Tenten salió rápidamente del bar. Empujaba a cualquier persona que se interponga en su camino, no lo hacia consiente, ella solo quería irse y no le importaba nada más. Sentía como las lágrimas caían por sus mejillas y la castaña no podía sentirse peor. Miro para todos lados luego de salir y pudo ver como a la izquierda, en la otra cuadra, había una parada de colectivos. Con suerte le pararía alguno. Sino buscaría un taxi yendo para el lado de los negocios. Tomó un poco de aire y comenzó a caminar, tambaleándose un poco.

Tenten sintió como todo se le ponía borroso y se tambaleo hacia el costado, siendo atajada por alguien. El muchacho, que para su sorpresa era Kiba, la ayudo a recuperar la postura.

-¿Estas bien, Tenten? –pregunto preocupado el dueño de esa cabellera despeinada castaña mientras le sonreía, a su costado estaba una muchacha pero la joven Ama no la distinguía con claridad.

-Sí, solo tome un poco –contesto mientras tocia aclarando su garganta- Gracias.

Sin decir más siguió caminando, o al menos como podía. Odiaba la ropa que traía, esos tacos tan altos, ese peinado que no era ella, esa estupidez de horas anteriores para vestirse así y tomar de esa manera. Y, sobre todas las cosas de la lista, odiaba a Neji Hyuga, junto con Ino. Apretó con fuerza los puños al recordarlos a ambos. Se frenó unos segundos y, cuando quiso seguir caminando, la tenían fuertemente agarrada del brazo.

-Estoy… bien, bien, Kiba –dijo mientras cerraba con fuerza los ojos, no iba a dejar que la vea llorar. Suficiente vergüenza y dolor había pasado como para seguir igual. Necesitaba irse, y estar mal en su casa, donde nadie la juzgaría por lo que paso.

-Te llevo.

Al escuchar esa voz, Tenten abrió los ojos y las lágrimas salieron aprovechando la oportunidad. Ella se llevó una mano al pecho mientras tomaba aire. Se giró a verlo y de un movimiento brusco se soltó.

-No –fue la simple y seca respuesta que le salió.

Neji reflejaba sorpresa y triste. Lo primero se debía al estado de la muchacha, llorosa, con ojos hinchados, maquillaje levemente corrido, mejillas coloradas, respiración acelerada, mirada apenada. A pesar de todo, siempre seria perfecta a sus ojos. Y, lo que más le dolía, era que el permitió el mal estado en ella.

-Solo déjame en paz –habló ella- queiro… quei… ¡Quiero estar tranquila! –luego de gritar eso con todas sus ganas, saltó al tener hipo y se cubrió con ambas manos sonrojada- ¡Puto hipo, vete! ¡Vete!

-Estas ebria, Tenten –hablo con el ceño fruncido.

-Tu eres un idiota rompe corazones que… busca unas piernas largas –habló entre hipos- y yo no te digo naaadaaa.

-Tenten…

El silencio los inundo, Neji la miraba fijamente viendo todos sus movimientos, mientras que ella tenía la cabeza baja, pensando que tendría que hacer.

-¡Te odio! –chilló ella mientras lo empujaba fuertemente con todo el dolor que sentía en ese momento, intentando expresarlo en el golpe pero sabía que era imposible. Necesitaba tirarle un elefante encima, para aplastarlo y romperlo, como él hizo con su corazón.

La castaña vio como de lejos iba el colectivo a la parada, quedaba una cuadra para que llegara así que ella comenzó a caminar. No lo soportaba más.

-¡Te quiero solo para mí! –grito Neji haciendo que ella volteara a verlo. El castaño de ojos perlas la miraba apenado, mostrando dolor pero a eso ella no le bastaba. No cuando jugaron con sus sentimientos. No así- Te quiero solo a vos.

-¿Entonces porque? –Cuestiono ella mientras caminaba lentamente para atrás- ¡Rompiste todo lo que hicimos juntos! ¡Todos estos años los tiraste a la basura por una idiotez tuya! ¡No pensaste en mí!

-Te amo –dijo Neji arrepentido con lágrimas en los ojos.

Tenten tomó aire al verlo así, se mordió el labio con fuerza para no gritar delante de él. No podía verlo en ese estado. Neji, aquel que fue su mejor amigo, que hasta hace unas horas era su novio, el chico frio estaba llorando. La castaña se dio vuelta y comenzó a correr hasta la parada, ignorando los gritos, todo. Tenía que dejar esa noche atrás, no podía volver.

Después de todo, no se pueden arreglar los errores. Ya están hechos, y por mucho más que duelan, ya los causamos. Hay que vivir con nuestras acciones.

-¿Por qué… Neji…?-murmuro Tenten mientras se abrazaba a sí misma.


Mientras conducía, Itachi podía reconocer la familiaridad del barrio en donde estaba. No solo por el hecho de que pasaba mucho por esa calle, sino más que nada porque su hermano junto al dobe de Naruto iban mucho a la casa de cierta pelirosa muchos años atrás. Los ojos del azabache se ensancharon al ver que en realidad si se dirigía a la casa de la joven Haruno, cuando leyó el mensaje especulo con ello todo el camino pero al ver los números pudo ver que tenía razón.

-¿Pero… que mierda? –preguntó Itachi mientras estacionaba rápidamente el vehículo para bajarse de un salto, luego, de allí. Había visto de lejos una figura como su hermano y a una muchacha de larga cabellera color rosa. Estaba seguro que eran ellos pero los veía moviéndose mucho, como gritando. Para Itachi Uchiha, fue un mal día olvidarse los lentes de contactos. Camino hasta la vereda y al tener la mirada de su hermano lo saludo con el ceño fruncido- Otouto

-Gracias por venir, llama a la policía.

Sakura se dio vuelta mirándolo fijamente, sus ojos estaban llorosos y tenía una respiración complicada. Para Itachi no fue desapercibido el estado de la muchacha, quien estaba bastante mal.

-Por favor, Sasuke-kun –lloro ella suplicando.

El azabache miró a su hermano mayor quien tomó el teléfono y comenzó a llamar. Antes de que la pelirosa pueda comenzar a quejarse nuevamente, Sasuke la cargo de la cintura llevándola hasta el auto de Itachi, abrió la puerta con un poco de esfuerzo pero logó dejarla en el asiento del copiloto.

-¡Sakura! –gritó al no poder ponerle el cinturón por todo lo que la pelirosa se movía. Ella lloraba mientras sacudía todo su cuerpo- ¡Basta! ¡Para! Solo quiero ayudarte, esto te está matando. Ya no eres la misma, y sé que es por esto. Déjate ayudar.

Los ojos jade de ella se abrieron con fuerza y solo soltó un chillido mientras se abrazaba a sí misma. Odiaba sentirse así, débil, tonta, pero por dos años había sido el descargo de su padre por parte de la enfermedad de su madre. Sentía su ojo arder por parte del golpe, le dolía mucho el estómago también, básicamente todo su cuerpo.

-¡Sakura! –se escuchó el potente gritó de Mebuki Haruno, sorprendiendo a los presentes y mucho más a la pelirosa. Su mama estaba normalmente en cama por su enfermedad terminal, entonces la muchacha se quitó rápidamente a Sasuke de encima y corrió nerviosa al encuentro con su madre.

Sasuke se colocó de pie de un segundo al otro, y comenzó a seguirla al lado de Itachi. Al entrar a la casa ambos hermanos se impactaron con la escena, estaban sorprendidos. Mebuki estaba en el piso abrazando a la pelirosa. Se podía ver el mal estado de la mujer, estaba muy flaca y pálida. Mientras que Kizashi Haruno, el hombre de la familia, las miraba a ambas con los puños apretados. Era un hombre de aproximadamente cincuenta años, ojos color azul claro y un extraño corte de cabello de color rosa grisaseo. Era de una contextura grande pero eso se debía a su altura.

Cuando este comenzó a acercarse a las mujeres, Sasuke fue directo hacia él y le pegó un fuerte puño al hombre tirándolo en el proceso y haciendo que caiga sobre una pila de botellas. Al escuchar el ruido, ambos hermanos notaron el mal estado de la sala de estar, todo tirado, lleno de botellas y cigarrillos, además de bastantes cosas rotas como discos viejos o portarretratos.

-Mi pequeña florecilla, mi pequeña florcita… -repetía Mebuki mientras apretaba con más fuerza a Sakura, quien tenía la mirada perdida en el suelo.

Sasuke notó que sus ojos estaban clavados en algo, al seguirle la mirada vio que era un portarretrato. En ella se encontraba la pelirosa de unos seis años junto a sus padres, ambos uno a cada costado de Sakura y la cargaban con ambos brazos, haciendo una especie de hamaca para su hija. La sonrisa era radiante en el rostro de los tres presentes en la familia, más que nada en Sakura que abrazaba a su mamá con un brazo mientras que con el otro jalaba el bigote de su sonriente papá.

Unas extrañas ganas de llorar inundaron a Sakuke, y se sorprendió al sentir una mano sobre su hombro, más que nada al saber que era Itachi. Su relación de hermanos había cambiado un poco cuando el azabache mayor comenzó con el colegio porque no jugaban mucho pero con el tiempo vieron que ese cariño y amistad que había entre ellos nunca quedo atrás. Solo era opacado por celos tontos. Para la suerte de ambos, ahora tenían esa misma relación de antes, pero a Sasuke le costaba acostumbrarse a tanta demostración de cariño de una persona fría como Itachi. Ambos eran iguales.

-¿Quién te crees pendejo para golpearme en mi… mi propia casa? –gritó Kizashi mientras se ponía de pie, intentando recuperarse. Le dolía la cabeza, y tenía un fuerte dolor en la mejilla.

-Vallase –fue la simple respuesta de Sasuke.

-¿Pero qué carajo? –grito más fuerte el hombre, golpeando la mesa que tenía a su costado haciendo sobresaltar a los presentes.

Itachi se puso delante del hombre, una especie de escudo sobre su hermano menor.

-He llamado a la policía, creo que mi hermano está siendo bastante considerable con usted haciendo que se vaya a pesar de lo que ha hecho.

-Yo…

Sasuke no lo soporto más y se acercó hasta el hombre para tomarlo de la camisa y jalarlo para que lo mire.

-¡Solo lo dejo ir para que ellas no sufran! –Gritó Sasuke completamente frustrado, se imaginaba el dolor que podría llegar a causar en Sakura- ¡Pero vuelva a lastimarla y lo mato!

Luego de decir eso lo soltó bruscamente, viéndolo con furia y de una manera sobradora con esos ojos negros. Kizashi se estremeció, no sabía si era la bebida o que pero simplemente se había imaginado al muchacho con ojos rojos y eso no le había gustado para nada.

Cuando Sakura escucho un fuerte portazo comenzó a llorar con más fuerte, ahogando sus gritos en el hombre de su madre.

Luego de pasarse casi toda la madrugada testificando lo que pasó, Mebuki fue internada por unos leves golpes en la cara, pero más que nada para ver cómo se encontraba en su estado. Tsunade fue alertada por lo que pasó y la mujer apareció en menos de quince minutos en la casa de los Uchiha, exactamente a las siete de la mañana. La joven pelirosa le había pedido a Mikoto y a Fugaku que no le avisaran nada a su tía porque no quería que se preocupara en el proceso, por lo tanto Tsunade fue avisada cuando todo termino. La rubia apenas piso la residencia Uchiha armo un alboroto en el hogar, pero fue rápidamente calmada por los más serenos, Itachi y su madre.

-¿Dónde está Sakura? –cuestiono ahora más calmada pero con cierto dolor de cabeza a causa de los nervios, además de una gran frustración al pensar que solo su sobrina estaba mal por lo que le pasaba a Mebuki.

-En la habitación de Sasuke –explico Itachi mientras miraba a sus padres, los cuatro se encontraban en la oficina de Fugaku que se encontraba en el primer piso, ahí era donde hacía varias reuniones para la compañía. Al ver esa mueca de poca paciencia en Tsunade añadió- Bueno, Sakura llegó muy…

"Por la puerta principal avanzaba Sasuke cargando a una adormilada Sakura. La pelirosa estaba completamente cansada luego de todo lo que había pasado. Llevaba una mano vendada y le habían cocido un tajo que se le hizo en la ceja, al igual que en la pierna por cortarse con un vidrio. El azabache comenzó a cargarla hasta la habitación, pero antes le hizo señas a Itachi para que lo acompañe. Su hermano no dijo nada, lo siguió en silencio. La casa estaba completamente sin sonido, desde que sus padres fueron enterados de lo ocurrido (cuando estaban en el hospital) estuvieron muy conmovidos, ellos conocían muy bien a la familia Haruno.

Una vez que subieron las escaleras, Itachi abrió la puerta del cuarto de su otouto y observó como este pasaba con delicadeza como si cargara un costoso jarrón de su madre. Aunque sabía que para Sasuke ella era muy importante.

El muchacho dejo a la pelirosa en la cama con mucho cuidado y le saco esos zapatos que ella llevaba, bajándole el cierre y tirándolos con suavidad para no despertarla. A pesar de eso, Sakura abrió los ojos y rápidamente Itachi se escondió contra la pared fuera de la habitación para que no lo viera.

-Duerme, estarás mejor en unas horas –le indico Sasuke y la beso en la frente lentamente.

Luego de esto, el dueño de los ojos negros la cubrió con una manta negra con mucho cuidado y se dio vuelta dispuesto a irse.

-Sasuke-kun… quédate, por favor –le pidió ella mientras bajaba la mirada triste, pero se notaba el sonrojo en sus mejillas. De pronto, levanto la mirada dejando ver esos hermosos ojos verdes jade- Esto no cambia lo nuestro digo, fuimos novios pero…

-Sos una molestia que no entiende… No me interesa el pasado mientras no estuvimos juntos- dijo Sasuke apoyado contra la pared mirándola fijamente- Los dos tenemos versiones distintas de eso.

La pelirosa asintió y luego sonrió.

-Duerme conmigo, Sasuke-kun.

El pelinegro sintió como su pecho se inflaba de orgullo. En este día, contado lo había llamado tres veces de esa manera. Le había acordar tanto a su infancia, tanto a esos días de calor en la pileta o comiendo helado, en los inviernos helados tirándose bolas de nieve, cada pequeño e inocente beso en la mejilla que ella luego gritaba su nombre sonrojada… y su primer beso.

Sasuke se sacó sus zapatillas con ayuda de los pies y fue hasta su cama. Sakura se corrió un poco, dejándole lugar, y una vez que el azabache se acostó ella lo abrazo fuertemente.

-Gracias.

Itachi sonría del otro lado, al igual que Sasuke. Estaba feliz por su otouto, así que con cuidado cerró la puerta de la habitación en donde estaban ellos y bajo las escaleras. Mientras lo hacía pensaba en tres cosas:

1_ Sakura sería una excelente cuñada, le daría unos lindos sobrinos de cabello negro y ojos jade, o frentones de pelo rosado con ojos negros. Bueno, serian hermosos de todas maneras.

2_ Nadie molestaría a ese amor juvenil, primero tendrían que matarlo. Aunque usaría esto que paso para molestar a su hermanito llamándolo "Sasuke-kun".

3_ Y no menos importante, tenía que seguir averiguando lo de las llamadas que le pidió Sasuke.

Al escuchar el timbre Itachi parpadeo, no sabía quién podía ser pero al escuchar un grito femenino y ver como la puerta casi se cae abajo ya imaginaba de quien se trataba."

-¿Ella llego muy qué? –cuestiono Tsunade.

-Cansada, se quedó dormida con Sasuke y él le cedió su habitación. Yo le preste la mía a mi hermano para que duerma. Hay que respetar el orden de esta casa.

Tsunade sonrió con satisfacción. Mikoto también lo hizo, le gustaba que su hijo mayor mintiera por Sasuke. Mientras Fugaku se debatía internamente si creerle o no, deseaba que sea mentira, no quería pensar que Sasuke seria virgen hasta el matrimonio por tener un hermano cuida como Itachi.


Si hubiera una palabra para definir el humor y estado de ánimo de Shikamaru seria Temari. Si, esa bruja egocéntrica, manipuladora, mentirosa, gritona, ebria, mala, sexy, era lo peor y lo mejor que le había pasado, llegando a tal grado que le dolía la cabeza.

-¡No me violaras! ¡Asqueroso! ¡Aprovecha… do! –gritó la muchacha luego de estornudar. Ella se encontraba para contra la esquina de su cama mientras le tiraba todo lo que encontraba en su camino al pobre de Shikamaru, que estaba rodeado por una pirámide de peluches y medias, junto con algunas almohadas.

-Mujer problemática, estás diciendo estupideces.

-¡Me desnudabas, depravado!

"uno… dos… tres… cuatro…" contaba mentalmente el pelinegro para no gritar mucho más. Tenía que contenerse. Él no era de perder la paciencia pero ella lo lograba en cuestión de segundos, lo hacía saturar su mente.

-Solo te sacaba los zapatos y… -no pudo terminar la frase porque fue golpeado por un almohadón, siendo tan sorpresivo que lo hizo tambalearse.

Temari chillo mientras se tocaba su cuerpo.

-Ese es el inicio, vago.

La rubia comenzó a saltar como una niña pequeña sobre la cama mientras gritaba cantaba una canción, bueno, eran como cuatro canciones mezcladas en una sola cantada por una alcohólica.

"quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho…"

De pronto Temari se sentó en el colchón mirándolo tristemente. Como si fuera un perrito recién golpeado, haciendo un gran puchero. Sus ojos verdes miraban a Shikamaru mientras se mordía seductoramente el labio.

-Quiero dormir.

-Hazlo –respondió secamente el joven Nara.

-¡Eres tan aburrido, por eso te deje! –chillo Temari mientras se volvía a poner de pie en la cama.

-¿Ah? –cuestiono él mientras la miraba sin entender.

-Sí, eso eras. ¡Peeero con ella haces todo! ¡No es justo, Shikamaru! ¿Qué hice mal yo? ¡Eh! –chillaba la rubia mientras se bajaba de la cama tambaleándose. Al estar enfrente de él añadió- Pensé que te gustaba.

-Claro que si –contesto el pelinegro con los brazos cruzados. No le gustaba nada esta conversación.

-¿Esto no te gustaba? –dijo ella mientras se tocaba provocativamente sobre el vestidos sus pechos moviéndolos para resaltarlos.

-Basta, Temari –habló el fuertemente mientras miraba hacia otro lado, estaba levemente sonrojado. Tomo las manos de la rubia y las coloco al costado del cuerpo de ella.

-¡Claro! ¡Ahora eres de ella! ¡Haces todo por la estúpida de Tayuya! ¡No se despegan un segundo! ¡Son asquerosos! ¡Shikamaru-baka! ¡Déjala a Tayuya!

Shikamaru harto de todo el asunto la jalo hasta la cama y la sentó en ella, estaba enojado y se notaba por la respiración. La miraba fijamente a los ojos. Una vez que logro que este quieta se encamino hasta la puerta.

-Tu conmigo no…

-Di todo por vos, problemática. Si no lo viste no es mi puto problema. Arréglatelas sola. Como tanto te gusta. ¿Por eso me dejaste, no?

Tras decir eso salió de la habitación. Se encamino a paso firme hasta la salida de la casa mientras iba maldiciendo con todos los insultos que conocía. Estaba frustrado. Abrió la puerta dispuesto para irse pero escucho el ruido de una botella y volteo al ver, sentado al hermano mayor de Temari. Era un muchacho de aspecto robusto, de cabello castaño que siempre lo llevaba parado o peinado, no había un punto intermedio, y tenía unos ojos negros. En todo el rostro el muchacho tenia pintadas manchas violetas de lápiz de labio, seguro su novia lo había pintado así para molestarlo o algún juego de ellos.

-¿Jaqueca? –pregunto Kankuro mientras lo miraba desde el sillón.

-Tu hermana me la genera. –contesto Shikamaru yéndose, cerrando de un portazo la puerta.


-¿Tus padres siguen de viaje de negocios? –preguntó Gaara mientras pasaba las manos por la espalda de la chica, haciéndole mimos largos y suaves. Le gustaba ver las muecas que ella hacia al disfrutarlo y como se movía levemente cuando el llevaba sus manos hasta las axilas provocándole cosquillas.

Matsuri rio y le dio un beso en la mejilla. Ella se encontraba boca abajo, con su cabeza apoyada en el torso desnudo del pelirrojo mientras con su mano le daba mimos en el rostro, que el dueño de los ojos aguamarina aceptaba encantado.

-Sí, se fueron por una semana –explico ella mientras se abrazaba más de él.

-¿No te molesta?

Ella negó mientras se levantaba para mirarlo a los ojos. Esos ojos negros mostraban dulzura e inocencia, pero a la vez un poco de picardía por la situación en la que estaban ambos.

-No, siempre fue así. Desde chica estoy acostumbrada –explico ella mientras se encogía de hombros mostrándose desinteresada. Lo miro y le sonrió- ¿Y tus padres?

Gaara comenzó a reír.

-Están festejando su luna de miel.

-¿Y qué es lo gracioso? –cuestiono ella con la ceja levantada.

-Debe ser la numero quince –sonrió el pelirrojo- Oka-san se enoja por algo tonto contra oto-san, luego de horas sin hablarse se reúnen en la noche confesando su amor y su perdón –esto último lo dijo con tono de poeta viejo lo que saco una carcajada en Matsuri- para terminar de arreglar todo, oto-san compra un viaje para oka-san y lo llama "Luna de miel".

-¿Y porque pelearon?

-"Querida no me gustaron tus milanesas, están medias agrias" –Gaara imito una voz más gruesa mientras se sentaba en la cama haciendo sonreír a la castaña pero de golpe la asusto al ponerse en cuatro sobre ella y luego apunto un dedo hacia ella, añadió afinando su voz- "¡¿Sabes dónde puedes meterte mis milanesas, no cariño?¡"

Matsuri estalló al escuchar esto último, no sabia que le daba más gracia; Si los tonos de voz de Gaara o lo que en verdad sucedida en esa alocada familia.

-Son unos ruidosos… -habló Gaara mientras se tiraba sobre ella aplastándola, haciendo que gima por la sorpresa- Querida, terminamos hace un ratito.

-Callate, cariño –dijo mientras sonría avergonzada- Debe ser lindo una familia numerosa.

Gaara le dio un corto beso en los labios.

-Si, yo quiero una familia así de grande. Me gusta el ruido aunque no lo aparento. Me encantaría tener muchos hijos, capaz incluso cuatro o cinco. Seré un excelente empresario que podrá mantenerlos y tu serias la madre perfecta. Una pequeña pelirroja con esos penetrantes ojos negros –Gaara le sonrió pero no sabía el hueco que eso le causo a Matsuri en su corazón. La castaña le devolvió el gesto pero sentía un fuerte dolor en el pecho. Se tocó como un acto reflejo y se puso de pie, tomando un suéter que estaba sobre la cama.

-Ya vuelvo –dijo con la mirada pérdida.

La castaña fue hasta el baño y una vez que entró, comenzó a llorar mientras se tapaba la boca para que no se escuche. Sentía una fuerte opresión que la haría vomitar si seguía, torpemente se abrazó el vientre y ahogo un grito mientras sentía las lágrimas caer por sus mejillas.

-No puedo… No puedo… -se repetía mientras se abrazaba con fuerza.

Se escuchó como tocaban la puerta y eso la desconecto completamente, haciendo que levante la mirada adolorida.

-¿Matsuri, estas bien?

La puerta se abrió de golpe pero ella no le dio tiempo a Gaara a reaccionar y se abalanzo sobre él, besándolo de una manera lenta, como si fuera un mimo, queriéndole explicar lo que sentía, ese dolor, su miedo.

-¿Te puso mal lo de mi familia? ¿Es porque en la tuya son pocos?

Matsuri abrió los ojos al escucharlo.

-Si… -fue lo único que dijo. No iba a decirle la verdad, no hoy. Luego, levanto el rostro mientras él le limpiaba las lágrimas y le sonrió- ¿Dormimos?

-Tonta -le dijo Gaara mientras la abrazaba con fuerza- no tienes que irte para llorar, puedes hacerlo conmigo. Soy bueno para consolar... bueno, lo intentare.


Tenten observo el cuadro que llevaba pintando desde la mañana. Miro la hora y se asombró al ver que eran las cinco de la tarde. Desde que llego del bar no pudo dormir. Estaba histérica, demasiado imperativa. Sus padres ya sabían lo que ocurría, aunque a medias. No era alguien que le gustaba hablar de las desgracias ajenas tanto como las propias. Además sabia como sus padres amaban a Neji como a Ino, eso la frustraba completamente.

La castaña estaba despeinada, llevaba atado un pañuelo a la cabeza como una bincha y una bata blanca para no ensuciarse. Tenía un pincel en la mano derecha mientras que con la se frotaba la pera pensando una buena respuesta para terminar el dibujo.

La puerta comenzó a abrirse dejando ver a sus padres.

-Neji está en la puerta, quiere hablar con vos y dijo que…

-Que se vaya –corto a su padre Tenten mientras suspiraba tristemente y les corría la mirada.

Su padre asintió y se fue, para avisarle al joven Hyuga que su hija no deseaba verlo. Mientras que Shizuki miro a su hija cruzada de brazos. La mujer tenía su cabello castaño largo hasta sus codos, y unos lindos ojos miel.

-¿Qué sucedió?

-No me quiero volver a enamorar, eso pasa –chilló Tenten mientras largaba todas sus lágrimas- ¿De qué sirve amar si luego todas las personas que queremos se van o mueren? ¡De todas maneras estamos solos nuevamente! ¡Es una mierda entregar todo por alguien que cuando quiere te traiciona! –Grito mientras se secaba las lágrimas- ¿Cómo pudo hacerme esto si el me ama?

Shizuki soltó el aire al escuchar esa pregunta de su hija y rápidamente fue a abrazarla. No le gustaba verla mal y menos si eso era por el joven Hyuga, quien ella cuido desde niño porque siempre amo a ese muchacho de ojos perla.

-Ve con oto-san –hablo Tenten- iré a ducharme.

La mujer de larga cabellera asintió y se alejó de la habitación de su hija. Al estar en el living frente a su marido, este la miro con una mueca de tristeza.

-¿En qué piensas Shizuki?

-Pisare a Neji con el auto cuando lo vea –fue la simple respuesta de la mujer mientras hacia un puchero- era el yerno perfecto, pobre mi bebe.


-¡Karin, espérame por favor! –chillaba una muchacha de pelo color verde mientras intentaba alcanzar a su pelirroja amiga. Desde hacía una cuadra la seguía pero la muy desgraciada no hacia más que caminar más rápido haciendo que para Fu sea difícil alcanzarla. No era bueno correr con resaca.

-¿Qué quieres? Estoy ocupada.

-Estas de muy poco humor, Karin –habló Fu mientras le sacaba la lengua y se cruzaba de brazos. Al ver esta actitud en su amiga, la dueña de los lentes rojos aumento el paso mientras la ignoraba contando mentalmente las razones para no matarla. Pero para su desgracia la chica de cabello verde la alcanzo con una radiante sonrisa y le dijo- En fin, te contare mi radiante noche con tu primo.

-Diu, paso. Gracias.

-Yo te escucho a ti, es tu turno –recrimino Fu mientras sonreía como un gatito bueno y tierno, sin mostrar las garras claro- Es una fiera en la cama, es un tigre de colmillo blanco –hablo fantasiosa- me encanta, es excelente. Tiene una potencia y…

-¿Se cuidaron verdad? –interrumpió la pelirroja fingiendo preocupación.

-Claro que no. ¿Por cierto a dónde vas tan apurada? –pregunto al ver que Karin detenía su paso- ¿La casa de los Uchiha?

Ella asintió.

-Tengo que hablar con alguien que trabaja aquí… por cierto –se acercó a Fu- yo que tú la próxima me cuido, tiene una enfermedad de transmisión sexual mi primo.

La chica de pelo verde sentía como le faltaba el aire y luego se puso completamente roja. De pronto comenzó a correr mientras gritaba miles de insultos a la vez. Karin al ver como se alejaba negó y soltó una risa, para luego sacar su teléfono celular y marcar un número. Espero mientras llamaba y, cuando la atendieron, sonrió.

-Estoy afuera –habló la dueña de la melena rojiza mientras se tocaba el cabello con honra. Si había algo que le gustaba era ese hermoso tono rojo que tenía.

-Te abriré por la puerta de atrás –habló la voz del otro lado, era algo áspera- hay una reunión importante en la sala como para que te haga escabullirte por la principal. Si se dan cuenta tu

-Hai, hai. Eres muy mala cubriendo, lo sé –tras decir eso corto la llamada, después de todo, tenía que esperar a que le abran todavía la reja.


-¡El turno de las once no está nada mal, dattebayo! –grito un rubio muy enérgico mientras salía del vestuario de los empleados del bar. Naruto estaba por empezar con su primer día de trabajo y a la vez de prueba. El joven Uzumaki está feliz porque comenzó a trabajar desde temprano un sábado siendo que el otro turno era a las dos de la mañana. Estaba vestido con una camisa negra manga corta, la cual llevaba desabotonada algunos botones de arriba y un pantalón del mismo tono.

-Espero que lo hagas bien –habló Hinata a su espalda. Cuando él volteo a verla observo que la muchacha estaba de brazos cruzados y evitaba mirarlo. Se notaba la incomodidad por parte de la Hyuga. Ella se enderezó al escuchar como empezaba la música de ambiente del bar y lo miro de una forma penetrante, cosa que nunca hizo y añadió- Mira, al principio también me costaba adaptarme a la manera de ser de los… invitados o clientes pero luego te adaptas. No es la gran cosa, solo sonríe y se gentil sin importar lo que quieras gritarles en la cara. A mí también me costó adaptarme pero bueno, es un gran trabajo.

Naruto frunció el ceño, y cuando ella quiso pasar por su lado para irse del vestuario la tomo de la mano, jalándola a su lado. Estaban frente a frente, los ojos azules no dejaban de vista a esos de color perla que mostraban sorpresa.

-¿Cuándo me hablaras como pares, Hinata-chan? –Preguntó él intentando no sonar dolido- No soy un empleado más, soy Naruto y nos conocemos. Fuimos amigos casi novios y…

-¿Por qué te piensas que aquí tengo otro nombre? –Cuestiono ella tajante mientras se soltaba- tu no existes para mi aquí, ni nadie.

Naruto parpadeo rápidamente para luego sonreír de una manera leve.

-¿No es algo exagerado? –cuestiono.

-Ve a cogerte a Sakura y no me molestes a mí, es hora de trabajo.

Sin decir más, Hinata salió. Estaba sorprendida, tanto como Naruto. Nunca habían hablado directamente de lo que paso, era algo que la ojiperla ignoraba mientras que Naruto esperaba arreglar lo imposible. El rubio suspiro con furia y golpeo el locker donde estaba la ropa con la que llego.

-Quiero estar más cerca de ella y solo empeoro todo.

El rubio de ojos azules se quedó esperando unos minutos más, esperaba que Hinata estuviera lo suficientemente lejos, quería darle el espacio que merecía. Miro su reloj y luego se encamino hasta la salida, para empezar con su turno. Sino, nunca estaría a prueba para empezar con este empleo. Al salir se topó con una divertida Tara, quien estaba usando el mismo vestuario que Hinata ese día, un pantalón negro ajustado, con una remera del mismo tono, corta y manga tres cuartos, dejando ver el mucho escote de ambas. La ojirosa estaba sentada sobre un sillón hablando con un hombre al cual le servía un trago, pero cuando su mirada se topó con Naruto fue hacia él.

-Hey –saludo con alegría mientras le dedicaba una sonrisa- mira, Hikari-chan me dijo que te explicara un poco tu parte aquí ya que ella tenía que irse a atender las mesas –explico Tara con obviedad.

Naruto asintió a todo lo que le explicaba la rubia mientras el buscaba con la mirada a Hinata. Necesitaba verla, y la encontró sirviendo tragos en una mesa. La sangre le hirvió al rubio al ver como los hombres miraban sin disimulación y descaro el cuerpo de la ojiperla. Naruto apretó con fuerza los puños, tenía que contenerse pero ese pensamiento desapareció al ver como uno tomaba sorpresivamente a Hianta de la cintura y la sentaba sobre sus piernas.

-Solo se encantador –relataba Tara de memoria- eso a las chicas les encantara y… -dejo de hablar al ver como Naruto se iba ignorándola- ¡Oye!

El Uzumaki se acercó hasta la mesa en donde estaba Hinata y tomó a su amiga de la muñeca, levantándola de un salto. Todos estaban sorprendidos mirando al rubio, cosa que les molesto más.

-Préstenme a Hina… Hikari-chan –murmuro mientras apretaba con fuerza los dientes y sonreía forzadamente, pero eso no duro ni cinco segundos porque estaba alejando a Hinata a rastras lejos de ahí.

-¿Qué haces? –chillo ella mientras se soltaba, quedando ambos contra la pared lejos de las mesas. La mirada de los dos reflejaba odio, estaban tensos y molestos.

-¿Esa es tu manera de acostumbrarte a tu trabajo? –Gruño Naruto- ¿Luego que sigue? ¿Se acuestan? Tanto me has echado en cara a mí y tu…

Pero no pudo seguir hablando ya que Hinata lo empujo contra la pared, quedando ella sobre el sosteniéndose con su mano sobre el pecho del rubio.

-No soy como tus amigas o las que tú te buscas luego de bailar –explico la ojijade dolida mientras contaba todas sus razones para no llorar devuelta delante de él- No hago esas cosas, solo los trato bien, sonrió como tu harás cuando las zorras se te tiren encima. No te metas en mi trabajo.

-Solo quiero cuidarte –explicó el ojiazul mientras la tomaba de los brazos y la atraía a su lado. Pero antes de que ella estuviera sobre su pecho, Hinata lo piso con el taco- ¡Duele dattebayo!

-¡Jum! –se quejó Hinata mientras se daba vuelta y lo ignoraba.


-Hazlo devuelta –le dijo Konohamaru con una radiante sonrisa mientras la admiraba sin quitarle los ojos de encima. El muchacho se encontraba sentado junto a su novia en el banco del piano, intentando hacer que toque al menos un fragmento de una canción. Al principio ella opto por melodías muy complicadas para pasar meses sin tocar pero le salían una gran parte.

Hanabi le dedico una pequeña sonrisa a su novio mientras comenzaba a tocar las teclas con delicadeza, como si quisiera rosarlas con sus dedos, de una manera lenta pero hermosa. Estuvo un minuto tocando pero luego paro de golpe, estaba cansada. Desde la tarde se encasco y ahora quería dormir de verdad. Se sorprendió al escuchar unos aplausos, al levantar la vista vio que se trataba de su madre quien le sonreía con una gran sinceridad.

-Hermoso, princesa –chillo Emi emocionada mientras iba hasta ella para tocarle los cachetes a su hija como cuando era más chica.

-Gracias –contesto con sinceridad una ruborizada Hanabi mientras se tocaba lentamente la mejilla izquierda que le dolía- quiero competir para el festival este año.

Emi parpadeo al escucharla, le sorprendió. Mientras que Konohamaru solo la observaba a ver qué era lo que ella decía.

-Concursas todos los años, corazón. No pasara nada si este año…

-Hinata lo hará, siempre nos inscribimos juntas –determino con voz de pocos amigos, era seca y firme. Por un segundo Emi olvido que hablaba con una autentica Hyuga, ese carácter terco y decidido que tenía Hanabi era igual al de su esposo.

-Bien… -indico Emi mientras se iba para atrás con lentitud para apoyarse sobre la pared, no quería que ellos salieran de esa posición en donde estaban tan juntos- ¿Tocaras algo más?

-Estoy cansada, oka-san –respondio Hanabi mientras se levantaba para ir a la cama. Con lentitud se dirigió hasta allí y se sentó haciendo una gran mueca de felicidad cuando toco la almohada. Le había comenzado a doler la cabeza, aunque eso era obvio con todo lo que se esforzó recordando las notas y canciones.

-Te traeré el medicamento –indico Konohamaru levantándose y Emi fue hasta el baño mientras él se encargaba de tomarlo. El castaño fue hasta el escritorio de la joven Hyuga y comenzó a buscar la pastilla.

Hanabi sonrió al ver las muecas de su novio pero de pronto tomo una gran bocanada de aire al ver cómo le costaba enfocar y ver a Konohamaru. La imagen le parecía completamente borrosa, no verlo bien, sentía como todo se movía. La ojiperla quería gritar pero no podía. La cabeza le daba puntadas y le faltaba bocanadas de aire. El dolor era completamente inmenso y de golpe comenzó a gritar. Sus chillidos sobresaltaron a los presentes, quienes acudieron asustados a su lado.

-¿Qué pasa hija? –grito nerviosa Emi mientras observaba la situación de atrás, ya que Konohamaru al estar más cerca se sentó a su lado. Hanabi largaba una gran cantidad de lágrimas contenidas, a medida que sus chillidos aumentaban. Llevó sus manos a su cabeza y parecía enterrar las manos allí como queriendo sacar algo que le molestaba. Los gritos cada vez aumentaban y las bocanadas de aire era lo que le faltaban.

-Hanabi… Hanabi… -llamaba Konohamaru queriendo calmarla pero no sabía que hacer.

-La llevaremos al médico –determino Emi parándose al borde del llanto- iré a avisarle a Hiashi.

-¡Me duele! –Grito Hanabi mientras se removía en toda la cama- ¡Has que pare! ¡Que pare! –Lloraba con más fuerza- ¡Ay! No puedo, no puedo –sollozaba.

Konohamaru tomó una sábana de la cama y la cubrió con ella, luego tomo a su novia en brazos y la cargo para llevarla hasta el auto. Hanabi se aferraba completamente a él, pero a pesar de eso no dejaba de llorar o moverse, los gritos aumentaban a la par de su dolor.


-¡Kuso! –chilló Hinata mientras lloraba en el vestidor. La muchacha acababa de ser llamada por su madre avisándole lo que ocurrió con Hanabi. Por lo tanto la ojiperla estaba completamente dolida mientras buscaba un suéter para irse. Se colocó uno de color crema, tapando su remera escotada, y tomó su mochila dispuesta a irse.

-Hinata-chan…

-Ahora no, Naruto… -pidió ella mientras tomaba bocanadas de aire pero era imposible. Se sentía inútil en todo el tema de su hermana y eso le dolía completamente más. Le detestaba lo que le estaba pasando. Hinata se volteó y observó que el rubio tenía un bolso colgando y en sus manos una llaves con un pequeño llavero de un trébol.

-Te llevare –le dijo determinado y decidido. Antes de que ella pregunte, le dijo- Estaba en el baño mientras hablabas, escuche lo que paso. Yo te llevare, llegaras más rápido.

-Hai –contesto Hinata mientras se alejaba hasta la salida del vestuario.

Ambos fueron a la par, yendo hasta el auto rojo de Naruto. Y ninguno dijo nada en el viaje hasta el hospital. No encontraban las palabras justas, Hinata no quería hablar lo de su hermana, él lo sabía. Pero la duda carcomía a Naruto, odiaba no entender que era lo que hacía sufrir de esa manera a Hinata, si a ella podía pasarle, necesitaba saberlo.

Una vez que se estacionaron, Hinata le dio un casto y corto beso en la mejilla a Naruto para mirarlo con tristeza.

-Gracias –dijo sinceramente mientras se bajaba del automóvil. No le dio tiempo a reaccionar al muchacho Uzumaki quien estaba embobado tocándose la mejilla, podía sentir el calor que le subía a la cara y sabía que estaba colorado. El rubio se bajó y se acercó hasta ella.

-Hinata-chan –la llamó- te acompaño.

-Es algo más personal… no todos saben, Hanabi no quiere –explico Hinata mientras miraba al hospital con algo de prisa- lo siento, pero es su decisión.

Naruto la miro triste.

-Quiero acompañarte como siempre hice.

La dueña de la cabellera azul negó mientras se daba vuelta para seguir su camino.

-¿Por qué no me dejas que te ayude como antes? ¿Qué te contenga? –Grito con mucha rabia Naruto mientras apretaba los puños- ¡Quiero estar contigo, Hinata-chan!

-¿Por qué lo hiciste? –Chilló Hinata mirándolo a los ojos- ¡Nos destruiste! Todo lo que teníamos, lo rompiste. No puedes arreglar el dolor que sentí, no puedes –le dijo ella llorando, sabiendo que dejaba lagrimas por él y eso la devastaba más- ¿Qué pensabas que iba a volver corriendo a ti cuando me digieras "hola"?

-Hinata…

-Te amo, eso es lo peor –grito Hinata sobresaltándolo- ¡Amo tu alocada manera de ser, como eres tan bueno, alocado, decidido, chillón! ¡Eso es lo peor de todo! –esto último lo grito más fuerte- ¡Porque no tendría que amarte luego de que me lastimaras!

-Yo lo siento.

-Eso no me garantiza que no me vuelvas a lastimar –murmuro Hinata mientras se limpiaba las lágrimas. Sintió como unas gotas caían sobre su cabeza y se sobresaltó al notar que estaba lloviendo. Miro a Naruto unos minutos más. Lo notaba triste, desolado y sorprendió.

Hinata bajó la cabeza y comenzó a correr hasta la entrada del hospital. Mientras que con la lluvia sus lágrimas se mezclaban con las gotas de agua.


Neji se encontraba a la salida de la casa de Tenten. Estaba decidido a que ambos hablen y la había esperado hasta que ella se decida. Pero, ya eran casi las doce de la noche y todavía no intercambiaron otras palabras que no sean las de la madrugada. Intento llamarla, le dejo mensajes, y hasta se cansó de tocar el timbre. Si ella viviera sola, ya hubiera tirado la puerta abajo para que hablaran pero no lo hizo por el respeto que les tenia a los padres de su ex novia.

Su teléfono comenzó a sonar y eso lo sobresalto. Vio que era Naruto, por lo que atendió. Ese muchacho imperativo nunca lo llamaba por algo bueno, siempre el rubio los buscaba en los lugares cotidianos o era el típico de los mensajes cortos.

-¿Qué sucede? –atendió de mala gana.

-Escucha, Neji –dijo el ojiazul en un susurro. Él se encontraba apoyado sobre una pared del hospital, mirando con cuidado a la familia Hyuga alejado de ellos- Creo que no sabes, bueno no te veo aquí así que supuse que…

-Al grano, Naruto. Tengo frio.

-Idiota –farfullo el rubio mientras suspiro- Hanabi está internada, tuvo un ataque.

-¿Y tú como sabes? –chilló molesto el Hyuga mientras se ponía de pie y comenzaba a irse hasta su auto.

-Hable con mi primo –dijo Naruto y rápidamente se asustó al ver como Hinata venia junto con sus padres y un médico hasta donde él estaba, se levantó para irse- Lo siento, tengo que colgar.

-¡Espera, baka! –al escuchar como corto lanzo un gruñido- Idiota.

Neji se subido a su auto para ir hasta el hospital. En todo el camino iba pensando en lo que le pasaba a su prima. Pero no podía evitar pensar en Tenten. Luego de que ella se fuera en el colectivo, el ojiperla fue a su casa a bañarse y luego de almorzar fue a la casa de ella. Pensó que le había dado el tiempo suficiente para que pensara pero cuando llegó Tenten no quería ni verlo. Desde ahí estuvo afuera de su casa esperando, si no era en el auto estaba en los escalones de entrada a la propiedad. Aunque pensó que si Naruto no lo llamaba él también se iría, estaba lloviendo y se encontraba todo empapado.

Al llegar al hospital, fue hasta el estacionamiento para no debatir mucho tiempo con la elección de lugar. Lo hizo todo de una forma rápida para luego entrar al ascensor. Al hacerlo vio que todo estaba oscuro, y se llevó puesto a alguien que se encontraba adentro.

-¡Kyaa! –grito una voz melosa e irritante para él, la cual le hizo apretar los puños.

-¡Quítate de encima, Ino! –chillo molesto mientras intentaba sacudirse sin nada de delicadeza.

La rubia se paró y lo miro molesta.

-¡Tú me golpeaste, poco hombre! –grito ella mientras se ponía de pie, sacudiendo su corta pollera violeta.

-Hmn.

El ascensor siguió subiendo pero para mala suerte de los muchachos se frenó de golpe, deteniéndose. Ambos se miraron y un escalofrío recorrió a la joven Yamanaka por la fría mirada del Hyuga.

-Neji lo siento yo…

-No me hables, Ino –le pidió el mencionado mientras se sentaba bruscamente en el lugar- No es mi mejor día. Y te odio.

-Tú me buscaste –se defendió ella.

-Ya te había explicado cómo fueron las cosas –le dijo secamente Neji a la vez que apoyaba su cabeza sobre la pared del ascensor cansado.


Al ver como todos se alejaron, Naruto se encamino hasta la habitación. Al entrar se sorprendió al encontrarse a Konohamaru dormido apoyado sobre las piernas de la Hyuga. La muchacha de ojos perla lo miraba fríamente, estaba acostada y tenía una bata de hospital, además de una máscara la cual le permitía respirar.

-¿Qué quieres, basura? –pregunto tajante Hanabi.

-Hasta internada eres odiosa, como Neji –murmuro Naruto con desdén mientras baja la mirada abatido por la situación. Pero luego levanto la mirada para observarla bien a ella, notando que estaba triste, no quitaba la mirada de su novio y estaba apenada- ¿Qué tienes?

Hanabi lo miro dudosa, pero luego recordó como es el estúpido Uzumaki –nombre dado por ella y su primo- y lo molesto que es cuando quiere saber algo. Si ella no le decía posiblemente siga insistiéndole a su hermana para saberlo.

-Tengo un tumor en la cabeza –le explico ella mientras apoyaba su cabeza mejor sobre la almohada- hace unos meses tengo mucho dolor de cabeza, se ve que creció en ese tiempo. Pero nunca lo supimos, desde chica he tenido jaquecas y malestares, me hice estudios y llegaron a la conclusión que era del metabolismo.

Hizo una pausa y noto como Naruto estaba serio y triste. No quitaba sus ojos de Konohamaru, lo que la entristeció más a ella.

-Comencé a desmayarme, llegue a creer y sospechar que estaba embarazada. El día que me trajeron aquí me hicieron toda clase de estudios, dándose cuenta de que en realidad tenía un tumor. Querían ver cómo me desenvolvía yo antes de tomar una decisión o eso dijeron ellos –explicaba triste- y ahora están viendo a ver qué pasa…

-Estarás bien –habló Konohamaru levantándose y sonriéndole con tristeza. La mirada del castaño no reflejaba nada más que dolor. Se levantó para acercarse a su novia, y así besarla en la frente. Miro a su primo, para luego añadir- Saldré un segundo con Naruto, ¿sí? No te preocupes, eres fuerte.

Naruto siguió a su primo lejano afuera mientras escuchaba los sollozos de Hanabi Hyuga. Al estar fuera, el castaño se largó a llorar, dejaba caer unas lágrimas rebeldes por sus mejillas.

-Fue horrible, mierda –habló- no quiero que me vea llorar, tengo miedo.

El rubio lo abrazó con fuerza mientras escuchaba los murmuros de Konohamaru, como maldecía a todo lo que podia, estaba molesto y frustrado. Le dolía ver a su novia así, a aquella gran amiga lastimada y sufriendo.

-Konohamaru…

-Luego hablamos –explicó el castaño mirando a Naruto- tengo que decirle que empezara la quimioterapia.

-¿Y sus padres? –cuestiono el rubio.

-Fueron a ver los detalles, los días, todo.

El Uzumaki asintió y se despidió del castaño. Quedaron en juntarse en la semana para dialogar bien lo que ocurría. Naruto se sentía extraño, como inquieto y dolido. No sabía porque había decidido entrar al hospital pero ahora estaba peor.

-¿Naruto? –llamó la ojijade a su espalda.

-Por favor, Hinata-chan –pidió el ojiazul mientras se daba vuelta- dime que no tienes lo mismo.

La muchacha se sobresaltó, no esperaba eso. Entre todo lo que ella se hubiera imaginado esa frase no paso por su mente.

-No que yo sepa… -indico- pero lo preferiría.

-¿De qué hablas, Hinata? –gruño molesto el rubio golpeando su puño contra la pared.

-Preferiría estar enferma yo y no Hanabi… es muy chica.

La expresión de Naruto se relajó un poco pero luego se entristeció al ver a Hinata llorar. La peliazul temblaba y ella se sobresaltó al sentir un cálido abrazo. Naruto la tenía fuertemente entre sus brazos mientras la apretaba dándole seguridad en ese gesto.

-Por favor –rogó el rubio con una voz triste- hazte los estudios para dejarme tranquilo… no quiero perderte ahora que estoy teniendo la oportunidad de volver a comenzar algo contigo.

-Naruto… -sollozo ella mientras lo abrazaba con fuerza.

-Hinata-chan –la llamó Naruto mientras se separaban para poder él limpiarle las lágrimas que caían sobre sus pálidas mejillas. La acaricio delicadamente y la beso cerca de los labios. La peliazul se sobresaltó al ver una lágrima caer por parte de Naruto y él le dijo- Yo nunca deje de amarte, y sé que no te merezco. Pero no puedo evitar cada día arrepentirme de ello y quererte conmigo.

Tras decir eso se separó de ella y comenzó a caminar por el pasillo. Antes de que ella se diera cuenta, Naruto había desaparecido doblando hacia la izquierda. Las piernas le temblaban a Hinata, se sentía extraña y triste, pero un poco feliz. Comenzó a correr de golpe, sacando fuerzas de quien sabe dónde y empezó a buscar al dueño de unos hermosos ojos azules. Cuando lo vio, cerca de los elevadores, se detuvo.

-Naruto-kun –lo llamo.


Hola a todos! Aqui el nuevo capitulo! Quiero contarles que publique esta historia en wattpad, mi usuario es fflora. Iba a poner el mismo pero quise poner algo con mi nombre jajaj. En fin, gracias a todos los que siguen mi historia, me encanta que les guste y mas que nada que sigan leyendo porque es algo que me fascina. Pense que iba a tardar mas en publicar pero ¡Aqui esta!

Gracias por comentar el capitulo pasado, cuando vi tantos dije wow. Me hacen feliz la verdad. Buen fin de semana!