Notas: ¡Hola a todos! ¡Buf, qué tarde actualizo! Aprovecho ahora ya que esta semana pude escribir, antes de que llegue la siguiente semana llena de exámenes finales. Las clases matan, y más si están unidas a mi parásito -gotita- Por si fuera poco, enfermé. Creo que podría escribir un libro con todas mis enfermedades, pero ya tengo bastante con escribir este fic. De todas formas, muchas gracias por vuestros reviews y por quienes a pesar de todo esperan mi fic y lo leen (e incluso lo recuerdan -risa-) ¡Gracias! -sonrisa-

Advertencias del capítulo: Nuestro ya tan querido y amado OOC (nótese el sarcasmo) Junto a nuestros siempre deseados cambios de POV (¿irónico? no sé -risa-) Creo que podría haber algún spoiler, pero nada serio de momento. Nuestro esperado samurái ya hizo aparición, así que es hora de que entre en escena una nueva advertencia: malas palabras. ¿Qué esperábais? Creo que eso es común en la mayoría de los fics en los que salga Kanda, excepto alguno que contenga un OOC radical. Me parece que me salió algo angst, pero eso ya es según vuestro criterio -risa- Nuevamente se pueden malinterpretar relaciones hetero ¡pero no! Espero que el Yullen haga su presentación formal en el siguiente capítulo, ya que estaba pensado para este. Pero quién sabe.

DISCLAIMER: Si D Gray-man y sus personajes me pertenecieran en vez de pertenecer a Hoshino Katsura, seguramente tendría tanta censura que yo misma lo subiría sin censura a internet, para ver lemon Yullen sin cuadraditos de por medio.

Discípulo del pecado

4. Primeras impresiones

Era como si la mente de Allen se hubiera separado momentáneamente de su cuerpo y su cabeza estuviera en otro lado. Un lugar que aún no había conseguido localizar (y que ni siquiera sabía si debía hallar). Su cuerpo se movía como un autómata: sin necesidad de pensar en los movimientos, ya que simplemente se limitaba a seguir a Lenalee, guiada a su vez por el alto hombre. Su mente estaba confundida y tan cansada como lo estaba físicamente; pero su cuerpo se mantenía en marcha por el efecto de la adrenalina en su sangre.

En cierto sentido se alegraba de estar bloqueado de todo pensamiento, ya que las imágenes del akuma de su padre hiriéndole, y él matándole después, no parecían querer abandonar sus pensamientos. Su subconsciente entonces debía saber que la única opción que tenía era la de desconectar si no quería que llegara en algún momento a un estado de tortuosa locura autocompasiva. Ni siquiera tenía sensibilidad de su alrededor.

Veía el fuego, veía las explosiones, veía a la joven china, veía el barco al que se dirigían e incluso percibía la agitación del barco por cada uno de los estallidos junto a la pérdida del equilibrio por el inclinado suelo y la pequeña mano de Lenalee tomando firmemente la suya para impedir que en medio de la confusión se vieran separados. Pero la asfixia por el humo, el dolor de sus pulmones debido a la inhalación de las cenizas de objetos ya carbonizados o incluso la calidez y suavidad de la mano tomando la suya, eran sensaciones de las que había sido privado y no parecía ser capaz de captar. El de cabellos blancos sentía que tenía su corazón en un puño, pero no experimentaba el dolor y tristeza ante los acontecimientos de su pasado y la muerte de Timcanpy. Como si hubiera entrado en un profundo letargo sensitivo.

¿Cuándo había entrado en ese estado de shock?

Podría decir que fue al verse a sí mismo asesinar a su padre. Pero mentiría (ese hecho sólo le torturaba). Entonces podría responder que ocurrió cuando fue liberado de la habitación en la que fue encerrado por la niña. Pero mentiría de nuevo. De modo que respondería que fue cuando tuvo el primer encuentro con aquel akuma y tenía conocimiento de qué era, viendo la triste alma que poseía y cómo le rogaba por ayuda. Esa afirmación estaría más cercana a la realidad; pero todavía continuaría siendo una mentira, pasando lo mismo sería si creía que era debido a ver el efecto de los explosivos del akuma sobre el cuerpo que alcanzara.

Específicamente el cuerpo de Timcanpy.

De modo que no le quedaría otra opción que admitir que su estado de ensimismamiento sucedió al ver a aquella persona vestida de negro. Su facilidad al destruir el akuma y el percatarse de la salvación del alma atrapada. Al presenciar aquello, Allen inevitablemente se preguntó si él también hizo lo mismo con el alma de su padre. Si después de todo habría llevado la salvación a su espíritu.

Resopló cansado. No sabía si era buena idea evadirse de la realidad; pero ya le llegaría el momento de pensarlo todo detenidamente. Pero no en ese momento.

— ¿Allen-kun?

Se sobresaltó al escuchar la voz de Lenalee, parpadeando desorientado al ser despertado sin aviso de su mundo. Se encontraba de cara a la barandilla del barco, frente a una tabla que lo unía al de quienes habían aparecido sorpresivamente para ayudarles. Al otro lado de la tabla estaba la chica con el hombre, manteniendo sujeta la tabla como precaución y así pudiese usarla como medio de transbordo.

Aún ausente, apoyó las manos en el tablón y cruzó la corta distancia que separaba ambas naves, las cuales estaban a punto de chocar debido a la cercanía, para dejar atrás de una vez ese sitio endemoniado y lleno de locos.

Por supuesto, no llegaba a confiar plenamente en ellos aún a pesar de que les hubieran rescatado. No era una persona desconfiada por naturaleza, ni mucho menos, sino todo lo contrario (para su desgracia durante el periodo que convivió con su estúpido maestro); pero debía tener en cuenta que Lenalee estaba con él, y su seguridad también dependía de la suya. No podía permitir que nada le ocurriera. Ya a parte de que la misión mandada por su maestro consistía en "Recoger, acompañar y proteger hasta que estuviera en los brazos de Reever", también lo hacía por el lazo de amistad que les unía. Aunque con o sin lazo, seguramente también la habría ayudado. Simplemente no podía ver sufrir a alguien y no ayudar. Era tan débil que no podía abandonar aquello que tuviera delante.

A lo lejano, la voz perteneciente al hombre que les había dirigido se encontraba hablando a la nada, aparte. Escuchaba sus palabras pero en ese momento se encontraba incapaz de darles sentido, por lo que simplemente las ignoró, acercándose a la baranda para asomarse y ver la batalla de la que estaban al fin a salvo. Aunque a causa del humo, su visión era borrosa y a penas podía ver lo más cercano. La luz de las explosiones estaba difuminada, pero había una gran cantidad y el albino podía llegar a distinguir hasta las más alejadas.

Ese día desde luego era uno de los peores que había vivido. Había comenzado muy bien al volver a ver a Lenalee; pero después del altercado con Komui (nunca podía adivinar cómo reaccionaría el chino respecto a su hermana pequeña, pero por lo general solía ser terrorífico con quien osara acercarse a ella), el ¿accidente? y la verdad de su pasado, estaba seguro de que le costaría mucho el poder olvidar ese día. Giró el rostro en respuesta al sentir una mano en su hombro izquierdo, viendo a Lenalee. La chica le sonreía de manera tranquilizadora. Intentó regalarle una de sus falsas sonrisas con el fin de no preocuparla.

Pero por alguna razón, supo que esta vez su irrompible careta había sido descubierta por la chica.

— ¿Te encuentras bien? Estaba preocupada porque no te encontraba — musitó Lenalee bajando un poco la voz — ¿Quién era aquel hombre que estaba contigo y con la niña?

Suspiró negando lentamente.

—No lo sé, apareció de repente. Todo fue tan rápido que estoy confuso.

—Pero al menos ahora estamos a salvo… ¿Qué eran…esas cosas? — titubeó mordiéndose el labio, uniéndose a mirar hacia donde él miraba hasta casi embelesado.

Se produjo un incómodo silencio. Tragó duro sintiendo la boca repentinamente seca. ¿Debía decírselo? Si respondía a esa pregunta seguramente la chica se extrañaría respecto a su conocimiento. Y entonces, ¿qué? Aún no se sentía capaz de poder contar, ni siquiera a la peliverde, lo que le había mostrado Road. No siendo algo tan reciente. Abrió la boca sin saber qué contestar; pero fuera lo que fuese que hubiera llegado a decir, las palabras murieron en su garganta al ver a la chica derrumbarse.

La chica cayó al suelo llevándose una mano a la cabeza, como mareada.

— ¡Lenalee-san! ¿Estás bien? — se arrodilló frente a ella, frunciendo el ceño preocupado.

Hasta ese momento no se había fijado en las botas de la chica y la luz verde que emitían sus talones, como una llama. Bueno, se había dado cuenta en el momento en que la ayudó a incorporarse después del ataque del akuma, pero no le había dado importancia. La llama de las botas negras comenzó a apagarse a la vez que se transformaban, regresando a tal y como eran antes. Dio una mirada preocupada a Lenalee, quien miraba desconcertada sus botas, a penas tocándolas titubeante.

Alzó la vista a él, devolviéndole una mirada de perplejidad. Pero terminó volviéndole a sonreír suavemente, con calidez.

—Estoy bien. Sólo estoy un poco cansada, nada más.

Soltó el aire retenido, aliviado. Si le hubiese pasado algo no se lo perdonaría nunca. Y mucho menos Komui, quien ya se aseguraría de hacérselo pagar. De todas formas no parecía haber sido nada grave. Excepto…

— ¿Qué les ha pasado a tus botas?

Huh, no sé. Cambiaron cuando me encontré con un demonio de esos. Me pregunto qué fue exactamente lo que pasó — y añadió en un susurro a penas perceptible, como para sí misma —. Pero gracias a ellas podré volver a ver a nii-san…

— ¿Te encontraste con uno?

— ¿Eh?

—Que si te encontraste con uno de los…um, demonios — repitió el menor recordando la forma de llamarlos tan adecuada que usó la china inconscientemente.

—Sí, pero no llegó a pasarme nada. Conseguí escapar antes de-

Lenalee se interrumpió a mitad de frase. El barco había comenzado a moverse. Intercambió una mirada extrañada con la chica, a quien notablemente le había tomado tan de sorpresa como a él. Rápidamente se incorporó asomándose por la barandilla, afirmando el hecho de estar en movimiento, alejándose del lugar. No podían irse. Dentro del navío aún había pasajeros…no todos ellos podían ser akumas, ¿no? Además también estaba Road, el hombre que apareció y la persona que les salvó. No podían marcharse así, sin más.

—Sería mejor que os mantuvieseis de momento alejados de la barandilla. Sólo por si acaso.

Giraron casi al mismo tiempo en la dirección de donde procedía la voz. El hombre que les había mostrado el camino había dejado de hablar a la nada, con un extraño murciélago que no había visto nunca. Dio un par de pasos hacia él, apuntando al barco del que cada vez se alejaban más.

—Todavía hay gente allí dentro. ¡No podemos irnos!

—No se preocupe, vendrán en seguida. Me han ordenado partir ya — desvió su mirada a Lenalee — por su seguridad.

Nuevamente regresó a observar el ambiente; ignorando un poco las palabras pero de todas formas intrigado por su preocupación hacia la chica. No dijo nada, al fin y al cabo él también quería la seguridad de la peliverde. El barco del que se alejaban era tan pequeño en comparación al que estaba ahora que no podía evitar sentirse algo cohibido; esos pequeños detalles eran los que marcaban la diferencia entre los pasajeros de esta goleta y él: un huérfano viajero. Su estomago gruñó respaldando sus pensamientos, al mismo tiempo que Allen ocultaba un bostezo con la palma de la mano, agotado tras tanta acción.

Miró de reojo a la china, quien mantenía la vista clavada en el suelo. Se preguntaba qué pensaría ella de todo esto. Después de todo se podía decir que habían sido afortunados. Desde esa distancia podía ver la popa del barco hundiéndose; pero no podía distinguirlo a la perfección porque el humo se encargaba de hacer su visión dificultosa y borrosa. Por todo eso, no podía asegurar si la falta de las anteriores explosiones era gracias a su incapacidad de distinguirlas o porque realmente habían cesado. Excepto en algunos momentos, en los que podía advertir algunos destellos plateados seguramente pertenecientes a un combate.

—Usted es Lenalee Lee, ¿me equivoco?

Acrecentó el ceño fruncido con la mirada en el, a cada momento, más alejado barco, sin mirar al hombre. El que conociera el nombre de la chica era algo que a él y seguramente ni a ella ni a nadie le gustaría. A no ser que no fuera un desconocido suyo. Sus pasos le apartaron de la barandilla y le llevaron hasta Lenalee, parándose a su lado como para hacer recordar a ese hombre que él también estaba ahí y que no iba a dejar que le pasara nada.

Lenalee asintió, no muy segura de si hizo bien en responder.

El hombre se dirigió esta vez a él:

Huh, ¿y usted es…?

—Me llamo Allen Walker — respondió extendiendo la mano derecha, en una incómoda amabilidad —. Un placer.

—El buscador Toma — tomó su mano con un suave apretón. "¿Buscador?" Toma se volvió a dirigir a Lenalee, quien mantenía su mirada fija en el suelo —. Al parecer sus botas son Inocencia, Lenalee-dono.

— ¿Ino…cencia?

— ¿Qué es Inocencia? — preguntó él también, contrariado.

Huh, eso os lo explicarán mejor los exorcistas que yo.

Cambió el peso de su cuerpo sobre una pierna y luego a la otra, incómodo. Recordó que Road le había dicho que él era un exorcista (por eso le mostró lo de su padre), un término que aún no había llegado a comprender. Pero decidió no hacer comentarios al respecto, por lo que pudiera pasar.

—Si me disculpan, he de hablar con los demás buscadores — les informó Toma haciendo una ligera reverencia antes de irse.

Lenalee se acercó a él, en un susurro.

— ¿Tú entiendes algo? Me siento como si estuviera fuera de lugar.

Tragó saliva, negando lentamente. La chica bajó la vista visiblemente apenada. En realidad no la había mentido. Sólo conocía el término akuma e intuía más o menos el de exorcista, que debía ser que tenían el poder de destruir los akumas y llevar la salvación a sus almas. Como hizo él de pequeño y luego aquella persona vestida de negro (sería a quien suponía que se refería Toma). Pero el de Inocencia y buscador no tenía ni la más mínima idea.

—Oye, Allen-kun.

Centró su mirada en la peliverde, con la mirada triste y rehuyendo cruzar sus ojos, con un ligero sonrojo.

—Siento haberte metido en todo esto. Si no hubieras venido a por mí, desde un principio no te tendrías que haber visto envuelto. Y desde luego no estarías aquí.

—No tienes porqué disculparte — sonrió conmovido por la preocupación de su amiga —. Si no hubiera venido no nos habríamos podido volver a ver. Además, ya no hay ningún problema; podemos volver a casa. ¿No estás deseando llegar con Reever-san?

—Sí, claro — coincidió con una risita nerviosa — ¿Tú no estás deseando poder volver a estar con tu maestro Cross también?

Resopló completamente en desacuerdo. No tenía ni las más mínimas ganas de volver a encontrarse con su estúpido maestro y volver a tener que lidiar con sus deudas. Lenalee rió divertida, haciéndole sonreír un poco a él también. En cierto sentido parecía que nada hubiera cambiado. El lazo entre ambos no se había roto tras el altercado del barco, sino que como mucho se había hecho más estrecho. Como si nunca hubiera habido ningún ataque ni ningún akuma a punto de matarles. Era feliz con tan sólo ver que ella estaba bien, que podría volver a ver a su hermano y hacer una familia al lado de Reever.

Agitó la cabeza a ambos lados frenéticamente, intentando frenar el paso del recuerdo de su padre que quería penetrar en su cabeza ante la palabra "familia".

— ¿Cómo es Reever-san? — le preguntó intentando distraerse.

— ¿Reever? ¿No le conocías?

—No exactamente — cambió nuevamente el peso sobre su pierna, rascándose incómodo la nuca —. Le vi una vez a lo lejos. Fue mi maestro quien habló con él y le conocía; yo esperaba siempre fuera.

Ah, por lo que recuerdo le gustan las bebidas carbonatadas y hacer prácticas de tiro. No le gustan las bebidas alcohólicas ni cuando sus superiores no trabajan. Tenía muchas discusiones con Komui-nii san a causa de eso — comenzó a decir jugueteando con sus dedos y vista en el suelo, con una sonrisa melancólica —. Le conocí por el trabajo de nii-san y Komurin. Estuvo con nosotros una temporada ayudando, fue un poco después de que te fueras.

—Parece una buena persona — comentó recordando la imagen física que tenía del prometido de Lenalee.

La chica asintió, volviendo a mirar al barco ya bastante lejano.

—Nos ha ayudado mucho.

Allen inclinó la cabeza a un lado, intrigado. ¿Había detectado un leve tono de tristeza en sus palabras? Lo más posible es que hubiera sido imaginación suya. Debería estar ansiosa por verle, no triste. Era un poco torpe en algunas ocasiones respecto a estas cosas, por lo que prefirió hacer caso omiso de su absurda impresión.

Un fuerte golpe procedente de mástil le volvió a poner en guardia, sintiendo su corazón latir fuertemente en su pecho, sobresaltado. Había sonado como si algo hubiera chocado contra el gran palo vertical. ¿Estaban otra vez siendo atacados? De lo que sí que estaba seguro de poder asegurar era de que esta vez no eran akumas. Su ojo izquierdo no se había activado, por lo que era imposible.

Miró a ambos lados, dándose cuenta de que rápidamente varias personas más, incluido Toma (todas las personas con la misma vestimenta que él), se estaban acercando a la zona central del choque. Allen se acercó también, pero con los sentidos alerta y a una distancia prudencial, pues debido al polvo levantado era imposible distinguir qué era exactamente lo que había chocado y entrado en el nuevo barco. Hasta que una grave voz se hizo presente.

—Maldita sea, ¿no había otra manera que esta gilipollez, conejo?

—Jo, Yuu…qué cruel. Además, ya estamos aquí, ¿no?

—No vuelvas a llamarme así o te rebano de un tajo.

Entrecerró los ojos intentando distinguir a los recién llegados. Uno de ellos estaba tomando del cuello de la chaqueta al otro en una actitud bastante agresiva; o de lo que podía agarrar, pues las ropas estaban en muy mal estado.

—Da gracias a que no te cargaste el mástil del barco, imbécil.

— ¿Ves, Yuu? No seas tan amargado; al final todo salió bien.

—Te he dicho que no…

— ¡Kanda-dono! ¡Lavi-dono! ¿Se encuentran bien?

Toma se acercó a ellos, intrigando a Allen. ¿Era las personas que esperaban? ¿De dónde habían salido? El polvo ya casi había desaparecido, por lo que no tenía ya prácticamente ningún problema en distinguirles. Ambos vestían el mismo estilo de ropa oscura, aunque una en peor estado que la otra. Quien tenía peor aspecto era el que juraría les había salvado anteriormente: pelo largo oscuro ahora suelto, brazos cruzados y cara de mal humor. Su ropa estaba rota, en especial la parte del torso, haciéndole saber la ardua batalla a la que se debió haber enfrentado y que estaba acostumbrado a luchar, por sus marcados músculos.

El otro era pelirrojo, con una bandana en el pelo y parche en el ojo derecho. Tenía los brazos cruzados tras la nuca y una gran sonrisa despreocupada; a diferencia del otro, él prácticamente no tenía la ropa hecha jirones. No pudo evitar preguntarse por dónde estaría Road y el hombre que luego apareció, pues Lulubell había desaparecido misteriosamente tras aquella puerta que más adelante desapareció.

Che. ¿Dónde está? — la mirada del buscador se posó sobre él, al igual que la mirada de los otros dos. Allen se sintió incómodo, pero se dio la vuelta al darse cuenta de que en realidad no era a él a quien estaban mirando. Sino a alguien tras él. A Lenalee.

La chica permanecía en el mismo sitio en el que se había quedado, visiblemente incómoda al tener toda la atención puesta sobre ella. Habría ido hacia ella de no ser porque sus piernas estaban renuentes a moverse. ¿Buscaban a Lenalee? Era imposible que Reever hubiera mandado a un barco entero, o más específicamente a una tripulación, para ir a por la peliverde cuando ya le había mandado a él. Y justo en medio de un ataque, haciéndolo todavía más irreal.

Trató de no pensar mucho acerca de ello ni intentar dar una solución lógica a la situación, pues ya de por sí las circunstancias que le rodeaban en las últimas horas eran ilógicas. Lo primero de todo sería ir hacia esas dos personas (o exorcistas) para agradecerles su ayuda, y no estar de pie parado como un idiota. El pelinegro comenzó a acercarse a la chica, con el ceño fruncido como si estuviera muy enfadado. Se quedó a mitad de camino, más cerca de Allen que de la peliverde, pero sólo le miraba a ella; ignorándole olímpicamente.

— ¿Eres Lenalee Lee?

La chica asintió lentamente a la misma pregunta de antes, arqueando una ceja.

Kanda se dio la vuelta sin decir nada al respecto, dándoles la espalda. Pero en ese momento pasaron dos cosas al mismo tiempo. El viento sopló agitando sus blancos cabellos y el pelinegro, por fin, había decidido desviar su vista a él. Kanda pronunció más el ceño fruncido, mirándole con una ira asesina que le provocó un escalofrío. El inglés se quedó perplejo cuando el otro dirigió su mano a la espada que le colgaba de la cintura.

—Tienes valor para haber venido hasta aquí tú solo.

— ¿E-eh? — musitó alzando las manos y palmas al frente al ver que desenfundaba la katana, en claro ataque — ¡Espera! ¡Yo no soy un-!

Ahogó un grito al ver que el arma comenzaba a brillar y Kanda la echaba hacia atrás para tomar impulso. Sin permitirle siquiera hablar ni darle tiempo a reaccionar ante la rapidez de sus movimientos. El menor sabía que el otro no habría detenido su ataque, matándole sin la menor pizca de remordimiento, de no ser porque la china apareció de súbito interponiéndose entre él y la espada, evitando que la hoja filosa cortara su piel y hubiera un derramamiento de sangre. De su sangre. Allen parpadeó perplejo ante la osadía y el coraje de Lenalee. El exorcista detuvo su agresión justo a tiempo, sosteniendo la katana a pocos centímetros de distancia.

— ¿¡Qué jodidos haces! ¿Acaso quieres morir, estúpida? — le espetó furioso sin apartar su arma.

— ¡Lenalee-san! — el albino la tomó del antebrazo intentando alejarla del peligro. Pero ella no cedió ni un ápice, manteniendo los brazos estirados. Protegiéndole ella a él, al contrario de lo que debería ser. ¿No odiaba la chica el auto sacrificio? Ahora no le podría decir nada cuando lo hiciera él — ¿Estás bien?

Su compañera le ignoró impasible, de forma nada disimulada. Su mirada estaba fija en Kanda, desafiante. Como retándole a matarla.

— ¡Yu-chan! ¿Qué ocurre?

El chico pelirrojo se acercó a ellos corriendo, viendo asombrado cómo la alargada espada apuntaba firmemente a Lenalee.

—Apártate si no quieres morir rebanada.

— ¡Allen-kun no es una de esas cosas! — respondió Lenalee disgustada — ¡No puede matar a quien quiera sin saber!

Kanda resopló, a su criterio con la paciencia más que agotada.

—Tiene la marca de un demonio en su frente. Es un akuma. Ahora quítate de en medio.

— ¿Eh? ¿Esto? — Allen dirigió su mano izquierda hacia su roja cicatriz, agradeciendo mantener el guante en su mano. ¡Quien sabría lo que le harían si descubrían entonces su brazo deforme! — ¡N-no! ¡Sólo estoy un poco maldito, pero sigo siendo humano!

—Hey Yuu, guarda a Mugen — dijo el pelirrojo tomándole del brazo como moderador, asegurándose de que no hiriera a Lenalee —. El chico está diciendo la verdad. Es un humano.

Tragó duro al cruzar ahora también la mirada con el chico pelirrojo. Su único ojo al descubierto, de un color verdoso, le observaba minuciosamente. En especial a su cicatriz. Y aunque se alegraba que el chico se pusiera de su parte, no podía relajarse todavía pues la katana seguía firmemente en su sitio y sin intenciones de retirarse. Miró nerviosamente a la chica que continuaba inmóvil y según parecía también sin intenciones de apartarse.

— ¿Y cómo demonios lo sabes, conejo? — gruñó el otro con voz gélida, sin apartar los oscuros ojos de él.

—Porque sólo los humanos pueden ser maldecidos.

Maldecido.

Cierto, había sido maldecido por su padre…Ignoró el súbito nudo que había aparecido en su estómago, enfrentando la fija mirada oscura del samurái por encima del hombro de Lenalee. Tenía agarrada a la chica del brazo derecho, para que pudiera apartarla del recorrido de la espada si se diera el caso de ser necesario. Kanda entrecerró los ojos, como sopesando si le era más fructífero el dejarle vivo que muerto. Finalmente el albino pudo respirar tranquilo cuando, tras dirigir una rápida mirada a la peliverde, el hombre apartó el arma cortante y la volvió a enfundar.

Chasqueó la lengua dándose la vuelta. Allen suspiró aliviado escuchando al mismo tiempo uno procedente de Lenalee.

—Menos mal que no te ha pasado nada — le susurró ella sonriéndole amablemente —. Qué susto cuando le vi atacarte, no vuelvas a ponerte en un peligro semejante. Por favor.

— ¿Cómo se te ocurrió ponerte en medio sin pensar? ¡Podrías haber muerto!

—Pero estoy bien — contrarrestó frunciendo el ceño molesta —. Y tú vivo gracias a mi falta de sentido común.

— ¿Y si no hubiera-?

— ¡Yu-chan! ¿A dónde vas? — exclamó el pelirrojo interrumpiendo en mitad de frase a Allen, llamando a Kanda al ver que se iba sin decir una palabra, mascullando quién sabe qué cosas en un idioma desconocido para el menor.

—Vuelve a llamarme por mi nombre y esparciré tus tripas por la madera, conejo bastardo —habló entre dientes con una mirada terrorífica.

El chico pelirrojo dio un paso hacia atrás al verle dirigir la mano nuevamente a Mugen, por si realmente le daba por usarla, riendo ligeramente.

—Pero Yuu, ¿adónde vas? Estás herido — volvió a preguntar cruzando los brazos tras la nuca, ignorando la amenaza. Allen se preguntó si acaso ese hombre era un suicida, pues tras el incidente en el que él mismo casi termina asesinado podía asegurar que con esa mirada no dudaría mucho en matar siquiera a su propio compañero. ¡Ni que fuera el dictador del barco! Pero eso de que estaba herido, ¿acaso estaba herido por haberles salvado? Esa duda le hizo pensar que podría estarle juzgando mal, y haciéndole sentirse algo culpable.

—Cierra la puta boca. Tengo que llamar al supervisor; mientras tanto encerradlo — ordenó señalándole con un movimiento de cabeza.

Parpadeó desconcertado. No tuvo tiempo de reaccionar: unos brazos le atraparon por detrás, tomándole fuertemente por los hombros e inmovilizándole. El dolor de su hombro derecho ya olvidado había regresado cuando fue reabierta su herida a causa de la rudeza con la que le habían atrapado. Allen se mordió el labio inferior haciendo una mueca, evitando soltar un quejido por el dolor. Se lo tenía merecido por no haber sido lo suficientemente precavido en aquel momento. Recordó a la niña que estaba en el barco y no había venido. No pudo evitar preocuparse por ella; y preguntaría a los exorcistas por su paradero si no fuera porque estaba siendo ignorado por ellos y capturado por las órdenes del que se suponía ser su salvador.

— ¡Allen-kun!

Allen alzó la vista viendo cómo Lenalee era sujetada por Toma, impidiéndole su deseo de acudir a él y ayudarle. Otra vez. Estiró la mano izquierda intentando alcanzarla y ser él quien hiciera al buscador soltarla, no al contrario. Pero fue inútil. Rápidamente empezó a ser arrastrado lejos de ella en contra de su voluntad, ignorando el agudo dolor de su hombro. Pero tampoco podía resistirse mucho, pues sus fuerzas ya le flaqueaban.

—No me pasará nada, Lenalee-san. Lo prometo.

Pero sabía, desde ese momento, que no era verdad.

Sólo pudo dejarse llevar.


Se alejó a grandes zancadas de toda esa panda de imbéciles, entrando en su camarote. Azotó la puerta con rabia, arrancándose de un tirón la rasgada, sucia y maltratada chaqueta que le marcaba como exorcista. Gruñó cuando la resistente tela rozó sus heridas. Pero sus heridas no tenían importancia: al fin y al cabo no tardarían en sanar.

Kanda ya no le daba tanta importancia como al principio cuando se dio cuenta de su insólita capacidad regenerativa tan rápida. Ahora era una de las tantas cosas con las que se tenía que resignar a lidiar; algo que anticipadamente y en el presente le parecía muy conveniente, pero que a la larga le costaría caro. Muy caro.

El japonés atrapó sin ninguna delicadeza su golem, conectándolo hábilmente al teléfono. Era una pérdida de tiempo, así que cuanto antes se quitara esa mentecatería de encima, mejor. De hecho, si no fuera porque su obligación era la de informar una vez hubiera logrado la parte más difícil de la misión, ni aunque estuviera en su peor juicio se atrevería a comunicarse con el lunático que tenían como supervisor motu propio. Ese hombre le frustraba en términos inimaginables. En ese momento lo único que quería era darse una rápida ducha de agua fría y acostarse. Cuando descansara lo justo y necesario iría a tomarse su plato de Soba y después entrenaría.

Y evidentemente en sus planes no entraban el soportar a conejos hiperactivos, inútiles buscadores, engreídas chinas, condenados Moyashis o trastornados superiores. Se podían ir todos a la mierda.

— "¿Si?" — escuchó al otro lado del auricular la voz cansada de Komui.

—Ya está.

Lo bueno y breve, dos veces bueno, ¿no? Si pudiera habría dicho esas dos simples y llanas palabras, habiéndole colgado justo después, poniendo punto y final para no darle tiempo a decir ninguna otra bobada a la que añadir a la lista. Por desgracia no podía. Y aunque pudiera, podría jurar que el pesado al que debía soportar no le dejaría respirar tranquilo (y ni qué hablar de descansar) hasta que le explicara con todo lujo de detalles lo sucedido en la batalla. Ya casi le podía ver parpadeando con el rostro estúpido por sus palabras, reconociendo al instante su voz y preguntando:

— "¿Kanda-kun? ¿A qué…?"

Resopló.

—Tu preciada hermanita ya está con nosotros. ¿A dónde nos dirigimos ahora?

— "¿Lenalee? ¿Está bien?"

—Sí, perfectamente — respondió cansadamente, escuchando un suspiro seguro que de alivio acompañado de un agradecimiento. Se quitó las botas mientras un agudo escozor en el abdomen le hacía sisear irritado — ¿A dónde ahora?

— "¿Huh? Ah, dirigíos a la rama asiática. Yo me dirigiré hacia allí también, al igual que Reever. ¿Qué ha pasado?"

Desvió la mirada distraído, dándose cuenta de lo tarde que era. O muy de mañana, según como se viera. El tiempo pasaba relativamente deprisa cuando estás en la batalla, con los sentidos alerta y arriesgando la vida. Maldijo mentalmente por enésima vez por tener que contar todo en ese preciso instante.

—El barco estaba plagado de akumas; un buscador se encargó de traerla mientras el conejo y yo nos hacíamos cargo de eliminarlos.

— "¿Hubo noés?"

—La mocosa y el noé del placer. Peleamos pero se terminaron escapando — respondió tras una pausa, recordando las palabras de la niñata: "Dile a Allen que volveremos para jugar otro día". Maldita cría. Odiaba a esa familia. No comprendía el motivo exacto: sólo les odiaba. El verles el rostro le provocaba unas inexplicables ansias asesinas. ¿Podría ser el efecto que tenía la Inocencia sobre él?, al fin y al cabo esa familia era la encargada de su destrucción, aunque se supusiera que la Inocencia estaba ligada a Dios y todo lo que a Él respecta es "bueno". Total, él no era cristiano, así que no importaba lo que dijera dicho Dios.

— "¿Peleasteis?" — la titubeante voz le hizo rodar los ojos. Esas eran las típicas preguntas estúpidas sobre algo que ya se había nombrado anteriormente. Preguntas innecesarias hechas para gastar saliva. Eran odiosas.

Resopló otra vez como respuesta.

— "¿Alguna baja?"

—Sólo un buscador. Nada importante.

Se quedaron un momento en silencio. Kanda sabía que el supervisor estaría debatiéndose sobre preguntarle quién fue o no. Deseó que no lo preguntara, pues el chino bien sabía que él no conocía los nombres de los buscadores. Ni siquiera tenía interés. ¿Para qué? Sólo eran unos humanos estúpidos que no servían para otra cosa más que para rastrear y localizar Inocencia.

Si tenían suerte, quizás y todo pudieran, en algún momento, hacer el trabajo de los exorcistas algo más fácil encerrando akumas en las barreras. Nada más. Ni para pedir ayuda servían, pues para cuando avisaban ya era demasiado tarde. Sólo eran unos humanos no elegidos por la Inocencia que trabajaban por y para ellos: los exorcistas. La muerte de uno significaba el reemplazo por otro. Así de simple. ¿Para qué preocuparse en conocer su nombre (o incluso su existencia) si al día siguiente estarían muertos? Eran simple basura para reciclar.

— "¿Y vosotros? ¿Estáis heridos?"

Por fortuna, Komui pareció llegar a la conclusión de que era algo absurdo de preguntar. De hecho, Kanda podía asegurar que, asombrosamente, esta era una de las únicas veces que podía hablar seriamente con Komui. Las demás debieron ser hace tanto tiempo que ni las recordaba; eso si existieron.

—Nada que no se pueda curar en una noche.

—"No debes sobreestimarte, Kanda-kun" — le recordó una vez más. Retiró el auricular de su oído al saber lo que le iba a decir; ya estaba hasta las narices ya de escuchar su voz, aunque ahora sonara lejana, como para tener que soportar lo mismo de siempre —. "Ten en cuenta que, aunque tu capacidad de recuperación sea mayor que la de los demás, tu vida se sigue acortando."

Ni falta que lo repitiera. Sabía bastante bien y de primera mano las consecuencias a las que se enfrentaba a cambio de su recuperación; además de ser incapaz de olvidarlo por partida doble: por su tatuaje en el pecho y por la flor de loto de dentro del reloj de arena, sobre la mesa. Pero no tenía caso el pensar continuamente en ello y preocuparse por algo que, de momento, no tenía solución. Era un exorcista. Su vida estaba continuamente en peligro de por sí, como la de un militar en las trincheras, sin la necesidad de ninguna maldición que le quisiera atormentar.

Che, como sea. ¿Cómo es que, de repente, parece haber desaparecido ese complejo de hermana que tienes?

— "¿Cómo dices?"

—La boda de tu hermana. Quiero saber qué te propones, sé que exterminarías a todos los imbéciles del mundo antes que permitir que se case con alguien.

Hubo otro silencio algo más prolongado. En un primer momento pensó que su duda era pura mierda, y que el preguntarlo era una jodida estupidez. Pero tras el silencio en el que no decía nada, esperando la respuesta del otro, se dio cuenta de que había algo importante tras su pregunta. Algo extraño.

Frunció el ceño al escuchar la risita nerviosa a través del aparato.

—"Bueno, es que no es una boda propiamente dicha. Lo siento, Kanda-kun, es información confidencial."

— ¿Es una farsa? — masculló rechinando los dientes, furioso por ser engañado como a los demás.

— "¡Por supuesto! ¿Cómo iba a permitir que un maldito pulpo se atreviera a tener a mi linda y preciosa Lenalee? Sólo va a estar bajo la protección de Reever."

— ¿Sabe de qué trata esto?

— "¿Lenalee? ¡No, no! No sabe nada. Ni lo que son los akumas, ni sobre exorcistas; y mucho menos acerca de la Orden Oscura. Explícale todo, pero te ruego que no le digas sobre el matrimonio, Kanda-kun. Debe seguir pensando que está prometida."

Chasqueó la lengua. ¿A qué se debía tanto secretismo? Estaba claro que no le iba a contar, y en cierto sentido admitía no le importaba. Había sido la típica pregunta retórica. Realmente las únicas cosas que podrían importarle serían aquellas que se interpusieran entre él y su trabajo de exorcista o el soba. Por eso, la niñita consentida por el supervisor no le daría mayor dolor de cabeza por no saber qué era lo que pretendían de ella. Debía ceñirse a su misión; y si de algo podía estar orgulloso era de asegurar que haría cualquier cosa para lograrlo. Aunque murieran buscadores inútiles. Aunque no comprendiera el sentido de lo que le mandaran. Aunque tuviese que hacerse cargo de una mocosa altanera. Y aunque tuviera que tener a un niñito maldito en el barco. Un momento…

Oi, tú— llamó antes de que el otro colgara, recordando repentinamente — ¿Qué me dices de un crío de pelo blanco?

— "¿Pelo blanco? ¡Allen-kun! Está con vosotros, ¿verdad?"

Che — de forma que le conocía y le preocupaba, por lo que pudo averiguar por su tono de voz — ¿Quién carajos es? Según el conejo, ese idiota es humano.

—"Sí, claro que lo es. De hecho, al igual que Lenalee, es un exorcista."

Abrió los ojos quedándose mudo. ¡Debía ser una jodida broma! ¿Ese enano…exorcista? Era la mayor estupidez que Kanda había escuchado en su vida; y eso que escuchaba muchas gracias a Komui, Lavi y Daisha. Cuerpo pequeño, grandes ojos plateados, rostro de niña (¡Luego era él quien tenía cara de mujer!), piel blanca y de complexión débil. Vale, las apariencias engañaban, pero si fuera alguien físicamente como Marie sería algo mucho más fácil de creer. ¿Y había dicho que la mujer también era exorcista? La Inocencia cada vez era más imprevisible, y eso definitivamente conllevaría a que la Orden Oscura se fuera a pique.

— ¿Qué gilipollez dices? No puede ser que ese Moyashi sea exorcista — por supuesto, el samurái omitió sus pensamientos respecto a la chica. No quería soportar las réplicas incómodas de Komui. Un crujido le hizo volverse, alerta; pero sólo era el puto conejo. En cuanto terminara de hablar le echaría a patadas de su camarote por entrar sin llamar. O directamente sólo por entrar.

— "¿Kanda-kun?"

— ¿Qué?

—"Que Allen-kun tampoco sabe nada acerca de los akumas y demás. Tuvo al General Cross como maestro, pero no le contó nada. Su brazo izquierdo es su Inocencia. Inocencia parasítica."

No respondió. A penas escuchaba las palabras del supervisor por estar más concentrado en mirar con aires asesinos al bastardo, haciéndole saber que como se le ocurriera tocar algo sería conejo rebanado. Lo único que acertó a hacer fue gruñir en respuesta a algo que no había escuchado. Kanda colgó con fuerza sin siquiera avisar al ver que el pelirrojo se sentaba con total familiaridad en su cama y empezaba a dar pequeños botes, como comprobando su comodidad. Un par de rápidos pasos le llevaron frente al otro, encarándole mientras dirigía su mano a Mugen por si llegaba a necesitarla.

— ¿Qué carajo haces, conejo?

—Tengo que decirte una cosa… ¡Por cierto, Yuu! Deberías ir a darte una ducha, tienes un aspecto horrible — Kanda resopló intentando retener sus ansias asesinas un poco más, pues el mismo cuento se lo podía aplicar Lavi. Pero prefirió no decir nada ya que no sabía lo que podría ser capaz de soltarle; por suerte el aprendiz de bookman se dio cuenta a tiempo de que Kanda no estaba precisamente de buen humor —. Ya encerraron al chico, pero es inútil: insisto en que es humano.

Che. Ya lo sé. El Moyashi y la mujer son exorcistas.

Kanda le miró de forma escalofriante mientras Lavi sólo le devolvía una mirada neutral, como un idiota. ¿Eso quería decir que ya lo sabía? Coño. Se había olvidado de que era el aprendiz de bookman y que lo raro era que hubiera algo que no supiera. Si hubiera caído antes en la cuenta lo más seguro es que se hubiera evitado el esfuerzo de mandar encerrar al albino. Bueno, no importaba que estuviera un par de horas encerrado; así al menos no le molestaría mientras tanto.

— ¡Vaya, dos más! — escuchó exclamar a Lavi de todas formas, haciéndole rodar los ojos por la fingida y falsa sorpresa — ¿Te lo ha dicho Komui, Yuu-chan?

— ¿No es obvio?

Intentó modular su tono de voz de tal forma que resultara irónica y amenazante al mismo tiempo. El pelirrojo se rió tontamente, cruzando los brazos tras la cabeza.

— ¡Venga, Yuu-chan! ¡No seas así!

—No me llames por mi jodido nombre — Dirigió la mano hacia Mugen, completamente decidido a hacer uso de ella sin darle tiempo a parpadear —. Lárgate.

No era una orden (que también) sino más bien un consejo. Un consejo inútil, cabe añadir.

— ¡Aún tengo algo más que decir! — vio como se intentaba apartar del filo de la espada, haciéndole sonreír internamente al darse cuenta de lo rápido que se había apresurado a añadir. Kanda entornó los ojos, sin dejar de amenazarle; más le valía que fuera rápido —. El chico está herido.

Arqueó una ceja.

— ¿Y qué? ¿Acaso debe importarme? Que le cure Bookman; ¿a mí qué me cuentas?

Abrió la puerta yendo en un par de zancadas, en un claro "ofrecimiento" para que se largara. Lavi suspiró algo renuente, pero por muy estúpido que pudiera parecer, debía saber cuándo su vida corría en verdad peligro, aunque Kanda muchas veces lo dudara seriamente. Sería según el grado suicida que tuviera a lo largo del día lo que determinara el límite de riesgo que quisiera experimentar y se atreviera a cruzar.

El samurái le cerró en las narices de un portazo, cortándole las palabras que fuera que quisiera decirle. Se podía ir al carajo a donde quisiera de una jodida vez, porque no le importaba nada de lo que tuviera que decirle. Dejó a Mugen sobre la cama después de echar el cerrojo a la puerta, no fuera a ser que entrara alguien más a hincharle los huevos; y por su racha de mala suerte apostaba que ocurriría. No tenía ganas de andar limpiando la sangre del próximo incauto.

Se dirigió por fin a la ducha, recordando que una vez se acostara y despertara tendría que ir a hablar con el par de idiotas. Además, tenía que hablar con la hermana del supervisor a solas y obligarla a decirle la razón por la que era buscada por los noé. El samurái estaba seguro que el barco anterior había sido atacado por ella. Cuando Reever les ordenó ir en la búsqueda de la china, le intrigó por qué su misión era la de recoger a una muchacha humana que no servía ni como buscadora; mucho más si prácticamente toda la organización religiosa se había puesto en movimiento por ella.

Si era una exorcista tenía algo de sentido el que la llevaran a la Orden, e incluso la aparición de esa antigua familia se podía dar a causa de la Inocencia que poseía. Pero no que todos se movilizaran en su rastreo. Algo debía ocultar la peliverde para ser tan buscada. Y él lo averiguaría. Todo el barco estaba en peligro por ella, y si era una jodida broma Kanda se la cargaría con sus propias manos.

Pero eso tendría que esperar para más tarde.


Allen entreabrió un poco los ojos, despertándose, pero sólo cambió su incómoda posición volviendo a cerrar los párpados. Tenía los miembros entumecidos y su cuerpo estaba sufriendo la baja temperatura del entorno. ¡Oh, es verdad! Aquel maldito tipo había ordenado que le encerraran por su maldita cicatriz (¡valga la redundancia!), y eso había sido cumplido sin ninguna delicadeza. Soltó un leve suspiro ante su desventura al mismo tiempo que se encogía intentando mantener el poco calor corporal que todavía mantenía. Lo único que el albino habría necesitado después de la caótica noche habría sido descansar; y precisamente eso era lo único que no había podido hacer, sin contar que tampoco había comido. Intentó volverse a dormir, esperando no repetir esas imágenes y todavía a sabiendas de que la posibilidad de enfriarse era mayor al no moverse y tener el factor de estar sentando en un rincón del suelo.

Esto le hizo recordar todas aquellas veces que fue secuestrado por culpa de las deudas de su maestro, cuando le tomaban como rehén a cambio del dinero que les debía. Pero como nunca, en ninguna de las numerosas ocasiones, su maestro había pagado para salvarle, no había tenido más remedio que trabajar para quienes le mantenían retenido hasta conseguir el dinero, todo eso una vez se hubieran dado por vencidos de no recibir el pago. Lo peor fue que tanto trabajo no le servía de nada una vez llegado el momento de alimentarse. Volvió a suspirar, apenado ante los sonoros gruñidos de su estómago, con tanta hambre que resultaba hasta doloroso.

El menor abrió los ojos sobresaltado cuando una mano se posó en su hombro. Inmediatamente dibujó una mueca llevando la mano al hombro dañado mientras se apartaba, sintiendo como la espesa sangre volvía a manar y le impregnaba la mano de esa sustancia escarlata. Al fin y al cabo era cierto lo de que los golpes siempre iban a parar allá donde estuviera la herida.

—Vamos chico, despierta.

Parpadeó antes de notar que ante él estaba un extraño hombre mayor que no había visto antes y que ni se había percatado de su llegada. La estatura del hombre era bastante inferior, pero la compensaba con el alto de su peinado. Otro de los rasgos característicos era la sombra negra alrededor de sus parpados, haciéndole parecer a su vista cansada dos simples manchas sombrías. Inconscientemente el inglés intentó buscarle un parecido o procurar averiguar a qué le recordaba, pero fue un esfuerzo en vano.

Retuvo un bostezo mientras que con la mano en un puño se frotaba los ojos, intentando aclarar la vista y ya de paso despejarse, pues no podía decir a ciencia cierta cuánto habría dormido; sólo podía asegurar que no lo suficiente. Sus manos estaban agarrotadas y el cuerpo exhausto, por lo que Allen tuvo que apoyarse en la pared como ayuda para incorporarse.

— ¿Quién eres? — preguntó el chico algo turbado. Si habían decidido ir a por él sería porque ya creían en su humanidad. O también podía ser que quisieran verificarlo.

—No tengo nombre, sólo llámame Bookman.

— ¿Bookman? — arqueó una ceja desconocedor del significado de esa palabra en este sentido, pero prefirió no decir nada al respecto —. Allen Walker.

Allen extendió la mano derecha a modo de presentación por segunda vez, sintiéndose algo alentado al ser tomada su mano en un apretón por Bookman.

—Sígueme, te enseñaré tu camarote.

El hombre le dio la espalda dirigiéndose al exterior de la extraña bodega vacía en la que le habían encerrado. El albino no se movió del sitio, algo desconfiado. ¿Debía fiarse de ese hombre? Por alguna casualidad el samurái que ordenó que le encerraran podría no saber que ya estaba fuera y luego sería él quien pagaría los platos rotos.

— ¿Quiere decir que ya puedo salir de aquí? ¿Que ya me creéis?

Bookman se giró mirándole de reojo, siguiendo su camino tras decirle una única palabra:

—Vamos.

Dudó un par de segundos, pero al final decidió hacerle caso y seguirle. Durante el camino se tuvo que arreglar un poco la desordenada ropa, pero pronto se dio por vencido, además de que gracias a su capacidad para perderse lo mejor era estar atento al camino y no estar distraído. Quizá de esa forma pudiera ahorrarse futuras orientaciones erróneas al menos de camino a su camarote, aunque por experiencia Allen podía asegurar que tendría unos cuantos extravíos antes de memorizar el recorrido. Pero no debía ser negativo. De todas maneras esperaba que, una vez allí, le respondiera a todas sus dudas. Y fuera la respuesta que fuere, no se daría por vencido: cumpliría su promesa. A pesar de haberla hecho hacía cinco años, no la rompería.

"No me detendré, Mana. Cumpliré mi promesa. Cueste lo que cueste."

~Continuará~

Notas finales: -silbido- ¡Es realmente tarde! Pobre Allen, Kanda como siempre es cruel, pero ya llegará el momento en que sea realmente cruel con el Moyashi...-risita- De nuevo muchas gracias por los reviews, siento ser tan torpe, pero mañana cuando me despierte los responderé (Yey, las sábanas me esperan)

Vuelvo a repetir que no malpenséis las parejas, en especial la relación entre Allen y Lenalee...sólo son dos amigos que se han vuelto a reencontrar, y Allen hace todo lo posible para que sea feliz con una familia, ya que ella tiene de posibilidad. Nada más. Aunque en ocasiones eso no es bueno... -sonrisa- Bueno, si os ha gustado el cap, tenéis alguna ayuda o idea pornosa que vuestras retorcidas mentes ideen con Yullen, podéis hacérmelo saber con un lindo review. ¡Nos vemos! -corre hacia la cama como destino-

¨Nishi¨