Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Suzanne Collins.
Una noche en el Majestic
Capítulo 4
Nueva Orleans, 1914
Doce prendas. Quince centavos. Esa era la premisa. Los débiles brazos de Primrose apenas podían con el gran canasto con ropa que ahora debía llevar hasta el río para lavar. Con lentitud se acercó hasta la puerta trasera de la panadería, el panadero solía dejarles uno o dos mandriles para lavar. Tocó suavemente a la puerta y, para su sorpresa, no fue el panadero con su gran bigote quien atendió, sino un muchacho joven. Ella lo reconoció de inmediato.
-Tú eres Primrose, ¿no es así?- preguntó él, antes de que ella pudiera articular palabra. Conocía a la niña, la había visto alguna que otra vez de la mano de Katniss.
-Sí, eres Peeta, ¿no?- respondió Prim.- Vengo por los mandriles para lavar- indicó con voz suave.
-Claro- dijo él, giró sobre sus talones y se marchó. Prim paseó la mirada curiosa por el interior de la cocina de la panadería. Vio la mesa enharinada, algunos bollos blancos estaban sobre ella, levando. Peeta apareció nuevamente.-Aquí están.
-Bien. Mañana los traeré limpios.- dijo ella, colocando las prendas junto con las demás. Luego realizó un pesado esfuerzo para levantar el canasto. Peeta, al ver la dificultad de la niña, decidió ayudarla.
-Permíteme.- dijo él, tomando el canasto sin ninguna dificultad- ¿Lavas en el río?-preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
-Sí.
El tramo que separaba la panadería del río lo realizaron en silencio. Prim canturreaba una canción alegre, mientras Peeta iba sumido en sus pensamientos. Se fijo en la delgada niña, buscando algún rasgo que le recordara a ella. De pronto lo vio, la forma de la nariz y la sonrisa, eran idénticas. La mirada extrañada de Prim lo sacó de sus cavilaciones.
-Estás pesando en mi hermana, ¿no?- preguntó de golpe.
-¿Qué? No… Si- suspiró.
-También la extraño.-confesó Prim, mientras se abría paso entre los pajonales.- Ya han pasado tres meses desde que se fue.
-¿Dónde está, Prim?-preguntó Peeta, con un hilo de voz, casi un quejido.- Necesito encontrarla, o al menos poder escribirle…
-No puedo decírtelo, Peeta. Katniss me advirtió que podrías llegar a preguntar por ella.- respondió seriamente Prim. – No sé que le hiciste, pero estaba realmente destruida la noche que se fue.
Peeta suspiró. Caminó hasta una roca grande y se sentó en ella. Paso los siguientes diez minutos contándole sobre aquella fatídica noche a Prim. Era su última esperanza y ponía su corazón en manos de la pequeña.
-¿Tú me crees, Prim?- preguntó cabizbajo- Yo sería incapaz de hacerle daño.
-Lo sé. La bondad de tus ojos no miente.- respondió ella- Quizás algún día vuelva…- murmuró con tristeza. Una pequeña lágrima brotó de uno de sus ojos y se apresuró a limpiársela- Muchas gracias por confiarme esto, Peeta…
Chicago, 1920
Annie Cresta le recordaba a Prim, quizás ese haya sido el principal motivo por el cual le tenía especial cariño. Katniss la observaba cocinar, mientras leía el periódico. Annie era pura energía, siempre estaba alegre y era sencillamente encantadora. Además de estar completamente enamorado de un joven, el cual Katniss desconocía, pero rezaba internamente que no le rompiera el corazón. Ella sabía lo que era eso y no lo deseaba para su pequeña amiga.
-Gatita, pon la mesa, ¿quieres? El almuerzo estará listo en unos minutos- dijo Annie, mirándola por encima del hombro mientras manipulaba un gran sartén donde estaba friendo unas piezas de pollo.
Por voluntad propia, habían decido hacerse cargo ellas mismas de su pequeña casa. Tampoco deseaban una mucama molesta y metida entre medio de sus cosas. Ambas sabían que no llevaban un estilo de vida muy "tradicional" y bien visto por la sociedad. Trabajaban de noche, salían con hombres, por obligación y no por placer, y recibían obsequios asiduamente.
-¿Irás hoy a la casa de empeño? – preguntó Annie, para luego darle un pequeño sorbo a su jugo.
-Sí.- respondió Katniss- Espero conseguir una buena suma de dinero por la pulsera de diamantes.
-Lo conseguirás, de seguro- afirmó su amiga, con una sonrisa.- Vaya forma la nuestra de pagar nuestra "libertad".
Katniss rió, con una mueca amarga, ante la palabra "libertad". Aquello distaba mucho del verdadero significado de esa palabra.
-Trataré de separar una parte para ti- dijo Katniss, mientras cortaba con delicadeza el pollo.
-No te preocupes. Finn dijo que me llevaría a almorzar mañana.- respondió Annie, para luego darle una mirada soñadora a la ventana de la pequeña cocina.
-Está bien.- contempló a su amiga un momento.- No confío demasiado en ese hombre, Finnick.
-Te preocupas demasiado, Gatita. Finnick es un buen hombre. Te lo presentaré antes del próximo show.
-De acuerdo.- asintió Katniss.
Por la tarde, se vistió de acuerdo a los cánones de la época, vestido largo hasta el tobillo color celeste, abotonadura de perlas, medias blancas, zapatos al tono y el largo sobretodo color café. Le dio una vuelta a su bufanda de cola de zorro y acomodó su sombrero de paño. Estaba lista para un breve paseo por el centro de Chicago. El sonido del claxon del coche de Gale, hizo que se apresurara por salir.
Gale la esperaba galante al costado de su vehículo, con su impecable y modesto traje gris, que resaltaba sus ojos y contrataba con lo oscuro de su cabello. Esbozó una pequeña sonrisa al verla, ella le devolvió el gesto.
-Buenas tardes, Catnip- saludó Gale, tendiéndole la mano para ayudarla a descender los últimos escalones de la estrecha escalinata de la entrada.
-Buenas tardes, Gale. Ya te he dicho mil veces que no me llames así en público- lo regañó.
-Lo siento.- la condujo suavemente hacia el asiento del acompañante, apoyando su mano en la espalda de la joven-¿Vamos a Rookery?
-Sí.- murmuró ella.
La tienda departamental Rookery era una imponente edificación ubicada en el corazón de Chicago. Reunía en su interior varios departamentos de compras, entre ellos, una importante joyería. Por efecto de la post guerra, los productos de origen europeo escaseaban con demasiada y los de origen norteamericano comenzaban a ganar terreno en los anaqueles y las estanterías.
Gale acompañó a Katniss hasta la segunda planta del edificio, donde se encontraba "Stanton & Harris", la joyería donde la joven planeaba vender la pulsera. Aquella actividad le recordaba a la joven cantante sus épocas juveniles de compras por el Quemador, el viejo almacén de ramos generales de Woodmere.
No tardo mucho en aparecer el señor Dairus Harris, un hombre joven, con cabello rojizo y pecas salpicadas por el puente de la nariz, como marca indudable de sus orígenes irlandeses. Elegantemente vestido, de buenos modales y excepcional sonrisa, reconoció la presencia de los jóvenes de inmediato.
-Señorita Grant, qué placer verla por aquí- saludó Dairus, haciendo una breve reverencia hacia la joven.- Señor Hawthorne, ¿cómo está usted?
-Buenas tardes, señor Harris- saludó Katniss.
-Me encuentro bien, ¿Cómo está usted, señor Harris?- respondió Gale.
-De maravillas.- dijo Dairus.- ¿En qué puedo ayudarlos?
-Deseo vender ésta pulsera, señor Harris- respondió Katniss, sacando de su pequeño bolso de mano un estuche de terciopelo negro.
-Muy bien- dijo el hombre.- Es usted una mujer difícil de complacer, señorita Grant- agregó, a modo de broma.- El pobre hombre que le compra éstas joyas no sabe lo que hace.- concluyó risueño. Katniss esbozó una sonrisa, que más parecía una mueca, por respuesta.
Dairus tomó entre sus dedos la pulsera y la llevo al lente para poder ver en detalle la calidad del diamante.
-¿Te agradaría tomar el té conmigo luego?- preguntó Gale, rompiendo el silencio que había entre ellos- Me han comentado que el salón de té que está en la terraza es muy bonito.
-Sí. Me agradaría mucho- aceptó Katniss, con una pequeña sonrisa.
-Señorita Grant, puedo darle ochocientos dólares por la pulsera, ¿es de su agrado el precio?- dijo Dairus.
-De acuerdo, señor Harris.
Aquella cifra era más de lo que esperaba y le serviría para pagar su "libertad" por lo menos durante esta semana. Era el acuerdo que tenía con el señor Snow, dinero a cambio de no salir con los hombres que él deseara. El dinero lo obtenía a través de la venta de las joyas le que obsequiaban. Las usaba en cada show y luego las vendía, de manera de tener contentos a sus admiradores. No le apetecía salir con ningún hombre y era consciente de las habladurías en el Majestic sobre ella y Gale Hawthorne, aunque también las había sobre Cinna Larroux.
Tomó con cuidado el dinero que Dairus le daba y lo guardó en su bolso de mano. Se despidieron de él con cordialidad y se marcharon.
Peeta le dio el último toque al pastel de frutillas que estaba decorando, ante la mirada atenta del chef pastelero. Cualquiera que viera a ese hombre exquisitamente vestido con su traje de corte inglés, con la camisa de seda arremangada jugando con una manga llena de crema de leche, pensaría que estaba loco. Sin embargo, es esa cocina ya estaban acostumbrados a su presencia, en especial el chef. El hombre regordete de origen parisino tenía infinita paciencia con su jefe. Peeta, el dueño de la gran tienda Rookery, despuntaba sus ganas de hornear en la pastelería del salón de té. Le gustaba hacer aquello para descargar las tensiones del día, y Jean Paul se lo permitía tranquilamente.
-Ha quedado estupenda, Monsieur Peeta- lo felicitó Jean Paul, con una sonrisa.
-Gracias, Jean, y perdón por ocupar tu cocina de nuevo- respondió con timidez Peeta.
-No es problema, la cocina es suya, Monsieur.- aclaró el francés- ¿Se quedará a tomar el té?
-Hoy no, quizás mañana, ahora debo volver a la oficina- mustió el rubio, acomodándose el traje.
Salió por la puerta vai-ven de metal y contempló salón, iluminado por la luz del sol de otoño que se filtraba por los grandes ventanales, esquivando las enredaderas y demás vegetación. Varios grupos de señoras se encontraban distribuidos por las mesas. Entonces la vio. El pelo recogido en un sencillo rodete, escaso maquillaje y el cuello del vestido que dejaba expuesto su cuello largo y delicado, completamente apetecible. Katniss Everdeen volvía aparecer frente a sus ojos como un palmo en la nariz.
Se acercó un poco más, quizás esta vez tuviera suerte. Los nervios lo atacaron de nuevo. De repente, el sonido se su risa se coló por sus oídos. Hacía mucho tiempo que anhelaba volver a oír aquella risa. Ella reía de las morisquetas que su acompañante hacia, parecía estarle contando un cuento muy divertido. Sintió una puntada en el pecho y una sensación extraña invadió su cuerpo. Calor. Celos. De pronto tenía muchas ganas de callar de un golpe en la cara al hombre que la acompañaba. Ninguno de ellos se percató de su presencia. Avanzó, sigilosamente, unos cuantos pasos más.
Katniss posó con delicadeza la taza de porcelana sobre su correspondiente platillo y recorrió con la mirada el lugar. Aquel salón de té era precioso y le agradecía a Gale el habérselo hecho conocer. Él había estado unos días antes acompañando a una rica viuda, que gustaba de la compañía de hombres jóvenes y gallardos, como su compañero, y no tenía ni el más mínimo reparo es las estiradas buenas costumbres. Gale no era inmune a los juegos del señor Snow y el formar parte del elenco también lo convertía en mercancía de intercambio, unos cuantos dólares por unas horas de compañía. El joven austriaco no tenía otra salida si deseaba continuar brillando sobre las tablas del escenario del Majestic.
La mirada gris chocó con una azul. Katniss abrió los ojos con temor y Gale no pasó desapercibido el gesto, volteando con gesto molesto en búsqueda del origen del malestar de su amiga. Observó con el ceño fruncido al joven rubio que estaba a pocos pasos de ellos. Él se acercó.
-Señorita Eve… Grant, qué gusto verla- saludó con alegría Peeta, tragando sus nervios.
-Señor Mellark- respondió Katniss, con un hilo de voz. Había pasado una semana desde la última vez que lo había visto y lucía más guapo que en aquella ocasión. Mentalmente se reprendió por ese pensamiento.
Un incómodo silencio se instaló entre ellos y Gale fue quien decidió tomar cartas en el asunto.
-¿Se le ofrece algo señor?- preguntó enojo enmascarado Gale.
-Quisiera hablar con la joven dama…a solas- respondió sin reparos Peeta.
-Me temo que eso no es posible- espetó Gale, con tono mordaz.
-¿Puedo saber por qué?- preguntó irritado Peeta.
-Porque yo no lo permito. La joven dama ha venido conmigo y claro que su presencia la está incomodando, vasta tan solo ver su rostro.- respondió Gale, con suficiencia.
-Gale, por favor.- dijo Katniss- No hay necesidad de esto.
-Catnip, si la hay.-dijo seriamente Gale.- Señor voy a tener que pedirle que se retire.
-Solo deseo hablar con la dama. Nada más.- dijo Peeta, haciendo caso omiso de las palabras del joven moreno.- Kathy, por favor… solo será un momento- rogó.
Katniss se debatió internamente. Su odio por él quizás hubiera menguado, o ya no sentía arder aquella llama en su pecho ante su recuerdo. Quizás fueron los años en el exilio, la guerra y la insistencia de Thomas, de que perdonara aquello. "¿Y si fue un error, Katniss?", resonó la voz de Thom en su cabeza. Se fijo en sus ojos, la suplica de su mirada, ignorando las dagas del acero gris de la mirada de Gale. Una charla. Eran adultos. Podría manejar aquello. Iba a responder, pero Gale fue más rápido.
-¿Lo ve? Ella no desea nada. Llamaré a la guardia de la tienda si no se va.- amenazó Gale, parándose.
Peeta volvió los ojos al hombre. Primero lo miro con fastidio, pero luego una idea divertida cruzó por su mente. Sonrió, aún con el ceño algo fruncido.
-Está bien. Llamé a quien desee.- respondió el rubio.- Esperaré.
Aquello fue una declaración oficial de guerra. Gale salió como una tromba a buscar al guardia, que miraba con gesto cansado el movimiento del agua de una pequeña fuente. Katniss quedó con las palabras a medio salir de la boca y miró sorprendida a Peeta. Este solo se limitó a encogerse de hombros, mientras permanecía estático en su lugar.
Al cabo de unos segundos, Gale volvió con el guardia, explicándole la situación. El oficial asentía con la cabeza con gesto serio.
-Es él.- señaló Gale.
Varias personas se habían acercado a presenciar el pequeño "espectáculo" que se estaba presentando.
El guardia miró primero a Gale, luego a Peeta y volvió la mirada al moreno. Esta vez con confusión.
-Señor Mellark… esto ha de ser una broma.- masculló el guardia.
-No lo es, Joe. Este señor desea que me saquen de aquí. De mi propio salón de té, en mi propia tienda.- respondió divertido Peeta.
-¿Cómo dice?- preguntó rabioso Gale.
-Señor…
-Hawthorne.
-Señor Hawthorne, verá, todo aquí me pertenece. Soy el dueño de Rookery.- dijo y miro airoso a Gale.
-Yo…- comenzó Gale. Estaba realmente abochornado. Era eso una humillación pública con todas las letras.
-Lo disculparé esta vez, dado que va usted en compañía de una bella dama. Le prometo que la próxima vez no seré tan gentil.- dijo mordaz, Peeta.- Cecil.- llamó a un mesero. Éste se acercó.- Cecil, por favor, sírvale a la dama una porción de tarta de frutillas. Confió en que será de su agrado, señorita Grant. Corre por mi cuenta, señor Hawthorne, no se preocupe.
Disponiéndose a marcha, miró una vez más a la joven.
-Señorita Grant, confió en que no será la última vez que nos veamos- dijo con un dejo misterioso, mientras le dirigía una encantadora sonrisa, pura y exclusivamente a la mujer.
Girándose sobre sus talones emprendió la marcha hacia su oficina.
Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien, más aún que subí un nuevo capítulo (la autora claramente se cree mil). Bueno, bueno, reencuentro volumen 2, prometo que hay un próximo encuentro un poco más interesante que este. Básicamente hasta ahora tenemos a una Katniss dudosa, un Peeta buenazo (como siempre) y un Gale pesado (también, como siempre). Hay un giro interesante que quise agregar y es que en este el AU el giggolo es Gale y no Finnick (Si lee esto mi hermana me asesina, es Team Gale hasta la muerte y detesta a Peeta u_u). En fin, me eterno agradecimiento a los follows, los favoritos, los reviews y a todos aquellos que sin dejar señales evidentes, lee esta historia en secreto. ^_^
Peetkat: Finnick tiene un As bajo la manga, pero no te diré cual es (ñaka ñaka). Muchas gracias por el review! :)
Everllakglee4ever: Me encantaría poder actualizar más seguido, pero con la facultad se me dificulta bastante u_u
Edy: Te extrañaba! Todavía quedan algunas escenas dramáticas más, así a racionar las lágrimas jajajaja... Muchas gracias por el review!
Saludos,
Ekishka
