Petra miró a Christa, que estaba enfrascada en la lectura del libro que tenía abierto, o al menos, eso parecía, porque realmente estaba divagando, su mente volando lejos de ella. No podía concentrarse en la tarea que le habían mandado en la universidad, sólo podía pensar en una cosa y estaba exhausta de darle vueltas a una cosa que no tenía sentido. Petra le golpeó el hombro y cuando Christa la miró le dirigió una sonrisa, Christa se la devolvió de una forma muy cálida.

− ¿Te encuentras bien? − le preguntó Petra apoyando la cabeza en su mano, mirando con aspecto aburrido a su compañera y amiga.

− Estoy un poco cansada − le dijo simplemente pasando de página.

− Llevas media hora mirando la misma página y no te has fijado en que era el índice, Christa. Así que dime ahora mismo lo que pasa.

Se encontraban en el apartamento de Christa, tomando café. Habían quedado para estudiar un rato y hablar del trabajo que tenían que entregar en clase. Suspiró apartando el libro y se estiró hacia atrás, estirando las piernas a la vez para desentumecerse, se frotó los ojos y se balanceó en la silla. Petra sonrió ante la imagen de la joven, que parecía un cachorrillo desperezándose.

− Bueno, supongo que a ti te lo puedo contar − dijo con media sonrisa. − ¿Sabes quién es la chica que trabaja en el mostrador de los libros de la biblioteca?

− Creo que no, ¿por? − preguntó Petra acariciándose el pelo mientras le daba un sorbo a su taza de café. − ¿Debería conocerla?

− No, no − dijo mirando hacia el infinito. −. Es que es tan… − movió los brazos hacia arriba desesperada. − Idiota − dijo finalmente mirando hacia Petra, que empezó a reírse sonoramente mientras lloraba.

− Es la primera vez que te veo insultar a alguien, Christa − tosió por culpa de la risa. −. ¿Tan sumamente idiota es?

Christa frunció el entrecejo mirando a Petra, recordando lo agradable que era Ymir. Intentó explicarle la situación en la que se encontró la primera vez que fue a la biblioteca y la segunda, diciendo lo desagradable que era, lo mal que la había tratado y lo despectiva que era con ella.

− ¿Pero es sólo contigo así o con el resto de personas también? − preguntó interesada, no había visto a Christa hablar con tanta pasión de nadie, aunque fuera despectivamente. Christa se quedó pensando unos momentos, recordando que con el resto de personas que había en la cola las había tratado con un esbozo de sonrisa simpática. Incluso le había explicado la distribución del edificio a una de esas personas. Se agarró del cabello molesta.

− Pues creo que sólo conmigo… bueno, no, con otro chico que trabaja en la biblioteca también.

− Vaya, Christa, parece ser que le caes mal a alguien. Algo nunca visto, sobre todo tratándose de nuestro ángel.

Ángel era el sobrenombre por el que la gente se refería a la pequeña rubia de ojos de color zafiro y de sonrisa arrebatadora. Era hermosa como ella sola y mucha gente la envidiaba, pero había más gente que quería estar junto a ella. Las proposiciones de amor le llovían por todos lados, pero Christa siempre los rechazaba a todos. Cuando le preguntaban por qué decía que estaba tan acostumbrada a la soltería que tener pareja o salir con gente le resultaba extraño.

− No me hace gracia, ¿sabes?

Cogió una de las galletas que había sacado para acompañar el café y la mordió mientras miraba los ojos llorosos de Petra a causa de la risa. Le hizo un gesto despectivo a su amiga y le golpeó el hombro para que dejara de reírse, pero se le pegó la risa de la joven y no pudo evitar acompañarla, aunque le hubiera molestado el comentario.

− Lo mismo es que le gustas − dijo Petra observando a su amiga atragantarse con la galleta y ponerse colorada. −. Quizás por eso te trate así de mal.

−¡N… no digas tonterías, Petra! − exclamó escandalizada, sus mofletes rojos. Tragó la galleta que se le había ido por el otro lado y suspiró intranquila para añadir. − Además tiene novia.

− Entonces es cierto, le gustan las mujeres… espera, ¿por qué lo has dicho de esa forma?

− ¿Qué forma?

− Has suspirado.

−Eso es mentira − se defendió cruzando los brazos sobre el pecho, Christa resultaba demasiado adorable como para decirle nada malo. Petra se volvió a reír.

− ¡Te gusta! − exclamó momentos más tarde, sonriendo de oreja a oreja viendo lo roja que se ponía, le dio un golpe en el hombro. − ¡Al ángel le gusta alguien por fin!

− Creo que lees demasiadas novelas de amor, Petra. Deja de decir sandeces y vamos a terminar el trabajo.

Endureció el gesto haciendo que Petra parara de decirle cosas y se volvieron a poner manos a la obra, aunque el pensamiento de Christa volvió a volar lejos de allí.


Ymir se desperezó y comprobó que tenía una contractura en el cuello, seguramente por culpa de la posición en la que se encontraba en la biblioteca, todo el día delante del ordenador repartiendo libros a la gente que se los pedía. Mierda de trabajo, se dijo mientras se masajeaba la nuca lentamente.

Bajó la cabeza observando que era momento de cerrar la biblioteca, así que apagó y cerró todas las puertas detrás de ella. No quedaba ningún alumno en el edificio y casi que era la última en salir si no se apuraba. Caminó por las salas de estudio hasta que al girar la esquina para dar a la salida, oyó un golpe seco en uno de los pasillos con libros.

Se acercó con cautela y sigilo hacia el pasillo, apoyándose en una de las estanterías. Asomó la cabeza y sonrió con malicia, observando a dos chicas besarse como si no hubiera mañana entre los libros. Una era morena con rasgos asiáticos y la otra llevaba el cabello castaño. Ymir esbozó una pequeña sonrisa y se dio la vuelta, marchándose del sitio dejándolas para que dieran rienda suelta a su pasión.

Encontró su moto aparcada en el mismo sitio de siempre y se subió encima de ella, poniéndose el casco y haciéndose la misma pregunta de todos los días. ¿Se iba a casa o pasaba por la calle de Christa a ver si la veía? Hoy había salido más tarde, así que decidió volver a casa, cansada del día y decidiendo no pensar más en la pequeña rubia, que al fin y al cabo, era una molestia para ella.

Era viernes, así que decidió dormir hasta el día siguiente, ya que la fiesta del Campus empezaba después de comer y terminaba al día siguiente. Pensó que se cogería la cogorza más grande de su vida y ligaría con la primera que se le pusiera a tiro para ver si se podía librar de pensar en Christa cada dos por tres. Arrancó la moto y se fue de allí.


Christa se despertó con el ánimo renovado al día siguiente, habían terminado el trabajo antes de que Petra se volviera a su casa así que tenía el fin de semana libre, el cual iba a usar para irse de fiesta con sus amigos. Armin, Eren, Mikasa y Sasha habían aceptado ir a la fiesta, diciendo que otros amigos suyos se vendrían también, Petra y Connie le habían dicho que también iban, así que pasarían un gran rato juntos.

Estuvo toda la mañana arreglando la casa, haciendo limpieza general y descansando de la semana. A eso de la hora de la comida terminó de fregar los cacharros de la semana, comió algo y se metió en la ducha para prepararse, quería adecentarse para ir a la fiesta, tenía muchas ganas de ir.

Mientras se metía dentro de la ducha y encendía el agua se preguntó si Ymir iría a un evento como esos con tanta gente de por medio. No tenía un carácter muy agradable y tenía pinta de no tener amigos, cosa por la que se sintió triste. Era una persona solitaria, ¿no quería tener a nadie cerca o nadie se acercaba a ella porque le daba miedo a la gente? Era una pregunta que se le pasó por la cabeza.

Una vez salió de la ducha, se secó y se peinó observando su cuerpo delante del espejo, quejándose de lo poca cosa que era. Suspiró lavándose los dientes y cuando terminó salió del baño para vestirse con la ropa que había dejado en la cama.

Se puso unos pantalones vaqueros pitillo, unos botines planos y un jersey con un poco de escote. Estaban en pleno otoño y aunque al beber tuviera calor eso no quitaba que se abrigara un poco cuando saliera.

Una vez preparada salió de su casa preparada para el gran día que le esperaba. Se fue andando hacia el sitio donde había quedado con sus amigos y al llegar, se encontró con todos ellos. Estaban esperando a Connie, que tardaba en llegar.

Christa había presentado a todos días antes, para que se fueran conociendo y pudieran quedar más veces todos juntos. Al parecer hicieron buenas migas enseguida, cosa que agradó muchísimo a la rubia ya que no hubiera esperado tan grata acogida por parte de los dos grupos.

− ¿Listos para la fiesta? − preguntó Eren mostrando las ganas que tenía de pasárselo bien.

− ¡Por supuesto! − exclamó Petra yendo al lado de Christa mientras el grupo de amigos empezaba a caminar hacia el recinto donde se celebraba el acontecimiento.

Iban a una discoteca que el campus entero había alquilado para celebrar su fiesta en la cual podía entrar cualquiera pagando la entrada. Allí se reunían casi todos los estudiantes de la universidad y el ambiente no podía ser más loco. La gente bebía y bebía, reía, bailaba con la música del recinto y se desinhibían totalmente. Algunos se marchaban a casa borrachos como cubas mientras otros se marchaban a casa acompañados aunque hubieran llegado solos.

Una vez enseñaron sus entradas, pasaron a la gran discoteca, repleta de gente pero todavía con espacio para caminar y poder respirar a gusto. Lástima que de la limpieza de suelo no pudieran decir lo mismo.

Se pusieron en uno de los sitios menos ocupado del lugar y se turnaron para ir a coger las bebidas. Una vez todos tuvieron la copa en la mano, comenzaron a beber, a reír, a gastar bromas y a disfrutar de la música del local mientras veían al resto de gente más borracha tropezarse, hacer bailes raros y extraños y saludar a los compañeros de clase que habían ido también a la fiesta.

Pasada una hora empezaron a notarse ebrios, algunos más que otros, pero el buen ambiente del principio reinaba entre ellos, aunque el grupo empezaba a desperdigarse para saludar a otra gente o para ir al baño. Christa empezó a hablar con Petra de cosas estúpidas para poder reírse mientras Armin se reía con ellas comentando algún chiste para seguir con el ambiente.

Mikasa y Sasha estaban bailando con Eren, que iba más borracho que ellas y empezaba a hacer el tonto sin que le importara lo que estuviera pensando el resto. Ellas se reían de él y se miraban de vez en cuando poniendo gesto serio.

Christa se empezó a reír mientras los miraba hasta que vio que su vaso estaba completamente vacío. Decidió ir a la barra a pedir otra, así que les dijo que iba a volver enseguida y se marchó abriéndose paso entre la gente hasta que llegó a su destino.

Intentó llamar la atención de la camarera sin éxito. Empezó a impacientarse cuando notó que tenía a alguien detrás de ella. Intentó girarse, pero el cuerpo la aprisionó contra la barra y una voz dijo en su oído haciendo que un escalofrío recorriera su espalda, notando cómo su cuerpo reaccionaba involuntariamente aumentando la temperatura.

− Eres demasiado baja como para atraer a ese tipo de camareras − dijo con un tono de voz que la hizo temblar. Su aliento en su oído y la presión contra su espalda la hizo tragar saliva.

La persona que estaba detrás de ella se separó y se puso a su lado mirándola con una sonrisa lupina que hizo que otro escalofrío recorriera su espalda. Ymir le sonrió mirándola de arriba abajo evaluándola. La mirada que le echó hizo que Christa se sonrojara.

− ¿Qué haces aquí? − preguntó molesta viendo cómo iba vestida ella. Llevaba unos vaqueros ajustados que no dejaban sitio a la imaginación, con unas botas perfectas para ir en moto, llevaba también una camisa blanca y justo en el cuello llevaba colgando una corbata fina y negra. Christa sintió el irrefrenable impulso de agarrarla y tirar de ella.

Ymir apoyó su peso en la barra, poniendo su cara a la altura de la de Christa para poder hablar con ella sin tener que gritar ya que la música estaba demasiado alta.

− Supongo que lo mismo que tú, ¿no crees? − le volvió a sonreír con media sonrisa de lado, haciendo que Christa no pudiera dejar de mirarla a los labios. Los ojos caramelo de Ymir siguieron su mirada y le arrancaron una carcajada. − ¿Qué quieres?

Christa levantó la mirada para ver el gesto que le hacía la castaña hacia la barra. La pequeña suspiró intranquila. Estaba completamente ida, no podía concentrarse ni en la pregunta que le había hecho Ymir, ¿qué demonios le estaba pasando?

− Lo que bebas tú.

Ymir volvió a sonreírle y se giró para llamar a la camarera, quien la vio a la primera. Christa se quedó mirando la sonrisa de la joven antes de que se girara. Observó su figura y el cabello alborotado y esbozó media sonrisa antes de reprenderse por quedarse mirándola.

Le dio el vaso y brindaron dando un sorbo largo al líquido que quemó como fuego la garganta de la pobre Christa. Ymir se rió por el gesto que había hecho, demasiado adorable para su propio bien. La joven castaña refrenó el impulso de tocarla, volvió a darle un trago a su copa.

−¿Has venido sola? − preguntó Christa acercándose a su oído para que la oyera, se dio cuenta de lo cerca que estaba de la joven y sus dedos rozaron la corbata, casi agarrándola.

−¿Con quién debería haber venido? − preguntó bajando la cabeza notando los dedos de Christa rozarla sin querer. Su corazón dio un vuelco.

−¿Y tu novia? −su tono de voz pareció un poco molesto.

−Lo hemos dejado.

Dio un trago a su copa separándose de Christa, quien no puedo evitar sentir un vuelco al corazón cuando oyó esas palabras. Justo cuando iba a volver a preguntarle algo más, Petra apareció de entre la multitud, se agarró a su brazo con una sonrisa de oreja a oreja y miró a Ymir de arriba abajo enarcando una ceja, evaluándola. Asintió antes de decirle al oído a Christa sin borrar la sonrisa:

−¡No me dijiste que fuera tan guapa, Christa! − exclamó sin borrar la sonrisa, Christa notó sus mejillas encenderse.

−¡Cállate la boca, Petra!

Ymir las miró sin decir nada, dando tragos pequeños a su bebida, notando cómo el alcohol se le subía demasiado rápido.

−Necesito que vengas un momento, han venido unos amigos de Eren y te los quieren presentar. Hay un rubio que está… − hizo un gesto de derretirse mientras se mordía el labio y le agarraba el hombro. Christa se rió. −Vente, seguro que te gusta.

Ymir escuchó la conversación de las dos chicas y enarcó una ceja ante el comentario de Petra sobre el chico rubio. Agarró del brazo a Christa, que no pudo despedirse de Ymir pero que le lanzó una mirada de socorro y lo siento al mismo tiempo, la joven castaña se encogió de hombros y la siguió con la mirada, hasta que se pararon delante del grupillo de amigos con el que estaban.

Ymir los miró desde lejos, terminándose su copa, observando cómo un muchacho con el pelo oscuro presentaba a dos chicos muy altos, un poco más altos que ella. Uno era moreno y el otro era el rubio que había dicho Petra. Ymir entrecerró los ojos y cerró los puños apretando la mandíbula con fuerza. No era posible, Reiner y Berthold eran los dos chicos a los que se estaba presentando Christa.

Notó crecer su furia y decidió marcharse de allí, no podía quedarse en la misma sala que ellos dos. Caminó entre la gente rodo lo rápido que pudo hasta que llegó a la salida.

Christa dio dos besos a Reiner y a Berthold y sonrió de oreja a oreja mientras Eren les hacía un par de bromas para que se soltaran y tomaran confianza entre ellos enseguida. Christa no paró de sonreír. Reiner se dio cuenta de que Christa era más guapa de lo que se había imaginado.

La joven rubia giró la cabeza buscando a Ymir en la barra, pero no se encontraba allí. Miró en derredor buscando a la castaña hasta que la vio fugazmente atravesar la puerta de salida del local. Se excusó con sus amigos y los recién llegados y corrió hacia la salida mientras las miradas de los presentes se clavaban en ella.

Salió para encontrarse a algunos de sus compañeros saludarla, pero la joven estaba demasiado ocupada siguiendo el rastro de Ymir, que estaba caminando en dirección hacia uno de los parquecillos que había por allí cerca. Era ya de noche y las farolas de la calle estaban encendidas, alumbrando el camino que siguió hasta que llegó donde se encontraba ella.

Ymir estaba tumbada en el césped del parque, en uno de los sitios menos transitados, donde nadie pudiera verla. Christa se acercó a ella y se quedó a una distancia prudencial de dos metros.

−¿Qué haces aquí? − preguntó la voz profunda de Ymir, incorporándose para girarse y mirarla.

−¿Qué haces tú aquí? − contestó ella intentando pensar cómo hablar con Ymir. − Estaba hablando contigo y de pronto te has ido, es una falta de respeto.

Se acercó a ella y se sentó delante de ella, con las piernas cruzadas.

−¿Y no consideras una falta de respeto irte en medio de una conversación para conocer a algún tipo buenorro sin dos dedos de frente? − preguntó mordaz mirando hacia el cielo de nuevo.

−No he tenido oportunidad de irme, Petra…

−No he visto cómo te amenazaba de muerte para evitar acompañarla y quedarte… − apretó la mandíbula con fuerza reprendiéndose. − Pero eso da igual, ¿se puede saber por qué estás aquí? Deberías estar con tus amigos.

−Quería hablar contigo.

−¿Para qué? Ya me has llamado de todo, seguro. ¿Qué te importo? Vete, no sabes nada de mí y me gustaría estar sola.

Christa frunció el entrecejo enfadada con la actitud de Ymir, se cruzó de brazos también y añadió:

− A nadie le gusta estar sola. − miró los ojos de Ymir, que parecía que iba a pegarle en cualquier momento, o peor, a morderla.

− A mí sí.

−Mientes − le instó ella, plantada en sus trece.

−¡Eres peor que un grano en el culo! ¡Esfúmate, pesada! − exclamó perdiendo la paciencia llevándose una mano a la cabeza incrédula de que Christa siguiera allí sentada.

−No.

−Si no te vas te voy a obligar a que lo hagas.

−No podrás.

−¿Estás segura de ello? − preguntó con una mirada que hizo que se le helara el alma. Hizo que dejara de cruzar los brazos y las piernas y se echara un poco para atrás. Acto seguido tragó saliva y le mantuvo la mirada.

−No hay nada que puedas hacer para que me vaya.

−¿Segura?

Ymir se incorporó y se puso de rodillas, acercándose a la rubia, que se quedó paralizada mirando cómo el brazo de la castaña se acercaba a su cuello. Ymir la agarró del jersey, rozando sus dedos contra su cuello, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo. La joven se acercó más a la rubia, sintiendo cómo crecía su calor y su nerviosismo, se quedó parada delante de ella. Tiró de su jersey hacia ella y puso su boca cerca de su oreja.

−¿Sigues sin querer irte? − el aliento de Ymir hizo que empezara a temblar, una mezcla entre excitación y miedo. Ella negó ante toda respuesta.

La otra mano de Ymir la agarró de la cintura y tiró de ella hacia arriba, la joven castaña separó su cara de la de ella para mirar a sus ojos azules, aterrorizados. Entonces empezó a acercarse a ella, notando cómo la rubia temblaba en sus brazos, notando el aliento y la respiración agitada de la chica que tenía en brazos. Los labios de Ymir rozaron imperceptiblemente los suyos y la besó en la comisura de los labios. Notó crecer su excitación mientras la mano izquierda de Ymir la empujaba para que se tumbara en la hierba y se dejara llevar.

Christa reaccionó apartándose de la castaña. La miró aterrorizada por lo que estaba haciendo. Estaba temblando y no sabía qué hacer, si irse o quedarse. Su mente todavía racional le dijo que se fuera.

−Vete, Christa − le dijo con voz calmada sin mirarla a los ojos.−. Sólo puedo hacerte daño.

Christa se levantó del suelo y se marchó todo lo rápido que pudo de aquél lugar, notando su corazón palpitar con una fuerza que nunca había sentido. Sus piernas todavía temblaban y su respiración seguía siendo entrecortada. No decidió volver al local, así que tomó rumbo hacia su casa.

Ymir golpeó el suelo con fuerza y gruñó agarrándose la tela que había sobre su corazón, que estaba palpitando fuertemente dentro de su cavidad torácica. Maldijo al cielo y miró por dónde se había marchado la rubia. Recordó su mirada asustada y se sintió culpable. No podía seguir así, no debía acercarse a ella, pero sabía que aunque lo intentara por todos los medios, algo la atraía hacia ella sin poder evitarlo. Y desde luego, quería evitarlo a toda costa.

Justo cuando Christa abandonó el parque, dos pares de ojos que la observaban desde lejos se miraron entre ellos antes de seguirla por las calles.


Siento la tardanza, lectores, pero mi vida va a la deriva y he de ponerme al día con la universidad, jejejeje, sólo tengo una cosa que añadir en este capítulo y es que yo hubiera tirado de esa corbata.

Gracias por vuestras reviews. Si tenéis algo que añadir, algo que no os guste, quejas o cosas de esas, dejadme un review que lo leeré encantada. ^^ Saludos.