Nueve, uno, uno

Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M., quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.

Capítulo beteado por Sool Pattinson. Beta FFAD.

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—¿Bree? —Sin poder creer lo que estaba viendo, Isabella se fue levantando poco a poco, tratando de evitar que las náuseas y el mareo regresen a su cuerpo—. ¿Bree, eres tú? —Pensando que todo había sido una pesadilla, ella miró a su alrededor para ver si encontraba algún indicio de que estaba protegida.

—Sí —respondió Bree con lágrimas en los ojos. No pudo evitar que una se escurriera por su mejilla—. ¿Edward te envió, verdad?

Isabella frunció el ceño. ¿A qué se refería? Negó sacudiendo levemente la cabeza.

Aquella persona que había visto por última vez hace más de tres años, ya no era la niña con la que jugaba cuando la visitaba en compañía de Edward. Era una hermosísima joven que no había perdido sus ojos color avellanas, pero sí el brillo que los caracterizaba.

—¿Dónde estamos? —preguntó Bella, cogiendo su cabeza entre sus manos porque el dolor parecía que la estaba enloqueciendo.

—No sé. —Bree se encogió de hombros—. Quizás en el fin del mundo. Quizás en el centro de una gran ciudad.

—¿Qué haces aquí? —Bella frunció el ceño. No entendía nada de lo que estaba pasando. Primero es secuestrada, la adormecen, se despierta dentro de la cajuela de un auto. Hizo miles de intentos para escapar. El secuestrador vuelve a dormirla. Despierta y delante está Bree, la hermana pequeña de cierto muchacho que la volvía loca.

—Lo mismo que tú, Bella. —Isabella se sorprendió. El mismo diminutivo que Edward le había dicho y no se enojó como siempre ocurría en esas situaciones. Luego de unos segundos reaccionó.

—¿También te secuestraron? —Bree asintió.

—Tenemos que salir de aquí. —Bella, recelosamente, posó su mano sobre la de la niña—. Te prometo que vamos a salir de aquí.

—Edward me prometió lo mismo. Y mírame aquí. Nunca más he vuelto a ver a mi familia. —Bree intentó retener un puchero. A Isabella se le encogió el corazón. No se imaginaba cuán destrozado debía estar Edward y en silencio prometió que ellas iban a salir de ahí.

—¿Sabes por qué el secuestro?

—Una larga historia. —Bree suspiró y miró por la rendija de una ventana que había sido tapada con una tabla, los rayos de sol todavía se filtraban por allí—. Diego. —Un nudo se formó en la garganta y tragó fuerte—. Él estaba obsesionado con una chica del instituto donde él estudiaba. Ella no le hacía caso hasta que se dio cuenta que él era capaz de hacer cualquier cosa por ella.

«Él era el tipo topo de biblioteca. Buen alumno. Muy inteligente. De padres inmigrantes colombianos, en realidad, él también es colombiano. Y por eso sufrió de bullying en el instituto.

«Bueno, Beatrice, o Bea, como él la llama, se aprovechó de él y lo trataba como su esclavo. Incluso creo que ella tenía ganas de un hombre... ya sabes... —Hizo un mohín dando a entender que esos detalles no los diría. Aunque tampoco eran necesarios. Bella había entendido el doble sentido—. Cuando se graduaron, ella no fue a la universidad. Se quedó en Boston trabajando para poder ir a New York a trabajar en Broadway; mientras que Diego se quedó en la universidad Nacional de Boston. Un día, le llegó la noticia que ella se había ido en un viaje por coche a New York. Al poco tiempo, ella murió en un accidente de tránsito, drogada y con el novio, que se supone que había dejado el día que comenzó a "salir" con Diego. —Bree cogió aire. Había dicho la historia en voz alta por primera vez desde que la había averiguado. Se sentía tan reparador... tan libre.

Isabella estaba atónita. No sabía qué pensar, pero su cerebro había empezado a trabajar en diferentes direcciones a medida que la historia avanzaba.

—¿Cómo lo sabes?

—Diego está loco. —Bree se encogió de hombros—. Simplemente, un día comenzó a confundirme. Al principio me asustaba, pero después comencé a seguirle el juego.

—Y así descubriste el problema, ¿no? —Ella asintió e Isabella sonrió—. ¡Chica lista! —Le revolvió el cabello, tratando de armonizar la espesa bruma que las cubría.

Como era de esperarse, la densa capa de aire no desapareció, ni se redujo en lo más mínimo. Al contrario, cada vez se escucha algún sonido que provenía de las afueras, la angustia tomaba más cabida en la estrecha habitación.

La muchacha le contó todo acerca del secuestrador. El cerebro de Isabella trabajaba a mil por hora. Ese era su trabajo. Investigar, planear y actuar.

Cuando escucharon el sonido de un auto estacionarse afuera, llegaron al acuerdo de que tenían que poner el plan en marcha.

Diego al entrar en la casa, frunció el ceño. Su mujer no lo estaba esperando como siempre. Ni siquiera se olía la comida casera de todos los días como era costumbre. Caminó a pasos apresurados por la sala, que tan solo tenía un sofá viejo, hasta llegar a la cocina. No la encontró.

Alarmado, comenzó a abrir todas las puertas. Maldiciendo por no saber dónde se encontraba Bea. Se fue, pensó. Ella se había ido, otra vez, y lo había dejado solo. Eso él no lo podía soportar. No, eso no. Una sola vez lo abandonó por irse con otro y esta vez no sería la segunda.

Cautelosamente, sacó la copia del juego de llaves de la casa que guardaba en un lugar secreto. Caminó hasta la puerta donde había dejado a Bea. Antes de hacer el contacto de la llave con la cerradura, escuchó un fuerte sollozo provenir de la habitación principal.

—¿Bea? ¿Cariño? —Abrió la puerta con precaución. ¿Cómo pudo Bea haber salido del dormitorio? Se preguntó; si él la había dejado dormida después de haberla encontrado deambulando por la calle.

Diego detestaba que ella saliera a la calle por miedo de que nunca más regresara. También odiaba tratarla como lo había hecho esa mañana, pero ella no colaboraba en nada. Ella se iba otra vez de la casa y, era más que probable, que no regresaría. Se iría con el mismo tipo que se había burlado de él en el instituto.

La muchacha estaba boca abajo, el cuerpo se sacudía a causa de los sollozos y la almohada los calmaba; esa escena le partió el corazón por completo. Él no quería hacerle daño. Es más, le dolía cada vez que ella se empeñaba en querer hacerle creer que era otra persona. Daba gracias que esa etapa había pasado hace mucho y ahora ella se comportaba mejor y complaciente.

—¡Lárgate! —le gritó ella aún con el rostro enterrado entre las almohadas—. ¿No soy suficiente? —preguntó con voz ahogada.

Diego frunció el ceño, sin entender lo que le estaba diciendo. Desde que tenía a Bea en su casa, era más que suficiente. Él ni siquiera quería ver a su novia.

—Eres la única, bebé —suspiró—, ni siquiera he ido a la casa de mi novia. Solo te necesito a ti... solamente a ti. —La muchacha entrecerró sus ojos, demostrándole que no le creía nada de lo que le decía. Diego suspiró, pasándose los dedos por el cabello oscuro y las facciones de su rostro se endurecieron. Estaba completamente enojado.

—¡Mentira! —gritó ella—. Todavía la traes a casa. A nuestra casa. Eres un sinvergüenza... ¡Quiero largarme de aquí! ¡Tú no me quieres!

—¡Que no he traído a nadie! —vociferó Diego. Por lo general, sus gritos la dejaban atónita y la hacían sentir pequeña, pero esta vez ella se envaró enderezando sus hombros. No dejaría que nadie más vuelva a gritarle ni a intimidarla—. ¡Que no he traído a nadie, carajo! —La joven alzó la cabeza con los ojos enrojecidos a causa del llanto. Diego se encogió. Odiaba ver a su mujer llorar.

—¿No has traído a nadie? —Ella se levantó de la cama y caminó lentamente hasta ponerse delante de él—. ¿Quién mierda es la mujer que está en la habitación de enfrente?

—¡Ahí estabas tú! —gritó desesperado—. Luego de que te encontré por la mañana en la calle. Lamento haberte tratado así de mal, pero no cooperabas.

—Esa no era yo, mi amor. —La joven absorbió dramáticamente por la nariz—. Yo no he salido de aquí.

—Por eso. —Diego le acarició el rostro—. Vamos a ver la habitación. Verás que no hay nadie. —Le sonrió con dulzura—. Los celos pueden llevar a la locura. ¿Estás celosa, bebé?

—Sí. —La chica hizo un puchero y se abrazó a la cintura del hombre—. Vamos. Quiero cerciorar con mis propios ojos que no haya otra mujer allí. —Se distanció un poco para mirarlo a los ojos. Él le devolvió el abrazo y luego la alejó de su cuerpo.

Diego le limpió las lágrimas, pasó su brazo por encima de los hombros de ella y levemente la instó a que caminara.

La muchacha iba retorciéndose las manos y los diez pasos que tenía que dar, de su habitación a la del frente, se le hicieron kilómetros de distancia.

Diego estaba emocionado, nunca en sus más remotos sueños él se había imaginado a Bea celosa o haciéndole una escenita. Tan solo de verla casi le da un paro cardíaco. Enojada, era la mujer más interesante, hermosa y sensual.

El miembro se le endureció solo de imaginársela furiosa en la cama. Cómo le arrancaría la ropa y lo cabalgaría endemoniadamente. El rostro tosco de ella llegó a su imaginación y su pene se removió incómodo.

Deseaba regresarla a la habitación y hacer todas sus nuevas fantasías realidad. En ese momento, se imaginó a una Bea activa, revuelta entre las sábanas, que aparte de recibir, también daba; dominante y sumisa a la vez. A la mujer con la que siempre, desde que estaba en el jardín de infantes, había soñado.

Al fin las cosas están tomando el rumbo deseado.

Las ganas de regresar por donde habían salido estaban presentes en el cuerpo de Diego, pero Bea tenía otra idea. Decididamente, posó la mano sobre la picaporte de la puerta, pero al darle la vuelta se dio cuenta que estaba con seguro.

—¿Por qué está con llave? Tú nunca tienes esta puerta cerrada —le habló toscamente cruzándose de brazos.

—Y yo me preguntaba cómo es que saliste de esta habitación, porque yo la deje con seguro y me llevé la llave. —Diego la soltó para meter la mano en su bolsillo y sacar el juego de llaves. Bea se encogió de hombros y le lanzó una mirada furiosa.

—Ya te dije que cuando tú saliste yo estaba dormida, ¿no me besaste antes de ir a trabajar? —Él frunció el entrecejo antes de darle la vuelta al picaporte e ingresar. Claro que le había dado un beso. Abrió exageradamente los ojos al ver a otra Bea sentada al borde de la cama.

Miró de hito en hito a ambas mujeres, completamente confundido.

¿Dos Beas? No, esto no podía estar pasando. Era como si la Bea adolescente se enfrentaba, cara a cara, con la adulta.

La primera tenía los ojos un poco más claros de los que recordaba, mientras que los de la segunda eran color chocolates, tal y como recordaba a su Bea.

Sacudió la cabeza para organizar sus pensamientos, estaba viendo doble. Dos Beas. Dos facciones furiosas lo observaban.

—¡Ya era hora que vinieras! —Bella se cruzó de brazos—. Sabes muy bien que odio estar encerrada.

—¿Y tú quién eres? —preguntó Bree cruzándose de brazos.

—Soy Bea. —Bella estiró la mano sonriendo inocentemente—. ¿Tú...?

—Estás completamente mal. Yo soy Bea. —Diego frunció el ceño viendo a Bree. Estaba completamente confundido—. Mi amor, tú sabes muy bien quién soy yo, ¿verdad? Yo soy la verdadera Bea.

—¡Estás loca! —Bella gruñó—. Diego, no te hagas el estúpido y dime quién es esta perra.

—¡Soy Beatrice! —Bree cruzó la estancia y se paró frente a Bella, de espaldas a Diego. Le guiño un ojo antes de levantar la mano y darle una cachetada tan fuerte que le volteó la cara. Cayó de trasero en el suelo y comenzó a sollozar, agarrándose la mejilla abofeteada.

—¿Qué haces estúpida? —gritó Diego, caminado hacia Bella que estaba en el suelo—. ¿Te encuentras bien?

Bella asintió, mirándolo con ojos vidriosos y haciendo pucheros. Se colgó del cuello de él sollozando fuertemente y, lentamente, sacó el dedo pulgar que era la señal para que Bree actuara.

Bree cogió el palo de madera que habían dejado detrás de la puerta y lo golpeó en la espalda. Diego se volteó enfurecido, se puso de pie y en un par de zancadas ya estaba frente a la muchacha alzándola del cuello. Bella, asustada, se levantó de su lugar y le dio una patada en la espalda, haciendo que el secuestrador agarre su pierna en el aire con la mano desocupada.

Bella comenzó a golpearlo para que suelte a Bree que estaba poniéndose morada por la falta del oxígeno. Pero no funcionó, cuando estaba por darse por vencida se acordó que el entrenador le había comentado que una persona enferma mental no medía la fuerza en bruto que tenía. La única manera de paralizarlo era dándole un golpe que le proporcionara un dolor insoportable. Lo único que se ocurrió fue concentrar su fuerza en su brazo libre para darle un golpe certero en el antebrazo y así lo hizo, le pegó con tanta fuerza que el hueso crujió y Diego se lanzó al suelo retorciéndose de dolor.

Bree llegó jadeante hacia donde estaba Bella de pie, mirando estupefacta al hombre que estaba sollozando.

—¿B-Bella? —jadeó Bree lanzándole la sábana que había arrancado de la cama.

—Gracias. —La joven asintió y Bella se dispuso a envolver el cuerpo de Diego. No fue un trabajo fácil, ya que Bree tuvo que lanzarse sobre el tipo para que Bella no tenga que moverlo mucho—. Algo para amarrar, Bree.

Comenzó a buscar por cada rincón de la casa mientras Bella había ocupado su lugar sobre Diego. La muchacha, decepcionada por no haber encontrado algo para detenerlo un poco, entró al cuarto donde Bella estaba forcejeando sobre el hombre para que no tome ventaja de la situación, se desesperó más y buscó hasta debajo de la cama, donde había una alfombra.

—¿Qué haces, Bree? —Bella se exasperó al verla arrastrándose debajo de la cama.

—Encontré algo… esto… —La muchacha salió con el cabello lleno de polvo y una botella en la mano.

—¿Qué es? —preguntó Bella que se las había ingeniado para paralizar a Diego debajo de su cuerpo.

—Cloroformo. —Bree se encogió de hombros. Destapó la botella hacienda un mohín, vertió un poco del líquido en la esquina de una sábana y se la pasó a Bella. La mujer con una sonrisa en los labios apretó la tela contra la nariz del hombre. Él se removió inquieto hasta que cayó en la inconciencia.

Las dos sonrieron victoriosas, nadie nunca más les iba a hacer alguna clase de daño. Sobre todo, Bree que fue la más afectada, soportando quien sabe qué clase de cosas.

Ambas mujeres se abrazaron y comenzaron a llorar. Al fin estaban libres y la bruma se había disipado de su espacio.

—¿Qué haremos? Tenemos que buscar la manera de salir de aquí… —Bella se sentó en la cama tratando de calmar el temblor que había en su cuerpo.

—¿Qué haremos con Diego? —murmuró Bree.

—Por mí lo mataría. Pero la muerte es tan fácil y dormida aún más. —Bella se encogió de hombros.

—Que sufra… —susurró Bree—. Que sufra como nosotras lo hicimos y todas las que vinieron.

—¿Todas las que vinieron? —Bella enarcó una ceja.

—Siempre que encontraba una chica parecida a esta tal Bea, que por cierto la odio con mi vida, traía a la mujer. Pero yo hacía mis dramas a tal punto que él terminaba llevándoselas. Nunca supe qué les hacía y tampoco me quiero imaginar… suficiente sucia me siento como para cargar con culpas de otras. —Los ojos de Bree se aguaron.

—¿Sucia? ¿Te… hizo…? —Bella enarcó las cejas, cruzándose de brazos.

—Aquí, en esta habitación fue que aprendí que la única manera de controlar a Diego era a través del sexo. Al principio me sentí forzada, pero lo hacía porque era la única diversión aquí. Ni siquiera me dejaba cocinar o hacer algo que me "lastime". Era la mimada de la casa. —Bree se encogió de hombros mirando hacia el piso, donde estaba Diego envuelto en las sábanas. Entonces, la sonrisa poco a poco fue cubriendo su rostro—. Tengo una idea.

—¿Qué?

—Llevémoslo al sótano. Ahí nadie lo encontrará. Lo amarraremos y lo dejaremos morir lentamente… pagando por todo lo que hizo.

Ambas chicas llevaron el cuerpo del secuestrador arrastrándolo hasta al otro lado de la casa. Ni siquiera les importó si se golpeaba con alguna piedra en el camino rocoso. Solo querían llevar a cabo su plan y regresar a la vida normal que ellas conocían.

The dog days are over… —Bree movía la cabeza al ritmo de "The dog day are over" de Florence and The Machine que se tocaba en su mente—. The dog days are done… —Bella paralizó lo que estaba hacienda para ver a la muchacha cantar con un aire de alivio. Bree sonrió y con un movimiento de cabeza la instó a cantar—. The horses are coming so you better run…

—Run fast for your mother run fast for your father… —comenzó Bella, riéndose. Se sentía tan liberador—. Run for your children and for your sisters and the brothers…
Leave all your love and your loving behind you… Can't carry it with you if you want to survive… —terminó de cantar la estrofa de la canción y ellas ya estaban en el sótano, moviendo el cuerpo de Diego hacia una silla que estaba en la mitad del cuarto.

—The dog days are over… —continuaron cantando mientras buscaban a su alrededor cosas para amarrarlo y que él no logre escaparse—. The dog days are done… Can't you hear the horses? Because here they come…

Al terminar se abrazaron y descubrieron el rostro del hombre y esperaron que despierte.

Verle la cara en ese mismo instante era lo que jamás se perderían. Querían asegurarse que estuviese despierto y que las viera partir.

Y así pasó. Cuando Diego despertó, desconcertado y con un horrible dolor en su brazo, ellas se levantaron de sus puestos y sin decir palabra alguna salieron del sótano. Dejaron cubierta la salida con tierra y emprendieron su camino por el bosque que cubría la casa, siguiendo los sonidos que llegaban de la carretera más cercana.

Mientras iban caminando, se sumergieron en sus propios pensamientos. Entonces Bella quiso romperlo y que mejor manera de hacerlo que cantando "You have to love".

Sometimes I feel I throw my hands up in the air
I know I can count on you
Sometimes I feel like saying
"Lord I just don't care"
But you've got the love I need
To see me through

Sometimes it seems the going is just too rough
And things go wrong no matter what I do
Now and then it seems
That the life is just too much
But you've got the love I need
To see me through

When food is gone you are my daily meal
When friends are gone
I know my savior's love is real
You know is real

You've got the love…

Las voces y risas llegaron a los oídos del par de hombres que estaban en el bosque, asombrados, se miraron y comenzaron a seguir el sonido. El corazón de uno latía desbocadamente al percatarse que esa podría ser una voz que no había escuchado hace un par de años.

Caminaron más deprisa hasta chocarse con las chicas. Ambas mujeres chistaron desesperadas, las patrullas que iban con los hombres se pusieron alerta y también comenzaron a seguir los sonidos, junto con unos perros amaestrados especialmente para el rastreo de personas.

—Shh… —chistaron.

—¿Bella? ¿Bree? —Las palabras no terminaron de salir de los labios de Edward cuando tenía a sus dos mujeres, su hermana y la mujer que ama, entre sus dos brazos. Ellas comenzaron a llorar al sentirse rodeadas de brazos protectores.

Emmett por radios comunicadores informó sobre las coordenadas a las patrullas para que los alcancen.

~•~

¡Hooolis! ¿Se imaginaron lo qué pasaría con este capítulo? Bueno, algunas si le atinaron a lo que era en el adelanto ;)

Estaba pensando publicar el fic mañana pero he recibido amenazas de bombas nucleares jajaja. Socia, aquí tiene su capítulo ;)

Bueno, las personas que están en el grupo lo saben, y las que no… imagino que se enteraron. Aleja o Shades ya no es más mi beta, por asuntos personales. Este capítulo es dedicado a ella, gracias por todo el apoyo constante que me ha estado dando y me sigue dando. Gracias por ser una excelente amiga. Por estar ahí en uno de los peores días de mi vida. Gracias por su amistad. Sabes que te requiero. Sabes que deseo para ti lo mejor. Éxitos en cada una de tus metas :)

Y capitulo gracias a Sool, que ha sido un amor conmigo. Y que espero que me tenga paciencia, porque suelo ser un poco jodona con mis ideas.

Como siempre, este fic creo que es de Karu, ella me ha estado dando ideas, tramas y todo lo relacionado. Gracias, Karu por ser tan paciente conmigo. Te requiero.

Otra cosita, me olvidé de aclararlo en el primer capítulo, pero lo hice en el segundo, este fic está BASADO en la película "Llamado de emergencia".

Nos seguimos leyendo.

Besos,

MelLutz (L)