Primero que nada me disculpo por no actualizar el fin de semana pasado, pero como disculpa, tienen super capitulo hoy :3

Me he dado cuenta de algunas cosas que quedaron fuera de mi cabeza cuando escribí los primeros capítulos y fui recordando mientras re-leía el libro 5 y 6 :P Tenía más en mente el enfrentamiento del Departamento de Misterios de la película más que el del libro y había olvidado varios detalles sobre el sexto año que podrían servirme, aunque muchas cosas van a estar cambiadas...

Por ejemplo, el encuentro original de Harry y Draco en el baño fue a principios de Mayo, mientras que aquí, Neville encuentra a Draco en el baño a finales de Enero.

Olvidé totalmente las clases de aparición, así que denlas por sentadas pese a que no voy a nombrarlas.

También, se suponía que Lucius estaba en Azkaban durante el sexto año de Draco, pero supongan que logró escapar del Ministerio sin que lo atraparan y por todos sus errores y por romper la profecía es que Voldemort está tan enfadado (para los que no lo recuerdan, quien rompe la profecía en los libros es Neville justamente)

Muchas gracias a acm2099, Drake18 y Hatake Saori por sus reviews :) Este capítulo es para ustedes. Disfrutenlo.


"Porque yo entiendo."

Mihara Emiko


-4- Paso a paso.


Las cosas tenían que cambiar. Tenía que haber una forma para que el rubio Slytherin entendiera que no sentía lastima por él... Pero por mucho que Neville pensara, no podía ponerle un nombre al sentimiento que lo empujaba día tras día a intentar escuchar y ayudar al príncipe Slytherin.

Escapaba totalmente a su entendimiento. ¿Tal vez esa era una de las razones por las que era un Gryffindor? No era de la clase de chico que pensaba demasiado acerca de sus sentimientos, solo los sentía. Cuando había conocido a Luna, por ejemplo, el flechazo había sido directo. Prácticamente se había quedado congelado con su Mimbulus Mimbletonia a mitad del pasillo del Expreso de Hogwarts hasta que la chica le dijo que podía sentarse con ella.

Durante el quinto año no había podido concentrarse demasiado en acercarse a ella porque las cosas en la escuela no estaban bien y los entrenamientos con el E.D. y sus esfuerzos por mejorar con su varita lo mantuvieron ocupado, pero aún sin pensarlo, se volvió más cercano a la Ravenclaw de lo que era de cualquiera de sus compañeros. Los incidentes en el Departamento de Misterios también habían ayudado.

"El departamento de misterios..." pensó el león repentinamente y tragó, incómodo, tratando de alejar los recuerdos de su mente.

Esa había sido una aventura que no quería recordar, pero al mismo tiempo sabía que no debía olvidar. La última vez que había visto a Draco, hacía ya tres días, habían hablado de Bellatrix Lestrange y lo que le había hecho a sus padres. Claro, al ver que el rubio Slytherin parecía sentirse culpable -o al menos eso era lo que Neville había sentido en ese momento- el león no quiso hablar sobre lo que la bruja le había hecho en el departamento de Misterios.

Si cerraba los ojos con fuerza, Neville aún podía recordar ese extraño hormigueo en sus dedos. Solo había tenido que ver a la mujer para reconocerla, y al verla sintió algo que nunca antes en sus -entonces- 15 años de vida, había sentido: odio. El odio brotó desde el fondo de su vientre como una explosión de fuego que lo recorrió completamente... Pero aun así no pudo contra ella.

... Y terminó recibiendo la misma tortura que había vuelto locos a sus padres.

Neville tembló levemente ante el recuerdo. Definitivamente, eso era algo que no quería volver a sentir.

Había perdido la varita de su padre esa noche, pero las cosas salieron mejor desde ese momento, porque pudo comprar una propia en el verano y había tenido suerte de probarla en su casa, sin temer por la prohibición porque su abuela usaba magia dentro de la casa todo el tiempo.

Era interesante como su habilidad había cambiado y no era solo por la práctica. Presentía que la varita nueva tenía mucho que ver con ese cambio. La sentía más cómoda, más suya. Aún no había tenido oportunidad de usarla en un 'combate real' y una parte de él deseaba no tener que llegar a utilizarla, pero solo con recordar lo poco que Draco le había dicho, sabía que desear eso era algo inútil.

La guerra era un hecho. Lo sabía Harry, lo sabía Dumbledore y lo sabía él.

Recordar que Draco le había dado la última confirmación de que algo pasaría ese año en el castillo, no era tan terrible para Neville como pensar que el rubio sería parte de lo que fuera a pasar. Se había prometido que encontraría una manera de salvarlo de sí mismo, por muy idealista y cliché que sonara, incluso en su mente.

-Tiene que haber alguna forma.- se dijo seguro entre murmullos, olvidando donde se encontraba y recibiendo una mirada repentina de parte de McGonagall.

-¿Encuentra el examen excesivamente exigente, Sr. Longbottom?- preguntó la bruja en voz alta y sus compañeros levantaron la mirada de sus pergaminos para darse la vuelta y mirarlo.

Neville tragó en seco. Se relamió los labios dispuesto a responder, pero el sentir la mirada de todos sobre él pronto lo hizo sentirse avergonzado. Odiaba cuando llamaba la atención de 'esta' manera.

-No... No, Profesora.- murmuró, como acostumbraba, con el rostro agachado.

-Mh.- suspiró McGonagall y enseguida se giró para comenzar a caminar entre los bancos como había estado haciendo y todos los demás alumnos regresaron a sus pergaminos.

Neville suspiró. No podía estarle pasando esto. Había estado estudiando para este examen durante semanas. Realmente se había esforzado porque quería mejorar sus aptitudes con la varita para así ser de ayuda al E.D. y a Harry... Pero su esfuerzo se estaba yendo por el caño y no podía recordar una sola cosa, ¿por estar pensando en Draco Malfoy?

El león miró alrededor. Todos estaban escribiendo como si la vida se les fuera... y él tenía el pergamino en blanco.


Estaban a mediados de Febrero y no había aprobado un solo examen. No le preocupaba. Nadie le había dicho una sola palabra, ni siquiera los maestros. Se había enterado de que Dumbledore había enviado una carta a su casa, pero claro, nadie la respondió.

Seguramente Lucius tenía cosas más importantes de las que preocuparse antes que de su único hijo.

Draco apenas y había asistido a las clases esa semana: era la quinta o sexta vez que se reportaba enfermo -incluso, no había jugado el primer partido de Quidditch de ese año-. Crabbe y Goyle parecían haberlo notado, pero aun así no se habían molestado en preguntarle nada. Tal vez sabían algo, o sus padres les dijeron algo, pero Draco no podía estar seguro de nada porque su propio padre tampoco respondía sus cartas.

-Definitivamente, debe tener cosas mucho más importantes de las que ocuparse.- siseó el rubio, sentado en un sillón de la sala común de Slytherin, justo frente a la chimenea. Con las piernas cruzadas y el rostro apoyado en una de sus manos, el rubio miraba el fuego con insistencia, como si esperara que 'mágicamente' un rostro apareciera para hablarle por Red Floo.

Su alrededor estaba en silencio. Era una suerte que los de primer año ya estuvieran teniendo exámenes porque eran mucho más que molestos cuando se ponían a discutir a su alrededor, aunque era en esos momentos de silencio en los que Draco se daba cuenta que estaba más solo que nunca.

Antes, teniendo a Crabbe y Goyle, al menos no lo molestaban los otros alumnos de esa manera. Solo tenía que mirar a sus 'gorilas' personales para que se impusieran ante los menores, haciéndolos callarse. El rubio solía disfrutar eso, pero ahora...

...ahora casi nunca disfrutaba algo.

Pasaba largas horas solo, simplemente pensando, meditando. Cuando la sala común se volvía un mar de alumnos de primer y segundo año, se iba sin que nadie lo viera y se encerraba en la Sala Multipropósito, intentando reparar ese maldito armario o tratando de pensar en algún otro inútil intento para asesinar a Dumbledore, pero las ideas se le agotaban y los intentos fallidos solo conseguían desesperarlo más.

Estaba en su límite.

-Contrólate Draco.- se ordenó a sí mismo, sintiendo que sus manos temblaban levemente.

Una parte de él, su orgullosa sangre Malfoy, le decía que no podía dejarse vencer, que no podía ceder ante la presión. Esto no era nada comparado a lo que le pasaría si fallaba, si no cumplía con su misión. A veces le gustaba imaginar que no podía ser algo más terrible de lo que su mente lograba imaginar, pero enseguida despertaba de su locura: estaba seguro de que podía ser incluso peor.

En los últimos días sin ver a su león confesor, se había dado cuenta que ya no era tanto el peso de los secretos. Sin embargo, el saber que tarde o temprano tenía que lograr su objetivo... Eso sí comenzaba a asustarlo. Empezaba a desear que las últimas palabras que Neville le había dicho fueran reales:

"... Si solo le pides ayuda a Dumbledore..." recordó la voz del león al cerrar los ojos unos segundos.

¿Realmente podía confiar en ese viejo loco? Draco había escuchado solo cosas malas sobre Dumbledore desde que tenía uso de razón pero... todas esas cosas habían salido de boca de su padre y ya había aprendido -o admitido en realidad- que muchas cosas que Lucius le había dicho no habían sido verdad.

"Tal vez... ¿estaba equivocado con Dumbledore también?" pensó casi sin querer, pero de inmediato sacudió su cabeza, asustado por el pensamiento.

Casi había olvidado que su padrino le había advertido que tuviera cuidado con lo que pensara... Teniendo la Marca en su brazo izquierdo, su mente estaba sensible para ser invadida por el Lord Oscuro. Pese a que Draco tenía buenos conocimientos en Oclumancia, no tenía la concentración ni la fuerza de voluntad para resistirse ahora.

Y esa era la 'parte bonita' del asunto. El verdadero problema era todo lo que había pasado desde principio de semana.

-¿Sabrá acaso sobre...?- murmuró despacio, sin darse cuenta que ahora estaba preocupado de nuevo, pero no por su propia seguridad.


Luego de entregar ese fatídico examen a McGonagall, a sabiendas de que obtendría un inevitable 'Troll', Neville creyó que su día no podría continuar empeorando. Obviamente estaba equivocado: en las siguientes clases le cayeron de sorpresa más exámenes que ni siquiera recordaba hubieran sido programados y de nuevo, sus pergaminos estaban en blanco -bueno, 'en blanco' sino contabas su nombre escrito arriba de todo-.

-Este debe ser el peor día de mi vida.- murmuró completamente convencido de que sus palabras eran reales.

A la hora del almuerzo, el gran comedor estaba bullicioso como de costumbre. El león miró a un lado de la mesa y llegó a ver cerca de la punta a Harry discutiendo con Hermione y Ron comiendo sin prestar atención... Eso no era algo fuera de lo común, al menos en el último tiempo.

Neville trataba de no parecer excesivamente interesado porque ya otras veces le habían llamado la atención por tratar de escuchar conversaciones ajenas. No es que fuera chismoso ni nada parecido, solo le daba algo de curiosidad y aunque generalmente no le prestaban atención, sabía que podía llamar a los tres Gryffindor algo más que compañeros de casa... habían ido juntos al Departamento de Misterios y eran miembros del E.D. Muchas cosas los unían.

"No está..." pensó mientras miraba hacia la mesa de Slytherin por algunos segundos, encontrando de inmediato a Crabbe y Goyle pero por ningún lado parecía estar Draco. Pansy Parkinson estaba cerca de los gorilas, pero no llegaba a ver ni la sombra del rubio Malfoy.

-¿Cómo se supone que podré decirle...?- habló con un murmullo mientras se sentaba, tratando de no dejar la mirada sobre la mesa de las serpientes por demasiado tiempo o alguien podría llegar a notarlo.

Neville comenzaba a pensar que en realidad no había nada de malo en que se viera y hablara con el heredero Malfoy. Es decir, entendía que era extraño ver a un Gryffindor y un Slytherin hablando de manera -casi- civilizada, pero ¿no había sido el Sombrero Seleccionador quien dijera que Godric Gryffindor y Salazar Slytherin solían ser amigos?

-Aunque eso fue antes de que a Slytherin le diera su locura... - murmuró para sí mismo mientras se servía un vaso de jugo de calabaza y algunas alitas de pollo -Mmhh... Aunque también... regresó para morir aquí, con sus amigos... - continuó hablando, recordando lo poco que había leído sobre los fundadores de Hogwarts.

Tal vez acababa de encontrar una de las razones por las que insistía en que podía ayudar a Draco: si el propio Salazar Slytherin entró en razón al final, ¿Por qué no podría hacerlo también el rubio Malfoy? Incluso Gryffindor había perdonado los errores de Slytherin al final de su vida. No había una verdadera razón para que los colores y escudos los dividieran.

"Aunque sigue siendo una situación complicada... De todas maneras, quien parece perder más es él." pensó de nuevo como lo había hecho esa mañana.

Aún con el Juramento Inquebrantable de por medio, Neville necesitaba conseguir, de la manera que fuera, la confianza de Draco. No estaba seguro porque, solo lo necesitaba. Quería lograr que el rubio supiera que pasara lo que pasara lo ayudaría, aun cuando no sabía las razones detrás de ese deseo.

Fue en ese momento en que Neville se decidió a hacer algo temerario.

-Ahh... Disculpa... ¿Parkinson?- llamó a la Slytherin de cabello negro cuando la vio salir del comedor, sola.

La chica se giró para mirarlo de arriba a abajo, enarcando una ceja de manera elegante, un gesto que Neville reconoció haber visto antes, solo que en el rostro de otro Slytherin.

-Estás lejos de tu manada, cachorro.- murmuró Pansy, mirándolo con algo de altanería, cruzándose de brazos. Neville trató de mantenerse seguro para poder hablar:

-Ahh... sí, seguro... yo me... preguntaba si sabrías decirme donde esta Dra—Malfoy. Si, donde está Malfoy.- se corrigió a mitad de la oración, tratando de sonar normal y calmado -sensaciones algo extrañas para él-.

-Mmhh...- pareció quedarse pensando la Slytherin -¿Por qué lo buscas?-

-¿Yo? No, no lo busco por mí. Un profe—La profesora McGonagall me pidió ubicarlo porque... quiere hablar con él porque... no se presentó al examen de hoy.- terminó mintiendo con bastante dificultad.

Repentinamente se le ocurrió que si seguía juntándose con Draco terminaría aprendiendo a mentir... tal vez.

-No lo he visto hoy. Dile a la profesora que debería preguntarle al Jefe de Slytherin.- murmuró la chica con una leve sonrisa y Neville simplemente supo que Parkinson sabía que él acababa de mentirle.

-Oh... si, genial. Le diré... eso.- asintió y antes de recibir otra de las miradas de la serpiente, se dio la vuelta para casi huir de ahí, sin darse cuenta de que alguien más había notado que estaba hablando con la Slytherin.


Después de dar vueltas sin sentido por la mitad del castillo, Neville decidió que lo único que podía hacer, el único lugar en el que al menos tenía la posibilidad de encontrar al rubio, era el baño de Myrtle.

Pasaban de las tres de la tarde y ya no tenía clases ese viernes, cosa que lo alivió porque no podría soportar otro examen ese día. Se sorprendió un poco de que no hubiera demasiados chicos en los pasillos, pero luego recordó que los Viernes los equipos de Quidditch se reunían para las últimas prácticas antes de los partidos. Se suponía que habría un partido este mes, pero ya no recordaba cual era.

-Seguro no es con Gryffindor.- se dijo a sí mismo en voz alta, pensando repentinamente que sería bueno que buscara su recordadora cuando regresara al cuarto de sexto año de la torre de los leones.

Llegó al segundo piso y algunos cuadros lo saludaron como si lo conocieran de toda la vida. Neville saludó con su mano y una sonrisa nerviosa, tratando de no parecer apurado porque en realidad no lo estaba: era temprano. Las otras veces que se había encontrado con Draco siempre pasaban de las cinco.

-Pero es eso mismo lo que me hace preguntarme si estará aquí...- murmuró empujando la puerta despacio para mirar adentro primero.

Myrtle no parecía estar por aquí y no parecía haber nadie más tampoco. El león suspiró y entró con paso tranquilo, comprobando que realmente no había nadie cuando llegó hasta los lavabos. Suspiró pesadamente, sintiéndose decepcionado, pero de sí mismo. Se dejó caer en el banco junto a la pared y miró el destartalado techo.

"¿Cómo se supone que voy a decirle que no es lástima si no lo veo?" pensó.

No era como si pudiera enviarle una lechuza con una carta o pudiera usar la red Floo. Además de hablarle cara a cara no podía pensar en una manera de contactar al rubio. Tratar de pedirle a otro Slytherin que le dijera estaba fuera de discusión. Aun cuando encontrara a una serpiente que no se le riera en la cara y le llevara el mensaje a Draco, estaba seguro de que el rubio lo asesinaría si alguien más sabía de...

-¿...de qué?- se habló a sí mismo -No hay... nada entre nosotros... ¿o sí?-

No supo de dónde apareció esa pregunta en su cabeza, pero lo hacía ponerse más nervioso con la situación. A pesar de que en la mañana había estado seguro de lo que quería hacer pese a no saber sus propias razones para hacerlo, ahora comenzaba a dudar de nuevo. Se había dicho a sí mismo que los leones no pensaban en razones, que solo sentían, pero... ¿Qué era exactamente lo que sentía?

-Sé lo que no es...- murmuró cansado y una risita salida de la nada lo hizo bajar la mirada. Por un segundo creyó que podría haber sido Draco, pero ese pensamiento se borró de su memoria al comprobar que se trataba de Myrtle.

-¿Qué haces aquí leoncito?- murmuró la fantasma adolescente, mirándolo por encima de la pared de un cubículo.

-Estoy... Vine porque necesitaba un lugar para pensar.- respondió, mintiendo a medias.

-¿Un lugar para pensar... o un lugar para esperar?- preguntó esta vez Myrtle, flotando sobre el cubículo para acercarse hasta los lavabos, un poco más cerca de Neville.

-¿Esperar?- repitió el castaño, tratando de no sonar incómodo pese a que así se sentía. Nunca había hablado directamente con la fantasma, no así.

-Esperar a Draco, claro.- respondió ahora Myrtle, con otra de esas risitas. Neville bajó la mirada y ella sonrió -¿Ves? ¿Qué ganas con mentirle a la única además de ti que lo ha escuchado llorar?- le aseguró y los ojos claros de Neville volvieron a mirarla.

-¿Tú también?- murmuró sin poder contenerse y la chica asintió con una mirada algo melancólica.

-Traté de ayudarlo para que no se preocupara. Le dije que podríamos compartir este lugar cuando muriera, pero creo que no sirvió.- aseguró Myrtle y ahora Neville sí que se sintió incómodo.

Era obvio que esas palabras no habían ayudado a Draco. Seguramente lo habían puesto más y más nervioso. No era como si el rubio quisiera simplemente aceptar la muerte... Un momento, ¿por qué estaban hablando de la muerte de Draco?

-Él no va a morir.- aseguró, de nuevo, antes de siquiera pensarlo. Myrtle lo miró con interés, acercándose quizás demasiado para el gusto y comodidad de Neville.

-¿Crees que le perdonen la vida aun cuando no pueda asesinarlo?- murmuró la chica, con cierto tono de esperanza en su voz, pero la expresión del león le hizo darse cuenta que había hablado de más.

-¿Asesinar? ¿A quién?- preguntó de inmediato Neville y casi trató de sujetar a Myrtle cuando la fantasma se alejó.

-Si Draco no te lo dijo, yo no te lo diré.- levantó un poco la voz, como si le reclamara algo de lo que él no era culpable.

-¡Por favor, Myrtle! No lo he visto desde el martes pasado y ya no sé cómo tratar de contactarlo para que venga aquí...- le explicó a la chica y esta pareció apiadarse de él un poco.

-Si lo esperas... yo iré por él.- ofreció, sorprendida de que Neville aceptara enseguida.


Cuando la sala común comenzó a llenarse con los alumnos de primer y segundo año, Draco no soportó el ruido y salió de ahí sin que nadie lo notara. Comenzaba a acostumbrarse a esto de que nadie notara su presencia. Siempre había sido lo contrario, él mismo llamaba la atención porque le gustaba que lo miraran, que supieran que estaba ahí.

Ahora solía pensar que su vida sería más fácil si simplemente fuera invisible.

-Sobre todo porque no tendría a Potter detrás de mí sombra.- murmuró con un tono cansado.

Antes de llegar a la escuela había pensado que podría alardear, al menos un poco, de que el Señor Oscuro estaba viviendo en su casa. Luego de recibir La Marca, esos pensamientos desaparecieron. Sus órdenes fueron claras: era 'su' misión. No podía tener ayuda. Por eso mismo no le había dicho a nadie nada sobre el Lord o La Marca, aunque presentía que de todas maneras lo sabían o al menos, lo sospechaban.

Crabbe y Goyle. Parkinson también. Quienes se habían llamado sus 'compañeros', sus 'amigos', se habían alejado de él poco a poco. Primero lo ignoraron en las clases, luego en la sala común, hasta que finalmente había perdido la cuenta de hacía cuanto tiempo desde que le dirigieran la palabra.

-No los necesito.- habló Draco, con el tono más seguro que pudo pronunciar. Se lo había repetido tantas veces que había perdido el sentido.

Solo por momentos deseaba cumplir su misión para ser el favorito del Lord, salvar a su familia y tener el placer de que esos tres regresaran arrastrándose, suplicándole que los aceptara de nuevo, y entonces decirles que no. Claro que esos momentos eran efímeros. Draco pronto se daba cuenta de sus pensamientos y trataba de alejarlos... y luego trataba de recuperarlos.

Su cabeza era un lío.

Se detuvo un par de veces en los pasillos para asomarse a mirar por la ventana. Cada vez anochecía más temprano a causa del invierno, pero de alguna manera Draco pensaba que la noche tomaba más y más fuerza que el día, o quizás, simplemente la oscuridad era más fuerte que la luz. Cualquiera de esas respuestas solo conseguía hacer que su estómago diera vueltas más rápido.

¿Sería el hambre? Ese día no había almorzado y la noche anterior no había cenado.

"Tal vez si paso por la cocina..." pensó alejándose de la ventana al sentir que alguien lo observaba. Pensó que se giraría y se encontraría con Potter mal escondido detrás de alguna armadura, pero se encontró cara a cara con Myrtle.

-Te has vuelto muy escurridizo, Draco.- le dijo la fantasma adolescente, alejándose un poco al notar que el rubio se había echado para atrás por reflejo.

-¿Paseando por el castillo, Myrtle? Es extraño verte lejos del segundo piso.- fue el saludo del rubio, con una media sonrisa. Se relajó al notar que no había nadie cerca que pudiera verlo hablar con ella... o al menos él no veía a nadie.

-Te estaba buscando.- respondió enseguida el espíritu.

-He estado ocupado.- fue la pobre escusa del rubio, cerrando los ojos para apoyar su espalda en la pared. Seguramente Myrtle extrañaba su compañía pero no podía estar todo el tiempo llorando en el baño de niñas del segundo piso solo para que ella tratara de consolarlo y tuviera compañía.

-¿Ignorar al león te mantiene ocupado?-

-¿León?- repitió Draco.

-Ese chico con el que hiciste el Juramento.-

Draco miró a los lados luego de escuchar a Myrtle. Seguía sintiendo la sensación de que alguien lo observaba. Cerró los ojos para tratar de sentir si acaso era el Señor Oscuro intentando entrar en su mente, pero no percibió nada de eso. No era ese tipo de sensación sino... distinta.

-Myrtle, ¿Hay alguien más aquí?- preguntó entre murmullos, mirándola y entonces se dio cuenta que ella también miraba alrededor.

La fantasma se dio la vuelta y flotó un poco más arriba, mirando a todos lados. En un instante se detuvo y se acercó a una puerta de madera a algunos metros de donde estaba Draco. La traspasó con la mitad de su cuerpo y estuvo así unos instantes en los que el rubio pensó si no sería mejor correr.

-No hay nadie.- aseguró la chica, acercándose de nuevo -Por muy fascinante que es tu delirio de persecución, no es por eso que te estaba buscando.- continuó con la conversación, ignorando como Draco continuaba mirando la puerta de madera -Está esperándote.- le dijo sin aclarar nada más.

Draco regresó su mirada hacia ella por unos segundos, y repentinamente pareció darse cuenta de a que se estaba refiriendo.

-¿De verdad?- le preguntó pero Myrtle ya no le respondió. La fantasma adolescente solo se alejó, mirándolo por unos segundos antes de desaparecer a través de una pared.

Draco dudó por algunos minutos. No era como si quisiera ver a Neville, ¿verdad?

"Por supuesto que no." pensó, aunque no se había detenido a meditar que había estado preguntándose por él los últimos días.

El rubio caminó por el pasillo hasta la escalera y al llegar al segundo piso fue directo al baño, sin disimular hacia donde iba pese a que era lo que siempre hacía. Ni siquiera se giró a ver si alguien lo seguía antes de entrar. Se asomó desde detrás de los cubículos y al no ver al león supuso que estaba en el banco detrás de los lavabos, por lo que se acercó.

-Realmente, un león estúpido.- murmuró el rubio al ver que Neville estaba dormido, casi acostado contra la pared.

Por algunos segundos pensó en despertarlo, pero lo pensó mejor. ¿Quería que comenzara a preguntarle cosas como la última vez? Además, que estuviera ahí esperándolo no significaba que la situación hubiera cambiado. Draco todavía pensaba que Neville actuaba por lástima.

-Podría... comprobarlo.- pensó en voz alta, sacando su varita.

Esto estaba mal. No podía hacer eso solo porque se le daba la gana... Pero necesitaba al menos un poco de seguridad.

-Legerimens.-


Neville se despertó sintiendo un tremendo dolor de espalda y la cabeza le daba vueltas como si acabara de aparecerse. Soltó un quejido en voz baja, tratando de enfocar la mirada. ¿Dónde estaba?

-Oh, cierto... el baño.- se recordó a sí mismo, sosteniéndose la cabeza, cerrando los ojos para tratar de no sentirse tan mareado. Nunca le había pasado: despertarse con un dolor de cabeza tan fuerte y encima mareado. Casi tenía ganas de vomitar -Tendré que... pasar por la enfermería antes de... regresar a la torre.- apuntó en voz alta porque sentía que hasta pensar incrementaba el dolor.

Abrió los ojos y suspiró al ver que el baño ya no daba vueltas a su alrededor. Aun sujetándose la cabeza, apoyó su otra mano en la pared para ayudarse a ponerse de pie. Dio un paso débil, seguido de otro, pero terminó perdiendo el equilibrio, por lo que terminó dando varios pasos rápidos para terminar sostenido de uno de los lavabos.

-Huh... deben haber sido... esas grageas...- murmuró, tratando de pensar en una razón para las náuseas y solo pudiendo recordar esas grageas que Seamus le había convidado para hacerlo 'sentir mejor' luego del examen de McGonagall.

El león suspiró varias veces, tomando aire profundo, tratando de no pensar en esa sensación de algo subiendo y bajando por su tubo digestivo. Tragó varias veces, comenzando a sentir como su boca se llenaba de saliva. ¡Por Merlín! Odiaba esa sensación.

-... Agua...- dijo en voz alta, como si su voz fuera la que le ordenaba a una de sus manos moverse para abrir el grifo de agua.

Se mojó el rostro con el agua, rápido, casi golpeándose, jadeando por lo fría que estaba al principio. Terminó sentándose en el piso, respirando agitado, con el cuello de la camisa y parte del sweater mojado, pero sintiéndose un poco más alerta que antes y con menos nauseas. El agua siguió corriendo, cambiando de fría a caliente con los minutos, comenzando a echar vapor por la diferencia de temperaturas. Después de unos minutos, Neville volvió a abrir los ojos, sintiéndose notablemente más calmado y ya sin tantas náuseas.

-No volveré a comer nada que Seamus me dé.- sentenció con un suspiró, poniéndose de pie despacio.

Cerró el grifo y levantó la mirada para verse en el espejo, abriendo los ojos al notar que gracias al vapor había aparecido algo escrito en el cristal quebrado.

Mañana,

durante el partido.

D.

Neville pestañeó un par de veces, como si pensara que sus ojos le estaban jugando una mala pasada por el dolor de cabeza que aún persistía. Pero no, era real. Draco había estado ahí pero no lo había despertado.

-Al menos... parece que podré verlo mañana.- suspiró apenas con una sonrisa, saliendo despacio del baño.

Minutos después de que el león se fuera, se escuchó un ruido dentro de uno de los cubículos... y Draco salió del baño también.


"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997

"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011