Capítulo 4
En poco tiempo las extensas aguas del Caribe comenzaron a estar plagadas por barcos de la Compañía de las Indias Orientales.
Los mares, libres e indómitos se convertían en trampas mortales para piratas, quienes a su pesar, dejaban de ser sus dueños.
La Perla Negra navegaba bajo el timón de Barbossa quien trataba de huir de aquellos mares tan poco seguros en busca de un lugar en el que refugiarse.
Pensó en Tortuga pero aquel puerto pirata era un cebo para Beckett y su compañía.
Tal vez, Isla de Muerta
Pero apenas tenían comida abordo y ¿qué harían en aquella remota isla cuando se les acabará la comida y el ron?
La descartó. Necesitaban un buen refugio en el que poder reparar su barco y reponer las provisiones.
Isla Nueva Providencia
No estaba muy lejos, no era un lugar seguro; en aquellos momentos ningún puerto lo era, pero al menos podrían ocultarse durante un tiempo.
"¡Virad a estribor, poned rumbo a Isla Nueva Providencia!"
Rápidamente la tripulación se puso a desplegar velas, sacar los remos para facilitar el cambio de rumbo y desplegar la mayor para alcanzar un viento favorable.
Jack no soportaba el no poder navegar libremente por los mares con Beckett bajo su control y para colmo tenía que soportar cómo Barbossa lideraba su barco.
Además el inesperado reencuentro con l Compañía de las Indias influía en su mal humor. Aquel beso sobre la cubierta de La Vencedora se repetía una y otra vez en su mente en un bucle incesante que no hacía más que incrementar por su parte una actitud distante hacia Elizabeth.
Su enfado aumentaba con los días. Cada día amanecía con una mueca en su rostro, dirigiéndose a la tripulación en un tono cortante y hostil.
Los días pasaban condenadamente largos para Jack.
Paseaba sólo por la cubierta, evitando cualquier presencia a bordo: Gibbs, Pintel Raguetti y las apasionadas noches con Elizabeth en la cabina principal se volvieron silenciosas y distantes.
Ni siquiera ella se libraba de su hostil comportamiento, cada frase o comentario que decía Jack se lo tomaba a la defensiva y siempre los utilizaba para iniciar una discusión, hasta que Elizabeth optó por evitar sus comentarios negándose un minuto más a que Jack descargara su frustración sobre ella.
Aquella mañana trajo consigo un fuerte viento de Poniente soplando contra las velas negras del barco otorgando a La Perla Negra una apreciada velocidad.
Jack se levantó temprano. Vio el amanecer.
"¡Arriad la mayor, panda de sucias ratas de bodega!"
La tripulación corría despavorida bajo las incesantes órdenes de Barbossa.
Jack se encontraba en la zona de mando, dejado caer sobre la barandilla de popa, observando con ceño fruncido cómo Barbossa de espaldas a él dirigía el timón.
Deja de virar tan bruscamente, es mi maldita nave la que estás dirigiendo
Con un simple manotazo de Barbossa, e timón giró bruscamente y el barco produjo un leve balanceo.
"¡Martir, asegúrate de que esa verga de trinquete se sostenga si no quieres que te arroje por la borda!"
Otro nuevo giro de timón y La Perla viró bruscamente hacia babor, tanto que Jack tuvo que agarrarse a la barandilla para mantener el equilibrio.
Si optaras por usar las velas de gavia y mesana en lugar de virar, alcanzarías una mayor velocidad, imbécil
Apretó los dientes y se contuvo para no apartar a Barbossa de un manotazo y hacerse con el timón.
Optó por no seguir observándole o de lo contrario acabaría por salirle una úlcera de estómago.
Giró sobre la barandilla y se dedicó a observar el paisaje que le rodeaba a través de su catalejo, pero la vista dejaba mucho que desear:
Agua, un par de gaviotas volando entre las nubes y más agua.
Lo realmente emocionante lo tenía Barbossa entre sus manos
"¡Esto es exasperante!"
Cerró de golpe el catalejo y abandonó la zona de mando entre refunfuños.
Twister correteaba entre ladridos la madera de la cubierta
"Ah, ahí llegan las llaves"
Jack le arrebató las enormes llaves de su peludo cuello cuando el terrier pasó junto a él. Twister lanzó un pequeño ladrido
"Tranquilo compañero, buscaremos algo para ti también"
Le prometió mientras se dirigía a la entrada de la bodega.
Nada más bajar los primeros escalones, la oscuridad le engulló.
Jack se valió de una pequeña lámpara junto a las escaleras de entrada pues el interior no tenía ventanas por la que filtrase la luz.
El terrier seguía sus pasos, cliqueando sus peludas patas sobre la madera de las escaleras. Su áspera y reseca lengua colgaba jadeante entre sus afilados dientes.
Jack bajó cauteloso el resto de escalones. Lo envolvió un silencio sobrecogedor roto únicamente por el crujir de la vieja madera.
"¡Qué acogedor!"
Alzó la lámpara para tener una mejor visión. El interior era un verdadero caos, barriles de ron amontados unos encima de otros, cubiertos por cabos religados entre ellos, junto a un montaña de redes de pesca incontables en las que se mezclaba las más nueva con la más vieja y desgastada.
Tal vez debería mandar a Barbossa a ordenar el lugar.
No sería una mala idea
Así al menos se lo pensaría dos veces antes de volver a hacerse con el mando de su navío.
Registró con la mirada los barriles amontonados, divisando entre ellos una botella a medio consumir. Llegó hasta ella con pasos apresurados
"Al menos me queda el ron"
Apenas le quedaban un par de tragos pero el caído color de la bebida denotaba que era un ron añejo.
Derramó un poco sobre la madera de la cubierta
"A tu salud, compañero"
Twister olfateó el líquido derramado y comenzó a darle grandes lametones. Jack gastó de un trago lo que quedaba en la botella.
Dejó el vacío recipiente donde lo encontró y se dirigió hacia la estantería a unos pocos metros de profundidad. En ella reposaban centenar de botellas, intactas y cubiertas por una densa mata de polvo.
Cogió la que tenía más a mano, la botella era mucho más grande que la anterior pero muy a su pesar, e contenido no era de tan buena calidad.
2Ron pésimo para un pésimo día" enarcó una mueca.
Aún así se la quedó. Dio media vuelta, Twister echó a correr hacia las escaleras y Jack siguió sus pasos apartando de un soplido la mata de polvo que cubría el cristal de la botella.
Descorchó con sus dientes el corchado tapón mientras ascendía por las escaleras, dejando atrás la bodega y apareciendo de nuevo por cubierta.
Le envolvieron de nuevo la claridad del día, el silbido del viento, el romper de las olas contra la casquilla del barco y los lejanos graznidos de las gaviotas.
Los ladridos de Twister resonaban alegres, el terrier correteaba la cubierta con las llaves de la bodega de nuevo sobre su peludo cuello mientras Jack daba un trago a su botella de camino a la cubierta de babor.
Elizabeth lo observaba con desaprobación desde el umbral de la cabina tras abandonar el camarote. Jack cruzaba entre zigzagueos la cubierta, botella de ron en mano y enarcando una mueca cuando Martir se cruzó en su camino.
Anoche llegó a altas horas de la noche al camarote y la ha abandonado nada más amanecer
¿Hasta cuándo iba a durar el comportamiento de Jack?
Exhaló un suspiro de resignación.
Oyó a su espalda los gritos de Barbossa dando órdenes a la tripulación sobre el castillo de proa con su poco tacto tan característico.
Dio media vuelta subiendo el pequeño tramo de escaleras que conducían a la zona de mando.
"Supongo que estaréis disfrutando con toda esta situación"
Se ajustó su sombreo mientras el fuerte viento le revolvía los cabellos.
Si Jack estaba de mal humor se debía en gran parte al repentino control del timón de Barbossa.
El segundo de a bordo se limitó a lanzarle una altiva mirada
"Vuestro querido esposo ya se ha beneficiado de dirigir este barco durante más de un años, celebrar una bodega bajo la cubierta y obtener un más que preciado botín, pero nunca llueve a gusto de tos, señora Sparrow" enarcó una ceja "además, Jack aún confía en poder navegar a su antojo por estos mares. No está de más aportar un poco de sensatez a este barco" le dedicó furtivas miradas sin apartar la vista al frente.
Barbossa no estaba dispuesto a caer en las garras de Beckett por culpa de la insensatez de Jack.
Viró levemente el timón, cogiendo las pequeñas olas que se cruzaban en su curso.
"O tal vez mi presencia al timón no sea lo único que perturbe sus pensamientos" añadió con una malévola sonrisa. El pequeño Jack apareció de la nada, saltando sobre su hombro.
Elizabeth se limitó a mostrar una mueca. No estaba con ánimos de aguantar el humor de Barbossa así que se alejó con ceño fruncido.
Desde el pequeño tramo de escaleras divisó la figura de Jack sobre babor observando su brújula junto a la barandilla con la botella de ron aún en su mano izquierda.
Elizabeth soltó un bufido, tampoco tenía ánimos de aguantar el comportamiento de Jack
¡Sujétala, Raguetti!"
Los repentinos gritos por proa captaron su atención. Divisó a Raguetti inclinado sobre la barandilla con medio cuerpo fuera del barco. Pintel le sujetaba la cintura soltando un par de maldiciones a su compañero.
Parecían tener problemas con el ancla. Elizabeth bajó el pequeño tramo de escaleras.
Tal vez necesiten ayuda
Cayó la noche y una vez más La Perla Negra echó el ancla en pleno mar abierto.
Las hermosas aguas claras y transparentes durante el día ahora parecían lúgubres bajo el manto de la noche.
La tripulación limpiaba la cubierta bajo la luz de la luna. Se valían de cubos de agua y viejos trapos con los que refregar la madera, siempre y cuando Twister no los vaciara pues en más de una ocasión el terrier hundía el hocico en uno de los cubos, refrescando su sed. Obtenía un par de maldiciones por parte de los tripulantes pero el terrier se limitaba a soltar un ladrido y echaba a correr.
La noche era calmada. Las aguas se mecían silenciosas bajo el casco del barco.
La ausencia de estrellas trajo consigo un viento gélido.
"No hay estrellas en el cielo. Hacía tiempo que no recordaba un anoche así"
Gibbs y Elizabeth descansaban en estribor reposados sobre la barandilla en compañía de Jack, para sorpresa de ambos, aunque apenas mediaba palabra y aún llevaba consigo la botella a medio consumir.
"Navegaba bajo las órdenes de James Norrington mucho antes de que lo ascendieran a Comodoro, vos aún erais una niña, Elizabeth" Gibbs ensanchó una cálida sonrisa mientras el viento silbaba sobre la cubierta "En aquellos tiempos, La Compañía de las Indias era una organización respetable. Ahora se hunde bajo el mando de Beckett" dejó escapar un suspiro desalentador.
Elizabeth escuchaba en silencio, su mirada se perdía entre las grises aguas. Parecía haberse unido a Gibbs en sumergirse entre añorables recuerdos de un tiempo pasado
"Ningún barco quiso trasladarnos a mi padre y a mí desde Londres. La presencia a bordo de un Gobernador y su hija podía atraer la atención de piratas. James se ofreció a trasladarnos, bajo la protección de la Compañía de las Indias. Fue un gesto muy dulce por su parte" reconoció con melancolía.
A pesar de que La Compañía de las Indias Orientales suponían una amenaza para ellos, Elizabeth no podía guardar rencor hacia James.
"Es un hombre honorable" exclamó absorta e sus recuerdos.
El fuerte viento meció sus cabellos, acariciando sus mejillas.
"Hasta las acciones más dulces levantas ampollas" comentó Jack por su parte entre dientes con la mirada fija al mar.
Por lo visto, cualquier acción proveniente de James Norrington era digna de admirar.
Notó la mirada de Elizabeth, le irritó el ceño fruncido sobre su frente pero se limitó a dar un trago a su botella de ron.
"Buena suerte, honorable James Norrington" comentó con sarcasmo alzando la botella.
Si iban a pasar la noche halagando a James Norrington, prefería no estar ahí para presenciarlo.
Se alejó sin mucho pesar, dando tragos a su botella, dejando solos a Gibbs y Elizabeth para que siguieran sumergiéndose en los memorables hechos del gran James Norrington
"¡Bah!"
Lanzó al mar la botella tras vaciarla de un trago. Se limpió los labios con la manga de su muñeca
"Por suerte teste día está a punto de llegar a su fin"
Exclamó mientras entraba a su camarote.
Pero Jack no iba a estar en lo cierto, pues pasó la media noche y apenas podía conciliar el sueño bajo las sábanas.
Elizabeth, a diferencia de él, dormía profundamente. Jack oía sus suaves respiraciones acompasadas tras su espalda.
Giró sobre su derecha.
El brillo de la luna filtrándose a través de la ventana le dio de lleno en el rostro.
Giró sobre su izquierda.
El sonido de las aguas que tanto calmaban a Jack, resonaban incordiantes a lo que se unía el crujir de la vieja madera.
Se levantó de la cama, harto de velar un minuto más.
La luz de la luna iluminó su poema tatuado sobre su espalda.
Con un bufido, Jack cogió su camisa, se calzó sus botas y echó un ligero vistazo a Elizabeth profundamente dormida, sus cabellos desordenados reposaban sobre sus hombros, su pecho se elevaba y descendía bajo las sábanas
Al menos hay a quién le acompaña el sueño
Jack salió del camarote cerrando cuidadosamente la puerta.
tal vez un paseo por cubierta me relaje un poco
El silencio sepulcral reinaba a esas horas de la noche. El viento silbaba meciendo las velas de La Perla Negra y la oscuridad teñía de gris las claras aguas del mar.
Jack se detuvo en la zona de timón aunque no recordó llegar hasta allí.
La blanca luna incandescente le iluminó el rostro.
Jack acarició con sus dedos el timón, añorando el áspero tacto de la madera.
Con su mano libre abrió su pequeña brújula, tal vez buscando en ella alguna respuesta pero la flecha giraba y giraba si rumbo fijo, tan perdida como Jack.
La cerró de golpe con un molesto bufido
Elizabeth se despertó entre las sabanas. Giró sobre la almohada aún soñolienta soltando un suspiro perezoso pero observó para su sorpresa que Jack no estaba
"¿Jack?"
No obtuvo respuesta.
Se incorporó sobre la cama, cubriéndose con las sabanas del frío mientras echaba una ojeada a la habitación.
Jack no estaba, ni tampoco su ropa.
¿y ahora a dónde ha ido?
Apartó las sábanas, sacando sus esbeltas piernas de la cama
¿Qué estará haciendo a estas horas de la noche?
Se le pasó por la mente la posibilidad de que a Jack se le hubiese ocurrido una de sus tantas ideas precipitadas, pero observó para su tranquilidad la espada de Kidd reposada sobre el escritorio.
Alcanzó un corto vestido de un intenso azul dejado caer sobre la silla. Cubrió con él su desnudez antes de abandonar la cabina.
Nada más salir al exterior, la fría brisa de la noche le erizó la piel.
Elizabeth tuvo que abrazarse a sí misma para darse un poco de calor mientras cruzaba la solitaria cubierta.
El crujir de la madera resonaba con fuerza acompañado por el leve mecer de las calmadas aguas.
Las negras velas del navío apenas se distinguían entre la oscuridad de la noche.
Divisó a Jack de espaldas junto al timón, sobre el castillo de popa.
Elizabeth subió con calma las escaleras, acariciando con sus finos dedos la suave madera pulida de la barandilla
"Aquí estás"
Jack se sobresaltó al oír su repentina voz.
No la oyó llegar, estaba demasiado sumido en sus pensamientos
"Este maldito viento de Poniente que altera mi insomnio como ya sabes, amor" mintió sin siquiera mirarla.
"Sí, aunque sueles hacer frente de un modo más…activo" comentó Elizabeth desde las escaleras mostrando una cálida sonrisa.
Jack siempre solía despertarla en mitad de la noche buscando su cuerpo en sus noches de insomnio.
Jack tenía en mente una ingeniosa réplica pero se limitó a enarcar una breve sonrisa.
Se apartó lentamente del timón, reposando sus brazos sobre la barandilla de popa.
Elizabeth le siguió con la mirada.
El inusual silencio volvió a hacerse entre ellos.
Se abrazó incómoda así misma, llegando junto a él y reposando sus brazos sobre la barandilla.
No había gaviotas que graznaran en el oscuro cielo, ni olas que rompieran bajo el caso del barco.
Todo es muy distinto en la oscuridad de la noche
Dirigió su mirada hacia las grises aguas.
El repentino reencuentro con James llegó a su mente, trayendo consigo una sensación de nostalgia hacia su hogar
¿Qué sería de Port Royal? ¿Seguiría siendo un pueblo tranquilo ahora que se encontraba bajo el mando de Beckett?
Elizabeth se perdió en sus pensamientos.
El malhumor de Jack estaba elevando un muro entre ambos.
Lo miró de reojo, percatándose de su mirada perdida y sus labios fruncidos
¿Estaba así por Barbossa o había algo más que Jack le ocultaba?
"Se avecina tormenta" comentó, rompiendo el silencio, alzando sus castaños ojos al oscuro cielo sin estrellas. Las nubes ocultaban envidiosas a la luna.
La brisa del mar desordenó sus cabellos. Elizabeth se los colocó detrás de la oreja mientras el aire se le colaba rebelde entre las piernas, atravesando sin permiso la fina tela de su vestido.
"Sí, eso parece" coincidió Jack con un tono poco efusivo, tras varios segundos de silencio.
Elizabeth exhaló un suspiro. Si el malhumor de Jack iba a interponer un muro entre ambos, ella no estaba dispuesta a permitirlo
"Volvamos a la cabina, Jack" pidió, girándose frente a él, observando con pesar el ceño aún fruncido sobre su frente.
El gélido viento comenzaba a erizarle la piel. Se abrazó con ansias así misma, tratando de obtener algo de calor. Estaba cansada y el amanecer no tardaría en llegar.
Jack la miró. Viendo el mar en sus ojos.
Una cálida y sincera sonrisa estuvo a punto de emerger de sus labios para el recuerdo de los labios de Elizabeth besando otra boca la detuvo.
Se limitó a asentir a su petición, tranquilizándola con una sonrisa que no llegó a sus ojos
