A Midorikawa Ryuuji no le gustaba mentir sobre él, tampoco sobre su pasado. Lo normal era ocultar datos y cosas que no podía comentar libremente con los demás. Mentir es fácil pero no decir lo que quieres es agotador.

Un día lo intentó. En una cena con sus compañeros de trabajo bebió un poco de más y se sintió valiente. Estaba hablando con esa chica nueva que daba clases de inglés, tan simpática y graciosa que no se molestaba en ocultar que era lesbiana y vivía con su novia en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad. Y él, que podía haberle dicho que era más mariquita que los insectos y también vivía con su novio, pensó en soltar otra bomba igual de cierta aunque un poco más tabú.

–¿Te acuerdas de la academia Aliea? ¿Esos niños que se creían extraterrestres y querían invadir la tierra? Pues yo era el capitán del Gemini Storm, el tipo raro del pelo de punta que parecía un helado de pistacho. Sí, ese, ese.

Una vez dicho, sonaba como haber confesado el peor crimen de la historia y se arrepintió de inmediato. Cuando estaba a punto de entrar en pánico, sus compañeros de trabajo empezaron a reírse de su revelación. Y entonces ocurrió.

Le sentó igual que si le patearan con fuerza en el estómago.

Cuando has destrozado colegios a base de balonazos gracias al poder de una piedra espacial, es difícil no creer otro tipo de historias, aunque estas incluyan viajes en el tiempo. Y conocía perfectamente a Kariya, fue el primero en hablarle cuando entró en el orfanato, su segundo capitán cuando jugaban en el Gemini Storm y uno de los defensas del Inazuma Japan. Prácticamente no se habían separado en su vida. No sabía mentirle y en esta ocasión estaba siendo muy sincero.

Sería terrible poner en duda su historia.

"No hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti"

Tenía a Kariya un amor especial casi desde la primera vez que le vio, solo y triste en el parquecito del orfanato. Era un vínculo que solo había sentido con Hiroto, como si un hilo invisible del destino le uniera a ellos dos. Fue una verdadera pena que Hiroto acabara separándose de él y aún no entendía el motivo que lo había llevado a hacerlo. En cambio, según pasaba el tiempo, empezó a echarle tanto de menos que terminó corroborando que, aunque le quería tanto como a su novio, no era de la misma manera y no había sido tan bueno interpretando sus propias emociones como había pensado.

Buscar el momento justo para contarle sus sentimientos parecía complicado, nunca encontraba la ocasión, siempre le daba pena hacer daño a alguien a quien quería tantísimo en realidad. No pensó que bajo esas circunstancias saliera tan natural de su boca y que encima al otro le sentara tan bien que pareció que le hubiera tocado la lotería porque, de forma increíble, al parecer en su línea temporal Hiroto y él eran pareja y también sus tutores.

¿Yupi?

–¿Y qué piensas hacer para regresar a tu línea temporal? –le preguntó, como quien habla del tiempo.

–No lo sé. Puedo esperar a que todo se normalice, pero eso puede suceder ahora mismo, o dentro de tres días o puede que en años –fue su respuesta –. Lo que no sé es si buscar a mis amigos, porque en teoría deberían estar viviendo en Inazuma Town. Y puede que sigan siendo estudiantes de secundaria y no recordarme, no sé. De momento en mi memoria de esta línea temporal no tengo ningún recuerdo de ellos.

El segundo día de baja "forzada" de Kariya pasó sin pena ni gloria. Él tuvo que ir a trabajar y lidiar con los enfados de Norihito en la escuela mientras el otro se empapaba de noticias en internet para ver si había cambiado algo más, cosa que no había pasado. Estaban sentados en el pequeño sofá-cama del salón, Kariya abrazaba el cojín igual que como lo hacía cuando estaba entrando en la adolescencia, según recordaba Midorikawa con cierta gracia. Acababan de comer bento preparado de una casa de comidas situada a menos de cinco minutos de los apartamentos dónde vivían, a Midorikawa le pareció buena cuando regresaba a casa después de su jornada laboral. Ninguno de los dos estaba para ponerse a cocinar y mucho menos pensar en algo que no fuera lo que estaba sucediendo.

–Hiroto te esperará mañana en el trabajo, hoy era tu segundo día de descanso. ¿Te acordarás de cómo ir? ¿Y cómo hacer tus tareas?

–Sí, por eso no hay problema –Contestó –. Es curioso, pero recuerdo como es mi trabajo y lo que tengo que hacer y algunas citas de la agenda. Es como si tuviera los recuerdos de dos personas dentro de mí.

–Espero que no los pierdas. Creo que podríamos empezar por hacer algo, como una lista de gente a la que conocieras en la otra línea temporal, para ver sí podemos encontrarlos en esta. A lo mejor podemos encontrarnos con alguna que otra sorpresa, ¿te parece?

–Hay que empezar por alguna parte, supongo.

Midorikawa sonrió un poco, sintiendo pena por él. El día siguiente iba a ser toda una prueba de fuego y esperaba que no se volviera loco con todo lo que implicaba su nueva vida.

Kariya estaba enfadado por el comentario inocente de Tenma sobre su estatura, y que fuera más alto que Kurama y Shinsuke no le servía de consuelo. Los chicos de primer año se metían con él porque aún no había pegado el estirón como el resto y se quedaba atrás, bajito y cabreado.

Encima las últimas veces que echaron una pachanga le pusieron de portero. Él era un magnifico defensa, no hacía falta cambiarle la posición y a Shinsuke no le importaba ser el portero del equipo. Además, tenía un imán magnífico para recibir todos los balones en la cara, no tenía ganas de terminar en la enfermería cada dos por tres por culpa de conmociones cerebrales.

Estaba refunfuñando en los vestuarios, vestido solo con los pantalones del chándal, con pocas ganas de salir de ahí y enfrentarse de nuevo a sus queridos compañeros de clase.

Tenma me ha contado que estás enfadado con el mundo o algo así. ¿Es por ponerte de portero de nuevo?

Como siempre, parecía que Kirino surgía de la nada solo para jorobarle la existencia. Se agachó frente a él, con la cabeza ladeada y una mirada curiosa en sus ojos grandes y azules.

¿Te vas a reír de mi? –Kariya preguntó, ceño fruncido y pucheros incluidos. Kirino simplemente negó con la cabeza. Cogió una de las manos del chico y la comparó con la suya. Kariya no dijo nada, pero miraba confuso cómo Kirino juntaba las dos palmas.

Es curioso. Te saco media cabeza pero tus manos son tan grandes como las mías. Ahora comprendo por qué te ponen de portero de vez en cuando.

Kariya se apartó con brusquedad, intentando tapar su vergüenza y su rostro colorado con el flequillo. No sabía cómo era posible, con toda probabilidad ni siquiera quería entenderlo, pero Kirino era capaz de sacarle los colores casi sin esforzarse.

Soy el niño enano y feo de las manos grandes, ríete de mí si quieres.

¿Para qué? No soy tú.

Kariya volvió a ponerse más colorado si era posible, y Kirino le sonrió. Volvió a cogerle de la mano para repetir el gesto de antes. Esta vez el otro no hizo ningún amago de separarse de nuevo, muerto de la vergüenza como estaba. Kirino aguantó una pequeña risa e intentó mirarle a los ojos, a sabiendas que eso le ponía nervioso. Era parte de esa relación extraña que tenían los dos, algo que a veces les enfadaba y otras disfrutaban en silencio. Se habían vuelto unos amigos un poco extraños.

A lo mejor ahora eres bajito, pero aún te queda mucho por crecer y se demuestra con el tamaño tus manos. Y tampoco eres feo, si no pusieras esa sonrisa de psicópata tendrías muchísimas fans. Además, es bueno probar a hacer cosas distintas en el equipo, aprendes de esa manera a mirar las jugadas y a tus compañeros de otra manera, ¿no crees?

Estaba a punto de contestarle que él no era precisamente un ejemplo de paciencia y comprensión, e intentó morderse la lengua, pero no pudo.

Miura le miró con el ceño fruncido desde el otro lado de la habitación.

Vale que has tenido un mal día, pero por lo menos intenta no pagarlo con los demás. ¿Dónde está Midorikawa cuando le necesitamos? Es el único que consigue calmarte.

Ya no vivían en Sun Garden, si no en un enorme edificio que simulaba una nave espacial, cerca del monte Fuji. Al parecer tenían todo el primer piso para ellos solos, con una enorme y lujosa sala de entrenamiento, habitaciones espaciosas y una cómoda sala común. Su padre les dijo que eran los primeros en llegar, pero que en nada se encontrarían con el resto de sus amigos del orfanato. Pero de momento, debían entrenar.

Kariya observaba con sospecha la piedra que colgaba de su cuello, igual en color y de similar forma a la del resto de sus compañeros. Desde que la llevaba al cuello su fuerza física había aumentado, de hecho Nozomi se cortó la mano al coger un vaso de agua y romperlo casi sin darse cuenta. A partir de ese momento la vajilla cambió por completo a una mucho más resistente, al igual que otros muchos objetos para que eso no volviera a pasar.

Lo bueno era que a parte de tener superfuerza, se curaban con rapidez. El corte de Nozomi no duró más que unas cuantas horas, desapareciendo sin dejar rastro.

Eso les estaba asustando. Midorikawa había sido nombrado capitán del equipo y estaba angustiado, con tanta responsabilidad sobre sus hombros. Siempre se había tomado todo muy a pecho y era bastante competitivo, pero nunca le habían visto tan mal. Decía que desde que llevaba la piedra en el cuello le dolía más el pecho, como si estuviera sacando lo peor de su interior, esa personalidad negra que vive oculta en los corazones de la gente.

Rimu les confesó que todas las noches, antes de dormir, repetía como un si fuera un mantra su nombre, su edad y todos los datos importantes sobre su persona. Eso, decía, le ayudaba a sentirse más tranquila y a dormir mejor, tenía miedo a dejar de ser ella misma.

Un día que regresaba del baño, después del toque de queda para ir a la zona dónde estaban sus habitaciones, le pareció oír a través de las puertas a más de uno realizar ese pequeño ritual, imitando a su compañera de equipo. Se paró delante del cuarto de su capitán, sin saber si entrar o no. Se habían llevado bien siempre pero toda esa situación había creado un muro invisible entre los dos.

Me llamo Kariya Masaki, tengo trece años, vivo en Sun Garden. Bueno, ahora no.

Tenía que reconocer que Rimu tenía razón, y esa pequeña tontería le quitaba un enorme peso de encima.

El despertador resonó por todo el cuarto, despertando a las dos personas que se encontraban dentro de la cama. Kariya abrió un ojo para ver cómo Midorikawa se daba la vuelta, poniéndose de paso las sábanas sobre la cabeza.

La rutina la tenía grabada en la memoria, a pesar de no haberla seguido nunca. Tenía que levantarse, ir a la ducha, preparar el desayuno para los dos, ya que Midorikawa entraba un poco más tarde a trabajar. Él tenía que ir a la estación de tren para poder ir a las oficinas del centro.

Estaba aterrado, sería la primera vez que vería a Hiroto, y éste le trataría como un adulto. En su línea temporal Hiroto era amable y dulce, quizás algo tontorrón a veces, siempre pendiente de su pequeña y disfuncional familia, aunque Suzuno y Nagumo vivieran muy lejos, en Corea, y sus visitas fueran escasas. Siempre se lo pasaba bien con ellos.

Estaba tan preocupado por su propia situación dentro de esa línea temporal que no le había preguntado a Midorikawa sobre la gente adulta que conocía, sobre todo los que habían vivido en Sun Garden. Quizás por la noche, cuando tuvieran tiempo a solas.

Salió de la habitación con la muda en la mano, dispuesto a entrar en el cuarto de baño cuando escuchó ruidos a su izquierda, como si alguien estuviera haciendo uso de la cocina.

Aguantó la respiración, caminó un par de pasos con cuidado, hacia la entrada, para coger con cuidado uno de los paraguas que seguro Midorikawa compró en un conbini en una tarde lluviosa. Con la improvisada arma en una mano y los calzoncillos en la otra, se dirigió con cautela hacia el origen de ese ruido. Estaban abriendo la nevera, alguien había cogido un vaso de la alacena y Midorikawa seguía dormido en la cama sin enterarse de nada.

Mucho mejor si seguía siendo así, lo último que quería era que alertara al ladrón sin querer al salir del cuarto antes de que él entrara en acción. Ahora era uno de los hombres de la casa, había que comportarse como tal y salvar el día. O por lo menos ahuyentar al intruso como si fuera un insecto indeseado.

Uno.

Dos.

Tres.

–¡Maldito ladrón, largo de mi casa!

–¡No me pegues!

La voz era familiar, pero eso no evitó que recibiera un paraguazo en la cabeza que le tiró al suelo.

–¡Kariya, tío! ¿Estás loco o qué?

–¡Nagumo-san!

Frente a él y con su inconfundible peinado de siempre, se encontraba Nagumo Haruya y a su lado, manchando el suelo, un vaso de leche caliente hecho pedazos. Midorikawa apareció de pronto al lado de ellos, con sus ojos rasgados abiertos como platos. Se tranquilizó enseguida al ver la escena.

–Hola, Nagumo –saludó –. ¿Qué ha pasado esta vez?

Kariya estaba intentando acompasar su respiración, cosa imposible cuando su corazón latía desbocado en su pecho, y miró a Nagumo, que no se había levantado aún. Midorikawa suspiró y dio un par de palmaditas en la espalda a su ahora ex novio.

–Mejor habla con él, pero que limpie la leche del suelo.

–¡Pero Midorikawa! –Nagumo intentó quejarse y solo recibió una mirada cortante por parte de su amigo.

–Sabes que esto iba a pasar tarde o temprano, no te dimos la llave para que entraras cuando te diera la gana. Quien siembra vientos recoge tempestades.

Estaba enfadado y Kariya decidió que era mejor dejar que se volviera a dormir. Nagumo, por su parte, se había levantado y al parecer sabía dónde estaba el cepillo, el recogedor y la fregona, así que pasaba en su casa bastante tiempo. Los recuerdos se le agolpaban, tomando forma en su mente, y de pronto una idea le vino a la cabeza.

Estaba al mismo nivel que Nagumo. Ahora no era una persona adulta que le intentaba dar lecciones de vida que nadie quería escuchar (aunque buscando en el fondo no eran tan malas). Nagumo había pasado de familiar a colega. Y no estaba seguro de que le gustara la idea.

–¿Qué ha pasado? –preguntó con curiosidad a pesar de intuir la respuesta a la perfección. Nagumo se sentó en el pequeño sofá-cama situado debajo de la ventana y sus labios temblaron, aunque no dejaba caer ni una sola lágrima.

–Suzuno me ha echado de casa.

–De nuevo –aventuró su amigo, y no se equivocó. No era la primera vez que pasaba.

–Sí, de nuevo. Macho, es que no sé que hago mal, yo creo que directamente le caigo de culo. No sé que hacemos juntos, si quieres que te diga la verdad.

Los recuerdos regresaban a la mente de Kariya con cuentagotas. Poco a poco, imágenes de Nagumo durmiendo en su casa y de Midorikawa suspirando pasaron como un flash por sus memorias. No recordaba que pelearan tanto en su línea temporal, ni siquiera se le había pasado por la cabeza que pudieran tener una relación comparable a la de sus tutores. No quiso preguntar mucho para que Nagumo no sospechara de su extraña circunstancia, así que fue sobre seguro.

–Te puedes quedar a dormir si quieres –le dijo–. Aunque te recomendaría pedirle perdón a Suzuno lo antes posible. Sea lo que sea, habrás tenido la culpa de lo que ha pasado.

Nagumo asintió con la cabeza, mientras tiraba los cristales al cubo de reciclaje correspondiente, situado en la entrada. Regresó de nuevo casi sin decir nada y terminó hecho una bola encima del sofá-cama.

–¿Seguís sin pagar a los de la NHK? –preguntó, y Kariya sabía qué responder.

–No. No vemos la tele, no vamos a pagarla para las dos noches que te quedas aquí de vez en cuando.

–Sois un rollo de pareja. Pero igualmente os quiero.

–Nosotros a ti no –bromeó, y Nagumo soltó una carcajada–. Tengo que prepararme para ir a trabajar, y creo que no me da tiempo a darme una ducha rápida.

–Vale –musitó Nagumo–. Estaré aquí, triste y lloroso hasta que regreséis de vuestros quehaceres.

–Eres un dramático. –Kariya sonrió de medio lado, descubriendo facetas de su "tío" que nunca había visto antes, porque quizás a los niños se les oculta cualquier detalle que implique debilidad de un adulto.

–Lo sé, y me gusta.

Media hora después Kariya se encontraba de camino a la estación de tren, después de despedirse de Midorikawa, que se acababa de levantar. Le deseó suerte con una sonrisa y esos ánimos fueron suficientes como para salir corriendo del bloque de apartamentos con optimismo. Mientras, lejos de ahí, Kira Hiroto había pasado la noche durmiendo de nuevo en el sofá-cama de su oficina.

Debía prepararse para la primera reunión de la mañana, y como siempre, no se sentía con fuerzas de hacerlo.


Primero primerísimo, muchísimas gracias a Pap por hacer de beta. Gracias a ella estoy aprendiendo cosillas, intentaré cometer menos errores en el futuro :D luego, muchas gracias a todos vosotros por los reviews y favoritos, como siempre. Me hace mucha ilusión.

No creo que haya mucho que aclarar… Bueno, en Japón se paga por ver la televisión pública, hay un tipo que va puerta por puerta cobrando, por eso Nagumo pregunta lo de si se ha pagado a la NHK. Y solo avisar que poco a poco el fic va a dejar de centrarse tanto en Kariya para poder poner el punto de vista del resto de personajes, según los vaya presentando. También quería mantener una rutina a la hora de subir los capítulos, pero no va a poder ser, así que dejaré eso de intentar subirlos los viernes para hacerlo cuando lo tenga.

Ya sabéis, encantada de recibir opiniones, tartitas de nata o tomates en los reviews. Y nos vemos en la siguiente actualización :D