Disclaimer: Ya lo saben, CCS no es mío... Las chicas CLAMP son difíciles de chantajear, les ofrecí $53.543,54 pero igual no me dan los derechos de CCS. Así que decidí donar ese dinero a este fic para que paguen el rescate de Sakura xD

El Secuestro De Sakura Kinomoto
Escrito por Megumi Asakura

Capítulo 4: Deudas

Ella abrió desmesuradamente sus ojos al creer reconocerla.

"De toda la maldita mala suerte del mundo, Dios..." pensaba y le rezaba a cualquier dios/santo/deidad que la estuviese oyendo en ese momento que esa chica de allí no fuera su amiga.

Se puso muy nerviosa de repente y le pidió a Shaoran irse.

-¿Sucede algo--?

-¡SHHH! ¡Haz silencio! -gritó en voz baja.

-¿Pero que te sucede ahora, Sakura? -le costaba hablar; la mano de la joven tapaba su boca.

-Me parece que han entrado unos amigos míos aquí. Podrían reconocerme...

-¿Quieres irte?

-Por supuesto, y ya. -se levantó del asiento que ocupaba, bajó más su gorra para tapar sus ojos. Shyao se llevó las hamburguesas. Ella lo miró con una expresión rara.

-Bueno, la comida no se tira. -aún Sakura no sabía que era un amante de los fast food.

-Lo que sea. Vámonos.

Se fueron del lugar lo más rápido posible, tratando de evitar que esas siluetas los vieran. Una vez que se escaparon de allí, se limitaron a quedarse por los alrededores a ver si verdaderamente eran Tomoyo y Eriol.

-¿Me explicarás quiénes son ellos? -un Shaoran enojado cruzaba los brazos en señal de enfado.

Sakura resopló hacia arriba, haciendo que los mechones de su flequillo se elevaran un poco. Intentó mirar cómo lo hacían y cruzó los ojos; él sólo sonrió al ver que jugaba igual que una prima pequeña suya.

-No me gusta hablar de mis amigos.

-¿Son tus amigos? -los señaló.

-¡Idiota! ¡No los señales! ¡Te podrían ver y estamos fritos! -agarró la mano del chico y la apretó. Sus miradas se intercambiaron por segundos.

-Está bien, de cualquier forma no creo que nos vean, Sakura.

-Eso es lo que tú crees. Tomoyo tiene algo que le hace saber cuándo están hablando de ella y quién lo está haciendo. Es como su sexto sentido.

-Así que la chica se llama Tomoyo, ¿eh? Menos mal que no te gustaba hablar de tus amigos... -soltó una risita burlona. Ése era el defecto, ella hablaba de más, siempre.

-Bueno, está bien, te cuento. -no pudo resistirse- Ella es mi mejor amiga. Se llama Tomoyo. Como ya te dije, tiene ese extraño sexto...

-¿Qué?

-Date vuelta. -movió más la boca en vez de hablar.

-¿Eh?

-Que te des vuelta, Shyao... -empezó a perder la paciencia.

-¿Por qué? -era realmente molesto.

-Ella nos está mirando...

-¿Quién?. ¿Tomoyo?

Sakura rezó por segunda vez en menos de media hora a cualquier dios/santo/deidad para que no perdiera el control. -Sí, Shyao, ella... Date vuelta...

-Pero ya no nos mira.

Sakura volteó para comprobarlo. -Pues claro que ya no lo hace, con tantas preguntas... ¿Qué ha sucedido con el chico que se presentó a mí y dijo estoy a tus órdenes? -ridiculizó su voz.

-Está en frente tuyo. -era increíble cómo te mataba de los nervios.

-¿Me lo haces a propósito?. Tú quieres que te pegue...

-No, yo soy así, acostúmbrate, Sakura. Como ya te había dicho, soy obediente pero no esclavo.

-Al demonio, larguémonos de aquí.-lo tomó de la mano, su agarre era fuerte y decidido.

Al principio, Shaoran sintió como se una descarga eléctrica se apoderaba de su mano al momento en que la secuestrada lo tomaba. Sólo faltaba algo: mariposas o pájaros, o algún ser volador revoloteando en su estómago para que todo esto se convirtiera en amor. Lo dudaba. Él no era esa clase de personas que se enamoraba con facilidad, nunca. Mejor dicho; él no era esa clase de persona que se enamoraba. Shaoran era una persona muy seria.

Desde pequeño fue instruido en artes marciales, lo que requería inmensa concentración y esfuerzo físico. Él mismo se aisló del mundo, por ese motivo no tenía muchas amistades. Directamente, no las tenía ni le importaba tenerlas. Creía no necesitarlas.

Sakura era la primera mujer que entraba en su vida, además de su madre y de sus hermanas. Nunca había tenido contacto con alguien que no fuera de la familia Li. A lo mejor no era amor lo que sentía por Sakura, sino nervios, nervios de conocer a alguien nuevo, miedo a experimentar. Se tranquilizó un poco cuando reflexionó todo aquello y llegó a esa conclusión.

-¿Y ahora?

-Pues volvamos al infierno. -dijo ella resignada, pensando que ese podría ser el lugar más seguro de todos.

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Cuando Touya regresó del mercado luego de hacer las compras (ahora comprendía por qué Sakura siempre se quejaba), un papel blanco se encontraba debajo de la puerta de la casa.

-Que no sea la factura del teléfono. -rezó en voz alta recordando la conversación de más de una hora y treinta y cinco minutos con Tomoyo.

Abrió sus ojos lo suficiente como para que la carta entera fuera leída de un vistazo.

No era letra de una persona, eran letras y frases recortadas de diarios y revistas.

"Oh sí. La primera carta del secuestrador. Seguramente mañana la escucharé por todos los medios. Al diablo, te cuento el porqué del secuestro de la más joven de los Kinomoto.

Cuando Nadeshiko entró a la agencia de modelos, Fujitaka no tenía el dinero suficiente para pagar el pre contrato. Dijo que lo pagaría en cuotas, a tres años. Nunca lo hizo. Nadeshiko tuvo tiempo de morir, pero aún hay deudas por saldar... Te digo, Sakura se encuentra bien bajo mis cuidados. Es idéntica a su madre. Esperaremos todo el tiempo necesario para pagar la suma de dinero, que, a causa del tiempo, se ha incrementado en un 79. Ahora tendrán que pagar $53.543,54 exactos. Nos estamos viendo."

Quedó estupefacto. Fue necesario que se sentara en el sofá, porque no lo podía creer... ¿Tanto dinero a pagar?. ¿De dónde sacarían todo eso?.

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-Bien, hemos llegado, ahora te irás al sótano. -dijo Shaoran.

-De vuelta al infierno... Al menos déjame las bolsas de ropa allí así me paso un rato jugando a las modelos.

-¿A las modelos? -una gota gigante apareció en su cabeza.

-¿Por qué no? Tengo el cuerpo de una. -y comenzó a reír. Tenía un extraño sentido del humor.

-Recuérdame nunca más salir de compras contigo. -dijo mientras le tiraba las bolsas a la habitación.

-¡Hey!. ¡Ten más cuidado con mis cosas!

-Si sólo es ropa...

-¡SON MIS NUEVAS AMIGAS! -gritó enojada para luego reír.

-Eres extraña, ¿lo sabías?

-Pobrecito, aún no me comprendes... Esta es mi forma de ser y tendrás que acostumbrarte. -volvió a reír. ¿Acaso le habían puesto alcohol a la bebida de Sakura?

-Estás ebria. -dijo mientras cerraba la puerta con llave. Sabía que no la iba a ver hasta el día siguiente. No le llevaría cena porque ya habían tenido suficiente con Mc Donald's.

-Como quieras, Shyao. Nos vemos mañana.

Ahora que había quedado sola en la habitación, junto con sus "nuevas amigas", se puso a llorar en silencio.

Lloraba porque no sabía qué le depararía el futuro. Lloraba porque ésa no era la forma en que quería vivir la vida. Estudiaba medicina sólo por diversión, porque a ella lo que verdaderamente le apasionaba era el arte en todas sus expresiones, pero no podía serlo.

No podía ser cantante ni integrar una banda, ya que su voz no era la mejor ni era la mejor tocando algún instrumento. No podía ser dibujante ya que lo había intentado y siempre dejaba sus mangas a la mitad. No podía ser actriz ya que eso no estaba en los planes de ninguno de su familia. No podía ser nada de lo que a ella le gustaba. ¿Y qué había sobre el modelaje? Supuso que el seguir la misma carrera que su madre sería algo muy arriesgado. Le habían dicho que Nadeshiko había muerto de...

No lo recordaba. Ahora creía que era... ¿Anorexia o bulimia? Nunca lo supo. Tenía miedo de correr el mismo destino que ella. Muy arriesgado. Además, ya había pasado el tiempo para empezar: todas iniciaban a los quince o dieciséis años, pero ella ya tenía veinte. ¿Tenía oportunidades? Oh, claro que las tenía. Pero no estando encerrada en el sótano, secuestrada por un pésimo secuestrador como lo era Shaoran.

Sólo sabía su nombre. No sabía su apellido, ni su comida favorita, ni su edad, ni qué número de zapatos calzaba. Nada. Sólo sabía que su nombre era Shaoran, y que él era su secuestrador.

Se subió a una silla para poder ver a través del pequeño conducto de aire enrejado. Tenía una vista directa al césped del jardín delantero de la casa. Trató de mirar al cielo, pero no pudo: sólo una pequeña parte podía ver de la inmensa bóveda celeste. Lo que más le maravilló fueron las pequeñas hormigas haciendo su trabajo y el olor al césped recién cortado y regado.

Se quedó parada allí largo rato hasta que se cansó... Bueno, hasta que la silla hizo un sonido de "crach" y comenzó a romperse.

Cayó sobre la cama. El impacto hizo que Sakura dijera un "ay" involuntario, aunque debía admitir que había sido divertido. Iba a tirarse otra vez pero oyó voces.

-... Tú sabes cómo son las cosas, Shaoran. -la voz era de mujer- No la torturamos ahora pero en un futuro cercano, por supuesto.

-¿Y en que consiste tu plan?

-Bueno, les dijimos a sus parientes en la carta que la suma a abonar sería de alrededor de $53 mil dólares, no lo recuerdo. Pues, a ello le aumentamos tres mil dólares, que fue lo que Nadeshiko utilizó mientras estaba en nuestra empresa. Y la frutilla del postre la pone Kinomoto, la hija de Nadeshiko.

-¿Ella?

-Sí, ella misma. Tiene la sangre de la madre, son iguales. Seguramente un día despertará y dirá "quiero ser modelo" y vendrá a nuestra academia.

-Pero Kinomoto está estudiando medicina, no creo que se haga modelo de un día para el otro.

-Descuida, es capaz. Pero, a lo que vamos, hay un 75 por ciento de probabilidades que ella quiera ser modelo. Si lo es, le quitaremos semanalmente unos $400, y podremos ayudar a la nueva modelito que tenemos.

-¿Ahora lo haces por caridad?

-Pero no, idiota, esa chica es un fenómeno. Tiene las medidas perfectas, nació para ser modelo. Y ahora está en nuestras manos, te lo digo: esa chica promete. Así que necesitamos una cantidad de dinero que no está a nuestro alcance por ahora, pero que con todo esto, lo estará. Las ganancias de esta modelo serían muy altas, y lo que a nosotros nos correspondería, también. Todo sumado nos daría alrededor de 39 por ciento de ganancias más por semana, lo suficiente como para darle lo mejor.

-Interesante... Todo a costa de Kinomoto... Me parece muy bien por ti, pero, ¿qué hay para mí?

-Pues podrías quedarte con ella, ¿no?. Hacen muy buena pareja. -¿bromeaba?

-¡Hey!. ¡Que no estoy para bromas, Kaho! -ahora sabía el nombre de la mujer: Kaho.

-Pero es verdad, Shaoran. Deberías quedarte con ella, tienen muy buena química.

-Oh, no, claro que no. Ella no es para mí. -le dolió un poco a Sakura.

-Vamos, sé que estás confundido, pero, tómate tu tiempo para pensarlo. Verás que terminarán juntos, apuesto mi cabeza.

-Apuesta lo que quieras, pero yo no lo haré. Después de todo, ella no me gusta ni nada.

-Bueno, lo dejamos allí, mañana nos vemos a ver cuánto tiempo más la tenemos encerrada.

-Muy bien, hasta mañana, Kaho.

El sonido de un automóvil que se iba fue lo que Sakura oyó. Habían estado charlando en las proximidades de la pequeña ventana-conducto-de-aire.

Al menos ahora sabía que integraba un plan. Decidió irse a dormir antes de que el sol cayera, porque debía ahora pensar en cómo salir de ese lío. No sólo estaba en peligro la vida de ella, sino también peligraba su familia.

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Notas de la autora:

Capítulo cuatro terminado!! n.n He revelado ahora algo más de la verdadera trama de la historia, cosa que realmente no tenía planeado aún n.nU

Por cierto, muchísimas gracias a quienes me dejan reviews en este fanfic, ¡se los agradezco!. Pero lamentablemente no he tenido el tiempo suficiente para responderlos, muchos gomen u.u Pero, de veras, se los agradezco muchísimo.

Ya saben, espero sus reviews para este capítulo, mientras más tenga, más rápido actualizaré n.n