Hola a todos! Os traigo un nuevo capítulo:)

Como siempre, agradecer a los usuarios que han dejado algún mensaje o siguen mi historia (por orden): Nikki Heat Beckett, pimar, HuddlyBBlove y Mafer26637.

Gracias por vuestros comentarios! Contesto a cada uno de ellos individualmente, así que si tenéis alguna pregunta, podéis hacerla, que contestaré sin ningún problema.

Os aseguro que con este capítulo os llevaréis una grata sorpresa ^^

Capítulo 3

El equipo estaba examinando el cadáver sin identificar: mientras Cam examinaba lo poco que quedaba de tejido blando en el cuerpo, Brennan iba viendo algunas fracturas y microfracturas que le iban dando pistas sobre esa persona. Hodgins tomaba muestras de la víctima y se las llevaba a su laboratorio para examinarlas.

De momento, sabían que era un chico, de 16 a 17 años de edad; Brennan vio algunos indicios que le llevaron a pensar que era muy probable que fuera jugador de tenis. Desgraciadamente, Brennan y Cam vieron numerosas contusiones producidas antemortem: eso daba lugar a que el chico sufrió antes de morir.

Poco después, Angela subió por las escaleras. Traía la identificación del chico:

- Ya tengo la identificación de la víctima: se llamaba Alexander Roberts, tenía 17 años y vivía aquí, en Washington. Llamé a Booth para decírselo. Por lo visto era una gran promesa del tenis: ganó varios torneos y hay numerosos artículos con sus victorias en la revista y la página Web de su instituto… - miró durante un par de segundos al cuerpo que yacía sobre la mesa y pensó en el horrible suceso que podría haber sido su muerte - pobre chico -.

- Gracias Angela – dijo Cam.

- En cuanto tengas las muestras de tejidos, limpiare los huesos y me pondré con ellos – dijo Brennan.

Todos se quedaron un poco perplejos ante la actuación de Brennan: estaba desanimada, rara… En cuanto dijo eso, se quitó los guantes deprisa y se dirigió a su despacho sin mediar palabra. Por otro lado, era comprensible: después del caso de la sepulturera, que ahora apareciese un nuevo caso de ella y con un posible cómplice tras ella y Booth….

- Iré a hablar con ella – dijo Angela algo preocupada.

- Claro, tranquila: necesita tu apoyo – contestó Cam.

Angela le sonrió y fue tras su amiga. Temperance se encontraba sentada en su escritorio, repasando trabajos de sus alumnos… aunque pensaba en cualquier otra cosa que no fuera en aquel trabajo sobre antropología que tenía delante de sus ojos.

- (toc, toc) ¿Puedo pasar? – preguntó Angela.

- Claro Ange, pasa – contestó Brennan, dejando el trabajo a un lado. Angela se sentó en una de las sillas, frente al escritorio de su amiga.

- Brennan…. Oye, se que te encuentras mal por todo lo que esta ocurriendo… el caso, lo del juicio de la sepulturera… pero soy tu amiga y… sabes que puedes confiar en mí, puedes contarme lo que quieras: soy tu mejor amiga ¿no? – dijo Angela.

- Sabes que si… - Brennan se levantó y se dirigió a ella. Angela se levantó del asiento y las dos se abrazaron (como buenas amigas) – Gracias Ange.

- De nada cariño – le respondió Angela.

Otra cosa no, pero Angela tenía buenos instintos, y uno de ellos era que su amiga le ocultaba algo… algo que le preocupaba: Brennan era así de previsible.

- Brenn, a ti te ocurre algo… - dijo Angela . Y no se equivocaba.

- (Suspiró) Si, es cierto… te oculto algo… para qué negar lo evidente – contestó Brennan. Angela se quedó perpleja: normalmente Brennan evitaría hablar del tema, pero esta vez fue más directa.

- Pero no se si estoy preparada para contártelo… quiero hacerlo pero… -

- ¿Quieres que quedemos en tu casa? Allí te sentirías más segura… - sugirió Angela.

- Claro… si, será mejor que aquí ¿A las 8 te viene bien? – preguntó Brennan

- Si, perfecto. Allí estaré – respondió Angela. De repente se oyó un pequeño ruido – Oh! El busca… en qué hora haríamos caso a Sweets – dijo Angela poniendo los ojos en blanco. Después ambas se rieron. La verdad es que todos estaban un poco hartos del maldito busca… aunque era una herramienta útil.

Angela abandonó el despacho de su amiga. Temperance iba a volver a su tarea, cuando sonó el teléfono.

Mientras, en el edificio del FBI…

Booth se encontraba en su despacho. Acababa de iniciar el informe del caso y lo único que tenía era la identificación de la víctima, que ya era un paso importante en poco tiempo.

Esperaba la visita de Sweets: necesitaba la información que le había pedido horas antes Caroline… sobre todo por el bien de su cabeza, ya que cinco minutos antes ella le había puesto la cabeza como un bombo sobre ese tema.

- ¿Booth? ¿puedo pasar? – preguntó al entrar el joven psicólogo.

- Claro Sweets, pasa – le invitó Booth a la pequeña sala.

- No esta Caroline por aquí… ¿verdad? – preguntó Sweets tragando saliva. El pobre chico, después de la bronca de antes tenía pavor a esa mujer.

- No… me llamó antes al móvil: está en su casa y no se pasará por aquí hasta mañana…- contestó Booth y, aproximándose un poco a él dijo – no tienes de qué asustarte.

- ¿Qué? ¡Yo no estoy asustado! – titubeó Sweets al pronunciar esas palabras.

- Ya… - susurró Booth, dando media vuelta y riéndose entre dientes.

- Bueno, a lo que venía… te he traído el informe que me pidió Caroline… aunque no he podido encontrar gran cosa en tan poco tiempo. El Agente Rush me esta ayudando con las posibles personas que pudieran conocerla, aunque simplemente se hayan saludado una sola vez, pero es lo que hay – dijo Sweets.

- Gracias Sweets, es de gran ayuda. Todo lo que podamos hacer, aunque sea algo mínimo sirve – dijo Booth al psicólogo.

- Gracias Agente Booth – le agradeció Sweets.

Sweets se sintió orgulloso de las palabras del agente: por él sentía un gran respeto y, en parte, admiración… por ello le preocupaba que él le hubiera dicho eso: intuía que se sentía preocupado por algo… o alguien:

- Booth, ¿le ocurre algo? – preguntó Sweets.

- Mmm… No, ¿por qué? – respondió Booth.

- Le noto preocupado… - dejó caer Sweets

- (Típica respuesta psicológica, dejarla caer – pensó Booth con pesadez) En realidad sí: estoy preocupado por Brennan y por el caso: temo que le pase algo… la Sepulturera es muy peligrosa, y si encima tiene un cómplice… - Booth susurró esto último, como si no estuviera del todo seguro de decirlo en voz alta, ya que este pensamiento solo tenia cabida en su cabeza, pero era algo tan evidente para él...

- Qué… ¿en que esta pensando Booth? – intentó averiguar Sweets.

- Pues… (suspiró) pienso que en realidad la Sepulturera tiene un compinche y este caso lo ha realizado él mismo… que quien da las órdenes es ella, pero el que ha hecho esto es su compañero… - respondió finalmente Booth.

- ¿Sabe qué? En cierto modo opino lo mismo que usted… pero debemos esperar a ver lo que dicen las pruebas ¿no? – intentó tranquilizar Sweets al agente.

- Si, claro, tienes razón… esto no me gusta nada – dijo el agente.

Tras esta breve conversación, los dos abandonaron el edificio y se despidieron con un "Buenas Noches".

Aún así, Booth sentía un presentimiento… algo iba a pasar, y esperaba que no fuera nada malo, pero… sentía un nudo en el estómago.

El ambiente se notaba húmedo y de vez en cuando aparecía una leve brisa acalorada. La habitación era oscura, salvo por una pequeña luz de emergencia que parpadeaba cada 3 y 5 segundos…

Una mujer inconsciente yacía en el suelo: sus muñecas y sus tobillos atados por una cuerda. Tenía una herida en un lado de la frente que aun sangraba, aunque la hemorragia iba parando progresivamente.

Poco a poco iba recuperando el conocimiento… comenzó a pestañear hasta que puedo abrir los ojos completamente: su visión era borrosa, aunque tampoco podía ver gran cosa… miró hacia su cuello: aun conservaba su medalla de San Cristóbal.

La mujer hizo un amago de levantarse, pero no pudo: estaba muy dolorida y sentía que su cuerpo pesaba una tonelada, algo completamente irracional para ella… ¿dónde estaba? Lo último que recordaba era estar en su despacho del laboratorio y… y ya.

Tras un instante perdida en sus pensamientos, pudo divisar la figura de algo… o alguien intentó levantarse pero, cuando volvió a estamparse contra el suelo, recordó lo sucedido segundos antes:

- Ahh!... jo-der – se quejó del dolor.

- ¿Temperance? – preguntó la misteriosa sombra, pero se le oía muy mal, como si esa persona tuviera algún problema en su garganta… en realidad no llegó a oir bien qué había dicho.

- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? – hizo un intento por saber si en realidad había alguien allí o si también había perdido el juicio.

- Temperance… ¿eres tú? – respondió aquella persona, esta vez más fuerte.

Ella sabía quién era esa persona… reconoció su voz: aquella persona que llegó a ser capaz de intentar acercarse a ella en un terreno más personal, la persona que hizo muchos intentos de abrir su corazón… ¡la persona que le pidió que se fuera con él en su barco durante un año!:

- ¿¡Sully!

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