The Wedding
Capitulo Final: Destinos separados.
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Los últimos dos días, Yoh había experimentado lo que era tener una verdadera jaqueca. Nunca había pensado en algo por tanto tiempo, nunca había estado tan confundido. Era la primera vez que dudaba en toda su vida, siempre había estado seguro de sus decisiones, sus actos siempre eran los correctos. Pero, ahora, había duda.
Duda, odiaba esa palabra.
El creía estar seguro de sus sentimientos hacia Tamao, creía estar enamorado de ella.
Aquella hermosa prometida que poseía la había conocido gracias a uno de sus amigos. Era la mejor persona del mundo, al igual que la mejor cocinera. Su personalidad enamoraba, hacía querer protegerla. Recordó la primera vez que la vio, le había robado su atención, tan bella, tan frágil, tan dulce, pero, lamentablemente, no le había robado el aliento, no como lo había hecho aquella rubia.
Anna…
Ella sí lo dejaba sin aire. Esa mujer era como una maldita droga que se metía en su ser volviéndolo adicto a ella, haciéndolo quedar loco, loco por probar más y lamentablemente no había cura para eso.
Necesitaba estar solo para poder pensar, necesitaba un lugar donde nadie lo conociera. Cuando estaba en casa no podía, se sentía tan mal pensar en otra cuando tenía en brazos a su prometida. En su trabajo tampoco, lo desconcentraba. Menos en el bar con sus amigos, lo bombardearían con miles de preguntas.
Un solo lugar, fuera de todo, un lugar cerrado, discreto, calmado, donde no lo conocieran, donde se sintiera bien. El único lugar que le vino a la mente fue ese, The Wedding. Irónico, el lugar donde había comenzado todos sus problemas, era el lugar indicado para pensar, era el lugar donde se sentía bien.
Entró de nuevo a aquel lugar, blanco, espacioso, cómodo. No había nadie, no estaba ni siquiera Mary. Matty, la asistente de la diseñadora, le había dejado entrar por ser cliente y amigo de la dueña del lugar. Se sentía tan agradecido de que nadie estuviese ahí, de estar solo para poder pensar.
Para poder pensar en ella…
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Anna miraba su reloj, impaciente.
El maldito tráfico no avanzaba, odiaba quedarse ahí atascada sin poder hacer nada. Estaba desesperada, nerviosa, harta. Había huido de su departamento, ya no podía estar tan cerca de su prometido, cuando estaba con él se sentía como una traidora, una mentirosa. Odiaba ese sentimiento, odiaba no poder besar a Ren como lo hacía antes. Odiaba a Yoh Asakura…
Detestaba pensar en la situación en la que se encontraba, aborrecía la confusión en su corazón, en su mente. En ocho días ella se casaría, durante esos días tenía que averiguar qué era lo que en verdad sentía, ya no le quedaba mucho tiempo. Necesitaba sacar al castaño de sus venas.
Entró a The Wedding dando grandes zancadas.
-¿Está Mary? –preguntó con el ceño fruncido.
-N-No… -respondió nerviosa Matty.
-Bien, no importa, iré al segundo piso.
-Sí, pero… -
La pelirroja no pudo terminar de hablar, Anna ya se había adentrado al elevador.
Lo que más necesitaba ahora era estar sola, tenía que acomodar sus prioridades. Los poco días que le quedaban, eran para pensar, pensar y afirmar que Ren Tao era lo mejor para su futuro.
Salió del elevador y abrió la gran puerta blanca frente a ella.
Anna abrió lo ojos de par en par cuando lo vio.
¡Demonios! Lo que menos quería en esos momentos era compañía, menos si era él. Cerró la puerta tras de sí y se colocó frente al castaño, mirándolo con ojos desafiantes.
-¿Qué demonios haces aquí?
Él tragó saliva, nervioso. No podía creer que ella estuviese así, cuando menos quería verla.
-Lo mismo pregunto –dijo reuniendo toda la valentía que podía tener en esos momentos.
-Vine a pensar –fue sincera. -¿Y tú?
A Yoh le sorprendió su respuesta, aquella mujer pensaba y sentía lo mismo que él.
-Lo mismo.
Ninguno mencionó palabra alguna después de su pequeña conversación. Cada uno soltó un suspiro desesperante. Anna se alejó de él, se sentó en uno de los sillones y cerró lo ojos. No quería ver a Yoh, se sentía incómoda, no por su presencia, sino por el hecho de que quería comérselo a besos. Asakura se encontraba igual que ella, trataba de controlar sus impulsos, porque sabía de ante mano que si la miraba, la haría suya en esos instantes.
Yoh se distrajo mirando por una de las grandes ventanas de la habitación, sentía que había pasado mucho tiempo en silencio. Ya no lo soportaba más, el calor que sentía en esos momentos no lo dejaban en paz. No podía concentrarse, no podía pensar en nada, sólo en querer besarla.
Y sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y se acercó a ella en grandes pasos. Anna lo miró con extrañeza.
-Lo siento –dijo el castaño al estar parado frente a la rubia -¡Ya ha pasado mucho tiempo…! –miró su reloj de muñeca para cerciorarse –bueno, sólo diez minutos, ¡pero aún así se me hizo mucho tiempo! –Anna no comprendía de qué hablaba e Yoh se dio cuenta – Lo que quiero decir es que… -tomó aire antes de explicar –Estar contigo en una habitación, los dos solos, hace que el tiempo sea desesperante…
-¿Por qué? –preguntó, dudosa.
-Porque… -antes de responderle, Asakura se inclinó hacía ella quedando sus rostros a escasa distancia –las ganas de besarte es tan insoportable –dijo en un susurro que causo una gran excitación a la rubia. –No sé lo que siento por ti, no sé porque tengo este deseo hacía ti –entre más hablaba, más iba recostando a la mujer sobre el blanco sillón –Lo único que sé es que me vuelves loco –sus labios se apoderaron de la blanca piel del cuello de ella –Y no entiendo –dijo deteniéndose –Ni siquiera te conozco, no sé cual es tu comida favorita, cuando cumples años, dónde vives, si prefieres la noche o el día, el frío o el calor –la miró con un poco de disgusto –Pero aún así me encantas y es más que un simple deseo carnal…
-Pero, yo…
-No, déjame terminar –la interrumpió besando el lóbulo de su oreja derecha –Cuando la beso a ella. No siento eso como cuando te beso a ti… -calló por unos segundos y continúo: -Prefiero tus labios…
Ahora el que fue interrumpido fue él, los labios de Anna ya no podían resistir más y lo había besado con tanto fervor que los dejó sin aliento.
-Yo tampoco sé lo que siento, ni sé tus gustos –dijo entre besos –Pero de lo que estoy segura, es que prefiero tus labios…
Yoh sonrió.
Los dos se sintieron demasiado bien como para detenerse en esos momentos. Los besos subieron de intensidad. Ya no hablaban, ya no era necesario, las palabras sobraban. Yoh se recostó encima de ella, volviéndose loco. Sus manos se dieron pasó a todos los curvilíneos caminos de la mujer, haciéndola estremecer.
Desabotonó la blusa blanca que traía, dejando ver un sensual sostén negro que hizo que el chico la deseara aún más. Miró sus pechos, no muy grandes, no muy pequeños, simplemente perfectos. Sus ojos se abrieron de par en par cuando pudo presenciar tan hermoso espectáculo debajo de él. Había fantaseado con esto desde la primera vez que la vio, ahora no sabía si creer que era un sueño o era real.
Comenzó a besar la vereda entre sus pechos, ahora el sensual sostén le parecía un estorbo.
Ella, por su parte, no se podía encontrar mejor. En un rápido movimiento había quitado la camisa color marrón que dejó al descubierto un perfecto abdomen envidiado y deseado a la vez. Anna lamió sus labios, no podía creer cuanto lo deseaba. Deseaba tanto lamer, besar, morder, cada centímetro de esa morena piel, pero en esos momentos no podía hacerlo. Había soltado un gemido cuando sintió la húmeda lengua del castaño recorriendo sus ahora desnudos senos. Gimió más cuando una mano se adentró bajo su falda.
Sus cuerpos experimentaban sensaciones que nunca habían sentido antes, y eso que apenas y comenzaban. Demasiado excitante como para ser real. Cada vez se encontraban más agitados, en sus ojos se podía descifrar el enorme deseo que no los dejaba dormir por las noches. Ahora ese deseo sería experimentado, ya no había marcha atrás…
Sobre el enorme sillón blanco, con la ventana abierta, dejando ver un hermoso atardecer, Yoh Asakura desnudó por completo a la rubia, y ésta había hecho lo mismo. Se miraron y el deseó aumento aún más. Sonrieron como nunca lo habían hecho antes, con lujuria. Una de las morenas manos se posó en uno de los tobillos de ella, subiendo lentamente, acariciando a su pasó, dirigiéndose a aquel lugar donde haría sentir a la rubia sensaciones que nunca había sentido.
Pero su labor fue detenida antes de llegar a su meta.
Anna lo miró con malicia, igual quería jugar.
Pero Yoh no la dejó jugar. La tomó de las caderas y la jaló hacía él, quedando en una postura muy cómoda, ella sentada sobre él rodeándolo con sus largas piernas.
Los dos sintieron el placer a su mayor punto, sintieron como se conectaban, no sólo físicamente, sino mentalmente. La excitación de esos momentos era insoportable, tanto que no podían guardar sus gritos. Los gemidos subieron de intensidad, cualquiera que caminara fuera en el pasillo podría escucharlos. Yoh se dio cuenta de esto, los gritos llamarían la atención y serían el espectáculo del momento, así que para evitar aquello, la besó con fervor. Lamió y mordió sus labios.
Querían gritar, gemir como locos, pero les era imposible.
Los gemidos se mezclaban. Los rasguños en la morena espalda no ardían, al contrario, excitaban aún más. Los mordisco en la sensible piel blanca, los susurros deseosos de más, las acaricias desesperadas, el sube y baja de los cuerpos, todo los hacía sentir en el paraíso, lugar al que nunca habían ido.
No cambiaron de posición en ningún momento, demasiado concentrados en su labor como para dejarlo. Anna sentía que iba y venía de cielo cada segundo. Estaban cansados, excitados, lujurioso, sudoroso, sentían que llegarían al punto cumbre en cualquier momento.
Hasta que lo hicieron. Habían alcanzado la cima del placer, un grandioso orgasmo invadió sus desnudos cuerpos. Temblaron, sintieron escalofríos, nunca habían sentido algo parecido. No tuvieron ni siquiera tiempo de gritar, tal sensación les había robado el habla, sus sentidos habían sido bloqueados. Se besaron de nuevo, no fue un beso de deseo, ni pasión, sino de amor.
Aquel orgasmo, aquel beso, los había hecho caer a la realidad.
Detuvieron sus movimientos. Aún podían seguir más, mucho más, hasta morirse y llegar al paraíso, pero ese no era el caso. Habían, ahora sí, llegado demasiado lejos. Ya no habían sido simples besos, se entregaron uno al otro, habían tenido sexo. No, peor aún, no era sólo sexo, habían hecho algo más. Algo que había sido maravilloso, algo que los había dejado más perplejos que antes.
¿Amor?
¿Acaso eso era lo que se sentía cuando te entregabas a alguien a quien a amabas de verdad?
Ninguno había experimentado algo similar con sus parejas, esto no tenía comparación, estaba fuera de la realidad.
Los dos se miraron, deseosos de más. Lamentablemente no podían continuar, si fuese por ellos, lo harían cada noche del resto de sus vidas, pero sus vidas no estaban juntas, y no podían estarlo.
Yoh la vio levantarse, quería abrazarla y comenzar todo de nuevo, hacerla suya siempre. En esos momentos Tamao apareció en su cabeza y bajó la mirada. ¿Qué había hecho? Había traicionado a la mujer que conocía de hacía varios años, quien le había dado todo su apoyo y su amor, ¿Y él le paga de esta forma? ¿Acostándose con una rubia que ni siquiera conocía bien? Sí, eso había hecho, y se sentía mal pero no se arrepentía.
Talvez era lo mejor que había hecho en su vida.
Y sabía que Anna pensaba lo mismo que él.
-Yo… -susurró la rubia, nerviosa –No sé que pensar.
-Lo sé –dijo Yoh sonriendo.
Se miraron de nuevo a los ojos.
Ya lo comprendían en esos momentos, se amaban, se adoraban. Era el verdadero amor que sentían entre ellos, ese amor del que no es necesario conocer el pasado, ni el presente, simplemente conocer el alma de esa persona. Y ellos dos, eran una sola alma. Si pudieran, si fuesen libres, serían una sola alma para siempre, pero no lo eran. Aquellas terceras personas igual contaban en esa historia, no podían hacerle eso a ellos, quienes los apoyaron y amaron durante años, quienes los hacían sentir seguros, quienes los protegían.
Sí, se amaban, pero su destino no era estar juntos.
Sus destinos eran caminos separados…
El tiempo para pensar se había acabado. Se casarían con sus respectivas parejas y no se volverían a ver jamás. El amor era demasiado fuerte, pero la lealtad hacía Ren y Tamao les quemaba el corazón. ¿Culpa? Talvez. Pero ya estaba decidido, tomarían caminos separados.
Se vistieron y se miraron de nuevo fijamente.
-Te… -Anna sentía un hueco en su alma.
-Lo sé, igual yo… pero… -
-Lo sé, igual.
Entendían sin palabras.
Se besaron de nuevo con amor, con tristeza. Sus almas gritaban con desesperación, pero aún así las ignoraron.
Sus trajes ya estaban listos.
Al salir del lugar, se despidieron con una triste mirada. Estaban confundidos aún, no sabían si cometían el peor error de su vida quedándose juntos o separándose, habían optado por lo último. Pero la decisión ya estaba tomada.
The Wedding había cerrado sus puertas para ellos.
Adiós a esa sensación tan excitante.
Adiós a los escalofríos en la nuca.
Adiós a la presencia incómoda.
Adiós al Amor.
Pero…
Mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado.
Yoh Asakura y Anna kyouyama tenían caminos diferentes.
FIN
Nota: Wua! ¡Aún no me den tomatazos! Sé que no les gustó el final, pero a mi sí (aunque me hayan amenazado a muerte). Se aman, eso es lo que cuenta. Bueno, de todos modos aún queda el epílogo (tampoco quería dejarlo así, YohxAnna 4ever), ojala y ese si les guste. Conste que me costó un wevo (mucho) escribir el casi lime (porque no estuvo nada fuerte) de la historia. Pues no quería un lemon, no quería nada explicito, sino les habría escrito algo como: Y le metió su cosa a su cosa, y se bajó por los chescos, etc xD (ok, ni tanto)
Aún así, ojala les haya gustado este fic. Por fin termino uno, y este, en definitiva, es el que más me ha gustado escribir.
¡MUCHÍSISMAS GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS!
Espero sus comentarios, tomatazos, amenazas de muerte, etc.
¡ESPEREN EL EPÍLOGO!
