—No pensé verte por aquí.

La verdad, era que no quería volver a verlo en todo lo que le quedaba de vida. No obstante tenía que pensar en que ese malnacido seguía siendo el padre de su hija. Quería matarlo por supuesto, sin embargo lo haría con cariño lentamente y sin ningún tipo de compasión. Eric descansaba largo a largo en uno de los sillones de la casa, tenía la camisa con los primeros cuatro botones desabrochados, el saco del traje estaba en el sillón pequeño junto con un par de maletas.

Lo soportó durante cuatro años solo por Chloe, por darle un ambiente familiar al que pudiera sentirse aferrada no obstante Eric mismo se encargó de acabar con todo por lo que ella pudo haber luchado; entonces. No le quedaba más remedio que quitárselo de encima, el proceso iba a durar, por supuesto que iba a durar el dato estaba que en lo que se terminaba de cumplir se iba a asegurar de cobrarle cada golpe que le dio, cada magulladura y cada humillación

Lo primero ya había surgido hacía días se volcó en cualquier medio de comunicación los negocios turbios de Eric; a esas alturas ella misma también estaba salpicada con la misma mierda pero poco le importaba. Todo cuanto quería era disfrutar de su venganza y vaya que le estaba disfrutando como nunca antes.

—Eres una perra.—masculló Eric entre dientes.—¿Lo sabías?

Se estaba acercando peligrosamente a ella, conocía perfectamente esa mirada era la que siempre ponía cada que le tocaba "corregirla" sin embargo ya no más correcciones, ahora la que se iba a encargar de corregirlo era ella a él.

—Todo te lo ganaste a pulso Eric—comentó mientras se servía una copa de coñac, del mismo que bebía su marido.—Solo te estoy cobrando todo lo que me debes.

—Te recuerdo que sigo siendo el padre de tu hija, ¿Que crees que pensará Chloe cuando se entere de que su madre quiere meterme a la cárcel?

De verdad ¿Que le vio a Eric cuando se casó con él? Tal vez la volvió loca ese acento tan varonil que tenía al hablar, o la manera en que bailaba lo único que sabía era que el encanto que una vez ese hombre desparramó sobre ella. Ya estaba más que finado. Mientras más lo veía, más se daba cuenta de que lo quería fuera de su vida y de la de Chloe.

—Sabías que eso iba a destruirme verdad.

Lorraine fue incapaz de contenerse una carcajada jovial, llena de alegría se escuchó por el recibidor de la casa donde vivía con su marido y su hija antes de mandarla a Londres con sus abuelos. Todo porque no quería, que sufriera las consecuencias que podrían acarrear sus actos.

—Por supuesto que lo sabía, así como sé que vas a tener que montarte un buen equipo de guardaespaldas ¿Cómo crees que va a reaccionar Tyler Scott cuando sepa que al mismo tiempo estabas tratando con Archie Rivers eh? Ese hombre va a ser tu primer estorbo en el camino Eric, tan listo que eres para unos asuntos y tan idiota que eres para lo demás.

Ahora el que reía era precisamente Eric.

—Te recuerdo por si ya se te olvidó que es debido a esos malditos negocios sucios que has podido mantener el nivel de vida que tenías, desde que saliste de Londres, ¿O que?—su esposo cruzó los brazos sobre el pecho—No me digas que ya no recuerdas de donde salieron los coches, los viajes, los regalos, las clases de equitación.

—Cabe recordar que eso también ha salido de mi dinero, ¿O es que tampoco te acuerdas que tengo un que otro negocio perdido en Nueva York? Bien ahora hablemos de lo que de verdad importa Eric, quiero el divorcio.

—No hay políticos divorciados Lorraine, los hay viudos pero divorciados no.

Lorraine se rió nuevamente, al fin volvía a salir a flote el lado humorístico de su pareja.

—Tú ni siquiera alcanzarás a llegar al senado Eric, eso es lo malo de ser tu. Vele diciendo a Elle que consiga quien le pague sus lujos, porque congelé las tarjetas de crédito tanto las tuyas, como las de ella. Ya me cansé de eso de "felices los tres". De aquí en adelante si tu querida quiere sus lujos de siempre tendrá que trabajar como secretaria de verdad. O de lo contrario, que empiece a hacerle frente a los embargos que se le vienen a partir del día de mañana.

Eric asintió tenía el cuerpo tenso, en el mirar se le notaba que quería estamparle la cabeza contra la pared más cercana. Lorraine se quedó ahí, a la espera de ver qué era capaz de hacer ahora que su situación era más que penosa. Empero, sonrió. ¡Cuanta razón tenía Rawlings cuando le decía que una vez amarrado de pies y manos; Eric sería incapaz de hacerle nada!

Quizás por eso fue que prefirió mover las arenas más rápido de lo que tenía pensado. Tomó la segunda copa de coñac de la noche dispuesta a irse a la habitación que una vez compartió con él.

No obstante, antes de que diera el primer paso Eric le tomó el antebrazo con la misma fuerza de antes, con la única diferencia de que Lorraine ya no se echó a temblar. Solo luchó por zafarse hasta que lo logró.

—Vas a arrepentirte de esto.—habló muy cerca de su oído.—haré que muerdas el polvo perra.

Ella asintió.

—Estaré esperando ese momento Eric, pero antes de que yo muerda el polvo tú no dejarás de recibir golpe tras golpe.

Una vez libre del agarre de su esposo la sonrisa volvió a sus labios, claro que no dejaría de recibir golpes, ese vídeo que fue expuesto ante más de un millón de espectadores fue el primero, después seguiría Elle; Eric probaría en carne propia la desesperación que se sentía al saber que estaban haciéndole daño a lo que más quería. Y no poder hacer nada por evitarlo.

El móvil comenzó a vibrar Lorraine lo sacó de su bolso sonriendo al ver quién era el responsable de la llamada.

Bien.—reconocía aquella voz, Billy Russo siempre lograba ponerle los vellos de punta.—Estoy adentro, ¿Quiere todo rápido o lentamente?

Lorraine encendía la laptop mientras tenía el auricular puesto en el oído derecho.

Prefiero las cosas lentas señor Russo.