Disclaimer: Harry Potter pertenece a JKR
Pareja: Harry/Ginny
Summary: "Tres," dice ella de golpe. Él frunce el ceño, confundido. "¿Tres qué?" Ella sonríe con aire distraído, pero hay un brillo travieso en sus ojos. "Hijos, Harry. Me gustaría tener tres hijos." Él la mira enarcando una ceja. "¿Ahora?" HG SPOILERS DH
Harry Potter
Música: Ojos de cielo – El sueño de Morfeo
Harry baja por las escaleras que alguna vez condujeron a la oficina de Albus Dumbledore con la certeza de que nunca volverá a subirlas. Sabe que por más años que pasen, para él siempre será el despacho de Dumbledore y no podrá verlo ocupado por ninguna otra persona. Se ha despedido del director por última vez y ya no tiene nada que hacer allí, ni ahora ni nunca.
Hermione y Ron lo siguen unos pasos más atrás. La chica ha conseguido convencer a Ron a duras penas de que deje de insistirle a Harry para que conserve la varita de saúco, por lo que él se siente muy agradecido. Sabe que está haciendo lo correcto, pero no tiene energía suficiente para explicárselo a Ron.
Caminan en silencio hasta llegar a las puertas dobles de entrada al castillo, que están abiertas de par en par, dejando que el sol de verano inunde el vestíbulo con su calor. Harry se detiene y gira para mirar a sus amigos.
- Ustedes vayan, yo voy a devolver la varita a su lugar.
Ron y Hermione intercambian una mirada.
- ¿Estás seguro? Podemos acompañarte.
Harry les sonríe.
- No, vayan. Tu madre debe estar preguntándose dónde estás.
Ron duda un momento, pero Hermione al parecer ha visto algo en los ojos de Harry que hace que asienta con la cabeza y se lleve a Ron de allí, tomándolo de la mano. Harry los saluda con un gesto y los observa alejarse por el pasillo, caminando con sus dedos entrelazados. Siente una punzada en el pecho, una punzada de añoranza y deseo. Aún no, se dice a sí mismo. Aún tengo una última cosa que hacer.
Pese a que es la mañana más hermosa que Gran Bretaña ha visto en mucho tiempo, no hay nadie en los terrenos del castillo. Harry se encamina hacia la tumba de Dumbledore disfrutando de la sensación del sol en su rostro y la suave brisa que le despeina los cabellos. Siente como si hubieran pasado años desde la última vez que sintió el sol en su piel, y en cierto modo así es. El invierno ha sido largo y cruento, pero al igual que la guerra llegó a su fin, como algún día llegará a su fin toda la tristeza que siente por lo que han perdido.
Nadie ve a Harry Potter acercarse a la lápida de mármol blanco, nadie lo ve arrodillarse frente a ella y ciertamente nadie ve al salvador del mundo mágico profanar la tumba para devolver la varita a su dueño. Es mejor así.
Las aguas del lago centellean con la luz de la mañana, tiñéndose de oro y nácar, y Harry piensa que no ha visto nada tan hermoso hasta que sus ojos se posan en la figura recostada bajo el sauce.
Está reclinada con los ojos cerrados, sus cabellos enmarañados cubriéndole parte del rostro, enfermizamente pálido. Su túnica negra cuelga en jirones de su cuerpo y su blusa blanca está polvorienta y deshilachada, la piel de sus brazos está cubierta por moretones y rasguños; sus párpados, rodeados por sombras azules. Harry nunca la ha visto tan hermosa.
Traga saliva, un nudo formándose en su garganta. Quiere correr hacia ella, quiere gritar su nombre para que ella lo mire con ojos brillantes, quiere abrazarla fuerte para nunca dejarla ir. Pero algo extraño le pasa a su cuerpo, que no le responde. La voz no puede escapar de la prisión que forman sus labios, el frío de la duda entumece sus músculos y los convierte en piedra. Ha pasado tanto tiempo ansiando, soñando, imaginando este reencuentro, ha pensado mil veces lo que iba a decir, planeado lo que iba a hacer y ahora que ha llegado el momento, no puede hacer ninguna de esas cosas porque hay un dolor agudo desgarrándole el pecho, porque todos estos meses de miedo e incertidumbre le están pasando factura, porque el horror de la última noche todavía le quema en las venas, corroyendo su esperanza.
No sabe cuánto tiempo permanece allí de pie, contemplando los destellos rojizos que el sol arranca a sus cabellos, observando el movimiento de su pecho al compás de su respiración, ansiando reclamar sus labios entreabiertos.
De repente, sus pies reaccionan y lo llevan junto a ella, y antes de darse cuenta escapa de sus labios un quedo:
- Ginny...
Los hechos se suceden muy rápidamente. Ginny abre los ojos de par en par, se pone de pie de un salto y saca su varita, y sin saber muy bien cómo Harry se encuentra de espaldas sobre el pasto, sus anteojos torcidos, su respiración entrecortada, el pecho oprimido por el taco de la bota de Ginny, quien apunta la varita a su garganta.
De todos los recibimientos posibles, éste es lejos el que menos se ajusta a sus expectativas.
- ¿Harry? – pregunta ella, como si lo dudara seriamente.
- ¿Quién si no? – resopla él con dificultad. El rostro de ella se vuelve carmesí cuando saca el pie de su pecho y lo ayuda a levantarse.
- Perdona, estaba teniendo una pesadilla...
- Está bien, no es nada – responde él, sacudiéndose el pasto de la túnica. Ella tiene la vista desenfocada.
- Soñé que estabas muerto – musita y un estremecimiento la recorre entera. A Harry se le seca la garganta y da un paso hacia ella, porque no puede verla así y necesita abrazarla, reconfortarla.
Ella frunce el ceño.
- No fue ningún sueño, ¿verdad?
- Ginny, yo...
Ella no lo deja completar la frase.
- ¿TÚ, QUÉ? ¿QUÉ ME VAS A DECIR? ¿QUE TE DEJASTE MATAR, IMBÉCIL?
Él la mira, boquiabierto. Ahora se ha puesto aún más roja, si cabe, y sus ojos echan más chispas que los de su madre al enfrentarse a Bellatrix Lestrange.
- SE SUPONÍA QUE IBAS A AYUDAR A DERROTAR AL INNOMBRABLE, NO A DEJARTE MATAR. SI HUBIERA SABIDO QUE PRETENDÍAS SUICIDARTE, TE HUBIERA ENCADENADO AL DESVÁN DE LA MADRIGUERA Y ESO TE HUBIERA ENSEÑADO...
- Ginny, me parece que no entiendes –
- ...QUE CON LAS MUJERES DE LA FAMILIA WEASLEY NO SE JUEGA, Y NO ME DIGAS QUE NO ENTIENDO PORQUE TE LA PASASTE DICIENDO QUE TENÍA QUE CUIDARME POR TI, AY, LA POBRE GINNY QUE NO PUEDE DEFENDERSE SOLA, Y A LA PRIMERA DE CAMBIO VAS Y TE LE ENFRENTAS TÚ SOLO PARA HACERTE MATAR...
A Harry le gustaría poder decirle que no fue exactamente así, pero sería una mentira descarada y considerando que Ginny parece al borde de una combustión espontánea, decide que es mejor no probar su paciencia. Alza las manos en un gesto disuasorio y abre la boca para decir algo tranquilizador, pero ella no le da la oportunidad: de entre los pliegues de su túnica negra saca la varita y Harry da un respingo.
- Oye, Ginny, creo que estás...
Apenas le da tiempo a agacharse para esquivar el primer rayo. Siguiendo el instinto, saca la varita pero no está dispuesto a maldecirla. Duda, y ella aprovecha para lanzarle otro encantamiento que él esquiva a duras penas escondiéndose detrás del sauce. Con un rugido aterrador, ella da la vuelta y él empieza a correr alrededor del árbol, los rayos de la varita de ella pisándole los talones.
- ¡Ginny, por favor, para!
Ginny finalmente suelta un resoplido de frustración, arroja la varita a un lado y se lanza encima de Harry, quien cae sobre el pasto. Él se da vuelta para encontrarse con que la chica se ha encaramado encima suyo a horcajadas, impidiéndole cualquier intento de escapatoria. Antes de que pueda frenarla ella empieza a golpearlo en el pecho y, maldita sea, duele.
- G-Ginny, p-por favor, ¿podrías...?
- Ah, veo que ya encontraste a Ginny – La voz de Ron suena bastante más alegre que la última vez que los vio juntos – Y no tardaron mucho en pasar a la reconciliación, ¿verdad que...?
Se corta en seco al darse cuenta de que Ginny sigue golpeando a Harry mientras éste la esquiva como puede. Ron abre la boca para decir algo, pero Hermione, cuyos ojos están muy abiertos, lo agarra del codo y se lo lleva de allí.
- Creo que mejor los dejamos solos un rato, ¿no crees?
Y los dos se apresuran a alejarse de allí, tomados del brazo. Los golpes de Ginny se vuelven cada vez más erráticos y débiles. Su cuerpo entero está temblando y a Harry se le encoge el corazón al ver los gruesos lagrimones que ruedan por sus mejillas.
- Pensé... pensé que estabas muerto – solloza, con voz quebrada y palabras entrecortadas – y fue el momento más horrible de mi vida, mucho peor que cuando los Carrow nos torturaban, peor que despertarme en la Cámara de los Secretos, creo que fue aún peor que... que v-ver a F-Fred...
Su voz se quiebra definitivamente por el llanto y sus brazos dejan de moverse, como si fuera una muñeca a la que se le ha acabado la cuerda. Se deja caer hacia delante y entierra el rostro en el pecho de Harry, humedeciendo su camisa con sus lágrimas. Un nudo cierra la garganta de Harry y su saliva se ha vuelto arena, pero sus brazos encuentran el camino alrededor de Ginny, cuyos sollozos son cada vez más quedos.
Harry no sabe qué decir, hay tantas cosas que querría explicarle, quiere decirle que cuando la vio antes de entrar al bosque casi se tambaleó su resolución, casi renunció a su destino para estrecharla una vez más entre sus brazos, quiere contarle que pensó en ella cada día y cada noche desde que se separaron, quiere que sepa que su corazón se rompió en mil pedazos cuando Neville le contó los horrores que habían padecido en Hogwarts pero que al mismo tiempo se sintió lleno de orgullo cuando supo que ella había liderado la resistencia, quiere susurrar en su oído que la ama aunque nunca lo haya dicho antes, quiere repetirlo hasta tener la voz ronca.
Pero las palabras no le salen porque su cuerpo tiembla tanto como el de ella y lo único que escapa de sus labios es una letanía inacabable de losientolosienlosientolosiento, porque él nunca quiso lastimarla, nunca quiso que ella sufriera por él y se habría cortado la mano derecha para evitarlo.
Pasan minutos, horas, siglos, él acariciando sus cabellos y murmurando en su oído, ella apretándole tan fuerte las costillas que casi lo descuajeringa. Poco a poco deja de llorar y de abrazarlo tan fuerte, y Harry logra incorporarse lo suficiente para sentarse, con mucho cuidado de que Ginny se acomode en su regazo. La mira a los ojos, rojos e hinchados, y las palabras salen solas de su boca:
- Te amo.
Ella pestañea y, para su desconcierto, le da un golpe en el hombro.
- Idiota – masculla entre dientes, un mechón rebelde cayéndole sobre el rostro - ¿Cómo voy a enojarme contigo y empezar a gritarte de vuelta después de que me hayas dicho eso?
Y sin previo aviso sus labios se posan sobre los suyos y mientras Harry se apresura a devolverle el beso con ganas, piensa que esto se parece un poco más al reencuentro que él se imaginaba.
-
Están sentados bajo el sauce, Harry rodeándola con sus brazos, dispuesto a retenerla allí por siempre, ella con la cabeza sobre su hombro. A su lado hay un plato vacío, otrora repleto de sándwiches que Kreacher condescendió a llevarles, y frente a ellos las aguas del lago lanzan refulgentes destellos con los rayos del sol que empieza a descender. Harry siente que por una vez nada va a poder quebrar el sentimiento de paz y beatitud que lo colma.
Por supuesto que se equivoca.
- Tres – dice ella de golpe.
Él frunce el ceño, confundido.
- ¿Tres qué?
Ella sonríe con aire distraído, pero hay un brillo travieso en sus ojos.
- Hijos, Harry. Me gustaría tener tres hijos.
Él la mira, enarcando una ceja.
- ¿Ahora?
- Bueno, no – admite ella y él suelta la respiración que no sabía que estaba conteniendo. Ella sonríe con cierta malicia.
- Supongo que primero tendríamos que casarnos porque a mi madre si no le daría un ataque. No sé tú, pero a mí me gustaría mucho una boda en verano.
- ¿Como la de Bill y Fleur? – pregunta Harry, tratando de sonar indiferente porque en el fondo sabe que le están tomando el pelo, pero a juzgar por el destello divertido en los ojos de Ginny no lo consigue del todo.
- No, por favor, no quiero algo tan cursi. No me malinterpretes, estuvo bonito pero, no sé, a mí lo tradicional no me va – Su sonrisa se ensancha – Me gustaría algo más original, como celebrarla en el estadio de Quidditch de las Holyhead Harpies, eso sí que estaría genial...
- ¿Montados en escobas, quieres decir?
Ella se ríe echando la cabeza hacia atrás y él no se da cuenta de cuánto ha extrañado ese sonido hasta que lo escucha de nuevo.
- Claro, ¿por qué no? Los invitados pueden estar en las gradas, y supongo que también las damas de honor, porque ni Hermione ni Luna pueden subirse a una escoba ni porque las maten...
- No creas – dice Harry, recordando el milagroso escape del fuego en la Sala Multipropósito – Hermione puede subirse a una escoba... siempre y cuando alguien más la esté manejando, claro.
Los dos se echan a reír al unísono.
- Bueno, asunto arreglado entonces – dice Ginny en tono formal – Supongo que Ron será el padrino de todos modos, así que él puede ir en la escoba con Hermione, y Luna... – Frunce el ceño – No, Neville tampoco puede andar bien en escoba... Mmm, bueno, ya se nos ocurrirá algo.
- A lo mejor puede ir montada en un Thestral.
Ginny le da un golpe (considerablemente suave, viniendo de ella) en el hombro.
- No voy a tolerar un augurio de mala suerte en mi boda, Harry James Potter.
Harry la mira, sorprendido.
- Ginny, seguramente no creerás...
- No, pero mi tía Muriel sí, ¿y quién quiere escucharla rezongar? Aunque si se desmaya del espanto nos haría un favor a todos...
Harry no puede contener las carcajadas y a partir de ahí empiezan a idear nuevas formas de enloquecer a la tía Muriel y poner de los nervios a la señora Weasley. Entre broma y broma siguen planeando la boda, riéndose a carcajadas, pero Harry nunca deja de estrechar a Ginny cerca de su pecho y los ojos de ella brillan como soles.
- Tú te tendrías que vestir de verde, Harry, porque va con tus ojos... pero no dejaremos que mi madre elija la túnica, ya vimos cómo le fue al pobre Ron con eso. Y supongo que tendría que planear la ropa de las damas de honor y eso...
- Veo que ya lo tienes todo pensado.
Ella pone los ojos en blanco.
- ¿Qué te crees que soy, una improvisada?
- ¿Y cuándo sería nuestra boda?
Ella ladea la cabeza a un lado, pensativa. Se supone que es un juego, una broma sin importancia, pero Harry se descubre a sí mismo muy interesado en su respuesta.
- Bueno, los dos tenemos que cursar séptimo año y rendir nuestros ÉXTASIS primero, y antes de instalarme quiero llegar a jugadora de Quidditch profesional...
- De las Holyhead Harpies, me imagino.
- Obviamente. Y seguramente tú todavía quieres convertirte en Auror, ¿verdad?
Él la mira un momento y asiente con la cabeza. Voldemort se ha ido pero aún hay mucho que hacer y Harry no podrá descansar tranquilo hasta que el último mortífago esté tras las rejas. Ginny no parece sorprenderse por su respuesta, porque quizás comprende mejor que nadie lo que impulsa a Harry a seguir luchando, quizás conoce la necesidad de Harry de ser él mismo quien ponga fin a la oscuridad que ha consumido sus vidas y lo acepta. Aunque le duela, aunque le asuste, acepta que Harry es como es y por eso él no puede dejarla marchar nunca.
- Entonces, eso ya nos llevará por lo menos unos cinco o seis años, tiempo de sobra para planear todo.
- ¿Y los tres niños? ¿También los tienes planificados?
- Por supuesto. Tendremos dos niños y una niña. Primero un niño, luego la niña y por último otro niño. Es muy duro ser la menor si encima eres mujer, ¿sabes?
Él enarca una ceja y le dedica una sonrisa.
- A ti no te ha ido tan mal.
Ella le da un beso rápido en la mejilla y él la siente arder.
- Supongo que no, pero fue toda una odisea. No quisiera que una hija mía se enfrentase a lo mismo. A ver, ¿qué nos falta...? Ah, sí: no más de dos años de diferencia entre uno y otro, que después se hace un bache...
- Ginny, considerando que ya has decidido todo lo demás, ¿puedo aunque sea elegir los nombres?
Ella lo mira, alzando una ceja.
- Bueno, no sé... Tal vez, si no son muy feos...
- ¡Oye!
Ella se ríe y él decide vengarse atacándola por el punto flaco: las cosquillas.
- ¡No, Harry! ¡Suéltame! ¡Suéltame o te juro que...!
- ¿Que te asfixiarás con tus risas?
Se revuelcan por el pasto, riéndose y atacándose a cosquillas el uno al otro, aprovechando para depositar un beso aquí, una caricia rápida allá.
- Supongo que ahora sí están reconciliados, ¿no?
Ginny y Harry hacen un cese al fuego para levantar la vista y mirar a Ron y Hermione, a unos pasos de ellos, tomados de la mano. Ginny sonríe de oreja a oreja.
- Hermione, qué bueno que has venido, tenemos mucho de qué hablar... Dime, ¿cómo te ves volando en escoba mientras llevas una túnica de gala?
Al ver las expresiones estupefactas en los rostros de Hermione y Ron, Harry y Ginny se echan a reír otra vez y Harry decide que, pase lo que pase después, nunca volverá a dejar escapar a Ginny Weasley.
