Aquí el siguiente capítulo, ya que hoy es jueves ^_^

Este capítulo es un poquito más largo que los otros, y quizás resulte un pelín abrumador por toda la información que se maneja en él acerca de la vida de los personajes, pero no son datos aleatorios, sino que son necesarios para justificar el posterior desarrollo de la historia.

También veréis que en la narración, hay un par de veces que aparece un asterisco y un número entre paréntesis. Son notas que aparecen al final del capítulo, normalmente aclarando algún punto de mayor o menor importancia.

Como siempre, espero que os guste ^_^


Capítulo 3: Proyectos

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Casi había amanecido completamente cuando por fin llegó a su casa, a las afueras de Wiltshire, y su enorme Alaskan Malamute *(1) salió a recibirlo. Draco lo acarició detrás de las orejas para tranquilizarlo —aunque estaba demasiado bien adiestrado como para alterarse demasiado por nada — y cerró la puerta a su espalda, deseando que la luz del día se quedara completamente afuera. Lo cierto es que estaba agotado, y si no resultase tan incómodo —y tan poco práctico—habría corrido hasta su cama para tirarse encima y no levantarse hasta que llegara la noche.

Sin embargo, apenas había dado unos cuantos pasos en dirección al salón cuando uno de sus elfos se apareció ante él, con las orejas algo enrojecidas, lo que seguramente indicaba que se había estado castigando por alguna cosa. Y eso nunca eran buenas noticias.

—Señor Malfoy, bienvenido —dijo el elfo, titubeando ligeramente.

Su postura era rígida y respetuosa, sin expresar el nerviosismo que era tan patente en su voz.

—¿Qué pasa, Wipsy? —preguntó con voz cansada.

—Señor —comenzó el enjuto elfo, todavía con la voz vacilante —, tiene una... visita.

Draco frunció el entrecejo, todavía mirando al pequeño elfo que no levantaba la vista del suelo. Nadie en su sano juicio lo visitaría ningún día antes de las diez de la mañana, y mucho menos cuando le tocaba el turno de noche en el hospital. Sus padres siempre se comunicaban con él antes de visitar su casa, y sus amigos eran demasiado dados al desgaste nocturno como para estar en pie antes del mediodía. Sin embargo, tampoco podía tratarse de nada demasiado grave, puesto que de ser así, lo habrían localizado sin necesidad de tener que esperarlo en su casa...

Volvió la cabeza hacia el salón, sopesando la opción de aparecerse directamente en su dormitorio e ignorar a quienquiera que tuviese la mala educación de presentarse en su casa a las ocho y media de la mañana.

—¿Quién es, Wipsy? —preguntó, volviendo a mirar al nervioso elfo, que seguía pendiente del lustroso suelo.

Mas antes de que su sirviente pudiese responder, una empalagosa voz que provenía del salón lo alcanzó, haciendo que deseara haberse escabullido en cuanto tuvo oportunidad.

—Draco, querido, no es de buena educación hacer esperar a los invitados.

Draco se giró hacia Pansy Parkinson justo a tiempo para ver cómo abandonaba el salón y se dirigía a él con una inmaculada sonrisa pintada en la cara. Se detuvo justo cuando llegó junto a él, y se inclinó para darle un beso al aire justo al lado de cada una de sus mejillas.

—Pansy —dijo Draco, intentando imitar la sonrisa de su amiga —. Pensaba que estabas de viaje por Italia con tu última conquista.

La chica hizo un gesto desdeñoso con la mano, sin dejar de sonreír ni un instante, mientras lo tomaba del brazo para tirar de él en dirección a su impresionante salón de estar.

—Giancarlo era demasiado... latino para mi gusto —comenzó ella, y Draco se preparó para escuchar el inevitable discurso con todas las cosas negativas que tenía su ex-amante de turno —. Ya sabes, mucho salir, mucho socializar con todo el mundo, mucho tirarse a todos los chicos guapos con los que nos cruzábamos...

Draco soltó una carcajada, mientras se giraba hacia ella, con las cejas levantadas por la sorpresa.

—¿Era gay? —preguntó, tratando de recordar al último chico con el que había visto a su amiga.

Ella frunció el ceño, pensativa, mientras se acomodaba en el sofá, cruzando las piernas.

—Según él, "experimentaba" —dijo, pronunciando la palabra como si fuese un insulto —. En fin, debería haberme dado cuenta al ver que tenía más ropa de marca que yo, que ya es decir. Aunque es una pena, su buen gusto era envidiable, siempre podías confiar en su opinión sobre moda... —hizo una pausa, como si meditase, y agregó distraídamente —. Quizás podría presentártelo después de todo, estoy segura de que eres más su tipo que yo.

Draco se rió sosegadamente, mientras se acomodaba a su lado, en el sofá, y le hacía un gesto al elfo, que permanecía en la puerta de la estancia, para que les sirviera un café negro bien cargado.

—Gracias, Pansy, pero creo que declinaré la oferta.

—¿Estás seguro? —preguntó ella, elevando las cejas significativamente —. Tu buen gusto antes era exquisito, pero... en fin, te relacionas con Potter. Eso, por definición, arruina el buen gusto de cualquiera.

Draco sonrió ante su apreciación y el gesto involuntario de asco que se dibujó en su cara al pronunciar el apellido de Harry. Por más años que pasaran, jamás entendería que pudiese llevarse bien con su antiguo enemigo. Por supuesto estaba agradecida de que hubiese terminado con Voldemort, y de que en el proceso los hubiese salvado a todos, pero su agradecimiento no se extendía al punto de querer relacionarse con un Gryffindor, mucho menos con uno 'con un sentido de la estética inexistente', según palabras de la propia Pansy.

—¿Es eso algún tipo de pregunta, Pansy?

El elfo apareció justo en ese instante con dos tazas del mejor café de toda Gran Bretaña y un plato de pastas, que dejó sobre la mesita auxiliar que había frente al sofá. Y tras una profunda reverencia con la que prácticamente rozó el suelo con su puntiaguda nariz, se desapareció al instante.

Mientras tomaba su taza cuidadosamente con la mano derecha, y sujetaba el plato con la izquierda, Pansy respondió:

—En realidad, sí —dio un pequeño sorbo a su café antes de continuar —. Llevo fuera casi seis meses, me preguntaba si tu ataque de locura transitoria habría pasado ya.

—Y con 'locura transitoria' te refieres al hecho de que Potter y yo nos llevemos bien... —precisó Draco, siguiéndole el juego.

—En efecto.

—Siento decepcionarte, Pansy, pero no hay nada de 'transitorio' en ello.

Su sonrisa se hizo más ancha ante la mueca escéptica de Parkinson, como si hubiese encontrado el café demasiado amargo.

—Draco, querido, quizás deberías pensar en la posibilidad de visitar algún psicólogo —murmuró, mirándolo como si fuese un enfermo terminal y estuviese a punto de perderlo para siempre —. Tal vez no sea demasiado tarde y pueda quitarte la Potteritis aguda de la que pareces ser presa.

Draco se rió quedamente ante su observación, preguntándose, no sin recelo, si Pansy pretendía convertirlo en su nuevo proyecto humanitario. Mas o menos una vez al año —normalmente, tras alguna rotura especialmente "traumática" —, Pansy se hacía el buen propósito de librar a alguno de sus amigos de sus 'pequeños defectos', como ella los llamaba, y no solía parar hasta conseguir su propósito... o bien hasta conseguir un nuevo amante que la mantuviera distraída.

Ya varias veces había hecho el intento de que 'Draco entrara en razón', hablándole sin parar de los muchos defectos de Potter y la pobre imagen que daba contando con 'ese' en su círculo social, aunque fuera sólo en el trabajo. Pero afortunadamente, nunca había pasado de ahí, por lo que sus 'proyectos' se habían centrado en sus otros amigos en común, incluyendo al pobre Blaise al cuál, la última vez, le había obligado a cambiar todo su jardín sólo porque las hortensias no pegaban para nada en el conjunto.

Y si por Draco era, no iba a permitirle ir más allá.

Dio un prolongado sorbo a su café para tratar de mantenerse despierto y contestó:

—Pansy, dudo que hayas venido hasta aquí a estas horas para hablar de mi relación laboral con Potter —dio otro sorbo a su café, esperando una respuesta por parte de Pansy, pero esta se mantuvo en silencio, con una mirada especulativa que no podía augurar nada bueno —. Y si has venido para eso, siéntete libre de quedarte todo el tiempo que quieras disfrutando de mi café, porque yo me voy a dormir.

—No puedes ser tan grosero, Draco —dijo ella, con voz fingidamente ofendida —. Eres el primero que he venido a visitar desde que he llegado a Londres...

—Todo un honor, Pansy. Pero llevo diez horas de guardia en el hospital, y la verdad, estoy lo suficientemente agotado como para que no me importe ser grosero.

Su amiga frunció aún más el ceño, y murmuró algo entre dientes que sonó sospechosamente parecido a "Lo que yo decía, el mal gusto se pega". Sin embargo, no añadió nada más, por lo que permanecieron en silencio durante unos instantes, cada uno saboreando su café, sin acercarse siquiera al plato de pastas que, aunque deliciosas, eran demasiado pesadas para esas horas de la mañana.

Finalmente, fue Pansy la que rompió el silencio al mascullar quedamente:

—Está bien, dejemos a Potter de lado. ¿Qué hay de ti?

Draco suspiró, viendo como se alejaba la posibilidad de que la reunión concluyese rápidamente, y respondió con voz resignada:

—¿Qué quieres saber, Pansy?

—Pues como te va en el trabajo, si tienes pareja, como siguen tus padres, ¿Qué tal está la pequeña Lyra *(2)?

Draco volvió a suspirar, tomando el último sorbo de café que quedaba en su taza, y deseando fervientemente tomarse otro que lo mantuviera despierto. Pero sabía perfectamente que, si se permitía tomar otra taza, luego sería incapaz de dormir sin una poción, y odiaba recurrir a ellas; siempre se levantaba demasiado aturdido después de ingerirlas.

Posó la taza sobre la mesa y se recostó contra el respaldo del sofá, preparándose para resumir sus últimos tres meses en un par de frases:

—Mis padres están perfectamente —comenzó, tratando de evitar los temas más personales —. Siguen en la mansión, ya sabes, no les gusta demasiado abandonarla si la situación no lo requiere. Lucius maneja los negocios familiares desde allí, y Narcissa se dedica a supervisar el cuidado de sus adorados jardines y a cuidar de Lyra —sonrió ante la mención de su hermana pequeña, de poco más de seis años, que había nacido apenas un año después de que terminara la guerra, cuando todo se había calmado por fin.—. Lyra viene a menudo, con madre, aunque normalmente soy yo quien los visito allí.

—Olvidé por completo su cumpleaños. Fue hace poco, ¿no? —preguntó Pansy, asintiendo afirmativamente con la cabeza como si aprobara las ocupaciones de su familia —. Seis años... la tradición es que a esa edad le pida un deseo personal a cada miembro de la familia... —dijo de pronto, como si recordara para sí misma —. ¿Qué te pidió?

Draco sonrió, recordando cómo su hermana se había plantado firme ante él, dos semanas antes de su cumpleaños, exigiéndole que cumpliera su deseo. Narcissa, que ya se lo imaginaba, había negado resignadamente con la cabeza, y Lucius la había mirado horrorizado, como si estuviese frente a una nueva criatura demasiado horripilante como para ser real. Draco no había podido evitar que le entrara la risa ante la escena, con los ojitos brillantes de su hermana pequeña clavados en él, mirándolo con adoración y esperando anhelante su respuesta.

Puede que a Narcissa no le hubiese sorprendido, pero ciertamente a él sí.

—Quería conocer al famoso Harry Potter —contestó, mirando fijamente a Pansy sin querer perderse su reacción.

Ella abrió mucho los ojos, y, si no hubiese estado tan acostumbrada a mantener la compostura en cualquier situación, estaba seguro de que Pansy hubiese dejado caer la taza que sostenía precariamente entre sus dedos.

—Bromeas —dijo. Era una afirmación tajante, no una pregunta, pero su tono era más especulativo que convincente.

—No —respondió simplemente, sonriendo.

—Pero tienes que estar bromeando. Lyra es una niña inteligente... —hizo una pequeña pausa, como si reagrupara sus ideas, y continuó —. Sólo haces esto porque sabes que no apruebo que te mezcles con los Gryffindor, ni siquiera en el trabajo.

Draco se encogió de hombros, y miró distraídamente al enorme reloj que había sobre la repisa de la chimenea.

—Puedes preguntarle a ella misma, supongo que ya debe de estar levantada. Mis padres estarían encantados de recibirte a estas horas... —"y yo de que te fueras y me permitieras por fin disfrutar de un apacible descanso" pensó lúgubremente, deseando una vez más poder ir a su habitación para meterse en cama.

—No entiendo por qué querría algo así, Draco, es imposible que hables en serio —dijo Pansy, tratando de ser práctica, mientras dejaba la taza sobre la mesita auxiliar —. Dudo que Lucius y Narcissa la hayan alentado en semejante locura, ni siquiera creo que le hayan hablado mucho de Potter. Y tú... espero que no utilices la adoración que Lyra siente por ti para influirla negativamente, Draco...

Era una acusación, más que una especulación, pero la ignoró. Hubiese resoplado ante lo absurdo de la sugerencia si no estuviese seguro de que tal gesto propiciaría aún más el pobre concepto que Pansy tenía de él acerca de sus "malas influencias".

—Es una niña, Pansy, nacida con posterioridad a la guerra. A esa edad todos creemos en los superhéroes, y supongo que en su mente la asociación más cercana a esa idea es Potter, que además está vivo. Y que oh, casualmente, trabaja conmigo. Era una petición razonable.

—Pero... es Potter —nuevamente la mueca de asco se dibujó en su cara, y Draco sintió deseos de poner los ojos en blanco.

—Sí, el "super mago todopoderoso que derrotó al malvado Voldemort con apenas diecisiete años" —recitó Draco, usando las palabras que él y su hermana le había escuchado decir a un niño en las últimas vacaciones con sus padres —, "y que vive para contarlo", si es que sintiera la inclinación de hacer tal cosa, que no es el caso.

—Oh, por favor —exclamó Pansy, poniendo los ojos en blanco —. Tus padres deberían poner atención en con quién se junta Lyra, ya que tú obviamente eres un caso perdido.

Draco volvió a encogerse de hombros, mientras sonreía quedamente:

—Díselo a ellos.

—Lo haré, tenlo por seguro —murmuró, casi como si estuviese asegurándose de que no se le iba a olvidar —. En fin, espero que te negaras a semejante insensatez...

Draco negó con la cabeza, sin molestarse en poner en palabras una respuesta más elaborada, asegurándole de ese modo que había cumplido el deseo de Lyra. De hecho, recordaba perfectamente el momento en que la había llevado a San Mungo. Narcissa los había acompañado, para llevarse de vuelta a su hija en cuanto esa 'bochornosa obligación' hubiese quedado resuelta. Sin embargo se había negado a acompañarlos hasta el despacho de Harry, por lo que se había quedado sola en la oficina de Draco mientras este acompañaba a su hermana.

Aunque había tratado de ocultarlo, la niña había estado completamente nerviosa ante la expectativa de tener frente a sí al famoso Harry Potter, pensando quién sabía qué clase de cosas, y había apretado su mano con excesiva fuerza mientras caminaba rígidamente por los pasillos de San Mungo. A Draco le había hecho gracia, aunque se había abstenido de sonreír en deferencia a su hermana, para que no pensara que se estaba burlando de ella.

En cuanto habían llegado al despacho de Harry, Lyra le había soltado la mano, alisándose la túnica, mientras Draco abría la puerta sin molestarse siquiera en llamar a ella. Harry, que parecía haber estado buscando algún papel en aquel completo caos que era su despacho, se había girado hacia él, sonriendo en cuanto lo vio, para seguidamente mostrarse completamente conmocionado por el motivo de esa visita.

El completo bochorno que había pasado Harry en esa ocasión había hecho que Draco no dejara de reírse incluso semanas después de que hubiese ocurrido. Se había quedado pálido por un instante, mientras giraba la cabeza hacia la niña de pelo rubio y ojos azules que había tras Draco, y seguidamente toda su piel se había teñido de carmesí intenso, mientras murmuraba palabras inconexas a su pobre hermana, que lo había mirado perpleja. Draco se había cruzado de brazos, sin poder reprimir la sonrisa divertida que había brotado en sus labios, mientras su hermana se giraba hacia él como preguntándole "¿esto es Harry Potter?".

Draco se había sentido generoso ese día, y había ayudado a Harry a salir de semejante situación sugiriendo que fuese a la cafetería, a por un chocolate caliente, mientras él y su hermana trataban de hacer sitio en ese desastre de despacho. Afortunadamente, cuando había regresado, mucho más calmado, había mostrado cuán encantador podía ser si se lo proponía. Y su hermana se había marchado más que satisfecha, con su deseo cumplido, y le había asegurado que volvería.

Y por la cara que había puesto Harry, se lo había tomado como una amenaza.

—No preguntaré —dijo Pansy, devolviéndolo a la realidad —. La verdad, no quiero más traumas de los que pueda soportar, gracias.

—Una postura inteligente —dijo Draco, medio incorporándose del sofá —. Supongo que entonces puedo acompañarte a la puerta —murmuró educadamente, anhelando su cama como si hiciese una semana que no dormía, en lugar de unas cuantas horas.

—Podrías... —Dijo Pansy, recostándose más contra el respaldo del sofá, como si estuviese desafiando directamente a su paciencia —si hubieses satisfecho toda mi curiosidad. Pero has evitado sistemáticamente hablar sobre tu vida privada...

—¿Qué vida privada, Pansy? —preguntó, poniendo los ojos en blanco, mientras se dejaba caer sobre el respaldo del sofá en un gesto mucho más brusco de lo que pretendía.

—Vamos, Draco, no creerás que me he dejado engañar por tu interesante palabrería hasta el punto de no darme cuenta que has respondido a todas mis preguntas menos a la de si tienes pareja...

Draco suspiró, resignado, mientras volvía a echar un vistazo hacia el reloj de la chimenea, que ya marcaba cerca de las nueve y media.

—Porque ya me conozco tu sermón acerca de las fantásticas cualidades de tener una pareja formal, sermón que, por cierto, aplicas con poca frecuencia a tu persona.

—Yo al menos lo intento, Draco —murmuró, sonriendo ante su obvia incomodidad —. Tú no haces ni eso. Te limitas a acostarte de vez en cuando con algún desconocido, preferiblemente muggle, al que luego le borras la memoria para que no lo recuerde.

—Porque la mayoría de las veces la experiencia no merece ser recordada —contestó, hastiado de la misma conversación que habían mantenido no menos de una docena de veces en los últimos dos años.

—Draco, querido, tampoco te estoy diciendo que te cases con cualquiera. Afortunadamente eso de 'casarse' ha pasado de moda —musitó la palabra como si fuese algo sumamente desagradable, y luego continuó con su diatriba —. Pero podrías salir con la misma persona dos días seguidos al menos, o un par de meses. Si no funciona, el mar está lleno de peces...

—¿De peces? —resopló Draco, escéptico —. Por Dios, Pansy, ¿Qué te han hecho en Italia? Hablas como una muggle.

—Sabes que tengo razón —dijo Pansy, completamente segura de si misma —, por eso ridiculizas lo banal para no tener que pensar en lo importante.

El resoplido de Draco fue lo bastante elocuente por si mismo como para no necesitar poner en palabras una explicación más racional.

—Pansy, te repito que estoy muy cansado —murmuró, tratando de zanjar la absurda conversación —. Tu psicología de mercadillo sólo conseguirá dormirme más, y estoy bien seguro de que conoces mi respuesta casi tan bien como tu propio discurso.

—"No necesito nada, tengo lo que quiero, y soy completamente libre, ¿quién necesita más?" —recitó ella, sin ninguna entonación, como si estuviese repitiendo las palabras de un viejo libro de texto.

—Exacto —corroboró Draco, asintiendo con la cabeza al oír la frase que tantas veces le había repetido —. Me encantará verte en cualquier otro momento y te dejaré explayarte todo lo que quieras acerca de mi pobre filosofía de vida, pero por favor, cuando esté despierto y mínimamente presentable.

Ella sonrió de forma irónica, mirándolo con evidente diversión en los ojos. Sabía que la conversación le incomodaba, y que sus palabras eran más una excusa que una completa realidad, pero sabiamente decidió no insistir más.

—Como quieras, querido —dijo ella, poniéndose en pie con su sonrisa petulante pintada en la cara —. Los temas incómodos es mejor evitarlos, sí. Aunque me encantará demostrarte cuán equivocado estás...

Le dio otro par de besos al aire, junto a sus mejillas, a modo de despedida, y se encaminó hacia la puerta con esa seguridad que siempre la hacía sentirse dueña del lugar.

Y Draco no pudo evitar sentir un súbito escalofrío ante sus últimas palabras.

Había sonado a amenaza.

~o0o~

Por fin era viernes. Por momentos, a Harry le había parecido que ese ansiado último día laboral de la semana no llegaría nunca. El Lunes había comenzado como otro cualquiera, sin el más mínimo vestigio de que esa semana fuese a diferenciarse de las anteriores, pero en algún punto todo se había truncado, provocando toda esa situación surrealista que le habría parecido graciosa de no resultar tan irritante. A medida que habían pasado los días, las cosas se habían puesto cada vez peor hasta que finalmente todo, o bueno, casi todo, se había arreglado. Y todavía no tenía muy claro el motivo.

En cualquier caso, no podía más que agradecer su buena suerte a quien quiera que hubiese logrado ese milagroso cambio de parecer en Draco. No iba a cuestionarse su buena suerte al respecto, aunque era también realista en cuanto a la situación. Draco y él discutirían unas cuantas veces más —varios miles de ellas —en el trascurso de ese periodo indeterminado de tiempo que permaneciese como su estudiante. Sus caracteres ya de por sí chocaban demasiado, y por lógica, a mayor cantidad de tiempo en compañía, mayores posibilidades de enfrentamientos directos... sobre todo en la situación tan desventajosa de Draco, que nunca había llevado demasiado bien lo de 'someterse' a nada ni a nadie...

Sin embargo, había dicho que estaba dispuesto a colaborar, y Harry lo creía. No era que, por sistema, creyese que Draco decía siempre la verdad —sabía que no era así, aunque era más dado a callarse la verdad que a mentir descaradamente —, sino que en dicha situación no tenía mucho sentido que le mintiera precisamente a él, cuando era el único dispuesto a ayudarle. Su propuesta, además, así lo corroboraba, puesto que no le había pedido un favor, lo cuál en su retorcida mente equivalía a deberle algo... Le había propuesto un pacto, una sencilla treta mediante la cuál ambos estaban obligados a cumplir su parte, dejándolos en igualdad de condiciones.

En cualquier caso, si el pacto en sí era motivo de discusión o no, ahora mismo no le preocupaba. Ya lidiaría con las futuras discusiones cuando llegase el momento, y mientras tanto se dedicaría a hacer su trabajo tan jovialmente como pudiera.

—Buenas noches, Harry —le dijo la recepcionista, sonriendo como siempre, en cuanto se apareció en el vestíbulo —. Asumo que has descansado mejor durante el día que en las últimas jornadas.

Harry sonrió abiertamente ante su sugerencia y respondió:

—Puedes jurarlo —aseveró, pensando en el montonazo de horas que se había pasado durmiendo a pierna suelta después de no haber podido descansar adecuadamente en los últimos días —. ¿Hay correo?

—Han llegado dos lechuzas para ti esta mañana, mi compañera las ha dejado por aquí en alguna parte... —comenzó a rebuscar entre un montón de papeles, con cara de circunstancias, como si estuviera completamente abochornada por no encontrar sus cartas, hasta que finalmente localizó los dos sobres —. ¡Aquí están! —dijo tendiéndoselos, con una mirada de disculpa que no parecía acorde con la situación.

—Gracias Noa —se despidió Harry, volviendo a sonreír para tranquilizarla, mientras se dirigía hacia los ascensores para subir hasta su despacho.

A veces le llamaba la atención cómo la gente se deshacía en inocuas disculpas por las cosas más pequeñas, y sin embargo, cuando cometían una falta realmente grave, su reticencia a pedir disculpas solía manifestarse milagrosamente. Era una observación que había hecho, en cierta medida, por pasar tanto tiempo con Draco. Él, inconscientemente, le había hecho ver la diferencia. Draco jamás se disculpaba por nada, y solía ridiculizar a cualquiera que intentara disculparse por gilipolleces con él —hasta llegar al punto de que nadie del hospital quisiese ni acercarse a él, fuese para pedir perdón o para cualquier otra cosa —, mientras que el resto hacía justamente lo contrario.

A Harry, particularmente, no le molestaba esa actitud, pero solía hacerle gracia.

Suspiró, dando la vuelta a las cartas para mirar el remitente, y entró en el ascensor. Una era de su amiga Luna, que siempre se empeñaba en usar ese medio para preguntarle las cosas más absurdas que uno pudiese imaginar. Cosas tales como si el hecho de que a una persona le salga un lunar completamente redondo significa que tiene alguna enfermedad por la que a partir de ese momento verá círculos perfectos en todas partes...

Harry la desdeñó, sonriendo, mientras la guardaba en uno de sus bolsillos. Sabía que ese tipo de consultas debería tirarlas a la basura, pero era incapaz de dejar sin respuesta a su amiga, aun cuando sus premisas fuesen tan descabelladas. Además, tenía que concederle que siempre lo hacía sonreír con sus cartas.

Volvió la segunda carta, para ver de quién era, y toda sonrisa quedó olvidada en sus labios. Era una carta oficial, del Ministerio de Magia, y sabía por experiencia que estas rara vez traían buenas noticias.

La abrió inmediatamente y sacó un par de hojas de pergamino, pulcramente dobladas.

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"Estimado señor Potter:

Le remitimos la presente para informarle de la excepción que le ha sido concedida por el Ministerio de Magia para que pueda ejercer de mentor del señor Draco Malfoy durante un máximo de seis meses. Pasado ese periodo volverá a tener los mismos privilegios y obligaciones que hasta la recepción de esta carta, necesitando ejercer su carrera durante otros ocho años para poder convertirse de manera oficial en mentor.

Le adjuntamos el certificado que acredita su nueva posición.

Atentamente,

Belinda Sloane"

Organismo Internacional de Normas de Instrucción Mágica." *(3)

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Harry suspiró, arrugando la carta con la mano derecha. Había pensado que para esa absurda pantomima no meterían al Ministerio de Magia, que el castigo quedaría entre los miembros del hospital y Wayne, pero, por supuesto, este se había visto en la "obligación" de comunicarlo. Siempre hacía todo según el proceso correcto, sin saltarse ninguna regla, ¿Por qué había tan siquiera considerado que esa iba a ser la excepción?

Si eso se sabía en el Ministerio, pronto lo sabría todo el mundo mágico, y no quería ni siquiera pensar en la posibilidad de que los obtusos periodistas de El Profeta se atreviesen a venir a entrevistarlo por convertirse en el mentor más joven desde vaya usted a saber cuando. Y menos aún, que quisiesen entrevistar a su estudiante para que les contara cuán feliz era de tenerlo como mentor...

Harry se estremeció de horror ante ese último pensamiento. Si alguien cometía la insensatez de preguntarle algo a Draco respecto a esa situación, que se atuviera a las consecuencias. Podía jurar que él no iba a meterse en medio porque, quien quiera que fuese el idiota, se lo tendría bien merecido.

Volvió a suspirar, se metió la carta en el bolsillo, junto a la de Luna, y se metió en el vestuario común para cambiarse de ropa. Probablemente la siguiente discusión con Malfoy no estaba tan lejos como había pensado en un principio, porque en cuanto se diese cuenta de que la gente lo sabía... mejor ni pensarlo.

Se cambió todo lo rápidamente que pudo, poniéndose su uniforme de sanador, pero ni siquiera había terminado de calzarse cuando una de las enfermeras —que apenas conocía porque nunca coincidían sus turnos —abrió la puerta y, al verlo allí, se dirigió inmediatamente hacia él.

—Potter, te buscan en urgencias.

Harry meneó negativamente la cabeza, resignado, mientras replicaba amablemente.

—Mi turno empieza en cinco minutos...

—Lo sé —contestó la enfermera, visiblemente abochornada por tener que lidiar con esa situación —. Pero el hombre insiste en verte a ti o al sanador Malfoy, y como este aún no ha llegado...

—No te preocupes —respondió sonriendo, mientras se acercaba a la puerta donde esperaba la chica —. No me importa.

~o0o~

No estaba en su despacho, lo cuál era bastante raro, porque solía encerrarse ahí, por lo general, hasta media hora después de que empezara su turno, normalmente inmerso en alguna novela demasiado fascinante como para dejarla de lado aún en el trabajo. Pero Harry parecía haber decidido que, por una vez, podía hacer honor a su fama de llegar puntual a San Mungo, y empezar a trabajar de forma también puntual.

Sabía que sus pacientes ingresados eran demasiado numerosos, ahora que también se encargaba —al menos de forma oficial —de los suyos, pero normalmente sus rondas solían comenzar a mitad del turno, sobre todo si era por la noche, ya que los pacientes dormidos resultan mucho más fáciles de examinar que los despiertos —no se quejaban —algo que, por cierto, le había enseñado él hacía ya un par de años.

Así que seguramente se encontraría en el ala de urgencias, en la Planta Baja. Habitualmente, Draco odiaba tener que pasar tiempo ahí, ya que los pacientes solían ser demasiado dados a querer contar minuciosamente cuánto les había pasado, incluyendo, la gran mayoría de las veces, datos que no tenían el más mínimo interés clínico, y cuyo interés personal, para Draco, era nulo. Además, había demasiado movimiento, demasiado personal entrando y saliendo de todas partes como para que uno pudiese sentirse a gusto.

Pero si ya odiaba urgencias cuando era él quien decidía el momento de hacer sus horas diarias ahí, ahora que no tenía ese poder de decisión, le parecía simplemente insufrible.

Suspirando internamente, tomó el ascensor para ir a la planta baja e ignoró el pobre intento de la recepcionista por saludarlo en cuanto hubo llegado. No parecía haber demasiada gente, pero probablemente no tendrían la suerte de que esa calma durara toda la noche. Siempre había demasiados ineptos que necesitaban alegrar sus horas de vigilia con alguna catástrofe demasiado "aterradora" como para curarse solitos en casa. Apenas se cruzó con un par de enfermeras —que lo miraron como si quisieran que cayese fulminado ahí mismo —y un sanador del turno anterior que probablemente se habría retrasado con algún paciente.

Caminó hasta la consulta del fondo —la preferida de ambos para atender cualquier caso por estar alejada del mundanal bullicio —, y sin ni siquiera pararse a tocar la puerta, se adentró en el cuarto.

Efectivamente, Potter estaba allí, junto a la camilla de un hombre que parecía estar descansando plácidamente, y hablando con su alterado acompañante que, si no le fallaba la vista, no era la primera vez que estaba allí.

Ambos se giraron en cuanto Draco entró, y por la amplia sonrisa de bienvenida de Harry supo que se alegraba de que por fin estuviese ahí para lidiar con el problemilla que tuviese en esta ocasión el "hombre de la varita".

—¿Una visita de cortesía? —preguntó Draco sarcásticamente al hombre, a modo de saludo.

Como esperaba, un intenso rubor cubrió inmediatamente al señor Peterson, seguramente recordando las seis veces en que los había visitado —después de aquella memorable primera vez —para que le ayudasen a solucionar problemas de distinta índole, normalmente localizados en el área que las personas normales usan para sentarse.

Ahora bien, que viniera acompañado... eso ya era más infrecuente. De hecho, si la memoria no le fallaba, era la primera vez. Draco esperaba fervientemente que a ese hombre no se le hubiese pasado por la cabeza la peregrina idea de formar un club y traer a todos sus amiguitos con "problemillas" a que los conocieran.

—Uhm... no —murmuró el hombre, incapaz de mirarlo a la cara.

—Buenas noches, Malfoy —lo saludó Harry, haciendo obvios esfuerzos por no reírse de su paciente —. El señor Peterson está aquí por un motivo algo más... técnico que la simple cortesía.

Draco alzó una ceja, mientras se acercaba a la camilla, sin dejar de mirar al hombre que estaba tan obviamente incómodo ante él.

—¿Algún orificio que desatascar? —preguntó simplemente, disfrutando del modo en que el bochorno se hacía todavía más visible en la cara de su paciente habitual —. Creí que la última vez le había dado ciertas indicaciones acerca de lo que podía o no deslizar...

—¡Malfoy! —lo interrumpió Harry, justo como esperaba que hiciera.

Se giró hacia él, sonriendo, mientras ponía su mejor cara de inocente y preguntaba con una simple elevación de cejas "¿Qué?". En respuesta, Harry negó con la cabeza, visiblemente divertido por su impertinencia, mientras se giraba hacia el hombre que estaba de pie, que parecía desear fervientemente intercambiar su papel con el de la persona que dormía tan profundamente en la camilla.

—En esta ocasión no es el señor Peterson nuestro paciente —continuó Harry —, sino su amigo. Él está aquí en mera calidad de acompañante. Iba a explicarme qué había sucedido cuando has llegado...

Ambos lo miraron fijamente, esperando una explicación, mientras el hombre cambiaba continuamente el peso de un pie a otro en un obvio gesto de nerviosismo. Sus manos se crispaban contra el saliente de la sábana que había en la camilla, bajo su amigo, y su mirada vagó del suelo hasta la cara de este.

—Mi... compañero —comenzó, vacilante —. Bueno, él y yo intentábamos... habíamos comenzado a... mientras estábamos... ya sabe...

—¿Follando? —lo ayudó Draco, solícito, sin insinuar siquiera el más leve atisbo de sonrisa.

Harry, por el contrario, no pudo reprimir la que escapó de sus labios ante su forma directa de encarar la situación, y trató de disimularla fingiendo rascarse el rostro y girando ligeramente la cara en dirección a Draco.

El señor Peterson, por su parte apretó fuertemente los ojos, y sus manos se pusieron blancas de la presión que sus dedos ejercían sobre la tela.

—Bueno, sí —si el rostro de ese hombre seguía subiendo de temperatura, Draco tenía serias sospechas de que acabara combustionando espontáneamente —. De repente se ha quedado parado... yo pensaba que sólo se estaba... bueno, haciendo de rogar... pero no ha abierto los ojos desde entonces. Parece dormido, pero no he logrado despertarlo ni con el enérvate...

Draco miró al paciente sobre la camilla, sin demasiado interés.

—¿No ha pensado que tal vez esté simplemente exhausto después de tanto ejercicio? —preguntó elevando una ceja y volviendo su vista hacia el paciente.

—¡Malfoy! —volvió a mascullar Harry a su lado, dándole un codazo sin ni siquiera intentar disimularlo —. Esto es serio —murmuró, con una sonrisa estúpida contradiciendo sus palabras. Sonrisa que, Draco estaba seguro, no era capaz de controlar.

En cualquier caso, el señor Peterson no pareció enterarse, ya que seguía mirando a su amigo y estrujando la sábana con los dedos.

—Ehm... —comenzó Harry, logrando controlar por fin su expresión facial —. Señor Peterson, necesitamos hacerle las pruebas de rutina, ya sabe... Le agradeceríamos que esperase fuera mientras el sanador Malfoy y yo llevamos a cabo los estudios.

Por primera vez desde que había llegado, el hombre levantó la vista hacia ellos, con una súplica en los ojos que vino acompañada, apenas un instante después, por su puesta en palabras...

—¿Pero no podría...?

—No —lo cortó Malfoy, poniendo los ojos en blanco. No necesitaba escuchar todas las absurdas razones por las que ese hombre creía que tenía derecho a quedarse durante la exploración del paciente —. Lo siento, pero necesitamos el área despejada.

Su tono fue tan autoritario que el hombre ni se molestó en volver a replicar y, tras una última mirada a su compañero, abandonó la consulta.

En cuanto la puerta se cerró tras él, Harry se giró en su dirección para encararlo, tratando de parecer enfadado y fallando miserablemente:

—Malfoy, por Merlín, ¿Es que no sabes controlarte?

Draco se encogió de hombros, sonriendo apenas imperceptiblemente, mientras se giraba hacia la camilla para inspeccionar al hombre que parecía dormir sobre ella.

—He sido muy comedido... —respondió.

Y era cierto, al menos para lo que solía serlo habitualmente. Dada la situación y el historial del paciente podría haberse recreado en la enumeración de todas las cosas que habían rescatado de su recto, por ejemplo, y en preguntas personales sobre si ese era el hombre que había poblado sus fantasías para llevarlo a esos extremos... Sin embargo había dado respuestas precisas y prácticas, logrando evitar que el hombre huyera a esconderse en el agujero más cercano hasta que se le pasase la vergüenza...

En la práctica, de hecho, Harry debería estarle agradecido, puesto que estaba siguiendo al pie de la letra lo de ser paciente con los enfermos...

—El pobre hombre ya tiene problemas para mirarnos a la cara por todas las veces que se ha visto obligado a visitarnos, ¡y tú aún lo hostigas más!

Malfoy puso los ojos en blanco, mientras comenzaba a desabrochar la camisa del enfermo, prosiguiendo con su examen.

—Merlín, Potter, no puedes estar hablando en serio —dijo, sonriendo cínicamente —. Ha quedado más que demostrado que ese hombre es masoquista, empezando por la curiosa proliferación de "accidentes" en la misma zona, y acabando por el hecho de que sigue volviendo a nosotros cuando nos hemos carcajeado de él en su cara. Literalmente.

—Tú lo has hecho —replicó Harry, sonriendo a su vez, recordado, probablemente, las ocasiones en que eso había ocurrido.

—Si eres más feliz creyéndote esa mentira...

Harry por fin se acercó a la camilla, para ayudarlo con el paciente. Sacó la varita y comenzó a hacer los hechizos rutinarios mientras respondía:

—En cualquier caso —recapituló, ignorando su última frase —, podrías dejar de provocarlo tan descaradamente.

—¿Por qué? Si no lo hiciera el hombre de la varita lo echaría de menos...

Harry se rió ante su comentario, y ya iba a replicarle cuando su sonrisa se desdibujó lentamente de su cara, sus ojos perdidos en las imágenes que los hechizos estaban creando sobre el paciente.

—Qué extraño —murmuró, casi para sí —. Su actividad cerebral y motora es normal. Su sistema reticular ascendente*(4) no está dañado. Ni siquiera emite ondas cerebrales lentas, por lo que no puede estar dormido... A todos los efectos, debería estar despierto y en completo uso de sus facultades...

Draco se acercó para mirar más de cerca los gráficos que volaban alrededor del paciente, corroborando las palabras de Harry, y luego tomó su propia varita para intentar despertarlo con los hechizos más inocuos para reanimar a la gente. La experiencia le había enseñado que, si se fiaba de que los magos hubiesen hecho correctamente un hechizo tan simple como el 'enérvate', tendría la mitad de trabajo del actual.

Sin embargo, el paciente no respondió a ninguno de sus intentos, a pesar de usar algunos hechizos con más intensidad de la necesaria. Frunció el ceño y volvió a mirar las imágenes que seguían danzando alrededor del hombre.

—Quizás lo haya causado alguna poción —teorizó Harry, que había permanecido en silencio ante los intentos de Draco —. Ya sabes, si el señor Peterson es proclive a experimentar, quizás este también...

—Lo dudo —murmuró Draco, acercándose a la piel del paciente —. No conozco ninguna poción que cause esto, y no hay signos visibles de haber ingerido nada recientemente... Aunque mira —añadió, sonriendo siniestramente —, si existiera sería útil pedirle un poco y mezclarla en el café de Wayne...

—¡Malfoy! —exclamó Harry, frunciendo el entrecejo —. Si alguien te oye estarás en problemas..., más de los que ya tienes.

—Pero tú no vas a chivarte —dijo, encogiéndose de hombros.

—No seas idiota —respondió Potter, casi como corroborando sus palabras —. Esto es serio, Malfoy, o al menos lo parece...

Draco ya iba a replicarle que sabía perfectamente lo que debían hacer, cuando la puerta se abrió otra vez y la cabeza de Michael Corner asomó por ella. Su sonrisa al mirar a Harry fue opacada por la mirada de furia que le dirigió a Draco en cuanto fue consciente de su presencia.

"Genial" pensó Draco sarcásticamente, poniendo los ojos en blanco y volviendo a centrarse en el enfermo "Lo que faltaba para redondear mi noche".

—Potter —lo llamó Corner, volviendo a sonreír con esa expresión tan patética que ponía siempre que veía a Harry —, al fin te encuentro. En la consulta número uno hay una anciana que exige que la atienda "el hombre amable de los ojos verdes"

La sonrisa de Michael se ensanchó al pronunciar el apelativo, adentrándose más en la consulta, mientras Harry le lanzaba una mirada fulminante, luchando visiblemente consigo mismo por no ponerse colorado.

Draco bufó, poniendo nuevamente los ojos en blanco, y ganándose con ello otra de las irritadas miradas del sanador que permanecía de pie junto a la puerta.

—¿Es muy grave? —preguntó Potter, casi arrastrando las palabras del modo en que Draco solía hacerlo.

El tono lo hizo reír, y tanto Michael como Harry lo miraron, sin comprender. Draco negó levemente con la cabeza en dirección a Harry, para hacerle saber que no era importante, y volvió a fijarse en los gráficos para evitar tener que ver al estúpido de Corner y sus patéticas sonrisas para Harry.

—No lo sé, no me ha permitido examinarla, pero no tenía muy mal aspecto —contestó Michael, con ese tono amable tan irritante que parecía decir "¿no necesitas ninguna cosa más de mí?".

—Pues entonces atiéndela tú, o cualquier otro sanador, Corner —le respondió Harry, concentrándose, al igual que él, en mirar las imágenes que habían conjurado sobre el paciente.

La respuesta, lo sabía, no le iba a gustar ni un pelo al otro sanador. El muy idiota seguía esperando absurdamente que Harry se diese cuenta de que existía, o al menos que le echara una segunda mirada a su pulcra vestimenta o a su cuidadoso look, pero Potter no estaba por la labor. De hecho, estaba seguro de que ni siquiera era consciente de esas miradas lascivas que le lanzaba Corner a su trasero, o de sus sonrisas demasiado amplias y fuera de lugar hasta cuando le hablaba de la más macabra situación. O de cómo siempre intentaba situarse lo más cerca posible de él y rozarle a la más mínima oportunidad que tuviese... No, Potter no podría ser más inconsciente de ello ni aunque lo hiciese a propósito.

—Malfoy puede quedarse con este paciente mientras tú atiendes a la otra, ¿Cuál es el problema? —preguntó, en un tono insidioso que dejaba bien claro que sabía cuál era exactamente el inconveniente _. Oh, espera—añadió, como si le acabase de ocurrir —, no recordaba que Malfoy ya no puede ni acercarse sólo a un paciente...

Una sonrisa desdeñosa siguió a su afirmación, sonrisa que Draco trató de ignorar, no sin esfuerzo, para no comenzar a atacarlo con una salva de maldiciones a cada cual más dolorosa.

Lo sabía. Había sabido desde el principio que toda esa historia se sabría tarde o temprano —el que fuese siempre acompañado de Potter no podía pasar desapercibido para nadie, al menos en lo que a Potter concernía —, pero no creía que el rumor se extendiera tan rápido. Esperaba que el idiota de Wayne no hubiese puesto una nota en el tablón de anuncios, o hubiese mandado un memorándum a cada sanador sólo para atormentar su existencia.

—Estoy ocupado —respondió Harry, con un tono de voz helado que rara vez le oía. Se había girado para encarar completamente a Michael, y su mirada era tan cortante que parecía imposible que, en ocasiones, pudiese estar llena de tanta diversión.

Draco medio sonrió, olvidada toda molestia, mientras giraba también la cabeza para contemplar la estupefacción presente en el rostro de Corner. Estaba claro que no había esperado esa respuesta de Harry, o al menos, no que pareciera tan molesto por su sugerencia. Su frase había sido especialmente diseñada para molestarlo a él, a Draco Malfoy, recordándole lo muy por debajo que estaba ahora de su posición. Desde que él y Potter habían empezado a llevarse bien, Michael había redoblado sus esfuerzos por molestarlo en cada ocasión que tenía, ya que era evidente que no comprendía por qué Harry lo toleraba. El hecho de que ahora fuese Harry y no él quien estuviese más irritado con su pobre pulla había dejado al idiota de Corner completamente descolocado, y Draco pudo ver claramente como el desconcierto se convertía en furia —hacia él —y cómo esa furia iba a ser descargada en la persona equivocada.

Y se dispuso a disfrutar del espectáculo.

—¿Así es como van a ser las cosas ahora? —acusó, más que preguntó, mirando a Harry pero señalando a Draco con la cabeza —. ¿Vas a dejar de atender pacientes por no dejar quedar mal a Malfoy?

El semblante de Harry se volvió aún más duro, mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

—Estoy trabajando —murmuró. Su tono de voz fue bajo, calmado, pero sonó en el silencio de la habitación como si hubiese estado gritando —. Este paciente está considerablemente más grave de lo que puede estarlo una señora que está consciente, y que además se toma el lujo de elegir sanador, aunque para ello tenga que esperar.

Su tono, y el contenido de su respuesta había sido tan parecido a lo que él mismo habría respondido, que su sonrisa, inconscientemente, se amplió aún más, esperando el nuevo ataque de Corner, que no parecía darse cuenta de que se estaba metiendo en aguas pantanosas. Había conseguido toda la atención de Harry, oh sí, pero ni remotamente del modo que quería...

—¡No puedes ralentizar a todo el hospital sólo por tener que cargar con esa lapa a todas partes!

El fruncimiento de ceño de Harry se hizo aún más profundo, mas antes de que pudiese responder, el propio Malfoy lo hizo.

—¿Envidia, Corner? —preguntó, todavía sonriendo.

No había pretendido meterse en medio de la conversación, pero no había podido resistirlo cuando Corner se lo había puesto tan fácil para devolverle la pulla. Era evidente que estaba celoso, celoso de él, y que era de ahí de donde nacía toda esa rabia porque Harry fuese obligado a pasar casi diez horas diarias en su compañía. Era demasiado fácil responder a eso, hacer diana en el centro de lo que molestaba a Corner, como el propio Michael no había podido hacerlo con él unos instantes atrás al aludir a su condición de estudiante.

—¿De ser apenas un alumno en prácticas incapaz de valerse por si mismo? —preguntó escéptico, elevando las cejas en un gesto burlesco.

Mas su postura era demasiado rígida, y sus puños se habían crispado a sus costados, como si estuviese conteniéndose para no saltarle encima.

Harry, sin embargo, no se dio cuenta, porque ahora lo estaba mirando a él, a Draco, con una expresión desconcertada en el rostro que dejaba bien claro que no entendía a lo que se estaba refiriendo.

Malfoy amplió su sonrisa.

—No tener responsabilidades —respondió, como quien no quiere la cosa —, requerir la presencia constante de mi mentor... —"limitando el tiempo que perdías intentando algo con él..."

Fue el final de la frase que no dijo en voz alta, pero que Michael leyó perfectamente. Y entendió, cosa que a todas luces no había hecho Harry, que lo miraba como si acabara de salirle un tercer ojo en la frente, probablemente pensando en qué momento las responsabilidades de Draco habían desaparecido, y por qué parecía de repente tan encantado con su posición de estudiante..

Michael frunció el ceño, apretando los labios en una línea fina, y dio un paso al frente, como si fuese a atacarlo de un modo físico. Mas el movimiento, para consternación del propio Corner, trajo de vuelta la atención de Potter sobre él, que gritó en tono firme:

—¡Basta! —su semblante volvía a estar demasiado serio para lo que era habitual, y taladraba a Corner con la mirada —. Que otro se encargue, yo no puedo.

—¿Por qué lo defiendes? —gruñó el idiota, negándose a darse por vencido.

—Adiós, Corner —respondió Harry significativamente, ignorando su obvio intento de continuar la conversación y girándose para volver a contemplar a su paciente.

Corner le lanzó una mirada furibunda desde la puerta antes de abrirla y salir dando un portazo.

Draco volvió a sonreír ante esto. El estúpido de Corner nunca le había caído bien, ni siquiera en Hogwarts, pero estaba empezando a divertirle seriamente su presencia si implicaba el hecho de que Harry lo ignorara por completo, lo cuál no le cabían dudas de que volvería a hacer. A Potter el sexo masculino no parecía atraerlo especialmente —por lo que él sabía sólo había salido seriamente con un par de chicas —, así que de liarse con alguien en ese hospital —cosa que dudaba, ya que parecía demasiado profesional para ello —lo haría con la recepcionista Blake, no con el idiota de Corner.

—¿Se puede saber de qué mierda iba todo eso? —preguntó Harry, girándose hacia él, todavía con el semblante serio pero con una mirada mucho más curiosa que enfadada.

Draco simplemente se encogió de hombros, con la sonrisa todavía en los labios, en un claro gesto que decía "no lo entenderías". Y, para evitar la cuestión, preguntó a su vez:

—¿Qué vamos a hacer con él? —dijo, señalando al paciente que permanecía en la camilla.

—No nos queda más remedio que ingresarlo por el momento, y ver si responde a estímulos con el paso de los días, o a las distintas pociones que puedan tener una mínima posibilidad de despertarlo —respondió Harry, con una mirada especulativa.

Esa mirada le dejó bien claro a Draco que, si bien iba a dejar el tema por ahora, ni remotamente iba a olvidarlo.

Y Malfoy sabía que sería así. Podía ser todo lo despistado que uno quisiera, pero la mala memoria no se contaba entre sus defectos. Aunque a veces dieran ganas de lanzarle un buen obliviate.

Continuará...



*(1) Los Alaskan Malamute son los perros típicos de los lugares fríos. Tienen un pelaje blanco y gris, y son los que habitualmente tiran de los trineos.

*(2) Lyra es una de las constelaciones que es encuentran al lado de la constelación Draco, cuya estrella más importante es Vega.

*(3) El Organismo Internacional de Normas de Instrucción Mágica se encuentra, según el quinto libro, en la quinta planta del Ministerio de Magia. No sé si sería esa oficina la encargada de remitir una carta así a Harry, pero de las existentes me ha parecido la más adecuada. xDDD

*(4) Se llama en realidad Sistema activador reticular ascendente (SARA) y es, para entendernos, la parte que debe estar afectada para que los pacientes entren en coma.


Espero que os haya gustado. Muchísimas gracias por vuestros reviews a gata89, emi, Shanty y Amidala Granger, siempre me alegráis el día con vuestros comentarios ^_^

Besos,

Missi