El Pasado Siempre Vuelve

Capítulo 4: Fantasmas.

Tsubasa se paró a pensar que tal vez Anita lo odiara tanto porque Schneider está influyendo en ella. Algo tenía que hacer, ya que ella no era una persona que se dejara influir por otra, pero la influencia de Schneider debería ser tan grande que podía con la personalidad de Anita.

-Ay Schneider, tu odio hacia mí es tan grande que no te importa la felicidad de nadie, ni de mis propias hijas…-Tsubasa volvió a la fiesta, a buscar a sus hijas y a Hyuga.

Schneider, por su parte, se apartó del grupo de invitados con Anita, recriminándole que estuviera a solas con su medio hermano y a punto de perdonarlo.

-¿Se puede saber qué ibas a hacer, perdonarle?

-Bueno yo…

-¿Después de lo que te hizo? – estaba muy furioso, incluso estaba subiendo el tono más de la cuenta.

-Yo no pienso en mí, sino en mis hijas, que están sufriendo y llevan sufriendo toda la vida.

-Tus hijas, si ellas te hubieran echado de menos hubieran odiado a su padre y se hubieran marchado contigo. Son iguales a su insignificante padre.

-¡No digas eso de mis hijas! – y le propinó una cachetada. – Para hablar de mis hijas mide antes tus palabras.

-¡Que sea la última vez que me pegas una cachetada, y muchísimo menos en público!

-Te la mereciste por hablar así de mis hijas. Hagamos una cosa, hablemos nuestros asuntos en casa, no es cuestión de arruinarle la boda a Wakabayashi ni a tu prima.

-Estoy de acuerdo, no quiero volver a pasar vergüenza por tu culpa. – Wakabayashi, que estaba atento viendo la escena, se dirigió a decirle un par de cosas a su amigo que se estaba pasando de la raya, aparte de que iba ya un poco tomado.

-Schneider, tenemos que hablar – le dijo cogiéndole del hombro.

-Ey, hermano, ¿Qué ocurre?

-Perdón por interrumpir. – se disculpó – Ahora volvemos Anita, tengo cosas que contarle sobre un partido.

-De acuerdo, nosotros ya terminamos nuestra conversación – contestó la rubia. – Me iré un rato a caminar.

-¿Qué querías decirme hermano? Te noto serio.

-Deja esa copa, ya te tomaste demasiadas – Le tiró la copa al suelo.

-¿Qué te picó? No tomé demasiado, sólo…uhm…como cinco.

-Y te parecen pocas – Arqueó una ceja – A lo que iba, amigo, te estás pasando de la raya y mucho.

-¿Pasando de qué, porque me tomé cinco copas?

-Ay ya, deja las copas, no es eso y lo sabes. No me gustó para nada como trataste a Anita.

-No te metas. Le dije muy clarito que no puede perdonar al odioso de Ozora.

-Ese 'odioso de Ozora' es tu hermano. Y si lo perdona o no es cosa de ellos, no tuya. Tú no pintas nada en ese asunto.

-Ese no es nada mío. Y también es asunto mío, porque ella es mi mujer.

-No están casados. – Wakabayashi se cruzó de brazos – Y te vuelvo a decir que no es cosa tuya, ya que tú no formas parte de esa historia.

-¿Cómo puedes decir que no formo parte de esa historia? Yo la ayudé cuando el muy incompetente de Ozora la dejó después de embarazarla.

-Esa historia no es así, no cambies ni le hagas creer a Anita que es de la manera que a ti te pegue la gana.

-Y según tú ¿Cómo es esa historia? Ay, ya, que preferiste creer antes la de tu amigote. Siempre estuviste de parte de él, siempre me decías hermano pero en realidad yo te importo bien poco. Qué hipócrita llegas a ser.

-No hables de hipocresía cuando tú eres el primero. Y segundo, claro que lo creo a él, esa es la versión verdadera. Tú enredaste las cosas.

-No, yo me aproveché de la situación. Ella estaba muy mal y yo me ofrecí a ayudarla y consolarla y surgió nuestro amor.

-A eso no se le puede llamar amor. Tu amor es posesivo y obsesivo, no amor verdadero. Tú la quieres para competir con Tsubasa, siempre lo hicieron desde que cuando eran pequeños descubrieron que eran hermanos.

-Yo no compito con él, yo soy mejor que él. En todo todo y todo, esos campeonatos europeos donde le arrebaté el triunfo lo confirma.

-Quizá en el juego pudieras superarlo, pero nunca superarás su bondad y su amor por Anita. Él la ama de verdad, él la trata como se debe tratar a una mujer.

-¡Venga ya! Él la abandonó. Es un miserable rastrero.

-Schneider, deja de decir tonterías y deja de meterte donde no te llaman. – Se cruzó de brazos – Esta no es tu familia, tú tienes la tuya propia incluso, que algo parecido sucedió.

-¡Yo no tengo otra familia! ¿Te enteras? – Lo encaró.

-Sí que la tienes, sólo que no quieres saber nada. Hablas de Tsubasa de que fue un mal hombre y padre porque supuestamente abandonó a Anita y tú eres el primero.

-Te dije que no digas nada sobre eso. Eso es agua pasada.

-No es agua pasada, es olvido. ¡Schneider por favor! ¿Cuántos años llevas sin ver a tu hija?

-¡Yo no tengo ninguna hija! – le gritó

-Sabes que sí. Te quisiste apoderar de las hijas de tu hermano por puro odio hacia él, le robaste la mujer sólo porque querías que sufriera. Y mientras tú dejaste de lado a tu propia hija. Schneider, siempre pensé que eso fue algo horrible que hiciste, pero te digo de verdad ahora que sacamos las verdades, que es lo peor que pudiste hacer. – Wakabayashi estaba a punto de macharse.

-Espera hermano…esto es algo que no sabe nadie, no quiero por favor que lo digas.

-Saldrá a la luz, tarde o temprano. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que te perdiste toda la infancia y adolescencia de tu hija. Aún no es tarde.

-Te dije que no. ¡No quiero saber nada de ellas! Ella se puso en mi camino y no iba a estropear mis planes. – se tapó la boca; se dio cuenta que habló más de la cuenta.

-Ya veo. Prefieres interponer delante un odio y pleito con tu medio hermano antes que tu hija. Schneider, te prometí que no te juzgaría porque eres mi hermano, pero esto supera todo. – Le puso su mano en el hombro – Espero te des cuenta del peor error de tu vida. Me marcho, ya casi termina la fiesta y tengo un vuelo que coger. – Schneider seguía callado y cuando Wakabayashi se estaba alejando de él, le habló.

-Buen viaje hermano, pasadla re bien tú y mi prima. – El portero de volvió, le sonrió levemente haciéndole un gesto con la mano y se marchó.

La fiesta terminó con la marcha de los novios hacia el aeropuerto para disfrutar de su luna de miel, y el resto de invitados se fueron marchando a sus respectivas casas.

Tsubasa y Hyuga se marcharon con Naiara y Daianne, después de que ambas se despidieran de su madre. Anita se marchó sola sin esperar a Schnider, no tenía ganas de aguantar sus impertinencias.

Schneider llegó a la casa, que se veía vacía y con todas las luces apagadas. Se imaginó que Anita ya se había marchado a dormir.

Entró en la habitación, pero no estaba durmiendo, estaba leyendo un libro. Él entró y se empezó a quitar el traje; ella no levantaba la vista de su libro. Se dispuso a meterse en la cama, pero ella dejó el libro y le habló.

-Esta noche no duermes en la cama.

-¿Qué, por qué?

-Márchate al sofá, no quiero dormir contigo.

-Por favor, no quiero discutir más, estoy muy enojado y no quiero escenitas. – Se sentó en la cama.

-Por eso mismo quiero que te marches al sofá. Buenas noches – soltó el libro en la mesita, se dio media vuelta y apagó la luz. Schneider, refunfuñando, cogió su almohada y se marchó al sofá.

Por otro lado, Tsubasa y Hyuga se marcharon rumbo a sus destinos; Tsubasa con sus hijas a Barcelona y Hyuga a Italia, les esperaba una noche de desvelo hasta que lleguen a sus casas.

Los rayos del sol despertaron a Schneider; ya había amanecido. Se levantó y se esperezó. Cómo le dolía la espalda, dormir en ese sofá le había pasado factura.

Se dirigió hacia la cocina dispuesto a prepararse una buena taza de café, ya que entre la resaca de la boda, lo poco que había dormido y el dolor de espalda y cuello que tenía por haber dormido en ese sofá destroza espaldas, la necesitaba como agua de mayo.

Oyó el agua correr, y cómo se encendía la caldera; Anita se había metido en la ducha. Quizá lo perdone hoy, anoche se pasó un poco. Se sentó en la mesa de la cocina mientras la tostadora doraba unas deliciosas tostadas para preparar un desayuno para dos.

En ese momento, sonó el timbre de la puerta. Dubitativo, por no poder imaginarse quién podría ser tan temprano, se puso su camiseta y fue a abrir la puerta. Cuando la abrió, se quedó muy sorprendido.

-Zuria – Fue cuanto dijo. - ¿Se puede saber qué haces aquí? – La muchacha le entregó un papel dónde explicaba todo. – No, no, esto no puede ser, tiene que ser imposible.

-No te queda de otra. – La chica entró sin que el rubio le diera permiso, encontrándose con Anita, que acababa de salir de la ducha.

-¿Quién es Karl? – Preguntó extrañada al no encontrarle parecido con alguien conocido.

-Ella es Zuria.

-Su hija – Respondió la chica soltando su bolsa y sentándose en el sofá.

-¿Hija? ¿Karl Heinz Schneider, me puedes explicar qué está pasando aquí? – Anita se cruzó de brazos, sin quitar la mirada de esa extraña muchacha morena con pelo largo y rizado de ojos azules, que no aparentaba más de dieciocho.

-Ella no es mi hija, yo no tengo ninguna hija. – Respondió cerrando la puerta de un golpe.

-Mira, yo te lo explico, resulta que él conoció en una fiesta a mi madre, Oriana Lenz hace bastantes años atrás, él iba muy tomado y no tuvo otra cosa que hacer que aprovecharse de una muchacha inocente. Luego desapareció cuando mi madre le dijo que estaba embarazada de mí, pero él nunca me quiso reconocer como hija y nos abandonó a mí y a mi madre. – Explicó la muchacha levantándose y cogiendo una tostada de la mesa – Uhm, qué buena pinta tienen.

-¿Cómo? – Pareciera que estuviera en estado de shock. – Karl, ¿Tú fuiste capaz de hacer eso y luego tener la cara de recriminarle todo a Tsubasa? ¡Eres un cínico!

-¡No sé qué diablos estás haciendo aquí, dije que no quería saber nada de vosotras! – Le gritó Schneider furioso. - ¡Vete ahora mismo!

-Mi madre se marchó al extranjero a buscar trabajo, y no pudo llevarme con ella, por eso me dio tu dirección y me dijo que me presentara en tu casa, tengo derecho a que me recojas de la calle.

-Para nada, yo no quiero saber nada. Puedes dormir en un hotel o en casa de otra persona, pero en mi casa no.

-Schneider, eres horrible, ¿Vas a dejar a tu hija en la calle? ¿De verdad te importa tan poco como para dejarla que se busque la vida sin dinero alguno?

-Yo le doy dinero sin problema y que se marche a un hotel – Se encogió de hombros.

-Hasta los dieciocho, puedo exigirte tu tutela.

-¡Venga ya, dejé bien claro que no quería veros nunca, que no me importáis!

-Karl, eres horrible, no me lo puedo creer… - El rubio se mosqueó de que le echaran las cosas a la cara y su vida se torciera de esa manera, que cogió las llaves de su coche, la bolsa de la morena, su cartera y abrió la puerta.

-¡Vamos!

-Karl no, es tu hija, no puedes echarla a la calle, legalmente es tu hija.

-Ni siquiera le di mi apellido, no consta en ningún lado que sea mi hija. ¡Zuria muévete! – la muchacha acabó cediendo y se dirigió a la puerta.

-Karl por favor no lo hagas… - Le pidió la rubia.

-Tranquila, que no voy a dejarla en la calle, no me esperes para cenar, tardaré unas horas en volver. – Y dicho esto, cerró la puerta dejando a Anita muy nerviosa, extrañada y sorprendida; no se podía creer ese secreto de Schneider.

Cogió su coche, y se dirigió hacia el aeropuerto. Zuria lo miraba extrañada, tenía miedo de que le dejara por algún lado, perdida, sola y sin dinero. Cuando llegaron al aeropuerto, le hizo un gesto para que bajara del coche. Él entró y se dirigió al mostrador, encargando dos boletos de avión.

-Toma – Le extendió uno. – Salimos dentro de media hora, ve a facturar tu bolsa.

-¿A dónde vamos? – se estaba empezando a asustar.

-Fuera de Alemania, te dejaré con una persona que te acoja en su casa mientras arreglo las cosas, tengo que arreglar muchas cosas con tu madre, que es una inoportuna.

-Vas a volverte a deshacer de mí ¿No? – Se sentó en una silla de la sala de espera

-Entiéndelo, volviste a estropearme mis planes y poniéndote en mi camino, tú y tu irresponsable madre. Aparte está la prensa.

-Me alegro de que no me reconocieras como hija, porque me daría vergüenza de que la gente supiera que tengo un padre insensible, sin corazón, egoísta y que como no quiere saber nada de su hija se deshace de ella como le pega la gana. La prensa...A los famosos le importa más lo que la prensa diga en unas líneas absurdas que luego sólo lee las cuatro personas metiches que como tienen una vida vacía se dedican a saber de la vida de los demás. – Se levantó y empezó a dar vueltas de un lugar a otro.

-Córtala ya y marchémonos, el avión está a punto de despegar. – Se levantó también, soltó el periódico que estaba leyendo en una mesa de la sala de espera y se dirigió a la puerta de embarque. - ¡Venga!

Después de casi tres horas de vuelo, el avión aterrizó en su destino. Ambos bajaron de él y cogieron un taxi. Se bajaron en una urbanización de la periferia, muy lujosa. Schneider se acercó a una casa y llamó al timbre. Al cabo de unos segundos un muchacho le abrió la puerta.

-¿Tú, qué haces en mi casa?

-Vengo a pedirte un favor – Entró sin previo aviso.

-¿Qué favor? ¡Oye, no te di permiso para que entraras a mi casa!

-Bonita casa – Dijo mirando para todos lados.

-Córtala Schneider, dime qué haces en mi casa. Yo creo que no se te perdió nada aquí, y mucho menos tengo ganas de aguantarte a ti y a tus impertinencias.

-Ella es Zuria, vengo para que te quedes con ella hasta que arreglo unos asuntos. – Se dirigió corriendo hacia la puerta.

-Espera, ¿Qué dices? ¿Cómo que me la quede? ¿Qué te crees que es un perro, un objeto?

-Ya te contará ella todo, yo me marcho que me espera mi mujer, que está impaciente a que la bese y esas cosas. Bueno, te dejo con ella y con la envidia de que me vuelvo con mi mujer. Adios Ozora. – Y salió por la puerta con una sonrisa.

-Qué cara más cara tiene el imbécil éste. Es un impertinente. – Se dio media vuelta encontrándose con la muchacha, con cara triste y mirada melancólica. – Así que Zuria – Ella asintió. - ¿Por qué te trajo a mi casa y por qué pareciera que se estaba intentando deshacer de ti? ¿Quién eres?

-Me llamo Zuria Lenz, aunque debería llevar otro apellido.

-Ay no, no me digas que trajo porque eres…

-Soy su hija.

-¿Hija?

-Sí, como se suele decir, una hija bastarda de esas. – Ella se puso a llorar y Tsubasa le ofreció un vaso de jugo para que se tranquilizara.

-No te llames así, no eres bastarda, él no tuvo una hija fuera del matrimonio actual porque no está casado, tú puedes reclamar tus derechos. Tranquila, yo te ayudaré en todo lo que necesites. – Ella sonrió. – Yo soy Tsubasa Ozora, y soy tu tío paterno.

-¿Mi tío? – se extrañó.

-Soy medio hermano de ese que salió por la puerta.

-Veo que no te llevas muy bien con él.

-Más bien él no me puede ver. Pero esa es otra historia que ya te contaré, ahora cuéntame por qué Schneider no te quiere reconocer como hija. – La chica le contó todo, y a medida que iba avanzando, a Tsubasa se le iba poniendo cada vez más cara de furia. – No me lo puedo creer…Y luego tenía la cara de recriminarme a mí algo que encima él se había inventado…

-En su casa había una mujer rubia muy guapa, que empezó a gritarle de todo y a decirle que me tenía que acoger en su casa.

-Sí, ella es mi ex mujer. Más bien la mujer que era mía que él se encargó de robarme a base de mentiras y aprovechándose de un malentendido.

-Mi madre nunca me habló bien de él. Entonces sois hermanos que os odiáis y encima mi padre te quitó tu novia…

-Sí, y alejó a la madre de mis hijas.

-¿Tienes hijas?

-Sí, dos. La mujer que había en ese departamento es su madre. – Tsubasa le contó por encima su historia.

-Y yo que pensaba que era ya de por sí horrible Schneider…

-Bueno, ya no merece la pena hablar más de ello. ¿Cuántos años tienes? Lo digo por si estás estudiando para inscribirte en un instituto de aquí.

-Gracias. Tengo dieciséis, y estoy en primero de bachiller – sonrió – Tus hijas tienen que estar encantadas contigo, porque tú sí que eres un buen padre.

-Lo normal es que los padres se preocupen por sus hijos, sólo hay cuatro imbéciles mal nacidos que no se merecen ni tener algo tan bonito como un hijo. Muy bien, mañana te registro en un buen instituto. ¿Quieres conocer a mis hijas? – Ella asintió. – Sólo que son un poco más mayores que tú.

-No pasa nada, seguro que son muy buenas chicas.

-Sí que lo son. ¡Naiara, Daiane, bajad un momento por favor! – Desde la planta de arriba se oyó al unísono una afirmación. – Miren chicas, ella es Zuria y se va a quedar un tiempo con nosotros.

-Hola… - Saludó débilmente a las muchachas.

-Hola, soy Naiara. ¿Quién eres y por qué te vas a quedar aquí?

-Niñas, ella es la hija de vuestro tío Schneider, por lo que es vuestra prima… - Le contó por encima la historia.

-¡¿Cómo que te dejó aquí por tal de que no molestases en su vida?! ¡Vaya padre!

-Bueno, ya. Es cierto que es horrible lo que hizo, pero dejemos de hablar de cosas tristes, que ahora hay que hacer que Zuria se sienta como en su casa. – Contestó Tsubasa.

-Tienes razón papá – Respondió Daiane – Ven, que te enseño el cuarto de invitados, ahí estarás muy cómoda. – Zuria miró a Tsubasa, quién le hizo un gesto de asentimiento para que siguiera a sus hijas.

Ambas chicas llevaron a la nueva inquilina de la casa hasta lo que sería, por un tiempo, su nuevo cuarto. Le enseñaron la habitación y se marcharon, le dejó que se instalara.

Zuria soltó su bolsa en lo alto de la cama y se sentó en ella. Miró para todos los lados, y fijó su vista hacia la ventana. Se levantó y se asomó pudiendo divisar una preciosa vista del barrio periférico de Barcelona. Pensó que ahí estaría muy bien y que la tratarían muy bien. Se alejó de la ventana, abrió su bolsa y sacó una foto que tenía guardada con mucho recelo; era una foto de su madre.

-Mamá, mi padre no quiso saber nada de mí y me trajo a casa de su hermano. Él sí que es un buen hombre y padre, como me hubiera gustado que una persona cómo él fuera mi padre… - Se le escaparon unas lágrimas que secó rápidamente al oír que tocaban en la puerta. – Adelante.

-¿Te gustó la habitación? – Preguntó Tsubasa asomándose por la puerta.

-Claro, está muy bonita y acogedora, de seguro que dormiré muy a gusto aquí. – Sonrió.

-Me alegro. Tu padre me odia pero si quieres que hable con él y le haga responsabilizarse…

-No. Yo soy una persona que no guarda rencor ni odio en su corazón, y siempre crecí pensando que el día que vea a mi padre él rectificaría y me reconocería como hija, pero hoy me he dado cuenta que si años atrás no quiso saber nada de mí, hoy mucho menos.

-No te preocupes, si no tienes un padre que se haga valer, siempre tendrás a una madre que dio todo por ti y nunca te dejará. Además, ahora nos tienes a nosotros, que estamos encantados de tenerte en la familia. – La chica sonrió.

– Ojalá tú fueras mi padre.

-Bueno…no soy tu padre pero sí tu tío, y no te dejaré. – Zuria lo abrazó.

-Gracias tío Tsubasa.

-De nada. – En ese momento entraron por la puerta Daiane y Naiara.

-Oye Zuria, nosotras hemos quedado con nuestros amigos para ir al centro comercial, ¿Gustas de acompañarnos?

-No sé muy bien español.

-¿Y qué con eso? – Respondió Daiane. – Nosotras seremos tus traductoras. Además, seguro que te lo pasarás muy bien.

-Ándale, vente con nosotras – Insistió Naiara.

-De acuerdo, me sentará bien que me dé un poco de sol y aire en la cara. – Las gemelas sonrieron y la morena las siguió gustosa acompañarlas al centro comercial. Creció en una familia rota, pero por un tiempo iba a tener una buena familia de verdad.

Anita Schneider