Capítulo 4: 'Fiesta en Netherfield'

Su hermano rápidamente se recuperó y al día siguiente ya estaba en La Madriguera. Por supuesto su llegada causó alboroto en la casa por las preguntas que le lanzaba su madre y porque Ron trajo la noticia que habría un baile en Netherfield. Lo que aumentaba aún más el movimiento de la señora Weasley en la casa, además de las preguntas que le hacía a sus hijos que si tenían la ropa adecuada y… Ni hablar de Ginny.

La pelirroja ayudaba en lo que podía en las mañanas en la cocina o les daba alimentos a los animales en los corrales antes de escaparse al fondo del terreno, junto a su árbol para leer. Ya había leído varias veces aquellos desgastados puños de hojas amarillentas, pero no se cansaba de hacerlo. Ejercitar la mente le hacía bien. Ya que no pintaba, ni tocaba el piano, ni bordaba, ni tejía, ni hacía algo que la entretuviera como a la mayoría de las mujeres de su época; ella sólo se dedicaba a leer y de vez en cuando cantaba porque le gustaba… Según su familia tenía una voz privilegiada y les gustaba que los deleitara en la hora posterior a la cena con una melodía, pero nunca aceptó las lecciones con un profesor de canto que su madre le proponía cuando pequeña. Implicaba ir a Londres, es decir, gastar lo casi nada de dinero que su familia tenía y no sería tan egoísta para usar los recursos de su familia en lecciones de canto. Prefería vivir en el campo humildemente sin desarrollar ninguna habilidad artística y estar con su familia.

-Tu madre está revisando tu armario – dijo una voz afable y bajó el libro sonriendo para ver a su padre.

-Temo que dirá que mis vestidos no son apropiados para ir al baile y mandará a comprar tela para hacerme uno. ¿No es así?

-Es por eso que vine a decirte que el caballo está ensillado, así en la tarde podrás ir y compres algo que te guste, no que a tu madre le guste – respondió el hombre viendo que su hija ya tenía muy clara la situación.

-Gracias. Si no le importa, pasaré donde Luna a pedirle si desea acompañarme.

-No hay problema.

Miró el semblante de su padre y detrás de sus gafas de medialuna comprobó que algo más quería decirle. No era nada urgente ni grave, ya que su sonrisa conciliadora y postura calmada era como siempre, a excepción que estuviera enojado o ansioso.

-A la cena llegara tu prima Lily…

-¿En serio? – preguntó frunciendo el ceño. Era raro que su prima de la capital viniera tan repentinamente. En general sus tíos venían en verano y avisaban con un mes de anticipación - ¿Le dijiste a mamá para preparar los cuartos para los tíos? Lily dormirá conmigo, por supuesto.

-Sólo tu prima vendrá.

-¿Sólo ella?... ¿Por qué?

-Digamos que tus tíos quisieron que tomará aire fresco del campo y creen que es bueno que despeje su mente para pensar con claridad.

-Quieren que se aleje un rato de Londres para que los malos comentarios desaparezcan y esperan que forzándola a venir al campo se comporte como una señorita de sociedad. Y puede que hasta ya estén buscando un pretendiente y arreglarle un matrimonio – tradujo las palabras de su padre sin mucho esfuerzo.

Luego de intercambiar unas palabras con su padre, la muchacha vio como se retiraba con un caminar pausado y lento a la casa. Pensaba en su pobre prima Lily. El hermano de su padre había tenido cuatro hijas, la menor y la última era Lily. Como vivían en Londres, al cumplir los quince años, la hija mayor fue avivada a entrar en los asuntos sociales. Salía a cenar donde respetables familias, iba a la ópera y hasta era invitada fines de semana enteros por familias muy enriquecidas a sus casas de campo. Las otras tres hermanas no podían salir fuera de casa. Estaban presentes en las cenas que hacían sus padres, pero no se les permitía mantener mucho contacto con los invitados. Eran rezagadas a un rincón, sólo para que estuvieran presentes y no se viera mal, y conversaban entre ellas.

¡Cómo odiaba los protocolos de la sociedad! Si había un hijo hombre en la familia, y era el primogénito, el hermano o hermana que le seguía en edad podía llevar vida social; y los hermanos hombres también, pero si también habían más hermanas y eran menores que la que le seguía en edad al varón, debían ser alejadas del escarnio público y mostrarlas en sociedad hasta que el hermano mayor se casase, la hermana mayor casase y así.

Algo así sucedía con Lily. Su hermana mayor había contraído nupcias hacia tres años atrás, por lo que la segunda hermana ya podía salir a dar paseos y regocijarse en cenas elegantes con las familias de mejor renombre en Londres. Y esto fastidiaba hasta la médula a su prima. Muchas veces en las cenas que sus padres ofrecían en casa, se acercaba a conversar con las esposas de duques y con las condesas. Coqueteaba con los hombres jóvenes con precaución para no causar revuelo entre la gente, incluido sus padres, pero con efectividad logrando gran cantidad de pretendientes. Al cumplir los catorce años se escapaba de su cómoda mansión para ir a la ópera en compañía de sus pretendientes y los hijos de los marqueses, para después recibir abofeteadas de su madre y ver cómo su padre trataba de calmar los murmullos que hacían sus conocidos porque la hija menor de Weasley llevaba una vida social activa cuando sólo una de las tres hermanas mayores estaba casada.

Ginny estaba muy agradecida que vivieran en el campo y que su padre aborreciera de igual forma que ella los protocolos sociales de ese tipo. Permitió que sus hijos siempre estuvieran en sus cenas con amigos, fueran a los bailes ofrecidos y con cada hijo cuando cumplía quince años lo dejaba salir a cenas sin ellos, los padres, y tener un círculo de amigos, vida social. Con ella no fue la excepción. Pero estaba al tanto de los ataques de cólera que le daba cada vez que venía un hombre a pedirle la mano de Ginevra; lo que no era pocos, en general venían diez por año. Él le había inculcado la idea del amor, del estar con otra persona por amor; y así entre los primeros libros que le regaló que trataban de epopeyas románticas y otros libros de filosofía, ella aspiraba a juntarse para siempre y optar por el amor. Quería casarse y tener hijos, quería amar y sentirse amada.

OoOoO

Luna se mostró feliz de acompañarla a comprar un vestido. Se lamentó que no hubiera aprovechado de comprar tela como habían hecho la semana pasada, pero estaba segura que encontrarían un vestido decente para el baile. Ginny no quiso decirle que estaba contenta porque no tendría que darse el aburrido trabajo de confeccionar, coser y arreglar el vestido a partir de la tela.

La única tienda donde vendían vestidos y ropas elegantes se encontraba llena de gente. Era algo extraño, ya que en general sólo para una ocasión muy importante se compraba allí, y eso que las familias con dinero preferían ir a Londres a comprar lujosas telas en vez de los vestidos y telas pasadas de moda del pueblo.

-Muchos no pierden la esperanza de ir al baile en Netherfield. Ya sean campesinos o simples comerciantes… - le dijo Luna con alegría mientras Ginny veía un grupo de niñas, hijas de agricultores o comerciantes, riéndose estruendosamente y haciendo morisquetas propias de las niñas jóvenes.

-O quizás obligaron a sus padres a comprarles un vestido rezando para que uno de los soldados las inviten.

-No suenas muy alegre, amiga mía.

-Sabes que me gustan los bailes, pero ir a meterme en la boca del lobo no es nada idílico – contestó preparándose para entrar en el tumulto de mujeres, ancianas y jóvenes, mujeres maduras y hasta niñas, que se peleaban para que los tres vendedores detrás del mesón las atendieran – Allá voy.

-Te esperaré por aquí… Lejos del maremoto femenino – dijo cerca de los maniquíes, en una esquina bastante apartada del mesón de ventas.

Después de una larga hora, pudo salir de la tienda con un vestido en mano. Ya quedaba muy pocos y no era uno muy espectacular, pero sí era sencillo y decente. Quizás debería aplicar un hilo y aguja para perfeccionarlo.

Mientras caminaban por la calle hasta el coche a Ginny se le vino a la mente la imagen de su amiga en un precioso vestido verde.

-¿Has terminado tu vestido? – le preguntó a Luna.

-Sí, pero… ¡Oh, Ginny, no sé si a Neville le gustará!

-Le debería gustar la doncella que lleva el vestido, no el vestido que lleva la doncella – dijo enternecida por los nervios de su amiga – Te verás hermosa. Estoy segura. Serás el foco de la fiesta y le agriarás la velada a la señorita Parkinson.

-Me pregunto si su hermanastra le tiene cariño.

-Es su hermanastra, supongo que cariño debe tenerle, pero amor no… ¡Es el mismísimo demonio! – Estaba más que aclarado que odiaba a esa mujer que se esforzaba en humillarla con sus miradas y palabras llenas de veneno. No había pasado por alto sus comentarios maliciosos ni sus risitas burlescas – Y trata de llamar la atención del señor Malfoy de forma estúpida. Parece un perro faldero.

-¿Qué dirían sus padres si la escuchan hablar de esa manera? – preguntó una voz a sus espaldas.

Ambas jóvenes se dieron media vuelta sorprendidas por aquella voz masculina y se encontraron con el oficial Oliver Wood. Estaba vestido de la misma forma con que Ginny lo había conocido: El uniforme, de chaqueta roja, bombachos blancos, botas negras y un sin fin de medallas, de Gran Bretaña.

-Tengo seis hermanos hombres, por lo que es bastante común que me refiera de esa manera a mujeres inescrupulosas que me arruinan el carácter – respondió sonriéndole.

-Sí, seis hermanos hombres. Dos de ellos están casados y ya no viven aquí. Dos gemelos y otro, quienes se llevan muy bien contigo… Además de ser muy protectores con la hermana da la familia, señorita Weasley.

-Me impresiona que haya averiguado de mí. ¿Sabe más información?

-Sí, mas hay siempre partes confidenciales y se las podría revelar con el tiempo – dijo guiñándole el ojo y miró a Luna, cambiando su tono de voz picaresco, a uno educado, pero aún con mucha simpatía – Buenos días, señorita. Un gusto conocer a la amiga de la señorita Weasley.

-El gusto es mío. Me llamo Luna Lovegood, señor Wood – Él le besó el dorso de la mano con rapidez.

-¡La hija del dueño del periódico local!

-La misma. Es alguien muy influyente… Así que yo en su lugar revelaría aquella información confidencial – intervino la pelirroja causando las risas de Luna y Oliver Wood.

Oliver se ofreció a acompañarlas en el trayecto que les quedaba hasta el coche. El hecho que Luna estuviera allí hacía que él no fuera tan atrevido con Ginny y no le lanzara una de sus frases encantadoras, pero aún así miraba a Ginny de una forma romántica y le hacía comentarios para lograr que dijera alguna broma.

Un pequeño grupo de gente en la plaza empezó a hacer escándalo y de a poco los pueblerinos que andaban en las veredas más alejadas cuchicheaban entusiasmados. Ginny frunció el ceño confundida y la única respuesta que recibió fue el dedo índice de Luna señalando un punto específico en la plaza.

El señor Malfoy, Hermione y la señorita Parkinson se hacían paso entre la gente caminando en dirección a ellos. Con ellos iba un sirviente. A medida que se acercaban, pudo ver como el semblante de Hermione era algo nervioso por el cuchicheo de los pueblerinos, pero sonreía saludando a casi todos los que pasaban por su lado. La señorita Parkinson fruncía los labios enojada y se abanicaba con prisa, como si quisiera que el bochorno de estar caminando en un asqueroso pueblo como ése se pasara al instante.

-Draco Malfoy – dijo Oliver Wood casi en un susurro y la pelirroja lo escuchó.

-¿Lo conoces? – inquirió notando que adquiría un color grisáceo en las mejillas y que movía las manos intranquilo.

-¡Ginny! – Hermione apresuró el pasó y abrazó con alegría a la muchacha - ¡Qué gusto encontrarla aquí!

-Lo mismo digo – asintió ella.

-Buenas tardes, señorita Lovegood – dijo saludando a Luna y ambas sonrieron.

-Buenas tardes – saludó la señorita Parkinson con asco y ocultó una sonrisa burlona detrás de su abanico por la apariencia de Ginny.

-Oh, él es el oficial Oliver Wood… Ella es la señorita Granger, ésta es su hermanastra, la señorita Parkinson y… Su amigo, el señor Malfoy – Los presentó y Oliver hizo una rápida inclinación a las señoritas, pero con Malfoy fue diferente.

Los ojos grises y los negros se encontraron y se podría decir que el aire se congeló. Ginny vio como una gota de sudor bien disimulada caía cerca del oído de Oliver y que apretaba los puños aguantando presentar alguna reacción. Hizo una reverencia, al igual que el señor Malfoy, y seguramente sólo a modo de seguir las normas de cordialidad. Pero lo que realmente le sorprendió a la pelirroja fue el señor Malfoy.

Nunca había visto la intensidad que podía llegar a tener su mirada ni la impresión que daba su boca tan seria, casi sólo una fina línea, con los labios apretados. Los músculos de su cara se tensaron y tenía la idea que en cualquier momento se le lanzaría encima a darle una paliza a Oliver, pero nunca ocurrió. Terminaron la inclinación y se irguieron sin decir ninguna palabra.

-… sólo vinimos a comprar unas cintas para mi vestido – dijo Hermione a Luna, aunque notó que Ginny miraba fijamente desde hace algunos segundos al rubio - ¿Y ustedes?

-Venía con la esperanza de encontrar un vestido – Ginny alzó un poco el paquete que traía en sus brazos.

-Se verá espectacular. Si quiere podrían ir antes a la mansión y allí nos preparamos las tres… cuatro – corrigió observando a su hermanastra.

-Déjalas tranquilas, Hermione. No podemos darles trato preferencial. Estoy segura que la señorita Lovegood querrá llegar con su padre y la señorita Weasley rodeada de su comitiva familiar – replicó cansada de aquella aburrida conversación - ¿Draco, vamos a ver lo que tienen las tiendas? No quiero seguir parada sin hacer nada – agregó lanzándole una no muy disimulada mirada a Ginny.

-Lo mismo digo.

Sabía que era un hombre despreciable, que se burlaba de sus orígenes humildes y de Ottery St. Catchpole. Era un hombre de ciudad, adecuado a vivir entre lujos y personas que tuvieran su mismo estándar social; pero… Ginny sintió una punzada de tristeza al oír decir eso. "Lo mismo digo". ¡Concordaba con la señorita Parkinson! Bueno, no tenía en qué importarle. Lo odiaba, lo repudiaba. El señor Malfoy no hacía más que reírse de ella y seguramente quería dar una vuelta del brazo con su perrito faldero, escuchando una mundana conversación sobre los nuevos estampados franceses. No le importaba. No le importaba en lo más mínimo… ¿No le importaba?

Aquella punzada de tristeza se fue radicalmente al ver la mirada de profundo odio y, quizás fuera una visión suya, pero también de dolor que le lanzaba. Mientras la señorita Parkinson se disculpaba por irse y tomaba el brazo del rubio, él le trataba de decir algo con la mirada. ¿Qué se sentía traicionado? No, debía estar loca. Eso era prácticamente imposible. Cerró los ojos y cuando los abrió comprobó que ya se había ido, ya debía estar unos metros a su espalda caminando con Pansy Parkinson.

-Mejor iré con ellos. La tarde se me escapara y no alcanzaré a comprar lo que quiero – dijo Hermione – Saludos a sus familias y en especial a Ron.

-Se los daré personalmente – dijo Ginny aguantando las ganas de molestar a Hermione porque le gustaba su hermano – Me alegra mucho haber la visto antes del baile.

-Un placer conocerlo, oficial. Ya sabe por mi parte que está invitado cordialmente al baile que se realiza en nuestra mansión.

-Muchas gracias, señorita.

-Nos vemos, Ginny – Le dio un cariñoso abrazo a la pelirroja y con un gesto se despidió de Luna antes de seguir su camino, con el sirviente detrás.

El poco trecho que les quedaba hasta el coche fue hecho en completo silencio. Luna entró despidiéndose de Oliver al coche y Ginny le sonrió antes de entrar, pero él la detuvo tomándole el brazo. Enseguida lo apartó avergonzado y la muchacha le dijo a Luna que esperara un poco. Cerró la puerta con cuidado y siguió a Oliver, quien rodeaba el coche.

-¿Qué ocurre? – preguntó preocupada. Oliver no lucía parea nada bien - ¿Por qué conocía al señor Malfoy?

-Él… Él es la peor clase de persona que puede existir en el mundo – dijo gravemente y se comenzó a pasear nervioso – Me arruinó la vida. Él… él…

-¿Qué le hizo?

-Mi padre trabajaba en su mansión. Era el encargado de la capilla y hasta oficiaba de jardinero la mayoría de los años que entregó de su vida para los Malfoy. Desde niño le caía muy bien a Lucius Malfoy, que en paz descanse, el padre de Draco Malfoy. Por ser el hijo de su más fiel y amable empleado me trataba muy bien, me enseñó leer y hasta me regaló un caballo – explicó con la voz quebrada y con las manos sudorosas – Mi padre murió cuando era un niño y allí el señor Malfoy asumió un rol muy paternal conmigo… Y antes de fallecer me dejó la capilla, un pequeño trozo de tierras y una gran herencia. Por supuesto que esto no le hizo ninguna gracia a Draco Malfoy. Su padre parecía tener más avenencia conmigo que con él, su hijo de sangre y el primogénito.

-No me diga que él trató de vengarse o algo por el estilo – Agradeció estar apoyada en la parte trasera del coche, porque si no se hubiera caído. Presentía que la respuesta sería una afirmativa y que tendría que afirmarse.

-Así fue. Pocos días después que su padre falleciera me quitó todo. Se quedó con el dinero, con las tierras y me sacó como si fuera un delincuente de su hogar… Terminé casi como indigente vagando por cualquier lugar y si no hubiera sido por la caridad de la gente solidaria y de buen corazón hubiera muerto en la calle – Miró a Ginny y ella prefirió optar por quedarse callada para que prosiguiera – Oí que el ejército llamaba a reclutarse a cualquier joven entre los quince y dieciocho años. Acudí y con mucho esfuerzo alcancé el rango de oficial.

Se acercó a ella y quiso tomarla por los hombros, pero se abstuvo simplemente a mirarla intensamente.

-Por favor, cuídese mucho de él. No me gustaría que le hiciera nada malo.

-Desde que lo conocí jamás le tuve simpatía, pero jamás me hubiese imaginado que tuviera un pasado tan oscuro. Es cruel y rencoroso – dijo sorprendida y era verdad. Era una persona despreciable, mas no podía ser cruel y desgraciado, como lo decía Oliver – Gracias por la advertencia.

-De nada, señorita Weasley – Le besó el dorso de la mano – Será una buena idea que entre al coche y no haga esperar más a su amiga.

Se despidieron y entró al coche. Luna la miraba inquisitiva, pero entendió que no quería hablar sobre lo que había pasado con Oliver. Aún no encontraba palabras para poder expresar lo que sentía. ¿Por qué tenía tantas ganas de llorar? Apoyó su cabeza en la ventana y miró como los edificios se cambiaban por grandes arboledas y colinas que invitaban a pasear en ellas. Tenía su imagen en la cabeza sin darle tregua. Cerró los ojos para evitar llorar y tratar que él se alejara, pero seguía persistente. Su cara blanca, su cuerpo perfecto, sus ojos grises clavados en ella mirándola con odio y dolor. Draco Malfoy la rondaba y sólo con pensarlo su corazón latía más rápido, pero las ganas de llorar volvían.

OoOoO

Aquella noche se llevaría a cabo el baile en Netherfield. Habían recibido una carta de Hermione saludándolos y diciéndoles que esperaba ansiosa verlos, ya que a la única que había visto recientemente era a Ginny. Le mandaba saludos especiales a Ron, como era de esperarse.

Lily le hacía otro arreglo al cabello de su prima con presteza. La muchacha agradecía que su prima tuviera experiencia en fiestas y sabía desde maquillar hasta arreglar el busto de un vestido en menos de cinco minutos.

Habían pasado cuatro días desde que su prima llegó. Como siempre, Lily llegó contenta porque amaba la familia de su tío Arthur y se la pasaba de maravilla ordeñando vacas, saliendo a recorrer el pueblo con Ginny y teniendo libertad, lejos de la opresión de sus padres y de aquella tortuosa ciudad de Londres que la llenaba de estipulados y reglas sociales. Pero en las noches daba algunos paseos en el jardín donde Ginny escuchaba los llantos de su prima y algunas veces, como dormía con ella en su cuarto, sentía que daba patadas en la cama y que trataba de aminorar su respiración agitada producida del llanto.

-Te ves hermosa – dijo Lily admirando a su prima – Oh, Ginny, te ves tan… ¡Estás preciosa!

-Gracias, pero mantengo mi opinión que tú te ves muchísimo mejor.

-Lo que pasa es que no estás acostumbrada a arreglarte tanto… En cambio entre tantas fiestas y cenas a las que he ido, ya sé bien lo que me queda bien para vestir – Le sonrió – Sé que aquí hasta el nacimiento de un cerdo en motivo de fiesta y de sacar los cubiertos de plata, pero ¿qué es este baile?

-Los que lo ofrecen, la señorita Granger, su hermanastra y el señor Malfoy, son los nuevos millonarios del pueblo – dijo apartando la mirada del espejo.

-¿Señorita Granger?... ¿El prospecto de Ron?

-Exactamente.

-Con razón estaba tan nervioso hoy día – comentó mientras Ginny se reía – Rompió tres vasos, le dio alimento de gansos a los caballos y se le olvidó cambiarse las pantuflas de dormir por zapatos.

Lily tenía el mismo color de cabello que Ginny, característico de todos los Weasley. En contextura eran parecidas, pero la londinense era un poco más alta que Ginny y sus ojos eran más alargados y de color verde. Parecían unas brillantes esmeraldas verdes. Ginny siempre había envidiado a su prima por sus ojos y cuando pequeña pensó seriamente en ponerse pintura verde, pero desistió de la idea cuando su hermano Charlie le explicó que la pintura sólo le iba a producir ceguera.

-¡NIÑAS, BAJEN QUE YA ES HORA DE IRNOS!

-Ya grito mi mamá – Ginny se levantó del taburete y suspiró resignada – Vamos a la boca del lobo.

-¿El señor Malfoy es ése que odias profundamente?

-Sí… Te contaría toda la historia, pero mi mamá está empecinada a que me lleve bien con él pensando que podríamos casarnos. Es más probable que me decida a ser una pobre mujer sometida al machismo que… a casarme con él.

-Cuando volvamos, en vez de dormir me lo cuentas todo y con lujo de detalles.

Iban un poco apretados en el coche, pero no fue incómodo. La señora Weasley le pedía a Lily que contará cómo era la vida nocturna en Londres y todos escuchaban fascinados sobre los relatos de la muchacha. El viaje se hizo corto gracias a esto y en menos de quince minutos llegaban a la mansión de Netherfield.

Se veía muchísimo más imponente de cómo la recordaba Ginny. La única vez que había venido era de día y sólo estaban sus propietarios. De noche la mansión blanca, con impecables jardines brillaba en lujos. En cada ventana había una luz, antorchas alumbraban el corredor que daba hacia el caminito donde los coches llegaban y los invitados eran recibidos por los anfitriones. La pelirroja se sorprendió que todos se vieran tan elegantes y arreglados, incluso más que el baile en la casa de Luna, donde todos habían sacado lo mejor de sus posesiones para dar una buena recepción a los nuevos vecinos.

Uno de los sirvientes de la mansión les abrió la puerta y los ayudó a bajar del coche.

-Esto es impresionante – musitó Fred viendo con los ojos desorbitados la mansión.

-Vamos, vamos, chicos – dijo el señor Weasley a sus hijos, a su sobrina y a su esposa para que no se quedaran de pie y fueran donde los anfitriones.

Ginny miró por el rabillo del ojo a su prima y vio que ella sonreía y miraba al frente sin dedicarse a admirar la majestuosidad de la mansión.

-Esto es igual a como son las cenas en Londres. Algún día les diré a mis papás que los inviten por un mes y les dará un ataque con sólo ver que esto es un poco de lo normal en la capital – dijo viendo la cara de Ginny.

Al verlos, Hermione, quien estaba a un lado de la puerta saludando a los invitados, les sonrió entusiasmada. Los saludó con mucha hospitalidad y le dio un gran abrazo a Ginny, quien aprovecho de presentarle a su prima Lily. Ron era el último en la fila de los Weasley y cuando ambos se encontraron, Ginny podía haber jurado que sus manos se entrelazaron sin separarse hasta que terminaron de saludar a la señorita Parkinson y al señor Malfoy.

La señorita Parkinson se sorprendió de ver que por primera impresión la prima de los Weasley tenía mucha clase. Al saber que venía de Londres supo que ella era chica de ciudad y lamentó que tuviera que compartir con sus familiares que dejaban mucho que desear.

-Buenas noches – saludó secamente Ginny a Draco Malfoy.

-Buenas noches, señorita Weasley – contestó él haciendo una inclinación de cabeza sin dejar de mirarla a los ojos. A la pelirroja le turbó un poco que su mirada no fuera tan fría y arrogante como siempre, si no que había cierta calidez – Se ve maravillosa.

-Gracias – Estuvo tentada en decirle "Y usted muy guapo", pero además de lo extraño que hubiera sonado de su parte, tenía que alejarse de él. Era un mal hombre. No le había contado a nadie lo que Oliver le había dicho. Suponía que él había confiado en ella un importante secreto y no quería traicionar su confianza – ¡Luna! – La rubia iba a paso apresurado a saludarla.

-¡Ginny! – La abrazó - ¡Llegaste justo a tiempo!

-¿Por qué? – preguntó agradecida que Luna hubiera llegado para evitar pensar más en Draco Malfoy.

-Buenas noches, señor y señora Weasley – Ambos le sonrieron a Luna – Un gusto verlos, Weasleys – dijo a los gemelos y a Ron – Hola, Lily. Ven tú también conmigo.

-¿Qué ocurre?

-Permiso, es una urgencia – dijo Luna disculpándose con los presentes y se llevó de los brazos a Ginny y Lily sin ninguna explicación más.

Unos ojos grises la siguieron hasta que se perdió entre el gentío y volvieron a tornarse fríos y calculadores.

OoOoO

La gran emergencia de Luna era que Neville le había pedido ir a solas al jardín. Lily miró a la rubia incrédula y trató de controlar una risotada que se le quería escapar. Estaban encerradas en el baño, por lo que Ginny hizo que su amiga se sentara en el sanitario y mojó una de las toallas dispuestas para secarse las manos y se la puso en la frente para que le bajara un poco el acaloramiento.

-¿Qué tiene de malo que le haya pedido que vayan a solas al jardín? – preguntó Lily.

-Que es para dos cosas: Le quiere decir a Luna que la ama y que le propondrá matrimonio, o le dirá que sabe de sus sentimientos y que no los corresponde – dijo Ginny al ver que la rubia no podía hablar de lo nerviosa que estaba – Me inclino más por lo segundo. En general los hombres no se preocupan de pensar en los sentimientos no correspondidos…

-Vamos, tienes que estar bien y verte tranquila – le animó Lily dándole unas palmaditas en la espalda.

-Lo sé, pero… Esto lo he esperado por tanto tiempo…

-Y es por eso que no tienes que esperar más e ir.

La ayudaron a acomodarse el vestido y a que no quedara ningún indicio que denotara que era un manojo de nervios. Salieron del baño y las pelirrojas vieron como Luna se acercaba a un joven alto, de cabello negro y un rostro bondadoso.

-Iré por algo para beber – dijo Lily.

-Anda tú, yo prefiero darme una vuelta y ver quiénes están presentes.

-Está bien – Se giró para irse, pero Ginny la detuvo muy seria - ¿Quieres que te traiga algo?

-No es eso… Sólo quiero pedirte que te cuides. Ya sabes por qué te mandaron tus padres aquí y concuerdo plenamente en cómo te sientes – dijo eligiendo con cuidado las palabras – Pero creo que cometas una locura.

-¡Ginny, no te pongas como una señora!

-El no saber que estar a solas con un hombre que no sea de tu familia tiene connotaciones amorosas más que de amistad es una prueba.

-Está bien. No haré nada que me ponga en ridículo o a mi familia en deshonor – dijo enojada antes de irse.

'Pronto verá que no quiero imponerle reglas sociales estúpidas, si no que la quiero proteger' pensó mientras caminaba silenciosamente por la mansión. Cada habitación estaba atestada de personas bebiendo, conversando, algunos tocaban el piano, otros se deleitaban viendo los adornos de cristal en los muebles. Habían invitado a las mejores familias de Ottery St. Catchpole, las que tenían ingresos pero no eran millonarios, los de popularidad y familiaridad con el pueblo más que de riquezas –como ellos mismos- y a todos los del ejército. Dejó de pensar en Lily y se animó porque Oliver podría estar allí.

Entre todas las chaquetas rojas trató de ubicar el rostro del muchacho, pero no lo encontró. Él estaba al tanto que asistiría al baile, y podría ser una perfecta ocasión para intimar un poco más; no obstante su repudio a Draco Malfoy parecía ser muy superior a los deseos que mostraba de querer verla.

Llegó al salón principal, y se quedó atónita. Las paredes de color crema y decoraciones de yeso color oro, hermosas lámparas de lágrimas suspendidas en el techo, una larga mesa repleta de las comidas más exquisitas y extrañas que hubiera visto en su vida y un sin fin de personas bailando, conversando y comiendo. Estaba segura que si los oficiales del ejército no hubieran estado en el pueblo, el baile se vería mucho menos concurrido y menos alegre.

Un joven oficial se le acercó y le preguntó si quería bailar. Ginny aceptó y bailaron más de tres piezas.

Discretamente le preguntó al oficial si el oficial Oliver Wood había asistido al baile y él le dijo que sí. Eso alegró mucho a Ginny. ¡Tenía tantas ganas de verlo!

Vio que Luna entraba en el salón con Neville de la mano. ¡De la mano! Ambos tenían la cara sonrosada y unas sonrisas que parecían que habían tenido desde siempre. Terminó el baile y le agradeció al oficial antes de ir donde su amiga. ¡Eso no podía significar que no se hubieran confesado su amor! Y conociendo a Luna, ella no hubiera dejado que los dejaran ver tomados de la mano públicamente sin antes tener un compromiso… Oh, eso era tan bueno por ella, su corazón saltó de alegría y trató de esquivar a la gente lo más rápido posible para felicitar a su amiga y a Neville.

Había empezado ya a correr cuando chocó con alguien y se detuvo sintiéndose avergonzada. Le pidió disculpas a la persona y vio que Draco Malfoy estaba en frente suyo, observándola con sorpresa y una gran sonrisa.

-¿Adónde iba con tanta prisa?

-Donde el corazón me llama – dijo alzando la cabeza altivamente. No se iba a opacar ante él – Con su permiso, señor Malfoy.

-Er… Señorita Weasley… - Ginny no dio ningún paso al escuchar la duda en su voz, lo suave y agradable que era cuando no estaba mezclada de frialdad y malicia - ¿Me concedería esta pieza?

Estaba tan sorprendida que él, el que había dicho que no era lo suficientemente bonita para interesarse en ella, le pedía bailar que no se dio cuenta que sus labios produjeron una afirmación casi muda.

Cuando el baile comenzó, estaban a varios pasos de distancia y no hablaron. En cierta parte del baile debían acercarse, juntar las manos y girar; allí fue cuando Ginny no pudo contenerse y le hizo una pregunta casi estúpida, después de pensarla y él le respondió. Después de otro corto silencio, Ginny habló de nuevo.

-Ahora es su turno de preguntarme, señor Malfoy.

Draco Malfoy sonrió y a ella le pareció enormemente atractivo.

-Estoy feliz de decirle lo que quiere que le diga, señorita Weasley – Soltó su mano y dieron una vuelta, como los demás comensales que bailaban.

-Bien, ha dicho suficiente. Ahora estemos en silencio por un momento y luego le preguntaré y usted me responderá.

-¿Las reglas son para complacerla o p complacerme?

-Ambas – dijo sonriendo divertida por molestarlo. Le encantaba hacerlo.

Lo que siguió luego era tan confuso, tan intenso, que Draco Malfoy y Ginny Weasley no podrían recordar bien cada palabra que habían dicho, pero sí toda la gama de sentimientos que afloraron, y las dudas que se presentaron.

Él habló, aunque le tocaba el turno a Ginny.

-Tengo la certeza que usted siempre da paseos en el centro del pueblo.

-Sí, antes siempre iba con mis hermanos, pero ahora voy sola o con Luna – Las palabras de Oliver resonaron en su cabeza y crispó la boca – Cuando nos vimos allí, estábamos paseando y nos encontramos con mi amigo, Oliver.

Su sonrisa rápidamente se esfumó y su rostro denotaba rabia.

-¿Oliver Wood? – preguntó casi burlón.

-El mismo…

-El señor Wood siempre ha hecho amigos con facilidad – Ella caminó hacia él y él se apartó para dejarla pasar, mientras iba hacia el lugar donde ella se encontraba momentos antes. Todos hacían el mismo paso – Lástima que los pierde con facilidad.

-Él ha perdido su amistad – dijo agudamente – Quizás su vida nunca vuelva a ser la misma.

Draco Malfoy se mantuvo en silencio mientras el baile continuaba. Cuando la melodía dejó de entonarse, Ginny aún esperaba alguna reacción u otro comentario por parte del rubio, pero éste se mantuvo casi impasible, tanto que Ginny podía adivinar el odio que debía correr por sus venas, las ganas que tenía de gritarle por tocar el tema de Oliver Wood.

En ese momento llegó Luna con Neville y Ginny salió de la fila de parejas de baile, con Draco siguiéndola.

-¡Felicitaciones! – Escuchó Malfoy decir Ginny muy contenta y observó que Neville abrazaba cariñosamente a la rubia.

-Gracias – dijo Neville.

-Felicidades – los felicitó Draco cortésmente.

-¡Oh, Luna! – Ginny abrazó efusivamente a su amiga mientras ésta trataba de no llorar de alegría - ¿Y cuándo es el matrimonio?

-Ya hablamos con nuestros padres, y optamos que en octubre será una buena fecha – respondió Luna con tanta naturalidad que Ginny pensó que su amiga nunca más le hablaría de plantas exóticas ni animales invisibles – Pero hay que ver todos los detalles y… - Suspiró y con Neville se rieron – Señor Malfoy, me alegra muchísimo que haya estado bailando con Ginny. Ella es una excelente pareja de baile…

-¿Dónde vivirán cuando se casen? – inquirió Ginny para que Luna no siguiera con el tema.

-Pues, no lo sé. Tendremos que buscar un lugar pronto – dijo Neville pensativo. La voz del padre de Neville se escuchó pidiendo que viniera con Luna – Permiso, mi padre llama.

-No importa – dijo el rubio sonriendo.

-Mañana me daré una vuelta por tu casa y hablamos con tranquilidad. Con su permiso – le dijo lo primero a Ginny y se fue con Neville.

Vieron como se retiraban y la pelirroja tenía miedo de girarse para verle la cara. ¿Ahora qué vendría? Se sentía un poco arrepentida por hablarle de aquella forma a Draco Malfoy, pero no era para menos.

-Lo siento. Con todo esto olvidé lo que hablábamos – dijo el joven con tranquilidad.

-No creo que estuviéramos hablando, si no bailando – Se giró roja de ira por fingir que no recordaba de qué hablaban – Creo que tenemos muy poco que decirnos.

-Tal vez podríamos hablar de libros, ambos somos asiduos lectores y…

-No encuentro nada más desagradable que hablar de libros en un baile – le cortó con frialdad.

Sus miradas se encontraron y ese simple contacto, ese contacto que no era físico, y que los mantenía a un metro de distancia le dio el valor de decirle lo que deseaba. No podía seguir teniendo ese nudo quemándole la garganta por guardarse sus molestias.

-Señor Malfoy – dijo seriamente – Una vez me dijo que nunca persona a las personas que lo traicionan, que le hacen daño. Espero que piense con cuidado la decisión de odiar a una persona para siempre.

-Lo hago – asintió e iba a preguntarle si lo decía por el señor Wood, pero ella prosiguió.

-¿Y nunca se ha formado prejuicios?

-Con honestidad diría que no.

-Entonces usted debe creer que siempre actúa correctamente – finalizó sin el nudo en la garganta, pero éste se le había ido al corazón. O al menos así lo sentía.

-¿Por qué me está haciendo todas estas preguntas? – Su voz era serena, pero distante.

-Así podría entenderlo, señor Malfoy. La gente me dice tanto de usted, me pinta diferentes retratos de su persona…

-¿Cuál sería el retrato que se ha formado de mí?

Ginny reaccionó como si hubiera estado con los ojos cerrados y aguantando la respiración en una laguna. Despertó de su trance y se dio cuenta de la poca distancia que los separaba, lo que la aterró profundamente. Y más aún la pregunta que le había hecho. ¿Qué pensaba de él?

-Permítame retirarme, señor Malfoy. Fue un placer bailar con usted – dijo alzando un poco su vestido para hacer la reverencia y caminó por su lado apresurada.

-Señorita Weasley – le pidió él con voz suplicante para que se detuviera.

Casi por inercia sus pies chocaban con el suelo con más agilidad y se hallaba corriendo en el salón principal de la mansión de Netherfield. Necesitaba salir de allí, necesitaba alejarse de todo el ruido, de la presencia de las personas, esas personas que se inmiscuían de todo y cuchicheaban hasta de del dobladillo del vestido de cualquiera; necesitaba alejarse los pensamientos sobre Oliver Wood, alejarse de todo… Alejarse de él. Él. En el lado opuesto del salón donde se encontraba la entrada principal había una puerta abierta y ella entró sin siquiera pensarlo.

Era un descansillo largo, que debía rodear toda la mansión y cuando volteó la cabeza al lado izquierdo vio que el descansillo tenía salida a los jardines. La noche se encontraba tranquila. ¡Como deseaba estar al igual que la noche! Serena, llena de estrellas brillantes que la acompañaran, pero no la molestaran… Así como la gente la molestaba en ese instante. La soledad le haría bien para aclarar sus pensamientos.

Volvió a girar la cabeza y se encontró con que no estaba sola. Él la había seguido hasta llegar al descansillo. Dio dos pasos que llevaron su espalda a la pared de finas piedras talladas mientras él la miraba examinándola con mucho cuidado, de pies a cabeza. Se le acercó sin decir ninguna palabra y extendió uno de sus brazos a la pared, para apoyar su peso en la pared, haciendo que su cercanía con la joven fuera mayor.

-Dígame qué es lo que entiende de mí.

-No sé – respondió ella sin pensarlo mucho.

-Usted me habla de prejuicios cuando pareciera que deja que su conocimiento de las personas se basan en los juicios ajenos… Espero equivocarme, de verdad espero que así sea – dijo con la voz temblorosa.

-Vivimos en un mundo lleno de personas, necesitamos de las personas para poder vivir; es inexorable que los demás sean un factor importante en nuestras decisiones.

-No me ha respondido mi pregunta… - De pronto Ginny sintió el perfume que emanaba Draco y quedó unos segundos extasiada mientras pensaba qué responderle, hasta que prefirió por la verdad.

-No sé qué pensar de usted, señor Malfoy – dijo con una voz dulce, extrañamente dulce para la situación.

Por primera vez se fijó que las mejillas de la pelirroja estaban chapoteadas de pecas. Le daba un aire infantil, pero le encantaban. Observó sus finas y largas pestañas al parpadear, cómo se mordía el labio inferior nerviosa. Bajó la mirada para encontrarse con su largo cuello, con su pecho que se inflaba con rapidez producto de respiración agitada de la muchacha y no pudo dejar de admirar su belleza física. Y siguió bajando su mirada para encontrarse con el vestido blanco, que era ajustado en la zona del busto y suelto de la cintura hacia abajo. Con sus manos puestas en la pared, y sus brazos también llenos de pecas, pero no tantas como las que tenía en su rostro.

El efecto contradictorio que producía en sus pensamientos la aterraba. Era atractivo, lo tenía presente desde la vez que lo vio entrar en la casa de los Lovegood, y su imagen de arrogancia, frialdad y orgullosa era totalmente opuesta a la que tenía ahora, allí mismo. Sus ojos grises se habían adquirido un tono más celeste y su mirada transmitía calor. Su pelo liso, corto y rubio se ajustaba a la perfección a la forma de su rostro. Su nariz y labios finos iban acorde a su porte elegante y gallardo. Era más alta que él, pero no tanto, ella le llegaba un poco más arriba de los hombros, diría que donde le comienzan los oídos. Observarlo de aquella manera y darse cuenta de la pequeña cicatriz que tenía arriba de su ceja derecha la hicieron desesperarse y perder el control; comenzó a respirar agitadamente y sentir que el corazón se le salía por la boca.

-Me atrevería a proponerle que debería aprender más de mí por sí misma antes de enjuiciarme.

-Nada asegura que me encontraré con usted nuevamente – dijo ella sonriendo, tratando de adoptar su pose de burla, pero no pudo; no pudo volver a ser ella misma – Quizás no tenga otra oportunidad de entenderlo.

Su sentido común le dictaba que debía alejarse inmediatamente de ella. Pero su mano parecía estar pegada a la muralla; no, su mano no. Él quería seguir allí, disfrutando del aroma a flores de primavera y madera de acebo que desprendía su cuerpo, le recordaba los paseos que daba con su familia los días de primavera en el bosque cercano a una de sus casas de verano. Quería seguir estando con ella a solas, sin nadie que los mirara ni los interrumpiera, sin los juicios sociales de los demás… Necesitaba incluso acortar la distancia con la muchacha.

Era como vivir unos segundos en el limbo, pero Ginny sabía que no podían seguir así. Cualquier que los viera podría pensar que estaban faltando a la moral o quién sabe qué. Levantó una de sus manos para apartarlo, empujarlo si fuera necesario.

Le puso su mano derecha para apartarlo e irse, y por una fracción de segundo deseó que no lo apartara, que se quedara en su pecho; y así fue. La pelirroja se sorprendió de poner su mano en el pecho cubierto del rubio por su camisa, chaleco ingles y la chaqueta. Un rubor se asomó en sus mejillas mientras la mano le temblaba ligeramente.

¡Estaba fraternizando con el enemigo!

Con toda la fuerza de cordura que le quedaba en su mente nublada por aquellos sentimientos de calidez lo apartó con delicadeza, casi sin ningún esfuerzo, pero aquel pequeño movimiento fue suficiente para que Draco entendiera que el momento de debilidad que había tenido tenía que llegar a su fin. Si no lamentaría las consecuencias que eso traería. No podía sentir nada por una simple pueblerina, la hija menor de una familia sin el menor sentido de educación.

-En ese caso ya sé qué pensar de usted, señorita Weasley. Haga lo que le plazca – De la calidez pasó a la frialdad.

-Seguiré su consejo - dijo con la voz ahogada y salió corriendo con dirección al jardín, pasando por debajo de su brazo apoyado en la muralla, sabiendo que ésta vez él no la seguiría.

Se detuvo sintiendo como el aire fresco y frío de la intemperie le invadía el cuerpo. Se despojó de los zapatos de tacón con un poco de dolor en las puntas de los pies. Había corrido mucho esa noche con aquellos apretujados zapatos. No le preocupó que por haberse sacado los tacones, su estatura era más baja, por lo que el dobladillo del vestido se manchara con el pasto y la tierra. Sentir el pasto a pies descalzos era una sensación única. La relajó poco a poco y el miedo que sentía disminuyó al notar que su corazón ya no se le quería salir por la boca.

Miró hacia el cielo negro y las pocas estrellas que lo acompañaban. La luna estaba escondida detrás de una nube negra. La noche también estaba sola, quería estar tan sola como ella. Seguramente estaba huyendo de alguien, sí, como ella. Aunque no huía de un rubio que la turbaba, que la confundía de tal manera que la hacía sentirse pequeña y extraña.

Se vio sola, completamente sola, en aquel jardín de pasto verde, arbustos muy bien podados y con el ruido de música y conversaciones dentro de la mansión. De alguna forma se encontró desamparada. Nada la protegía de él, nada la protegía de lo que sentía. ¿Por qué sentía todo aquello por una conversación?... ¿Por estar tan cerca de él?

-¡Ginny!

-¡Ginny!

Fred y George venían corriendo desde el otro lado del jardín, en donde estaba la entrada principal a la mansión, gritando su nombre desesperadamente. La pelirroja los miró sin decir nada. No tenía ganas de hacer alguna broma o involucrarse en una de las locuras que a los gemelos se les ocurría. Quería estar sola, desamparada.

George sudaba y Fred traía desabrochada la camisa. Eso le apareció muy raro a Ginny, porque sus hermanos siempre daban una buena apariencia en los bailes. Tampoco olían a alcohol, como era común en estas ocasiones. En vez de estar colorados y risueños por el alcohol, se veían colorados y alarmados.

-¿Qué pasó? – preguntó una vez que estaban más cerca.

-Dios… ¿Qué te pasó a ti? – le preguntó Fred deteniéndose a su lado y la miró preocupado. Nunca le había gustado ver a su hermana llorar.

-Entonces ya sabes la mala noticia – dijo George doblado con la respiración agitada, descansando de la carrera.

En ese momento Ginny se dio cuenta que había estado llorando. ¿Desde cuándo? Ojala que no con Draco Malfoy. Él no la podía ver llorar.

-¿Cuál mala noticia? – Los gemelos la miraron incrédulos y al comprobar que su hermana era sincera, se lanzaron una mirada cómplice – Vamos, díganme, me preocupan.

-Lily desapareció del baile – dijeron al unísono.

-Creo que no la vieron en el salón principal ni en la sala donde estaban todos bebiendo… Le dije que se cuidara, así que debe andar en otra sola más segura.

-No lo entiendes – dijo Fred.

-Buscamos por todos lados. Ron y papá nos ayudaron a buscarla, y un oficial nos dijo que se había ido con un compañero suyo.

El frío intenso le entró por el cuerpo y sintió como sus mejillas se encontraban húmedas gracias a las lágrimas que había derramado. Percibió como su perfecto moño se había desecho y se encontraba con el pelo prácticamente suelto, que los pies le dolían más de lo que pensaba y que sus labios se habían partido porque se los había mordido muchas veces por el nerviosismo la cercanía con Draco Malfoy. Ésas palabras la llevaron a la conciencia, la bajaron completamente del limbo haciéndola conciente de una realidad que no quería saber.

-¿Con un compañero?... ¿Se fueron adónde?

-Con otro oficial. Dijo que se llama Oliver Wood – respondió George apretando los puños enojado.

La noche se le hizo más oscura, las estrellas casi inexistentes, el frío más intenso, el recuerdo del aroma de Draco Malfoy muy lejano y la sensación de desamparo casi tangible. Si antes pensaba que se encontraba desamparado, esto era muchísimo peor.


Notas de la autora: ¡Hola! A compensación de mi demora excesiva, casi un mes –si es que no me equivoco y no confirmaré porque quiero subir rápido este capítulo antes que sea más la espera-, aquí tienen el capítulo más largo de la historia hasta el momento. Es que entre el relajo de las vacaciones, leerme HP and the Deathly Hallows, entrar nuevamente al colegio y mi nueva fascinación de hacer videos para subirlos a Youtube no me da el tiempo xD!

Para los que hayan leído la novela de Austen habrán notado que puse mucho de mi imaginación en este capítulo. La verdad quise y sentí necesaria una escena más íntima entre Draco y Ginny, en especial en esta conversación, ya que aquí nace el nombre y las representaciones del Orgullo y Prejuicio… Pero el diálogo original lo conservé casi en su totalidad (lean lesa escena en a novela y comprobarán). También me di cuenta que necesitaba a una muchachita que huyera con el joven oficial que había conocido Ginny, por lo que a sabiendas que Ginny no es como Elizabeth, ya que no tiene hermanas, le puse una prima llamada Lily. Detalle importante el que se llame así, por si acaso.

Quisiera decirles que desde ya no haré ninguna relación de lo que pasó en Deathly Hallows en la historia. Es un universo alterno y aquí sólo se conserva la esencia y apariencia física de los personajes. Nada más. Así que no se preocupen que no habrá Spoilers.

¡Y quiero agradecerles por los reviews recibidos en el capítulo pasado! Gracias por sus opiniones y sugerencias porque me ayudaron mucho. De verdad les agradezco mucho el interés en la historia y espero seguir recibiendo sus palabras, porque me son muy útiles.

Bueno, creo que eso ha sido todo. Tengo que retirarme y dejarlos… Me acabo de dar cuenta que mañana entro un informe de una película y no lo he hecho, por lo que debo ponerme a trabajar ahora (si supieran que estoy en un colapso nervioso agudo).

Saludos a todos y que estén muy bien, adiós!