"Un carruaje para Cecile"
*Capítulo 4: "¿Quién eres tú?
DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Ella y todos sus personajes son propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon. Este fic no tiene fines de lucro.
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Habían pasado dos días desde la maldita confusión de nombres de Bob; del soborno que Helga no sabía; de que Arnold pasara más y más tiempo con Lila a causa de los ensayos, y desde que la rubia se retuercía de celos, en miles y vanos intentos de convencer a Bob de ser ella la mejor representante de los localizadores y de estar "ciento por ciento comprometida con el proyecto".
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—¿Y si armara la decoración?
—No.
—¡Pero papá...! —se quejaba—. ¡Soy Helga, tu hija! Piénsalo así: —le dijo apoyando su mano izquierda en su hombro y con la derecha, señalaba la inmensidad—; como tu hija, soy el rostro visible, el futuro; lo nuevo, ¡una heredera de tu creación! ¡Seré quien le dé un matiz diferente a tu compañía, en el futuro!
—No me convence.
—Oh, rayos, Bob. Sólo es un comercial. ¿Por qué prefieres a una niña cualquiera antes que a mí? ¿Por qué?
—Porque renunciaste, Helga. No puedo arriesgarme a que te arrepientas otra vez, jovencita. Hay gente detrás de este proyecto, que espera resultados favorables. No es un juego de niños, ¿entiendes ahora? —le dijo molesto.
—Entonces, lo tomaré con toda la responsabilidad del mundo.
—Sólo una cosa, ¿por qué ese repentino interés en el comercial?
—Me sentí mal por haberte abandonado... Papá. Sé que te estás esforzando en esto de la publicidad y que quieres aumentar las ventas, y yo lo entiendo... —la interrumpió.
—Bien. Lo discutiremos el fin de semana. Ahora, déjame en paz. Veré las luchas. La rubia decidió seguir el consejo de su padre, a la vez que rezaba para regresar al lugar que le correspondía desde un principio.
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El Lunes...
—Buenos días, niños. —saludó Pataki, junto a su hija, al llegar al ensayo con prisa.
—Buenos días.
—Tengo un anuncio que hacerles. Habrá algunos cambios en el comercial, y ya se lo he comunicado a Lily.
—¿Lily? —preguntó Harold, quien colaboraba en la escenografía.
—¿Lila, señor? —preguntó Arnold.
—Ah, sí, sí. Ella ha decidido cederle su lugar en el spot a Helga.
—¿Helga? —dijo Sid con incredulidad.
—Sí, bueno... —Bob vaciló—, es que ella era la protagonista original, pero hubo un malentendido y ahora lo es nuevamente... —Arnold se sintió un poco triste, al saber que no podría besar a Lila en la filmación, idea que tanto rondaba en su cabeza desde que anunciaron que la pelirroja reemplazaría a Helga.
—Oh, ¿y qué va a pasar con los ensayos? —preguntó Simmons. El crítico de teatro comenzó a sentirse ofuscado por el cambio.
—La grabación será este viernes, dos días después de lo previsto —aclaró Bob—, mientras tanto, nos dará tiempo a terminar los detalles de la decoración, y todo ese asunto. Por cierto, —giró—, ¿cómo va eso, Nick?
—Esta mañana traerán la utilería, las flores y el vestuario...
—¿Llegamos con el dinero?
—Sí, bueno, fue difícil conseguir todo en tan poco tiempo, pero lo logramos...
—Estupendo. Bueno, niños... Primer ensayo con Helga. ¿Estás listo, Alfred?
—Arnold. —corrigió el chico.
—Cómo sea. Olga ya se sabe sus líneas. —dijo sentándose en el auditorio, a ver la actuación.
—Soy Helga, papá... —aclaró rodando los ojos.
—¡Perfecto! —sentenció, complacido—. ¡Sigamos así, mañana! —indicó, dando por finalizados los ensayos del día, luego de presenciar dos veces la idea de su comercial.
—Me alegra que lo hagas, Helga.
—Ah, sí, bueno, Cabeza de Balón... No podía dejar solo a Bob en esto... Además, claro, saldré en televisión, seré famosa y todos me amarán... —fingía interés por esas cosas.
—Qué bien, entonces. ¿Lila lo tomó bien?
—¿Lila? Bueno, sí. —comenzó algo dubitativa—. Ella no estaba muy segura de actuar, y fue quien me pidió que lo reconsiderara...
—¿Ajá? —preguntó Arnold, mientras salían del auditorio—. Qué lindo gesto de su parte... —acotó, sonriente.
—Sí, bueno... Ella también lo convenció a Bob. Pero de todas formas, no es de tu incumbencia, Arnoldo. —dijo molestándose, al notar que el tema de conversación giraba solo en torno a la señorita perfección.
—Está bien, Helga. No tienes por qué molestarte. Bueno, supongo que nos vemos mañana. Hasta luego.
—¡Adiós, cabezón!
Cielos, ¿por qué tengo que ser tan grosera, siempre? Si tan solo pudiera demostrarle mi verdadero yo, la Helga real, la que día y noche lo ama, ¡si tan sólo pudiera! ¡Pero no! Siempre tiene que estar mencionando a la chica perfecta, Lila... ¡Dios! ¡Por qué la odio tanto! Si ella, después de todo, me ofreció su lugar, sin que se lo pidiera. Estúpida señorita perfección. Si no tuviera que odiarla, me agradaría. —decía maldiciendo por lo bajo, empujando las puertas vaivén de la escuela—. ¡Pero el viernes, una vez más, seré la damisela...!
—Buena energía, Olga. Consérvala el día de la filmación. —le aconsejó Bob.
—De acuerdo, pero soy Helga, Papá. Helga. —aclaró, dejando atrás su monólogo romántico, antes de que su padre o alguien más se diera cuenta de lo que hasta hacía segundos estaba vociferando.
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Los ensayos transcurrieron con una normalidad y perfección tan grande, como sorprendente. Todo parecía ir bien. La escenografía ya estaba terminada; las flores que cubrían el falso palacio de utilería, habían quedado muy pintorescas, al igual que el vestuario y la iluminación. Claro que Wartz no lo había hecho tan simple. Su nombre y el de la escuela, figurarían en los créditos de letra pequeña. Para Bob, era más que un buen acuerdo.
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Llegó el día de la filmación, y el clima que reinaba era de ansiedad y excitación por parte de todos. Los chicos, con muchas tareas de utilería, eran ayudantes de escenario y de vestuario. Rhonda asesoraba a Helga en el tema que más conocimientos poseía: la postura.
—¿De dónde sabes tanto de esto, princesa? ¿Acaso hiciste un curso acelerado con la reina de Inglaterra? No necesito que me asesores.
—Ingrata.
—¿Cómo me llamaste? ¿Tú sabes que soy la hija del director, verdad? —le preguntó, indignada.
—Sí, pero con esa cosa encorvada que eres, dudo que hagas del comercial un éxito, Helga... —respondió con desdén.
—Chicas, tranquilas. —mediaban Curly y Arnold.
—Cállate, gusano. —le respondieron a coro al chico de anteojos.
—Y tú, Arnoldo dedícate a ser sólo el estúpido príncipe, ¿sí? —decía mientras forcejeaba con Sheena y Phoebe, que arreglaban su traje y cabello.
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—Bueno, Arnold. No queda más que desearte toda la suerte del mundo... —dijo con cierto temor el moreno.
—Gracias, Gerald. Tranquilo, nada puede salir mal.
—Eso espero, Arnie. Con el clan Pataki, nunca se sabe. Además, el tipo ese del teatro, no parece muy feliz.
—Pienso lo mismo, desde que Lila no es más la protagonista, él está como...
—¿Molesto? —sugirió Gerald.
—Sí, molesto.
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La primera escena, consistía en filmar a Arnold en un callejón (que era una zona aledaña al palacio de Cenicienta) donde buscaba desesperadamente a la princesa. La misma, debía ser en las penumbras, y Helga estaba ubicada detrás de lo que simulaba ser el otro lado de la ciudad, pero también, en una cierta oscuridad. Las tomas del rubio buscándola salieron muy bien, pero quien sabe por qué, mientras Helga estaba sentada esperando por unas tomas más cercanas a su rostro, un chorro de agua cayó sobre su frente, desarmando su peinado semi recogido. Ella no sabía cómo, pero desde arriba le había caído agua, como si fuera del cielo; y en ese momento, las escenas de Arnold se estaban rodando con el jingle de fondo, el que sería del comercial; por lo tanto, sus gritos de alerta no fueron escuchados.
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Sin mediar más nada, Bob y Vermicelli ordenaron "¡Corten!" y la escena de Arnold a solas, terminó. A continuación, dieron la orden de rodar la escena junto a Helga.
—¿Helga? ¿Dónde estás? —preguntó Bob—. ¡Oh, ahí estás! ¡Es tu escena, lúcete! —le indicó, sin prestarle demasiada atención, cuando los reflectores se posaron en ella.
—Eso haré... —balbuceó para sí—. ¡Estoy empa...! —El crítico la interrumpió. Arnold no podía sacarle los ojos de encima, analizándola.
—Espero que realmente te luzcas, jovencita. —la amenazó, bajando desde alguna escalera interna del escenario, que conducía a otro piso—. No presté toda mi utilería para que usen mi nombre y me hagan quedar mal... —concluyó, riéndose con malicia.
—No se preocupe... —lo frenó.
—¡Bien, basta de peroratas! ¡Comencemos a filmar, este comercial no se hará solo! —protestó Bob.
—¡Todos a sus lugares! —ordenó Vermicelli. Ambos rubios obedecieron.
—¡¿Listos?! Y... ¡Acción!
—"¡Eres tú, mi bella Cenicienta!" —le dijo Arnold, con voz encantadora, sosteniendo su localizador.
—"¡Oh, Dios mío! ¡Has venido a buscarme! Pero... ¿cómo me hallaste?"
—"Fue muy sencillo... —le sonrió, acercándose—. Te marqué en el localizador... Y escuché que sonaba..."
—"¡No puedo creerlo, mi príncipe encantador!" —dijo ella, tomando las manos del rubio. La mitad de su rostro estaba cubierto por su cabellera humedecida por el agua misteriosa que había caído sobre ella, dándole un halo de —también—, misterio a la damisela del comercial. Sus rizos, ahora caían como finas hebras doradas de cabello ondulado.
—"Y ahora, mi hermosa princesa, nunca más nos separaremos, gracias a este localizador..." —le dijo, viéndola con dulzura, mientras acariciaba su mejilla.
—"Localizadores Big Bob, con ellos, encontrarás a tu príncipe encantado..." —sugirió ella, con total profesionalismo, mirando a la cámara, para luego quedar frente a frente con Arnold. Él le dedicó una última mirada de amor y lentamente se aproximó a ella, y la besó, tomando su rostro con ambas manos. Helga se sentía tan agitada y nerviosa, que le temblaban las piernas. Para su suerte, el vestido le cubría hasta los pies.
—¡Y corten, se imprime! —exclamó Bob—. ¡Genial, chicos!, ¡genial! Ambos se separaron y Helga se sonrojó por un instante. Todo había transcurrido tan rápido... Era tan vergonzoso saber que estaba ruborizada y que él la miraba. Era tan horriblemente humillante permitirlo, que lo más atinado que pensó hacer, era huir. Pero algo se lo impidió. Arnold la tomó de su brazo.
—¡Espera! —le dijo con desesperación—. No puedo creer que seas tú. Helga lo miró con los ojos ampliamente abiertos.
—¡Vengan a ver cómo quedó la escena, niños! Toda la clase estaba ansiosa por ver la filmación, que obviamente, habría que editar.
—¿Qué? —le preguntó ella.
—¡Vamos, Cecile, dame un abrazo! —le dijo Arnold, haciendo el ademán para abrazarla. La expresión de la rubia, cambió a una de horror y desconcierto. ¡Estúpido Cabeza de Balón! ¿Acaso el cabello cubriéndole la mitad de su rostro lo había confundido? ¿Cómo podría no darse cuenta que seguía siendo ella? Tuvo que corresponder el abrazo, sin saber muy bien cómo reaccionar, de allí en adelante. Él se apartó.
—¿Dónde está Helga?, ¿por qué tomaste su lugar? —preguntó el chico, analizándola por completo.
—Eh, yo... Bueno, ella... Se arrepintió a último minuto y... —dijo improvisando. Arnold frunció el ceño, sin comprender.
—¿Cómo supiste el parlamento? ¿Vienes a esta escuela? —continuó él, interrogando.
—¡Vengan de una buena vez! —ordenó Bob.
—Debemos ir con él, Arnold... —sugirió Helga.
—Eh, sí, claro... —respondió el rubio, aun desconcertado por la presencia de quien él cree, es Cecile—. No pensé que volvería a verte... Es decir, hace casi un año que...
—¡Sí! Mucho tiempo. —comentó nerviosa, acelerando la marcha hacia donde se encontraban Bob y los demás.
—¡Muy buena actuación, Arnold! —Lo felicitó Gerald—. Y ese beso, bueno, viejo. Casi no me creo que era Helga...
—Gracias, amigo. —le susurró algo al oído—. Ella no es Helga. ¡Es Cecile! —Gerald la comenzó a mirar con atención, y coincidió con su amigo. Esa definitivamente no era Helga.
—Helga, lo hiciste bien... — le comentó Bob, viendo la filmación. Todos los chicos de la clase la miraban con desconcierto. Bob volteó para verla...
—¿Quién eres tú? —le preguntó, totalmente concentrado en la jovencita que estaba delante de sus ojos.
—Yo... —masculló, ganándose más atención de todos los que la rodeaban, quienes también se preguntaban quién era.
—¿Dónde está Helga? —preguntó Stinky.
—Yo soy… Cecile. —sentenció, aun con la sorpresa y confusión generalizada. Helga se escondió más aun, detrás del mechón de cabello que le cubría la mitad de la cara. Arnold aun no podía creerlo.
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CONTINUARÁ…
Hola queridos lectores. Muchas gracias a todos y a cada uno de ustedes; por leer, comentar, agregar a favoritos y seguir. Como es usual, respondo por PM. Siempre tuve una obsesión con el capítulo del día de San Valentín y así surgió la idea de este fic. Continúan siendo niños, sólo tienen 10 u 11 años, por lo que trato de mantener la esencia de la serie en esa época.
No sé cuántos capítulos serán, tengo escrito un poco del que sigue. La idea sería que sean 8 u 10.
Nos leemos en una semana – diez días. Quiero avanzar con esta historia, ¡estoy inspirada!
Hasta la próxima, MarHelga.
