Shingeki No Kyojin no me pertenece. Es propiedad del Hades japonés.

Advertencias:

Lenguaje soez. Slash. Fluff. Insinuaciones sexuales. Fluff de nuevo.

Luego de haber recuperado en algo mi compostura, casi no dormí. Me pasé la noche, tratando de encontrarle sentido a lo que las últimas cinco horas habían acontecido. Rodé por mi enorme cama cómo la oruga gorda que soy y permanecí pensando en la inmortalidad del cangrejo lo que me pareció una eternidad.

Pensé por igual, el motivo, razón o circunstancia por la cuál las olmos no producen peras.

Pobres olmos.

Entonces, vibró mi teléfono.

Rodé los ojos.

Lo único que me faltaba. Que sí a Armin se le ocurría enviarme más trabajo por hacer lo iba a mandar directo a la mierda por muy bien que me caiga la delicada hadita rubia de las praderas. Si embargo, cuándo abrí Whatsapp el mensaje no era de Arlert.

Era para mi desgracia, de Eren.

Zorra Mestiza:

Hey, mañana hay que ejecutar fuga.

No acepto no por respuesta.

-Enviado a las 3:47 a.m.

Por alguna extraña razón, sonreí.

Mi escueta respuesta fue un gran "No", a lo que en menos de lo que mi grasa se tardó en acomodarse cuando quedé de costado sobre los edredones, la respuesta se anunció con escándalo.

Zorra Mestiza:

Pasaré por ti a las diez.

Ponte mono, Vaqui.

-Enviado a las 3:49

Bufé.

Le respondí mi muy útil "Bésame el trasero" Al final, le agregué una de esas ridículas caritas sonriendo.

Su responsiva a semejante frase fue una de sus ya muy conocidas mariconadas.

Zorra Mestiza:

Mañana lo haré con el gusto del mundo.

Pero mientras, duerme.

No me gustaría que te desgastases.

Si usualmente estás que derramas la arena de Gobi de tu gorda vagina no quiero imaginarme cómo andarás mañana sino te dejo dormir.

Besitos.

-Enviado a las 3:51 a.m.

Arrojé el teléfono fuera de mi alcance. Rodé de nuevo cómo la bola que era y me acurruqué en mis edredones, tratando de calmar a mi diabético corazón. Mañana, Sábado mis padres (háblese de Kaney y de Papá Uri) saldrían a hacer alguna actividad de gays, mientras Mikasa Pendragón seguramente iría a practicar una de sus mil actividades.

Así que estaría solo.

Desde hacía años que notaba una incomodidad al quedarme solo, pues cuándo uno está solo, o al menos en mi caso, le vienen muchísimos recuerdos. Unos más dulces que otros. Unos más amargos que otros.

El fantasma de la voz de mi madre aún permanecía en mis oídos y más de una vez despertaba, ansioso y casi histérico por haber escuchado que ella me llamaba, cuándo en realidad haría más de siete años que ella se marchó, abandonándonos a mí y a Mikasa para ya nunca más volver.

Ver una puerta entreabierta, escuchar la lluvia caer sobre el techo de fibra de vidrio de nuestro patio trasero, oler canela y cosas por el estilo siempre me llevaban recuerdos de la hermosa mujer pelinegra que nunca nos amó de verdad. Nunca cómo ella decía.

Nunca cómo yo lo creí.

Y quedarme solo era uno de los factores que más me traían memorias que he intentado en muchas ocasiones olvidar, así que sin más ni más, cerré los ojos y me convencí de que un Sábado con la Zorra Extranjera no estaría tan mal.

Esso cero.

Mad First Love.

Capítulo IV

"El Camino de la Felicidad"

Tan pronto salió el Sol, me levanté de mi majestuosa cama y con un caminar un tanto homosexual, abrí las cortinas para que su dorada luz bañase mi perfecto rostro. Cuándo el señor Dorado y yo nos vimos por la ventana, sentí que de ser alguna estrella, probablemente sería el Sol.

Es que por Zeus, chicas, si me viesen ahora…

Y toda mi divinidad se origina desde que Levi aceptó (sin aceptar completamente, claro) mi invitación para auto-inducirnos a una fuga ¡Yey!

Debía ponerme lo más guapo posible para que cuándo mi precioso gordito me viese quedase boquiabierto. Aunque conociendo a ese cabrón egocéntrico, igualmente él se dejaría caer tan hermoso cómo pudiese estar sólo para joderme un poco.

Aunque eso realmente no me molestaba, es decir, ¿a quién en su sano juicio le molestaría verle la preciosa cara a Levi Ackerman durante un buen rato? ¿Lo ven, preciosas? ¡A nadie!

Nadie es lo suficientemente estúpido cómo para despreciar esa cara, por muy rellenito que esté mi almohadita de maldad.

Bueno, sí que los había, pero de esos imbéciles feos nadie quiere escuchar.

Sólo querrán saber de mí, desnudo, con miles de gotitas cayendo sobre mi perfecto y bronceado cuerpo, ¿a que sí? ¡Si serán guarras!

Al salir de la ducha me vestí tan rápido cómo pude antes de bajarme a dónde mi madre me esperaba.—Regresaré a más tardar mañana al mediodía así que Eren, por amor a la buena Hera, no se te ocurra volverme a dejar la casa cómo burdel de cuarta, ¿entendiste? Nada de fiestas, nada de orgías, nada de lluvia de cerveza ni mucho menos lluvia de condones. ¿Captas o traigo a las peras y las manzanas para hacértelo entender?

Rodé mis asombrosos ojos verdes, esos que le saqué a la histérica frente a mí y con suficiencia respondí.—No habrá fiestas. Al menos no hoy, deja de escupir veneno.

Alzó las cejas, sorprendida.—¿Y esa gloriosa notificación se debe a…?

Por alguna razón, las orejas y las mejillas se me pusieron rojas de sopetón.—Saldré con Levi. Ya sabes, a dar una vuelta. Cómo amigos.

Ella rió.—Claro hijo, cómo amigos. Dale un beso de mi parte y ya que estamos si les da hambre te he dejado el refrigerador lleno de comida. Si a Levi se le abre el apetito, puedes alimentarlo con ella.

Le sonreí.—Gracias, mamá.

-Lo sé, soy asombrosa. Ahora dame mi beso antes de que a mi idiota hermano le de por ponerse de bragas locas y empiece a gritar.

La abracé con fuerzas para darle un sonoro beso en la mejilla. Ella se marchó con mi tío en menos de tres minutos, en los cuáles permanecí inusitadamente serio. Mamá se marchaba. Igual que papá lo hizo, hace tanto…

La diferencia era que mi madre, mi preciosa madre no era cómo el pocos huevos de Grisha. Ella jamás me abandonaría. Ella jamás me dejaría cómo lo hizo ese imbécil. Ella jamás saldría por la puerta diciéndome que volvería pronto, que debía atender unos asuntos del trabajo para hacer todo lo contrario.

Ella era mi madre. Y ella no me mentía.

Decidí que ponerme triste era muy inadecuado para mi bello rostro así que tomé la chaqueta, pues aunque el sol estaba más que magnífico ascendiendo en el cielo, hacía un frío que te congelaba los huevos. Me bebí un vaso de zumo de naranja, de esos que mi madre hacía utilizando las mil naranjas que los abuelos nos envían desde Grecia, y tomé las llaves de la moto antes de salir d nuevo y suspirar.

Jo-der.

¿Han sentido esa emoción de te recorre la espina cuándo acordas una especie de cita con tu crush? ¿Ese que hace que te tiemblen las rodillas?

Bueno, si lo han sentido, esa sería la referencia para cómo me tiemblan las manos mientras enciendo la motocicleta. Se siente… ¡tan extraño!

Supongo que eso sentirían las chicas y chicos con las que me he acostado. Si se ponían cómo se ponían ante la mera perspectiva de follar ni imaginar cómo lo harían si alguna vez les invitaba a una cita.

Quizás piensen que miento y están en todo su derecho, déjenme decirles, pero jamás había tenido una cita-no-cita-de-machos. Con nadie, nunca, jamás.

Mis encuentros eran de "Hey, nos vemos en tal lado" No había nervios ni corazones alborotados ni manos sudorosas (ugh). Simplemente llegábamos, nos veíamos y nos ocupábamos de ello. Manoseo, mamadas y polvo. Y adiós, te deseo una buena vida.

Hasta ahí.

Pero mientras recorría las largas calles de los suburbios sentía cómo las mariposas de mi estómago me hacían mierda los intestinos. Y tan pronto aparqué frente a la acera de la humilde casa de mi ignorante esposo, suspiré.

Si. Suspiré cómo colegiala recién desvirgada.

Joder, que el bue Zeus me perdone pero por lo que sé incluso él, en su divina gloria se sintió así con cada mortal que se tiró.

Así que mis ridículas y virginales reacciones estaban, a ojos del Rey de los Dioses, por lo menos, totalmente justificados. No di el pitazo, sino que saqué mi celular y le envíe el mensaje, anunciándole mi gloriosa llegada.

A los dos minutos, el salió de casa, y Santa Hera y Afrodita que sobre él derramaron sus mieles (de esas no, ¡guarras!) beso sus inmortales y divinos pies. Se veía tan, pero tan, pero tan precioso que el sólo hecho de imaginarme esos brazos blanditos alrededor de mi cintura y esa preciosa carita estratégicamente sonrojada sobre mi hombro, me causó el más intenso dolor de huevos (en el buen sentido) que jamás hubiese tenido que padecer.

¡Jo-der!

Mi hombre se veía tan precioso que estoy seguro de que boqueé cómo todo un muggle al verle caminar hacía mí, con su rostro tan bello cómo el de un sueño y su cuerpo enfundado en pantalones azules y una chaqueta de mezclilla que le quedaba d muerte (en el buen sentido también, damas)

-¡Cierra tu boca de zorra, que me estás asustando!.—Exclamó él. Le sonreí con ganas.—Pensé que querrías que primero te besase el bello y pálido trasero que te guardas.

Se sonrojó aún más.—Ándate a la mierda.—Suspiró.—Y bien, ¿a dónde quiere su Majestad media turca ir?

-Oh, ¿me dejas escoger? Me conmueves, corazón.

-Muy gracioso.

Le miré, alegre.—Tengo una vaga idea de que a ti, mi almohadita de maldad, le gustará a dónde he decidido destinar esta agradable fuga.

-Bien, te escucho.

-Sorpresa.—Le apreté un moflete. Él casi sonrió. El día que tenga sus bonitas y gruesas piernas en torno a mi cintura y mi polla enterrada bien hondo dentro de él, juro por Pan, que morderé esos preciosos mofletes.—Ahora suba, mi lady.

-¿Sabes? Hace unos días mi hermana vio una de esas películas de mierda adolescente dónde el gamberro se llevaba a la mojigata a una playa y follaban en la intemperie. Ni se te ocurra la mariconada esa, Yaeger, que te corto los huevos.

-No, dulzura, relájate. Planeo atrasar el glorioso momento de fornicar contigo lo más que se pueda, para que cuando lo hagamos estés ansioso cómo nunca.—Me golpeó las costillas con saña. Gemí.—Sujétate bien. No quiero que caigas y mueras por un traumatismo.

-Eso quisieras, ¿no?

-Nunca en la vida.

Cuándo arrancamos, me sentí feliz. Ósea tenía ese dolor de huevos aún, y estaba nervioso por el hecho de tener a Levi pegado a mi cuerpo sin poder girarme y besarlo hasta que su aliento y el mío fuesen uno sólo.

Pero el escuchar su voz, burlándose de un gilipollas al que abofetearon en plena calle, riéndose y a veces hasta contándome sus secretos, me hizo sentirme feliz.

Conduje por lo largo de Berlín y tomé una ruta alterna a la carretera que nos llevaría a dónde planeaba llevar a Levi. El clima era perfecto y ese gélido viento que congelaba testículos se transformó en una cálida caricia del Sol, que jugueteaba entre las nubes. Conforme avanzábamos, Levi simplemente dejó de hablar y dejó reposando su barbilla encima de mi hombro.

Supe que había cerrado los ojos al girarme brevemente y ver su preciosa cara en una mueca extrema de paz.

Que ganas de tenerlo así durante cada amanecer. Que ganas que luego de haberle demostrado cuánto puedo quererle, se quedase así, entre mis brazos.

Dioses, Afrodita te has ensañado conmigo, ¿cierto?

Enamorarme así de alguien no puede ser normal.

Había investigado mucho sobre los lugares más hermosos en este norteño país, y con sinceridad no perdí el tiempo. Alemania era hermoso de una manera única. Quizás sus costas no eran turquesas ni ardían bajo el Sol cómo las mías, allá en el Sur, sin embargo, era enormemente bella.

Cómo un viaje hasta la playa se vería demasiado cliché, y además nos tardaríamos medio día en llegar, decidí optar por un lago. Y elegí el lago del Rey.

Según investigué era un parque nacional y poseía uno de los paisajes más preciosos de toda Alemania. Lo escogí pensando que sería el tipo de lugar que a Levi le gustaría visitar de vez en cuándo.

Si bien el trayecto fue largo, cuándo finalmente arribamos, Levi puso una cara que me dijo que todo el camino había valido la pena.—¿Te gusta?

-Es precioso...—Dijo con los ojos azules brillándole de emoción. Sonreí al contemplar su reacción.—Es...

-Pensé que sería un buen lugar para esconder tu cadáver en caso de que termines hartándome.

-Valdría la pena, joder.—Dijo, haciéndome reír.

Y sin más ni más, lo abracé. Lo abracé con fuerzas. Lo abracé con la esperanza de que sintiese lo que hacía con mi corazón. Lo abracé con mi alma también y hundí mi rostro en la curvatura de su cálido cuello. Quise morderlo. Quise besarlo, quise robarle el alma en un beso que jamás olvidará.

Quise borrar de su cuerpo la amargura de su pasado con Petra y quise dejar mi marca por todo él. Quise hacerlo, de verdad que quise, pero sólo alcé el rostro y le di un suave beso en la frente.

¿Saben?

Esos no los debes de dar a cualquiera.

Sólo una persona especial merece un beso tuyo en la frente. En su frente.

Y Levi, no es cualquiera.

Es una persona especial.

Es mí, persona especial…

Ahora lo entendía.

Perdón dulces féminas ávidas de sexo gay. Pero eso no sucederá pronto.

Ahora sólo deseaba verlo sonreír.

(…)

Si hay algo de lo que no me arrepiento es de haber aceptado la invitación.

Ha sido un día completamente opuesto a lo que me esperaba. Eren, el cabrón egocéntrico fue dejado de lado tan pronto dejamos Berlín. No hubo burlas, no hubo pullas ni peleas. No hubo insinuaciones, ni tampoco comentarios subidos de tono.

El lago del Rey me hizo ver más allá de lo único que creía, era Eren. Y es mucho, mucho más. Habíamos caminado hasta el cansancio y sin embargo en ningún momento dejamos de charlar.

Hablaba de todo y me dejaba hablar a mí. Parecía escucharme.

Y eso era bueno. O eso pensé yo.

Nos sentamos frente a esas apacibles aguas transparentes y contemplamos la belleza de lo que nos rodeaba. Yo lo hice, y me dije que quizás el lago del Rey era hermoso por sí mismo, sin ninguna duda.

Pero la presencia de Eren le había brindado un toque más cálido. Más familiar, al menos para mí. El tiempo pareció detenerse y con Yaeger a mí lado hablé hasta que se me seco la boca y no tuve nada más que decir.

Joder, y cuándo el silencio nos cubrió a los dos, él me miró y yo lo miré. Y el puto tiempo confabulador y posiblemente tan fujoshi cómo la enferma de Isabel dejo de avanzar. Sentí el aliento de Eren contra mis labios. Y los ojos verdes de ese jodido extranjero alterador de vidas pacíficas no se apartaron de mi boca.

No me beses, rogué sin hablar.

No me beses, Eren que si lo haces tengo miedo de responderte. ¿Es que acaso no entiendes lo que estás haciendo conmigo? ¿Qué a caso no ves lo que me estás haciendo?

No me beses, te lo pido. No me beses. No me obligues a pasar por eso de nuevo. No me obligues a soportar el dolor de un corazón roto. Duele, Eren. No me hagas esto, no me beses. No me hagas sufrir…

Tal vez se dio cuenta de la guerra que en mi cabeza se libraba, quizás lo hizo. Pues me sujetó de la nuca con delicadeza y frunció sus labios contra mi frente de nuevo. Pero no fue un beso rápido, ni un roce de sus labios contra la piel helada de mi frente.

Sino que lo hizo con lentitud, con delicadeza, joder, casi me besó con dulzura. Y mi corazón pareció volverse loco. Y yo parecí volverme loco. Cuándo se apartó, me acarició los labios, aún no besados por él y me sonrió. Una sonrisa tierna. Esa misma sonrisa que me dio el día que nos conocimos. Una sonrisa que hizo mella en mi pecho.—No tengas miedo de mí, Levi.—Dijo en un suave susurro. Su voz, acariciándome la cara.—No me tengas miedo. No te lastimaré...

-Ella dijo lo mismo.—Susurré con voz ahogada. Petra lo hizo. Petra me dijo lo mismo.—Ella me dijo lo mismo…

En su mirada verde centelló la furia.—Yo no soy ella.

-Lo sé...—Se acercó de nuevo a mí. Mi corazón enloqueció. Más de lo que ya estaba.

-Quiero besarte.—Estaba al borde del abismo. No me hagas esto, Eren. No lo hagas, no ahora…

Casi sentí sus labios sobre los míos. Casi. Pero él no me besó.

Simplemente me acercó a él, y me abrazó de nuevo.—Será cuándo tú lo quieras.—Susurró en mi oído.—Será hasta cuándo dejes de tener miedo. Será hasta cuándo tú digas, Riv.

Casi me echo a llorar en su hombro.

Me sentí tan patético. No me aparté de él, pero me sentí tan patético. ¡Tan estúpido!

¿Cómo puede ser posible esto?

Dios, ¿qué te hice? ¿Qué te hice para que hicieras esto conmigo?

¿No es suficiente ser la vergüenza de mi familia? ¿No ha sido suficiente ser una carga para Kaney y una responsabilidad para Mikasa? ¿Por qué me haces sentir esto?

No bastaba con ser agresivo, arisco y para colmo de males gordo.

Oh no, ahora resultaba que hasta maricón estaba saliendo.

¿No ves que esto está mal?

¡Y el peor soy yo! Joder que aquí, abrazado por Eren nada de lo que llegué a sentir me parece mal y eso hace que todo se me vaya de las manos porque sé que ahora no sólo mi corazón, sino que todo yo está rogándome porque acepte esos labios y le de todo de mí a este carbón que me ha volteado el mundo…

Jadeé. Eren me estrechó contra él y yo simplemente me dejé hacer.

-Aquí estoy, Riv.—Murmuró con ternura en mi oído.—Aquí estoy, gordo necio y nunca te dejaré.

No puedo creerlo, Eren.

Por más que quiera, por más que me muera por creerte, no soy capaz.

Porque sé que más temprano que tarde estarás arrancándome el corazón y destrozándolo en esas manos que tantas y tantos han deseado sobre su cuerpo.

Yo lo sé.

(…)

Levi se quedó dormido luego de un rato.

Lo sostuve contra mí y lo observé dormir.

Quise besarlo, pero le había hecho una promesa y por mis putos 22 centímetros de placer que se la cumpliría.

Pensé en tantas cosas en esos momentos.

Todo había cambiado. Ya no era una leve sospecha, ahora era una verdad. Estaba enamorado.

Por primera vez en mi promiscua vida de tetas y culos, lo estaba.

Estaba enamorado y estaba enamorado de Levi Ackerman.

Estaba tan enamorado que me dolía el pecho. Que me ardían los labios, que me quemaba el cuerpo. ¿Se han hecho a la idea de que soy muy físico, no?

Que cuándo deseo a alguien no me contengo. Que lo hago mío cuántas veces sea necesario hasta que la necesidad se va.

Que no importa si la otra parte está segura o no, pues en mi inmenso ego sé que todo será tan bueno que terminará rogándome por más.

Soy así. Siempre he sido así.

Pero ahí, en ese momento sólo había otra cosa más clara en mi mente y esa era, aparte de que estaba mariconamente enamorado, que jamás forzaría a Levi para algo.

Que aunque me muriese de ganas por besarlo hasta que le doliesen los labios, jamás lo tocaría. No si él se oponía. No sí él estaba asustado de lo que sabía, comenzaba a sentir por mí. No si él no me decía que sí.

Sonreí con cierta amargura. "Pues bien, veintidós centímetros, más vale que te vayas preparando para un muy largo y tendido período de pajas, pues no volverás a tocar otra cosa que no sea o mi mano o el interior de Riv."

Y entonces me dediqué a fantasear.

A fantasear cómo sería besar sus labios. Sentir su aliento caliente salir en jadeos, deslizarme por ese cuerpo que este tonto enano tanto odia y sumergirme entre sus piernas. Imaginé que sería besar su piel, lamerla y dejarla tan roja cómo pudiese estar. Fantaseé en hacerlo suspirar, en escucharlo gemir. En sentir sus manos fruncidas en mi pelo. En traspasar con mis manos todos sus miedos y sostener su corazón, su frágil corazón a la par de que mi cuerpo sostendría el suyo.

En sentir su interior en torno a mí y en hacerlo desfallecer de placer. En hacerlo feliz, joder, Zeus todopoderoso, ¿qué es lo que has hecho conmigo?

¿Es por ser tan promiscuo? ¿Es por ser tan arrogante?

¡Me estás haciendo enloquecer!

Lo sentí moverse entre mi abrazo. Lo miré. Me maravillé cómo todas las veces.—Despierta, cariño.—Dije con toda la ternura que mi voz podía transmitir.—Es hora de irnos, está a punto de anochecer…

Me miró con sus preciosos ojazos. Me sonrió.—Hola...

Reí.—Hola, hermoso. ¿Tienes hambre?

-¡Me muero de hambre!

-Eso es bueno. Anda, cariño, vámonos. Mamá me hizo jurar que te alimentaría adecuadamente.

Él rió. Hera misericordiosa, gracias por ponérmelo en el camino.

El camino de vuelta a casa fue diferente. No había nervios. Sólo una dicha tan intensa que me hacía querer echarme a cantar a cada momento. Sólo la seguridad inmensa de tener a mí lado a mi Riv.

La oscuridad nos alcanzó, y sin embargo cuándo entramos a Berlín un millón de lucecitas nos recibieron, dándonos la bienvenida a casa de manera majestuosa.—No avisé.—Dijo él cuándo tomé el rumbo a mi casa.

-Les llamas desde ahí. Hace dos horas casi que dijiste que tenías hambre y ni de joda te dejaré en tu casa sin que te haya alimentado.

-Suena cómo si hablaras de un cerdo.

-Uno lleno de belleza que me trae loco y al que quiero besar hasta robarle el aliento.—El rió. Me dio un golpe en mis costillas, pero rió, y con ese sonido bastó para curar el dolor.

Su risa, estaba yo seguro que brindaría la paz mundial.

Pero él es mío, y ¿qué es el mundo sin algo de caos?

Lo sé, gran Eris. Sé que soy considerado.

Cenar con Levi fue algo único. Ya había cenado con él, pero en mi casa, me permití imaginar que estábamos cenando ambos luego de un largo día y que nos esperaba la cama y sus maravillas para después.

Fue diferente, claro, pues me acurruqué a un lado suyo en el sofá y no hubo el intenso besuqueo con el que fantaseaba, pero estar junto a él bastó.

Al menos para mí.

Lo rodeé con mi brazo y lo vi dormir de nuevo, sintiéndome completo.

¿Estás contento ahora, Zeus?

que me la has dejado ir, parado y sin saliva.

(…)

-No lo haré.

Bufé.—¡Anda, Riv es sólo una calada!

-Si llego drogado a casa Mikasa me cortará los huevos.

-Tu hermana siempre ha presentado conductas psicópatas así que relájate, si te dopa antes no dolerá.

-¡Vete a la mierda, extranjero!

¿Qué?

¿Pensaron que porque admití que me gusta este cabrón seremos dos delicadas princesas de las praderas?

¡Por Zeus, no!

Me enamoré de este tipo por ser un huevudo hijo de puta y eso no cambiará nunca.

Nos pasamos la noche en el sofá viendo películas de terror. Anoté mentalmente que Siniestro 2 era una mierda y que su director debía ser violado por una turba iracunda.

Menudo gilipollas amante de hacer cagar a la gente de miedo.

Ayer a ambos nos dio la vena homosexual, y fue precioso, lo sé, pero éramos los mismos, y con alegría noté que eso nunca cambiaría.

-Ósea, me tiraste un puto licuado por la cabeza y no te dio miedo mi amenaza, pero sí le tienes miedo a la loca de tu hermana…

-Exacto.

-Miedoso.

-De ella, cualquiera.

-Meh, estás exagerando.

Rió.—Oh, no nene.—¡Me dijo "nene"!—Nadie exagera cuándo se habla de Mikasa. De Mikasa Ackerman.

-¿Tu Casa Ackerman?

-¿Quieres joder, ah? ¿Y sí se lo dices en su cara?

-Se lo canto si quieres, Levi.

Hades, guarda piedad con mi alma pecadora que sé que la estoy cagando y en grande.—Eso sería digno de verse, extranjero.

-La tengo más grande y gorda que cualquiera de los pocos huevos que te rodean. Así que llévame con tu hermosa hermana para poderle cantar en su cara de hielo que tiene nombre de edificio.

-¿Te sabes la leyenda de Joham Weilch?.—Preguntó él, mientras bajábamos de la motocicleta y nos encaminábamos a la entrada de la mansión Ackerman. Esto era así cómo ser Harry Potter y avanzar paso a paso a Malfoy Manor.

-¿Al que encontraron con todas las costillas rotas?

-Ese mismo.—Abrió la puerta. Entramos.—¡Mikasa!

-¿Qué hay con él?

-Voy a presentarte formalmente a quién dejó a Joham Weilch una mes en el hospital…

¿Ya había hecho la referencia de ser yo ser Harry Potter y caminar hacía la Malfoy Manor al encuentro de mi muerte, verdad?

Bien, pues justo cuándo la voz de mi precioso gordo se dejó escuchar a través de su gran casa, una suave voz respondió.—Ven aquí, por favor.

Bellatrix Lestrange era una villana de temer.

Pero por Zeus bendito, que los ojos de la mortìfaga le hacían los mandados a los helados orbes oscuros de la Ackerman que tan pronto me vio, me dedicó una mirada de muerte.

Joder.

Continuará.

Aclaraciones:

Hera: Reina de los Dioses, esposa del gran Zeus.

Pan: Dios sátiro de la fertilidad, el sexo y la lujuria.

Eris: Diosa del caos.

Hades: Dios de La Muerte y Rey del Inframundo.

Afrodita: Diosa del amor, de la fertilidad y la belleza.

Lago del Rey: Un hermoso lago màgico en Alemania.

Chavas, Levi y Eren aún no son nada y no serán nada dentro de un buen ratito más, pero quería ponerle algo de romance clandestino de estos dos, dulcificar un poco su relación. Aunque no las pondré cómo delicadas princesas de las praderas, sino cómo los cabrones burlones que son.

A su manera, tiernos.

Muchas gracias, ahora sí. No tengo las palabras suficientes para agradecerles la enorme oportunidad que le han dado a mi historia. De verdad que las quiero mucho.´

Son unas hermosas criaturas hermosas que se merecen el cielo por haberme dado una oportunidad así, dejando reviews tan bonitos.

Agradecimientos a;

Charly Land:

¡Muchas gracias por tus palabras! Me alegra que te haya gustado mi historia y que te hayas tomado el tiempo de dejar review. Espero que leas la continuación y sea de tu agrado.

Ojos Color Canela:

Gracias por tu comentario!

Sip, Eren es un extranjero alborota orientaciones sexuales, hormonas y vidas pacíficas. Y no te preocupes, Levi no sufrirá… mucho.

Él es un chico fuerte. Estamos hablando del Soldado mas fuerte de la humanidad.

El dolor le hará los mandados

Nanao Himura:

¡Agradezco tu review!

Es que ¿quién se resistiría a Levi y su atrayente gordura?

¡Nadie!

Gracias por la chance que le diste a mi historia, te lo agradezco un montón.

Meeva:

¡Vaya!

Me alegra que mi fic haya sido de tu agrado. ¡Que bonitas palabras!

Te las agradezco de todo, todo corazón.

Espero que la continuación sea de tu agrado.

Anonius:

¡Gracias por dejarme un review!

Levi es un gordito que sí está algo gordito. Ósea no llenito, él es gordito de verdad. Pero tiene una cara hermosa. Ya te has de imaginar XD.

Espero que la continuación cubra tus expectativas.

Cuchufleta PL:

Agradezco de antemano la oportunidad que le has dado a mi historia y agradezco por igual hacerme notar esos errores. Trataré de corregirlos y espero que esté nuevo capítulo sea de tu agrado. No te preocupes, sino hubiera sido por mi carnal de verdad que no me hubiera animado a publicar sobre Levi gordito. ¡Es tan raro! Y vaya que hay fans extremistas que a veces no les cae en gracia una variación tan extrema de ciertos personajes.

¡Gracias de nuevo!

Patatapandicornio:

¡No puedo creer que te haya gustado mi historia!

¡Muchas gracias!

Adoro tus historias y que un fic mío te haya agradado es algo súper, súper.

Y sip, será algo difícil para Eren y Levi ser algo, pues Levi es taaaan obstinado, pero estoy segura de que al final ambos serán felices y comerán muchos perdices.

En caso de Riv, claro XD.

¡Un abrazo!

Schezar:

Realmente aún no sé. Es decir, sería genial, pero no quiero darle un giro tan de telenovela a la historia. Si Eren quiso a Levi gordito, ponerlo cómo el Adonis en el que todos lo convierten sería algo irreal.

¡Un agradecimiento por tu review!

Mukuro-Ack:

¡TE ENTREGO LA CONINUACIÒN PARA TU BODY!

Espero que te guste!

Smilecandy:

A mí también se me hace suuuper difícil imaginármelo gordito y a decir verdad sino hubiera sido por el empujoncito de m carni, no hubiera publicado el fic por miedo al rechazo.

Me alegro tanto que haya sido de tu agrado.

¡Un abrazo enorme!

:

¡Yo también te amo por darle una oportunidad a mi fic!

Sip, la actualización será cada Sábado sin falta. De verdad espero que este capítulo cubra tus expectativas. Azúcar para el EreRi hacía falta!

Un beso!

Lia Primrose:

Tú sí que te mereces el cielo. Sin falta lees los caps y te tomas el tiempo de dejar review. Muchísimas gracias.

¡Y por amor a Zeus, Hera, Afrodita, Pan y Hades, continúa Young And Beautiful!

Mercurio17:

Carnala, sin ti nada de esto hubiera sido posible. Gracias a ti tuve los tanates de subir este fic y todo mi agradecimiento siempre estará contigo.

De verdad, gracias por todo. Gracias por leer este fic, y gracias por ser mi carnala. Una amiga cómo tú, no todos lo tienen.

Te quiero musho, mushasha de mi heart.

¡Un abrazo!

Las amo a todas.

Un cuerno de hidromiel para ustedes, preciosas.

Lancaster