Pues de regreso con un nuevo capítulo. Muchas gracias por vuestros comentarios ¡Disfrutad!


Capítulo 4. Lluvia.

Aquel sábado de octubre había amanecido totalmente nublado, y solo habían pasado un par de horas hasta que había empezado a caer un fina lluvia que había cubierto toda la ciudad por completo. Finalmente el otoño había comenzado. Se había hecho de rogar bastante ese año. Y lo cierto es que era realmente necesario que lloviese y que llegase el frío. El cambio climático y el calentamiento global habían provocado que las estaciones se volvieran locas. De hecho, el otoño y la primavera prácticamente ni existían. El verano se alargaba hasta finales de octubre y el invierno hasta que no llegaba mayo no parecía querer marcharse.

Por supuesto ese año no iba a ser distinto, pero la lluvia y el frío siempre eran bienvenidos, y a Sakura le encantaba el frío. El calor era horrible, sudabas como un pollo, estabas todo el día pegajoso, y más te valía estar hidratado si no querías morir de sed. En invierno, sí, hacía frío, pero te tapabas con veinte mil capas de ropa y podías combatirlo mucho mejor. Y además, era más reconfortante entrar en calor al llegar a casa de haber estado fuera todo el día.

Aquella mañana Sakura había decidido aprovechar que tenía el día libre, ya que los fines de semana no trabajaba, para sacar ropa más de abrigo y guardar parte de la de verano. Su parte menos favorita de que llegasen las bajas temperaturas y el mal tiempo, pero no tenía alternativa, no podía quedarse con la ropa de verano eternamente.

Su cuarto era una auténtica leonera: tenía ropa en el suelo, ropa encima de la cama, los cajones abiertos, la bolsa de ropa, que utilizaba para cambiar su armario, abierta y en ella asomaba más ropa... Y otra bolsa de basura para dar de baja aquellas prendas que ya no se ponía o que ya no le valían. Por supuesto la donaría, no le gustaba tirar la ropa sabiendo que había gente que no tenía.

Por suerte ya no le quedaba mucho por hacer. Tenía casi toda la ropa ya totalmente repartida y colocada en su armario. También, al colocarla, se había dado cuenta de que tenía que ir a comprar alguna que otra prenda. Unos cuantos jerseys no le vendrían mal, y también necesitaría un par de zapatos nuevos. Tal vez unos botines calentitos serían una buena opción.

- Oye, Sak... - se abrió la puerta y apareció Sasuke. - Guaalaa, si que tienes ropa, madre mía. - comentó entrando en el cuarto de Sakura.

- Ya, lo normal. ¿Querías algo? - le preguntó.

- Nada, que voy a salir un rato. No me esperes para comer, comeré fuera.

Sakura cerró el armario y sonrió con picardía.

- Uuuuh... ¿Una cita? - le preguntó a su amigo.

- Qué va. Ojalá jajaja. Llevo tanto a dos velas que ya no sé ni cómo ligar. - contestó riendo. - Es que he quedado con unos cuantos compañeros del trabajo.

Rápidamente Sakura pensó en Naruto. ¿Él también iría? Había pasado ya una semana desde que había estado allí y no había vuelto a saber nada de él desde entonces. Y por supuesto no le iba a preguntar a Sasuke para que se pusiera a picarla con hacía desde que Sabía que Naruto era el chico del metro. Para él fue toda una sorpresa al principio. Y luego, se echó a reír. No todos los días tu mejor amiga y compañera de piso se pilla como una colegiala de uno de tus amigos, habláis de él, y ni siquiera sabes que se trata de la misma persona que tú conoces.

- No Sakura, Naruto no viene. - dijo él leyéndole el pensamiento.

- ¿Te he preguntado acaso?

- No hace falta, lo leo en tu cara, pringada. - se metió con ella.

Sakura le pegó un pequeño empujón. Siempre estaban igual, nada cambiaba.

- Anda, vete ya o llegarás tarde.

- Me estás echando porque no quieres seguir hablando de tu amor platónico.

- Pero será posible. -dijo riendo- Hace una semana me decías que no me obsesionase con alguien al que ni siquiera conocía, y ahora estás aprobando que sí lo haga.

Sasuke se encogió de hombros.

- Bueno, eso cambia cuando yo sí conozco a ese alguien. - le contestó triunfante. - Pero llevas razón y debo irme. Hasta -luego, Julieta. - se despidió.

Sakura simplemente obvió el hecho de que la llamase Julieta y siguió con su tarea.

Su teléfono, el cual inexplicablemente no estaba en silencio, comenzó a sonar insistente. La joven sorteó una par de prendas de ropa del suelo y consiguió llegar hasta su cama donde estaba el móvil. Vio en la pantalla que se trataba de Ino."Como no", se dijo antes de descolgar el teléfono y contestar.

Aquí, Julieta.

-¿Eh? Qué dices, Sakura?

Nada, olvidalo, cosas mías. - contestó. - ¿Querías algo?

Sip. - respondió su amiga al otro lado. - Esta tarde, tú y yo, compritas para aprovechar el día libre. Y no acepto un no por respuesta.

Sakura sonrió. Parecía que lo de las comprar ocurriría antes de lo que imaginaba. Miró por la ventana y vio que seguia lloviendo. Y parecía que había apretado y llovía más que antes.

Por mí, vale, pero solo si deja de llover con esta insistencia.

Sai me deja el coche, vamos al centro comercial y lo dejamos en el parking.

Ah, entonces guay. ¿A qué hora?

Tras unos segundos de espera, Ino le contestó.

Pues son las 12 y media. ¿Te viene bien a la 1 en tu portal? Paso a recogerte, comemos allí ¿y ya nos metemos a comprar?

Imposible. Llevo toda la mañana liada organizando la ropa y aún me queda como para estar lista dentro de media hora. Tengo que ducharme y todo, Ino.

Mmmm... Bueno, ¿pues después de comer?

Vale. ¿Sobre las cuatro en mi portal para recogerme? - preguntó Sakura.

Okay. Hasta luego, Sakura. - se despidió Ino. Y colgó.

Terminó de ordenar su habitación, limpió un poco la casa y se metió en la ducha. Cuando el reloj dio las dos y media de la tarde, se sentó en el sofá, puso la televisión y empezó a comer. Se había hecho una ensalada de garbanzos con tomate, espinacas, tofu y queso.

No acostumbraba a estar sola todos los día y aprovechaba cada minuto. Pero en ese momento echaba de menos a Sasuke. Con sus respectivos trabajos, se veían poco, y los fines de semana aprovechaban para comer juntos y charlar. Pero ese sábado Sasuke ya había hecho planes para comer y la casa se le hacía bastante solitaria. El sonido de la lluvia repiqueteando contra el suelo de la terraza la relajaba muchísimo. Le bajó el volumen al televisor y comió tranquilamente escuchando simplemente la lluvia cayendo.

Pensó en Naruto. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Comiendo también? Sakura no paraba de preguntarse cuándo volvería a pasar por casa. Le había dicho que vivía cerca de allí, pero tampoco hablaron más de ello y tampoco sabía gran cosa sobre su casa, ni nada.

Aquel día no le había dado importancia, pero, ¿y si era cierto lo qué dijo Sasuke? ¿Quería quedarse a solas con ella y por eso dijo lo de los frutos secos? Que ella supiera, no los probó al final, solo se bebió la cerveza. Los había escuchado hablar desde el baño y no había tenido tiempo de coger alguno, o al menos ella no lo escuchó. Y mientras ella había estado en la cocina, y Sasuke había llegado con la bolsita, tampoco los probó.

Ya lo había hablado con Ino, y evitaba pensar en ello, pero le parecía rara aquella manera de comportarse. Parecía que no se acordaba de ella, y en realidad era normal. Ella era la única loca que se quedaba pillada por la misma persona durante tres años.

Simplemente se estaba haciendo ideas equivocadas en su cabeza. Naruto no se acordaba de ella, Naruto no haíia hecho nada para quedarse a solas con ella, Naruto ni siquiera estaba interesado en ella... ¿O sí? Porque se lo notaba nervioso mientras hablaban en el sofá. El mismo en el que estaba Sakura sentada.

Suspiró.

- Ya estoy otra vez con mis ridículas paranoias. - dejo el plato vacio en la mesita y se tumbó en el sofá.

Aún tenia el pelo mojado de la ducha y no tardaría tampoco demasiado en secarse. La mejor decisión que habia tomado fue la de cortarse el pelo por encima de los hombros. Eran todo ventajas a la hora de peinarlo y secarlo. Además, le quedaba genial. O eso le decía todo el mundo.

Cerró los ojos y se relajó. Le esperaba una bonita tarde de compras con Ino. Bonita sí, pero estresante también. Lo que apasionaba a la gente cuando llovía era atrincherarse en los centros comerciales y no salir de allí en horas. Era algo que odiaba. Y encima eran muy groseros, te empujaban y ni se disculpaban luego.

Hizo mentalmente una lista de cosas que necesitaba para esa temporada. Jerseys, algún pantalón vaquero, unas botas... Eso era realmente lo qué debería comprar, pero sabía que luego se llevaría algo más convencida por Ino. Era un peligro.

Llegaron al centro comercial a las cuatro y media. Era el más grande de la ciudad y estaba a las afueras de la misma. Contaba con cuatro plantas, cada una con distinto contenido. Así la primera planta era la zona de restaurantes; la segunda la de tiendas de ropa; la tercera decoración para el hogar; y la cuarta era lo más parecido a un Ikea.

Tal cómo pensaba Sakura, aquel día habia muchísima gente. Estuvieron alrededor de diez minutos buscando algún aparcamiento libre. Cuando por fin consiguieron aparcar, tuvieron que recorrer medio parking hasta el ascensor para subir a la segunda planta, que era hacia dónde se dirigían. El plan, en un principio, era ir tranquilamente tienda por tienda, pero cuando las puertas del ascensor se abrieron, y vieron la cantidad de gente que había, el plan se fue al garete.

Si querían llevarse algo no podrían ir tienda por tienda. Entre que esperaban la cola para pagar aquello que hubieran elegido, podrían estar muchísmo tiempo. Así que lo hablaron y decidieron que irían a sus tiendas habituales y probarían allí. Nada de pensar mucho en qué comprar, irían a por una prenda en específico, y la comprarían.

Así, por ejemplo, Sakura que necesitaba jerseys, iría simplemente a mirar jerseys. Era una pena que no pudieran mirar tranquilas, pero cuando había tanta gente era imposible.

Entraron en la primera y echaron un rápido vistazo en busca de la ropa. La tienda estaba organizada adecuadamente, y eso era algo que les encantaba a ambas. La temporada de invierno estaba ya ahí, por lo que no faltaban abrigos, pantalones largos y bien calentitos a simple vista, sudaderas, jerseys... etc.

Algo que también le encantaba a Sakura de aquella tienda era que la ropa no estaba separada por géneros. Y chicos y chicas podían comprarse lo que quisieran.

Sakura e Ino se dirigieron a la zona de los abrigos. Había uno en color verde oscuro, estilo militar, muy bonito. No lo pensó demasiado. Buscó su talla, se lo probó por encima y decidió que se lo compraba. Llevaba mucho tiempo queriendo un abrigo de ese color.

- Oye Sakura, te importa si me compro el mismo, pero en marrón. - le preguntó su amiga mostrándole el abrigo que ella llevaba en la mano, pero en color marrón.

- Claro que no me importa, mujer.

Ino le sonrió agradecida.

- ¿Por qué no te lo pruebas? Este color te tiene que quedar genial. - le dijo quitándose el abrigo y tendiéndoselo para que se lo probase.

Intercambiaron los abrigos y Sakura se colocó el que se quería llevar Ino. Se miró al espejo de cuerpo entero que había justo al lado y comprobó que era cierto, ese color le sentaba muy bien también. Se giró hacia Ino y caminó hacia ella como si fuera una modelo.

- Bueno, tenías razón, este color me favorece mucho. - comentó jovial.

- Yo creo que el verde te queda mejor. - Escuchó cerca de su oido.

Se dio la vuelta al instante reconociendo aquella voz. Naruto le dedicó una pequeña sonrisa a modo de saludo. Se había inclinado segundos antes hacia delante para poder ponerse a la altura de Sakura, y así alcanzar a hablarle al oído, y se enderezó lentamente sin sacar las manos de los desgastados bolsillos de sus vaqueros.

- ¡Naruto! - exclamó con alegría Sakura.

No podía ocultar que se alegraba de verle. ¿Podía cambiarte el estado de ánimo con solo ver a una persona? Sakura acababa de comprobar que sí. Justo hace una hora escasa estaba pensando en qué estaría haciendo él, y ahora, en ese preciso instante aparecía detrás de ella, en la misma tienda. ¿La ciudad era tan pequeña? Y precisamente se encontraban en todas partes. Aunque no era tan impresionante encontrarse con él en el centro comercial como en su casa.

- Qué alegría verte. - dijo intentando que no se notase que estaba nerviosa. - ¿Qué haces aquí?

- He venido a hacer unas comprar para mi nueva casa. Unas estanterías, que no me vendrían nada mal. - contestó riendo.

Sakura rió también. Pero luego se dio cuenta de algo.

- Espera... si venías por muebles, ¿no tendrías qué estar en otra planta? - preguntó confundida.

- Sí, claro jajaja. Pero antes me he pasado a ver si encontraba una sudadera que vi en el catálogo de una de las tiendas. Pasaba por esta zona y te he visto desde fuera. - explicaba mientras se tambaleaba sobre las puntas de sus pies hacia delante y hacia atrás. - Así que he pensado en saludarte.

Sakura no pudo evitar pensar en lo mono que era mientras hablaba. El día del piso no se había fijado, pero cuando hablaba siempre hacía algún gesto o movimiento. Cuando hablaba con ella en el piso, movía mucho los brazos, o se rascaba. En aquel momento lo que hacía era balancearse sobre sus pies sin sacar las manos de los bolsillos. Sakura no dejaba de preguntarse si realmente no haría todos esos gestos porque estaba nervioso o simplemente porque era una particularidad suya sin más.

- Ah, vale. Y entonces no has podido evitar acercarte por detrás a asustarme. ¿Lo has pensado cuando me has visto o mientras te acercabas?

- Lo he pensado cuando te he visto probarte el abrigo que te has puesto en primer lugar, y me he dado cuenta de... - calló de repente y después de unos segundos, que parecieron eternos, acabó la frase nervioso. - De que te ibas a probar otro y el primero te favorecía más.

La joven noto como tomaba aire. ¿Había querido decir eso realmente? Porque si de algo estaba segura, era de que no. Ahora si podía decir que se había puesto nervioso mientras hablaba con ella. Y la forma de acabar la frase... Era obvio que quería decir otra cosa, pero se había callado y había pensado en otra cosa qué decir en lugar de la que estaba pensando.

- Ejem. - interrumpió Ino. Los dos giraron sus cabezas para mirarla. - Me parece genial que os hayáis encontrado otr... Aquí, en el centro comercial, pero sigo aquí.

Sakura contuvo un grito de alarma cuando su amiga casi habla de más. Naruto, sin embargo, no pareció notar nada raro y se acercó a Ino.

- Lo siento, pero creo que a Sakura se le ha olvidado presentarnos. - dijo diligente. - Naruto Uzumaki. - se presentó él tal y cómo había hecho días atrás con Sakura, sacando las manos de sus bolsillos y tendiendo una hacia Ino para que la estrechase. La joven rubia sonrió y la estrechó.

- Ino Yamanaka, mejor amiga de la señorita de pelo rosa que está a tu lado. Encantada Naruto. Sakura ya me ha hablado de ti. - dijo con una sonrisa ladina.

Sakura quiso lanzarse contra su amiga y estrangularla ahí mismo. ¿Pero cómo se le ocurría soltar eso así? ¿Es que nunca iba a aprender a cerrar el pico? Y encima se reía la muy bellaca. Hacía un minuto casi la lía con decir que se alegraba que se hubieran encontrado otra vez, y ahora, como si nada, soltaba que ella le había hablado de él. "Pero será la muy..."

- ¿Ah, sí? - respondió Naruto sorprendido. - ¿Y que es lo qué ha dicho de mí? - interrogó a Ino echando una mirada a Sakura.

- Oh, nada. No te creas tampoco que me dijo mucho. - contestó cruzándose de brazos. - Solo me comentó que un tal Naruto, amigo de Sasuke, había estado en su casa.

- Om. - dijo Naruto.

Sakura notó en el tono de su voz una ligera decepción. Como si no fuera eso lo qué esperaba oír.

- Dime, Naruto, nos acompañas y nos asesoras, ¿o estás ocupado? - le preguntó Ino. - Después de todo, estaba aquí mientras decías que tenía que comprar muebles para tu nuevo piso. - dejo caer tranquilamente.

Naruto se rascó la cabeza en actitud cohibida.

- Bueno, no puedo negarme si me lo pedís. - dijo.

Ino rió.

- Qué modesto eres. Si se te nota que lo estás deseando. - Se dirigió entonces hacia su amiga. - Tú qué dices, ¿le dejamos qué se una a nuestra travesía por el centro comercial?

Sakura se moría de ganas de pasar tiempo con Naruto y era obvio que no iba a negarse, que le parecía una idea magnífica. Pero se veían las intenciones de Ino por todas partes y no sabía a dónde llevaría todo aquello. No habían pasado ni diez minutos desde que se habían presentado, e Ino ya había hecho que se sintiera más avergonzada e inquieta que nunca. La había puesto nerviosa, primero con lo de que le había hablado de él, y ahora con lo de acompañarlas. Si se quedaban los tres, estaba segura de que Ino continuaría con aquellos comentarios.

Miró a Naruto, al que notaba bastante intranquilo. No iba a hacerle pasar por una situación en la que no estuviera cómodo. Así que armándose de toda su fuerza de voluntad, decidió poner una excusa lo suficientemente creíble como para no parecerle una maleducada a Naruto.

Iba a responder a la cuestión de Ino, cuando el teléfono de su amiga sonó y esta descolgó sin darle tiempo a responderle.

- Dime, Sai... ¿Qué? - dijo alarmada. - Mierda, no me jodas... Bueno, pero... No, no... Que te quedes tranquilo, que en nada estoy allí. - Sakura intentada entender algo de la conversación, pero no pillaba ni la mitad. - Qué me da igual, hombre... Vale... Sí... Okay, hasta ahora. - se despidió colgando. - Chicos, lo siento, pero tengo que irme. - se excusó apenada.

- ¿Y eso? - preguntó Sakura.

- Se ha ido a la mierda una tubería o algo y se ha encharcado todo el suelo del baño. A la vecina de abajo le ha salido una gotera enorme. Me voy a tener que marchar porque Sai no llega hasta las ocho al trabajo.

- Bueno, entonces nada, ya dejamos para otro día la tarde de compras...- dijo Sakura entristecida. ¿Te acuerdas de dónde dejaste el coche?

Ino enarcó una ceja.

- ¿No te vas a quedar? Me has dicho de camino aquí que tenías pensado venir antes de que yo te llamase esta mañana. - Sakura afirmó con la cabeza. - Pues entonces quédate, boba.

- ¿Pero cómo me voy a quedar? ¿Cómo vuelvo?

Su amiga abrió la boca reconociendo que llevaba razón. Un segundo después abrió los ojos, y Sakura supo que se le había pasado algo por la mente, y sospechó que tenía que ver con ella de algún modo por cómo la miró. Ino se dirigió entonces a Naruto.

- ¿Te has venido en coche?

- Em... sí. - contestó.

- Pues entonces asunto resuelto. - dijo encogiéndose de hombros. - Te quedas con Naruto, os hacéis compañía. Luego que te lleve a casa. Total, sabe dónde vives, ¿no?

Los dos chicos asintieron desconcertados.

- Pues nada, os abandono. Y lo siento en el alma, de verdad. - se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo y se volvió de nuevo hacia ello. - Sakura, ¿te importa comprarme el abrigo y luego te doy el dinero?

- Ah, claro que no, traqnuila.

- Eres la mejor. - dijo dándole un abrazo de despedida. - Un placer conocerte Naruto. - y se marchó.

Sakura no sabía cómo había pasado todo tan rápido, pero, sin comerlo ni beberlo, se había quedado con Naruto. Hasta hacía nada de tiempo estaba intentando inventar una excusa para no sonar borde y evitar que el chico se quedase con ellas, y ahora Ino se había ido, y ella estaba al lado de él sin saber qué decirle.

En la tienda sonaba una canción indie muy acorde con el ambiente y la situación en la que se encontraba, y una vez más, maldijo al destino. Destino al que empezaba a creer y a odiar por cosas cómo esa. Tenía que romperse una tubería justo en ese momento para que Ino la dejase a solas. Bueno, a decir verdad, aquello le parecía la mar de raro y muy casual. Y por ello, odiaba al destino. De todas formas, tampoco le había dado tiempo a declinar la idea de Ino de quedarse con Naruto, porque su amiga lo había dicho tan rápido y sin darle demasiado tiempo a procesarlo, que cuando quiso darse cuenta, ya se había despedido de su amiga y le costaba pensar con claridad.

- Bueno, qué itinerario tenías pensado. - le preguntó Naruto despejando el breve silencio que Ino había dejado tras su marcha.

- Pues... mmm... Lo cierto es que no lo he pensado. - dijo riendo. - Ino es la que suele guiarme cuando vamos de comprar. Y ahora se ha ido, – "dejándome contigo" pensó – así que si quieres podemos ir a buscar esa sudadera de la que hablabas y luego ya vemos. ¿Te parece?

- Me parece genial. - contestó animado.

- Genial. Pues pagó los abrigos y vamos.

El sonido de las distintas conversaciones mezcladas creaba en una de las plazas del centro comercial una atmósfera extraña y cálida a la vez. Tantas personas, que había decidido pasar aquel día lluvioso dentro de ese enorme lugar... Parejas, familias, incluso personas solitarias. Al sonido de las voces de todos ellos, se unía el de las tazas, las cucharas y el ajetreo del constante ritmo de los trabajadores de los distintos comercios que se encontraban en aquella placita. Una risotada, el sonido de un bebé que lloraba, el susurro de dos enamorados...

La luz natural entraba a raudales por unos enormes ventanales que había una planta más arriba, a pesar de que la lluvia persistía constante afuera.

Eran las seis de la tarde, y los dos jóvenes había decidido sentarse en una de las mesas de una cafetería a descansar un rato y matar el hambre que se había instalado en sus estómagos. Habían estado aproximadamente casi un par de horas entrando en varias tiendas y comprando ropa. Sakura llevaba un par de bolsas llenas de lo que había ido a buscar. Había comprado dos jerseys; uno de color verde, y otro en color negro. Además consiguió, después de buscar en tres tiendas, y de arrastrar al pobre Naruto, un par de botines con un poco de tacón en color piel y que quedarían geniales con un par de vaqueros que había conseguido a precio regalado.

Había sido agotador, pero había logrado comprar lo qué necesitaba. Y Naruto la había acompañado en todo momento sin queja alguna, dando su opinión, aunque ella no la pidiera, y haciendo que se sonrojase en un par de ocasiones al decirle que estaría muy guapa con esto o aquello. Si Ino hubiera estado ahí, como tendría que haber sido, le habría dicho que le estaba tirando fichas. Pero eso no podía ser, y simplemente estaba siendo amable con ella. Como cuando la sorprendió diciéndole que el abrigo verde, y que llevaba en una de las bolsas, le quedaba muy bien.

Él por su parte solo había comprado la sudadera que había visto en el catálogo y dos camisas de cuadros muy estilo grunge que parecían sacadas de tumblr.

Sakura estaba sentada en una mesa, cotilleando su móvil mientras esperaba a que llegase Naruto con los cafés que habían pedido. La joven en cuanto había pagado los abrigos, pensó que estaría bastante incómoda con Naruto, pero para su sorpresa parecía que se conocieran desde siempre y la conversación se dio con total naturalidad durante todo el tiempo.

El chico apareció con dos cafés en una pequeña bandeja y se sentó en la silla que había justo a su lado. Sakura guardó el móvil, ya que le parecía una falta de respeto estar con el móvil cuando había más gente. Y más si solo la acompañaba Naruto y el móvil podóa cortar toda la conversación.

- Tu frappuchino con leche de soja. - le dijo cogiendo el vaso de café y poniéndolo delante de ella.

- Gracias, ¿cuánto te debo? - le preguntó sacando su cartera.

- Nada. - dijo Naruto dando un sorbo a su café. - Te invito yo. - le dijo al percatarse de cómo lo miraba Sakura.

- Y una mierda, Naruto. Bastante tengo con que encima tengas que llevarme a casa.

- Pero si me pilla de camino. - le dijo quitándole importancia. - Además, que es un café, no te he comprado un diamante ni nada parecido.

Sakura no pudo evitar pensar que le gustaría que le comprase un diamante, pero rápidamente eliminó esa idea de su mente y volvió al planeta tierra.

- A la próxima invito yo. - expresó con fastidio.

- Ah, con qué habrá una próxima. - dijo Naruto optimista.

Sakura se llevó la pajita a los labios para evitar responder. ¿Quería? Oh, vamos, por supuesto que que sí. A esas alturas negar que le gustaba Naruto era algo estúpido. Solo había pasado con él, ¿cuánto? Un par de horas. Y con eso ya le bastaba para saber lo a gusto que estaba con él. Era como si lo conociese desde siempre. No con todo el mundo había tenido esa sensación tan cálida desde el principio. Y ya no podía decir que estaba pillada de un desconocido, porque al menos sabía que se llamaba Naruto, que tenía 23 años, que era actor y que le gustaba como hacía mucho que no le gustaba alguien. Además poseía un sentido del humor innegable y era algo que ella valoraba muchísimo, que la hicieran reír.

Al final se alegraba de que Ino se hubiera ido. De haberse quedado, habría estado todo el rato instigándola a decirle cosas a Naruto. O quién sabe, incluso hacerle alguna jugarreta para que se lanzase. Con Ino nunca se sabía.

- No sé, puede. - dijo ella finalmente. - Disfruto de tu compañía.

No podía creerse qué hubiera dicho eso. ¿Se lo tomaría él cómo un intento pobre de ligar? Esperaba que no.

- El otro día en el piso me dio esa sensación. Antes de que... bueno, de que metiera la pata y creyese que intentabas ligar conmigo. - confesó riendo.

- Créeme, si intentase ligar contigo, te reirías. - admitió ella.

Naruto apoyó la barbilla en su mano.

- ¿Por qué? - preguntó mirándola.

- Porque no sé. - declaró riendo.

- Pues yo no estoy tan seguro.

¿Eso qué había querido decir? Porque Sakura se había perdido y no parecía que fuese a encontrarse.

- Naruto, ¿me estás diciendo que de verdad pensabas qué intentaba ligar contigo?

- Sip. - reconoció removiendo su café con la pajita y desviando la mirada.

Ahora sí podía decir que sabía cuándo estaba nervioso. Y en ese momento lo estaba. Sakura no sabía si le divertía aquello o le entusiasmaba.

- Te repito que no sé ligar. Así que el otro día no estaba ligando contigo. Y desde luego hoy, ahora,- hizo énfasis en la palabra- tampoco. - Naruto la miró sonriendo. - Pero de ti no sé si puedo decir lo mismo.

- ¿Eh? - dijo frunciendo el ceño

- Es solo que lo parece... no sé, no me hagas mucho caso. - esta vez la que desvió la mirada fue ella.

- Sakura, yo no soy de ligar con nadie. Si me gustases, lo sabrías. - le dijo guiñándole el ojo.

Volvió a desviar la mirada, nerviosa, escondiendo el rubor en sus mejillas. Parecía que se había dado cuenta de que tenía una lucha interna en su mente, con multitud de preguntas, sobre si le gustaba o no. Si estaba nervioso con ella, o si solo lo parecía. ¿Cómo habían llegado a esa conversación de todas formas? Ella solo le había dicho que le gustaba su compañía, solo eso. ¿Por qué le había tenido que dar él la vuelta?

- ¿Cómo tengo que tomarme eso? - le preguntó. - Porque desde luego, no sé si te gusto o no. Además, tampoco nos conocemos tanto, Naruto. - le dijo intentando sonar indiferente. - Nos hemos visto dos veces y simplemente hemos hablado poco. No pienses que me conoces, y no esperes que yo te conozca a ti.

Vaya, discurso tan innecesario le había soltado de gratis. Vio que el semblante de Naruto se oscurecía, y vio también en su mirada un atisbo de duda antes de hablar.

- Es verdad, Sakura, no nos hemos visto nunca. - dijo apesadumbrado mordiéndose el labio. - Pero no tienes porqué tratarme así tampoco.

- Naruto, yo... lo siento. - se disculpó ella.

Había metido la pata hasta el fondo. ¿Sabría cómo salir del hoyo en el que se había metido?

- Tranquila, quizá el que tiene la culpa soy yo.

- No. - negó ella con la cabeza. - No debería haber dicho eso. Es solo que... - calló.

- ¿Qué...?

Tomó aire. ¿Se lo decía? ¿Le contaba que ella si lo conocía, o al menos de vista porque se habían chocado hacía años en una parada de metro y ambos habían perdido el metro? Qué creía que tantos encuentros eran cosa del destino, qué estaban destinados a encontrarse... ¿Cómo le iba a decir eso? La tomaría por una lunática seguro.

- Que me siento muy bien estando contigo. - dijo tras un breve silencio.

- Yo también. Es como si nos conociéramos desde hace tiempo -le dijo él con la mirada perdida.

Sakura buscó su mano. Fue un gesto innato y muy natural. Sus dedos se buscaron al instante, entrelazándose. Y de nuevo, esa corriente eléctrica que habían sentido las anteriores ocasiones que había tenido contacto. Solo que esta vez fue soportable, y no tan intenta como las otras veces. Ninguno de los dos se apartó, ninguno dio muestras de querer hacerlo tampoco.

Sakura notaba un breve impulso en su interior que le hacía querer besarlo, pero lo contuvo. ¿Cómo podía atraerle tanto? Cómo.

Él le acariciaba el dorsal de su mano con su dedo pulgar con movimientos lentos, delicados. El tiempo parecía detenerse. Hacía un momento estaban discutiendo por una tontería, luego pidiéndose perdón y ahora estaban callados, mirándose sin saber qué decir a continuación.

Pero como todo, el momento acabó. Naruto bajó la mirada para ver sus manos entrelazadas sobre la mesa y entonces cortó su contacto al ver su reloj.

- Madre mía, son casi las siete. Y aún no he ido a mirar la estantería que necesito. Mierda. - exclamó llevándose las manos a la cabeza.

- Ha sido por mi culpa.

- No, no lo ha sido. - le dijo él levántandose mientras apuraba el resto de su café. -Yo también he ido a comprar ropa, ¿recuerdas?

- Ya, pero...

- Nada de peros. - la cortó él.- Y como te vuelvas a disculpar, te doy una colleja. - advirtió riendo. - Anda vamos, termínate el café.

Sakura hizo un mohín que para él pareció resultar divertido porque volvió a sentarse en la silla, se cruzó de brazos y la observó con las cejas alzadas y una sonrisa de lado.

Se bebió el café más rápido que nunca y con un golpe lo dejó sobre la mesa delante de él.

- ¿Mejor? - preguntó con una sonrisa triunfal.

Naruto se levantó, se acercó a ella, cogió las bolsas de suelo y dijo:

- Andando. - y con su otra mano libre, agarró la de Sakura, hizo que se levantase de la silla y la arrastró con él lejos de aquella cafetería.

Sakura veía a Naruto hablar con el encargado. Aún estaba atontada por lo qué había pasado en la cafetería. Él no parecía que estuviese extrañado ni nada. Y es que había sido todo tan natural. ¿Debería haberle hecho caso a su impulso y haberle besado? Quizá debería haberlo hecho en lugar de no haber hecho nada. Pero el miedo a estropearlo todo siempre estaba más presente. Los dos habían buscado sus manos, habían entrelazado sus dedos. Naruto no parecía estar incómodo. Y luego había sucedido lo de cogerla de la mano, ¿buscando su contacto?, y no habérsela soltado hasta que habían llegado a la planta del mobiliario.

Para él aquello parecía lo más normal del mundo a ojos de Sakura. Ni siquiera le había dado importancia a aquella electricidad tan extraña que Sakura sabía que él también sentía. Era todo demasiado confuso, pero a la vez tan apasionante. Seguía sin estar segura si odiaba al destino, o lo amaba.

Se paseó entre el pasillo de al lado mientras Naruto terminaba de hablar con el encargado. Aquel lugar olía a madera recién hecha y a material de bricolaje. Incluso a oficina. Solo le faltaba el olor de un café para poder estar en el escenario del trabajo. Y eso acabó por molestarla. Lo que menos quería ahora era pensar en el trabajo. Decidió ir a mirar las lámparas. Hacia algún tiempo que necesitaba cambiar cosas de su habitación, y empezar por una lámpara nueva no era mala idea.

- Disculpe, -llamó la atención de una chica. - ¿Qué lámpara recomienda para un dormitorio espacioso y de color azul mar?

- Oh, pues... - paseó la mirada por las lámparas pensativa- yo le recomendaría esta. - dijo señalando una con un estilo asiático. - Y estoy segura de que a su novio también le gustará.

- ¿Perdón?

- El chico rubio, ¿no es su novio?

- No. - dijo ella turbada por sus palabras. - Solo somos amigos.

- Oh, lo siento mucho, cuando les he visto entrar iban de la mano y pensé que... Perdóneme. - se disculpaba la mujer.

- No se preocupe, de verdad. - le dijo Sakura tranquilizándola. - Y me llevo la lámpara, me ha gustado su elección al asesorarme. - le dijo con una sonrisa sincera.

A sus bolsas le añadió otra más que contenía su nueva lámpara. La dependienta se había disculpado mil veces más por la confusión en su relación con Naruto. Solo que ella no paraba de pensar que le hubiera gustado que no fuera una confusión.

Naruto se acercó a ella cuando la vio aparecer de nuevo.

- ¿Dónde estabas? Desapareciste de repente.

- He ido a mirar alguna cosilla mientras te esperaba. - dijo alzando la bolsa que contenía la lámpara.

- ¿Es una lámpara? - ella asintió. - Pues mola bastante el diseño oriental.

Miró su reloj. Eran las ocho y cuarto. Sasuke habría llegado ya a casa seguro.

- ¿Ya has terminado con lo qué ibas a mirar?

- Sep. - contestó él. - Estoy esperando que el encargado me traiga la enorme caja que contiene mi ansiada estantería. En cuanto vuelva nos podremos marchar.

Sakura sonrió. No quería que la tarde acabase, pero desgraciadamente estaba llegando a su fin. Necesitaba poder estirarla como un chicle para que no tuviera que separarse de Naruto. Ni siquiera sabía cuándo volverían a verse. Los encuentros no podían seguir siendo cosa del destino, necesitaban ser premeditados.

Observó a Naruto. La curva de su nuez pronunciada en su cuello le parecía un rasgo muy atractivo en un chico, y él tenía ese rasgo. Y le encantaba. Había evitado quedarse mucho rato mirándole para que no la cazase contemplándole, pero cada vez le resultaba más complicado. Y el tacto de su mano contra la suya... Simplemente era mágico.

Tenía tantas preguntas acerca de él. Tantas incógnitas que necesitaban ser resueltas... Había pasado mucho tiempo desde que lo había visto por primera vez, imaginando toda su vida, conversaciones en su mente, situaciones... Y ahora podía tenerlas si se esforzaba un poco en acercarse a él, en conocerle de verdad. Y pensaba hacerlo.

- Entonces en nada habrá que despedirse.

- Sí... - contestó sin ánimo mirándola. Sakura advirtió curiosa una ligera tristeza en sus ojos. Que rápidamente parecieron iluminarse cuando él, tras ese sí, dijo:- Oye, Sakura, ¿puedo preguntarte algo?

- Eso ya es una pregunta. - dijo ella riendo.

Ya, bueno, sí... El caso es que... -vaciló – . Quería saber si tú...

Sakura esperaba, divertida, a que acabase de formular la pregunta. Estaba tan mono cuando se ponía nervioso que no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa.

- Su pedido está listo. - interrumpió la voz, y la presencia, del encargado, que traía una enorme caja con lo que parecía ser la ansiada estantería del joven.

Naruto soltó un bufido de fastidio.

- Gracias. - dijo con una sonrisa forzada.

Se notaba que había intentado ser educado con el trabajador. Se despidió con la mano en un gesto bastante tosco, y con el que al parecer, a ojos de Sakura, volvió a darle las gracias. Aunque parecía un agradecimiento cargado de bastante enfado. Tal vez por haber sido interrumpido cuando intentaba decirle algo importante a Sakura.

La joven se había quedado mosca y no dejaba de preguntarse qué le querría decir. ¿Por qué había titubeado tantísmo?

Se inclinó para coger la caja de la estantería y, a continuación, le hizo un gesto a la joven para que lo siguiera. Sakura, sin embargo, lo ayudo con la caja. Él le dio las gracias con una sonrisa, que fue muy diferente a la que le había dedicado al encargado que le había atendido. Y así, se dirigieron al ascensor rumbo al parking del centro comercial.

La tarde acababa para mala suerte de Sakura.

Ayudó también a cargar la estantería en el maletero del coche de Naruto. Este resultó ser un citroen 4x4, en color verde, cuyo maletero era muy espacioso. No les costó demasiado meter la enorme caja entre los dos.

La cuestión era por qué había querido llevarse la estantería en lugar de que se la llevasen a su casa. Era lo más común en esos casos. Tal vez no querría pagar el transporte o la necesitaba con urgencia. Pero estaba lloviendo, y la estantería, por mucho que estuviera metida en una caja, podría mojarse con la lluvia. Y pesaba muchísimo también.

Sakura abrió la puerta del copiloto y se metió en el coche. Olía a nuevo, a recién comprado, y a bosque. Tenía un tapizado muy suave, el asiento era muy cómodo y muy espacioso. Colocó las bolsas llenas de ropa en la parte trasera, bajo los asientos. La lámpara la colocó en el hueco bajo la guantera, entre sus pies. No quería que se rompiera con el vaivén del vehículo.

Naruto la imitó segundos después. No había hablado desde que el dependiente lo había interrumpido y la joven lo notaba retraído, en incluso distante. Tampoo es que hicieran falta palabras para subirse a un coche y ponerlo en marcha, pero no daba muestras de querer hablar tampoco. ¿Terminaría de formular la pregunta?

Encendió el coche, que hizo un breve sonido antes de arrancar cómo debía.

- No irá a explotar, ¿no? - preguntó Sakura para reanudar la conversación.

- No, mujer. - rió Naruto. - Es solo que a veces se atasca. - El coche está genial para ser de segunda mano, la verdad.

- Oh, ¿es de segunda mano? - Naruto asintió con la cabeza, mientras maniobraba para salir del parking. - Nunca lo habría pensado.

- ¿Por? - preguntó girando el volante y cambiando de marcha.

- Pues porque parece nuevo. Huele a nuevo.

Naruto olisqueó el aire.

- Pues yo no lo había notado hasta ahora. - dijo. - Supongo que es porque estoy acostumbrado, o qué sé yo.

- Ya, pues será eso.

- Creo que es el ambientador que tengo. - mencionó señalando una cajita metálica sobre el respiradero del aire acondicionado. - Pero nuevo, nuevo no es. Era de mi hermano y tiene como unos cinco años.

Así que tenía un hermano. O tal vez tenía más y solo había mencionado a uno de ellos. El caso es que ahora Sakura sabía algo más de él. ¿Sería mayor qué él? De eso sí había una enorme posibilidad, ya que el coche tenía sus años y seguramente su hermano ahora tendría otro.

- Ah, ¿tienes un hermano?- se interesó Sakura.

- Tenía. - respondió taciturno. - Murió hace dos años.

Uf. Sakura pensó en aquel momento que había metido la pata preguntándole por su hermano. Como siempre una bocazas. Y por su respuesta no debía de haber sido por nada bueno. Eso sin duda. Llevaba la vista fija en la carretera, sin mirarla. Acababan de salir del centro comercial, y ya iban por la carretera principal rumbo a casa de Sakura.

- Sakura, no pasa nada. Está más que superado. - le dijo para animarla.

Al parecer la había notado incómoda y arrepentida. Pensó Sakura.

- ¿No he metido la pata?

Él negó con la cabeza.

- Murió en un accidente cruzando la carretera. El otro iba borracho y se tragó el paso de peatones y a mi hermano.

- Cuánto lo siento, Naruto. - lo consoló poniendo una mano en su hombro.

- Bah, ya te he dicho que está superado. El cabrón que lo atropelló ya tuvo sus consecuencias, así que lo mejor es seguir adelante y ya.

Bueno, si él decía que estaba olvidado y superado, le haría caso. Aún así prefirió mantenerse en silencio por no liarla más. Bastante había hecho recordándole a Naruto la existencia de su hermano muerto.

Decidió mirar por la ventana, al menos se entretendría con la lluvia. Desde niña le había gustado jugar a ver cómo las gotas de agua caían por el cristal como si echasen una carrera. Era hipnótico. Mientra observaba dos gotas de agua que parecían mantener una carrera bastante igualada, volvió a preguntarse si Naruto volvería a formular la pregunta interrumpida. Le daba muchísima curiosidad, y él parecía haberse olvidado. Lo cual era raro, sabiendo cómo había reaccionado cuando había sido interrumpido. Le iba a pedir algo, pero, ¿el qué?

- Oye... - parecía que iba a hablar después de un rato. Sakura giró la cabeza desviando la mirada del paisaje y de la lluvia. - Antes, en el centro comercial, te quería preguntar una cosa.

- Ah, cierto. - se hizo la loca.

- Es que me preguntaba si querrías ayudarme a decorar lo que queda de mi piso. Creo que tienes buen gusto sabiendo lo genial que es el diseño de esa lámpara que has comprado.

Sakura por un instante se sintió desanimada porque pensaba que iba a pedirle otra cosa. Pero si con esa excusa podían volver a verse, no iba a decirle que no. Solo esperaba que no le coincidiera con el horario de trabajo y pudiera ir sin problema alguno.

Pero, ¿realmente iba a preguntarle eso en el centro comercial? Por su nerviosismo no lo había parecido.

- Claro. -contestó – Siempre que no me coincida con el horario de trabajo podré ir a ayudarte.

- No te preocupes por eso. Lo hablamos y listo. En cuanto los dos podamos. Yo también ando bastante liado. -pareció recordar de repente. - Oye, ¿te gustaría venir a una obra que se estrena el sábado que viene?

- ¿Una obra? De teatro, supongo.

- Yep.

Justo en su día libre. Y podría ir con Naruto. Un segundo, ¿era aquello una cita? Y lo importante, ¿era una obra de otros o del propio Naruto cómo actor?

- ¿Pero apareces tú en la obra? - decidió preguntar.

- No, pero digamos que estoy bastante implicado en ella. - dijo sonriendo animado. - ¿Qué me dices entonces?

- ¿Me estás pidiendo una cita? - interrogó Sakura intentando ocultar su emoción.

- Eh... ¿No si tú no quieres llamarlo así...? - preguntó con miedo. -Una quedada de amigos, nada más si quieres.

Sakura soltó una carcajada. Se había puesto bastante nervioso cuando había mencionado la palabra "cita". Pudiera ser que estuviera interesado en ella. Ojalá supiera ligar para ponerlo más nervioso todavía.

- Acepto entonces. - dijo feliz.

- Genial. - celebró él.- ¿Me das tu número?

Oh, oh, oh... Ahí estaba. Su deseo más ansiado: tener un medio de contacto con él. Podría hablar con él cuando quisiera, sabe más de él. La sola idea de pensarlo ya la ponía nerviosa. Cuando Ino se enterase de todo se pondría a saltar como una loca. Al final tenía que agradecer a la estúpida tubería que se hubiera roto, porque de no haber sido así, ahora mismo no estaría en aquel coche con Naruto, planeando una cita, o como él había preferido llamarlo al final, una quedada de amigos.

Una obra de teatro. No era especialmente fan del teatro, pero la sola idea de ir con Naruto le despertaba curiosidad por él.

- Claro, en cuanto lleguemos te lo daré. O mejor, - dijo sacando su móvil – dame el tuyo y lo apunto. Ya que tú estás conduciendo. - añadió cuando el la miró un breve instante antes de volver la vista a la carretera.

Él asintió dándole la razón y automáticamente se lo dio.

- Listo pues. Te hablaré por WA para que me agregues. - guardó su móvil de nuevo.

No quiso que el momento llegase, pero el portal apareció en su campo de visión. Naruto detuvo el coche delante, apagó el motor y puso el freno de mano. Se giró hacia los asientos traseros y le dio sus bolsas.

- Bueno, pues en cuanto llegue a casa te agrego. - dijo como a modo de despedida.

- ¿No necesitarás ayuda con la estantería? - Naruto frunció el ceño sin comprender. - Me refiero para subirla.

- Ah. No, no, descuida. Mi edificio tiene garaje y la subiré por el ascensor.

Sakura se desanimó un poco. Definitivamente la tarde con Naruto acaba ahí y no podría alargarla mucho más.

Asintió con la cabeza dando a entender que lo había entendido, y abrió la puerta del copiloto. Fuera había dejado de llover y estaba justo en su portal. Pero no quería irse. No quería separarse de Naruto. No después de haber pasado la tarde con él. Una tarde inmejorable.

- Bueno, pues adiós. Y gracias por traerme. - se despidió abriendo la puerta y saliendo.

- A ti por la compañía. - dijo él arrancando el coche. - Hasta pronto, Sakura.

Y Sakura lo vio perderse calle abajo preguntándose si el destino los volvería a encontrar antes de su cita del sábado, o por el contrario tendría que esperar hasta entonces para volver a verle.


Parece que no ha pasado nada, pero han pasado cosas jojojojo. Espero que os haya gustado. ¡Hasta el próximo capítulo!