Ludwig llegó a la taberna donde se encontraba Christoph impaciente por preguntarle, pero sabía que debía disimular su interés o sospecharía de él. No tuvo que emborracharle para que le contara lo que sucedió, pues siempre que Ludwig, al cual consideraba su mejor amigo aunque él no pensara lo mismo, le preguntaba algo, iba directamente al grano.
-¿La mujer de esta mañana que estaba con sus dos hijos, los cuales te has llevado, no?- Ludwig asintió serio sin decir nada más. -Me divertí un rato con ella yo sólo porque tú no querías acompañarme y al acabar, la maté. Era una estúpida desviada que no merecía vivir, ¿verdad, Lud?- rió de una forma molesta mientras le daba un trago a su jarra de cerveza.
Ludwig se quedó pensativo mirando al vacío, pero había escuchado todo lo que salió por la boca de su compañero. -¿Eh? Sí.- dijo saliendo de su trance y un sentimiento de odio lo invadió. Sabía que Christoph no era la mejor persona del mundo y era un idiota, pero no se podía imaginar que sería capaz de abusar de una mujer, no por lástima, si no por su odio hacia ella y sus pensamientos.
-¿Te pasa algo, Lud? Estás muy raro, más de lo normal.- le ofreció una cerveza que pidió para él.
Cogió la jarra. –No, no me pasa nada, sólo es cansancio.- se frotó los ojos intentando disimular y le dio un trago.
-Es raro que aún no te acostumbres a esto.- bebió un poco de su jarra.
-Tengo mis temporadas de insomnio, ya sabes.- se quedó mirando en fondo de la jarra.
-Oye, he oído que has cogido a una víctima más, uno que estaba ya medio muerto, ¿es cierto?- dijo cambiando de tema.
-Sí, a él y a los dos niños.- dijo aún en trance.
-Yo que tú me habría ahorrado el viaje de llevarlos al campo y matarlos ya directamente.- rió mientras bebía. –Creo que eres un poco blando para este trabajo.-
-Qué va, sólo es que quiero que sufran antes de morir.- esta fue la mejor excusa que se le ocurrió, pero lo dijo con pesar y remordimientos. En lugar de ellos, sólo deseaba ver morir a todos los del resto del ejército; soldados de a pie, comandantes, tenientes, etc., incluso al propio Christoph por cometer tales salvajadas.
-¡Así me gusta, Lud! ¡Lo único que hacemos es limpiar al mundo de esa escoria!- alzó la mano para llamar al camarero. -¡Póngame otra cerveza para mí y para mi amigo! Hoy te invito yo, ¿eh?- le rodeó del hombro con su brazo derecho.
Ludwig ya no aguantaba más. Sentía como que si se quedara hablando con su compañero de estos temas explotaría y le daría un golpe tan fuerte hasta dejarlo inconsciente, como mínimo. –Bueno, creo que ya me voy.- intentó disimular su incomodidad.
-¿Qué? ¡Pero si aún no te has bebido la cerveza!- se sorprendió.
-Hoy estoy cansado, sólo es eso. Mañana si eso hablamos, ¿de acuerdo?- se levantó.
-Claro.- aún no salía de su asombro.
-Muchas gracias por invitarme. Adiós y hasta mañana.- se fue y lo dejó sólo y triste, pues Ludwig era su único amigo y el único que soportaba sus idioteces y si se iba, significaba que se tenía que quedar sólo aguantando las burlas de los demás, pues siempre que lo veían se metían con él por su vanidad y orgullo, dado que frente a las críticas era muy débil y estaba acostumbrado a que Ludwig lo defendiera de ellas.
El rubio cogió algo de cena, aunque sólo para una persona dado a que si pedía para dos, empezarían a sospechar y a extrañarse. Tras pasar por el comedor, volvió rápidamente a su habitación. -Ya he vuelto.- abrió la puerta como pudo aguantando la bandeja en la otra mano y la cerró rápidamente. Feliciano salió de entre las sábanas y empezó a palpar por el colchón disimuladamente para ver si Ludwig estaba a su lado. El alemán dejó la bandeja en el escritorio, haciéndole un hueco entre tanto papeleo que había y se sentó en la cama junto a él, cogiéndole de la mano y haciendo que se ruborizara. -Sé lo que le pasó a la mujer de esta mañana.- se quedó pensando en una excusa no tan cruel como lo era realmente, pues no le iba a contar que abusaron de ella y la mataron.
-¿Qué le ocurrió?- dijo impaciente y algo más confiado, pues sabía que iba a morir de todos modos matado por su "salvador" o por su lamentable estado y debilidad.
-Verás, le dieron un tiro en el pecho…- fue la excusa menos cruel que se le ocurrió aunque pensándolo bien, se trataba de una muerte y fuere cual fuere la excusa, sería impactante y triste.
-Lo sabía.- se echó a llorar desesperadamente, intentando que su llanto no se oyera mucho, por lo que se tapó la boca con su mano. Ludwig le abrazó por lástima, pero Feliciano intentó rozarse lo mínimo posible con él, pues aunque era tan agradable con él, seguía sin fiarse completamente aunque decidió ser más confiado. -Ella era mi madre.- dijo entre sollozos contándole la verdad, pues seguro que todos ya estarían muertos. –Mi madre y la de mis hermanos, los dos niños que están ahí afuera, solos, con frío y miedo.- volvió a llorar de nuevo y Ludwig lo abrazó más aún con cuidado de no hacerle daño.
-Eso será por poco tiempo. Si así lo deseas, los traeré aquí.- le acarició el pelo. El italiano se extrañó por esas palabras. Parecía como si actuara como su ángel de la guarda, salvándole y tratando de hacerle feliz sin importar los inconvenientes.
-Si se me permite preguntar, ¿puedo saber por qué te alistaste en el ejército?- tras el comentario de Ludwig y su reflexión no volvió a intentar apartarse de él. Le conocía desde poco tiempo, pero veía que su corazón era puro o al menos, hasta el momento o mientras lo fingía.
