Hola a todos!! Aquí ando con el último capítulo! Muchísimas gracias por todos los comentarios que me han llegado y lamento no haber contestado a todos... me he ido de pre-vacaciones pero ya estoy de vuelta con las pilas cargadas y el último capi... de verdad muchísimas gracias por el apoyo, los comentarios y las palabras... es una pena terminar esta gran historia, pero que se le va a hacer... ah! Al final del capi pondre los agradecimientos y varias notas más, por el momento disfrutad con el último capi de...
Los 'pájaros' y las 'abejas' al estilo Emmett
El apuro que estaba pasando en ese momento fue uno de los peores que pasé en presencia de mi novio. Mi corazón estaba latiendo desbocado, el aire se atoraba en mi garganta y mis mejillas parecían a punto de explotar por el enrojecimiento. El cuerpo de Edward me parecía cercano y frío, y la mirada de Alice parecía estar desarmándome por dentro. Todo en lo que podía pensar era en cómo mi mano podría recuperar la libertad en esta pegajosa situación.
Arriesgué a echar un vistazo y no pude menos que admirar la inmensa belleza de Edward. En comparación, la complexión de Emmett era grande y robusta— y por supuesto atractiva— pero el físico de Edward era excepcionalmente flaco y tallado. Su pecho dejaba al descubierto sus perfectos y henchidos pectorales, su prominente clavícula y los músculos de su estómago que ondulaban su cuerpo y lo transformaban en un impecable y liso esplendor. También note el pequeño— e increíblemente atractivo—y fino rastro de vello color broncíneo que brotaba por debajo de su ombligo. Mi inequívoca admiración me traicionó cuando la abrupta risa de Alice me obligó a prestar atención.
"Será mejor que tengas cuidado, Edward" resopló Alice. "Quizá se muera por ver demasiado."
Edward miró brevemente a Alice y murmuró algo extremadamente rápido— en lo cual pensé que había escuchado la palabra 'bamboleo'—y después volvió su atención hacia mi y mis involuntarios reflejos.
"Bella..." comenzó Edward con su voz de terciopelo tensa. " Bella, deja de tirar de la mano. Al final vas a conseguir que te duela."
Mire hacia arriba, atemorizada, para encontrar sus ojos. Entonces, me di cuenta de los peligrosos movimientos que mis manos estaban creando compulsivamente intentando escapar de aquella humillante posición. No podía parar, aunque mi cerebro comprendía las palabras que fluían por la boca de Edward, mis reflejos me traicionaban y trataban de echar para atrás la mano pegada. Mis ojos permanecían hipnotizados por sus bien marcados abdominales y sutilmente noté las pequeñas corrientes de aire a través de mi mano. Finalmente, Edward posó su mano sobre la mía pegada a su bañador y la pegó más contra su cuerpo. Mis débiles músculos se tensaron al sentirlos contra su fuerza sobrehumana—como un huracán tratando de arrancar el árbol más largo y resistente del mundo.
"Bella," se rió tontamente, "para de mover la mano, no parece del modo de una señorita, ya sabes."
"Qué..." mascullé, estupefacta.
Edward tomó mi rostro con su mano libre, me acercó a él y su aliento chocó contra mi rostro mientras hablaba. "Relájate Bella," su voz resonaba con la serenidad aprendida durante siglos. "Apartaré tu inadecuada mano del lugar donde no debería estar."
Su respiración lograba crean en mi una ola de tranquilidad que recorría todo mi cuerpo. Mi mente pareció relajarse y alejar de si la vergonzosa tarea de liberar la mano. Estaba siendo, sinceramente, un accidente catastrófico que mi mano—de algún raro modo— tuviera que posarse en la única parte cubierta por ropa de su cuerpo. Cerré los ojos y me rendí a la tranquilidad que estaba sintiendo a través del cuerpo; y entonces, sentí sus gloriosos y helados labios apretarse contra los míos.
Me besó fervientemente hasta que la sensación de dar vueltas empezó a hacerme sentir mareada.
"Bueno, mucho mejor." Bromeó.
Me perdí en su mirada y una ola de cautela alcanzó mi cuerpo. Lo siguiente de lo que me di cuenta fue que estaba tumbada en el suelo despertando por los sopapos que las manos congeladas de Alice le daban a mis mejillas. Mis ojos revolotearon abiertos tratando de recordar lo máximo posible sobre la manera en la que llegué a parar a tumbarme en el suelo de la habitación de Edward. Levanté la mano para tratar de remover mi molesto cabello solo para descubrir spándex negro firmemente agarrado y pegado y colgando de mi mano. Miré fijamente desorientada la oscura decoración.
Entonces, mis ojos se agrandaron mientras jadeé dándome cuenta de que era el bañador de Edward lo que estaba colgando de mi mano. Miré a Alice atemorizada, y después de vuelta a mi mano. Quería hablar pero parecía ser que mi boca se negaba a trabajar—esto solo pasaba por un vampiro sin ropa ahora fuera de mi vista. De pronto, comprendí algo que hizo mis mejillas enrojecer y a mi cuerpo comenzar a transpirar. La vergonzosa y exótica huida fue real, y, si yo estaba tumbada en el suelo con Alice dándome leves cachetes en las mejillas y riéndose por mi expresión, y la única prenda de ropa que llevaba Edward pegada a mi mano entonces ¿dónde estaba Edward?, y—lo más importante— ¿qué llevaba puesto?
Miré por la habitación, con los ojos como platos, en un intento desesperado por buscar una mínima pista de su paradero. Me picó la curiosidad. Escuche ciertos sonidos ahogados de su cerrada puerta del armario y acerqué la oreja para escuchar mejor. Alice respondió riendo ruidosamente.
"¿Edward?" pregunté mientras intentaba abrir la puerta de su armario.
"Si, Bella." Escuché su ahora furiosa voz a través de la puerta cerrada.
Me giré para observar a Alice con una obvia expresión de confusión a través de mi rostro. "¿Porqué está en el armario?"
La sonrisa de Alice se ensanchó de oreja a oreja y trató de hablar. "No se porqué no puede salir del armario."
"No... tiene... gracia... Alice" la voz de Edward se escuchaba furiosa. Suprimí una pequeña sonrisa de comprensión y mi cerebro recordó como calcular dos mas dos.
"¡Oh!" murmure. De seguido agarré la prenda de ropa que colgaba de mi mano.
"Quizá encuentres algo entretenido ahí, Edward." Se burló Alice.
Alcé una ceja mientras Alice me ofrecía la mano para levantarme del suelo.
"Lo que es aún mejor..." la voz de Alice vibró llena de venganza "es que él no te ha cogido antes de largarse."
"¡Alice!" gritó Edward, causando que la puerta del armario repiqueteara. "Acabo de encontrar el antiguo artefacto que graciosamente has dejado para que me ponga. ¡No me pondré un pequeño trozo de aquel viejo disfraz de Indio de Emmett!"
"Bueno, es la prenda del viejo disfraz o lo que lleves puesto." Replicó Alice mientras trataba de no reírse.
"¡A-L-I-C-E!" gruñó Edward.
Alice estiró la mano que sujetaba la mía y me impulsó para levantarme. Mientras permanecía de pie, me di cuenta de lo que estaba pasando y vergonzosamente noté como mi rostro se incendiaba y como el rojo se instalaba en mis mejillas de nuevo. Necesitaba escucharlo para poderlo creer, así que pegunté.
"¿Edward?" pregunté cuidadosamente. "¿Por que no te pones cualquier cosa y sales del armario?"
Alice dejó escapar una suave risa y liberó mi mano. "Él—ummm—no tiene realmente mucho donde escoger."
"¿Qu...Qué?" tartamudeé incoherentemente.
Mi cabezá giró ante la vibración de la puerta del armario, sacando a relucir las furiosas palabras de Edward. "Porque Alice de algún modo ha escondido la ropa que había en mi armario" escuché un largo y frustrado suspiro a través de la puerta. "¡Alice! ¡Deja de pensar en ti y en Jasper en la ducha!"
No pude contener la risa mucho más, la escena era demasiado autocontrol para mí. La dejé escapar hasta que hizo eco en la habitación y Alice se unió a mí. Cuando finalmente dejé descansar a mis pulmones, inhalé y me encaré a Alice.
"¿Cómo has conseguido sacar toda esa ropa? Quiero decir, alguno estaba siempre en la habitación todo el tiempo y su ropa estaba segura en el armario antes de ir a hablar con Esme."
"Bueno," respondió Alice "propicio su destrucción al irse a cambiar al baño. Quizá porque es tímido y pensó que tu podías ver algo indebido"
Resoplé. "Aunque lo dejara pausado por segundos yo no vería nada."
Alice me miró y me agarró de la mano con el pequeño bañador negro pegado a la palma. "Bueno, tu ya has visto algo claramente, y bastante que no has tenido la intención."
"Alice" la voz que denotaba molestia de Edward se escuchó desde su prisión. "No voy a salir afuera hasta que me traigas algo decente para ponerme."
"Define decente" se mofó Alice.
Su voz fluía con una calmosa tranquilidad. "Alice, necesitas que le diga algo a Bella acerca de tu gusto por el pelo en punta y..."
"Vale, vale, vale" interrumpió ella aceptando la petición de Edward y yendo hacia la puerta. "Como si no supiera el resultado." Susurró, guiñando el ojo y dirigiéndose hacia el vestíbulo.
Con Alice fuera de la habitación, la situación pasó a ser vergonzosa. Estaba en la habitación de Edward, su pequeño y negro bañador pegado a la palma de mi mano y él de alguna forma había acabado atrapado en su armario como pez fuera del agua. Tosí para evitar reírme incontrolablemente. No todos los días Edward estaba en esta posición— como un cubito de hielo dentro de una cazuela. Empecé a intentar despegar el bañador de mi mano y descubrí que ya estaba completamente pegado a mi piel— aunque Esme ya me había avisado que tuviera cuidado.
Alice prorrumpió de nuevo en la habitación de Edward con una pieza de ropa interior de color mandarina en sus pequeñas manos. La miré confusa mientras iba a la puerta del armario y entonces despareció como si fuera uno de los trucos de Houdini. Bufé, los vampiros y su afición por hacerlo todo más rápidamente e injusto para el ojo de los humanos.
"Vamos, Bella, dejemos a este tío sin ropa vestirse, él ya saldrá cuando esté preparado." Alice me cogió de la mano y me arrastró hasta la puerta.
De pronto sentí—o mejor dicho supe— que mi momento había llegado. Alice me llevó a una lenta velocidad humana por las escaleras hacia la habitación que compartía con Jasper y mi estómago comenzó a bailar como una danza de mariposas que se posaron allí y eligieron ese momento para aparecer. La sensación era extraña. Solo podía pensar en los planes que tenía Alice para mi conjunto. Tuve varias visiones sobre ella obligándome a vestir algo parecido a lo que llevaban algunas show-girls de Las Vegas. Me di cuenta de que sería la única sosa y triste humana comparada con las bellezas de esta tribu de vampiros—no tenía que mostrarme tímida por estar en esa situación. Aquellos pensamientos se alejaron de mi mente mientras entrábamos en su habitación— o debería decir que entramos en La Boutique d´Alice.
"¿Alice, qué es lo que has hecho?" cuestioné perpleja.
Alice se giró para sonreírme orgullosamente. "He ido de compras para ti, por supuesto."
"De compras" murmuré. "¿De compras para comprarme una línea entera de bikinis?"
"Ni tú ni Edward me hubierais acompañado así que tuve que improvisar. De todas maneras quería disfrazarte un poquito." Comentó ella por aquellos-que-no-cubrían-casi-nada bikinis—todos en una amplia gama de azules— desperdigados por su cama. "Míralos y elige el que te vas a poner."
Tosí, demasiado avergonzada para pensar siquiera en presentare ante los Cullen con un conjunto de dos piezas—o de una pieza no importaba. "Me voy a poner aquel largo de flores" dije mientras me cruzaba de brazos mientras el spándex pegado a mi mano parecía volar.
"Bella" intervino Alice con su melódica voz "te verás preciosa en cualquiera de estos. Tengo todas tus tallas y son los adecuados para estilizar tu cuerpo."
"¿Te refieres a los que realzan los pesados cuerpos humanos? Fantástico" comenté sarcástica.
Los ojos de Alice se estrecharon mientras me miraba fijamente. "Bella, elige el que quieras y yo mientras iré a coger algo para despegarte el bañador." Su expresión cambió mientras sonreía y salía de la habitación.
Encantador. Pensé para mi y me dispuse a andar por la habitación tratando de elegir un traje de baño. Todo estaba magníficamente seleccionado y de la marca de las empresas que solían vestir a modelos. Alice había escogido todos los trajes de baño de dos piezas—mi corazón empezó a bombear apresuradamente solo de pensarlo— con un gusto exquisito y excelentes adornos. Alcé un traje de baño azul marino con lazos en las caderas y que tenía pequeñas gemas parecidas a diamantes en la parte delantera. Reí. Los trajes de baño y yo no nos llevaríamos muy bien, había muchas posibilidades de dejar demasiado a la vista.
Continué ojeando la larga selección y ocasionalmente cogía alguno para inspeccionarlo detenidamente. Cada uno poseía algo que lo hacía exótico. Todo lo que deseaba era uno que cubriese la mayor parte posible de mi pálida piel y, lo más importante, uno que me aguantase ante cualquier caso relacionado con el agua. De pronto me fijé en un sutil bikini que parecía adecuarse a mis gustos. El color era asombroso y vibrante mientras que las correas estaban bordadas con flores de plata. El traje de baño no tenía lazo para la espalda y no se ataba por el cuello, por lo que no lo irritaba. La parte de arriba era simple y cubría más que la mayoría de los demás y poseía un diseño de una flor plateada en el lado izquierdo. Era el perfecto para que yo me lo pudiera poner.
Alice regresó a la habitación trayendo consigo una cesta con varios tipos de 'alcohol', me cogió la mano libre y me arrastró hasta el baño. Abrió la larga cesta causando que varios olores llenaran la habitación. De mala gana le ofrecí la mano y Alice la colocó en el lavabo, procediendo a empapar mi piel y el traje de baño con alguna creación química suya. Lo que contenía causó que mi piel ardiese y quisiera lavarme las manos lo antes posible.
"Quema Alice" lloriqueé suavemente.
"Lo se, Bella... lo siento, no durará mucho" cogió la tela y la acercó a mi piel. "Considéralo como ¿práctica?" añadió cuestionándolo.
"Claro, práctica." Murmuré y rodé los ojos ante ella. "Recuérdame comprar esto en barril y empaparlo como preparatorio para el 'gran día'." Suspiré. "Como si ese día fuera alguna vez a llegar."
"Llegará, pero tendrás que esperar hasta que llegué el momento oportuno." Alice sonrió y continuó tirando— lo que parecía más mi piel que la tela— hasta que el bañador de Edward se despegó. Miré mi mano y aullé.
"Alice, ¡Edward te va a matar!" me quedé mirando fijamente el amasijo de parches y tela azul con trozos de piel enrojecida.
"No he derramado ni una gota de sangre, se repondrá— y, de todas maneras, él todavía estará fantaseando sobre tu mano en el tarro de galletas" se burló intentando distraerme del hinchado trozo de carne que era mi mano. "Toma" dijo ella mientras me daba el bikini, "vístete y sal cuando estés preparada."
"Gracias" murmuré mientras cogía el bikini y cerraba la puerta, Mi estómago se revolvía por la ansiedad y por llevar esto puesto ante la perfección hecha hombre de los Cullen. Me sentí aliviada al pensar que por lo menos tendría la oportunidad de ver a Edward en todo su esplendor.
Me vestí rápidamente, no queriendo ser humanamente demasiado lenta, y miré mi reflejó en el espejo de Alice. Sin duda, ella tenía un gusto excelente. El bikini plateado y azul me sentaba realmente bien y acentuaba cada cuerva de mi cuerpo. No pude menos que admirar lo guapa que parecía. Le sonreí al reflejo, abrí la puerta y salí de la habitación de Alice. Ella estaba espectacular.
"Wow, Alice, estás genial" le aseguré mientras admiraba la belleza de su pálido cuerpo de duendecillo cubierto por un bikini de leopardo de color negro y bronce. El contraste era magnífico con su pálida piel.
"Tu tampoco te ves del todo mal" me piropeó mientras sonreía afectuosamente. "Es divertido tener una hermana para la cual comprar y vestir."
No pude menos que sonreír. Alice era lo más parecido a una hermana que había llegado a tener en mi vida. Cuidaba de mí en todos los aspectos, y sin ella aquí no estaría aquí de pie ansiando ver a Edward.
"Gracias por hacer esto, Alice, en verdad que te lo agradezco" murmuré.
"No es nada" replicó ella, "Edward lo apreciará más." Me ofreció su mano, esperando que yo la cogiese, la cogí y me llevó hasta la habitación de Edward.
"Edward..." le llamó musicalmente. "Sal, sal de donde estés."
Temblé intentando suprimir la risa de ver a Edward en esa situación. Todavía no entendía completamente cómo acabé en el suelo mientras él terminó en el armario. Una pensaría que teniendo como ventaja la velocidad vampírica podía haberme cogido y llevado aún el bañador. Definitivamente le tendría que preguntar sobre aquello más tarde, Escuché como la puerta de su habitación se abría y me giré para mirar. Me di cuenta de que él ahora llevaba un bañador naranja, que, aún pareciendo horriblemente retro, hacía que su cuerpo resultase tremendamente atractivo. Su rostro parecía sombrío una vez que miró a Alice; entonces, cuando ella me puso enfrente de él, sus ojos refulgieron con un color topacio y sus labios formaron aquella sonrisa torcida que siempre he amado.
"Estás espectacular, Bella." Balbuceó mientras se acercaba a mí, buscando unir sus manos con las mías. Me di cuenta de cómo sus ojos miraron mi herida mano y después volvieron a Alice. Le sonreí intentando distraerle de aquella herida menor y junté mis manos con las suyas. Me sorprendió cuando me atrajo hacia sus brazos y sus labios encontraron los míos con ansia. El beso era dulce y suave al principio, sus manos comenzaron a revolotear por mi expuesta piel de la espalda causando que corrientes eléctricas fluyeran a través de mi espina dorsal. Le devolví el beso, disfrutando de mis calidos labios contra los suyos, fríos y suaves. De repente, nuestro beso fue dramáticamente interrumpido por un fuerte trueno—como una explosión, más bien— que venía del patio trasero. Miré a Edward confusa solo para ver su rostro crispado en furia mirando hacía el piso inferior.
Me giré para ver que había originado aquel cambio de humor de Edward y vi a Rosalie— estupenda en su bikini rojo sin tirantes— mirándole con una expresión divertida.
"Vaya, vaya..." habló elegantemente "pensé que aquella cosa vieja había muerto en los setenta". Se burló señalando el bañador naranja que Edward llevaba puesto.
"Rosalie..." resopló Edward comenzando a gruñir.
Rosalie se mofó y continuó observando a Edward con los ojos entrecerrados, empezando a tatarear alguna rara canción que yo no había oído nunca, Cuando ella terminó de tararear aquella canción miró fijamente a Edward y se empezó a reír levemente.
"Por favor, dame una toalla, señor Speedo Mandarina."
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The end!! Me da muchísima pena tener que terminar este último capítulo, e inconscientemente he tratado de postergar el momento lo máximo posible, pero no era justo para nadie, verdad?
Quiero daros a todos las gracias, por todas las alertas, favoritos y comentarios... deciros que ha sido un placer traducir este fic y que pronto volveré a las andadas, ya tengo en cola dos oneshots de Twilight (uno con LEMON!!)
El domingo es mi cumpleaños, y ya que mañana ni ese mismo día iba a poder traducir he decidido colgarlo hoy, como un propio regalo (felicidades a mi misma por mis 17!!)
Nada más, gracias a todos los que estáis aquí:
The little Cullen – Yuliss – Leyla - Pandora Cullen - camii granger- C-Marian-T-H-Cullen – Deebbie - impassegirl89 - Simplemente Narcissa - sukiblack – dai - Carrie Black - kathyta90 – viko – SanDraa - Kiks Cullen – Samanta-m – Clio Latiny – kare! – Gisselle Serke – Kasumi Shinomori – vane – rurihari – Sweet.Cullen – Jaqui Evans – faniiCullen – nonblondes – EiShel Hale – Vamp Girls (xD xikas okm) – erosalie – BECKI – yurii cullen – akako cullen- Giselita – Krosp – tita.THP – Silifil – AdaylaCullen – lila- GinWindenham
Siento no haber contestado a todos los reviews... pero GRACIAS POR TODO!!
Me despido, aunque pronto volveré con más traducciones, solo deciros que me gustaria que os pasaseis por el fic grupal que comparto con Yuliss, Samanta-m y EiShel Hale (anteriormente Mari Tere Cullen)... TVH... os lo recomiendo... está en a sección vampires!!
Besos y hasta pronto
Tamara
