"Siempre estaré allí para ti"
Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.
Summary: Hermione necesita ayuda y Harry esta allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronostico, se enamoran.
Capitulo cuatro
¿Cómo saber qué es lo correcto?
Sabía que no era lo más conveniente, pero con una capa de maquillaje cuidadosamente aplicado para poder ocultar el golpe en su mejilla, Hermione decidió que debía volver al trabajo, Harry se había mostrado algo reacio a la idea, la Oficina de Aurores se encontraba en el mismísimo Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, las posibilidades de que Ron decidiera aparecerse por la oficina de la castaña eran demasiado altas para su gusto.
—No te preocupes, Harry—le dijo, conciliadora—, él no intentará hacer nada en el Ministerio. Estoy segura. Además, debo dejar algunas cosas listas antes de… bueno, de hacer lo que vamos a hacer.
—¿Aun tienes dudas? —inquirió con suavidad y ella no pudo evitar asentir.
Sabía que no había nada romántico en la propuesta de matrimonio de Harry. Era simplemente una propuesta práctica. Ella necesitaba protección. Protección que a pesar de su habilidad mágica no podía obtener y su amigo estaba allí para ayudarla. Y aun cuando parecía una buena idea, parte de ella no podía evitar sentirse culpable. Culpable porque le estaba negando a Ron el saber que sería padre, culpable porque a pesar de las heridas en su cuerpo y en su mente aun había parte de ella que sentía una exigua esperanza de que si, tal vez, lo intentaran, las cosas podrían cambiar.
—¿Hermione? —la voz de Harry la trajo de vuelta a sus pensamientos, de vuelta a donde estaba, en la cocina del departamento de su amigo con una taza de leche caliente entre sus manos. Alzó los ojos—. ¿En que estas pensando?
Ella bajó la mirada hasta la taza entre sus manos. Sabía que Harry se enfadaría en cuanto supiera que era lo que ocupaba sus pensamientos. Él no la comprendería, jamás podría entender lo complejos y confusos sentimientos que la dominaban.
Estaba sumamente agradecida con él.
Estaba confundida porque no sabía si estaba tomando la decisión correcta.
Estaba atemorizada, porque a pesar de todo, una parte de ella aun tenía sentimientos demasiado fuertes hacía Ron.
—Creo que ya lo sé—dijo de pronto Harry, sobresaltándola—. Hermione, sé que haz pasado por cosas horribles en el último tiempo pero es mejor que dejes de pensar en ellas, esto no te esta haciendo ningún bien. Ni a ti ni al bebé. Creo que lo sabes. Lo que tú necesitas es estar tranquila, protegida.
—Lo sé, pero… no puedo evitar darle vueltas y vueltas a todo esto ¿estoy haciendo lo correcto, Harry?
Él alargó su mano para tomar una de las de ellas. Le dio un ligero apretón.
—No lo sé, Hermione.
—Lamento estar metiéndote en todo esto…
—Ya hablamos de eso, Hermione.
—Si, lo sé.
—Ven—dijo él levantándose de su asiento y tendiéndole una mano—. Si no nos apresuramos llegaremos tarde.
—De acuerdo.
Se terminaron de preparar para ir hasta el Ministerio. Harry insistió en que lo mejor era que utilizaran la red flu para llegar hasta su oficina, después, él escoltaría a Hermione hasta su propia oficina. Y estaría de vuelta cuando fuera la hora de volver a casa.
A pesar de lo temprano que era, el Departamento bullía en actividad. Magos y brujas iban y venían por los angostos pasillos del lugar, memorándums voladores entraban y salían de una oficina a otra como si de una bandada de lechuzas se tratase.
Harry y Hermione se acercaron a la oficina de esta última. Entraron, no había nadie esperándola y la muchacha suspiró con alivio.
—¿Estarás bien? —preguntó Harry, Hermione acababa de sentarse frente a su escritorio. Una alta torre de folios la esperaba—. No te sobrecargues de trabajo ¿quieres?
—No te preocupes—le respondió con una sonrisa sincera—. Solo necesito dejar arregladas algunas cosas urgentes.
Harry asintió. Durante la cena de la noche anterior ambos habían estado discutiendo cual sería su plan de acción, decidieron que lo mejor sería estar alejados por un tiempo del Ministerio para escapar del posible acoso que podría significar que se descubriera lo que pretendían hacer. Harry sabía que había gente discreta en el Ministerio, pero a veces, las paredes tenían oídos y ojos…
—Pasare por ti a las ocho—le dijo Harry, caminando hacía la puerta. Justo cuando esta se abrió dando paso a un irritado Ron.
—Ron…—susurró Hermione, en su voz traslucía un cierto grado de temor y también, a su pesar, de esperanza.
—¿Se puede saber donde estuviste estos días? —preguntó con voz contenida.
—No tengo porque decírtelo, Ron—respondió Hermione intentando impregnar sus palabras de una fuerza que en realidad no sentía.
—Soy tu novio, Hermione, creo que me debes una explicación—prosiguió el pelirrojo sin reparar o, tal vez, ignorando adrede la presencia de Harry.
—No, ya no lo eres, Ron.
El efecto de esas palabras en él fue inmediato. Algo en los ojos de él cambio sutilmente y ella vio como apretó los puños, Harry también lo notó y se acercó más a Hermione. Aquello hizo que el escaso autocontrol que Ron mantenía, desapareciera. Sus ojos brillaron con una rabia febril.
—Ustedes…—siseó—. Ustedes dos…. ¿Cuánto? ¿Cuánto tiempo llevan riéndose a mis espaldas, eh? —al ver que ninguno de ellos respondió, insistió—. ¡Respóndanme! Ya imagino cuanto habrán disfrutado riéndose de mí. Son despreciables…
—Cálmate, Ron—susurró Harry. En su voz se traslucía lo mucho que estaba luchando para contener las ganas de saltar sobre su amigo.
—¿Qué me calme? ¿Qué me calme, me dices? ¡Son unos descarados! Tú—dijo, apuntándolo—, pensé que eras mi mejor amigo ¡Me dijiste que no sentías nada por ella! ¿Cómo pudiste…? ¿Lo sabe mi hermana? ¿La has engañado a ella también todo este tiempo?
—Ron—pidió Hermione—. Cálmate por favor, estas confundiendo las cosas. Nada de esto tiene que ver con Harry. Esto…—su voz tembló—, tú sabes muy bien porque ya no podemos estar juntos.
—¡No me voy a calmar, maldita sea! —gritó. Sus puños golpearon el escritorio de madera haciendo que Hermione temblara y se encogiera en su asiento—. Eres una vulgar mujerzuela, Hermione… No sé como pensé que…
Aquello fue más de lo que Harry podía soportar, ¿con que derecho Ron insultaba a su amiga? Sin pararse a analizar lo que sus acciones podían provocar, Harry se adelantó y tomó a Ron por el cuello de su camisa. El pelirrojo lo miró desafiante y si bien era unos cuantos centímetros más alto que él, algo en los ojos verdes de Harry le hizo retroceder. Pero Harry no lo liberó.
—Nunca vuelvas a hablarle así ¿me oyes? —su voz contenida dejaba entrever la furia que en esos momentos lo consumía—. No quiero verte nunca más cerca de Hermione, Ron. Nunca, sé que no quieres saber que sucederá si no haces exactamente lo que te digo.
Harry lo soltó cuando él menos lo esperaba y tropezó con sus propios pasos al retroceder. Les dedicó a ambos una mirada de furia pero salió de la oficina sin emitir ninguna otra palabra. Harry respiraba con dificultad, debería haberlo golpeado, debería haberlo matado. La rabia corría caliente y pesada por su sangre, hacía años no se sentía así. ¿Cómo podía haber estado sucediendo todo eso frente a sus narices? ¿Cómo había estado tan ciego…?
Hermione estaba acurrucada contra su silla, todo su cuerpo temblaba. Los gritos, la furia… Era demasiado para ella. Las palabras de Ron habían resultado tan o más dolorosas que los golpes ¿tan mala opinión tenia de ella que la creía capaz de semejante bajeza? Sabía que Ron a veces hablaba sin pensar en las consecuencias que sus palabras podrían tener pero ahora, ahora parecía que buscaba dañarla adrede.
—¿Hermione? —inquirió Harry acercándose a ella quien lo rehuyó. Lo escuchó suspirar—. ¿Cuántas… cuantas veces ha sucedido algo así?
—Más de las que quisiera recordar—le respondió en un susurro—. Harry, no podemos hacerlo.
Él no necesitaba más palabras para saber a que se refería.
—¿Por qué no?
—¡Por que estaríamos haciendo exactamente lo que él espera! —le dijo con voz rota—. ¿Cómo crees que reaccionara cuando se entere?
—Entonces lo que me dices es que prefieres quedarte de brazos cruzados y no hacer nada. ¿Qué pasara cuando se entere que estás embarazada? —le preguntó pero no espero su respuesta—. ¿Lo dejaras acercarse a ese niño o niña sin saber cuando podría perder el control?
Hermione negó con la mirada gacha.
—En el fondo sabes que tengo la razón, Hermione. Sabes que casándote conmigo es el único modo en que podrás alejar a Ron sin levantar sospechas. Legalmente ese niño o niña será hijo mio—Harry se agachó para quedar más a la altura de ella, tomó con gentileza su barbilla con una de sus manos obligándola a alzar la mirada—. Y sabes muy bien que yo no dejaría que nadie dudara jamás de ello.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo? —preguntó ella.
—Porque te quiero, Hermione. Y no voy a dejar que nada ni nadie te haga daño. Ni a ti ni a ese bebé que viene en camino— con timidez, dejo que su otra mano se posara sobre el aun plano vientre de su amiga. Hermione posó su mano sobre la de él y la sensación que en ese momento lo recorrió lo llenó de un hasta entonces desconocido sentimiento de familiaridad.
—Gracias…
Él sonrió.
—Bueno, será mejor que vuelva al trabajo—comentó poniéndose de pie—. ¿Estarás bien? —Hermione asintió—. Pasare por ti a las ocho ¿de acuerdo?
Harry salió de la oficina de su amiga intentando ignorar las miradas poco disimuladas que algunos de los presentes le dedicaban. No se había detenido a pensar en las consecuencias de la discusión en la oficina y sabía que Ron no se había medido en sus gritos.
Su cabeza era un hervidero de confusión en esos momentos. Tenía tanto que hacer y no sabía por donde comenzar.
«Lo sé, pero… no puedo evitar darle vueltas y vueltas a todo esto ¿estoy haciendo lo correcto, Harry?» Las palabras de Hermione llenaron su mente. Él tampoco sabía si estaba haciendo lo correcto pero en aquel momento ninguna otra solución venía a él. No sabía si funcionaría, no sabía lo que sentiría en cinco, diez, quince años más. ¿Estaba haciendo lo correcto? Eso de momento, no podría saberlo. Debería arriesgarse.
El joven mago abrió la puerta de su despacho y allí se encontró a la última persona que quería ver en esos momentos: Ginny Weasley.
—¡Harry! —exclamó lanzándose a sus brazos para envolverlo en un cálido abrazo que el moreno fue incapaz de devolver.
La muchacha se dio cuenta al instante que algo no andaba bien.
—¿Harry? —preguntó—. ¿Qué pasa? Oh, no me digas, estas ocupado y yo… Lo siento, es que pasaba por el Ministerio y pensé en darte una sorpresa pero si quieres me voy y…
—No, Ginny, espera—dijo deteniéndola—. Necesito hablar contigo—agregó y se acercó hacia la puerta a fin de cerrarla.
—¿Qué pasa Harry?
Harry revolvió su cabello con nerviosismo, miró a Ginny quien lo miraba dudosa insegura de si las próximas palabras del moreno serían buenas o malas. Él suspiró.
—Nosotros… esto, ya no puede seguir—soltó y se sintió mal por decirlo tan así, de golpe, pero no había forma de lo que iba a decirle sonara suave.
—¿Qué? —inquirió la joven con un hilo de voz—. Pero, Harry…
—Lo siento. Yo…
—¿Podrías al menos decirme por qué?
El joven vaciló. ¿Qué podía decirle? ¿No puedo estar contigo porque me voy a casar con mi mejor amiga la que casualmente esta embarazada de tu hermano pero no puede estar con él por que le tiene miedo? No, definitivamente aquello no era lo más acertado, aun cuando fuera la verdad. Además, él le había prometido a Hermione que todo su acuerdo se mantendría en secreto por un tiempo.
—Simplemente no creo que tengamos futuro.
—¿Qué no tenemos futuro? —preguntó, las lagrimas no se demoraron en bajar por sus ojos—. ¡Harry! Llevamos juntos más de cinco años, estoy enamorada de ti desde que tengo once años, ¡once años, Harry! ¿Por qué ahora me dices esto? ¿Qué nos impide estar juntos?
—No puedo decírtelo.
—¿Qué esta pasando? Me estas ocultando algo—se acercó a él—. Te conozco, Harry. Respóndeme ¿Qué me estas ocultando?
—No puedo decírtelo, Ginny, por favor no insistas. Aun podemos ser amigos…
Ella negó en repetidas ocasiones.
—¿Estas terminando conmigo y ni siquiera tienes el valor de decirme por qué?
—Es un asunto delicado. Yo…
—¿Conociste a alguien más, no? Respóndeme, Harry. No es tan difícil, tan solo responde «si» o «no». ¿Hay alguien más, no?
—Si, hay alguien más—mintió o tal vez no. A fin de cuentas estaba planeando casarse así que podría decirse que si, había alguien más.
—¿Quién es? ¿La conozco?
—Si, pero no puedo decirte quien es.
—¿Por qué no? ¿Qué crees que hare? ¿Qué saltare sobre la pobre mujer y la hechizare porque me dejaste por ella? Harry, pensé que me conocías.
—En verdad no puedo decírtelo, Ginny. Y ahora, por favor te voy a pedir que te retires de mi oficina, tengo muchas cosas que hacer y estoy retrasado—su voz sonó impersonal incluso para él. Toda aquella discusión le sonaba sumamente extraña e impersonal.
Ginny lo miró durante largo rato esperando encontrar algo en sus ojos verdes que le explicara que era lo que estaba sucediendo, pero la mirada de Harry era inescrutable.
Ella dejó la oficina en silencio. Harry no se movió hasta que oyó la puerta cerrarse a sus espaldas, camino hasta su escritorio y se sentó llevando su rostro hasta sus manos. Las cosas parecían mucho más difíciles de lo que había pensado.
Hola.
Y esto ha sido todo por hoy, como novedad, siempre que debo escribir una nota mi creatividad desaparece. Así que comenzare agradeciendo a todos sus lindos reviews, algunos los pude contestar vía PM, pero los de invitado no. Pero sepan que leí cada uno de ellos y me encantaron.
Bueno, espero que les gustar el capitulo, y para las que odian a Ron, lamento decirles que de vez en cuando, lamentablemente, deberá hacernos una visita.
Muchas gracias por leer, nos estamos encontrando la próxima semana
¡Adieu!
