¡Hola!

Siento muchísimo la tardanza. Aquí tenéis otro capítulo más de La curiosidad mató al gato. Antes de nada, quiero agradecer a todos los lectores que dejaron un review en el capitulo anterior. Al final del chapter voy a poner unas notas que me gustaría comentar, así que estaría muy agradecida si os tomarais un momentito para leerlas ^^

¡Ah! Antes de nada, me gustaría aclarar las edades de los personajes para que podáis entender mejor el fic

Amu: 14

Ikuto: 19

Disclaimer: Shugo Chara no me pertenece.

Aviso: Casi casi casi lemmon. Si sois sensibles no os recomiendo la lectura de este capítulo XD

Canción elegida: Super massive Black Hole (Muse)

''Oh baby don't you know I suffer? Oh baby can't you hear me moan? Oooh...You set my soul alight´´

Con los curas y los gatos, pocos tratos

(Parte 1)

Las clases de matemáticas se volvían tediosas y aburridas en la escuela Seiyo Elementary.

Otro bostezo involuntario salió de la boca de la muchacha. Con este ya iban trece. La chica intentó concentrarse en la lección que el profesor contaba pero sus ojos se iban cerrando inconscientemente.

''…Y entonces aplicamos la ley de Pitágoras para hallar la hipotenusa del triángulo…''- habló el profesor desde la pizarra. Los demás alumnos atendían con desinterés. Algunos hacían aviones de papel con los apuntes y otros se dedicaban a cuchichear por lo bajo con su compañero de pupitre, intentando que el profesor no les oyera.

Aquel era el último día de escuela. En cuanto acabara la clase – dentro de exactamente siete minutos – empezarían las vacaciones de verano. Un mes y medio para descansar del estrés de los exámenes y olvidarse de tener que levantarse a horas desproporcionadamente tempranas.

Volvió a mirar el reloj. Seis minutos y medio y contando.

Hinamori Amu simplemente se dedicaba a observar a través de la ventana el patio del colegio, esperando a que, de alguna manera, el tiempo pasara más deprisa. Mecánicamente iba tomando alguna nota de lo que decía el profesor, pero realmente su cabeza estaba ocupada por otros pensamientos. Y no precisamente relacionados con las matemáticas.

Su mente estaba invadida por un sentimiento de inquietud, una congoja que atenazaba su alma y que rompía la paz que había en ella. No había podido pegar ojo en toda la noche. ¿La razón?

Definitivamente, por SU culpa.

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Aquella tarde en especial había sido realmente calurosa, una indicadora de que el verano estaba próximo a acercarse. Envuelta en una toalla, abrió la ventana para dejar que el frescor del aire nocturno se colara por la habitación. Con parsimonia, empezó a desenredar su rosado cabello. Aquel clima borrascoso la atontaba de sobremanera. ¿Por qué demonios el aire tenía que ser tan caliente?

Perdida en sus pensamientos, Amu se levantó mecánicamente y la toalla cayó al suelo con un sonoro chof del que Amu ni se percató. Abrió su armario y buscó dentro de los cajones sus prendas interiores. Se colocó la parte de abajo y mientras buscaba por el armario un sujetador se percató de algo:

- ¿Dónde demonios estará aquel brassier negro que tanto me gustaba? Hace meses que no lo veo por el armario. – dijo en voz alta.

Y de repente, sonó una voz detrás de ella:

- ¿Te refieres a este sujetador?

No se giró para ver quien le había respondido.

Ya lo sabía.

Aquel tono de voz, rasgado y sensible combinado con aquel olor tan característico suyo. Podía formar perfectamente una imagen mental de sus ojos malvas y de su cabello azulado cayendo entre mechones rebeldes por su cara.

Amu sintió en las palmas de los pies cómo el suelo vibraba ante los pasos de un hombre con andar felino. Ikuto se acercó lentamente y la abrazo desde atrás, apoyando el pecho en su espalda desnuda.

En ese momento, el corazón de Amu dejo de latir. Sus manos se volvieron dos lastres inútiles colgando de sus brazos y su voz parecía haberse quedado atascada en algún lado de su garganta.

Sentía el calor del pecho del chico, recorriendo toda su espalda y subiendo hasta su cuello y su cabeza, embotando sus sentidos. Una fragancia a sándalo la embriagó. Aquel olor suyo parecía un maldito afrodisiaco para todas que todas sus alteradas hormonas se despertasen.

- No es bueno que las jovencitas vayan por ahí sin sujetador. La gente podría pensar que eres una pervertida. – le susurró por lo bajini al oído, provocando que su corazón latiese a una velocidad terriblemente rápida.

Ikuto, todavía apoyado en la espalda desnuda de Amu y apretando levemente sus caderas contra las de la chica, cogió el brazo inmóvil de la muchacha y lo levantó, posicionándolo verticalmente.

El felino se apoderó de la tira del sujetador y la paso a través de la extremidad hasta colocarla en el hombro de Amu. Repitió el movimiento con el brazo izquierdo, dejando que sus dedos rozaran sutilmente la piel de la muchacha.

Amu se sentía como un títere. Su mente definitivamente había apagado motores y había dejado que su inconsciencia tomara el relevo de su cuerpo. No podía protestar, no podía moverse, no podía apartarse a un lado ni podía taparse el pecho con los brazos.

Pero sobretodo, no podía dejar de sentir corrientes de electricidad cada vez que él la tocaba. Ikuto le acariciaba distraídamente la espalda con los dedos mientras cerraba el broche del sujetador .Era lento, torturadora y sensualmente lento. Notaba como las caderas del felino se apretaban de un modo sugerente a cada movimiento, rozando contra su pelvis en un movimiento extraño de fricción entre ambos cuerpos.

- ¿Quieres que te enseñe cómo llegar al paraíso? – musitó, con la boca pegada a su oído.

Sus labios, aquellos manipuladores y carnosos labios, susurraban gozosas palabras en el oído de la muchacha. Sus manos estaban posicionadas en la base de su cadera, agarrándola y acercándola hacia su propia pelvis.

Amu podía notar como empezaba a notar como algo dentro de los pantalones oscuros del chico empezaba a endurecerse y a crecer…

''Esto no está bien''- pensó la muchacha –'' No soy una de esas mujeres necesitadas de contacto con el género masculino que buscan el revolcón de una noche con el tío de turno. Yo no soy así. ''

La chica intentó zafarse discretamente del agarre del felino. No obstante, el peli azul se tomó su rechazo cómo un reto a continuar.

Era evidente quién de los dos tenía más fuerza. Con una mano agarro los brazos de Amu y los aprisiono, impidiéndoles el movimiento. Con la otra mano sujeto la base de la nuca de la muchacha y la besó con toda la fiereza con la que un hombre podría besar a una mujer.

Ambos chocaron contra la puerta del armario, unidos todavía por un frenético beso. Ikuto había levantado los brazos de Amu y los había apoyado en la pared. La chica ahora adoptaba una posición de invulnerabilidad total, dejando que el cuerpo del joven muchacho la aprisionara contra el armario. Amu forcejeaba, intentando liberarse del agarre de Ikuto, pero cuanto más fuerza hacia, más chocaba su lengua contra la suya y más presión ejercía su mano contra sus brazos...

Ninguno de los dos parecía darse por vencido. Encerrados en un bucle, cuanto más intentaba la chica escaparse, más pasionales y frenéticos eran los movimientos de Ikuto. Al final, ninguno de los dos supo donde empezaba el ataque de uno y donde acababa la respuesta del otro. Los movimientos de Amu para huir empezaron a convertirse en respuestas a las caricias obsesivas de Ikuto, sus bocas chocaban y peleaban en una danza mortal, restregándose la una contra la otra.

La mano de Ikuto abandonó los brazos de Amu para, a continuación, cogerla de las caderas y alzarla hasta su regazo. La chica, instintivamente rodeó con sus piernas la cintura de Ikuto, notando con más intensidad cómo su erección chocaba contra sus muslos desnudos. Ikuto, al sentir en su entrepierna la entrada caliente de la muchacha, no pudo evitar soltar un gemido en la boca de Amu.

Ikuto, ciego de placer, caminó hasta la cama de Amu, tropezándose con un peluche que había por el suelo y haciendo que los dos cayeran sobre el colchón.

Ninguno de los adolescentes se percató de ese hecho.

Sus bocas, sus manos y sus caderas, llevaban un movimiento arrítmico, chocando unas con otras, sin llegar a encajar bien del todo. Sus lenguas, hinchadas y húmedas, danzaban de boca a boca, enroscándose entre ellas y disfrutando del tacto rugoso que poseían. Los dedos de Ikuto estaban enroscados en la nuca de la chica, moviendo su cabeza para profundizar en beso. La otra mano vagaba por la espalda desnuda de la peli rosa, restregándose bruscamente de arriba abajo.

Debido a su incómoda posición (él encima de ella), Ikuto apoyó las palmas de sus manos sobre el colchón y levantó el tronco superior de su cuerpo, rompiendo el fogoso beso que ambos compartían. La chica, sorprendida y enfadada, agarró a Ikuto por la nuca y arqueó la espalda hacia él, aplastando sus pechos y sus caderas contra su cuerpo.

Sus pelvis entonces, comenzaron un extraño movimiento de fricción la una contra la otra. De una forma casi indecorosa, las manos de Amu acariciaban el terso estomago del chico, levantándole la camiseta. Sus dedos, extrañamente expertos teniendo en cuenta la situación, se fueron colando poco a poco por debajo de los pantalones del felino, empezando a notar el comienzo del vello púbico. La excitación de Ikuto empezó a crecer más y más por momentos, ahogando en la boca del chico un rudo gemido.

- Si… sigues por ese camino... – le advirtió Ikuto, loco de placer, con la boca pegada al hueco de su garganta - … Acabarás encontrándote con mi ''pequeño gran secreto'' en todo su esplendor, cielo. –

- Si por pequeño secreto te refieres a tu manía de entrar en habitaciones ajenas con ropa interior que no es tuya, debo decirte que llegas un poquito tarde. – respondió Amu mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja.

Ikuto le dirigió una sonrisa socarrona a Amu y acto seguido pasó su escurridiza lengua por toda la garganta de la chica, recorriendo de un lengüetazo desde la base hasta la mandíbula. Amu se estremeció y soltó un incontrolable gemido.

- No, no me refería precisamente a ese tipo de secreto.

Ikuto entonces levantó sin piedad el sujetador de Amu hasta dejar su pecho al descubierto. Su cabeza instintivamente se desplazo hasta esos pequeños montículos y los saboreó con la boca mientras su mano se deslizaba por debajo de las bragas de la muchacha.

La chica arqueó la espalda en una oleada de placer. Ikuto siguió jugueteando con su lengua pasándola entre los pechos de Amu. Con la mano restante, acariciaba el otro seno, apretándolo y abarcándolo con la palma de la mano totalmente abierta. En algunos momentos giraba la cabeza para cambiar la intensidad con la que chupaba los pezones sonrojados de la chica. A veces abría la boca y succionaba suavemente toda la aureola. Otras, su lengua rugosa trazaba círculos entre el pezón erecto de la muchacha.

Amu se revolvía debajo del cuerpo del felino, agarrando todo lo que tenía a mano. Cada vez que Ikuto aumentaba la intensidad de sus besos, ella soltaba un gemido y arqueaba la cadera hacia arriba, haciendo que la mano que el chico tenia puesta en su entrada, se moviera y rozara sus genitales, aumentando el placer.

Ikuto volvió a besar a la muchacha mientras su mano se deslizaba hacia los pliegues de su interior. Sus largos dedos recorrían de arriba abajo la zona privada de la chica, mojándose de su humedad. Con dos dedos apartó los pliegues de sus labios mayores mientras que un tercer dedo se posicionaba en la cavidad de la muchacha.

Cuando Ikuto introdujo aquel húmedo dedo anular dentro de ella, Amu espiró un prolongado gemido que murió en la boca de Ikuto. Después de ese, otros muchos más vinieron.

- Ahh…Ikut...Ahh – gemía Amu con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente echada hacia atrás.

-¿Te duele?

'' ¿Doler? No, pero podría morir de placer ´´ -pensó la muchacha

- No. Ahí, sigue. Por favor, no pares.

Ikuto aumento la pasión de sus besos, besándola con más fiereza que nunca, hasta el punto de llegar a hacerle daño. Sus manos apretaron sus muslos y sus pechos, imbuyendo fervor a su cuerpo. Su mano derecha acariciaba frenéticamente la entrada de la chica, introduciendo los dedos hasta lo más hondo de su cavidad.

Amu soltó otro gemido más y echó su cabeza hacia atrás, mientras todo su cuerpo parecía estallar repetidamente de placer. Sus gritos se volvieron más escandalosos y su cuerpo se empezó a tensar.

Ikuto aprovecho para atrapar con su boca el pecho de la muchacha y devorarlo con ferocidad. En el momento del orgasmo, Amu agarró la cabeza de Ikuto y la presiono contra sus pechos, mientras que todo su cuerpo se convulsionaba violentamente.

Y justo cuando su vista se nubló y su cuerpo alcanzó el máximo estadio del placer, se despertó. En su cama. Con su pijama, y sin rastro de Ikuto por los alrededores.

Al abrir los ojos, le costó enfocar la vista y dirigirla hacia algún punto de su techo. Respiraba violentamente y notaba calor en el estomago. Toda su piel estaba empapada de sudor y su pelo estaba pegado a su cara.

Se levantó de la cama, todavía sin poder creérselo. ¿Había sido todo un sueño? ¿Un puñetero y maldito sueño? No, no, no. Imposible. Aquello había sido demasiado real. Pero era evidente que Ikuto no estaba y que ella estaba vestida con su pijama de ovejitas, como siempre.

'' ¿He soñado con Ikuto? No, espera… ¿He tenido sueños eróticos con Ikuto?´´

Por lo mojadas que estaban sus bragas, Amu confirmo la respuesta. La chica se levantó y fue al lavabo a lavarse la cara y a quitarse el sudor del cuerpo.

''Acabo de tener el primer sueño erótico de mi vida, y ha sido con el pervertido de Ikuto. Oh dios mío, soy lo peor, ¡soy como él!´

Pero internamente, Amu se había sentido muy decepcionada cuando al despertar se había dado cuenta de que todo había sido un producto de su imaginación. Su cuerpo parecía recordar todavía como la lengua ávida de Ikuto recorría su piel. Al rememorarlo, los músculos de la chica se volvieron a tensar, confirmando lo evidente: Amu deseaba a Ikuto

''No, no, no. No puedo desear a Ikuto, cielo santo, ¡tiene cinco años más que yo! No soy una pervertida. ´´

'' Pero has soñado con él, y los sueños son la representación de los deseos inconscientes de la mente, por tanto, en el fondo sí que te quieres acostar con él´´ -pensó su parte más irracional y pervertida.

''¡No!''

''Sep''

'' Vale, puede que sí. Pero no es culpa mía soñar así con él ¿sabes? Yo no controlo lo que sueño. ''

'' No des escusas. Reconoce que gusta, que tienes un fetiche oculto con sus ojos y que te encantan sus perversiones''

'' ¿Qué? ¡No me gustan sus perversiones!''

'' Acepta la evidencia o acabaras volviéndote una loca desquiciada''

'' Estoy discutiendo conmigo misma, creo que ya estoy loca''

''Si, loca por él''

- ¡Agh! ¡Calla ya! –gritó, aunque fuera a su reflejo en el espejo.

Amu se sentó en el suelo y se agarró las piernas entre sus brazos. Sentía un cumulo de sensaciones extrañas de identificar: vergüenza, desilusión, tristeza y sobre todo; deseo.

Una parte de su mente todavía recordaba las sensaciones que recorrían su cuerpo cada vez que Ikuto la besaba.

Hasta la llegada del amanecer, Amu siguió rememorando su sueño.

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-… Y por último, calculamos el coseno del ángulo para hallar el lado del triángulo.- Terminó diciendo el profesor.

Medio minuto y contando para que la última clase acabara. Amu empezó a recoger su cuaderno y todos los papeles de encima de su escritorio y los metió en la cartera. Cuando la campana sonó, los alumnos contentos de que su última clase antes del verano hubiera terminado, salieron pitando del aula.

Amu salió también del aula, más perdida en sus pensamientos que de costumbre. Por su mente no dejaban de aparecer una y otra vez escenas vividas con el felino. Por mucho que tratara de quitárselo de la cabeza este volvía y volvía a sus pensamientos con más fuerza que la anterior. Aquello definitivamente no podía ser sano. Iba a acabar obsesionada con el chico.

Y cómo arte del cielo, Amu escuchó un fragmento de la conversación que tenían unas alumnas de primero que pasaban por su lado:

- …Y era increíblemente guapo, tía. Era el chico más sexy que he visto en la vida, con aquellos ojos azules y ese pelo sedoso, ¡no parecía japonés!-

- ¿Ah sí? ¿No será un modelo verdad? Me muero de ganas de verlo-

- Ven, está en la entrada del colegio, vamos a avisar a Asumi…-

Amu abrió los ojos con incredulidad. ¿Era Ikuto del cual aquellas niñas estaban hablando? Parecía imposible que se encontrara allí, en el colegio, a escasos metros de donde ella se encontraba. Imágenes de su sueño se colaban en su mente: La lengua de Ikuto contra la suya, sus manos tocando su cuerpo, su boca lamiendo su cuerpo…

'' ¡No, no, no, otra vez este tipo de pensamientos con él no!''

Pero era demasiado tarde. Una corriente de calor subió por el cuerpo de Amu, secó su boca y encendió el latido de su corazón. Imaginó la sonrisa lasciva de Ikuto enmarcándole la cara y sus bribones ojos mirándola, desnudándola mentalmente…

''Basta. ´´

No obstante, un sentimiento de inquietud se había apoderado de ella. Solo de imaginar que podía ver el rostro de Ikuto, real y autentico, no solo un recuerdo que su mente elaboraba (por muy precisa que su mente fuera en recordar cada uno de los detalles de su anatomía), la llenaba de alegría.

Corrió, corrió hasta que sus músculos ardieron y sus venas bombeaban ácido de batería, y luego…siguió corriendo. Sólo hasta que no apareció su silueta delineada por la luz solar, no creyó que se tratase de él.

Su cuerpo, esbelto y alto, estaba apoyado contra la pared exterior de la entrada, con las manos metidas en los bolsillos en una pose de indiferencia. Su ropa daba la sensación de que era una persona importante, un famoso o algo por el estilo. Unos pantalones vaqueros no demasiado ajustados, una camiseta negra que se ceñía a su flexible complexión y unas gafas de sol que le daban el aspecto de una superestrella del rock.

Amu no lo hubiera identificado si no fuera por aquel cabello azulado cayéndole a ambos lados de la cara, rebelde, y despuntando hacia fuera en algunos tramos. Detrás de las gafas también podía adivinar unos ojos azules tan intensos como el cielo que ningún cristal tintado podría nunca tapar.

Allí, tan lejos, Ikuto parecía otra persona. Con aquella expresión impasible que le daba un aura de misterio y erotismo. ¿Sería ella la única que veía a Ikuto de aquella manera?

Amu entonces se percató de que se habían formado varios corros de muchachas alrededor de la puerta del colegio. Todas estaban cuchicheando, mirando a Ikuto y riéndose entre ellas.

No, desde luego Ikuto era un fenómeno para las feromonas de cualquier muchacha, incluyéndose a sí misma.

La pelirosa quería acercarse a él, saludarle y preguntarle a quien estaba esperando en la entrada del instituto, pero una fuerza mayor le impedía moverse del lugar en el que estaba plantada. A pesar de que Ikuto todavía no se había percatado de su presencia, el cuerpo de Amu simplemente no parecía contestar a sus pensamientos.

En ese momento, una de las chicas que estaba en un corro, una despampanante belleza rubia, segura y confiada de sí misma, se acercó hacia Ikuto acompañado de sus dos amigas, que caminaban un paso por detrás de ella. La chica se posó delante de él y le mandó una coqueta postura mientras le saludaba.

Amu no podía adivinar que es lo que aquella muchacha le estaba diciendo a Ikuto porque no estaba lo suficientemente cerca para escucharles. Solo podía ver la sonrisa de Ikuto respondiendo a la llamada de la chica y como aquella belleza rubia intentaba descaradamente coquetear con él.

Un solo pensamiento pasó por su cabeza antes de que su cuerpo empezara a andar hacia Ikuto:

'' Mírame''

Desde cortos pasos, sus piernas empezaron a correr hacía Ikuto. Lo veía cada vez más cerca y no podía evitar que tenues lágrimas se escaparan de sus ojos ámbar. A pocos pasos de alcanzarle, Ikuto se giró y la miro.

Y en ese instante, el mundo pareció girar al sentido contrario.

Su mente no había podido plasmar con suficiente exactitud el tono exacto de su piel, ni la curvatura de sus labios, el arco de la nariz o la profundidad de sus hoyuelos cuando sonreía. Su mente ni se acercaba a esos pequeños detalles.

Sólo la miro durante un instante, con la sonrisa congelada en la cara. Ikuto no tenia rasgos perfectos, ni las proporciones áureas entre ceja y ceja, pero definitivamente había algo ahí, en la forma de mirar, de hablar y de caminar, que resultaba exquisitamente tentador.

Amu estaba parada, paralizada, a escasos pasos de él. La chica rubia con la que hablaba la miró, como quien mira una escultura calificándola de hermosa o espantosa. Ikuto interrumpió la conversación que llevaba con la belleza rubia para acercarse a ella.

Paso por paso Ikuto se iba acercando. Amu podía empezar a sentir como sus manos temblaban trémulas de la excitación. Un olor a sándalo la invadió, y a su mente llegaron mil escenas de su sueño erótico con Ikuto.

(Ikuto abrochándole el sujetador)

- Hola Amu

(Ikuto besándola con pasión)

-H...Hola

(Ikuto acariciando su espalda)

- Venía a buscarte

(Ikuto presionando sus brazos)

-¿P...Para qué?

(Ikuto subiéndole la camiseta y quitándole el sujetador)

- Utau me regalo dos pases para el festival de verano de esta noche. ¿Te apetece?

(Ikuto lamiéndole un pecho)

- Eh...Y…Yo...

(Ikuto deslizando sus dedos dentro de su cavidad)

- ¿Huh? Estas roja, Amu. ¿Te encuentras bien?

(Ikuto utilizando su lengua por todo su cuerpo)

- ¿Eh? ¿Qué decías?

- Tengo pases para el festival de verano ¿vienes conmigo o no?-contestó el chico, un poco enfadado por el atontamiento de la muchacha- Si no quieres, no pasa nada, puedo invitar a otra persona.

En ese momento la belleza rubia dio un paso al frente y carraspeó con descaro. Amu la miró e instintivamente agarró el brazo de Ikuto. Sorprendida por su acción no pudo más que mirar al suelo y seguir caminando, obligando al peliazul a seguirla y dejando a una muchacha rubia y a sus dos amigas con cara de sorprendidas.

El calor del brazo de Ikuto pasaba cómo una corriente a través de las palmas de Amu. Sentía como se le erizaban todos los pelos del brazo.

Ikuto no dijo ni una palabra hasta que llegaron a un lugar con algo de intimidad, el único movimiento que hizo fue dejar libre su brazo y coger en su lugar la mano de Amu. Ante la sorpresa del felino, la chica no solo no aparto su mano sino que se la agarró con gusto, entrelazando sus dedos con los suyos.

Cuando llegaron al parque de Morimochiya los dos se pararon y dejaron de agarrarse la mano. Se quedaron un instante callados, sin saber bien que decir hasta que Ikuto tomó la iniciativa:

- ¿Entonces me acompañas o no?

Extrañando el contacto con el muchacho, Amu decidió ser valiente y mirarle a los ojos. Ikuto parecía el mismo de siempre, no había duda al rechazo ni dobles intenciones en su mirada. Simplemente tenía el ceño un poco mas fruncido de lo habitual, expectante por la respuesta de la pelirosa.

Amu no obstante quedo una vez más atrapada en océano de sus ojos y un solo recuerdo más de aquel sueño le vino a la memoria:

('' ¿Quieres que te enseñe cómo llegar al paraíso?'')

No dudo ni un instante.

- Si. De acuerdo.

Y aunque no movió ni un ápice la boca, la sonrisa de Ikuto llego hasta sus ojos.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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Bieeeeen.

Ya se que he tardado muchísimo en escribir este capítulo. Lo siento. Hasta hace unas semanas he tenido exámenes finales en el instituto y han sido realmente aterradores.

El próximo capítulo seguramente tratará de la visita al festival de verano. Muajajaja, ya veréis, ya.

Bueno, he de decir que este es el primer intento de casi lemmon que hago. A mí personalmente me ha gustado bastante, pero me encantaría oir vuestras opiniones.

A continuación varios temas importantes de los que quiero hablar (ordenados de más importantes a menos importantes xD)

1.- He creado una comunidad de fanfics de temática Amuto. El enlace esta en mi profile. Hace tiempo añadí varias historias con el consentimiento de sus respectivas autoras. Si alguno de vosotros quiere que su fic Amuto sea publicado allí o bien queréis recomendar alguno, mandadme un review o un mensaje privado a mi cuenta. Entre todos podremos conseguir el mejor catalogo de fanfics Amuto en español (weeee)

2.- Recientemente hice de beta para una historia y prometí que daría crédito a su autora. La historia se llama ''Mi pájaro enjaulado'' y es de Kira-Tsukiyomi. Echadle un ojo si tenéis tiempo

3.- He decidido finalmente cuantos capítulos le queda a este fic. Quiero que sean un total de 7 más puede que algún anexo especial. Eso quiere decir que quedarían 3 capítulos más para que acabe la historia.

4.- Estoy barajándome la posibilidad de, una vez acabado este fic, empezar otro Amuto. Tengo pensadas varias historias, pero dependen muchos factores para que las ideas lleguen a prosperar. Todas los fics que barajo se dan en un universo alternativo (UA) por lo que quiere decir que no se darán en el mundo creado en la serie. También tengo ilusión en hacer algún fic dedicado a Kukai (en serio, después de Ikuto, es el chico mas sexy de Shugo Chara)

Creo que eso es todo de momento. Me despido de todos vosotros hasta que comience el próximo capítulo, que sinceramente, no se cuando empezare. Hasta entonces os prometo que estare surfeando la red, dejando reviews a autores de fic y animando a todo el mundo a escribir.

Finalmente: ¡A Ikuto sólo le queda una prenda para quitarse y esta deseoso de restregarse por todo tu cuerpo y hacerte XXXXX y XXXXXX (O.O)! Pero, ¡hey! ¿Qué es eso? Parece que los demás chicos también quieren algo de diversión. ¿Quién mas quieres que se una a tu orgía improvisada? ¿El bueno de Tadase? ¿El bombón de Kukai? ¿El inteligente Kairi? ¡¡Vota por ellos!!