En otro punto del pueblo.
Jonathan y sus tres amigos, alumbrados con la luz de la luna se metieron al patio trasero de la casa. Donde vive el vecino de mediana edad, de apellido Thompson que posee un carácter de mil demonios. Jonathan cargando al mapache, lo deposita con ternura encima de la hojarasca, aún es Otoño. Los árboles de los alrededores se hallan calvos, en septiembre comenzaron a perder su melena primaveral.
–No quiero ser aguafiestas pero, hay una distancia corta entre esta casa y tu casa. En unas cuantas horas este mapache volverá a tu armario. Jonathan tenía razón, mejor hubiéramos llamado al control de animales –aclaró el chico millonario, pateando las hojas crujientes del suelo.
–¡Cállate Michael! El señor Thompson tiene una escopeta y no le gustan los intrusos –susurró Seth.
Eric luego de oír esto de inmediato agarra al mapache y susurra lo siguiente:
–No muy lejos de aquí, hay un parque. Este animalito estará mejor allí que acá.
–¡Estás loco, es medianoche! –Seth señaló su reloj de pulso.
–¿Tienes miedo? –preguntó Eric, mirándolo con sorpresa.
–No. Tengo frío –reveló Seth.
–¡Tu chaqueta es de lana! –espetó el moreno.
Seth y Eric siguen discutiendo en voz baja casi en susurro. Jonathan quiere trasladar a la criatura peluda con su magia a un lugar seguro. Pero, cómo podrá hacerlo sin que se den cuenta.
–Hey, en qué piensas. –Le preguntó Michael en voz baja. Jonathan se sobresaltó.
–¡En u-un cómic q-que leí y sobre la-la situación del-del mapache! –balbuceó en tono bajo y nervioso.
–¡Ah, okey! –dijo Michael mirándolo con extrañeza.
Ambos muchachos deciden guardar silencio, concentran la vista en sus otros dos amigos. De repente, Jonathan escucha el sonido de las hojas agitadas por el chiflon, advirtiéndole que algo muy malo se avecina. El viento les acarició sus rostros; una hoja color cobre se enredó en uno de los muchos bucles de Eric; aún continúa la contienda verbal.
–¡Maldita sea, no me gusta perder! ¡Está bien, vamos al mentado parque! –dijo Seth en voz alta, alzando sus brazos en señal de rendición.
De imprevisto se ilumina todo el patio trasero. El señor Thompson encendió los focos.
–¡Vámonos de aquí, corran, antes de que nos dispare! –Les ordena Seth y se echa a correr. Los tres lo imitaron están corriendo.
Los cuatro y el mapache en los brazos de André, huyen despavoridos. El vecino gruñón abandono su acogedor hogar, intrigado en averiguar quiénes susurraban afuera. Caminando acompañado de su fiel escopeta, se detiene donde se hallaba el cuarteto, aunque obvio ya no están sólo sus artilugios para la BBQ y los botes metálicos de basura. El vecino pateó un cúmulo de hojas secas, se siente iracundo por no haber podido jugar tiro al blanco con los intrusos.
Por el gran susto, los cuatro amigos en un abrir y cerrar de ojos llegaron al parque. Eric con tristeza colocó al mapache encima del verde césped, el animalito los miró un largo tiempo. Resignado, se volteó y se aleja lentamente de ellos. Michael no lo soporto y se pone a llorar, Jonathan se compadece pronto le da su pañuelo blanco de tela. Eric y Seth también quieren llorar pero son muy machos, se aguantan las ganas. El chico millonario está desconsolado no para el llanto, Jonathan desea calmarlo pronto le da un abrazo. Ambos se abrazan.
–¡Ya, ya, va a estar muy bien! Esos animales saben como cuidarse –explicó, dándole palmaditas en la espalda.
–¡Espero que sí! –gimoteó Michael, mojando la chaqueta negra de Jonathan con sus lágrimas.
En un punto muy conocido para Seth.
Samhain y sus secuaces llegaron a un vecindario que cierto brujo-vampiro atravesó ayer por la tarde. El líder y sus compinches siguen caminando, el perro sigue equiparando olores y aromas en el cielo. De súbito, el can se posiciona en el techo de una casa debido a que un fuerte aroma llamó su atención. En seguida, hace la comparación de ambos aromas. ¡Bingo! el perro dio con el lugar. Alegre por el hallazgo, empieza a ladrar con escándalo. En modo figurado, les avisó: ¡Es aquí, este es lugar donde se esconde el objetivo! Frédéric entiende los ladridos, le da las gracias y luego sonríe triunfante. El can sigue ladrando y sin esperarlo… ¡Boom! El sabueso explotó de felicidad, tanta fue su emoción por haber hallado el lugar. El brujo quedo boquiabierto y atónito con lo sucedido.
–Se suponía que tenía que explotar –Se burló el líder–. Después fábricas otro. ¡Camina! –Le ordena.
En vez de meterse por la entrada principal de la casa, Samhain y sus secuaces acordaron separarse para qué cada uno eligiera una entrada distinta.
Seth, Eric, Jonathan y Michael se detuvieron en la puerta principal de la casa. No se percataron de alguna anomalía, no son tan observadores y brillantes. Seth sacó la llave del bolsillo de su chaqueta posterior la mete en la cerradura. Tras abrirla, los cuatro se introducen en la casa. Seth vuelve a cerrar la puerta.
–¡Perfecto, así nadie podrá entrar! –dijo Seth, deslizando cada pestillo (tres en total) para asegurar la puerta.
–¡O salir! –completó Eric en tono macabro.
Debbie le lanzó un rayo mortal al joven misterioso, con astucia se protege con un espejo cuadrado. El rayo amarillo rebota en el cristal del espejo e igual que un bumerán se regresa a su dueña; enseguida la electrocuta. Tras sacudirse un buen rato, perdió la noción sucumbiendo hacia el suelo.
El héroe incógnito se cerciora que la demonia haya quedado inconsciente, le mete algunos puntapíes. Ella no reaccióna, él no puede cantar ¡albricias! todavía. Corre hacia la cama, ahí le retira con celeridad las sogas a Jacob; es increíble la forma como corta los nudos ciego con sus manos. El brujo muestra un gesto de desconcierto, algo cómo: ¿A éste tipo qué le pasa? Después de liberarlo y obtener las sogas: cuatro en total, amarra a la demonia impúdica. Mientras tanto, Jacob en calzoncillos se sienta en la cama y respira de alivio; segundos luego, recuerda su misión: Rescatar a su primo cuatro ojos. Su héroe anónimo concluyó con esta tarea posterior se presenta.
–Uta, llegue demasiado tarde a la reunión. ¡Hola, qué tal! ¿Te acuerdas de mí? ¡Soy Matthew, tu primo vampiro! Tú y yo somos primos lejanos.
–Creo que sí, algo. Tu padre es hermano de mi tío Serge, ¿no es así? –preguntó Jacob– Por cierto, ¡muchas gracias, me salvaste la vida y también mi castidad! –murmuró en lo último.
–Así es, mi padre y Serge son hermanos. De nada, es un placer –dijo el vampiro agarrando su mano para saludarlo.
Jacob continuaba dándole las gracias en eso le pregunta cómo se enteró que estaba en peligro. Matthew sin titubeos responde:
–Caminaba por el pasillo, buscando la habitación de Jonathan. En eso, escuché tus gritos de auxilio y de prisa averigüé de dónde provenían. Cuando vi a esa mujer encima de ti, supuse qué no se estaban divirtiendo. Por eso acometí contra ella. Tengo una pregunta tonta. Mis tíos y Jonathan están en la reunión pero, ¿por qué tú no fuiste?
–Matthew, es una historia muy larga. En el camino hacia la casa de Rogen te lo platicaré de pe a pa. Fuck, no puedo teletransportarme, esa maldita me dejó impotente.
Al escuchar esto, su primo le concede una mirada pícara, Jacob descifra la mirada.
–¡No de esa forma, aún paraguas! –justificó el brujo, Matthew se ríe.
El vampiro sigue riendo, Jacob niega con el rostro. Un minuto luego, se levantó de la cama. Apurado, de la cómoda sacó ropa de su tío: un pantalón color negro y un suéter cerrado de lana color verde oscuro; del closet tomó la gabardina color gris oxford (recién lavada) y unos mocasines negros. De inmediato se las pone. Su primo percibió que el asunto es grave por ende se metió al cuarto de baño contiguo. Se acerca al espejo (que en realidad es la puerta del botiquín), de allí saca una gasa y una venda. Jacob terminó de vestirse. Matthew se junta con él para ponerle la gasa y la venda, la herida sigue chorreando sangre roja. El enfermero vampiro se aguanta el antojo.
–Sólo porque eres mi primo sino estaría chupando esa herida –pronuncia, terminando de proteger la herida.
–¡Eso se oyó feo! –dijo Jacob haciendo un mohín de asco.
–Supongo que la situación es terrible pero exactamente qué ocurre.
–No puedo correr tan rápido como tú, puesto que no soy un vampiro; tampoco voy a pedirte que me cargues…
–No es necesario, tengo un auto. Lo conseguí en Las Vegas –Matthew sonríe.
–Oh, ya veo, mucho mejor. Esa loca de allí, fue mi novia por un año y medio –La señaló Jacob–. ¡Démonos prisa! Samhain se dirige a la casa del humano Seth Rogen para secuestrar a nuestro primo Jonathan.
Matthew sólo afirma con el rostro sin decir nada. Los dos abandonan la casa en un santiamén. Del mismo modo se suben al auto, el vampiro arranca el motor.
Matthew solamente es vampiro debido que su madre y su padre son vampiros (igual que su primo aunque él es brujo), también tiene la misma edad que Jacob, o sea diecinueve años. Por último, el primo vampiro viste una camiseta blanca de manga larga, encima trae una chaqueta de mezclilla color azul celeste y un pantalón de algodón color café claro; con zapatos color marrón.
El cuarteto de amigos volvió a la sala de estar. Ahí se despojaron de sus chaquetas, excepto Michael que se quitó su gabardina. Seth bostezando les sugiere algo a sus amigos.
–Ya son 3:45 de la madrugada –Otra vez observó su reloj de pulsera–. Comuniquense con sus padres… ¡Haremos una pijamada post-halloween!
–Pienso que es una magnífica idea. Pero antes debo beber un vaso de leche tibia sino no podré dormir –aclaró Cera, moviendo las manos. Ya sin lágrimas en sus ojos.
–De acuerdo, vamos a la cocina. Hay leche en el refrigerador –dijo el anfitrión, frotándose un ojo por el sueño que siente.
Los dos tomaron rumbo hacia la cocina dejando solos al otro par.
–Me muero de sueño, ¿tú también tienes sueño? –Le pregunta soltando un bostezo, posterior saca su celular para poner al tanto a sus padres.
–Esto es raro, la verdad no tengo nadita de sueño por qué: ¡Soy un hijo de la noche y la oscuridad! –comentó Jonathan y suelta una tenue carcajada, haciendo que su amigo quede extrañado con su modo de actuar.
En eso, un sonido estruendoso y escandaloso los obligó a levantarse del sofá. Eric se asusto por culpa de la escandalera, temblando guarda su móvil a la vez dentro de su mente se cuestiona ¿Qué sucede? Una visión terrorífica le da la respuesta. Tres seres infernales se aproximan hacia ambos. Eric se paraliza por el pánico, Jonathan repite "No, no, no" varias veces. Los tres seres son un hombre lobo, un gnomo de jardín y un ser tipo arácnido. No era necesario destruir la ventana de la sala de estar pero la destruyeron porque quisieron entrar con estilo gamberro.
El gnomo les lanza una bola de fuego. Eric volvió en sí cuando vio el fuego, gritando de terror huye del sitio. Jonathan atrapó la bola de fuego sin parpadear se la devuelve al gnomo, el pequeño la esquiva. El brujampiro desconoce lo que pasó con su familia, no obstante tiene que evitar que estos monstruos acaben o devoren a sus tres amigos humanos; aunque, cómo los va a defender sin revelar su verdadera naturaleza.
Eric no huyó lejos, se escondió detrás del sofá color vino. Por desgracia el hombre lobo se dio cuenta de su escondite. El lobo saltó por encima del sofá y aterrizó justo en frente de él, éste grita desaforado. El lobo gruñendo a un pelin de morderlo por el cuello. Jonathan no queriendo, decidió revelar su identidad secreta. Apareciendo de súbito, desvía el ataque del hombre lobo con una charola de plata (lo único de valor que posee la familia Rogen), el madrazo le destrozó el hocico y al mismo tiempo se lo quemó. El lobo retrocede chillando como un cachorro cuyo le pisaron una pata. Jonathan evitó una gran mordida para Eric.
–¡Vayamos por Seth y Michael! ¡No puedo con todos ellos! –murmuró en lo último.
Jonathan sacude sus manos por el ardor que siente. Por ser mitad vampiro la charola de plata le quemó las manos.
–No sé cómo lo hiciste pero me salvaste la vida –dijo Eric con desasosiego, tocandose el cuello.
–¡Hum! Eric no cuestionó acerca de mi velocidad. Lo tomó como algo normal. Mejor para mí –Penso Jonathan mientras enarco una ceja.
Sin decir nada más. Los dos abandonaron la sala para dirigirse a la cocina. Trotan con prisa, falta un pequeño tramo para llegar a la cocina. Sin adivinarlo, el ser arácnido los interceptó en el trayecto, quedando en frente de ambos.
–Muchachito asqueroso, a dónde crees que ibas –expresó en tono chillón.
Jonathan no se intimido con esto. En su lugar, empieza a recitar en tono bajo un trabalenguas raruno. Afortunadamente, el ser arácnido no le presta atención pero Eric se dio cuenta de esto.
–¡¿Jonathan, estás rezando en idioma klingon?!
El brujo-vampiro no le responde, sigue en lo que está. Al ser no le parecio el comentario del moreno por eso decidió matarlo. De inmediato, le arroja un chorro de veneno con su boca. Eric por acto reflejo giró su rostro, levantó los brazos y… para su sorpresa: el veneno no le toco ni un rulo. Jonathan con ese trabalenguas generó una barrera de protección. El moreno azorado, observa como el veneno se escurre en la pared transparente (igual que jabón líquido en un cristal). El monstruo muy enojado comienza a golpear la barrera con sus ocho patas, ansía romperla. Jonathan angustiado, busca con la mirada otro pasaje para llegar a la cocina.
–¡Lo tengo! ¡Sígueme! –anuncia exaltado.
Eric no entiende nada de lo que está ocurriendo. Sin embargo, para no perder el juicio, lo sigue.
Mientras tanto en la cocina. Rogen y Cera, se dieron cuenta que los cuchillos cebolleros no son efectivos contra éstas criaturas. Debido a que las apuñalaron y éstas solamente sintieron rico, parecido a un masaje. Por fortuna éstos seres no les devolvieron el agravio. Y al no contar con lanzallamas o pistolas de láser. Despavoridos, muertos de miedo, huyeron de la cocina.
Durante la huida, Michael y Seth chocan con Eric y Jonathan. Aunque no se cayeron sí se golpearon feo. Los cuatro farfullan onomatopeyas de dolor.
–¡No entren a la cocina, hay dos cenobitas! –dijo Seth al borde del desmayo.
–Sí no entren, ¡¿qué demonios está ocurriendo?! –gritó Michael histérico.
–No son cenobitas son veladores… ¡No, no, qué estoy diciendo! Ojalá mis padres y Jacob estuvieran aquí, ellos sabrían cómo detenerlos –reveló en voz alta su deseo al tiempo que se cubre el rostro con las manos.
–Jonathan, ¿por qué comentaste eso? –preguntó Seth con una mueca de confusión.
–No me hagan caso, por el pánico comento estupideces. En la sala habían tres monstruos y en la cocina dos: Suman cinco. ¡Larguémonos de aquí, antes de que otros monstruos incrementen la cuenta! –ordenó Jonathan con los nervios de punta.
Los cuatro emprenden la huida.
–¡Seth, di la verdad! ¡Esos monstruos son actores disfrazados, tú los contrataste para tu velada Halloweeña! –Supuso Michael, corriendo.
–Si lo que mencionaste fuera verdad: no estaría corriendo y cagado del susto.
–¡Manchaste tu ropa interior, eak qué asco! Aunque, admito con vergüenza qué hice lo mismo que tú –reveló Eric igual corriendo. Jonathan a su lado le dedica una mirada compasiva.
Los cuatro siguen en la carrera, corriendo se introducen a una habitación de la casa, es el área para los huéspedes. El cuarteto se frena. El brujo vampiro reflexiona sobre sus alternativas adentro de su cerebro.
–Estoy solo en esto, mis amigos mortales no tienen poderes y son débiles por ende no pueden ayudarme. ¡Qué injusto cinco contra mí! La única solución sería trasladarlos con mi magia a un lugar seguro, libre de seres de pesadilla.
–Jonathan, estás muy callado, ¿en qué piensas? –inquirió el moreno, sacándole de sus pensamientos.
–Si quieren seguir con vida tendrán que obedecer mis órdenes. De lo contrario, será muy difícil para mí salvar sus vidas.
–Chalé carnal, otra vez con tus acertijos –espetó Rogen, rascándose la mejilla.
–¡Cállate Seth y déjame terminar! –Se trauma el brujampiro.
–¡Oh, dios mío! Jonathan se está volviendo loco –dijo Michael, poniéndose un dedo sobre sus labios.
–¡No estoy loco! Y si lo fuera de ninguna manera cambiaría mi naturaleza. Estoy enredando mucho el rollo –Gesticula con las manos–. Lo que deseo confesarles es, es… ¡Soy un brujo-vampiro, mitad brujo mitad vampiro! ¡Ahora, sujetense de las manos! Los voy a trasladar a un lugar más seguro; utilizaré el poder de la teletransportación.
Los tres mirándolo con duda. Rompen en carcajadas por montón. Jonathan los observa con enojo, su semblante se trastorno en decepción. Sus amigos no le creyeron siguen carcajeandose, les implora que se callen pero no hacen caso. Desesperado, busca algo con qué convencerles. De súbito aparece la solución, su prueba más fehaciente qué es: Sus colmillos. Jonathan se juntó con ellos, les pide con amabilidad que lo observen un par de segundos. Sus amigos cumplen su petición, lo ven. Él les muestra su mejor sonrisa, sonríe ampliamente igual que el gato de Cheshire de Alicia. Los tres muchachos pararon de carcajear.
–¡Tus, tus, tus colmillos regresaron… son de verdad! –dijo Seth en tono asustado.
–¡Sí! –respondió, bufando.
–Pues, hace poco en la sala. Jonathan me salvó del ataque de un hombre lobo, corrió como Superman para salvarme. Además, sabe rezar en idioma elfo… –dijo Eric tragando saliva– ¡Eres un vampiro de verdad!
–¡Por supuesto y también no lo olvides: soy un brujo! –Reafirma con su dedo índice.
Entonces, el chico millonario rememora cuando Jonathan lo salvó de morir atropellado por aquel camión. Sin ninguna duda, todo esto tiene sentido para él. Sus ojos destellan por la verdad revelada.
–¡Eres un vampiro! Esto resuelve la incógnita de tu extraña y misteriosa velocidad. ¡Te creo, Jonathan, te creo!
–¡Gracias Michael! –respondió con desilusión.
–¡Sí, te creemos, vámonos ya! –expresó Eric.
–Me siento muy mal por no haberte creído antes –comentó Seth con aflicción.
–Ay, por favor no te disculpes y tampoco te sientas mal. Para mí tampoco fue fácil revelar éste secreto. ¡Estamos en una situación crítica, por favor sujetense de las manos! –Les ordena Baruchel en tono serio.
Los tres se agarran de las manos. Para completar el semicírculo, Jonathan agarró la mano de Michael y con la otra mano da un chasquido de dedos, inicia la teletransportación. Sus amigos vibran; sienten un cosquilleo en el estómago, es una sensación vaciada. A un pelin de lograrlo, la teletransportación es suspendida por culpa de una bola de energía. Dicha bola golpeó un riñón del muchacho, obligándole a soltar la mano de su amigo. Jonathan dolorido, cayó de rodillas en el piso. Gime por el horrible dolor que siente. Michael se inclinó junto a él para agarrarlo.
–Jonathan, sé que te duele mucho; por favor déjame revisarte –Le súplica Cera, sujetando su nuca y con la otra mano alzando sus camisas para poder ver la herida.
–¡Michael, un tipo con cara de pocos amigos se aproxima! –Le avisa Eric con espanto.
Michael no lo suelta. Gira su cara, encara al tipo que lanzó la bola que golpeó un riñón de su amigo.
–Eres un jovenzuelo muy maleducado, te ganaste un gran sermón con una tunda ejemplar. Robyne, es una perra inútil ni siquiera supo educar bien a su hijo –comentó Frédéric con altivez y vileza, cerca de ellos.
–¡Haré que te comas tus palabras! –pronunció Jonathan muy enfadado, escupiendo sangre roja por la boca.
–Jovenzuelo, tu amenaza es lo más dulce que he recibido en toda mi vida. ¡Gracias, muchas gracias! Sin embargo, no podrás hacerlo nunca porque Samhain te va a convertir en una pila de cenizas: Abono para su jardín.
Tras decir esto, Frédéric agarró a Jonathan; con violencia lo levanta del suelo tumbando a Michael en el proceso. Eric sujeto a Michael evito su caída. El maldito brujo se burla de la ineptitud de los humanos, con telepatía invoca a los cinco monstruos para que los maten. El quinteto funesto en plis-plas entraron en escena; en menos de un minuto se reunieron con el brujo.
–¡Acaben con ellos! –Les ordena, llevándose a Jonathan a rastras. El muchacho quejándose se niega a caminar.
El gnomo lanza su gorro color azul marino hacia arriba, se siente muy contento por qué va a matar a alguien.
–No sé ustedes, yo voy a escapar por la ventana –dijo Eric con voz nerviosa.
–¡Apoyo tu moción, el cielo no siempre es el límite! –filosofó Seth aterrado, mirando a los ¿cenobitas o veladores?
–Las dos muertes son espantosas, aunque prefiero la ventana millones de veces –dijo el quinceañero, ya en pie.
El trío se disparó hacia la ventana. Buena suerte, la ventana es amplia y no tiene trabas. Seth se arrojó primero, Michael fue el segundo. Eric entró en pánico los monstruos le pisan los talones. El gnomo se adelantó se ciñó en su pierna. El muchacho con prendedor de gnomo se arroja por la ventana. La caída fue rápida, cae de panza; la pequeña criatura sin quererlo amortiguo la caída del moreno. El gnomo se hizo plasta.
–Eric, ¿te encuentras bien? –preguntaron Seth y Michael al unísono mientras lo ayudan a levantarse.
Los dos se salvaron gracias a los arbustos frondosos cercanos. Sin embargo, Cera se torció la pierna derecha.
–¡No estoy bien, claro que no! ¡Esta horrible criatura estalló en mis pantalones! –Se queja sintiendo mucho asco.
–Basta de lloriqueos. Irónicamente, esta figurilla de jardín te salvó, pero aún quedan cuatro dispuestos a matarnos. Por consiguiente, huyamos antes de que eso ocurra.
–Seth, tienes toda la razón, pero debemos rescatar a Jonathan. ¡Ay, mi pierna!
–Aunque quisiéramos no podemos. ¡Michael, no viste! Ese tío, nos lanzó un Kamehameha y por desgracia hirió a Jonathan –explicó Rogen.
–¡Está bien! –susurró Cera, triste y dolorido por su pierna.
–Además, ¡estoy harto de esta oscuridad! ¡Por favor Señor, que ya salga el sol! –oró Rogen.
Bárbara Edith M. G. La autora de esta obra. :P
