Disclaimer: Naruto y sus personajes correspondientes, le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Attraction.
Capítulo 4
Mientras caminaba hacia su salón de clases, en el segundo piso, se dio cuenta de que todos hablaban a sus espaldas, sin importarles que los estuviera escuchando.
Si antes le afectaba, ahora más. No había nadie quien la defendiera, estaba totalmente sola.
Sintió un nudo en el pecho, y unas inmensas ganas de llorar. Se salió del pasillo, yéndose por el lado contrario, hasta que encontró los baños, no lo pensó mucho antes de encerrarse en uno de los cubículos.
¿Así viviría el resto de sus días universitarios? ¿Escondiéndose?
Era tan patética.
Subió las piernas al retrete, y las abrazó con fuerza, quería irse a su casa, con sus padres y su hermana. Por primera vez, la Universidad le parecía una completa perdición.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos, al escuchar unos pasos y voces, se asomó por la rendija de la puerta, y alcanzó a ver a dos chicas, que se miraban en el espejo, una castaña, y otra rubia.
—Dicen que en realidad Tanaka-san quien planeó todo, ¿lo puedes creer? —dijo una, mientras se ponía labial.
—¿Tanaka-san?
—Sí, Takana Ayuri.
—¿La chica de cabello lila? —la rubia se giró a ver a su amiga—. Vaya… qué horrible. Pobre de Hinata-san y Mio-san, después de todo lo que han dicho de ellas.
—Pues sí, pero según me dijo mi novio, Shinohara-san fue la culpable de todo lo que pasó.
—¿De verdad? Entonces, ¿quién es la víctima?
Hinata sintió cómo su corazón latía apresurado.
—Pues ayer tuvieron una discusión durante la clase de Pintura Moderna, hasta las grabaron y todo. Se ve claramente cómo Tanaka-san admite que fue ella quien filtró las fotos de Mio Shinohara, y lo que pasó en su fiesta, con Hinata-san, también fue obra suya.
—¿Todo lo planeó? Pero que malvada, yo no podría hacer algo así... —murmuró, mientras empezaba a hacerse una coleta.
—Pues sí —suspiró la otra—, pero todo fue a raíz de que Shinohara-san la excluía del grupo desde hacía mucho tiempo, incluso al punto de hacerles creer a sus amigas, que Tanaka-san no quería que la acompañaran al sepelio de su padre. Claro, todo eran mentiras, para dejarla sola, y que se alejara de ellas.
—Al final, terminaron lastimándose la una a la otra.
—Así es… sabes, creo que muchos se deben sentir culpables, sobre todo por la forma en que han tratado a Hinata-san estas semanas. Sólo fue una víctima más de las acciones de Tanaka-san.
—Pero, ¿lo de la fiesta no es cierto? —la castaña arqueó una ceja.
—Bueno, si lo piensas bien… creo que a nadie le gustaría ir a una fiesta, y que un chico trate de forzarte a estar con él, ¿no lo crees? Y luego, imagínate que todo sea porque una de tus amigas lo planeó.
—¡Tienes razón! Aunque, Hiro también tuvo la culpa.
La Hyūga se quedó estática, mientras escuchaba aquello. ¿Qué más daño pudo hacerle ese chico?
Tragó saliva.
—Ya sé, andar diciendo por ahí, que Hinata-san es una «calienta bancas», no es nada agradable.
—Sí, les hizo creer a todos que ella lo había buscado, y que después, a la mera hora, montó un espectáculo, haciéndose la víctima. Cuando en realidad, él la estaba obligando. Es horrible.
Hinata abrió los ojos con sorpresa, sin poder creerlo. ¿Por eso todo mundo la molestaba?
Sin darse cuenta, empezó a llorar de pura rabia.
Finalmente entendía la actitud de los chicos, y ese estúpido apodo; Hiro les hizo creer a todos que ella lo provocó.
Cosa que era obviamente mentira.
No era justo, que la trataran de esa manera, sólo por hacerse respetar, y negarse a hacer algo que no quería.
—Sabes, tal vez deberíamos decirle a las chicas que eviten hablar con Mio-san y Ayuri-san.
—Tienes razón, personas como esas deben quedarse solas.
Por un momento, estuvo a punto de abrir la puerta, para enfrentar a esas chicas, y decirles que actuar de esa manera no era la solución, que a pesar de todo, Ayuri y Mio no lo merecían.
Sin embargo, se detuvo.
¿Y por qué lo haría? ¿Por qué las defendería?
Si esas que se decían sus amigas no mostraron ni el mínimo arrepentimiento ante sus actos.
Se llevó las manos al pecho, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Se estaba convirtiendo en mala persona? Pero de nuevo, los recuerdos de todos los malos ratos que había pasado, se hicieron presentes.
Por primera vez no intervendría por nadie más, pensaría en su propio bien. Si las personas empezaban a considerarla la víctima, que así fuera, ella no iba a negarlo.
Naruto estaba distraído, jugueteando con una pluma. Ajeno al bullicio que hacían sus compañeros, sorprendidos y curiosos ante los obvios golpes que traía sobre el rostro.
Sin embargo, sus pensamientos estaban muy lejos de ahí, enfocados en cierta chica de cabello negro.
—¿Y a ti qué te pasó? —le preguntó Sasuke, sentándose a su lado.
El rubio frunció el ceño.
—Cosas.
—Hmm…
Ante la falta de interés, se giró a verlo.
—¡Me peleé con alguien!
—¿Y?
—Tú preguntaste primero qué me pasó.
El Uchiha lo miró
—Tú respondiste «cosas».
Ambos se miraron durante unos segundos, y ante la estúpida situación, Naruto rompió a carcajadas.
—Se suponía que debía estar molesto contigo, teme.
—Se suponía —Sasuke levantó levemente la comisura izquierda de sus labios, en una sonrisa casi imperceptible.
Se quedaron en silencio, hasta que el rubio lo interrumpió.
—Sakura-chan… ¿está molesta conmigo? —preguntó, temeroso.
La verdad es que no le gustaba enojarse con sus mejores amigos, no era bueno lidiando con la soledad, iba en contra de su naturaleza, le hacía recordar viejos tiempos de cuando estaban en el instituto.
Cuando los tres eran unos desterrados sociales.
—Diría más bien arrepentida —respondió el pelinegro, recordando la cara llorosa de su a veces estresante novia.
—¿De verdad? —apretó los labios con fuerza—, tal vez no debí decirles esas cosas.
—Dobe, no eres bueno pidiendo disculpas —dijo Sasuke, mientras sacaba su celular.
—Y tú tampoco, digo, por algo te sentaste a mi lado, cuando siempre tomas el lugar de enfrente.
—Eso no es de tu incumbencia —bufó el chico, mientras sacaba sus auriculares, y se los ponía a todo volumen.
Pero aun así, fue capaz de escuchar la carcajada que Naruto soltó al descubrirlo.
Sólo él podía tener un estúpido rubio cabeza hueca como mejor amigo.
Por más que trataba de dibujar algo, no podía, tenía la mente en blanco.
—Esta es la última semana para entregarme los bocetos —dijo el profesor Yoshima.
Y ella no dejó de sentirse nerviosa, porque no tenía nada del trabajo hecho, simplemente las ideas no fluían.
Los últimos acontecimientos la tenían agotada física y mentalmente, a veces la sola idea de despertarse y tener que ir a la Universidad, la hacían vomitar.
Derrotada, dejó el carboncillo en la mesilla, y miró a sus alrededores detenidamente.
Vio que Mio le regresaba la mirada, pero Hinata la evitó. La chica había intentado más de tres veces hablarle en lo que iba de la mañana, pero ella la había rechazado.
Ayuri, en cambio, las ignoraba.
Mentiría si no aceptaba que le dolía cómo había terminado la amistad, aún no podía aceptarlo del todo.
—¿Estás bien? —le susurró Erika, quien tampoco había empezado su boceto—, pareces perdida.
Hinata sonrió, algo triste.
—Sí, no te preocupes.
—Hinata-chan, sabes, yo…
—¿Sí? —volteó a verla, con interés.
—B-bueno —Erika apretó fuertemente su lápiz—, ¿te molestarías conmigo, si yo…, si yo cambio mis clases?
La pregunta quedó en el aire, tomándola totalmente por sorpresa. ¿Por qué la única amiga que le quedaba, tomaría esa decisión?
Pero entonces, recordó todos los chismes y rumores, lo que se escuchaba en toda la Universidad, la gente que las señalaba sin tener una mínima idea de lo que sucedía, y comprendió totalmente la decisión de Erika.
—Claro que no, Eri-chan —susurró con cariño, tal como solía llamarla en el pasado.
—¿De verdad? —sus ojos grises brillaban con culpa—. Perdóname, sé que tal vez estoy huyendo, y dejándote sola, pero, no puedo soportar todo esto, las personas son tan crueles —tomó discretamente la mano de Hinata—, sé que lo entiendes mejor que nadie.
Y asintió, porque era cierto, ¿cuál era el propósito que Erika la pasara mal, si ella nunca hizo nada?
—No tienes que lidiar con los problemas que Ayu y Mio causaron, no es justo —sus manos temblaban—. Comprendo totalmente tu decisión.
Erika, sin darse cuenta, empezó a llorar bajito.
—¿Cómo es que eres tan gentil? —dijo en un hilo de voz—, s-siempre me has tratado bien, me aceptaste en tu grupo sin pensártelo dos veces, m-me toleraste, a pesar de todo, nunca me juzgaste, ni una sola vez, y yo… y yo, nunca pude hacer nada por ti.
Hinata negó, con ojos también llenos de lágrimas.
—Ayer me mostraste tu apoyo, te estoy totalmente agradecida por eso. Siempre te consideraré una amiga.
—¿Aunque cambie mis clases, y sea casi imposible vernos?
—Sí, te lo prometo, Eri-chan, realmente no tienes por qué preocuparte.
—Pero te dejaré sola.
—No es cierto —el recuerdo de Naruto apareció repentinamente—, haré amigos, ya lo verás.
La chica no lucía muy convencida, por un momento, se arrepintió de tomar aquella decisión, pero entonces, el recuerdo de sus compañeras involucrándola en la pelea de Mio y Ayu, le dio escalofríos.
Erika nunca sería buena para lidiar con esas cosas, no soportaba que los demás la odiaran.
—T-tomaré mis nuevas clases en la tarde, probablemente no nos podremos encontrar tan seguido, yo…
—Está bien, de verdad —la Hyūga cerró los ojos, y tomó una bocanada de aire—, yo también creo que es lo mejor.
—¿Y si te cambias conmigo? Ya no tendrías que verlas más —dijo.
Para su sorpresa, su amiga negó.
—No quiero huir. Lo afrontaré, como lo he hecho hasta ahora.
Al parecer, ya no había nada más que decir. Ambas chicas se miraron fijamente, y entre lágrimas, se sonrieron.
—¿Seguiremos siendo amigas?
—Por supuesto —afirmó Hinata.
De verdad que no estaba molesta, Erika tenía razón, el lidiar con las personas era muy difícil, más cuando no tenías la culpa de nada.
Además, su amiga no tenía ningún compromiso de mantenerse a su lado, lo sabía, no había un contrato o una atadura que dijera que debían protegerla, Hinata lo sabía muy bien.
Se dio cuenta, que por primera vez estaba totalmente sola, ya no era como en la guardería o el instituto, donde Neji la protegía.
Era casi un adulto, tenía que valerse por sí misma.
Pero la verdad, es que le daba miedo.
No estaba lista. Las personas a su alrededor solían tener la tendencia a querer cuidarla, y ella se había acostumbrado a eso, al punto de que jamás llegó a preocuparse porque sus seres queridos la fueran a abandonar.
Pero obviamente la gente cambia, sus pensamientos y emociones también. Como Neji, quien había decidido irse a una facultad totalmente diferente, o las que creía sus amigas, que ahora ni se le acercaban.
El tiempo no se detiene. Era horrible ver cómo los demás avanzaban, y ella seguía ahí, estancada, sin saber qué camino seguir.
¿Estaba mal querer regresar al pasado? Antes, no se cuestionaba tanto a sí misma, o sus decisiones, no había necesidad de dar explicaciones, o tratar de caerle bien a los demás.
Podía ser sólo Hinata, sin tapujos. No resaltaba, era sólo una más del montón, como se suponía que debía ser.
¿Cuándo fue que las riendas de su vida cambiaron a tal punto, que por un momento, intentó ser otra persona?
La sociedad siempre era así, tratando de que las personas cumplieran con ciertos estereotipos, que tuvieran estándares. Estudiar, graduarse, tener un trabajo, casarse, morir, aquello era lo que desde pequeños les imponían. El supuesto ciclo a seguir.
Hinata estaba consciente de que nunca encajaría en eso, su forma de ver la vida iba más allá, tenía otra visión, o solía tenerla.
Ahora todo estaba opacado por malos sentimientos, y recuerdos dolorosos.
No quería seguir así, no quería convertirse en una persona moldeada a base de esperanzas ajenas.
Suspiró, y algo curiosa, observó a Mio, quien estaba al otro extremo del salón, y dibujaba con rapidez, llena de concentración. Le echó un vistazo a Erika, quien mordía el lápiz, mientras veía el papel con el ceño fruncido, probablemente porque no tenía ni idea de cómo empezar su boceto.
Y por último, discretamente, vislumbró a Ayuri, quien tenía los ojos cerrados, y los audífonos puestos, ajena a lo que sucedía en clase.
Aquello fue todo lo que necesitó para darse cuenta de la realidad.
Ellas tres seguían con su vida, como si nada pasara.
La única que estaba preocupada, dolida, y lastimada, era ella. La única que estuvo toda la noche torturándose por la amistad rota, era ella.
No supo en qué momento empezó a dibujar, el carboncillo se deslizaba en el papel como mantequilla, ¿hacía cuanto tiempo que no sentía esa necesidad de expresarse?
No pensó mucho, simplemente dejó que su mano hiciera el trabajo. Varios recuerdos flotaban en su mente: la plática con el maestro Yoshima, el encuentro con el chico llamada Naruto, lo sucedido con sus amigas, su creciente soledad, todo pareció acumularse, para después simplemente explotar.
Para su sorpresa, la campanilla para el cambio de clase sonó. A lo lejos escuchó la voz del profesor Yoshima.
—Nos vemos mañana chicos, y recuerden, tienen hasta el viernes para entregar ese boceto, espero mucho de ustedes.
Parpadeó, algo confundida.
—Hinata-chan, debemos irnos, tenemos clase de Historia del Ar… —no terminó de hablar, porque sus ojos se enfocaron en el dibujo de la Hyūga—¸¿en qué momento hiciste eso?
—N-no lo sé —susurró, observando su boceto—, ¿es malo?
—¿Estás loca? —dijo Erika—, ¡es hermoso! ¡Demasiado hermoso! Pero si sólo quedaba como media hora de clase cuando terminamos de hablar, yo no pude hacer ni una sola línea, y tú dibujas esta preciosura, no lo puedo creer.
Hinata se ruborizó.
—Ya veo…
—Y dime, ¿qué significa? ¿Qué te inspiró?
No le respondió, se quedó divagando, escuchando a lo lejos cómo los demás alumnos guardaban sus cosas, y salían del aula.
¿Qué le había inspirado?
Sabía la respuesta, pero se quedó callada.
En su dibujo, había un frasco de cristal cerrado, y dentro, tres grandes mariposas, pero no volaban, estaban en el fondo del recipiente, con las alas caídas, como si llevaran mucho tiempo atrapadas, y por fuera, en una de las orillas del cuadernillo, había una mariposa más pequeña, casi imperceptible, pero estaba ahí, volando libre, fuera del frasco.
Se dio cuenta que esa pequeña mariposa era ella.
—Quién sabe —susurró, con una sonrisa—. Debemos irnos, vamos.
Guardó rápidamente sus cosas, tomó el brazo de Erika, quien lucía bastante confundida, y salieron corriendo rumbo a su próxima clase.
Naruto sabía que sus acciones tendrían consecuencias, habría que ser muy tonto para no entenderlo.
Por eso, ni se inmutó cuando uno de los directivos lo llamó a servicios escolares.
Estaba serio, con la mirada baja. Pero lo hacía sólo por respeto al hombre frente a él, porque a decir verdad, no se arrepentía de absolutamente nada.
—¿Está consciente de la falta que has cometido, Uzumaki-san? —preguntó el hombre, quien suponía era algún maestro, o eso parecía.
—Sí —murmuró.
Al no escucharlo muy convencido, el profesor suspiró.
—Le quebraste el brazo a Gojō-san, además tiene hematomas en toda la cara —frunció el ceño—, y por si no fuera suficiente, en vez de llamar a la ambulancia, lo dejaste tirado e inconsciente sobre el césped y te fuiste, ¿me puedes explicar por qué hiciste eso?
El rubio parpadeó algo confundido, bueno, sí, todo eso era cierto, pero no sabía que le había quebrado un brazo.
Aquello sí no le alegró mucho. Quería explicarse, pero sentía que cualquier cosa que dijera no sería suficiente.
¿Y a quién quería engañar? Ese chico se lo merecía, por decir todas esas cosas tan obscenas.
Los hombres cada vez eran más irrespetuosos, y él simplemente no podía entenderlo.
—Lo hice porque dijo algo que no me agradó —murmuró.
—¿Y por eso lo golpeaste? No hay excusa para lo que has hecho. Ya eres un adulto, y deberías comportarte como tal, ese tipo de acciones son una falta de respeto para nuestra Universidad —el maestro lucía visiblemente fastidiado—, tendrás que firmar una carta de disculpas, pagar los gastos del hospital, e ir a visitar a Gojō-san.
Naruto soltó una risa burlona, para la sorpresa del hombre.
—Puedo pagar el hospital, pero no me voy a disculpar, no se lo merece.
—¡Uzumaki-san! ¡Cómo se atreve!
—¿Usted se preocupa por lo que sucede en el campus, no? Bueno, deberían estar al tanto de cómo muchos estudiantes son acosados a diario, y los profesores ni se dan cuenta. Ese chico, el que golpee, estaba hablando asquerosidades de mi novia, ¿quería que me quedara callado? Pues no —miró al profesor—, si me quiere castigar, hágalo, no me interesa realmente, sé que hice lo correcto.
—¿De qué me está hablando? La ética de la Universidad es innegable.
—Yo no digo lo contrario, pero deberían importarles más los estudiantes. Por ejemplo, el año pasado, la chica de psicología que se suicidó en su casa, todos lo atribuyeron a que tenía depresión, pero en realidad, casi todos sabíamos que la molestaban sus compañeros, ¿comprende? —tomó una bocanada de aire—¸así que, como dije, no me voy a disculpar, si quiere, pago los gastos del hospital, pero definitivamente no pediré disculpas.
No es que fuera terco, solía aceptar cuando se equivocaba, y se disculpaba. Sin embargo, en esta ocasión no lo haría, no se echaría para atrás.
Además, no se consideraba un adulto, todo lo contrario, le faltaba mucho por madurar, y lo sabía.
Observó a su maestro, para su sorpresa, éste sonreía levemente.
—Tienes buenos argumentos.
El Uzumaki le sonrió de vuelta.
—¿De verdad?
—Digamos que sí —cerró el folder donde tenía los papeles de Naruto—. Lo dejaré pasar esta vez, pero deberás pagar los gastos médicos.
—Entonces, ¿me puedo ir?
El profesor suspiró.
—Sí, márchate, y por favor, ya no hagas de justiciero, ni vayas dejando inconsciente a la gente.
Al escuchar aquello, el chico soltó una carcajada.
—Se lo prometo, de veras —se dio la vuelta, dispuesto a irse, pero entonces, recordó algo—, gracias, ¿profesor…?
—Yoshima.
—Bien, ¡gracias profesor Yoshima! ¡Prometo no causarle más problemas! —le sonrió abiertamente.
—Eso espero.
Se marchó, dejando pensativo al profesor de artes, quien aún seguía sin entender muy bien, por qué lo había dejado ir. Ya vería cómo lidiaría con los reclamos de los padres de Gojō.
Dejó su libro a un lado, para observar el reloj de pared, que marcaba las cuatro de las tarde.
Ya era la hora. ¿Realmente ese chico asistiría?
Bueno, esperaba que sí, porque ella llevaba tres horas esperando. Había faltado a sus dos últimas clases, porque estaba agotada mentalmente. Lo único que se le ocurrió fue encerrarse en la biblioteca.
De toda la facultad, probablemente ese era su lugar favorito; además de la sala común, donde había grandes mesas, también tenían pequeñas salas, que casi nadie frecuentaba.
Existía una cero posibilidad de encontrarse a Ayu, o Mio en ese lugar.
Cerró el libro, y tomó una bocanada de aire.
A decir verdad, ni siquiera sabía por qué iba a ir a reunirse con Naruto, no era algo que normalmente haría.
Pero, por alguna razón, él le agradaba. No parecía tener intenciones de juzgarla, al contrario, la trataba como si fuera un buen amigo, de esos que te encuentras por casualidad en la calle, cosa que ella agradecía enormemente, más ahora que estaba totalmente sola.
Por otra parte, estaba la constante sensación que lo conocía de otro lugar, pero no lograba recordar de dónde, tal vez sólo eran imaginaciones suyas.
Suspiró, mientras salía de la biblioteca. ¿Y si él no se presentaba? ¿Por qué se sentía tan ansiosa al respecto? No era como que Naruto tuviera la obligación de ir.
Todo aquellas dudas revolotearon en su corazón, por lo que una vez que estuvo afuera, corrió con todas sus fuerzas, directo hacia el lugar de encuentro.
Iba tan rápido, que cruzó la facultad en menos de diez minutos, cosa que nunca hacía, porque se cansaba fácilmente.
Se detuvo una vez que estuvo frente a la banca, y para su sorpresa, ahí estaba él, esperándola. Hinata, quien respiraba agitada, y estaba completamente cubierta de sudor, sonrió.
Muy consciente del porqué.
Naruto parpadeó confundido al ver a la chica frente él, estaba encorvada, con las manos en las rodillas, mientras tomaba grandes bocanadas de aire.
—¿Estás bien? —preguntó algo preocupado.
—S-sí —susurró ella—, s-sólo cinco minutos…
No le respondió, esperó a que se tranquilizara.
¿Había corrido un maratón?
Esperó hasta que Hinata pareció recuperar la compostura. Tímidamente se sentó a su lado, no pasó por desapercibido la forma en que apretaba su larga falda.
Lucía bastante nerviosa.
—¿Saliste tarde de clases? —dijo Naruto, no muy seguro de cómo iniciar una conversación.
La Hyūga apretó los labios con fuerza, decirle que pasó casi dos horas encerrada en biblioteca, no parecía lo más adecuado, así que simplemente asintió.
—Sí, algo así, tuve taller artístico hoy.
Se quedaron en silencio, sin saber muy cómo continuar. Era raro, Naruto no estaba emocionado como otras veces, en cambio, Hinata, era todo lo contrario, se sentía una bolita de emociones, y temía ser descubierta en cualquier momento.
—Sabes, pensé que no vendrías, llevo aquí como media hora —murmuró, sin muchas ganas. Era cierto, desde las tres y media estaba ahí, todo porque ella le había dicho que salía a las tres, vaya idiota.
—¿Eh?
—Sí… Hinata, tal vez, ¿te he incomodado? Ya sabes, es la tercera vez que nos encontramos, y lo he pensado, creo que de alguna manera te he presionado para reunirte conmigo.
Y esa era la razón de su mal humor. La pelea con ese chico llamado Gojō, de alguna forma lo había dejado pensando en que, no se estaba comportando de una buena manera, y luego, al esperarla durante casi treinta minutos, le hizo creer que no llegaría, empeorándolo todo.
Pensó en que casi había obligado a la chica a ser su amiga, y eso no le agradaba.
Hinata lo notó; la forma en que Naruto fruncía el ceño, y cómo evitaba mirarla. ¿Él estaba preocupado por eso?
Sintió cómo su estómago se encogía.
—E-eso no es cierto —susurró—, si yo no hubiera querido venir, no estaría aquí —se giró a verlo—, si yo no quisiera ser tu amiga, no estaría aquí —reiteró.
Naruto abrió los ojos sorprendido, al escuchar eso.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad.
—Es bueno escuchar eso.
Hinata parpadeó.
—¿De verdad? —dijo, usando la misma frase que él.
—De verdad —el rubio respondió.
Ambos soltaron una risita.
—Lo siento.
—¿P-por qué?
—Por decir eso repentinamente.
La chica negó rápidamente.
—Está bien, si quieres decir algo, sólo dilo.
—¿Segura?
—Sí, en serio, s-somos amigos, ¿no?
Punto para ella.
—Claro.
Y de nuevo, el silencio incómodo. Bueno, no era como que se trataran como mejores amigos del alma, era la tercera vez que se encontraban, y era la conversación más larga que habían tenido.
Naruto sintió cómo su corazón latía apresurado, sentía el cuello y las orejas calientes, y luego todo empeoró cuando observó a Hinata de reojo, ella también tenía las mejillas fuertemente encendidas, sin embargo, lo curioso fue que ya no lucía tan nerviosa.
¿Es que acaso esa chica no era consciente del efecto que tenía en él?
Carraspeó un poco, intentando quitarse la vergüenza de encima.
—¡Debemos conocernos! —dijo de la nada—, tú me puedes preguntar algo, y luego yo a ti, ¿qué te parece?
—De acuerdo.
—Bien, entonces, yo empiezo, um… —se llevó un dedo a la barbilla, pensativo—¸¿cuáles son tus hobbies?
Hinata lo observó fijamente, había algo en Naruto que le llamaba la atención, pero no terminaba de entender qué era.
¿Eran sus bonitos ojos azules? ¿Su cabello rubio?
Y entonces lo entendió, ¡él le recordaba a un día de verano en la playa!
Todo estaba ahí.
Su familia y ella solían ir a Okinawa cada año en agosto, por lo que tenía muy presente la sensación del mar en sus pies, la arena entre sus dedos, el sol cegándole la mirada, y bronceando su piel.
Estar con Naruto se sentía así.
Tal vez lo miró demasiado, porque el chico se dio cuenta.
—¿Hi-Hinata?
Al escucharlo, parpadeó rápidamente.
—¡Lo siento!
Sintió cómo se ruborizada, y empezaba a sudar de puro nerviosismo.
¿Qué diablos estaba pasando con ella? ¡Aquello no era normal! Nunca, en sus diecinueve años, había analizado a un chico de esa forma.
Nunca, en sus diecinueve años, había encontrado atractivo a un muchacho.
Y el sólo darse cuenta de ello, la cayó como balde de agua fría.
—Jardinería, me gusta la jardinería —dijo tan rápido, que pareció un trabalenguas.
En otras circunstancias, Naruto la hubiera presionado para que le dijera qué pensaba, y por qué lo miraba de esa forma tan… intensa. Sin embargo, sabía que con Hinata había que ir despacio.
Y la verdad, es que no tenía prisa, quería disfrutar cada segundo a su lado. Porque le gustaba, porque la sensación de tenerla a unos cuantos centímetros era maravillosa.
—Aparte de pintar, supongo.
Sintiéndose incómoda como nunca, respondió como pudo.
—Dijiste hobbie, no pasión.
—Bueno, tenemos hobbies en común, entonces. A mí también me gusta mucho la jardinería, algo raro en un chico, ¿no lo crees?
—No lo creo, a mi padre también le gusta, él es quien me ayuda a cuidar las flores del jardín.
—¡Genial! —sonrió, mostrando todos sus blancos dientes, dejando aturdida a la Hyūga por un rato—. Bueno, en mi caso, mamá es la obsesa por las plantas. De hecho, detrás de la casa, hay un pequeño invernadero.
—¿De verdad?
—Sí —se rascó la barbilla, mostrando desinterés—, si-si quieres, algún día puedes venir. Mi madre estaría feliz de compartir su obsesión con alguien que no sea yo.
No le respondió inmediatamente, por lo que pensó que no lo había escuchado.
—Estaría encantada —susurró.
Y él simplemente sonrió.
No hablaron mucho después de eso, se quedaron observando cómo unas ardillas traviesas bajaban del tronco de los árboles.
—Me gusta el color lila y el gris. Mi estación favorita es el invierno, aunque también disfruto la primavera. Dibujo desde pequeña, y últimamente estoy practicando la pintura, aunque realmente no soy tan buena —Hinata hablaba rápidamente—. Soy tímida, me cuesta hablar con los demás, a veces puedo tartamudear mucho si me pongo nerviosa. Tengo una hermana menor, y un primo al que quiero mucho. Me llevo muy bien con mis papás —Naruto no dejaba de observarla, curioso—. No me gustan los camarones, ni los cangrejos. Mi postre favorito son los rollos de canela, me encantan. Soy buena en la cocina, creo. Por cierto, tengo muchos hobbies además de la jardinería y dibujar, como tejer y leer. Y no me llevo bien con las personas, aunque solía tener amigas… —esto último, lo susurró.
Respiraba agitada, y su corazón latía apresurado.
Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, simplemente sentía la necesidad de ser sincera, de abrirse totalmente.
Nunca le había dicho a alguien que tejía, o que le gustaba leer, era cosas íntimas, que disfrutaba hacer en la soledad de su habitación.
—Soy hijo único, mi mamá está loca, y mi papá es la persona más genial sobre la tierra —dijo él, sorprendiéndola—. Practico karate desde que estaba en el jardín de niños, puedo ser un súper ninja —río—, no soy muy buen estudiante, de hecho, me costó mucho trabajo poder entrar a la Universidad. Supongo que no te había dicho, pero estudio para maestro de educación física. Umm… mi comida favorita sobre la tierra es el ramen. No me gustan las verduras, de veras —frunció los labios, pensativo—. Tengo dos mejores amigos, Sakura-chan y Sasuke, me encantaría que los conocieras, creo que es todo, no soy muy interesante.
Para su sorpresa, Hinata soltó una risita.
—¿Un súper ninja?
—Claro, un ninja rubio.
—¿Nada de verduras?
—Nada de verduras.
—A mí también me gusta el ramen.
—Genial, entonces podríamos casarnos algún día y comer mucho ramen.
Cuando se dio cuenta de sus palabras, se puso colorado, causando que Hinata se ruborizara también.
—Y te gusta la jardinería —afirmó Hinata, sonriente.
—Sí, como a ti —Naruto estiró sus brazos, sin saber cuánto tiempo había pasado—, entonces, oficialmente ya somos amigos, ¿verdad?
Ella asintió.
—Sí, «súper ninja rubio-kun» —dijo bromeando.
Y él pensó que era la cosa más bonita que había en la tierra, que quería hacerle sonreír así más seguido, sin que actuara a la defensiva, y estuviera asustada.
Si tan sólo pudiera abrirse totalmente como lo estaba haciendo.
Pero no se lo dijo, porque no quería arruinar el momento.
—Así que, dibujas, pero no pintas muy bien, ¿cómo está eso?
—Son cosas diferentes, creo. Yo tampoco lo entiendo bien, pero he estado practicando para poder mejorar —Hinata se encogió de hombros.
—¿Puedo ver algún dibujo tuyo?
—P-pero…
—¡Vamos! Somos amigos, ¿no? —sonrió—, a cambio, la próxima vez traeré rollos de canela.
Ella consideró la oferta.
—¿Lo prometes?
—Por supuesto.
—Bien —entonces, alzó su meñique—, ¿es una promesa?
Naruto río, eso era bastante dulce.
—Una promesa —y entrelazaron sus dedos.
Se quedaron así un largo rato, hasta que finalmente Hinata fue quien se alejó, apenada.
Realmente no sabía qué rayos le estaba pasando.
Abrió su mochila, y sacó su cuaderno de bocetos, lo hojeó, mientras le daba la espalda al chico, incapaz de decidirse por cuál enseñarle.
Por alguna extraña razón, quería impresionarlo.
Sin embargo, se detuvo en la última página, donde estaba el dibujo que había hecho hoy, el del frasco y las mariposas, para su gusto, se notaban los trazos rápidos y mal hechos, pero había que ser muy crítico para notarlo.
Quería que fuera Naruto quien juzgara ese dibujo, porque era importante para ella.
—Toma —le extendió el cuadernillo.
El Uzumaki no le respondió, mientras observaba aquel boceto, con curiosidad. Y con sólo mirarlo una vez, quedó impresionado.
O Hinata era demasiado humilde, o estaba consciente de la cantidad de talento que tenía.
Si bien, él no sabía casi nada de arte o pintura, había pocas cosas que lo conmovían, y ese dibujo lo había logrado.
Deslizó sus dedos sobre la pequeña mariposa, la que parecía invisible, y estaba casi fuera del panorama. Se dio cuenta que la chica había dudado en dibujarla, porque había unos manchones allí, probablemente en un intento de borrarla.
—Me encanta —murmuró.
—¿De verdad?
—Las tres mariposas del frasco son bonitas, pero esta de acá —señaló a la más pequeña—, es aún más bonita. Sin ella, creo que tu dibujo no sería tan llamativo, qué bueno que la dejaste ahí —dijo, con toda la naturalidad del mundo, sin imaginarse la historia detrás de ese boceto que la chica consideraba mal hecho.
Tal vez era la forma en que Naruto paseaba sus dedos sobre la mariposita, como si ésta pudiera tomar vida, y salir volando del boceto, o si era el que sus palabras estaban llenas de sinceridad.
Pero algo en su corazón se removió.
Quería decirle que ese pequeño bichito casi invisible, la representaba a ella, en cómo se sentía hacia el mundo, hacia las que se decían sus amigas.
Los ojos se le llenaron de lágrimas, sin embargó, se las limpió rápidamente con el dorso de la mano.
—Gracias.
—¿Um?
«Gracias por ser tan buena persona».
—Gracias por halagar el dibujo.
—Oh —Naruto sonrió. Ella se había dado cuenta que sonreía con tal facilidad, que lo envidiaba—, es la verdad, tienes talento, Hinata.
No le respondió, simplemente asintió. Sentía los latidos de su corazón en sus orejas.
—Es tarde —susurró.
—Sí —Naruto observó el reloj de su muñeca—¸¿puedes creer que ya son las cinco y media?
—Vaya —hizo una mueca triste—, se pasó el tiempo rápidamente.
Él bufó.
—Ojalá tuviéramos más tiempo de platicar.
—Pero podemos, ¿verdad? —dijo Hinata, sonando más esperanzada de lo que le gustaría—, digo…
—¡Por supuesto! —exclamó el chico, alegre—. Si quieres, puedes venir conmigo a la cafetería durante los recesos, si no te molesta, claro, puedo presentarte a Sasuke y a Sakura-chan, te agradarán, de veras.
Lo pensó, realmente lo pensó.
Había tantas cosas que cruzaban en su cabeza por esos momentos, como el saber que aún le quedaban cuatro meses de clases qué compartir con Mio y Ayuri, también el hecho de que ya no vería a Erika.
Y estaba consciente de que no porque Naruto fuera amable con ella, los demás también lo serían. Sin embargo, Hinata tampoco quería ser del agrado de otras personas, no le interesaba.
El miedo se instaló rápidamente en ella, ¿y si no le agradaba los amigos del rubio? ¿Qué haría entonces?
—Yo…
—¿Sí?
Él la miraba expectante, y aquello fue suficiente para no poder declinar su oferta.
—C-Claro, ¿a las once y media?
—¡Síp! Siempre estamos en las mesas de la izquierda, las que dan a la ventana.
Sabía bien dónde quedaban.
—Bien.
Metió su cuadernillo de bocetos de nuevo a la mochila, y se paró, Naruto la imitó.
—Entonces… ¿nos vemos mañana? —le dijo.
—Sí —Hinata miró sus pies.
Se quedaron en silencio, sin saber cómo despedirse. Aquello era raro, pensó, ¿cómo es que tenían momentos donde la conversación fluía con total naturalidad, y después se quedaban callados porque no sabían cómo continuar la conversación?
—Hinata.
—Naruto-kun.
Cuando se dieron cuenta que hablaron al mismo tiempo, rompieron a carcajadas.
—Tú primero, por favor.
—Eh…, te decía, que si quieres, te puedo acompañar a tu casa, o a la parada del autobús.
Los ojos de ella se iluminaron.
—Yo te iba a pedir que me acompañaras —susurró.
—¿A tu casa o a la parada del autobús?
—A-a mi casa, s-si tú, si tú quieres… —tartamudeó como una tonta.
Naruto, quien lo notó, simplemente asintió.
—Bien, vamos.
Salieron de la facultad, caminando con una distancia prudente entre ambos, ninguno de los dos habló.
Hinata no le dijo que todos los días tomaba el autobús. Y Naruto lo sabía, porque él la había vigilado durante más de dos meses (aunque sonara algo espeluznante).
Ninguno quiso pensar a profundidad en el hecho de que ella decidió caminar a casa, porque era la ruta más larga.
Ni las implicaciones que esto podía tener.
Tampoco se dieron cuenta de que una Mio llena de sorpresa, e incapaz de creerlo, los había visto.
Simplemente caminaron, bajo el atardecer, como si realmente fueran amigos de toda la vida.
¡Hola!
¿Qué tal?
Espero que les haya gustado, traté de enfocarme un poco en el desarrollo de Hinata como personaje, creo que lo logré. Creo que mi parte favorita de este capítulo, es la de ellos platicando, me encanta escribirlos, todo fluye naturalmente.
Por cierto, ¿qué piensan de Erika y su decisión? bueno, conozco a personas así, además, para que Hinata empezara a cambiar, y salir de su caparazón, era necesario quitar totalmente las trabas que tenía encima, por así decirlo.
Y como sabemos, está confiando en Naruto. Saben, yo soy de las que piensa que cuando conoces alguien y te apoya en tus peores momentos, esa persona se vuelve aún más importante, traté de plasmar eso aquí.
Hinata está sola, no tiene amigos, lo único que es se está convirtiendo en algo constante, es Naruto, por eso está tratando de confiar en él.
En fin, la verdad es que no tengo mucho qué decir de este capítulo, espero que les haya gustado. Como siempre, les agradezco infinitamente por sus comentarios, me impulsan a seguir y mejorar.
Les mando un fuerte abrazo.
Dalie.
14.08.16
