LA APUESTA
(The Wager)
Por outtabreath
Traducido por Inuhanya
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4.- Cuatro de Ocho: Miércoles
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Tony estaba sentado en una mesa de conferencia, yo contra la pared tras él y estábamos atendiendo la reunión más aburrida en la historia del mundo. Hewlett-Packard estaba haciéndolo bien, Stark Industries aún mejor, y yo revisaba y re-revisaba los papeles y reportes cientos de veces.
Sólo el cinco por ciento de mi cerebro estaba enfocado en lo que pasaba en la sala; el otro noventa y cinco por ciento estaba siendo usado para revivir el más reciente sueño Tony Tony Tony.
Suave y dulce, como si mis sueños anteriores e inocentes hubiesen desatado fuego, me deslicé sobre él, mis dedos se clavaban incesantes, infinitamente contra el cuero del bólido. Estaba lánguida, mi cuerpo intenso, mis movimientos lentos; sus manos se movían incesantemente, sus labios formaban mi nombre, cantando.
Virginia. Virginia. Pepp-
Mi teléfono, deshabilitado para todo menos textos de la persona que asaltaba mi subconsciente, vibró y se iluminó.
Salté con un espasmo que casi hace volar el teléfono por la sala. Por un loco momento estuve segura que Tony había perfeccionado la tecnología lectora de mente y estaba usándola para husmear en mi retorcida psique.
Con un profundo sentido de presagio, abrí el sobre.
Aburrida?
Escuchando, respondí, ridículamente aliviada.
Si Tony hubiese creado una máquina lectora de mentes, me recordé, le habría dicho a todo el planeta –y a algunos de los adyacentes –para entonces.
Era muy claro que estaba perdiendo la razón rápidamente.
Mientes, escribió él.
Basta, Tony, respondí sin refutar su afirmación.
Háblame de autos otra vez, Potts.
Giró su rostro levemente hacia mí: podía ver la comisura de su boca; estaba elevada.
Temblé con rabia y… fue sólo rabia, me dije. Nada más. Había tenido un plan, maldición, y lo había arruinado con sus ojos, cabello y sensibilidad e historias sobre su papá.
Y ahora estaba siendo insoportable.
Dejé caer mi cabeza y le escribí. PRESTA ATENCIÓN!
Su cabeza se movió rápidamente de izquierda a derecha.
No.
Segundos después otro texto llegó. Gritar es de mala educación, Srta. Potts.
Contuve un respiro. Estaba aburrido así como insoportable y, por lo tanto, iba a fastidiarme sin piedad.
Escucha la reunión, dije, sin esperanza de que lo hiciera.
Por qué? Estás aquí. Me dirás si me pierdo algo importante.
La mayoría de días eso habría sido verdad –sin embargo, no estaba experimentando uno de ellos.
Es descortés no prestar atención.
Yo nunca presto atención.
Tenía razón, por supuesto. Todos en la sala estaban acostumbrados a Tony y a sus pequeñas fugas, sus modelos construidos de lapiceros y cinta en medio de reuniones, sus mensajes de texto por información mundana que no encajarían en sus ideas de alto nivel, o dejar su silla para consultar conmigo.
Esta es una reunión muy importante. Respondí inmediatamente, aunque realmente no lo fuera.
Mientes otra vez, Potts. Estoy sorprendido.
No me digné a responderle.
Estaba distrayéndome de nuevo cuando envió el siguiente voleo.
Qué estás haciendo?
Atendiendo una reunión. Qué estás haciendo?
Estoy tratando de prestar atención, en verdad. Es sólo que estás muy distrayente hoy.
Tú comenzaste a escribirme con banalidades, señalé.
Oh, gran palabra, Potts. Eso es sexy.
Miré en shock la pantalla por varios segundos, calor me recorría. Había comenzado el juego.
Otra vez.
Escribí varias respuestas, inmediatamente borré cada una.
Pensé en no enviar ninguna.
Entonces recordé que tenía que diezmar la fuerza de voluntad de un hombre, disciplinar mis alborotadas hormonas y unos zapatos que ganar.
Finalmente me rendí y escribí, conozco la calificación de palabras multi-silábicas, Tony.
Le di enviar y esperé; no podía sentir mis piernas.
Su cabeza se levantó de golpe y se giró para mirarme intensamente. Sonreí inocente. Sus cejas se elevaron y regresó a la mesa. Le tomó tres minutos enviar una respuesta. Estás coqueteando conmigo durante una Reunión Muy Importante, Srta. Potts?
Escribí rápidamente y di enviar. Tú quieres que coquetee contigo durante una Reunión Muy Importante, Sr. Stark?
Esta respuesta tomó cuatro minutos. Oh, por favor hazlo.
Miré la pantalla por largo rato y me pregunté, otra vez, cómo siempre parezco meterme en situaciones insostenibles con Anthony Stark.
Nunca había coqueteado antes. Nunca antes había coqueteado durante una reunión. Nunca antes había coqueteado con mi jefe durante una reunión.
Mi mente corrió furiosamente y ruido llenaba mis oídos. No sabía cómo hacer esto –no podía recordar la última vez que había tenido a alguien diferente a Tony coqueteando conmigo.
Casi me doy por vencida, casi le otorgo su superioridad en todas las cosas atractivas y seductoras, hasta, que en un destello de divina inspiración, una simple palabra cruzó mi inconsciente: lingerie. A los hombres les gustaba leer sobre lingerie –les gustaba escuchar sobre eso, mirarla, tocarla.
No importaba que estuviera usando ropa interior de algodón nada sexy y mal emparejada, de cualquier forma no iba a verla hoy.
O nunca. Él nunca iba a ver mi ropa interior.
Con la confianza que llegaba de ejercitar el poder de la feminidad en un insospechado macho, escribí furiosamente: Te interesaría saber que estoy usando ropa interior de encaje negro? Presioné enviar antes de poder arrepentirme.
Su cabeza se agachó y observé con orgulloso asombro cuando color destelló en su nuca; tomé eso como un sí, sí estaba interesado en saberlo.
El Director de Finanzas le hizo una pregunta a Tony, y me complací de escucharlo tartamudear un momento antes de responder. La reunión continuó y esperé, temerosa y excitada, por la respuesta de Tony.
Cuando llegó, fue lo que había anticipado. Por favor descríbela con más detalle. Y usa muchas palabras gruesas. Me gustan las palabras gruesas.
Traté de recordar algunas de las descripciones más llamativas en el último catálogo de Victoria's Secret –el que estaba en mi mesa escondido bajo una paca de periódicos (siempre pagaba saber todas las cosas que Tony no se preocupaba de contarme sobre sus actividades extracurriculares –aún cuando hubiese habido una asombrosa falta de las mismas por seis meses) con las páginas dobladas y el lingerie marcado con marcador rojo.
De la colección de Ángeles de Victoria's Secret. Sabía que él sabía exactamente qué era; en algún punto de su vida, Tony había sido un ardiente seguidor de Victoria's Secret; sinceramentecreía que había mantenido a flote la compañía por cerca de una década antes de Afganistán.
No me molesté en esperar a que me respondiera. Ahora estaba completamente a cargo. Raso, media copa, diseñada para acunar y acariciar mis curvas. Acentuadamente encaje. Extraordinariamente negro.
Se movió en su silla y sus hombros se tensaron. Por favor continúa.
Mi siguiente texto no necesitó pensarse. Una adolescente leyendo Cosmo bajo las cobijas me había preparado. Un liguero, por supuesto.
Giró su cabeza y estiró sus brazos antes de escribir su respuesta.
Por supuesto.
Perfectamente hace juego con el brassier. Raso y encaje.
No puedes dejar la casa sin combinación.
Ciertamente no. Y medias, por supuesto. Sujetadas del cinturón. Muy sedosas y lisas contra mis piernas.
Él aclaró su garganta y pasó sus dedos por su cabello y esperó. Yo esperé.
Sabía qué quería saber y sabía qué iba a decir.
Su próximo texto fue simplemente un ampersand (&) y una interrogación.
Lo reduciría a símbolos.
Y? Escribí, tratando de empapar la palabra con inocente confusión. No hay nada más que describir.
Se levantó al instante que terminó de leer el texto. Me congelé en mi asiento.
No lo haría, pensé. No perdería esta apuesta en frente de testigos.
Luego me di cuenta que muy ciertamente lo haría.
Quince de los empleados más importantes de Stark Industries y diez de Hewlett-Packard miraron a Tony, luego a mí –sin duda tratando de discernir si finalmente había perdido la razón.
Les sonreí alentadoramente y recé por que no estuviera engañándolos.
"Necesito consultar con la Srta. Potts un asunto muy importante," dijo Tony finalmente.
En los cinco segundos que le tomó a Tony cruzar hacia donde estaba sentada, me senté más derecha y traté de calmar y enfocar mis pensamientos, detener mis piernas de temblar, y normalizar mi respiración.
Fui mínimamente exitosa en todas.
Él permaneció en frente de mi por un momento antes de hacerse a un lado y muy cuidadosamente puso una palma en el espaldar de mi silla, lo lejos suficiente de mi hombro para abstenerse de cualquier contacto, pero lo cerca suficiente para sentir el irradiante calor de ella –de él. Se inclinó, sus labios casi rozando el sensible pabellón de mi oreja, y susurró, "Qué profundidades tan intrigantes tienes, Virginia Marie Potts."
Eché hacia atrás mi cabeza para poder encontrar su mirada directamente. No le pregunté cómo sabía mi segundo nombre. No le pregunté cómo era que olía tan bien. En vez, sonreí serenamente y dije, "Eso es absolutamente correcto, Sr. Stark."
Varias emociones destellaron por su rostro, cada una más infartante que la última, antes de que parpadeara y el Tony descarado enmascarara todo lo demás. De nuevo se inclinó y susurró, el calor de su aliento bañaba mi oreja. "Qué te parece si salimos de aquí?"
Contuve el estremecimiento de excitación y me recordé de las muchas, muchas razones de por qué esa sería una mala idea. Echando hacia atrás mi cabeza y mirando directamente en sus transparentes ojos, respondí, "Creo que eso sería altamente inconveniente, Sr. Stark."
Él sostuvo mis ojos por largo rato –tan largo que estaba segura que todos en la sala sabían exactamente lo que estaba pasando –entonces se inclinó una vez más y susurró, "Sólo recuerda, tus labios pueden decir no, pero tus ojos dicen sí."
Eché hacia atrás mi cabeza y le giré esos mismos ojos a él.
Sonrió de soslayo, y regresó a su asiento. "Continúa," le dijo al Jefe de Finanzas, ondeando su mano y recostándose en su silla que esperé que ladeara su estupendamente ladeada cabeza.
Permaneció derecho, sin embargo, y el murmureo comenzó otra vez. Yo me senté muy derecha y me enfoqué en cada palabra dicha; era, finalmente, la viva imagen del profesionalismo.
Cinco minutos después me escribió otra vez. Cuando lo abrí era una foto de mis zapatos, obviamente cortada y pegada de la web de Chanel. Bajo la imagen había escrito dile adiós a tus pequeños amigos.
Me soné, lo fuerte suficiente para que escuchara –pude ver sus hombros contraerse en respuesta –y escribí, te agendaré cinco reuniones al día por el próximo mes, Sr. Stark. Y usaré esos zapatos cada vez que lo haga.
Todos lo escucharon reír ahogadamente.
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Continuará…
