Mi Mejor Amigo.
III.- Las Tierras Goron. La Bandida Roxanne.
By. LastSilence.
Ambos rubios se alistaron para partir, tomando unas cuantas provisiones por parte de Link, y arreglándose el cabello por parte de Zelda. Salieron al exterior solo para buscar a Epona y montarse en ella, emprendiendo su camino hacia la Montaña de la Muerte. Pasando por la entrada de esta, se encontraron a un soldado quien no disimuló su mirada cuando se fijó en la rubia, quien solo agitó la mano sonriendo nerviosamente. Siguieron el recorrido montaña arriba hasta que llegaron con un letrero en donde se anunciaba que se trataba de "La Ciudad Goron".
Bajaron de la yegua y se adentraron al lugar, recorriendo una pequeña cueva oscura, a lo que Zelda se aferró al brazo de Link para no tropezar. Finalmente cuando llegaron a la luz, pudieron apreciar el hermoso decorado. Las flores llamadas Iris estaban en casi todos los lugares, rodeando una que otra manta que rezaba un "Bienvenido Link".
La princesa abrió su boca formando una perfecta "o". No se le había cruzado ni por un segundo en su mente que los gorones serían capaces de armar tan precioso lugar solo para recibir a Link. Un pequeño sentimiento de culpabilidad le invadió. Los gorones le celebraban con toda una fiesta en agradecimiento, mientras que ella simplemente le dedicaba un "gracias" común y corriente.
—Bienvenido, hermano Goron—Darunia se abrió pasó entre los demás gorones para poder saludar a los recién llegados.
—¡Hola! Tiempo sin vernos. —Link sonrió de manera agradable.
—¡No sabes lo alegres que estamos por tenerte aquí! —tomó al joven héroe entre sus duros brazos, dándole lo que vendría siendo un cálido abrazo de oso. Pero este abrazo no era cálido, ni mucho menos de oso. Más bien era duro y de piedra. — Oh, ¿pero que tenemos aquí? —Darunia deshizo el abrazo para observar a Zelda de pies a cabeza con curiosidad.
—Ah, ella es mi amiga Zel—Kazumi—se corrigió, mordiéndose el labio con frustración al ver el error que casi cometía.
—¿Kazumi? Así que ese es el nombre de la afortunada —les sonrió pícaramente a ambos jóvenes, quienes solo se miraron entre sí sin saber que decir— Bienvenida, siéntete como en casa—tomó la mano de la joven y la beso con delicadeza. — ¡Vengan, pasen, que la fiesta empieza!
El Gran Jefe de la Tribu Goron se dio la media vuelta, agitando el brazo para que los invitados lo siguieran, cosa que hicieron sin vacilar. Bajaron lo que vendrían siendo las escaleras, descendiendo un par de pisos para llegar a una gran sala con una mesa en el centro. La tabla estaba vestida con un mantel blanco, y en su centro yacía, orgulloso, el símbolo del fuego. Por supuesto que la comida no faltaba, había todo un buffet y de todo eso, lo que más le llamó la atención al joven héroe fue la gran garrafa de leche que se encontraba en una esquina de la mesa.
—Especial para ti, Link—Darunia rió un poco, al ver como el aludido babeaba literalmente con solo ver el jarrón.
—G-gracias —musitó ilusionado, dispuesto a acabarse de un trago toda la leche.
—Bien, hermanos gorones, invitados especiales, ¡que empiece la fiesta! —la tribu entera respondió con un gran y alegre "si", animando el ambiente.
Primero disfrutaron del banquete, después danzaron para aligerar su estomago. Darunia pidió amablemente a Link que tocara una melodía con su ocarina, como solía hacerlo en los viejos tiempos. Este accedió sin dudar, sacando su instrumento de un bolsillo y empezando a entonar una alegre melodía que contrastaba muy bien con el ambiente.
Zelda miró atentamente, maravillándose de la habilidad del chico para tocar el instrumento. Años de práctica. Link notó la profunda mirada que le dedicaba su soberana, por lo que decidió invitarla a bailar, ella aceptó, sintiéndose un poco avergonzada pero ansiosa por poder danzar con su mejor amigo. Fue un momento muy divertido, hasta que la princesa quiso regresar a su asiento a descansar. El héroe del tiempo la escoltó hasta su lugar, para después ir a bailar con una pequeña chica goron que se lo pidió.
—Él… en verdad tiene muchos y muy buenos amigos… —este pensamiento se posó en la mente de Zelda— era de esperarse, él siendo tan amable se gana el cariño de todos…
Se perdió tanto en el hilo de sus pensamientos, todos en torno a Link, que notó cuando este se le acercó, tendiéndole una mano.
—¿Nos vamos? —le preguntó con una media sonrisa.
—¿Ah? Este, si. Si tú lo deseas. —tomó la mano que le ofrecían, levantándose así de su puesto.
Se despidieron de todos y, aunque los gorones insistieron en que se quedarán un tiempo más, ambos jóvenes se excusaron diciendo que ya era algo tarde y que debían volver. Sin más, regresaron donde Epona, quien los transportó hasta la casa de Link. El cielo empezaba a colorearse de tonos rosados y anaranjados, mientras el amarillo sol se ocultaba con lentitud en el horizonte.
—Link…
—¿Si?
—Aún no anochece, ¿crees que podría ir al pequeño mercado que hay más al centro de Kakariko? —ladeó la cabeza levemente, haciendo que un par de rubios mechones de cabello cayeran ligeramente por su rostro.
—Sí, claro. ¿Quieres que te acompañe? —el joven retuvo las ganas que tenía de extender el brazo para remover aquellos mechones rebeldes de la Princesa.
—No, gracias. Preferiría ir yo sola, ya sabes, tengo que aprender de mi reino por mi cuenta…
—De acuerdo, pero si no llegas para el anochecer iré a buscarte yo mismo —sentenció— ¿vale? —Zelda asintió con la cabeza repetidas veces, para luego agradecerle y caminar en dirección al pequeño mercado.
El héroe suspiró.
oOoOo
Miraba emocionada los pequeños puestos que conformaban el mercado. Las cosas en sí eran muy humildes, pero de alguna manera la maravillaban; pero, lo que de verdad la emocionaba era el hecho de que todas las personas con la que se encontraba, le sonreían de manera agradable. Que ella recordara, en el castillo jamás le habían sonreído así, si a caso Impa, pero ella siempre había deseado más; no solo reverencias con miradas serias y respeto. Por un momento deseó con todas sus fuerzas en verdad haber nacido como Kazumi, y no como Zelda. Más sabía que aquello era imposible.
Llegó a lo que le pareció un puesto de manzanas, la dueña le sonrió amablemente, invitándola a tomar una. Zelda miró atentamente los frutos, admirando su intenso color rojo sangre, y una pequeña sonrisita boba adornó su rostro. Se sentía feliz, al igual que el ambiente, pero… este cambió en tan solo un segundo. Con duda, la chica volvió su vista hacia la vendedora, quien tenía un gesto preocupado.
—¿Pasa algo malo? —preguntó, sintiendo una rara sensación en su estomago.
—Sí. Ella. —la mirada violeta de la joven mujer se posó sobre un punto entre la gente en el centro del lugar.
Zelda inclinó un poco la mirada al no entender a que o a quien se refería, pero después creyó saber de que hablaba la dueña del local de manzanas. Allí, en el centro, se encontraba una jovencita, poseedora de cabellos rojizos y rizados que caían con gracia sobre su delgada espalda.
La Princesa estaba por preguntar que tenía de malo esa joven, pero la manzanera se le adelantó.
—Roxanne. Algunos la apodan "La bandida" —en su voz suave y dulce se podía notar la preocupación que sentía. — Es muy joven aún, creo que hasta tiene mi misma edad…—pareció perderse en sus pensamientos por unos segundos— siempre viene al pueblo, a robar toda la mercancía que hay en estas humildes tiendas…—soltó un largo suspiro, a la vez que apoyaba su barbilla en su mano derecha.
—¿Y porque alguien no la detiene? —La Princesa miró con cautela a la manzanera.
—Pregúntale al último que lo intento, —Zelda arqueó una ceja, sin entender muy bien— tres costillas rotas y el brazo fracturado —bastó con esa explicación para entrelazar lo dicho y entenderlo.
Se sintió mal. No podía creer que todo este tiempo, mientras ella vivía plácidamente en el castillo, la población de la Villa Kakariko sufría de una abusadora. En verdad que era una mala princesa, así que lo recompensaría. Se enfrentaría ante aquella denominada "bandida".
Antes de que pudiera avanzar algún paso, Zelda se vio retenida por el agarre que de un momento a otro la vendedora había ejercido sobre su brazo.
—Puedes salir lastimada tú también, así que ni se te ocurra ir—frunció sus negras pero delgadas cejas, haciendo que un par de arrugas se formaran en su frente.
—Debo intentarlo. —repuso, zafando sin mucha delicadeza su brazo de las manos de la joven pelinegra.
Caminó con paso decidido hacia Roxanne, quien aún le daba la espalda, discutiendo con otra señora dueña de un puesto de ropa que se negaba a darle su mercancía, aferrándose a ella.
—Si no me das la ropa ahora mismo te juro que…
—Oye, tú —La Princesa interrumpió su amenaza— detente.
Lentamente, la bandida volvió su cabeza, haciendo que Zelda notara que sus ojos eran de un profundo color oscuro, casi negro. Aquella mirada gélida y carente de emoción que le envió Roxanne, le había provocado un pequeño escalofrío, más no se echaría atrás.
—¿Y tu quien eres para decirme que hacer?
Definitivamente esa no era una pregunta que podía responder en ese mismo momento, tal vez revelar su identidad solo le traería más problemas, o quizás no le creería. No era una buena opción. Tal parece que la pelirroja llevaba ventaja, pero no se dejaría vencer.
—¿Y tu quien te crees para venir y maltratar así a la gente? —optó por responder su pregunta, con otra.
—No estoy obligada a responder —dijo con simpleza, restándole importancia a la reciente entrometida y dándose la media vuelta para volver al asunto que tenía pendiente con la vendedora de ropa.
Zelda se adelantó un par de pasos, tomando el hombro de la joven, girándola para que quedaran de frente.
—No tienes derecho para venir y tratar así a los aldeanos, no lo permitiré—ante esto solo recibió una altanera sonrisa ladina por parte de la bandida.
—Ah, ¿sí? —Roxanne sacudió un poco su hombro, provocando que la mano de Zelda cayera de este— parece que a la niña bonita le gustan las peleas. Bien, te daré lo que quieres —se alejó un par de pasos, la Futura Reina de Hyrule creyó que se marcharía.
Más no esperó ni por un segundo que la pelirroja se volviera solo para saltar sobre ella, propinándole un fuerte puñetazo en el rostro. No tardó en sentir un sabor metálico en sus labios; los relamió un poco, cayendo en cuenta de que era sangre. Quiso levantarse, pero antes de que esto pudiera suceder, un golpe fue recibido directamente en su estomago.
La gente empezaba a formar un círculo alrededor de ambas chicas, y los cuchicheos viajaban de aquí para allá, transportando palabras como "que valiente" o "muchacha atrevida, la matarán" entre otros, ninguno con importancia alguna.
Tumbada en el suelo, boca arriba, Zelda trataba de recuperar el aire perdido, tomando grandes caladas de aire con su boca. Roxanne, creyendo que la rubia había aprendido la lección, se levantó del suelo sin decir nada, pero dirigiéndole una mirada de advertencia a su oponente.
Antes de que la bandida pudiera marcharse, un pie se le atravesó, haciendo que su cuerpo cayera sobre la seca hierba, provocando un sonido sordo. Por su parte, Zelda, quien aún se encontraba algo conmocionada por lo que había hecho, solo atinó a moverse rápidamente para levantarse, antes de que la pelirroja lo hiciera.
No pasaron ni dos segundos de haberse puesto de pie, cuando su oponente ya estaba levantándose también. La Princesa se asombró por la agilidad y resistencia de la chica, quien sin dudarlo volvió a caminar hacia ella, dispuesta a darle otro puñetazo; por suerte la rubia pudo detener el puño con su propia mano. Ambas jóvenes forcejearon por un momento, hasta que Roxanne, como pudo, libero una de sus manos, mandándola directo a la mejilla de Zelda.
Fue una bofetada fuerte y dolorosa; podía verse claramente como la zona golpeada empezaba a enrojecerse.
La Hereda del Trono retrocedió un par de pasos, cosa que aprovechó la bandida para empujarla, haciendo que trastabillara y cayera nuevamente al suelo. La golpeó nuevamente, esta vez en ambas mejillas. La rubia gritó de dolor, cerrando sus manos desesperadamente en torno al cuello de su atacante.
Mientras tanto, entre la multitud de gente, Link se abría paso intentado llegar al frente. Ya había anochecido, y Zelda no había regresado, por lo que decidió ir a buscarla. Quiso pensar que no pasaba nada malo y que el retraso se debía a que se había entretenido lo suficiente en las tiendas como para quedarse ahí un buen rato. Más cuando vio a toda esa gente amontonada, se alarmó imaginándose lo peor.
Cuando hubo conseguido llegar al frente, se encontró con su Princesa tumbada sobre el suelo y, encima de ella, estaba una pelirroja. Ambas mujeres dañándose mutuamente.
—¿Qué es lo que…? —no pudo formular completamente su pregunta, ya que en ese mismo instante Zelda había soltado un fuerte puñetazo sobre el rostro de Roxanne, quien, por el movimiento brusco, cayó a un lado de la rubia.
—No tenemos por qué hacer esto —dijo la Princesa, respirando entrecortadamente. La pelirroja le miró, sin entender— déjalos, por la paz.
Las palabras parecían no ser suficientes, ya que Roxanne giró sobre su cuerpo para ponerse de rodillas en el suelo, mirándole con enojo.
—¿Crees que tu sola puedes vencerme? —apretó sus labios, conteniendo la sangre que amenazaba en salir por ellos. Zelda estaba por responder, pero, sin que nadie se lo esperara, la anterior vendedora de manzanas que había visto antes se encaminó hacia ella, posándose a un lado.
—Sola no, yo me uno a ella. —dijo, sonriendo ladinamente, dándole apoyo a la rubia.
Toda la gente que había estado cuchicheando, paró de comentar. Se quedaron mirando los unos a los otros, sin saber muy bien qué hacer. Fue hasta que salió otra joven de entre la multitud, cuando se volvieron a intercambiar comentarios.
—Que sean tres —la nueva joven, recogió sus largos y lacios cabellos castaños en una coleta detrás de su cabeza.
Y así, de poco en poco, más y más mujeres (en su mayoría victimas de Roxanne) se unieron ante el propósito de la rubia. La bandida, al verse acorralada y sin posibilidades de poder pelear ante todas ellas, decidió marcharse a paso apresurado, humillada.
—Por las Diosas…—susurró la Princesa de Hyrule— muchas gracias, de verdad —las primeras dos jóvenes que se le habían unido y que se encontraban cada una a un lado, le sonrieron.
Link, quien se había mantenido neutral al asunto, se acercó a su amiga.
—¿Te encuentras bien? —como respuesta, recibió un asentimiento con la cabeza. Iba a agregar algo más, pero al parecer era de costumbre que en la Villa Kakariko todos interrumpieran a alguien cuando iba hablar.
—Por favor, todos denle un aplauso a nuestra heroína, —miro a la aludida, quien pronunció un presuroso y nervioso "Kazumi"— ¡Kazumi! —alzó sus manos al aire, aplaudiendo con fuerza, haciendo que la aldea repitiera la acción.
—No tienen por qué hacerlo, no fue nada… —sonrojada, paseó su mirada a todos lados y por un momento, el mundo pareció agitarse a su alrededor. Los sonidos empezaron a parecer lejanos y prontamente, todo se volvió negro.
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Lamento mucho la tardanza, eh estado muy ocupada D: … Gracias por sus comentarios (de nuevo), y La generala, no pasa nada, no te odio; la verdad te agradezco mucho por todos tus consejos, ¡trataré de aplicarlos para que la historia me quede mejor!
Por cierto, volveré a tardar un poco más en actualizar, ya que ando con unos asuntos familiares y pues me mantienen algo ocupada… Bueno, hasta el próximo cap.
