CAPÍTULO IV
Clase de pociones
Las mazmorras del castillo de Hogwarts no se diferenciaban del resto de mazmorras del mundo en la mayoría de aspectos: Iluminación escasa, ambiente frío y húmedo, gruesos muros infranqueables de piedra gris...
En resumen, una estancia en la que nadie desearía pasar más tiempo del imprescindiblemente necesario.
Ahora súmale estanterías llenas de frascos de cristal cuyo contenido es mejor no imaginar, variopintas cabezas de animales disecados colgadas del techo, y un profesor de nariz aguileña y pelo grasiento negro como el azabache escrutando ininterrumpidamente los rostros de sus atemorizados alumnos...
Eso eran, en definitiva, las clases de pociones que impartía el profesor Snape en el colegio de Magia y Hechicería.
Esta vez Harry, Ron y Hermione habían ocupado el único banco de la última fila, el más alejado de la mesa del profesor.
Tal vez si Snape no les prestaba demasiada atención encontrarían la oportunidad para comentar los sucesos que habían tenido lugar durante el desayuno, y que no conseguían sacarse de la mente.
- Este último año, el más importante de todos puesto que a su término deberéis examinaros de los ÉXTASIS, - les dijo el profesor con su característica voz profunda y lúgubre - lo empezaremos dando un repaso teórico de lo que supuestamente habéis aprendido en los últimos seis años si es que no os habéis dedicado, como algunos sujetos aquí presentes, – puntualizó dirigiendo una áspera mirada a cierto chico con una cicatriz en la frente – a perder el tiempo pensando en cosas sin importancia durante mis clases.
Harry estaba visiblemente ofendido: No era ni por asomo el peor alumno de la clase, y había unos cuantos alumnos (todos de la casa Slytherin) que perdían mucho más el tiempo que él. Era cierto que su actitud en las clases no era precisamente la de un alumno modélico, pero su profesor no motivaba precisamente ese tipo de conducta...
Mientras Harry pensaba en eso, Ron fingía tomar apuntes cuando en realidad estaba dando una cabezadita, y el resto de los alumnos o bien tomaban "apuntes" o bien se consumían en un sentimiento de puro aburrimiento, la mente de Hermione era una bulliciosa fábrica de pensamientos que no cesaba de trabajar:
No podía quitarse de la mente la idea de que conocía, de una manera u otra, a Tom Adams.
Además, estaba la sospechosa prohibición de acceso al ala oeste del cuarto piso...
¿Podría ser que tuviera algún tipo de relación con la desaparición de Tom Adams?
Y luego estaba su plan de venganza:
¿Por dónde empezar?
Primeramente, necesitaba un conocimiento minucioso de sus hábitos y carácter, para poder prevenir sus distintas reacciones y actuaciones...
Se le ocurrían un par de ideas para obtener ese tipo de información, pero con ello incumpliría algunas normas, y estando en su último año, el que determinaría su futuro como hechicera de la sociedad inglesa, no podía permitirse el lujo de correr ciertos riesgos... Aunque estaba convencida de poder actuar con la máxima precisión y sigilo, de manera que esto no debía suponerle un problema.
Bien. Estaba decidido: Lo primero que haría sería realizar un estudio minucioso del objeto de su venganza: Draco Malfoy.
***
Por suerte, Snape sentía un claro favoritismo por los miembros de su casa. Gracias a eso, Draco podría pasarse la clase pensando en sus asuntos, y no atendiendo a esa estúpida clase de repaso que el profesor se había sacado de la manga.
Había escogido un sitio estratégico, en el extremo derecho de la segunda fila, desde donde podía observar todo lo que sucedía en la estancia.
Lanzó un suspiro de aburrimiento y dirigió su mirada hacia el techo, dónde quedó perdida mientras el chico pensaba en lo sucedido en el desayuno.
Realmente la desaparición de Adams lo había cogido totalmente desprevenido. ¿Qué sería lo primero que haría ese hombre tras haber logrado su tan ansiada libertad? ¿Debería esperar de brazos cruzados hasta recibir más noticias suyas? Sabía perfectamente que no serviría de nada esperar, sin embargo no podía arriesgarse a tomar la decisión errónea. Por el momento, la elección más acertada era observar como se desarrollaban los hechos.
Complacido consigo mismo, Draco bajó la vista y la postró de nuevo en el mundo real.
Sus ojos grises centraron su atención en los tres estudiantes de la última fila: Potter intentaba comportarse para no hacerles perder puntos a los de gryffindor... Menudo imbécil ¿es que todavía no sabía que si a Snape se le antojaba le sacaría puntos por cualquier motivo? Luego estaba, como siempre, la comadreja Weasley; que estaba echando una cabezadita sobre el hombro de Granger...
Granger. Ella no dejaba de tomar apuntes, al parecer muy concentrada en su tarea...
No iba a ser fácil, lo sabía... Pero tenía que hacerlo. Por su orgullo.
Lo primero que necesitaba era conocerla mejor: sus hábitos, sus gustos, sus costumbres... Todo. Tenía que examinar minuciosamente al sujeto del que quería vengarse si quería conseguir información que le pudiera resultar provechosa.
¿Cómo lo haría? Podría...
Sí. Esto podría ser una solución. Un tanto arriesgada, pero tenía las cartas a su favor. Por intentarlo no perdería nada...
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. Parecía que la chica empezaba a notar que la observaban...
Perfecto. A ver cuál sería su reacción esta vez.
La chica detuvo el frenético ritmo de su pluma, restó unos instantes observando el pergamino, y empezó a levantar la cabeza lentamente, para encontrarse frente a frente con él.
Cuando se produjo el cruce de miradas, en el rostro de la chica se dibujó una sonrisa maquiavélica y desafiante.
El rostro de la serpiente se endureció. No esperaba esa reacción por parte de Granger...
Confundido, desvió la mirada.
***
Perfecto.
Qué agradable resultaba esa sensación de triunfo.
Draco y Hermione habían empezado una partida de ajedrez, y parecía que ella había movido pieza en primer lugar...
¿Cuál sería la jugada de las piezas negras?
***
Harry y Ron recogían sus pertenencias apresuradamente, como el resto de los alumnos, para poder escapar de aquella prisión inmediatamente: la clase había resultado una auténtica tortura.
Snape se las había ingeniado para quitarle cincuenta puntos a Harry. En principio sólo tenía que quitarle veinte por mirar a su profesor de manera irrespetuosa, pero Harry era incorregible: su rostro se descompuso en un gesto de ira reprimida y sus músculos se tensaron... Hasta que estalló y tuvo que decirle a Snape que no tenía ningún motivo por quitarle puntos, y que sólo lo hacía porque estaba resentido con su padre. Resultado: Cincuenta puntos menos para la casa gryffindor, y un castigo consistente en sacarles brillo a los objetos de la Sala de los Trofeos durante una semana.
Rojo de ira, intentaba meter los libros en los pocos milímetros que quedaban libres de su cartera; mientras Ron intentaba animarlo dándole golpecitos amistosos en la espalda.
- ¡Hermione! – gritó enfadado el ojiverde a la castaña, que se estaba tomando su tiempo para recoger las cosas - ¿piensas tardar mucho?
- Id tirando – respondió secamente la castaña, reprimiendo sus impulsos de gritarle un par de cosas a su amigo – ya os alcanzaré.
- Como quieras – respondió el chico, todavía molesto – te vemos en el Gran Comedor en cinco minutos.
- Sí papá... – murmuró Hermione mirando al techo, pero lo suficientemente alto como para que Harry la oyera, soltara un bufido molesto, y se fuera de la clase golpeando todo aquello que se cruzara en su camino.
- Hay que ver... – se dijo a si misma la gryffindor, mientras terminaba de guardar sus pertinencias.
Se colgó la cartera en el hombro derecho y miró a su alrededor para comprobar que el aula estaba vacía, y al parecer quedó satisfecha con el resultado porque todos los músculos de su cuerpo se relajaron y una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.
Con cautela, avanzó hasta el pequeño armario situado detrás del escritorio de Snape. Cogió los pomos de la puerta con ambas manos, y tras echar otra ojeada de precaución las abrió con sumo cuidado...
Examinó atentamente el contenido de todos los frascos de los estantes...
- Vaya, parece que no he sido demasiado afortunada. – pensaba la chica mientras cogía un pequeño frasco de cristal y se lo metía en el bolsillo – Tendré que buscarme la vida para obtener el resto...
***
Draco Malfoy esperaba apoyado en la pared del pasillo a que salieran todos los demás alumnos, pero parecía que la Sangre Sucia se estaba tomando su tiempo. Era imposible que estuviera haciéndole la pelota a Snape para que le subiera la nota. Entonces ¿por qué tardaba tanto en salir de la mazmorra? Dudaba que fuera porque la chica se sentía a gusto en el lugar...
Levantó la vista hacia la puerta una vez más, y al fin apareció la castaña.
Parecía que creía estar completamente sola, porque al verle allí dio un bote sobresaltada:
- ¡Malfoy! – gritó muy nerviosa - ¿qué haces aquí todavía?
- ¿Puedo hacerte la misma pregunta? – dijo el chico sarcásticamente.
- No tengo porqué darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. – sentenció Hermione a la defensiva.
- Pues entonces yo tampoco – dijo Malfoy dando por terminada la discusión.
Se incorporó, avanzó por el pasillo y entró en el aula, no sin antes darle un codazo a la chica cuando pasaba junto a ella.
Hermione se sujetó el costado, el codazo había sido doloroso puesto que Malfoy era fuerte y además la había pillado desprevenida. Era tan sumamente desagradable...
Inconscientemente, dirigió su mano hacia su bolsillo: Por fin podría poner su plan en marcha, sólo tenía que resolver algunos detalles... Después de esto, obtendría toda la información que quisiera de Draco Malfoy, y lo pondría definitivamente en su lugar...
***
¡No podía ser! ¿Dónde estaban? Creía recordar que en el armario de Snape había todo lo necesario para...
En fin. Tendría que recorrer al otro método... Era más arriesgado, pero seguro que funcionaría igualmente...
Sí. Definitivamente, este año la haría sufrir mucho más de lo que ella podía llegar a imaginar...
Pero había algo que Draco no sabía...
Algo que se le escaparía de las manos...
Y lo cambiaria para siempre.
***
En el Gran Comedor, tres amigos de gryffindor disfrutaban de una buena comida mientras charlaban animadamente:
- No lo aguanto, ¡no lo aguanto! – se quejaba Harry – Algún día voy a estallar de verdad, y entonces sí que le daré a este engreído motivos para castigarme...
- ¡Harry! – le regañó Hermione – No puedes pensar así... Sabes que sólo lograrás restarle más puntos a gryf...
- No hace falta que me lo recuerdes Hermione. – dijo tristemente el chico.
- Lo siento... – se disculpó su amiga avergonzada.
- No pasa nada Hermione... – replicó a su vez Harry visiblemente incómodo. No sabía porqué, pero últimamente la castaña ocupaba demasiada parte de sus pensamientos...
Estaba reflexionando sobre esto, cuando alguien lo abrazó por la espalda...
- ¡Hola chicos! – los saludó una alegre Ginny mientras le daba un tierno beso a su novio - ¿Cómo ha ido por ahora el primer día de clase? – preguntó visiblemente interesada, puesto que los chicos se habían puesto tensos de repente.
- Pues verás... – intentó empezar Hermione, que fue rápidamente interrumpida por Harry.
- Por mi culpa gryffindor ha perdido cincuenta puntos. – admitió Harry, dirigiendo su mirada a los ojos a su amiga.
Hermione se sonrojó. Ésta mirada que le había dedicado el ojiverde era muy intensa: Se notaba que el chico estaba arrepentido por lo sucedido en la clase de pociones, pero no entendía porqué parecía que este sentimiento de culpabilidad parecía ir dirigido especialmente a ella...
No recordaba que Harry le hubiera hecho nada malo, a menos que le preocupase que estuviera enfadada con él por lo que le había dicho al terminar la clase en las mazmorras...
Pero aún así, no era normal que le diera tanta importancia a una tontería como ésa...
***
Draco Malfoy entró precipitadamente al Gran Comedor y avanzó directamente hacia la mesa de la casa de las serpientes, para tomar asiento junto a los que podría llamar sus amigos: Pansy, Crabbe y Goyle; quienes empezaron a abordarle con un montón de preguntas, todas a la vez:
- ¿Por qué has tardado tanto?
- ¿Dónde has estado hasta ahora?
- ¿Te apetece un poco de zumo de calabaza?
- ¡Basta! – gritó harto el rubio, dejando a los otros tres mudos de asombro – En primer lugar, nada de lo que haga es de vuestra incumbencia; y en segundo lugar... Sí, Pansy, me apetece un poco de zumo de calabaza. Gracias.
A la chica se le iluminó el rostro de satisfacción, puesto que el haber sido escuchada por Draco y el hecho de que le hubiera respondido amablemente significaba un gran avance en su relación...
Siempre la había tratado como a un objeto de decoración: – pensaba la slytherin mientras le llenaba un vaso con el anaranjado líquido – si él necesitaba una acompañante para cualquier tipo de evento, ella era la que siempre satisfacía esa necesidad, pero si no resultaba provechosa, la chica sólo era una molesta mosca zumbona que no cejaba de revolotear a su alrededor. Era consciente de ello: Sabía que Malfoy la menospreciaba en todo momento, pero aún así no podía apartarse de él. Lo necesitaba, y haría cualquier cosa para mantenerse a su lado...
Por otra parte Draco estaba preocupado: ¿Gracias? ¿Cómo había podido salir esta palabra de sus labios? Era cierto que Pansy era una compañera de su misma casa, incluso una de las personas con las que más intimaba de la escuela, si así se le podía llamar al trato que le daba a la pobre muchacha; pero aún así, un Malfoy nunca daba las gracias. Nunca. La mera presencia de un miembro de su familia era una honra para aquellos que se hallaban a su alrededor, así que nunca debían sentirse agradecidos por nada. Al contrario: la gente debía sentirse siempre agradecida con ellos... ¿O no era así como se lo habían enseñado sus padres?
- ¡Toma Draco! – dijo Pansy excesivamente servicial - ¿Quieres que te sirva algo para comer? ¿Qué te apetece?
- Pansy, - la cortó éste exasperado - si necesito a alguien que me sirva día y noche ya le pediré a mi padre que me mande a uno de los elfos domésticos que trabajan en nuestra mansión. Así que déjame en paz.
Quizás se había equivocado: seguía siendo el mismo engreído, antipático y altanero de siempre. Sin embargo, no podía quitarse de la cabeza su comportamiento anterior... Parecía una persona sino amable, al menos no muy irrespetuosa...
¿Era posible que Draco Malfoy, el mismo que durante seis años se había mantenido inmutable, estuviera cambiando?
¿Porqué? ¿Porqué ahora?
¿Qué era lo que le estaba haciendo cambiar... si es que estaba cambiando?
Pansy nunca estaría lo suficientemente preparada como para entender lo que iba a suceder en un futuro no muy lejano...
