CAPITULO 4: EL AMOR Y EL DOLOR PARECEN IR DE LA MANO

En cuestión de cinco minutos había llegado al edificio donde vivía Sora. Subió corriendo, estaba agitado por apurarse tanto, no quería arruinar lo que estaba comenzando con Mimi.

Tocó enérgicamente la puerta del apartamento, sabía estaría sola en su casa. La puerta se abrió y la pelirroja lo saludó con un beso en la boca y un eufórico abrazo, a los cuales el joven rubio fue incapaz de responder.

-Matt… ¿Sucede algo?, ¿Por qué estás tan frío?

-Sora, tenemos que hablar-esa frase hizo que le temblasen las piernas y los labios. Podía imaginar sobre qué era de lo que quería hablar: Era por la actitud que había tenido para con ella toda la semana, sin dudarlo.

-No entiendo de qué tendríamos que hablar.

-De lo nuestro Sora… Juro que he intentado, pero esto ya no es lo mismo, ya no somos niños…-los ojos de la pelirroja comenzaron a llenarse de lágrimas, le lanzó una mirada de odio.

-¿POR QUÉ DE PRONTO NO ES LO MISMO? ¿ES QUE DEJASTE DE AMARME, MATT?-le gritó.

-Jamás te ame, Sora. Disfrutaba únicamente de tu compañía, me confundí. Te quiero, pero no te amo…

Lágrimas comenzaron a caer por rostro de Sora. La mueca de su rostro se fue deformando.

- Estás enamorado de otra-sentenció. Y tenía razón, siempre había sido así-Está bien Matt, no rogaré por tu amor… No lo mereces-dijo tranquilizándose un poco-Solo prométeme que irás al partido de mañana, es muy importante para mi…-Tenía una estrategia, no podría dejarla tan fácil.

-Sora, no creo que yo…

-Me lo debes, Matt. Hazlo, por favor.

Sabía que tenía que ver a Mimi, pero el partido de Sora solo le llevaría la mañana, además ella tenía razón, se lo debía por haber roto su corazón de la manera en que lo hizo… y por el motivo que lo hizo.

-De acuerdo, iré. Nos vemos mañana-Se dio media vuelta y salió sin despedirse de la chica.

Sabía que no estaba haciendo lo correcto al ir a ver su partido, pero se sentía terriblemente culpable por haberla hecho llorar. Era consciente que estaba tirando años de relación a la basura, pero era por una buena causa.


Luego de una noche de soñar con él, Mimi despertó como nueva, con una sonrisa en su rostro. Pocos minutos después de despertar, recibió un mensaje de texto:

From: Joe

"Mi-chan, hablé con Izzy y me dijo que hoy van todos a ver un partido de tenis de Sora ¿Quieres ir? Comienza a las 11 am"

Joe era tan considerado, siempre estaba pensando en ella, siempre trataba de sacarle una sonrisa. Él siempre había estado, incluso en los momentos más horribles de la vida de la joven.

"Por supuesto, quiero verlos a todos, pasa por mi media hora antes Superior Joe :)"

Rápidamente saltó de su cama y entro en la ducha. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido con Matt. Ella siempre había soñado con él como algo muy lejano, jamás habían tenido una relación, le extrañó mucho su comportamiento de los últimos dos días, nunca hubiese pensado que podía ser tan sociable.

Ansiaba volver a verlo. Imaginó que la llamaría por la tarde, y ella esperaría ansiosa ese llamado.

Rápidamente se baño y se puso un par de jeans gastados, una remera negra sin mangas y un par de sandalias; aguardó por Joe mientras pensaba con como estarían sus amigos. Había perdido el contacto con alguno de ellos, y quería volver a retomarlo.

El futuro médico no tardó en llegar, y ambos emprendieron camino hacia el club en donde habría de jugar Sora.

Cuando llegaron, a la primera persona que vio Mimi, fue a Tai, apoyado en una pared, mirando su celular. Sus ojos brillaron al verlo.

-¡TAI!-gritó emocionada llamando su atención. El morocho la miró, no podía creer lo que veía, era Mimi. Ella corrió a abrazarlo, él se acercó un par de pasos y respondió al efusivo abrazo de la chica.

Siempre se habían llevado muy bien. Hace un año atrás Tai había hecho un viaje de intercambio para continuar con sus estudios que había iniciado en la universidad más prestigiosa de Japón, ciencias políticas; en ese año se había convertido en el compinche de Mimi, todos los días se veían; prácticamente vivía en la casa de la muchacha. Todos ignoraban que era lo que realmente había pasado en los Estados Unidos, lo habían guardado como un secreto especial, entre ellos dos.

-Qué bueno es verte, te extrañe mucho-la abrazó con fuerza, como si temiese que fuese una ilusión-¿Por qué no dijiste que venías? Hubiese ido por ti al aeropuerto, sin dudarlo- le reprocho.

-Ni siquiera sabía que iba a venir… estuve muy mal los días antes de venir, por lo que mis padres creyeron que lo mejor, era que volviese y me quedase aquí, el único lugar en el que me siento en mi casa, y me encuentro mucho más tranquila.

-¿Estuviste mal?-preguntó Joe atónito. Ignoraba muchas de las cosas que habían sucedido en su estadía en Estados Unidos. Mimi tenía un grave defecto, y es que jamás decía cuando estaba mal.

-Fue solo un tiempo… pero ya estoy mejor- les sonrió a ambos chicos.

-¿Qué fue lo que sucedió?

-Preferiría no hablar de eso ahora-los dos lo respetaron.

-Estoy muy contenta de volver a verlos-Miró a Tai- Pero jamás te perdonaré por no haber estado en un contacto constante conmigo después de tu partida de los Estados Unidos-le sonrió.

-Tuve muchos problemas con el estudio, Mims. Pero no trato de justificarme con eso.

-Quiero saber absolutamente todo de sus vidas

Y fue entonces que comenzaron con sus historias:

Joe, con 20 años, había terminado la escuela secundaria un año antes de lo previsto, y también se había adelantado en comenzar la universidad. La carrera que había elegido, a pesar de los muchos problemas que le había generado en su niñez, fue medicina, como era de esperarse.

Tardo en comprender qué era lo que realmente lo apasionaba, finalmente comprendió que la medicina no era una carga para él, sino que era una pasión. Su promedio era excelente, uno de los mejores de toda la universidad. Su rostro ya no se escondía detrás de sus gruesos lentes de marco negro, ahora utilizaba unos lentes casi imperceptibles, era alto y fornido, con voz y actitud muy masculina, sin mencionar que era muy maduro para su edad. Por falta de tiempo, una barba incipiente de un par de días enmarcaba su bello rostro. Si bien nunca le había faltado oportunidad, nunca había tenido una novia hasta el momento. Habían cosas que nunca cambiarían, siempre sería el mismo chico tímido.

Tai había terminado la secundaria al a edad de 17 años, y tan pronto como termino, decidió comenzar sus estudios en ciencias políticas, se inscribió en la universidad más prestigiosa de Japón y fue el primer elegido para realizar un intercambio estudiantil a los Estados Unidos, donde prácticamente vivió con Mimi.

Se había vuelto muy deportista en este último tiempo: remo, básquet, rugby eran alguno de los tantos deportes que solía practicar en su escaso tiempo libre. A pesar de todo eso el soccer seguía siendo su gran pasión, nunca había dejado de jugarlo, era el capitán de su propio equipo, el cual había formado con Davis y sus amigos de la universidad.

Seguía tan guapo como de costumbre: sus cabellos color chocolate seguían largos y despeinados, su ropa siempre desprolija le otorgaba un aspecto sexy. Su espalda ancha y sus brazos musculosos coronaban su atractiva y masculina apariencia.

La relación que había tenido con Mimi era un tanto confusa para ambos. Siempre había sentido algo por ella, pero no sabía si llamarlo amor. Preferían pensar que sabían divertirse juntos, que había química entre ellos. Su alegría era siempre contagiosa, eso era lo que le encantaba a ella de él.

Cuando le llegó el tiempo de hablar de su pasado a Mimi, comenzó a hablar muy animada, pasando por alto detalles que tanto Tai como Joe conocían, porque eran los que más contacto habían tenido con ella, junto con Izzy; no pudieron dejar de notar los chicos que la chica de hermosos ojos color caramelo jamás mencionó cual fue el problema tan grave que había tenido. Ambos sabían lo que ella padecía.

Siempre había sido una chica muy alegre, o siempre había aparentado serlo; nadie parecía comprender cuando ella se sentía mal: "Su vida era perfecta" decía todo el mundo, y por eso parecía no tener derechos a llorar ni a sentirse mal. Sin embargo quienes la conocían sabían los problemas que padecía y si bien su vida parecía ser "perfecta", lejos estaba de serlo.

Hablaron largo rato los tres. Joe y Tai siempre habían tenido una buena relación, aunque distante, sin embargo por Mimi se habían acercado bastante. Tai siempre siguió en contacto con todos los miembros del grupo, les contó al muy atareado Joe y a la recién llegada Mimi algunos detalles de las vidas de los demás chicos; algunos hechos sorprendieron a ambos, como el hecho de saber que TK había tenido problemas con la policía en numerosas ocasiones; y que una vez, un doping de Sora había dado positivo.

Pocos minutos antes de comenzar el partido de Sora, llegaron Izzy, TK y Kari. Y luego de los abrazos y emociones del primer reencuentro comenzaron a hablar de sus vidas, Mimi se había vuelto rápidamente el centro de atención.

Mientras todos hablaban llegó la pelirroja, que no parecía estar para nada contenta de ver a la chica de ojos color caramelo. Ella le regaló una sonrisa y un abrazo, con un poco de fingida emoción. Le desagradaba por completo que Mimi se encontrase en su partido, había dejado de ser el centro de atención su partido, ahora lo era la recién llegada.

Todos se encontraban ahí, y miró impaciente porque no habían noticias de Matt.


Matt se encontraba en su casa, sin verdaderas intenciones de dirigirse al partido. Lamentablemente duraban mucho tiempo, y jamás había tenido paciencia para estar allí presente; desde su repentina fama no podía estar tranquilo en ningún lado sin que las chicas se le tirasen encima.

Decidió ir al final del partido, simplemente para ver el resultado. Ya lo había decidido, inventaría que tenía ensayo, después de todo, siempre los tenía en diferentes horarios.

Se encontraba sentado en el sillón de la sala del enorme apartamento que compartía con su amigo, Takato. Miraba a través del enorme ventanal, miraba el cielo; desde pequeño le había interesado todo lo relacionado con la astronomía, por eso había la había elegido como carrera formal.

No podía evitar pensar en ella, en Mimi. Secretamente siempre había estado enamorado de ella, y ahora que algo podía ocurrir, que la había besado… tenía miedo, miedo de que un día se despertase y Mimi se hubiese esfumado. Habían actitudes de la joven que todavía no llegaba a comprender, ¿Y creía conocerla bien? La realidad era que no sabía con quien quería iniciar una relación, pero quería saber quién era ella en realidad.

Jamás le había hablado tanto como en los últimos dos días. Creía que por algo se habían cruzado sus caminos, no era casualidad, era el destino. Estaba convencido: Su destino era el de estar juntos.

Tomó un papel y una lapicera y comenzó a escribir. No escribía cualquier cosa, sino una canción, una que salía de su corazón, de su alma, cuando pensaba en ella.


El partido de Sora estaba realmente aburrido, no paraba de perder sets, y no importaba cuanto la alentasen, no parecía mejorar su ánimo. Lo que verdaderamente le molestaba era el pensar que ese día era para ella, y toda la atención se centraba en Mimi.

Jamás comprendió cuando su aversión por ella había comenzado. El día que se fue a los Estados Unidos, se sintió devastada, había perdido a su mejor amiga, pero no tardó mucho en recuperarse. Al cabo del quinto mes, Sora casi ni recordaba a Mimi. Siempre que coincidían en internet, Sora jamás le respondía, y si lo hacía era de una manera cortante. Le molestaba profundamente que siempre fuese el centro de atención, le molestaba su vida perfecta y su eterna alegría. Le molestaba que siempre la gente quisiera estar con ella, rodeándola y alabando el aire que respiraba.

Su mente estaba en otro lado distinto del juego: No solo le estaban robando el protagónico, sino que todavía se sentía mal por como Matt la había abandonado, y porque todavía no había aparecido, sabiendo lo importante que era para ella que su "amuleto de la suerte".

-¿Qué le sucede a Sora? Normalmente ella no juega así-preguntó Tai en un susurro a los demás chicos.

-Es verdad, parece muy desconcentrada, sin mencionar que no se encuentra aquí su "amuleto de la suerte"-comento TK. Mimi y Joe se miraron extrañados, todos los demás parecían entender de qué hablaban, salvo ellos.

-¿Cuál es su amuleto de la suerte?-preguntó Joe a Tai. El chico dudó unos instantes si responder o no, pero finalmente lo hizo.

-Así llama Sora a Matt, dice que siempre que está presente le da suerte-Joe miró con preocupación a la castaña que tenía a su lado. Ella había sentido un vuelco en su corazón, sentía una presión en su pecho. Comenzó a preocuparse.

-¿Y por qué dice eso? ¿Cuál es la relación que los une?-pregunto, lamentando el hacerlo, esperando una respuesta que jamás llegaría.

-Matt y Sora hace años que están saliendo, él suele venir a sus partidos, y ella siempre da lo mejor de sí. Cree que es su amuleto de la suerte.

Joe miró mortificado a Mimi. Los ojos de la chica comenzaron a llenarse de lágrimas, apoyo ambas manos en su pecho y parpadeó numerosas veces.

-Permiso. De repente comencé a sentirme mal…- tras decir eso se puso de pie en la grada y salió corriendo como pudo del lugar. Joe miró a Tai preocupado.

-Tai, si sabes de su problema, ¿Por qué lo dijiste?-le preguntó indignado.

-¿Ocurre algo entre ella y Matt?-El joven de pelo azul asintió. La expresión de Tai fue de horror-Joe su hubiese sabido eso jamás le hubiese dicho nada-dicho eso ambos jóvenes corrieron detrás de ella, dejando a los demás extrañados sentados en el banco.

-¿Qué es lo que ocurre?

-No lo sé Kari, pero estoy seguro de que no es nada bueno.

-¿Deberíamos ir?

-Creo que sería lo mejor-dicho eso, los otros tres chicos se pararon y corrieron tras Mimi, Joe y Tai.

Sora pudo notar como sus amigos se levantaban y se iban por perseguir a Mimi. Eso logró enojarla aún más.

Tai y Joe trataron de seguirla, pero la perdieron de vista. Eso era malo, sabían perfectamente cómo se ponía en estas situaciones. La buscaron por todos lados, hasta que finalmente la encontraron en una esquina, oscura y escondida. Tenía sus rodillas abrazadas con sus brazos y su rostro oculto, lloraba desconsoladamente. Afortunadamente parecía que esta crisis no era tan grave, pero sabían que no debían cantar victoria antes de tiempo.

-Mimi, mimi… mírame, Mimi soy Joe-la tomó por los brazos y zamarreó con preocupación. Su mirada estaba perdida, sus ojos rojos-Por favor Mimi-siguió sacudiéndola, finalmente pareció salir de su trance y lo miró fijamente a los ojos-Me mintió, superior Joe-dijo con la voz entrecortada por tanto llorar. Él la abrazo.

-Tranquila Mim-Chan-dijo con dulzura-Siempre hay una explicación, no saques conclusiones apresuradas. A lo mejor hay algo que nosotros no sabemos, ¿Verdad Tai?

-Eh, sí, estoy convencido de eso. Hacía tiempo que no se llevaban bien Mim. Seguramente por eso te dijo lo que te dijo-la mirada de Mimi estaba perdida. Se puso de pié con ayuda de ambos chicos, recargando casi la totalidad de su peso corporal en el cuerpo de Joe, le hizo una mueca a Tai.

-Busca en su bolso la pastilla-le ordenó y así lo hizo. Cuando Mimi tenía esa clase de ataques necesitaba tomar una pastilla. Tomo el blíster de pastillas, sacó una y prácticamente con Joe se la metieron en la boca e hicieron tragar. El brazo de Joe no dejaba de frotar el de Mimi.

Al cabo de unos diez minutos, Tai y Joe habían logrado tranquilizar a Mimi. El resto de los chicos llegaron.

-No podíamos encontrarlos, ¿Qué sucedió?

-Mimi… tuvo un problema-fue lo único que dijeron, su mirada todavía estaba perdida, pero ahora se encontraba calmada.

-¿Por qué salió corriendo?, ¿Cómo se encuentra?

-Será mejor que se los explique ella cuando pueda hacerlo chicos- Comenzaron a caminar para abandonar el recinto. Lo mejor sería ir a la casa de Mimi y arreglar el problema-¿Joe has traído tu auto?-Él asintió- Será mejor entonces que nos dividamos-sacó las llaves de su bolsillo y se las lanzó a Izzy- Síganos con mi auto, vamos a lo de Mimi-sin decir más se disponían a irse.

El juego recién había terminado, con un resultado fatal, Sora había perdido por muchos puntos. Mientras se dirigía a los vestidores se chocó con Matt.

-Disculpa la tardanza… Tuve ensayo y no pude venir antes.

-No importa-respondió de manera seca.

-¿Cómo te fue?

-MAL, evidentemente hoy no es mi día de suerte. No solo que tú me dejas la noche anterior al partido y luego faltas a él, sino que para colmo Mimi se acaparó toda la atención de los demás-Al oír el nombre de la castaña, sintió como si a su corazón lo apretasen fuertemente.

-¿Mimi está aquí?-un nudo se formó en su garganta al preguntarlo. Sora asintió y notó una particular preocupación en el tono de voz de su ex novio. A espaldas de Matt pudo notar cómo se acercaban los demás, con Mimi, cargándola como si de un paquete se tratase. No lo dudo dos veces- ES MARAVILLOSO VERTE AQUÍ, A PESAR DE HABER PERDIDO ESTOY MUY CONTENTA, PORQUE TE TENGO CONMIGO-gritó, luego de eso tomó el rostro del rubio con ambas manos y le dio un fuerte y violento beso.

Matt no supo cómo reaccionar. Cerca de medio minuto se mantuvo inmóvil. Detrás de ellos, el resto del equipo pudo ver toda la escena. Mimi pareció salir de su trance.

-¡MENTIROSO!-gritó con sus ojos color caramelo, llenos de lágrimas-MALDITO MENTIROSO-se acercó a él y golpeó el fuerte pecho del joven rubio con sus pequeñas manos. Matt no podía comprender como había sucedido, estaba sorprendido y horrorizado a la vez. Miró a Sora con una mezcla de indignación y odio.

-Espera Mimi, no es lo que parece…

-Claro que no es, estuviste jugando conmigo todo este tiempo ¡PERO YA NO MÁS, YAMATO ISHIDA! Jamás volverás a jugar conmigo-luego de decir eso, no pudo contenerse y comenzó a gritar, no solo insultos, sino que comenzó a llorar de una manera tan violenta que jamás había visto-¡TE ODIO YAMATO ISHIDA!, ¡TE ODIO!

-Jamás jugaría contigo, Mimi… por favor, escúchame-trato de tomarla por los brazos para obligarla a mirarlo. Ella se soltó violentamente y salió corriendo. Corrió rápido, tan rápido como sus piernas le permitieron, como si su vida dependiese de ello. Tras ella salió corriendo Tai.

Matt miró confundido al grupo, el único que comprendía lo que sucedía era Joe.

-Ayuden a Tai, que Mimi no se les pierda de vista-ordenó el joven de anteojos y voz masculina.

-¿Pero Joe, por qué no debe perderla de vista?-preguntó TK.

-Ahora hagan lo que les digo, después les explicaré el por qué. Es muy peligroso si ella llega a quedarse sola, no sé qué es lo que pueda hacer-su mirada ahora era sombría y estaba preocupada. El resto hizo lo que había ordenado. Quedaron solos Joe, Sora y Matt.

-¿Joe que es lo que sucede?-preguntó preocupado.

-Eso debería preguntar yo, Yamato-se podía notar que estaba enojado-¿En qué estabas pensando? ¿Estar con las dos a la vez? No tienes la menor idea de lo que está sucediendo, eso es evidente. No conoces a Mimi…

-Jamás salí con las dos al mismo tiempo, Joe-mintió-Te pido que me expliques lo que sucede-Pero Joe no pudo hacerlo porque la chica pelirroja lo interrumpió.

-Así que era ella… Por ella me dejaste, Matt… Eres un maldito.

-Si Sora, fue por ella. Toda mi vida amé a Mimi Tachikawa y acabas de arruinar todo, seguramente estarás contenta.

-Es lo menos que podía hacer después de que ella arruinase todo entre nosotros…

-Lo nuestro jamás estuvo bien Sora, y simplemente me ayudo a darme cuenta de ello.

-Matt, vamos-ordenó Joe, y el joven rubio le hizo caso. Salieron ambos corriendo del lugar dejando a Sora sola, con su odio-Vamos en mi auto-le ordeno abriendo a lo lejos, se subieron y salió rápidamente en búsqueda de la chica.

-¿Qué es lo que ocurre?

-Debo ponerte al tanto de muchas cosas aparentemente… Lo único que puedo decirte ahora, es que si Mimi se encuentra sola, es capaz de cometer una locura..


Hace años que tenía que darle los toques finales a este fic, y jamás lo hacía. Les pido mil disculpas por no actualizar antes, estuve con parciales y no pude hacer otra cosa que no fuese estudiar, lo que me exprimía el cerebro y no me dejaba suficiente imaginación como para escribirlo.

Ojalá disfruten este capítulo, les prometo mucho drama para los venideros :).

Gracias por leer mi fic, de corazón se lo agradezco mucho. Cualquier sugerencia que quieran hacer, saben que siempre las recibo.

Nuevamente les pido disculpas por la tardanza. Disfruten de este capítulo, hasta la próxima!