En esta historia hay muchos personajes y momentos entrelazados, así que no se espanten si ven que el siguiente capítulo no transcurre donde dejamos el anterior. Todo está vinculado y todo se entenderá a su debido tiempo. Si tienen dudas, ya saben, review.
Introducción IV: Recuerdos.
Terence Nott estaba preocupado.
Esto era complejo para él ya que no sucedía muy a menudo y cuando ocurría era serio.
Su instinto le decía que la preocupación que sentía era fundada aunque la razón de su preocupación no se manifestara nítidamente.
En esencia todo iba bien. La Órden del Fénix no tenía suficientes acólitos para resultar una amenaza contra Voldemort y el señor Nott había aprovechado muy hábilmente su influencia sobre el Ministerio de Magia y el resto de las familias sangre pura, por lo que cada día se acercaba a su objetivo de ser el hombre más prominente de la Comunidad Mágica.
Aunque Terence no era un hombre que le gustara estar en los estelares, sabía muy bien que se le tenía más respeto (y temor, que era más importante) que a muchas de las familias aristócratas de sangre pura, ya fuera Lucius Malfoy, o cualquiera de los otras y eso le alegraba: sabía que nadie podía resistir a sus deseos ni tampoco había alguien que desafiara sus dominios.
El propio vasallaje hacía Voldemort era puro trámite: Realizaba lo que el señor Tenebroso quería porque le proporcionaba poder y porque llamarse su esclavo distraía al hombre de creerlo una amenaza y le permitía desarrollar su propia autonomía y soberanía.
Así las cosas, el señor Nott sabía que algunos le tenían más respeto que al propio Ministro. Había trabajado con cuidado para llegar a ese lugar y no debía tener razones para inquietarse: Él no tenía que esconder sus lealtades ni tampoco pregonarlas: la gente sabía.
Como siempre, Terence estaba preparado para todo, incluyendo lo impensable, que era la destrucción de Voldemort y había hecho que su esposa Skadi luciera todo lo respetable, amable y caritativa que él no era.
Cuando ambos se habían casado ella había dejado muy claro que no iba a participar activamente en sus actividades delictivas o en sus entretenimientos de verano, como Skadi las llamaba y había sido terminante cuando dijo que no quería a sus hijos inmiscuidos en esas cosas, independientemente de los deseos de su propio esposo.
Él no estaba de acuerdo con ella y por mucho tiempo planeó el modo en que sus herederos instaurarían un Imperio por encima de las Leyes, La Moral o el Orden pero Skadi, en los muchos años de su relación, no había podido tener un hijo hasta hace poco, cuando ambos habían perdido las esperanzas de que esto fuera posible.
El nacimiento de Theodore ocurrido el 12 de noviembre de 1979 hizo que Terence sintiera un deseo aún mayor de marcar el destino del niño ya que él se hacía viejo y el linaje de los Nott no llegaba a tener los estándares que él deseaba que se instauraran en la historia.
Skadi, que era una mujer muy diferente a su marido, lo único que quería es que su hijo fuera feliz y estuviese bien cuidado pero no discutió demasiado los planes de Terence: Theodore no tenía la suficiente edad para serle de ninguna ayuda a su padre, por lo que ella confiaba que conseguiría mantenerlo alejado de la sed de poder de su marido el tiempo suficiente para protegerlo hasta que Theodore pudiera tomar sus propias decisiones.
Entretanto, Terence le había encargado a ella que organizara las actividades de tapadera de su propia oscuridad: reuniones sociales en las que pugnaba por los derechos de los demás, cenas elegantes en las que la familia Nott se lucía para obtener influencia política y sesiones en el Ministerio donde Skadi, desde su posición de esposa influyente sangre pura podía hablar defendiendo lo que ella creía (o lo que Terence la incitaba a defender según sus intereses.)
La pareja se conocía muy bien y para todos les resultaba muy extraño que Skadi hubiese aceptado casarse con Terence, ya que resultaban tan opuestos como la luz y la oscuridad.
Porque si Skadi aceptaba toda esa charada era debido a que, aunque a Terence le importaba un bledo lo que ella conseguía con su quehacer, su esposa lo hacía por convicción. Ella conocía muy bien a los extremos a los que su marido podía llegar y, en cierto modo, trataba de redimir con sus propias acciones la terrible naturaleza de Terence. Sabía que no había forma de salvarlo y no era ingenua ni estúpida: sabía también que Terence jamás cambiaría.
De todo lo que le había tocado en la vida, Skadi aún así entendía que tenía suerte: aunque Terence haría cualquier cosa por conseguir poder, también tenía algunos límites, algunos concernientes a ella misma.
Ella se había enamorado de Terence Nott desde el día en que lo conoció, cuando ellos eran apenas adolescentes. La mayoría decía que él era frío y calculador y otros opinaban que, aunque atractivo, no tenía nada que pudiera rescatarse de su apariencia más allá de su genio político, pero Skadi veía más allá de las apariencias, y se sentía atraída por la inteligencia y buen tino de aquella joven figura. Charlaron varias veces de diferentes temas, Skadi encontrando en él a un digno compañero de conversación pero nunca lo buscó conscientemente: él y ella acudían a distintos círculos.
Nunca había pensado que él se fijara en ella o que podría escoger con quién casarse, ya que sus padres eran quienes decidían con quién se prometía y el señor Nott no estaba en esa lista así que se limitó a admirar su figura política a distancia y a compartir con sus amigos sus pensamientos distantes. De todos, fue ella la que más se sorprendió cuando, el día en que ella cumplió veintiún años, Terence Nott pidió su mano con toda la ceremonia a sus padres.
Dadas las circunstancias, sus padres accedieron a pedir la opinión de su hija al respecto. Existían buenas razones para aceptar su matrimonio con el jefe de la familia Nott y otras tantas para rechazarla, así que lo dejaron a su consideración.
Y ella aceptó. Debido a que sabía que Terence Nott no parecía particularmente interesado en ninguna persona de forma romántica, no tenía grandes expectativas sobre su matrimonio, más allá de que él la encontraba inteligente y ella lo encontraba un buen compañero de vida.
Por eso fue una sorpresa descubrir que Terence si podía amar y la amaba a ella. Al contrario que ella, no se enamoró inmediatamente. En efecto, era un hombre frío y calculador, igual que todo mundo pensaba, pero nunca había encontrado a una mujer con quien pudiese compartir sus pensamientos y la había hecho su esposa porque no la encontraba desagradable para que fuera la madre de sus herederos y porque en verdad encontraba atractiva su inteligencia.
Con el paso de los años, el amor de Skadi, que empezó como una idealizada admiración, se convirtió en un sentimiento profundo cargado de una profunda pena por las limitaciones de carácter de Terence: lejos de espantarse por los crímenes cometidos por él para llegar al poder, lo compadecía, porque había un hambre en él que no podía saciar con nada de lo que tuviera. Su inteligencia, su capacidad de estrategia y su habilidad para entender las situaciones en las que se desenvolvía estaban opacadas por su ambición de poder, su sed de gloria y por cierta indiferencia hacía el género humano cuya única excepción era la mujer con la que se había casado.
En cuanto a Terence, quien se había resignado a no sentir nada de la pasión que todo mundo parecía experimentar, se vio completamente sorprendido por el intenso amor que tuvo toda su vida por Skadi a partir de su convivencia como pareja.
La amaba completamente, de tal forma que le perdonaba cualquier error, fallo o desatino, le permitía incluso que no estuviera de acuerdo con él, y que en privado lo desafiara, discutiera sus planes, sus más profundos deseos. Incluso cuando otros sugirieron que tomara una amante para poder tener el heredero que jamás había podido tener con Skadi, él nunca se planteó hacerlo.
Se sintió orgulloso de ella cuando consiguió llevar a término su último embarazo: Ninguno de los dos era joven ya y el niño era como un regalo del cielo, pero, para él, era una muestra más de lo maravillosa que era su esposa.
Permitió, pues, que Skadi le pusiera Theodore a su hijo y siguió con sus planes de gloria y sus maneras tiránicas y sádicas de conseguir lo que deseaba.
En cierto modo, era el secreto que los dos guardaban con celo: Skadi podía convencer a Terence de hacer casi cualquier cosa mientras accediera a quedarse a su lado.
Pero el amor no cambia a una persona. Terence amaba a Skadi empero, no cambiaba por ella. Ambos se aceptaban como eran sin embargo, mientras para Terence era solamente molesto entender que ella tenía escrúpulos y consciencia, para Skadi era una silenciosa tortura la absoluta amoralidad de él en todo lo demás.
Y era por eso que Terence le tenía secretos. El señor Nott rara vez se llevaba sus asuntos a casa y cuando lo hacía se aseguraba de que Skadi estuviera fuera, estuviera en casa de sus abuelos visitándolos para que pasaran tiempo con su nieto o simplemente en cualquier otra actividad que ella disfrutara tener.
Skadi sospechaba esta situación hace mucho tiempo pero nunca quiso desvelar los secretos de Terence. Suficiente tenía con tolerar lo mucho o poco que supiera sobre su crueldad y su carencia de humanidad como para además querer enterarse de todos los detalles.
Por eso, cuando ella lo encontró en una de las habitaciones vacías del Castillo de los Nott, tendido en una cama vacía y sin muestras de saber qué diablos hacía allí, no hizo preguntas y se limitó a llevarlo a la cama, desvestirlo y dejarlo dormir cuando él lo pidió.
No fue hasta la mañana siguiente en que ella estaba dándole de comer a Theodore y él se preparaba para su reunión con Lucius Malfoy, que ambos comprendieron que algo estaba mal.
Ella estaba muy concentrada en lo que estaba haciendo y él estaba acomodándose la túnica. Skadi no dijo lo que dijo con intención y él tampoco estaba para oír algo que no fuera lo que ella comentaba.
Lo que Skadi Nott dijo fue:
- Es extraña la marca que tienes en tu ojo izquierdo. ¿Te pegaste con la varita sin querer o te lastimaste de alguna manera? Parece un lunar, excepto que tú nunca has tenido uno en el ojo.-
Terence detuvo sus gestos un momento. El espejo estaba frente a él y ahora que ella le había llamado la atención sobre ello podía ver a lo que se refería: una marca negra muy pequeña en la parte blanca de su ojo, exactamente igual que un lunar.
Parecía haber estado ahí para siempre. Terence podría haber hecho cualquier comentario y seguir con su vida y con la reunión tan importante que tenía con Lucius Malfoy en un par de horas pero se quedó quieto un instante: por alguna razón no tenía un gran recuerdo de lo que había hecho en los últimos tres días y ahora parecía haber encontrado la razón para ello.
Él nunca había tenido un lunar en el ojo. Y los hechizos de memoria extremadamente poderosos podían dejar una marca en el cuerpo de la persona que olvidaba.
- Skadi, tengo que irme- dijo, sin más explicaciones- Lucius Malfoy me espera y estoy llegando tarde. Hablamos después.-
Se apareció en la Mansión Malfoy sin decir nada más, consiguiendo ocultarle a su esposa la mueca que representaba la preocupación que ahora le alteraba. Porque Terence estaba preparado hasta para lo impensable pero quizá eso lo superaba: ¿Cómo podía haber perdido los últimos tres días de su vida? ¿Qué pasó y cómo fue que alguien llegó tan cerca de él para hacerle un hechizo desmemoriador?
Pero no se había casado con Skadi porque ella fuera tonta y también, llevaban demasiados años de casados como para engañarla en un momento de debilidad.
Ella no sabía qué era lo que estaba mal, pero notó el cambio en Terence. Suspiró profundamente mientras acomodaba a Theodore en la cuna y se quedó mirando al lugar donde había desaparecido su esposo: esa preocupación les traería problemas. Sintió un escalofrío y comprendió que todo lo que podía hacer era lo de siempre: esperar y rogar a todas las fuerzas que lo que fuera que Terence hubiera hecho, no fuera a costarles demasiado caro.
