¡Me lo hubiera dicho antes! Hubiera dejado que Mijael me anotara unos veinte goles más. Por cierto que algunas personas han cuestionado al entrenador ya que se murmura, o mejor dicho, los papás de algunos muchachos murmuran que si los hijos de Genzo Wakabayashi y Karl Heinz Schneider juegan en el equipo siempre van a ser escogidos como titulares, lo que les quitaría la oportunidad a sus hijos. Sin embargo, Hans Köpke (sí, es pariente de aquel guardameta que Alemania tuvo en los años noventa y con el cual ganó la Eurocopa de Inglaterra 1996) no piensa darle favoritismos a nadie, aun así se trate del mismísimo hijo de Cristiano Ronaldo, de manera que en teoría, y sólo en teoría, ni Mijael ni yo tenemos asegurada la titularidad en ningún partido, sobre todo si mi mejor amigo sigue faltando tanto a los entrenamientos.
Sea como fuere, ahora tengo a mis primos revoloteando por ahí. No es que sea tan raro verlos a todos juntos pero están alborotados por el embarazo de mi tía. No es para sorprenderse, Lizzie tiene 17 años y como que no le causa mucha gracia saber que su mamá va a tener un bebé, aunque Edward parece tomárselo con mucha filosofía mientras su hermano se trauma por haber descubierto, a sus inocentes diez años, que sus papás siguen teniendo sexo. El único problema "real" proviene de Lisa Marie, quien aparte de ser mi prima también es una de las niñas a las que asustamos ayer en la fiesta de Vania, pues parece que tiene ganas de devolvernos la broma aunque no de la forma "correcta", si es que hay una forma correcta para devolver una broma.
- Ey, tú, hijo del Káiser.- le grita Lisa Marie a Mijael.- Una reta, tú y yo, a ver si eres tan bueno.
- Ajá.- Mijael no le prestó mucha atención.- Luego.
- ¿Qué, te da miedo enfrentarte a una chica?.- provocó Lisa Marie.- ¿A qué le teme el gran Fürst de Alemania?
¿Han visto esa película antigua llamada "Volver al Futuro", en donde el protagonista pierde la cabeza si lo llaman "gallina"? Bueno, pues algo similar pasa cuando a Mijael le dicen Fürst, por algo se enfureció con Kentin Hyuga cuando éste lo llamó así. Sin embargo, una cosa es que se lo diga un tipo de su edad y otra muy distinta que lo haga una niña de diez años. Mijael procura ignorar la ofensa aunque nuestra prima no quiere dejárselo fácil.
- Cállate, mocosa.- replicó mi amigo.- Anda, ve a ver si no necesitas cambiarte los pañales.
- Vamos, tengamos una reta de fútbol.- insistió Lisa Marie.
- Que no.- negó Mijael.
- ¿Por qué no?.- cuestionó Lisa Marie.
- Porque no estamos en igualdad de condiciones.- replicó Mijael.- Para empezar eres mujer y en segunda estás muy mocosa.
Mijael sabe que a Lisa Marie le molesta que le den a entender que las mujeres no juegan igual al fútbol que los hombres pero nuestra prima fue aceptada en la categoría infantil del equipo femenil de la escuela y parece ser que tiene talento para el sóccer. No es para menos, considerando que su madre es la hermana menor de Karl Heinz Schneider y ya nos ha quedado claro que en esta familia las aptitudes futbolísticas se heredan a través del apellido. Sin embargo, el comentario de Mijael hirió también las susceptibilidades de Lorelei porque ella es del tipo de chicas a las cuales les molesta que les digan que las mujeres no pueden hacer las mismas actividades que los hombres, y más si se lo dicen a su hermana menor, de manera que Mijael demasiado tarde se dio cuenta de que su comentario le pegó a más de una persona.
- ¡No seas machista, Mijael!.- gruñó Lorelei.- El que mi hermana sea mujer no influye en sus habilidades para jugar al fútbol!
- No me refería a eso, Lore, sino a que aún está muy chica para enfrentarse a alguien de mi nivel.- Mijael puso cara de circunstancias.
- Tienes miedo de que te venza una mujer, eso es lo que te pasa, Fürst.- replicó Lisa Marie.
- ¿Ya quieres estarte en paz con eso, Lisa?.- Mijael se exasperó.- Lore, dile a tu hermana que se esté en paz o le echaré más ratones a su mochila.
- No les hagas caso, Mija.- le aconseja Osvaldo, tranquilamente.- Cuando se juntan son inaguantables así que lo mejor que puedes hacer es ignorarlas, te lo digo por experiencia.
Esto ocasiona que Osvaldo reciba una tanda de quejas por parte de Lorelei y de Lisa Marie, aunque es evidente que aquél lo hizo para hacerlas enojar a propósito. Supongo que eso es lo que pasa cuando eres el único hombre en la familia, que te haces experto en ignorar las quejas femeninas. Aprovecho que mis primas han dejado a Mijael en paz para acercarme a él antes de que su padre lo regañe por pelear con ellas.
- Vaya que son bien lindas nuestras primas, ¿verdad?.- me es imposible no reírme.
- Y que lo digas.- gruñe Mijael, con sarcasmo.- ¿Cómo las aguantas?
Es curioso saber que Mijael y yo también compartimos primos, unos cuantos. Supongo que a su papá no le causó mucha gracia cuando su hermanita menor se casó con el hermano mayor de mi mamá, quizás esperaba que mi tía Marie se dedicara a ser monja o algo similar.
En ese momento aparecen Jazmín y Danielle en el campo de juego. Mi hermana inmediatamente se dirige al sitio en donde se encuentran los muchachos de su edad pues al parecer va en busca de Kentin, sin percatarse de que mi padre está observándola. Se va a armar una buena, mi padre es tan ciego que es el único que no sabe que su hija sale con un Hyuga (¿Ya les dije que esto también me causa escalofríos a mí?). Por supuesto, el gran Genzo Wakabayashi no es el único al que no le va a caer en gracia que Jazmín se acerque a Kentin, Mijael ha vuelto a enojarse al ver la escena, mucho más que si un grupo de personas le hubieran llamado "Fürst" al unísono.
- Se va a armar una buena… .- musité al tiempo que eché a caminar hacia ella.
- ¿A dónde vas, Daisuke?.- me gritó Osvaldo al verme.
- A defender a mi hermana.- respondí.
- ¿De tu padre?.- Osvaldo está un poco incrédulo.
- Es de quien más defensa necesita.- afirmé.
Sin embargo, no contaba con la velocidad de Mijael Schneider, el cual se le dejó a ir a Jaz con la fuerza de un huracán; cuando ésta ya estaba casi frente a Kentin, el cual ya se había separado de sus compañeros, Mijael llegó y la abrazó por detrás para comenzar a hacerle cosquillas. Lejos de enojarse por interrumpir, Jazmín se echó a reír y jugueteó un poco con Mijael, lo que hizo que el Hyuga mirara con ojos de furia al Schneider. Genzo ya había empezado a andar en dirección a Jazmín y se detuvo un tanto perplejo al ver lo que Mijael hacía. Quizás en su cerebro comenzó a formarse una teoría pero no estaba muy seguro de querer creérsela.
- ¡Ya basta, Mija!.- pidió Jazmín, sin poder dejar de retorcerse.- ¡Sabes que soy muy cosquilluda!
- Lo sé y por eso me encanta hacerte cosquillas.- replicó Mijael, sin soltarla.- ¿Me viste jugar, Jaz?
- ¡Sí, sí lo hice!.- mi hermana se revuelve cual lombriz entre los brazos de Mijael.- Ya suéltame, por favor.
- Lo haré si prometes que irás al cine conmigo hoy.- Mijael miraba a Kentin de reojo.
- ¡Sí, te lo prometo pero ya déjame!.- respondió mi hermana, sin dejar de reírse.
- Hecho.- mi mejor amigo soltó a mi hermana con una expresión de triunfo en el rostro.
Él y Kentin intercambiaron miradas de odio durante los cinco segundos que necesitó Jazmín para recuperarse. Era obvio que el Hyuga pensaba invitar a Jaz a salir pero Mijael, una vez más, le había ganado la jugada, aunque de paso había evitado el desastre nuclear que se hubiera creado si mi padre hubiera visto a Jazmín acaramelada con Kentin.
- Bien, Mija, perdóname pero quiero ir a hablar con… .- comenzó a decir Jazmín.
- ¿Con quién, Jazmín?.- preguntó mi padre.
Mi hermana, que hasta ese momento no había notado que nuestro papá se le había acercado, se puso de todos los colores y me abrazó, más bien se aferró, a mí. No iba a correr el riesgo de abrazar a Mijael delante de papá, a pesar de que a éste no parece molestarle que ellos se traten tan cariñosamente.
- Con Danielle.- dijo mi hermana.- Voy a darle el mensaje que Kentin me pidió que le pase a ella...
- ¿Qué cosa?.- tanto Kentin como Genzo se sorprendieron.
- Sí, es que Danielle anda con Kentin.- dijo Jaz, rápidamente.- Y como no quieren que mi tío Gino se entere pues por eso yo vengo a recibir sus recados.
Como ya aclaré previamente, Danielle es hija del aclamado Gino Hernández por lo que, encontrándose éste en Italia, sería muy poco probable que se enterara de que su hija mayor anda con el hijo de Kojiro Hyuga, en el remoto caso de que esto llegara a suceder. Además, Gino es un hombre tranquilo y es muy amigo de los futbolistas japoneses que jugaron en Italia de manera que sería muy raro que se molestara si alguna de sus hijas saliera con Kentin Hyuga.
- ¿Eso es cierto?.- Genzo le preguntó a Kentin, enarcando mucho las cejas.
- Eh... .- Kentin no necesitaba ser demasiado inteligente como para aprovechar la cuerda de salvación que le tendían.- Claro.
Genzo me miró a mí, miró a Jazmín, miró a Kentin, miró a Mijael, volvió a ver a Jazmín y al final a mí otra vez. Mi hermana y yo formábamos un lindo cuadro familiar que bien se pudo haber titulado "Los Miserables". Mientras tanto, Genzo parecía Otelo excepto porque en vez de dudar de su esposa dudaba de su hija mayor. ¿Y Kentin? Pues él parecía Leonardo Di Caprio a punto de saltar por la borda del Titanic, el único que se estaba divirtiendo de lo lindo era Mijael, a quien sólo le faltaban las palomitas.
- De acuerdo.- Genzo al final aceptó su derrota, cosa rara en él.- ¿Están listos para irse? Debemos pasar por Ichimei a la pista de hielo antes de volver a casa.
- Sí, papá.- Jazmín asintió humildemente.- Nos veremos, después, Kentin, le daré tu recado a Danielle.
- Hasta pronto, Jazmín.- se despidió Kentin con cara de pocos amigos.
- Adiós, perdedor.- dijo Mijael, en voz lo suficientemente alta para que lo escuchara el Hyuga.
- Ya me las pagarás, Schneider.- gruñó el otro, por respuesta.
- Adiós, Kentin.- me despedí, y no solté a mi hermana hasta que no nos encontramos bastante lejos.- Vamos, Fede.
- Te debo una.- murmuró Jazmín en español.
- Quizás después puedas ayudarme e intervenir a mi favor en la próxima pelea que tenga con papá.- murmuré.
- Preferiría que no pelearas con papá.- suspiró Jaz.- Pero ya veremos.
Cuando nos encontramos lo suficientemente lejos de Kentin, Jazmín me soltó para ponerse a platicar con Mijael; dentro de poco iba a haber un concurso de baile en la escuela y mi hermana estaba que se moría de ganas de participar en él, de manera que a últimas fechas no hablaba de otra cosa. En honor a la verdad, sólo Mijael no se aburriría nunca de escuchar la misma plática de los labios de mi hermana. Nos íbamos acercando hacia la zona en donde nos esperaban los Schneider cuando se acercó a nosotros una linda niña de cabello castaño y ojos azul oscuro. Yo sonreí al verla, ella era una de mis compañeras de clase y nos llevábamos muy bien.
- Hola, Maia.- la saludé.- No sabía que estabas aquí.
- Llegué hace poco.- quizás fue mi imaginación pero juraría que Maia Shanks se puso colorada.- Papá me trajo un rato para verte jugar.
- Ya veo.- asentí.- Espero verte después, Maia.
- Sí, Dai, cuídate.- ella sonrió por lo bajo antes de irse corriendo.
- Sí, Dai, cuídate.- Mijael arremedó a Maia en voz baja.- Se ve que estás arrasando con mis primas, no sólo quieres con Giovanna sino que también traes vuelta loca a Maia.
- Eso no es verdad.- gruñí.- Maia y yo nos llevamos bien, nada más.
- Sí, como no.- se burló Mijael.
El entrenamiento de los niños que tenían entre 10 y 13 años comenzaba después de que finalizaba el de los muchachos de 14 a 17; a él acudían Marko Hernández, quien también jugaba de portero, y Emirett Ferrari, el hermano menor de Giovanna, que a su vez era mediocampista. Ella iba llegando a la cancha cuando nosotros estábamos por retirarnos y suspiré desalentado a causa de mi mala suerte, vaya que me gustaría que Gio viniera a apoyarme pero no encuentro la manera de sugerírselo. Antes de irnos, sin embargo, la vida me bendijo cuando Giovanna sonrió al verme y me saludó con la mano. Ah, qué sería de la vida sin estos pequeños momentos de felicidad…
- Uy, por poco y se te juntan tus dos amores, Chucky.- dijo Mijael, a mis espaldas.
- Cállate o te doy una patada en las pelotas y no precisamente en las de fútbol.- bufé.
Mientras tanto, Bryan Cruyffort ya había llegado para recoger a sus hijos y a los Del Valle; él se dirigió hacia donde estaban mi papá y el señor Schneider para saludarlos, con un gesto que denotaba que había algo que le preocupaba mucho pero que al mismo tiempo lo hacía inmensamente feliz.
- Qué hay, Cruyffort.- saludó Schneider.- Llegas un poco tarde al entrenamiento.
- Lo sé, pensaba llegar antes pero… .- Bryan se encogió de hombros.- Tuve que llevar a Lara al Hospital Universitario de Múnich a que le hicieran una revisión, queremos asegurarnos de que el bebé viene bien.
- ¿Lara está embarazada?.- exclamó Genzo, sorprendido.- ¿Bromeas?
- No.- Bryan sonrió.- Tiene cuatro meses. No lo quisimos decir hasta asegurarnos de que se iba a dar pero ahora estamos muy nerviosos porque queremos que nazca bien. Lara y yo ya estamos algo mayores para tener hijos pero de verdad que ansiábamos tener uno que fuera de ambos.
- Vaya, pues felicidades.- el papá de Mijael se veía muy sincero.- ¡Es una gran noticia! Ya verás que todo va a salir bien, Cruyffort.
- Eso espero.- Bryan lucía un tanto abochornado.
- Verás que sí.- acordó mi padre.- Aunque es casi seguro que ese niño te va a sacar canas verdes cuando tú estés con un pie en el asilo y él esté en plena juventud.
- Idiota.- replicó Bryan, y los tres hombres soltaron la carcajada.
Me sorprende un poco ver a mi padre bromeando. A últimas fechas sólo ha sido tan estricto y ácido conmigo que se me olvida que también puede llegar a ser divertido. En fin, aunque mi papá se burle del hecho de que Bryan ya está viejo para tener otro hijo, la que en realidad está algo mayorcita para andar pariendo es mi tía Lara, quien es dos años mayor que su actual marido. No me queda muy en claro qué fue lo que los motivó a ambos a buscar otro hijo pero, gracias a las veces que he espiado las pláticas de mis papás, he sabido que Lara la pasó muy mal con su ex y que Bryan fue una especie de salvación para ella, así como ella y Lizzie fueron un bálsamo para las heridas del alma que tuvieron Bryan, Edward y Vladimir tras la muerte de la mamá de los dos últimos. No sé, los adultos son extraños y desean cosas más extrañas todavía, como tener hijos para celebrar el amor, pero si eso los hace felices pues allá ellos.
- Mejor nos vamos, Lara me va a esperar en tu casa, Wakabayashi.- señaló Bryan.- Leonardo me pidió también que me llevara a sus hijos ya que al parecer Marie también está allá.
- Hmmm, ya veo.- gruñó Genzo.
- ¿Qué ocurre?.- preguntó Cruyffort.
- Que Aremy se enfermó anoche y Marie la estaba cuidando hoy porque ya se sentía mejor, pero si tu esposa llega y ve que mi hija no está siendo cuidada por su papá va a encontrar otro motivo para echarme en cara que no soy un buen padre.- respondió Genzo.
- ¿Aremy está enferma?.- Schneider se preocupó, como era de esperarse, ya que quería muchísimo a mis hermanos.
- Yuri dice que no es nada serio.- dijo Genzo.- Y si yo me vine a traer a Daisuke al entrenamiento es porque ya se sentía mejor pero aun así seguro que mi cuñada encontrará un motivo para criticarme.
Y ahí estaba otra vez, esa mirada en los ojos de papá, el sentimiento de que algo no andaba bien, era como si todos percibiéramos la mala vibra del terrible suceso que estaba por ocurrir.
- Vamos, que Lara ya mejoró mucho su trato hacia ti, no lo puedes negar.- dijo Bryan, con cara de disculpa.- Ella no te odia, sólo le caes mal un poquito.
- Vieras lo mucho que eso me hace sentir mejor.- replicó mi papá, con cierto sarcasmo.- El lunes llevaremos a Aremy al hospital, quizás sea necesario hacerle algunos análisis y descartar que no tenga una infección severa.
- Eso sería lo mejor.- asintió Schneider.- Vamos entonces antes de que nuestras esposas pongan el grito en el cielo por "perder el tiempo hablando de fútbol".
Nos metimos en los automóviles y emprendimos el camino a casa, sin olvidarnos de recoger a Benji en la pista de hielo. Éste charló con papá durante buena parte del camino acerca de sus progresos en su rutina y papá le aseguró que, como todos los domingos, mañana iría a ver los avances que había tenido (siempre y cuando Aremy no se volviera a enfermar). Jazmín miraba distraídamente por la ventana, quizás lamentándose de su suerte por no haberse podido besar con Kentin, quizás también se preocupaba por nuestra hermana, no se sabía.
Llegamos a casa. Tanto papá como yo pensamos que encontraríamos a mamá aplicándole compresas húmedas a Aremy en la frente pero no fue así: mi hermana salió corriendo a recibirnos y yo me adelanté para abrazarla. Me emocionó que oliera a su shampoo favorito, se notaba que se acababa de bañar y su frescura me sorprendió y me alivió a partes iguales. Había sido un tonto por preocuparme de más, mi hermanita sólo había tenido una fiebre ligera.
Creo que no lo había dejado en claro antes pero quiero muchísimo a Aremy, igual que como quiero a Benji y a Jazmín, por supuesto, pero ella es mi protegida. Cuando los mellizos nacieron, yo estaba por cumplir los tres años y Jazmín los cinco, y ninguno de los dos estaba muy seguro de qué significaba tener dos hermanos más. Ambos teníamos ya la suficiente conciencia como para tener miedo de que nuestra vida cambiara drásticamente para mal en cuanto Benji y Aremy llegaran, pero para nuestra fortuna no fue así. Conforme fuimos creciendo y "madurando", Jazmín y yo tomamos conocimiento de que somos los mayores y que por tanto los mellizos eran nuestra responsabilidad, así que hicimos la promesa de hacernos cargo de cada uno, siendo así que Jazmín "adoptó" a Benji bajo su cuidado mientras que yo prometí cuidar de Aremy. En cierto modo, el trato nos hizo bien a todos porque Jaz era más afín a Benji en gustos mientras que Aremy y yo teníamos personalidades más parecidas. Claro está, para cuestiones de hombres mi hermano me pedía consejo mientras que Are se refugiaba en Jaz para los asuntos de mujeres, pero aun así considero que la relación que tengo con mi hermana pequeña es especial. Me sentí muy angustiado al saber que se había enfermado, por lo que verla sonriente y feliz me levantó mucho la moral.
- Ya me contó Vania que le hiciste una travesura ayer.- dijo Aremy, a mi oído.- Y Benji me dijo que te peleaste con papá por eso.
- ¿Cómo es que corren tan rápido los chismes en esta casa?.- protesté.- ¡Benji ni estaba presente cuando eso pasó!
- Es que él es muy bueno para enterarse de las cosas.- rió mi hermana.- ¿Y bien? ¿Ya van a mandarte a la academia militar? ¿Puedo quedarme con tu Tablet si eso pasa?
- ¡Ya quisieras!.- protesté mientras empujaba a mi hermana.- Se nota que ya te sientes mejor, mocosa.
Aremy volvió a reír antes de salir corriendo a abrazar a nuestro padre. Genzo la cargó como si todavía fuera una niña pero casi inmediatamente la dejó en el suelo, tras decir que "ya no era tan joven como antes". Lily apareció en la entrada, vestida con una larga falda blanca de algodón y una blusa de seda azul marino, la ropa que seguramente se había llevado al hospital, y se acercó a nosotros con una media sonrisa en la boca.
- Veo que Aremy ya se siente mucho mejor.- sonrió mi padre.- Tal vez no sea necesario llevarla a que le hagan análisis.
- Ya veremos.- respondió mi mamá mientras una sombra cruzaba por su rostro.- Veremos cómo continúa mañana.
- Mamá, ¿podemos preparar Aremy y yo algunos pasteles para nuestros primos y amigos?.- pidió Jaz.
- Claro, querida.- aceptó mi madre.- Sólo no hagas que Aremy se esfuerce mucho que aún se siente un poco débil.
En ese momento llegó Bryan con la tropa de primos y Lily se apresuró a darles la bienvenida, tras lo cual felicitó ampliamente a Bryan por el bebé que venía en camino. Éste contestó con la misma mezcla de ofuscación y felicidad que traía cuando habló con Genzo y con Karl. Todos entraron a la casa excepto mi madre y yo, pues me dio la impresión de que ella deseaba preguntarme algo.
- ¿Y bien? ¿Cómo le fue a mi rebelde en el entrenamiento?.- Lily me miró con dulzura.
- Mijael me anotó un gol.- me encogí de hombros.- Y éste pateó a Kentin Hyuga en el estómago con el balón.
- Oh, eso me suena extremadamente familiar.- mi mamá rió un poco.- ¿Te disculpaste con tu padre?
- Sí, mamá.- asentí.- Y traté de portarme bien con él. Más tarde me disculparé con Vania por haber arruinado su fiesta.
- Muy bien.- acordó mi madre.- Estoy orgullosa de ti, mi cielo.
Abracé a mi madre con fuerza. La quería tanto, era mi mayor apoyo, la única que realmente me comprendía y que a veces intercedía a mi favor ante mi padre cuando sabía que él se estaba pasando de la raya conmigo. No, miento, también Jazmín y Aremy lo hacían pero sin duda la que tenía mayor poder sobre el gran Genzo Wakabayashi era su esposa, la doctora Lily Del Valle-Wakabayashi. Sin embargo, y a pesar de que era una hermosa tarde de sábado, me sentía mal, no podía quitarme de la mente ese horrible presentimiento que me estaba persiguiendo desde la noche anterior. Creo que necesito relajarme un rato, veré si puedo retar a Benji o a Claude a una partida en el X-box, sólo espero que Benji no quiera jugar al FIFA...
Dentro de la casa mi tía Lara habla con mi tía Marie, parece que la segunda está felicitando a la primera por lo de su embarazo cuando llega mi tío Leonardo y las escucha; definitivamente mi tío se impacta mucho con la noticia pero parece estar feliz por su hermana. Después de eso se toca el tema de la enfermedad de Aremy gracias a un comentario que suelta mi tío y, a juzgar por la cara que puso su mujer, él rápidamente se da cuenta de que ha metido la pata. Mi tía Lara insiste en saber qué ha pasado y por qué no la ha cuidado alguno de mis padres y Lily interviene para salvar a mi papá de los regaños de mi tía. Veo que mamá se esfuerza por minimizar la enfermedad de mi hermana pero yo veo en sus ojos que ella también está preocupada. Me distraigo después al ver pasar a Vania (no tengo idea de a qué hora llegó, supongo que ya estaba aquí cuando nosotros regresamos) y aprovecho para disculparme con ella. Vania, de inicio enojada, me perdona después de prometerle que la ayudaré a gastarles una broma a sus hermanos, para estar "parejos". En cuanto ella se va para buscar a Aremy veo que mi padre se acerca a mí, un tanto dubitativo.
- Buen juego.- me dice Genzo, sin muchos aspavientos como es su costumbre.
- Gracias, papá.- no lo puedo evitar, siento un poco de orgullo… Pero sólo un poco.
Me fugo a la sala para conectar el X-box e invitar a mis amigos. Tras un rato de darle al Call of Duty, Benji dice que quiere jugar al FIFA (me lo temía) y Chris lo secunda, así que los dejo jugar para ir a la cocina a buscar un poco de jugo. Me doy cuenta a tiempo de que mis padres están hablando y me paro detrás del enorme refrigerador para poder escuchar sin ser visto. No parecen estar discutiendo pero el tono de voz de Lily es apremiante.
- No creo que sean normales los catarros que le dan.- dijo ella.- Puede ser otra cosa más seria. ¿Y si el antibiótico no le está haciendo efecto? Sería prudente llevarla con el pediatra a que le haga un chequeo general.
- Pensé que dijiste que ya estaba mejor.- señaló Genzo.- Ya le recetaste un antibiótico diferente, ¿no?
- Sí, pero aun así la fiebre le subió a casi cuarenta grados ayer, estuve a punto de llevarla al hospital.- replicó Lily.- No es normal que se descompense tanto con lo que se supone que es una simple infección de la garganta.
Mi padre se quedó callado, analizando lo que mamá acababa de decirle. No puedo culparlo, él no quería pensar en la posibilidad de que su pequeña hija estuviera enferma de algo grave pero al mismo tiempo no podía ignorar las llamadas de alerta de mi mamá.
- Está bien, mi amor, has lo que consideres necesario.- aceptó Genzo.- Siempre he confiado en ti y en tu criterio médico, si crees que es necesario llevar a Aremy con el pediatra haré espacio el lunes en mi itinerario para poder acompañarlas.
- Gracias.- Lily saltó sobre él para abrazarlo y besarlo.
Suspiré, mitad aliviado y mitad preocupado. Al menos a Aremy se le haría una evaluación médica más profunda pero temía lo que se pudiera encontrar en esa revisión. No tuve mucho tiempo para pensar en ello porque Jazmín entró como un huracán a la cocina, llevando un teléfono en la mano.
- ¡Papá, mamá, el tío Kaltz quiere venir con toda su familia a Múnich!.- exclamó, emocionada.- ¿Qué le digo? ¿Puede quedarse en la casa?
- A ver, déjame hablar con ellos.- mi padre sonrió de oreja a oreja al escuchar la noticia.
Por fortuna mi hermana estaba tan entusiasmada que no notó que yo estaba espiando tras el refrigerador, lo cual fue un alivio porque no tuve qué justificar mi presencia ahí. Al menos Jazmín había traído buenas nuevas, que el tío Kaltz viniera de visita con toda su familia indicaba que Adler y Mina estarían pronto aquí. ¡Más adolescentes pululando por la casa! Por lo regular somos pocos los que rondamos por estas áreas así que será agradable tener a más amigos cerca.
