Tales of an offtuned Symphonia

Disclaimer y esas cosas: Tales of Symphonia y los personajes de esta historia no me pertenecen a mí sino a Namco que ha desarrollado este grandioso juego.

Cosas a tener en cuenta en los diálogos:
-Hola, soy Lloyd – conversación
"Hola, soy Lloyd" pensamiento
Hola, soy Lloyd flashbacks.
Hola, soy Lloyd explicaciones

Cambios de personalidad:
Los personajes han sufrido un desgraciado lavado de cara y ahora no son los mismos que en el juego. Si os ofendéis lo siento mucho.

Capítulo 4: Pues de sellos va el tema

Tras la aventura en la base desiana, Lloyd, Genis, Raine, Kratos y Colette cruzaban el caluroso desierto de Triet. Todos se encontraban anonadados ante las escenas ocurridas con el tipo peliazul y Botta, el hombre con nombre de zapato. Colette abría la marcha del grupo, recitando una poesía sobre su indescriptible belleza. Genis y Raine la seguían de cerca, discutiendo sobre cosas científicas que nadie más podía entender (¿¡qué demonios es un "órgano"!), Kratos iba un poco más por detrás sollozando, y Lloyd cerraba el grupo en silencio. ¿Por qué todo el mundo parecía obsesionado con su exfera? ¿Y por qué el tipo peliazul había decidido huir al ver a Kratos? ¿Y por qué separado se escribe todo junto y todo junto se escribe separado? No podía entender nada, y esperaba salir pronto de dudas.

Tras mucho caminar, y casi sufrir una insolación producida por que Colette había decidido acaparar la única sombrilla y había tirado las pocas botellas de agua que poseían para refrescarse sus pies, lograron llegar a Triet, el oasis de las arenas.

-Muy bien-dijo Kratos, con un hilo de voz, parándose en el centro de la plaza-. Creo que será mejor que vayamos a la posada para intentar reanimar a Genis y descansar.

-¡Pse!-casi escupió Colette, mirando con desprecio el cuerpo inerte de Genis-. Menuda nenaza, mira que no aguantar ni una caminata de 84 km a 45º de temperatura…

Entre Lloyd y Raine cargaron el cuerpo de Genis y entraron en la posada. La posadera se asustó al ver al niño, que parecía muerto, y les avisó de que allí solo encubrían crímenes por un pequeño plus. Tras encontrar una habitación en la que poder descansar, Raine comenzó a hablar:

-Así que esto es una exfera, ¿eh…?-dijo, señalando una de las camas de la habitación.

-No, sita Raine, la exfera es esto-le aclaró Lloyd mientras señalaba la bolita que relucía en su mano de feriante.

-Ajá-asintió Raine, pensativa, mientras se sacaba la petaca del bolsillo de la chaqueta y comenzaba a beber-. ¿Y qué se supone que hacen estas ex… exfurias?

Kratos se levantó de su asiento y comenzó a moverse por la habitación, pensativo. En uno de sus paseos pisoteó el cuerpo de Genis, que yacía en el suelo sin ninguna contemplación.

-Las exferas son capaces de amplificar nuestros poderes durmientes. Es decir, con ellas podemos utilizar habilidades con las que podríamos únicamente soñar, como utilizar magia (sacar conejos de chisteras o partir ayudantes por la mitad) o habilidades sorprendentes, amén de permitirnos casar personas en alta mar, cual capitán de navío.

Raine le dirigió una mirada asombrada desde su esquinita, y con un mirar de comprensión (ya sabéis, un ojo pipa y el entrecejo fruncido) dijo:

-No he entendío ná.

Kratos suspiró, exasperado ante la mirada perdida de la profesora.

-¿Y yo podría llevar una?-murmuró Raine, con una mirada ambiciosa en su rostro porcino.

-Ya hemos hablado de esto antes-dijo Kratos, exhalando un bufido de desesperación-. Las exferas son peligrosas si no se usa un engarce protector. ¡Te transforman en periodistas del corazón!

Colette, que no había intervenido en la conversación porque se divertía arrancando el pelo de las cejas de Genis, se levantó y dijo, altivamente:

-¿Y qué pasa? ¿No podemos hacer una nosotros? No somos tullidos. Bueno, de Lloyd no estoy segura, pero…

-Si tienes mineral inhibidor y un enano encerrado en tu bolsa de pequeña arpía, podríamos hacerlo-dijo el pelimorado, con desprecio. Lloyd se compadeció de él, pues ante tal impertinencia probablemente Colette le usaría de punching-ball antes de tirarle por la ventana brutalmente. Pero, para su sorpresa, Colette se limitó a girar la cara y ponerse a murmurar algo que sonó como "destriparte" y "montaña rusa".

-¡Eh! Yo podría hacer un engarce protector, pero solo mi padre disminuido mental sabe cómo hacer mineral inhibidor-dijo Lloyd, sorprendido de su propia inteligencia al participar en una conversación tan seria.

-Bueno-exclamó Raine-, quizá yo lleve uno de esos cristales copuladores en mi bolsa.

La mujer de pelo blanco se levantó y caminó hacia una bolsa de piel que había encima de una de las camas, pisando a Genis por el camino. Se agachó ante ella y sacó un cargamento de botellas de licores varios, como ron, vodka, aguardiente, vino, whisky, grog y coca cola para hacer kalimotxo. Tras dejar las botellas cuidadosamente en un rincón, sacó un precioso colgante que llevaba descuidadamente envuelto en una página de la revista Desiano de hoy. Tiró el colgante sin ningún cuidado a Kratos, quien gracias al cielo pudo cogerlo en el aire.

-¡Raine!-exclamó Genis, quien acababa de despertar y miraba acongojado el cargamento de botellas que había en el rincón-. ¿Has traído todas estas botellas de casa?

-¡Por supuesto!-dijo la muchacha, orgullosa-. Son materiales de investigación muy valiosos. Esta es una botella de ron que compré en el Mausoleo de Balacruf, y esto una botella del mejor vino que puedes encontrar en el Templo de Martel, y el aguardiente que encontré en las ruinas de Asgard… Por no hablar del whisky de las minas de Hima, que…

-¿¡Pero qué…! ¡Si es todo garrafón!-exclamó ensombrecido Lloyd.

Kratos, que había estado en silencio desde que había recogido el cristal que le había pasado Raine, lanzó un grito ahogado de sorpresa.

-¡Es un engarce protector!

Todos se giraron para mirarle.

-¿Me estás diciendo que la borracha ésta llevaba un engarce protector entre tanta botella y no se había dado cuenta?-dijo Colette, con desprecio.

Lloyd se dirigió hacia donde estaba Kratos y cogió el engarce. Tras examinarlo un rato, dijo:

-Anda, si está un poco roto. Pero puedo arreglarlo.

Pero enseguida se dio cuenta de que ninguno le estaba haciendo ni caso ya que se habían puesto a jugar a las peonzas.

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Esa misma noche, cuando Lloyd por fin había logrado arreglar el engarce protector de Raine, se levantó de su habitación y fue a la de Raine, pero en el camino oyó a alguien salir al exterior. Ignorando este hecho, entró en la habitación de la profesora, la cual estaba tirada en un rincón con una botella de brandy derramada en la mano.

-Profesora… ¿Estás despierta?-preguntó Lloyd dudando al ver el deplorable aspecto de la mujer.

-Fughsí…-rezongó Raine, en un murmullo casi inaudible.

-He logrado reparar el engarce protector, y…-comenzó a decir el joven, pero quedó interrumpido ante la visión de su profesora vomitando sobre la alfombra, así que se limitó a dejar el engarce en el escritorio de la mujer.

Salió de la habitación, y ésta vez se dirigió al piso de abajo, asolado por la curiosidad de ver qué clase de ladrón o violador había salido a buscar una de sus víctimas en el exterior. Para su sorpresa, era Kratos quien estaba fuera, acariciando al engendro de la naturaleza Noishe, que emitía gases tóxicos por su sonrojado hocico.

-¡Oh!-exclamó sorprendido Lloyd al ver que una persona era capaz de estar más de 5 segundos cerca del monstruoso animal.

Kratos se giró, sorprendido, y miró a Lloyd con curiosidad:

-¿Te he despertado? Lo siento-se disculpó, aunque se notaba en su tono de voz que le daba absolutamente igual haberle despertado.

-No exactamente. Estaba despierto haciendo… bueno, cosas. ¿Te gustan los animales?

-¿Qué?-se extrañó Kratos, y Lloyd comprendió que ningún ente viviente era capaz de considerar "animal" a un ser tan monstruoso como Noishe-. No, es que se me ha caído una lentilla y una de las pulgas bicéfalas que tiene Noishe la ha cogido y se la ha llevado-aclaró, intentando encontrar su lentilla en el asqueroso y sucio pelaje de la aberración con patas.

-¡Ah! Ya me extrañaba a mí…

-¿Sabes? Hace tiempo yo también tuve una mascota-dijo, melancólico, con una lágrima recorriendo su cetrina cara.

-Ehm… Bueno, Noishe no es precisamente una mascota, pero… Supongo que tener una mascota mola, y eso…

Kratos se levantó, ignorando al muchacho, y se dirigió a la posada. Justo cuando agarraba el pomo para abrir la puerta, dijo:

-Si aprecias tu vida, deberías mejorar tu técnica con la espada. Ahora mismo luchas como un epiléptico con dedos agarrotados, así que…-y se metió en la posada.

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A la mañana siguiente, Lloyd se levantó y se dirigió al feo y oscuro comedor de la posada, donde varias personas yacían sin consciencia sobre la larga mesa. Allí se encontró a Colette, Genis y Raine desayunando. Colette comía unos deliciosos croissants, mientras que Genis tenía que conformarse con unas insípidas gachas de avena y Raine con un ibuprofeno.

-¡Buenos días!-les saludó, sentándose a la mesa y, temeroso de coger uno de los croissants, cogió una barrita de muesli que sujetaba los dedos sin vida de uno de los indigentes que allí reposaban.

-Hola, Lloyd-correspondió Genis, de mal humor. Aún le dolían las heridas producidas por los pisotones despiadados de Colette-. Hoy por fin nos dirigimos al primer sello.

-¿En serio? ¿Y dónde está?

-Bueno-intervino entonces Colette, limpiándose con delicadeza el enorme pegote de chocolate que le había quedado en el labio-, mi padre angelical, Remiel, dijo que el primer sello de todos estaba en las nauseabundas Ruinas de Triet, que están a un tiro de piedra de aquí.

-Y quien dice a un tiro de piedra-aclaró Raine, con la voz pastosa-dice a veinticinco kilómetros, como poco.

-¿¡Veinticinco!-se desesperó Genis.

-Nos espera una gran caminata-dijo Kratos, que acababa de entrar en el comedor. Parecía más melancólico de lo habitual-, así que más os vale no veniros abajo a mitad de camino. Y eso va por ti, Lloyd.

-¡No fui yo quien se desmayó ayer!-exclamó Lloyd, indignado.

Una vez hubieron terminado de desayunar (y quien dice desayunar, dice comer las sobras de lo que no quería la Elegida), el grupo se puso en marcha hacia las Ruinas de Triet.

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-Y con todos ustedes, ¡las Ruinas de Triet!-exclamaba una mujer pelirroja con un gracioso traje de azafata azul y un pañuelito en el cuello, mientras un grupo de turistas asentían asombrados y sacaban fotos.

El grupo había encontrado, a mitad de camino, un autobús de turistas de la compañía Destinos Palmacosta. Al ver el desastroso aspecto que presentaban nuestros héroes, los guías turísticos de Destinos Palmacosta les habían permitido subir al autobús, salvando así la mitad del duro viaje. Ahora se encontraban rodeados por un montón de turistas hediondos que hacían fotos sin parar.

-Tengo entendido-dijo Raine, con tono de entendida- que las Ruinas de Triet es uno de los lugares más nobles y puros que hayan existido jamás.

-Las Ruinas de Triet-decía el guía turístico, un hombre con un traje a juego con el de su compañera y unas gafas de sol sin cristal, mientras una señora gorda hacía fotos a la arena y las piedras-, también conocidas como el Poblado de las Prostitutas, fueron fundadas por prostitutas hace 270 años. Conocidas por su noble servicio de prostitutas que satisfacía las necesidades de pueblerinos en 100km a la redonda, las nobles Ruinas de Triet contaban con estancias tan visitadas como sucias, como el prostíbulo, el burdel, el lupanar, la casa de citas, los aquelarres, el harén, el lenocinio y la alcahuetería, amén del noble Altar del Sello…

-¡Puf!-exclamó Lloyd, desesperado-. Al menos hay un sitio en este horrible lugar no relacionado con actividades sexuales.

-Bueno-dijo Raine, entonces-, tengo entendido que el Altar del Sello estaba custodiado por prostitutas.

-¡Agh!-sollozó Lloyd. Le avergonzaba visitar semejante sitio ante la lujuriosa vigilancia de Raine y la indiferente repugnancia de Colette.

-Las Ruinas de Triet-continuó el guía, mientras el grupo de turistas se adentraba impresionado en la fría entrada, donde un cartel señalaba a varios sitios como la "habitación de Mindy" y el "despacho de la madame"- eran un lugar muy visitado hasta su cuasi destrucción hace 93 años. Los servicios sexuales de las profesionales del sector se trasladaron a otro lugar que desconocemos, pero quedan constancia de ellos en los innumerables lechos donde yacían las profesionales y sus clientes.

-No entiendo nada-decía Genis, asombrado-. ¿Qué es una "prostituta"?

-Pues verás, es…-comenzó Colette, pero se calló al recibir un leve codazo de Raine-. Vaya, Genis, tú sabes de muchas cosas pero de lo que es asuntos sexuales…-rió cruelmente la mujer-. ¡Menudo mocoso! A ver si maduras.

El grupo siguió avanzando por las incalculables estancias que había en las Ruinas de Triet. Los turistas sacaban fotos de todas las camas y cuartos oscuros que había allí.

Al final, llegaron por fin a un extraño teletransportador que estaba acompañado por un cartel en el que ponía "Altar del Sello".

-Y aquí tenemos por fin la entrada al Altar del Sello. Se sospecha que fue creado mucho antes de que el propio poblado sexual apareciese, y que éste se construyó a su alrededor-contaba la guía turística ante la asombrada mirada de los estúpidos turistas. Lloyd parecía ansioso por entrar en él-… No obstante, no forma parte de la visita el ir al Altar del Sello, así que si nos siguen a mi compañero y a mí iremos a la tienda de regalos para que puedan comprar recuerdos de su visita a este lugar, como vibradores multivelocidad o fotos de las prostitutas más valoradas del pueblo.

Los guías turísticos llevaron al montón de turistas a una pequeña habitación que había entre el burdel y uno de los aquelarres. Sin embargo, nuestro grupo de héroes se escondió a tiempo ante la señal de Kratos, y se separaron del grupo.

-Muy bien, nuestro destino es el Altar del Sello-dijo el hombre, que no parecía abochornado tras haber visitado tantos sitios de índole sexual. Guió a sus cuatro pusilánimes compañeros hasta el Altar del Sello, y una vez allí se asombraron al ver la única habitación de todas las ruinas en la que no había camas o jacuzzis. El Altar del Sello era una estancia circular, con un enorme altar en el centro rodeado por varias columnas. El suelo estaba mugriento, y hacía un calor infernal.

Colette se adelantó a los demás, apartando a Raine de un doloroso empujón (se lo debía por el codazo de antes) y se dirigió al centro de la sala, cuyas columnas estaban decoradas por horripilantes dibujos de un monstruo de fuego que calcinaba a inocentes personas y animales. Raine lo miraba todo, asombrada por la belleza de las ruinas, y Kratos sollozaba en un rincón.

-¡Este sitio está construido con magitecnología, como el templo de Martel!-dijo locamente sorprendida Raine. Se había sacado una botella de cerveza del bolsillo y bebía a morro de ella mientras admiraba los dibujos.

-Colette, debes abrir el sello-le dijo entonces Kratos.

-¡Tú no me dices lo que tengo que hacer, pringao!-le respondió ella furiosa. Se giró hacia el altar y alzó las manos, en una especie de rito sadomasoquista.

El sello de fuego se abrió, emitiendo una sorprendente luz roja, y ante la maravillada (y bizca) mirada de nuestros héroes, apareció de nuevo el ángel Remiel, cayendo sobre el frío suelo de un golpe seco.

-Oh, elegida de la Rerererereregeneración-dijo Remiel, maldiciendo por lo bajo tras su impresionantemente dolorosa caída-, ofrece tus votos ante el sello de fuego.

-Que sí, que ya voy…-cortó tajantemente la joven-. Oh, gran diosa Martel, llena eres de grasa, ¡concédeme tu fuerza y una doble Whooper con queso!

De la nada apareció otra extraña luz, que se posó sobre el cuerpo de la rubia mujer. Colette emitió un grito ahogado, como si la luz fuese tan dolorosa como la quemadura de los cigarrillos que fumaba Phaidra. Cuando la luz se desvaneció, Colette estaba de rodillas en el suelo, jadeante. Sin embargo, ninguno de sus compañeros se paró a ayudarla, atemorizados de que al hacerlo ella lo considerase una afrenta personal y los golpease cruelmente con sus chakrams (cosa temible, ya que sacaba varios niveles a los cuatro).

-Mi querida hija Colette-dijo Remiel, impasible ante el dolorido rostro de su hija-, lo has hecho muy bien.

-Gr… Gracias, mal padre…-murmuró Colette, con el odio dibujado en su hermoso rostro.

-¡El primer sello ha sido liberado!-exclamó entonces el ángel, alzando la voz innecesariamente-. Efreet pronto despertará. En nombre de los ángeles, te concedo uno de mis poderes angelicales.

-Pues vale-dijo Colette, indiferente ante la idea de tener nuevos poderes y más al saber que eran angelicales.

Remiel lanzó una especie de horrible pluma que se arrancó de sus alas, la cual cayó sobre Colette. Una luz envolvió a la mujer, y acto seguido apareció de nuevo, esta vez con dos alas multicolor.

-¿¡Qué me has hecho!-dijo, horrorizada ante la visión de tener dos horribles alas en su espalda.

-La transformación en ángel es dura-dijo Remiel-. Al fin y al cabo, un ángel es lo único superior a un periodista del corazón. Te dolerá solo por una noche, pero será un dolor inimaginable, imposible de describir con palabras. Será tal el dolor que ansiarás sufrir una muerte rápida o provocársela a tus seres queridos.

-No hay de qué preocuparse-dijo Lloyd con una sonrisa-. Colette no tiene seres queridos, aparte de ella misma.

Remiel hizo caso omiso del comentario del chico, y continuó su perorata:

-El siguiente sello se encuentra en el este, cruzando el mar. Ve allí y sálvanos a todos de la destrucción, oh, gran Elegida de la Rererereregeneración.

-Sí, lord Remiel-dijo Colette, todavía mirando sus dos horribles halas.

Remiel se desvaneció en un haz de luz, provocando que los cinco del grupo se tapasen los ojos para no quedar ciegos, pero su horrible y cargante voz siguió resonando por el altar:

-Te esperaré en el siguiente sello, Elegida de la Rerererereregeneración y adorada hija, Aerith.

-Colette-le corrigió la rubia.

-Eso.

Tras sacudirse el polvo de la ropa, Colette se bajó del altar y se dirigió a donde estaban sus compañeros, mirándola sorprendidos. Se llevó una mano a la espalda y empezó a palar sus dos alas, con un gesto de repugnancia dibujado en la cara.

-¡Mirad lo que me ha hecho ese… ese inmundo ángel!-dijo la chica, en una mezcla de terror y odio extremo, mirando sus alas.

-¡Colette! Eso… ¿Eso son alas?-se sorprendió Genis, señalando las dos protuberancias que salían de la espalda de la rubia.

-¿¡A ti qué te parece! Claro que son alas… ¿Qué van a ser sino? ¿Aletas de pez? ¡Es que eres tonto, eh!

Colette hizo una mueca de dolor y se metió las alas en el interior del cuerpo, lo que provocó un gesto de asco generalizado entre todos los presentes, algunos de los cuales se llevaron la mano a la boca para evitar vomitar.

-Remiel dijo que el siguiente sello está más allá del mar… ¿Dónde puede ser? ¡Sea donde sea, tendremos que ir en barco!-dijo Lloyd, con una sonrisa, tras recuperarse de la repugnante visión de las alas de Colette.

-Tendremos que ir a la costa a ver qué podemos encontrar-murmuró Kratos-. Aunque dudo que en los tiempos que corren, alguien sea capaz de ofrecernos una ruta de viaje adecuada-rezongó, con una lagrimilla en sus ojos sombríos-. Tanto dolor y sufrimiento asolando el mundo, y nosotros preocupados por un absurdo barco para oligofrénicos.

-¡CÁLLATE!-gritaron los otros cuatro al unísono.

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El grupo se había conseguido reunir con los turistas, que aún estaban en la tienda de regalos comprando absurdos recuerdos. La guía turística les salió al paso:

-¿Dónde se habían metido? ¡Hemos sido testigos de la muerte de varios turistas!-rió, señalando un montón de escombros bajo los que yacían unos turistas. Los que quedaban con vida les hacían fotos, riendo y posando a su lado haciendo el gesto de la paz.

-¿Ya han terminado con las compras?-dijo Colette, cortante.

-¡Claro! Ahora continuaremos nuestro viaje. Nuestro siguiente destino es Iselia-informó el guía turístico, que se había unido a ellos tras hacer fotos a los cadáveres-. ¡La única aldea del mundo en la que no ocurrió nunca nada hasta el nacimiento de esa horrible Elegida!

-¿Cómo dice?-se enfureció Colette, y sacó sus chakrams para intentar asesinarle, pero fue detenida a tiempo por Lloyd y Kratos.

-Entonces, si van a Iselia, nuestros caminos se separan-dijo Kratos, lastimeramente-. Nosotros hemos de cruzar el desfiladero de la Osa para dirigirnos hasta Izoold.

-¿Eh?-dijo extrañado-. ¿Izoold? ¿Y eso dónde viene quedando?

-¿Y usted es guía turístico?-se asombró Raine.

-¡Bueno!-exclamó él, llevándose la mano a la cabeza, como avergonzado-. Lo cierto es que no llegué a terminar mis estudios. Demasiadas juergas en la hermandad. Hubo un incendio durante una fiesta. Murieron muchas personas. Sí, fue un gran año…

Raine suspiró, y Lloyd supuso que echaba de menos la vida juerguista universitaria. Tras despedirse de los guías turísticos, el grupo partió en la dirección contraria, cruzando el desierto de Triet, en dirección al desfiladero de la Osa.

El viaje fue muchísimo más que agotador que el primero, no solo porque ya no contaban con el autobús de la agencia de viajes, si no que la distancia era seis veces más. Si no fuera por el hecho de que los gases de Noishe eran, aparte de sumamente tóxicos, muy refrescantes, el grupo no habría logrado sobrevivir.

Una noche, el grupo acampó en un claro, siendo blanco perfecto para ladrones y violadores. Colette se había sentido mal aquel día, y con mal me refiero, claro está, a que se había sentido con ganas de apadrinar niños huerfanitos de Hima o alimentar a los animalitos del bosque, cosa que le horrorizaba.
Raine había hecho la cena, que había consistido en una sabrosa mezcla de ramas meadas por Noishe y agua de mar calentada a fuego lento durante 15 minutos. De postre había cogido unas setas de aspecto venenoso (esto se podía intuir por el hecho de las calaveras dibujadas en su caparazón). Aparte de ella misma, nadie más había tenido el valor de probar semejante menú, y habían comido unas perlas de fresa que llevaba Kratos en la mochila.

Alrededor de una fogata que había hecho Kratos con pelos de sirena y unas cerillas robadas en el campamento de un tal Nova, el grupo se había dispuesto a echar una cabezada hasta que a Colette se le pasasen las ganas de ayudar a los más necesitados. Genis ya dormía sobre las piernas de su hermana, mientras ésta daba largos tragos a su petaca, ahora llena de un licor rojizo. Kratos se mantenía prudentemente alejado de Noishe, y Colette estaba sentada cerca de la orilla del mar, aplastando mosquitos con una piedra. Lloyd no sabía qué hacer: estaba aburrido y necesitaba hablar con alguien, pero sus opciones eran una borracha, un emo o una arpía. Tras mucho meditarlo, finalmente había optado por sentarse al lado de Kratos.

-Hola, K…

-Tu exfera tiene un color inusual…-dijo el hombre, sin siquiera mirarle, como si se hubiera aprendido un guión.

-¿Eh?-dijo Lloyd, asombrado ante el repentino tema que había sacado el hombre, de cuyos ojos caían lágrimas de profunda tristeza-. Sí, supongo que es un poco distinta a la tuya… Una cosa, Kratos, ¿por qué siempre estás llorando? ¿Tienes algún trauma infantil que involucre un cura, una botella de ron y un juicio?

El hombre lanzó un lánguido suspiro de incomprensión, y dijo:

-Yo robé mi exfera a un desiano. Dicen que los desianos paparazzi obligan a sus becarios a trabajar hasta producir exferas con sudor y sufrimiento.

-Sí, supongo que por eso la vieja de la que se enamoró Genis tenía una, pero no has respondido a mi preg…

-¿Te importaría responder a una pregunta?-dijo repentinamente el hombre de morado.

-Claro, supongo. Pero… ¿Por qué estás siempre lloran…?

-¿Por qué te crió un enano?-preguntó a cuchillo Kratos, sin la menor delicadeza.

-Bueno, papá me encontró en el bosque junto con mamá y Noishe. Una furgoneta de desianos paparazzi había atropellado a mamá y se encontraba moribunda en el suelo. Papá se acercó a ella e intentó saquearla, pero como ella no había muerto aún cogió un spray anti-violadores y se lo echó en la cara. Él intentó tirarme a un río en venganza pero me salvó Noishe con su lengua de chicle extensible y…

-O sea, que por lo que dices, tu padre está muerto, ¿no?

-¡Qué va!-dijo Lloyd, asombrado-. Papá está vivo. Se quedó en Iselia escribiendo un libro de autoayuda sobre ser soltero y virgen a los 320 años.

Kratos suspiró, exasperadamente, probablemente pensando que su interlocutor era una persona realmente estúpida y que merecía morir de formas muy dolorosas por no ser capaz de seguir una conversación medianamente adulta. Sin embargo, en vez de alzar su espada y degollar al joven vestido de rojo, Kratos se limitó a corregir el error del muchacho:

-Me refiero, claro está, a tu padre biológico. No creo que Galarr sea tu auténtico padre. Mides un metro más que él.

-Ah, eso… Pues sí, supongo que mi auténtico padre está muerto, o se ha ido a por tabaco. El caso es que nunca le he visto, ni en fotos-dijo Lloyd, tristemente.

Sin embargo, antes de que Kratos pudiera decir nada Raine apareció medio borracha para entrometerse en la conversación:

-L—Lloyd *hic*, Colette ya pa-parece sentirse mejor… *hic* *hic*…

-Ah, vale, ¿y a mí qué me cuentas?-dijo Lloyd, boquiabierto, preguntándose qué pretendía Raine al decirle eso.

-Ella… *hic* está mejor…-dio un largo trago de su petaca, y cayó fulminada al suelo-. Está… mejor… *hic*

Mientras Kratos corría (y con "corría" quiero decir que iba a la velocidad de un caracol, entreteniéndose en todos los detalles del paisaje) a salvar a Raine de un posible coma etílico, Lloyd se dirigió a hablar con Colette, la cual estaba mirando a la nada sentada en una piedra.

-Esto… Colette… Recordarás que me amenazaste diciendo que si no te daba tu regalo de cumpleaños me cortarías mis partes nobles. Pues… Aquí lo tienes-dijo el chico, entregándole un horrible collar hecho con uñas de los pies.

-¡Lloyd! ¡Es… Es estupendo!-dijo la chica, emocionada. Al principio, Lloyd creyó que le estaba vacilando, pero cuando vio la cara horrorizada de la muchacha al ver las tres palabras que surgieron de su boca comprendió que había sido involuntariamente sincera-. ¡Vaya!

A diferencia del suave "Es estupendo", el "¡Vaya!" de Colette sonó terrorífico, como solían sonar las palabras amenazantes de Colette. La chica miraba enfurecida su collar.

-¡Esto está roto!-dijo, escupiendo las palabras. Le tiró el collar a Lloyd a la cara, acompañado de varios escupitajos y diversos insultos que iban de "imbécil" para arriba. La chica se fue, crispada, y nadie la vio hasta la mañana siguiente, cuando el grupo continuó su viaje hacia el desfiladero de la Osa.

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Tras bastantes días de viaje, Lloyd, Genis, Colette, Kratos y Raine habían llegado por fin a la entrada del desfiladero de la Osa. Era un largo barranco por el que había que bajar delicadamente para no sufrir una muerte lenta y dolorosa.

-¡Bien!-dijo Raine al llegar, a la cual ya se le había pasado la resaca de esa mañana con la ayuda de varios calmantes-. Estamos en el desfiladero de la Osa, la parte que, absurdamente, une la parte litoral de la parte desértica de Sylvarant. El desfiladero de la Osa conecta el desierto de Triet con el deshabitado pueblo de Izoold, que a su vez conecta marítimamente con Palmacosta.

El grupo miraba asombrado los desprendimientos del desfiladero de la Osa, que arrasaban con los animales y los pequeños poblados de mendigos que por allí se extendían. Colette se acercó a una especie de trampilla:

-¿Qué es esto?-dijo, abriéndola.

-Por la cuerda que hay al lado, adivino que esto debe de ser una especie de entrada a la zona de mantenimiento de la mina-dijo Raine, dándose aires de enterada.

-¿Mina?-dijo Genis, sorprendido-. ¿Aquí hay una mina?

-En efecto-asintió Kratos, quien miraba el agujero con curiosidad-. En esa mina quedó encerrada una osa asesina que acabó con miles de familias. La gente, en señal de gratitud a la osa, ya que las familias asesinadas eran de tertulianos de Desiano-TV, llamó al lugar el desfiladero de la Osa.

-¿Ah, sí?-dijo una voz femenina.

-¡AAAAH!

En mitad de la perorata de Kratos, una chica se había ido acercando lentamente al grupo. Tenía el largo pelo negro colocado en una desordenada coleta. Su vestido morado era una especie de traje de ninja, cosa que hizo suponer al grupo que se había escapado de alguna convención friki de fans de Naruto, e iba acompañada por una diminuta bola de pelo con una larga cola azul.

-¡Qué interesante eso que has contado!-dijo la muchacha, felizmente-. Qué bonito es este sitio, ¡me encanta!

La ninja había sacado una guía turística de Sylvarant de su prominente escote y la miraba felizmente, con la bola de pelo colgada en su hombro.

-"Desfiladero de la Osa"-leyó la mujer-, "un hermoso lugar que alberga una mina en la que hay una legendaria osa antropófaga encerrada. La osa, conocida como Britney, mató a 517 desianos paparazzi en la Guerra del Share hace 500 años". ¡Vaya! Sí que es un sitio apasionante, ¿verdad, Korin?

-¡Así es!-dijo la bola, sacando fotos del entorno.

-¿¡Por qué hay turistas por todas las partes a las que vamos!-dijo Lloyd, desesperado, mirando a la ninja-. ¡No hemos hecho más que encontrarnos desianos paparazzi y turistas!

Kratos, sin embargo, dirigió una extraña mirada de comprensión a la mujer. La miró de arriba a abajo, observando sus ropajes. Raine, por su parte, bebía de nuevo de su petaca, que había estado llenando con una botella que sacó de su mochila. Colette estaba aburrida.

-A ver, tú…-dijo la muchacha rubia, cansinamente-. ¿Quién eres?

-¡Oh!-gritó la mujer, con los ojos desorbitados y la boca abierta. El bicho que llevaba en su hombro también parecía sorprendido-. ¿¡Tú eres la Elegida de la Rererereregeneración!

-No-le dijo Colette, bordemente-. Soy la Elegida de la Rerererereregeneración.

-¿Cómo? ¿"Re" seis veces? ¿Cómo puede ser…?-dijo asombrada la chica-. Verás-explicó-, yo soy una asesina enviada a matar a la Elegida de la Rererereregeneración… Pero cinco veces, no seis.

-¿No puede ser-preguntó Raine, de cuya boca caían unas gotitas de licor- que quien quiera que te haya mandado se haya equivocado?

-Puede ser-concedió la sicaria-. En fin, como sea, te mato y me quito de problemas… ¡Prepárate!-y sacó unas curiosas cartas de su escote.

Lloyd compadeció a la asesina a sueldo por el horrible destino que iba a sufrir, y a su vez se compadeció de sí mismo por la terrible escena que iba a presenciar. La asesina se lanzó sobre Colette, cartas en mano, pero en un rápido movimiento la mujer rubia se apartó de su camino y la muchacha se precipitó por la trampilla que minutos antes había abierto Colette.

-¡Aaaaaaah!-gritó la asesina, mientras caía.

-¡Oh, Dios mío!-dijo Colette, lamentándose en un falso tono de compasión. Cerró la puertecilla y rió burlonamente-. Un problema menos.

-¡Pero…! ¡La has matado!-dijo sorprendido Lloyd.

-Ahora nunca sabremos quién era-se lamentó Kratos, en cuyos ojos había dejado de brillar la tristeza para aparecer un brillo de curiosidad-. Parecía extranjera.

Genis, que se había arrodillado sobre la puertecilla del suelo, parecía haciendo cálculos.

-No sé yo si estará muerta. Suponiendo que podía medir un metro sesenta y pesar unos 50 kg, y que este agujero por el que ha caído mida unos 10 metros y ella haya caído a unos…

-¡Cállate!-espetó Colette, dándole una colleja-. He dicho que un problema menos, ¡así que un problema menos! Salgamos cuanto antes de este sitio asqueroso y dirijámonos a Izoold de una vez.

Obedeciendo sin rechistar a su en apariencia líder, el grupo siguió avanzando por el desfiladero de la Osa, cuyo camino era tortuoso y cansado. Cuando por fin alcanzaron el pie del desfiladero, en donde se encontraba la entrada de la mina, nuestros héroes, por llamarlos de alguna manera, se encontraban sudados, agotados y heridos, a excepción de Colette, en cuyos chakrams relucía aún la sangre de unos monstruos a los que acababa de asesinar. Ansiando encontrar una cama en la que descansar, el grupo procedía a salir por fin del desfiladero y dirigirse rápidamente hacia Izoold, pero justo entonces…

-¡Ey! ¡Esperaaaad!

La asesina a la que acababa de tirar Colette agujero abajo salió de la mina, llena de heridas y con los ropajes descolocados, y se dirigió rápidamente hacia el grupo. Parecía a punto de llorar.

-¡Jopetas! ¡Deja que te mate!-le dijo con lágrimas en los ojos a Colette-. Si no te mato, a mí…

-¡Que me da igual!-le espetó la rubia sin piedad-. Tengo que completar la Rerererereregeneración del mundo, no por salvar a los asquerosos sylvarantios, sino porque sin mundo a ver cómo me meto con Lloyd y Genis.

Los aludidos se acercaron hacia la asesina, y con una profunda pena hacia ella, le advirtieron que no dejarían que le tocara un pelo a Colette. La asesina pareció no ceder en su intención de acabar con Colette.

-¡Está bien!-gritó la muchacha-. Entonces tendré que mataros, ¡a todos!

Fue en un abrir y cerrar de ojos. La asesina desapareció en una nube de humo y apareció detrás de Genis. Le golpeó en el cuello con un golpe seco, y el peliblanco cayó al suelo fulminado sin siquiera poder defenderse. Mientras Lloyd se lanzaba sobre la mujer, ésta le esquivó dando un salto y se puso justo delante de Kratos, el cual no tuvo tiempo para sacar su espada antes de que la asesina le diese un golpe en el pecho con una carta que le dejó sin respiración. Kratos, al igual que Genis, cayó al suelo. Raine alzó su báculo para invocar habilidades sanadoras con las que socorrer a Kratos y Genis, pero debido a la cogorza que llevaba encima, tropezó y cayó al suelo, con la mala suerte de golpearse con una piedra. La asesina se entretuvo mirando esa escena, un fallo que lamentaría más tarde, pues Lloyd se lanzó sobre ella y la hirió en el brazo con una de sus espadas. Sin embargo, la chica desapareció de nuevo y apareció detrás de Lloyd, golpeándole en la espalda. Lloyd cayó al suelo, y al intentar levantarse de nuevo fue aplastado bajo el peso de la ninja, que se lanzó sobre él.

-¡Hala!-dijo la mujer, felizmente, sacudiéndose el polvo de la ropa-. Ya solo quedas tú, rubita.

-Realmente no me sorprende que te haya sido tan exageradamente fácil acabar con semejante grupo de inútiles. Pero yo soy muy distinta-dijo Colette amenazadoramente, y sacó sus chakrams.

La rubia se arrojó sobre la asesina, y la golpeó con uno de sus chakrams, mientras que con el otro atrapaba su cabeza y empezaba a aporrearla. La ninja intentó desaparecerse, pero Colette la agarró del pelo y, con una sonrisa de delicia ante los gritos histéricos de la sicaria, comenzó a matarla a patadas.

-¡Detente, Colette!-gritó Lloyd, cogiendo a la mujer rubia por los hombros. Sin embargo, la bola de pelo de la asesina se lanzó a morderle en la mano-. ¡Aaaahhh! ¡Para, bicho! ¡Para! ¡Quiero salvar a la asesina…!

Tras forcejear un rato con Colette, la asesina logró salir del chakram y se colocó a una distancia prudente de Colette. La rubia se colocó en posición amenazadora, pero decidió no perseguirla.

-¡Esto no quedará así!-gritó, enfurecida, colocándose la coleta que se le había deshecho por culpa de los golpes de Colette-. ¡Nos vamos, Korin!-y desapareció a la vez que la bola de pelo desaparecía.

CONTINUARÁ…

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¡Y por fin! ¡Tras dos largos años, llega la continuación de Tales of an offtuned Symphonia! Abandoné el fic al ponerme en otro proyecto, pero finalmente he decidido retomarlo, y en este capítulo hemos ido viendo los precedentes que sentarán las bases de lo que será el fic en el futuro: Para empezar, los guías turísticos que aparecerán en los distintos templos del juego. Las ruinas de Triet se han convertido en un antiguo poblado de prostitutas, y todos los templos del juego sufrirán una transformación similar, jeje. Además, ha aparecido la misteriosa asesina que viene dispuesta a matar a Colette. También ha habido una leve evolución en los personajes, especialmente en Kratos. Espero que os haya gustado más que los tres primeros episodios, y por cierto éste es el más largo de los cuatro. Prometo que el quinto capítulo aparecerá mucho antes de lo previsto. Vamos con las aclaraciones de turno:

Grog: Una de las bebidas que Raine saca de su mochila es en realidad la famosa bebida que toman los piratas en Monkey Island. Seguro que esta referencia la ha pillado todo el mundo.

Doble Whooper con queso: Para los asiduos de la comida basura, ésta es una hamburguesa bastante grandota que puede encontrarse en cualquier Burguer King (o al menos se podía en mi infancia).

Y pocas más cosas se pueden aclarar. Respondería a las reviews, pero con más de 2 años de lapso entre la review y mi capítulo, ya poco sentido tendría. ¡Por favor, no os olvidéis de dejar una review!