A Luce no le quedó otro remedio que irse a la habitación que había seleccionado su padre para ella. Se tumbó en el sofá, se tapó con una manta, y se abrazó a su osito de peluche.
Cerró los ojos, pero no podía dormir, ese sofá era bastante incómodo. Se dio media vuelta, y la manta cayó al suelo. La recogió y volvió a cubrirse, y tiró tanto de la sábana, que se dejó los pies al descubierto.
Resopló y se sentó, tiró hacia debajo de la manta, hasta quedar completamente tapada, y se tumbó de nuevo. Pero nada, no podía conciliar el sueño. Ni siquiera tenía una almohada, y era muy incómodo tener la cabeza apoyada en el brazo del sofá.
Tiró la sábana al suelo y se puso de pie. No pensaba quedarse allí. Tomó a su peluche, una linterna y salió al pasillo. Iba a buscar el dormitorio de su padre.
En esa casa había muchas habitaciones. Fue abriendo una por una, y la alumbraba con la linterna para comprobar si era la que buscaba.
Y al fin dio con ella, abrió una puerta, y la iluminó, Draco estaba tumbado en la cama, no sabía si estaba dormido o despierto, porque estaba de espaldas a ella.
Apagó la linterna, y caminó a tientas por la habitación, hasta que chocó con algo, que supuso que era la mesita de noche. Se detuvo en seco, y, en las oscuridad, vio a su padre cambiar de postura.
Suspiró aliviada, seguía dormido. Llegó hasta la cama y se subió en ella, se tumbó, de espaldas a su padre, y se abrazó al peluchito.
Estaba casi dormida, cuando notó que le dio un golpe en la espalda. Abrió los ojos, enfadada, y se sentó.
-¿Qué haces aquí?
-No chilles, Draco, quiero dormir- le pidió.
-Regresa a tu habitación, Luce.
-Pero es que allí no puedo dormir, Draco, el sofá es muy incómodo, y además, me destapo. Déjame dormir aquí, por favor, te prometo que no te voy a molestar.
-No.
-Por favor.
-He dicho que no y es no. Y punto.
-Porfiii.
-Está bien- se rindió-, pero como molestes, te saco de aquí, ¿me has entendido?
-Sí, muchas gracias- la pequeña volvió a echarse.
Draco volvió a tumbarse, lo más alejado de ella como le permitía la cama. Y cerró los ojos para intentar conciliar el sueño. Pero solo intentarlo, le iba a costar quedarse dormido.
-Hola preciosa, sabía que regresarías- le susurró al oído.
Luna abrió los ojos, asustada, e intentó alejarse de aquel hombre, que le puso una mano en la cintura para retenerla.
-Tú no vas a ningún sitio, al menos, no sin mí- dicho esto, le pasó la lengua por el cuello- la chica comenzó a patalear, para liberarse- pórtate bien o será peor, niñata- enredó una mano en su pelo, provocando que ella soltara un chillido de dolor, recogió el bolso, y se desapareció, para aparecerse en su casa.
Nada más llegar, la estampó contra el suelo. La sala estaba a oscuras, y Luna se arrastró por ella a tientas, para intentar encontrar una salida, o, por lo menos, para alejarse de Nott, el que chasqueó los dedos, y la sala quedó iluminada, estaba claro que se encontraban en unas mazmorras, ya que había cadenas en las paredes.
-No tienes escapatoria, así que estate quietecita- se acercó hasta ella, y la alzó agarrándola de nuevo del pelo.
-Déjame, por favor- pidió.
-Lo siento, pero no- la estampó contra la pared, y Luna gritó de nuevo, las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas-, si hace un rato te hubieses portado mejor conmigo, no te habría traído aquí a la fuerza.
Se acercó peligrosamente a ella, y antes de bajar hasta su cuello, le dedicó una sonrisa, mostrando sus amarillentos dientes. Besó, lamió y succionó la piel de su cuello, Luna llevó las manos hasta la cara de Nott, y le clavó las uñas. Se apartó bruscamente de ella. Se llevó las manos al rostro, viendo que estaba sangrando.
-Maldita zorra- alzó el puño y lo estrelló contra la mejilla de Luna, partiéndole el labio- te he dicho que te comportes- la agarró del cuello, y la empujó, provocando que cayera al suelo. Luna se arrastró, para alejarse de él, pero una patada en el vientre la detuvo.
Nott se acuclilló a su lado, agarró a Luna de los hombros y la puso boca arriba.
-Déjame ir, por favor- le suplicó-, no me hagas daño.
-No quiero hacerte daño, preciosa- le acarició una mejilla-, sé buena y todo saldrá bien.
El ex mortífago se posicionó sobre ella, llevó las manos hacia el borde inferior del vestido, y tiró de él, abriéndolo por medio, dejando el cuerpo de Luna, solo cubierto por un conjunto de ropa interior de color crema, a la vista.
Se tumbó sobre ella, y mordió su barbilla, Luna intentaba resistirse, movía la cabeza hacia los lados, no dejaba de patalear, y suplicaba, le suplicaba que la dejase, que no le hiciese daño. Subió hasta su boca, y ella giró el rostro hacia un lado, él, furioso, la sujetó con rudeza por la barbilla, hincándole los dedos, haciéndole daño, y posicionó sus labios sobre los de Luna. Pero ella mantenía la boca firmemente cerrada. Capturó su labio inferior y tiró de él, para abrirle la boca, adentrando velozmente la lengua y con ella le recorrió toda su cavidad bucal.
-Tranquila nena, nos lo vamos a pasar bien- susurró sobre sus labios.
Cuando Daphne se despertó, se encontraba sola en la suite que compartía con su hermana.
Estaba realmente enfadada con su Astoria, y no porque le fuese infiel a Draco, eso a ella le daba igual, su cuñado no era ningún santo, sino porque dentro de unas horas tendrían que tomar el traslador y su hermana aún no se había dignado a aparecer.
Se incorporó, tomó su varita, que se encontraba sobre la mesita de noche, y con un simple hechizo, su equipaje comenzó a recogerse solo. Cada vez le gustaba más la magia.
Iba a entrar al cuarto de baño a darse una ducha antes de marcharse cuando escuchó la puerta de la suite abrirse, se dio la vuelta y se cruzó de brazos.
Astoria se sobresaltó al ver a su hermana.
-Dios- se llevó una mano al pecho-, ¿se puede saber qué haces ahí parada?
-Ya era hora de que hicieras acto de presencia, ¿no te parece?
-Te dije que lo más probable era que no pasara aquí la noche, ¿recuerdas?
-No te pases de lista conmigo, Astoria- dijo-, y ve preparándote, ya mismo nos tenemos que ir.
-Lo sé- agitó su varita, para que sus pertenencias comenzaran a hacer lo que ya hacían las de Daphne-, ¿no me vas a preguntar qué estuve haciendo anoche?- ronroneó.
-Imagino lo que estuviste haciendo, no quiero que entres en detalles. Solo una cosa, ¿no te importa Draco?
-Claro que me importa- se escandalizó por la pregunta de su hermana mayor-, vaya pregunta que haces, ¿crees que si no me importase, saldría con él?
-Si te importase, creo que no te acostarías con otro.
-Dejemos clara una cosa, hermanita- caminó hasta ella-, no he hecho nada que Draco no haya hecho cientos de veces estando conmigo.
-Y si sabes que él te es infiel, ¿por qué no lo dejas?
-Porque no, Daphne, y, por favor, te agradecería que no te metieses en mis asuntos con Draco- se sentó en la cama-, lo que te puedo asegurar, es que en estos días Draco se habrá revolcado con más mujeres de lo que yo lo he hecho durante el tiempo que llevo con él. Es más, de seguro que tiene a una mujer en su cama en este mismo instante.
-¿No es la primera vez que le eres infiel?
-Qué ingenua eres, Daphne cariño.
-No sé por qué seguís juntos si os acostáis con más personas.
-Ya te he dicho que no es asunto tuyo.
La rubia entró al servicio, sin comprender a su hermana.
Draco no paraba de dar vueltas en la cama, estaba tan al borde, que si se movía solo un centímetro más, se caería de ella. Miró el reloj que llevaba en su muñeca izquierda. Las tres de la mañana. ¡Y él aún no había pegado ojo!
Recibió otra patada de la niña.
Se sentó de golpe en la cama. Su paciencia tenía un límite, y la niña lo había sobrepasado con creces. La iba a echar de la cama. Se giró hacia la niña, y al verla se arrepintió. Luce estaba plácidamente dormida, abrazada a un oso de peluche.
El rubio se lo meditó unos instantes. Pero decidió no despertar a la pequeña, así que él tomó una sábana y se fue a dormir al sofá.
Estaba pasando una noche horrible, el sofá era muy pequeño, le dolía el cuello y la espalda, y hacía frío.
Se despertó cuando lo sacudieron suavemente del hombro. Abrió un ojo.
-Draco, tengo hambre.
-Pues ve a la cocina y dile a Dobby que te prepare algo- él le dio la espalda.
-Draco- Luce le retiró las mantas-, ven conmigo, porfi- el hombre soltó un gruñido y se levantó de la improvisada cama.
-Vamos- Luce tuvo que correr para poder seguir el ritmo de su padre, que estaba caminando a zancadas.
-Dobby, prepárale algo a Luce de comer.
-Ahora mismo señor Malfoy- se giró hacia Draco e hizo una reverencia.
-¡Yo te conozco!- gritó Luce- eres Dobby, mi madre y mi tío Harry me han hablado mucho de ti.
-¿Se refiere a Harry Potter, señorita?
-Sí, es amigo de mi mamá. Ella es Hermione Granger.
-La señorita Granger, una bruja muy inteligente, sí señor, y muy buena amiga de Harry Potter- Draco puso los ojos en blanco ante la charla de su hija con el elfo.
-Dobby, creo recordar que te he pedido algo.
-Lo siento señor Malfoy- reverencia- Dobby preparará el desayuno para usted y para la hija de la señorita Granger- y salió corriendo hacia la nevera.
-Vamos Luce- le habló el rubio-, esperemos a Dobby en el comedor.
-Draco- le dijo, una vez que se sentaron a la mesa-, no deberías tener un elfo doméstico.
-No me vengas con esa cantinela.
-Pero Draco, los elfos domésticos son criaturas que...
-Se nota que eres hija de tu madre- en ese momento, Dobby sirvió el desayuno.
-No pienso comer nada que haya hecho alguien por obligación, no son nuestros criados- empujó el plato lejos de ella. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
-Escúchame, Dobby hace esto porque quiere, ¿vale?- intentó hacerla entrar en razón.
-Porque ellos están acostumbrados a que los traten así, si conocieran otra forma de vivir, no querrían ser esclavos de nadie. Además, a Dobby lo liberó Harry Potter, seguro que tú lo has obligado a servirte.
-Lucinda- estaba enfadado-, no se puede volver a esclavizar a un elfo libre.
-¿A no?- miró a Draco a los ojos.
-No, es más, Dobby cobra un sueldo, y tiene el fin de semana libre.
-¿Es cierto?- Draco asintió.
-Ahora come- le acercó el plato. Ella lo miró, no sabiendo si comer o no-. Te lo voy a demostrar. Dobby, ven un segundo- el elfo apareció.
-Dígame, señor Malfoy.
-¿Sigues siendo un elfo libre?
-Por supuesto que sí.
-Entonces- empezó Luce-, ¿por qué le haces reverencias?
-Es costumbre señorita, es muy difícil dejar atrás los hábitos adquiridos.
-¿Eso quiere decir que estás aquí porque quieres?- la pequeña estaba sorprendida, no sabía eso.
-Oh sí, señorita.
-Ahora come- la niña dio un bocado a la tostada.
-Dobby se retira señor Malfoy, señorita- y con un "plof", desapareció.
-Draco- la miró-, ¿qué vamos a hacer hoy?
-¿Cómo que qué vamos a hacer?
-Sí- le dio otro bocado a la tostada-, quiero hacer algo para que nos divirtamos.
-Lo siento, pero he pasado una noche de perros gracias a ti, por lo que no sé tú, pero yo voy a dormir un rato más.
-Pero Draco…
-Nada de peros Luce, no he pegado ojo por tu culpa- se levantó de la mesa-, me voy a dormir.
Luce se quedó mirando como su padre iba rumbo a su dormitorio, por lo que terminó de desayunar, fue corriendo hasta su "dormitorio" y de la mochila sacó un móvil; era hora de llamar a su madre.
