Pensaba un poco más para publicar este capítulo (tengo otro escrito y uno comenzado), pero me dije a mi misma: ¿Qué coña? ¡Vamos a publicarlo!

Quiero hacer una mención especial a LestatOLeary, que está al pie del cañón y todos los capítulos me deja review. Lo aprecio de veras.

Quiero decir una cosa antes de empezar: Naruto, mientras escribía este capítulo, me mató.

Y por cierto, no oidéis a Sasuke. Es solamente alguien que no ha tenido infancia. Y la menda le odia a no ser que esté de pareja con Naruto. Así que no me lo tengáis en cuenta. Se enmendará (Aunque sea a palos xDDDDD).

¡Espero que os guste!


Capítulo 4: Sinfonía de emociones.

Durante el resto de la tarde, Naruto intentó razonar con Sasuke para que no nos censurase demasiado. Incluso Minato intentó hablar con él, pero en el caso de Minato le ignoraba y en el caso de Naruto se limitaba a decirle "Usuratonkachi". Yo por mi parte no traté de hablar con él. Conocía a mi hermano cómo si le hubiese parido y sabía que, pese a tener una mentalidad bastante abierta, no podía tolerar que alguien que no le cayese bien saliese con su hermano mayor. Se le puede llamar hipocresía, pero no estoy de acuerdo con esa acepción. Simplemente es que Sasuke era así.

Como Naruto, después de la llamada de Rin no se tragaba la excusa que tenía pensada Minato de: "No, es que he estado mucho frente al ordenador", tanto él como yo tuvimos que ponernos serios y hablar del asunto con Naruto.

A pesar de mi insistencia, Minato, con toda su cabezonería, decidió que debía ser él que se lo dijese a su hijo. Naruto intentó forzar la situación para enterarse antes de salir de casa. Pero no lo consiguió. Si hay algo por lo que destaca Minato (aparte de por ser un genio, un pivón y un tío al que adorar por dónde pasaba), era por su cabezonería. Y aunque Naruto era digno hijo de su padre, Minato le sacaba veinte años de experiencia en terquedad. Y esos eran muchos años de experiencia.

Cuándo se fueron, yo me entretuve recogiendo la cena que al final habíamos repartido, porque había suficiente para cuatro. Después de recoger, cené y me quedé en el salón a leer y escuchar música baja. Creo que no lo he mencionado todavía, pero una de mis aficiones era tocar el violín. Los movimientos de Beethoven para violín y piano eran mis favoritos, aunque Minato aseguraba que debería estarme prohibido por decreto nacional tocar un tango. No quiero ni empezar a imaginar lo que eso significaba.

Todo estuvo tranquilo desde que se fueron. Quizá el menos tranquilo de ese cuadro era yo. Sentía nerviosismo por saber que le había dicho Minato a Naruto y cómo habría reaccionado éste. Pero intentaba centrarme en el libro y en la música.

Hasta que Sasuke decidió que las once de la noche era un momento ideal para ponerse a escuchar su música a toda potencia. Lo habría pasado por alto de no ser porque me ponía de los nervios y que teníamos vecinos. Sasuke y yo no teníamos, ni mucho menos, gustos parecidos musicalmente hablando. Él pensaba que mi gusto era propio de viejos occidentales que no han echado un polvo en su vida, mientras que yo opinaba que directamente su música no era música. Cerré el libro con potencia, y apagué todo abajo. Me pasé primero por mi habitación para dejar el libro, sabiendo que con eso me había obligado a irme a la cama antes de lo planeado. No pude evitar pensar que si no hubiese sido por la leucemia de Minato, ahora mismo él y yo estaríamos en esa cama y que Naruto y Sasuke estarían lejos de acampada. Del enfurruño que me entró en un momento dado le pegué una patada a cama. Lo único que conseguí con eso fue hacerme daño. Bravo por mí.

Después de acordarme de todos los carpinteros y pintores que había en Tokio, llamé a la puerta de Sasuke. Me dijo que me fuese, pero nunca en la vida me ha hecho caso y yo tampoco a él. Estaba lo suficientemente cabreado (conmigo, con Sasuke y con la cama) como para ser cortés. Así que entré en la habitación, que por suerte para mí estaba abierta, y apagué la música.

Sasuke estaba en el portátil, de espaldas a la puerta y demasiado ocupado viendo cualquier cosa. Poco me interesaba si veía porno, si se estaba uniendo a una secta o cualquier tipo de cosa. Nada más oír que la habitación se quedaba en silencio, Sasuke se giró con en el sillón y me miró con arrogancia. Aparte mi rabia cómo solía hacer y me entregué a la frialdad que tenía guardada cómo arma de doble filo.

-Sí quieres poner ese ruido que llamas música por mi perfecto. Pero hazlo a una hora en la que levantar dolor de cabeza no sea un crimen contra la humanidad. No quiero verte juzgado por el Tribunal de la Haya.

-Que yo sepa lo que haga en mi habitación no te ha incumbido nunca. No veo por qué tiene que empezar a hacerlo ahora.

Se levantó del sillón y se dirigió a la puerta, invitándome a salir de allí.

-A mi no me hables así niño. Debo recordarte que aún estás en mí casa. Te dejo toda la libertad posible y nunca te obligo a hacer nada. La única cosa que te he pedido en estos últimos meses es que cumplas un horario para llevarte y traerte de la universidad. Creí que serías lo suficientemente maduro como para suponer por ti solito que la música a partir de las diez de la noche no se pone en una casa. Vale que una discoteca lo ponga más tarde, pero esto no es una discoteca ni lo ha pretendido ser nunca.

-¿Por qué intentas darme lecciones de moral?- preguntó él, enfadado-. Eres el menos indicado para hacerlo teniendo en cuenta que te tiras a tu antiguo profesor de universidad. ¿Así es cómo sacaste tantas matrículas de honor? Ya me extrañaba a mí que fueses un genio cuando yo te tenía por un idiota.

Dios, juro que a veces mataría a mi hermano. Vale que no tolerase a Minato. Pero de ahí a meterse conmigo y con mi carrera había un mundo. Y haciendo ese comentario había demostrado que quería que lo desmembrase. Sin piedad.

-Lamento oír eso. Lo más triste que puedes oír de tu hermano es que te tiene envidia por ser un genio y aún más por acostarse con el tío más bueno de todo Japón. Pero tú tranquilo. No se lo diré a nadie que tienes envidia. No quiero que la gente sepa que tienes un hermano tan barriobajero, cómo insinúas tú.

Sasuke se quedó mirándome con los ojos entrecerrados. Seguro que en ese momento estaba pensando mil y una formas de matarme. Pero eso no me importaba. No entonces.

-Te pedí que fueses amable en la cena y lo único que se te ocurrió fue enfrentarte a Minato. Ese hombre te trató mejor de lo que cualquier otra persona te hubiese tratado en su lugar. Créeme que en ese momento nadie te odió más que yo.

Me acerqué a la puerta.

-Cómo sigas encerrado en tu habitación ten por seguro que cuando salgas no vuelves a entrar en esta casa.

Sasuke se irguió, más cabreado aún.

-¿Me estás amenazando?

-Vaya, vaya, ototo-kun. Veo que las cazas al vuelo.

-No tienes derecho a echarme. Y menos porque no hago caso a tu cliente de turno.

Le miré desde mi altura. (Sigo siendo más alto que él. ¡Yay!)

-Cómo puedes suponer, siendo cómo es mi casa, esa es mi decisión y no la tuya.

Y salí de su habitación. Según llegaba a la mía le oí dar un portazo. Pero no volvió a poner la música. Y yo leí hasta que a eso de la una de la madrugada recibí un mensaje de Minato al móvil:

"Acabamos de irnos a dormir. Se lo ha tomado como buenamente puede. Mañana vamos a cenar a tu casa si no es problema y Sasuke no está muy cabreado. Te quiero".

OooOooOooOooOooOooOooO

Tras responderle al mensaje me dormí más tranquilo. Me preocupaba mucho la reacción de Naruto a la enfermedad. Tras leer del propio Minato que se lo había tomado más o menos bien me relajé un poco.

Al día siguiente me encontré a Sasuke desayunando. Era la primera vez que desayunaba antes que yo y ya estaba peinado. Me miró en silencio mientras yo entraba y me servía una taza de café. Al no comentar nada ninguno de los dos y tener toda la pinta de que Sasuke no iba a hablarme en un mes por lo menos, decidí que al menos yo podía informarle de que íbamos a cenar con compañía. Por lo tanto, cuando terminé mi café pasé a su lado.

-Minato y Naruto van a venir a cenar. Cómo sé que va en contra de tu naturaleza ser cortés no me voy molestar en pedirte nada y te diré que hagas lo que te dé la gana.

Incluso después de unos minutos, me di cuenta de que había sido injusto con él. Y aunque yo mismo me daba de cabezazos contra la pared por decirle eso nunca intenté pedirle disculpas. No las merecía.

Sasuke salió de casa temprano. Durante un momento pensé que se había hartado de mí y que había vuelto con mis padres, pero tras un ligero vistazo a la habitación supe que eso no había sido así. Sasuke nunca se iría sin su portátil y sin su equipo de música. Supuse que querría estar sólo.

Era domingo, así que Kisame no vendría. Hice mi cama y recogí un poco el salón para después empezar a pensar que iba a hacer de cena. Nada ostentoso. Ya ayer me pasé tres pueblos y al final sobró lo indecible. Comeríamos eso, si Sasuke venía a comer. Y ya de cenar inventaría algo más tranquilo.

De nuevo estaba disfrutando de un buen libro cuando llamaron a la puerta. Domingo a las doce de la mañana no se me podía ocurrir quién era.

Claro, eso fue hasta que abrí la puerta para encontrarme frente a frente con Naruto. Entonces me percaté de que algo dentro de mí lo sospechaba incluso antes de que llegase.

Nos quedamos en silencio los dos, hasta que Naruto, alegre incluso en situaciones serias dijo:

-No es por ser descortés, pero si me dejas entrar dejaría de tiritar algo.

Solté una risita a modo de disculpa y abrí completamente la puerta, invitándole a pasar. Se quitó los zapatos y entró en casa.

-Sasuke no está aquí- dije. Era el único motivo en ese momento por el que se me ocurría que estuviese allí.

-Lo sé- respondió él con un breve tono de disculpa-. Le he visto salir. He estado esperando a que saliese o algo para poder entrar. Con quien quería hablar en contigo.

Fuimos al salón, le ofrecí algo de beber que él rechazó y nos sentamos.

-Bueno, entonces: ¿de qué querías hablar conmigo?

Era una pregunta innecesaria, pero sabía que si no decía algo podríamos pasar horas enteras sin hablar, porque ninguno de los dos quería sacar el tema.

-De mi padre.

Sonreí con tristeza.

-¿De tu padre o de la leucemia?

Una sonrisa gemela a la mía se instaló en la boca de Naruto.

-De las dos cosas-. El silencio se volvió a apoderar del salón durante unos segundos hasta que Naruto se arrancó a volver a hablar-. Y sobre ti.

-¿Sobre mi?

-Sí. Anoche papá me contó que el día que le dijeron que tenía leucemia te lo dijo a ti, y que eso desencadenó que descubriese que era correspondido.

No supe si añadir algo o no. Me quedé sentado en el sillón individual en el que siempre me sentaba y miré al suelo en silencio.

-Mi padre siempre había hablado bien de ti- continuó el joven sin darse cuenta de mi turbación-. Antes de que viniésemos a cenar por primer vez aquí, cuando Sasuke y Minato discutieron. A mí sí que me dijo la razón por la que se puso así con Sasuke. Le molestaba que no os trataseis cómo nos tratábamos él y yo. Cuando nos fuimos de aquí le expliqué que os llevabais así porque vuestras personalidades son demasiado parecidas. Yo no me parezco tanto a mi padre cómo Sasuke a ti.

-Eso no dice mucho a su favor ni al mío- comenté con una nerviosa sonrisa. Cómo ese chicho siguiese hablando de Minato y de lo que hacía por mí acabaría por carbonizarme del calor. Seguro que ahora podría pasar por un tomate maduro-. Siempre han dicho que nos parecemos mucho a mi padre en el carácter. Supongo que por eso ninguno de los dos le pudimos soportar. Lo curioso es que de pequeño Sasuke era más cómo mi madre. No sé que le ocurrió desde los seis años hasta los doce que hizo un cambio radical y se convirtió poco a poco en la personalidad que tiene ahora.

-Me habría gustado conocerle entonces. Seguro que habríamos tenido una situación diferente a la que tenemos ahora- dijo Naruto con total sinceridad-. Desde el primer momento que le vi en la clase de la universidad quise llevarme bien con él. Pero siempre ha sido un insocial. Tras varias semanas de esfuerzo conseguí que no me echase cada vez que me acercaba a él. Incluso conseguí picarle sin que me mandase a la mierda o me ignorase. Simplemente me devolvía los piques. Y desde que tú y papá os veis más a menudo parece más unido a mí. Creo que se siente apartado con eso. Es como si le metieses un intruso en casa.

-Lo que Sasuke no parece entender es que por muchas personas que yo traiga a casa el siempre va a ser mi ototo- reclamé yo.

-Lo sé- respondió Naruto asintiendo.

Que llegase a saber tanto de Sasuke cómo yo sólo consiguió que su semejanza con Minato se acentuase aún más. Le miré fijamente y me di cuenta de que se había quedado callado, mirando al vacío. Entonces lo comprendí.

-Naruto, ¿te gusta Sasuke?

Y sonrió sin levantar la vista del suelo. Claro que sí. Era inevitable. Al igual que Minato me recordaba después de tanto tiempo. Las características de unos y de otros se atraían entre sí. La frialdad de Sasuke se derretía ante la calidez de Naruto, al igual que la sinceridad de Minato rompía mi desconfianza natural.

Sonreí. No necesitaba que me dijese más.

Y entonces Naruto dijo algo que hizo que me saltase el estómago dentro del cuerpo.

-Y tengo que contarte otra cosa. No quiero que se lo digas a nadie, ni mucho menos a mi padre.

Me quedé extrañado con esa frase. Me esperaba cualquier tipo de asunto. Menos lo que dijo.

-Papá me comentó anoche que le iban a comenzar con la quimioterapia dentro de poco, no sabe cuánto exactamente, pero poco. No sé si los fármacos funcionarán, pero por si acaso he ido a hablar con su médico antes de venir aquí.

-¿Con qué fin?

Él suspiró. Otra vez me recordó muchísimo a su padre. Eso me hizo sentir una oleada de afecto por él. Sin duda era diferente a Minato, pero su capacidad de sacrificio era igual de grande que la de su propio padre. Sus siguientes palabras me corroboraron lo que pensaba.

-Voy a ver si mi médula es compatible con la suya, por si la quimioterapia no es suficiente.

OooOooOooOooOooOooOooO

Sasuke volvió media hora después de que se fuese Naruto. Tenía la cara tan seria cómo siempre y los ojos más entrecerrados de lo normal. Yo ya estaba preparando las cosas en la cocina y apenas le dirigí una mirada para asegurarme de que estuviese bien. Se sentó en la mesa de la cocina y fue entonces cuando supe que si le hablaba me iba a responder.

-¿Dónde has comido?

-En el restaurante que quedo casi siempre con Naruto. Me apetecía estar solo.

Me giré mientras me secaba las manos.

-Eso no es ninguna novedad: casi siempre te apetece estar solo.

Rehuía mi mirada, como si fuese un niño todavía al que se le ha pillado haciendo algo que no debía.

-Sasuke, sé que no somos precisamente los hermanos modelo. Pero siento algunas cosas que dije ayer. No eran justas para ti ni para mí. Pero sigo pensando que con Minato te pasas tres pueblos.

Él me miró con una ceja enarcada, como esperando que de repente soltase un: ¡Inocente! (Debo admitir que sólo por verle la cara merecería la pena decirlo).

-Yo no te voy a pedir disculpas. Es lo que pienso y no creo que cambie mi parecer. Pero sí te puedo decir que intentaré no mostrarme tan a la defensiva con Minato.

Por el momento eso me valía. No pensaba decirle lo de la leucemia. No era asunto mío. Eso lo tenía que hacer el propio Minato o Naruto si lo creía oportuno. Aun así según pasé a su lado le puse una mano en el hombro y le dediqué un quedo:

-Gracias.

Y ya tenía a Sasuke sorprendido por el resto del día.


Una cosilla final: Creo que el fic según el ritmo en el que lo voy escribiendo y sobre todo teniendo en cuenta que en agosto volveré a mi pueblo (no se que pasa, pero allí la inspiración se me pone por las nubes) está más o menos a mitad de recorrido. No va a pasar mucha cosa más salvo la quimio de Minato y algo que no digo porque es spoiler y no soy tan malvada. Seguramente, esto se me ocurrió el otro día, haga una secuela de la historia contada por Naruto. Se enfocaría más en la pareja NaruSasu y cómo va cambiando Sasuke sus impresiones acerca de Minato.

Cada vez que no dejas review un gatito se muere, Itachi da menos besos a Minato y Naruto se vuelve soso (?).