Desde el otro lado…
Mi secreto…
Freddie se sentía tan relajado, tenía días sin dormir y por primera vez abría sus ojos totalmente descansados, sin sentir el cansancio del día a día, intentó levantarse pero algo se lo impedía.
-Freddie, osito, es hora de… ¿QUÉ? –gritó Marissa al prender la luz de su habitación.
Sam se levantó rápidamente y el castaño la observaba sorprendido, ¿Había dormido allí con él?
-¿Qué está sucediendo? –preguntaba su madre algo molesta.
-No es lo que piensa, Sra. B. Freddie y yo veíamos un par de películas y nos quedamos dormidos… -respondió la rubia sin tartamudear, ella estaba diciendo la verdad.
Marissa miraba a su hijo para buscar la mentira en todo ese asunto.
-Está diciendo la verdad –susurró bostezando. -Comenzamos a ver la segunda parte de la película y bueno, me quede dormido…
-Muy bien, puedes acompañarnos a desayunar. Pero… -dijo mientras se giraba hacia ambos chicos- si vuelven a hacer esto sin mi permiso, no seré tan permisiva.
Cuando los dejo solos ellos no pudieron ocultar las risas nerviosas, era la primera vez que les pasaba algo así y era tan extraño el sentimiento de satisfacción que tenían. Dejaron de reírse para luego caer en un silencio incomodo, ninguno de los dos había apartado la mirada del otro. Sam no sabía que decirle, todo ese tiempo había querido agradecerle por acudir a su llamado, pero era una cobarde, no podía hacerle frente.
En realidad, Sam no podía hacerle frente a su vida en ese momento. Ella trato muchas veces acercarse y hablarle, pero siempre terminaban peleados o simplemente hablaban de otro tema.
Sam desvió su mirada hacia la ventana, se podía ver el cielo azul y los edificios de la ciudad, todo parecía tan tranquilo e irreal.
-Es hora… -susurró la rubia con un brillo especial en sus ojos. Ella volvió a cruzar miradas con el castaño y sonrió. –Tengo que hablar contigo, pero si le cuentas a alguien juro que me las pagaras –advirtió sin una pisca de amenaza en su voz.
-Te escuchó –dijo Freddie mientras se incorporaba de la cama para verla mejor.
-Bueno… primero que nada… yo… aagrr –Freddie levantó una ceja divertido, nunca había visto a Sam Puckett así. Ella se acercó cortando la distancia entre ellos considerablemente. –Es muy difícil para mí decirte todo esto, simplemente no soy yo y espero no te acostumbres.
-No entiendo, ¿Qué quieres decirme?
-¿Sabes? Eres mi… -Sam cerró los ojos tratando de calmarse. –Eres mi mejor amigo y aunque peleamos a cada rato quiero que sepas que no te odio, eso se ha vuelto lo nuestro y es más por costumbre que por cualquier cosa. Quería agradecerte por todo lo has hecho por mí, por tu apoyo y… solo pensé que debías saberlo –culminó la rubia con las mejillas encendidas.
El castaño estaba anonadado, su cara estaba ardiendo a causa de la confesión de la rubia. Nunca se imagino que ella pudiese tener afecto hacia él, siempre su trato era de golpes e insultos; ella tenía razón, eso era lo de ellos. Una tímida sonrisa empezó a nacer en sus labios, todo eso era una locura ¿Sam su amiga? "Se escucha bien" pensó Freddie.
-Sam, tú también eres mi mejor amiga…
-¿Carly? –susurró triste la rubia y Freddie no podía hacer otra cosa que reír, ¿Cuál era el complejo de las chicas con sentirse inferior siempre?
-No me interrumpas, ¿de acuerdo? –dijo Freddie mientras se dejaba caer en su cama y fijaba su mirada en el techo. No mirarle a los ojos mientras estaba a punto de decir su secreto mejor guardado. –Eres mi mejor amiga, contigo puedo ser yo mismo. Siento que puedo sincerarme contigo sin temor a ser juzgado, bueno, más de lo que puedes hacer.
La rubia se reía de su comentario, todo era tan irreal, nunca se habían visto en esa posición.
-Y con respecto a Carly, ella también es mi amiga, también fue mi amor platónico y ahora es como mi hermana –Sam dibujo una pequeña sonrisa al notar que sus palabras estaban en pasado. –Ahora, princesa Puckett, ¿vas a hablar conmigo toda la mañana o vamos a desayunar?
-Oh Dios, tienes razón. ¿En qué rayos estaba pensando? –dijo la rubia saliendo de la habitación de Freddie.
Por otro lado, Carly no tenía ánimos de levantarse, esperó a la rubia toda la noche sin éxito. Sabía que le había obligado a disculparse más no a quedarse con él toda la noche. Carly cerró los ojos y suspiró, su amiga necesitaba todo el apoyo que ellos pudiesen darle, todo lo que la amistad puede otorgarle. Aunque ella había ocultado todo su dolor y parecía afectarle poco todo lo referente al abuso de su madre y la repentina huida de Víctor, sabía que todo era un engaño.
Sí, Carly Shay sabía que su amiga era experta en el arte del engaño y una de sus especialidades era ocultar sus sentimientos. Pero, era difícil fingir no escucharla todas las noches llorar, la morena sabía que todo eso era difícil. Cerró los ojos y se dejó caer en un interminable recuerdo, no pudo evitar hacer una mueca de desagrado ante todo eso.
-Es hora de levantarse, hermanita –gritó Spencer desde la cocina lo que causo algo parecido a un gruñido de parte de la morena, no quería levantarse.
Buscó en la mesa de noche su celular para escribirle un mensaje a su amiga, "Sam, te dije que te disculparas no que te quedaras a dormir con él". Carly sonrió a sabiendas que la rubia odiaría ese comentario. Minutos más tarde, estaba desayunando con su hermano, ninguno de los dos hablaba, cada uno tenía la mente en otro lugar hasta que Spencer rompió el silencio.
-No han encontrado a Víctor. Las autoridades dicen que puede estar escondido en la frontera –informó el mayor de los Shay molesto.
-Las autoridades y todas esas personas incompetentes se pueden ir a freír espárragos –dijo Carly alterada-, no puedo creer que dejen pasar tanto tiempo. Sam nunca podrá hacer su vida normal sabiendo que hay un loco que juró vengarse de ella en el mínimo momento de descuido.
-Carly, eso lo sabemos nosotros, pero ella no. Nos costó muchísimo levantarla de ese estado como para decirle eso…
-Lo sé… -susurró Carly avergonzada y triste al mismo tiempo.
-Por cierto, ¿Dónde está la pequeña? –preguntó él extrañado de que la rubia no bajara con ella a desayunar, más extraño aun cuando había preparado tocino.
-Durmió con Freddie… -Spencer escupió el jugo de naranja y abrió los ojos desmesuradamente. –No como novio y novia, pero te aseguro que tendrá que explicarme todo. Ninguno de los dos habló más en todo lo que quedo de hora.
En los siguientes días, todo parecía estar normal, las amenazas hacia la rubia no cesaban y ella aun no se enteraba. Carly había decidido no decirle nada aun, mientras menos estresada estuviese la rubia mejor. La suerte estaba a su favor ya que estaban en vacaciones de verano y eso les daba la ventaja para mantener a Sam escondida.
Una noche mientras Freddie, Carly y Sam veían una película de terror, en el momento de los comerciales se levantaron por unos aperitivos.
-Sam, ¿Quieres limonada? –preguntó Carly desde la cocina.
-Eww, no. Tráeme una Peppy Cola –gritó desde el sofá.
La rubia sonreía mientras observaba a su amiga triste, aun no había entendido que su limonada daba asco y pues nadie quería visitar el hospital apenas lo tomara. De pronto algo llamo su atención, la presentadora de noticias había nombrado a su madre.
"… creemos que estaba implicada en los experimentos con drogas alucinógenas. Era cómplice de Víctor Jones, quien experimentaba con la hija de Pamela Puckett. Hasta los momentos no sabemos el paradero del mencionado, solo sigue dejando amenazas para Samantha Puckett…"
Sam simplemente dejo de escuchar, su respiración era irregular y sus ojos estaban abiertos de manera alarmante. Ella tenía que huir, no podía permitir que sus amigos sufrieran por su causa, tenía que desaparecer.
-Sam… ¿Qué te pasa? –Él lo había notado.
-¿Cómo pudieron ocultarme esto por tres meses? ¿Amenazas, tengo amenazas? –gritó Sam desde la sala mientras caminaba de un lado al otro. –Están arriesgando sus vidas por mí, no puedo permitir eso…
-Tú no vas a ningún lado, Sam –Freddie la tomó de la cintura apresándola.
-Tú no me vas a detener, ¿no entiendes? Déjame ir… -gritó fuerte mientras.
-¿Qué coño pasa contigo? Maldición, Sam, no piensas en todo lo que estamos haciendo por ti. Te queremos a salvo –le gritó Freddie agitando su hombros de forma brusca.
La rubia lloraba mientras se abrazaba fuertemente a sí misma.
-Tú no sabes quién es él… no puedo seguir arriesgando… -intentaba explicar entre sollozos. –No puedo seguir arriesgando la vida de las personas que amo… ya no… -susurró antes de desaparecer por las escaleras.
Carly se acercó a Freddie con lágrimas en los ojos y lo abrazó. Las palabras de Sam lo habían desarmado, no quería ser duro con ella, solo quería detenerla de hacer una locura.
-Hablaré con ella –dijo el castaño mientras subía las escaleras. Al llegar a la habitación de Carly tocó la puerta.
-Vete, Benson, no quiero hablar con nadie…
-¿Cómo sabes… -preguntó con una sonrisa incrédula en sus labios.
-Como no saberlo –acotó entre risas, al menos no lloraba.
-Sam, solo quiero que me entiendas… no te sucederá nada. Trabajaremos juntos en eso… -dijo Freddie pegando su frente en la puerta.
-Tengo miedo… -susurró Sam en la misma posición, pero desde el interior de la habitación. –Tengo miedo que les pase algo, ustedes son mi familia… tú eres mi amigo…
-Vaya, Puckett, debo estar de suerte ya que no estás insultándome ni gritándome –Freddie intentaba hacerle reír y lo consiguió.
-¿Sabes, Benson? Sí estás de suerte y te aseguro que serán pocas las veces que me veras tan vulnerable… -confesó entre risas. –Hoy has escuchado mis secretos… en realidad uno…
-¿Cuál, Princesa Puckett? –aunque el castaño intentara quitarle seriedad, ambos sabían que las palabras de la rubia lo eran.
-Tú… tu eres mi secreto mejor guardado –la escuchó susurrar desde el otro lado de la puerta y el sonrió sin proponérselo. Desde el otro lado del pasillo, Carly observaba y escuchaba todo desde un rincón, mantenía una sonrisa en sus labios.
