In the midnight hour/En la hora a media noche.

Entran por la puerta de la cochera y descubren en el comedor a Charlie, Bill, sus padres, y sí, a Ron. Sentados a la mesa charlando animadamente con un taza de humeante té. Se centra en los padres de Ginny, discerniendo si están molestos o preocupados, pero parecen más bien relajados.

-¿Qué tal el centro comercial chicas?—pregunta el señor Weasley.

-Todo bien papá—dice Ginny con una habilidad extraordinaria para fingir los excitantes momentos que pasaron allá—Entramos al cine y se nos fue el tiempo volando—se excusa mintiendo mientras besa a su madre en la mejilla, como ya lo hizo con su padre.

-¿Y qué película vieron?—pregunta Charlie dirigiéndose a Hermione.

-Aa… una de…-lamenta ser lo opuesto a su amiga, una malísima mentirosa.

Se frota las manos, retorciendo la correa de la bolsa con los libros nuevos que compro.

-Una de terror, aunque bastante mala—habla Ginny ayudándola—pero ya nos vamos arriba, estamos muy cansadas creo que esa película nos dio un poco de sueño.

-¡Que descanses cielo! ¿Necesitas algo más tú, Hermione?—pregunta la señora Weasley.

-No, estoy bien. Me voy a la cama igual, si no les molesta.

-Claro que no, descansa—dice amable Bill.

-Igualmente, hasta mañana—se despide, tratando de no poner su vista en Ron, que parece absorto en la taza que tiene enfrente.

Sube, y una vez en la habitación de Ginny, donde ya se ha acomodado un colchón inflable, seguramente obra de la señora Weasley. Suspira profundamente.

-Eso estuvo cerca.

-Si, eres mala mentirosa—dice alegre su amiga, sacando un par de mantas del closet.

-Y tú eres demasiado buena—regaña.

-¿Qué crees que haces? No te voy a dejar dormir en el suelo. Hoy te mereces la cama por ser tan buena amiga—explica al ver el amago de Hermione por acostarse en la colchoneta.

-¡Ay, pero que amable!—responde ella sarcástica y divertida.

Ambas toman una manta y se disponen a cambiarse la ropa para dormir. Cerca de las once de la noche ya están costadas y mirando al techo. Sus ojos se cierran lentamente, muy cerca de quedarse dormidas. La casa está en un profundo silencio, al parecer todos se han ido a acostar ya.

Ginny parece que ya se ha dormido, porque sus ojos dejan de brillan en la oscuridad de la noche. Todo empieza a ponerse oscuro, y a alejarse por un largo túnel. Al menos hasta que el ruido de un timbre de celular perturba la calma. Se levanta de un salto de la cama, maldice un poco internamente y busca a tientas el condenado teléfono.

Lo encuentra dentro del bolsillo interior de la maleta y mira la pantalla Mamá

-Espero que sea una verdadera emergencia madre, porque vas a hacer que despierte a todos aquí—susurra con molestia mirando hasta el bulto en el piso que sabe que es Ginny-¿Qué pasa?

-Hija me quede preocupada por ti—contesta su madre completamente ajena al mal tono de su hija—tu padre dijo que te diera tiempo para pensar, pero es que saliste sin decir nada. No puedo dormir así.

-Estoy bien mamá—corrige un poco al escuchar a su madre—es que… no sé, necesitaba irme.

-Debí habértelo dicho a solas, y explicarme mejor, eso lo reconozco. Mi plan de irme a otro país es porque quiero un ambiente nuevo Hermione, pero no quiero a nada más que a ti, así que si así prefieres, voy a quedarme—sentencia.

-No se trata de eso mamá—habla con más tranquilidad—es solo que me cayó de sorpresa, jamás lo vi venir.

-Sé que te han dolido mucho los errores que tu padre y yo hemos cometido. Queremos hacerlo mejor, por ti—concede su madre.

-No. De esto no vamos a hablar por teléfono y a las 11 de la noche—afirma ella.

-¿Y cuándo vamos a hablar entonces? ¿Alguna de las 3 veces al año que vienes a comer a casa?—le recrimina con verdad absoluta-¿Cuándo?

-¿Y para qué quieres hablar de todos modos? Hablar ya no va a componer todo lo que vivimos—sube el volumen de su voz porque se está enojando peligrosamente rápido.

-Tienes razón, eso ya no va a cambiar, pero podemos cambiar lo que tenemos ahora—hace el esfuerzo por ser la parte tranquila de la conversación.

-¿Y qué es exactamente lo que tenemos ahora mamá?—cuestiona-¿Qué somos ya? ¡No somos nada!

-Hermione…

-Mamá, por favor—pide esta vez con tono suplicante—solo quiero dormir.

Cuelga.

No necesita pensar ahora en cómo solucionar su mala relación con sus padres. Considera que ya tiene bastantes cosas de que preocuparse. Sobre todo el día de hoy que pasó de ser blanco en el lanzamiento de celulares a dama de honor de una boda prematura.

Se recuesta para dormir, pero solo logra cerrar los ojos porque su mente no deja de traer imágenes diversas. Su infancia solitaria. Sus padres discutiendo. Su padre llorando silenciosamente. Su madre gritando como loca. Ginny. Ron. Todo forma un mosaico de recuerdos que le hace imposible conciliar el sueño.

Debería dejarlo ir. Perdonar a sus padres y seguir adelante. El problema es que tantas malas experiencias no se van así como así. Están doliendo tanto y son tan pesadas que a veces siente que no puede respirar. Como ahora.

Se plantea despertar a Ginny, pero sería egoísta hacerla pasar una noche de insomnio a su lado. Así que decide bajar a la cocina y prepararse leche tibia como último recurso.

Se coloca sus pantuflas y se dispone a ir escalera abajo. Todo luce más calmado afuera, con la luna proyectando una luminosidad impresionante a la casa. Atraviesa el comedor y va directo hasta la cocina.

Una vez allí se dispone a buscar un vaso en los estantes encima del fregadero. Se estira cuanto puede, poniéndose de puntas para alcanzar alguno, y cuando al fin su mano logra hacerse con el más cercano, salta de susto.

-¿Qué buscas?—pregunta una voz que, para su mala fortuna, ya conoce bastante bien.

-¡Definitivamente te has propuesto matarme!—acusa respirando rápidamente-¿Es tu proyecto de verano, o qué?

-Para nada—responde con simpleza—Tengo cosas mejores de las que ocuparme.

Son esas insinuaciones de que ella no es importante las que la molestan sobremanera, y que hacen que caiga en el juego de quién se insulta más, pero es que pelear con este chico es casi una masoquista adicción.

-Como arreglar tu carácter—sugiere quisquillosa—o tu vida.

-¿Tú qué sabes sobre los problemas de mi vida o de mi carácter?

-Lo suficiente para saber que son estúpidos—dice sosteniendo el vaso en su mano

-¡Vaya! ¿Ahora quien está siendo grosera y de mal carácter?

Él toma asiento en la pequeña mesa de la cocina. Ella se permite verlo bien, trae un pans y solo una camiseta, se ve cansado, y a las sombras de la noche, mucho menos intimidante que antes. De hecho, luce más bien enfermo y triste.

Inmediatamente después de acomodarse en la silla, coloca una botella de leche sobre la superficie de madera y enseguida un vaso.

-Como sea, aun no me has contestado que haces a media noche en la cocina—recuerda destapando la botella de leche.

-Pues aparentemente tenemos las mismas ideas respecto a remedios para el insomnio—concuerda desviando la vista a cualquier otra parte que no sea él.

Siente como la observa un poco, y es algo tan incómodo que por un segundo está segura que el ardor en las mejillas es ¿qué? ¿Un sonrojo?

-Entonces siéntate—ofrece Ron.

Al principio duda, porque es justo lo que se dijo que debería evitar. Pero tal como se suele decir, lo prohibido se convierte en lo más deseado. Pone su vaso al lado del de él y jala una silla para sentarse.

-Con que insomnio ¿eh?—comenta vertiendo leche en ambos vasos-¿Qué te preocupa tanto? ¿Las notas de la escuela?—termina en tono burlón.

-Aunque te sea difícil de creer, tengo una vida más allá de la escuela, y problemas que no incumben lo académico—defiende.

-No sé qué clase de "problemas" te puedan quitar el sueño a ti chica perfección que lo tiene todo. Según me cuenta Ginny, eres rica y bastante lista.

Ron le da un sorbo al vaso cuando termina de hablar, tan apresurado y evasivo como si hubiera dicho algo indebido. Por un momento cree que va ahogarse con el líquido. No ha dicho nada incorrecto, es la verdad.

Lo que la toma desprevenida es la idea de que la conoce. Se imagina a Ginny y a Ron hablando sobre ella casualmente. El interés del chico en guardar esas piezas de información en un espacio de su cerebro. Ahí viene otra vez esa cosa en las mejillas.

-Tener dinero no te asegura ser feliz—comenta adoptando seriedad—ya sé que suena a lo que dicen en las películas pero es verdad.

Beben de sus respectivos vasos, hasta que Hermione siente la necesidad de decir lo que la hizo levantarse de la cama, ya no le importa a quién.

-Mis papás se divorciaron cuando yo tenía 8 años—confiesa—mi vida se hizo un caos desde entonces y ahora… ellos quieren que lo arreglemos todo—y se permite encontrar su mirada, algo apagada pero completamente fija en ella—Tengo miedo de intentarlo porque no sé si quede algo que se pueda reparar.

Un trago más de leche, que sabe a alivio y, si, un poco a consuelo. Ya no lo mira a él, en realidad ya no mira a nada en particular. Al menos hasta después de un rato que vuelve a hablar.

-Alejo a las personas. Incluso a tú hermana a veces. Tienes razón en suponer que mi vida es la escuela. Tengo muchos aspectos vacíos de mi vida—lo mira fijamente—Estoy muy lejos de tenerlo todo.

Nuevamente silencio, alejado solo por el ruido de los vasos sentarse contra la mesa. Está considerando levantarse y salir de ahí. Ha sido un error quedarse. Compartir asuntos personales con quien tratas de poner distancia es suicidio. Es darle paso libre, y nadie, nunca, debe tener paso libre hacia ella.

Se levanta de la silla pero antes de poder caminar hasta la puerta de la cocina, o siquiera moverse. El mayor de sus temores se comienza a materializar.

-Mi novia, con la que compartí 3 años de mi vida, me engaño con Simus, mi mejor amigo. —suelta de pronto—Ahora me llama 20 veces al día tratando de explicar no sé qué cosas.

Así, con la luz de la luna rebotando en su cara, siente que lo ve por primera vez. Con los ojos hundidos, profundas ojeras. Cabello ávido de un buen corte, una barba de varios días que solo reluce a contraluz puesto que al sol se pierde por su color, semejante a su cabello. Un chico derrotado, así lo ve. Y sin embargo, no está vencido completamente, sus ojos están vivos, deslumbrantes y la están mirando. ¡Y de qué manera! Es imposible explicarlo.

-Probablemente creas que no vale la pena sufrir por algo como esto, pero no puedo dejar de sentirlo. Me dan ganas de vomitar cuando lo pienso. Me siento sucio y traicionado—y le cree.

-De veras que lo lamento—le asegura antes de avanzar decidida al fregadero para depositar el vaso ahora vacío y marcharse rápidamente.

Definitivamente está tomando un rumbo peligroso esta situación.

-Y por cierto—habla fuerte para frenarla antes de cruzar el umbral—no es que me guste tirarte celulares a la cabeza. Solo estabas en el momento y lugar menos indicados—termina con una ligera sonrisa, haciéndola sonreír un poco también.

Sus temores. Una grieta pequeña pero bien clara empieza a recorrer el muro de indiferencia que construye para las personas que la rodean.

-Pero esto no significa que seamos amigos, Granger—se apresura él a añadir cuando ella le da la espalda.

Sorprendida y aliviada por el cambio al tono hostil de siempre contesta más tranquila.

-Que bien, porque no seré tu amiga nunca—y sube las escaleras terminando una extraña conversación que espera no suceda otra vez.

Pero nada de lo que Hermione piense o diga a partir de ahora importa demasiado, muy en el fondo sabe, que el daño en el grueso muro que ha formado tantos años, ya está hecho.