Momentos para nosotros
By: Tommy Hiragizawa.
Los personajes no son míos, son de Higuri Yuu y no tengo intención de obtener nada a cambio por esta historia además de sus reviews.
N/a: Gracias por leer estos pequeños fics. Me alegro de que les gusten y sigan leyendo. Como me ha encantado la relación platónica que Jin mantiene tantos años con su amigo en coma, me propuse hacer un fic donde ambos terminen juntos y felices. Espero que no los defraude.
Un beso para todos, y que disfruten la lectura.
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Yoshizumi Hiroya & Matzuoka Jin
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Matsuoka Jin fue verdaderamente feliz cuando, mientras visitaba al que era el amor de su vida en el hospital y le hablaba, esperando que pudiera oírle en su inconciencia, este abrió los ojos por primera vez después de su largo, largo letargo.
Pero supo que jamás había conocido la verdadera felicidad cuando esta lo golpeó con toda su fuerza pasional en el beso que Hiroya le arrancó de los labios mientras sus dedos flacos por todo el tiempo en cama se perdían con parsimonia entre sus cabellos plateados. Cada vez que lo recordaba se quedaba por lo menos diez minutos sonriendo como idiota, completamente alelado. Casi siempre siendo el mismo Hiroya el que lo sacaba del transe a base de nuevos besos que lo dejaban en un nuevo letargo.
Kazuki-kun me ha dicho que podrás entrar a trabajar como maestro de ciencias en la escuela – le comentó mientras pelaba una manzana y la troceaba para dársela después. Aquella rutina diaria que se había auto impuesto hasta ese momento lo hacía condenadamente dichoso, pues aunque había tenido que pedir un permiso especial para no ir a trabajar a la academia, trabajo que no sabía como había conservado después de lo que hizo, ese tiempo era el más maravilloso que había pasado en toda su vida. Estaba con Hiroya, después de todo.
Si sigues hablándome de Suzubishi-kun voy a comenzar a sospechar que tienes algo con él – bromeó, alargando la mano hacia el plato donde Jin-san dejaba los trozos de manzana recién pelados.
Jin vio a su "mejor amigo" con consternación y después de mucho rato se echó a reír. Hiroya sonrió al de cabello largo y le lanzó lo que quedaba de su pedazo de manzana a la cara para hacerlo callar. Eso ocasionó que Jin frunciera el ceño y se lanzara a hacer cosquillas al cuerpo repuesto y rehabilitado de Yoshizumi, que contraatacó con el mismo método de tortura. Sus risas seguramente se escuchaban por todo el piso del hospital, o eso pensaron cuando una de las enfermeras abrió la puerta ceñuda y les ordenó a ambos que pararan bajo amenaza de sacar a la calle al enfermero de
Bell Liberty School.
El peliplateado tuvo la sensación de volver a ser un niño regañado por un profesor, lo cual era algo paradójico, siendo ellos los profesores. Y aunque dejaron de "atacarse", Jin se quedó tendido junto al castaño, acurrucando su cara en el cuello del otro y entrelazando una de sus manos con la de Hiroya mientras él le acariciaba el cabello lentamente.
Jin – lo llamó con su vos áspera aún por todos los años de desuso. Jin se preguntó si su vos siempre había sido tan sensual o si era el efecto de la aspereza, pues su cuerpo tembló con anticipación al escucharlo.
Mhm… - le hizo saber que lo escudaba y levantó la cabeza hacia él.
Pero Yoshizumi Hiroya no dijo nada, sólo atrapó los labios carnosos y rosados del otro con destreza, mordiendo el inferior para obtener el paso a su cavidad bucal. Jin se apresuró a enredar sus brazos tras el cuello de Hiroya mientras perdía sus dedos en los cortos cabellos de su nuca. El beso, en un principio lento y amoroso, estaba volviéndose más y más necesitado y pasional a medida que pasaban los segundos. Y no es que Jin tuviera mucha experiencia, de hecho, a la única persona que había besado en su vida era a quien besaba en ese momento, pero estaba seguro que nunca podría encontrar quien lo hiciera estremecer de tal manera como lo hacía Hiroya. Sus lenguas se entrelazaron y acariciaron tan sensualmente que el peli plateado sintió que desfallecería de placer, pero no le importaba morir de una sobredosis de lujuria si moría besando esos labios, siendo lamido, mordido y chupado de esa manera.
Soltando un jadeo audible dejó que Hiroya avanzara todo lo que quisiera por su cuello, aún cuando sus labios clamaban aún por el tacto de los de él, pero si de algo era conciente aún era que él viviría lo que le restara de vida para complacer todos los deseos del castaño, y si él quería dejarle un chupete en el cuello, pues le dejaría hacerle un chupete en el cuello, aunque luego se muriera de vergüenza cuando alguien le preguntara el origen del moretón.
Y de pronto Yoshizumi se detuvo, dejando a Jin caliente, empalmado y listo para replicar. No lo hizo sólo porque sus neuronas parecieron tomarse unas vacaciones en el momento en que Hiroya posó sus penetrantes ojos sobre los suyos, causando que ambos colores se fundieran y todo Jin se convirtiera en un flan. Más aún cuando sus palabras lograron pasar la barrera de la incredulidad y le taladraron el cerebro.
Te amo Jin –
Mitsuoka Jin supo que ese sería otro momento que lo atolondraría por el resto de su vida.
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Cuando al fin dieron el alta a Hiroya y pudo dejar el hospital este no hizo más que quejarse por el hecho de que lo obligaran a hacerlo en silla de ruedas, y que le prohibieran comprarse una moto por "razones médicas". La enfermera que lo había atendido todo su tiempo en ese hospital, porque Jin ya le había explicado que lo había estado trasladado de hospital en hospital cada vez que los doctores se rendían con su caso, los acompañó hasta las puertas para verificar que lo llevaran en un coche, no como Hiroya había pedido, en la parte trasera de la moto de Jin. La mujer era anciana y muy conservadora, se escandalizaba cada vez que veía a los dos jóvenes en actitud demasiado cariñosa para su gusto y los reprendía pidiendo que no trataran así a sus "pobres nervios", lo cual se había convertido en el deporte favorito del castaño.
Te tengo una sorpresa – susurró Jin en su oído cuando iban ya en el taxi, con una silla de ruedas en el maletero que Hiroya no pensaba utilizar nunca en su vida y que sólo había aceptado comprar para mantener tranquilo al cano.
Hiroya, como buen científico siempre había tenido una curiosidad demasiado despierta para el gusto de la mayoría, así que las palabras de su acompañante sólo hicieron que estuviera inquieto el resto del camino.
Alzo una ceja cuando el taxi se detuvo en un complejo de apartamentos que estaba en casi el centro de la ciudad, mirando incrédulo a Jin, imaginando que ahí era donde vivía.
No pensé que el sueldo de enfermero diera para tanto – el comentario hizo reír al de cabello largo pero aún así no hizo ningún comentario y, tomándolo de la mano mientras el portero les ayudaba con la silla de ruedas lo condujo hacia las puertas de cristal del edificio.
Los esperan en el apartamento, señor - dijo el hombre a Jin, entregándole la silla de ruedas y volviendo a su puesto en la portería. Aún así, no pasó desapercibido para Hiroya la forma en que el hombre, de nos más de cuarenta, se comió con la mirada a su compañero.
Gruñó muy bajo, tanto que Jin ni lo escuchó y lanzó una mirada amenazante al portero que este pasó por alto, dedicándose a mirar el trasero del más femenino de los presentes cuando caminaba hacia los ascensores. Celoso, el castaño pasó un brazo por la cintura de Jin y lo acercó a su cuerpo, plantándole un beso de película antes de que las puertas se cerraran.
Subieron hasta el quinto piso y para su sorpresa, al abrirse las puertas sólo vio una puerta que abrir. Jin sacó las llaves de su bolsillo y bajó el picaporte, dandole paso a él primero.
El lugar era amplio y confortable, lleno de colores cálidos y muebles modernistas. En la pared más amplia del salón, visible desde la entrada estaba una copia del cuadro favorito de Hiroya, Starry Night.
En su escrutinio del lugar pudo darse cuenta de que ya había alguien en la casa esperándolos. Un par de zapatos estaban bien acomodados en la entrada y poco después de que Jin cerrara la puerta sonaron los pasos presurosos de alguien por uno de los pasillos.
Un joven de no más de veinte años se dejó ver ante ellos, vestido con una camisa gris con dos botones abiertos, un pantalón negro pegado completamente a sus fornidas piernas y el cabello castaño claro cayendo a los costados de su cara de manera angelical. Su mirada sonrió a conjunto con sus labios al ver a Jin, y su alegría se hizo notar aún más evidentemente cuando lo llamó.
¡Jin-san! – corrió lo poco que le quedaba para llegar hasta ellos y se detuvo sólo a escasos centímetros del de cabellos plateados. Jin le sonrió y se acercó aún más a él, abrazándolo con cariño y sonriéndole. Hiroya sintió que se le revolvían las tripas y no pudo contener un nuevo gruñido.
Más tranquilamente se hizo notar otra presencia en el lugar. No era tan guapo como el primer joven, y ciertamente era menor que él, pero los ojos azules del pelirrojo eran tan hermosos que Hiroya tuvo la necesidad de parpadear cuando el niño lo miró y le sonrió. Su sorpresa fue mayúscula cuando al acercarse el chico, aún sonriendo de esa manera que parecía que tenías al sol enfrente, el primer chico lo abrazó de la cintura, acomodándose en la espalda del más bajo.
Buenas tardes Jin-san – habló el pelirrojo – un gusto Yoshizumi-san, me alegro de que al fin esté bien –
Ehh – Parpadeó confuso, mirando toda la escena. Tanto Jin como el que abrazaba al pelirrojo sonrieron e intercambiaron una mirada de entendimiento.
Permita que me presente Yoshizumi-san, mi nombre es Suzubishi Kazuki, presidente actual de la empresa Suzubishi. Él es mi novio, Itou Keita – Hiroya miró al chico sin poder creer sus palabras. Había conocido al anterior dueño de la Suzubishi cuando trabajaba en la empresa sólo por fotos, sabía que era un hombre severo y gruñón, pero que había llevado muy lejos a su empresa a base de pasar por sobre los demás. Ciertamente, cuando Jin le comentó de que conocía al nuevo dueño de la Suzubishi, y le dijo que era un hombre joven y amable, no imaginó que sería tan joven, tan apuesto y tan cordial. Se veía en sus ojos el cariño que sentía por Jin y el amor que profesaba al pequeño en sus brazos. En ese primer encuentro Hiroya decidió que el chico le caía de maravilla.
Un gusto Suzubishi-san, Itou-san – los saludó a ambos con un movimiento de cabeza.
Vengan al comedor, he preparado la comida – les dijo Keita, arrastrando con él a su novio que no se dignaba a soltarlo para dejarlo caminar, y siendo seguido por un Jin sonriente y un extrañado Hiroya, que aún no entendía qué estaban haciendo los dos chicos en el apartamento de su "novio"- Técnicamente aún no lo eran pues no se lo había pedido.
La mesa estaba puesta para cuatro, la sola visión de la comida hizo que su pobre estómago reclamara por alimento, cosa que lo hizo sonrojar y reír a sus compañeros.
Por su regreso Yoshizumi-san – alzó Itou una copa y los otros tres lo imitaron, chocándolas en medio de la mesa.
Viéndolos convivir, y sabiendo lo que Jin había hecho a ambos chicos, Hiroya reafirmó su simpatía hacia los más jóvenes. La pareja era un caso especial, se dijo, pensando en que cualquiera hubiera aborrecido a su secuestrador, por muchas explicaciones o motivos que este diera, pero no, ahí estaban ellos, riendo y divirtiéndose sin restricciones con quien deberían de odiar.
Le era imposible a él también odiar al mayor de la joven pareja sólo por ser el dueño de la empresa responsable de su coma, además, él aún no era dueño de ella para que en ese entonces hubiera podido hacer algo. No tenía la culpa de nada.
Yoshizumi-san – comenzó a hablar Kazuki – me siento terriblemente desilusionado por lo que mi padre hizo con usted. Sé que no había nada que yo pudiera haber hecho en ese entonces, pero soy capaz de enmendar eso en el presente. Quiero que sepa que tiene en mí un amigo en el que puede contar para cualquier necesidad futura. Este apartamento, todo lo que contiene, un puesto en Bell Liberty School y por supuesto un fondo monetario no son suficiente para devolverle todos los años de su vida que pasó en coma, ni para poder aliviar el dolor que todo ese tiempo Jin-san sufrió, pero espero que sean suficiente para que no tenga que preocuparse por nada más que su felicidad en este futuro que la vida le ha dado –
Tardó un rato en salir de su estupor, pero cuando al fin logró comprender que ese apartamento era suyo y no de Jin comenzó a repetirle una y otra vez al joven Suzubishi que todo aquello no era necesario, pero Kazuki no aceptó un no por respuesta y después de la comida, cuando Kazuki y Keita se fueron, Hiroya aún era el dueño del departamento.
Te dije que Kazuki-kun era un buen chico – se recargó Jin contra él, aún entre sus brazos.
Y muy cabezota – agregó, y Jin le dio la razón.
Será porque yo le enseñé – se encogió de hombros y después besó al más alto en la mejilla, yendo hacia la cocina para recoger todo lo que había quedado después de comer. Mentalmente, Jin agradeció la existencia del lavavajillas.
Hiroya se quedó en el marco de la entrada de la cocina viendo a su novio moverse por el lugar, acomodando los platos en una de las bandejas del electrodoméstico y canturrear por lo bajo. Supo que podría acostumbrarse a ver eso todos los días de su vida.
Se acercó sigilosamente hasta el cuerpo delgado de Jin y lo cubrió completamente con el suyo, acomodando sus manos en las caderas del más pequeño y encajando sus labios en la curva de su cuello, mordisqueando la sensible piel unas cuantas veces hasta que escucho gemir al dueño de sus atenciones.
¿Qué haces Hiroya? – jadeó Jin al tiempo que un temblor le recorría de pies a cabeza cuando las manos del castaño acercaron su trasero a su pelvis hasta que pudo sentir la erección del mayor presionarse contra sus nalgas.
Te hago el amor Jin –
Una vez más, Jin sintió que podría reventar de la felicidad y morir tranquilo. Hiroya, después de que había caído en coma con la duda, al fin logró resolverla. Su cuerpo si se amoldaba perfectamente con el de su ex compañero de trabajo.
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Años más tarde los pasillos de Bell Liberty School eran tan ruidosos como siempre, que no por ser personas especiales eran muy diferentes a los demás.
Hiroya, aún con su bata de laboratorio agradeció al cielo haber podido escapar de las garras de Umino-sensei y de su nuevo gato, Tonosama II, que desgraciadamente era igualito a su padre. Había tenido que estar con ellos toda la tarde tras sus clases, y desde su punto de vista, estar en esa compañía cansaba más que todas las clases que pudiera dar en su vida.
Corrió el Shoji muy lentamente, entrando a la enfermería con toda la discreción que pudo, intentando darle una sorpresa a su pareja.
Jin estaba sentado en su escritorio, leyendo lo que parecía ser un historial médico. Se le veía concentrado en su tarea, lo cual le dio esperanza a Hiroya de lograr su objetivo. Avanzó de pintillas hasta casi dos pasos de la silla giratoria del enfermero, alargó su mano tan lentamente como pudo y…
No me asustarás Hiroya – soltó de repente Jin sin inmutarse ni separar la vista de los papeles que con tanto esmero parecía estar revisando.
Aghh – se quejó con berrinche – nunca logro sorprenderte –se quejó como un niño pequeño, haciendo sonreír a Jin sin que el otro lo notara. "Pero si lo haces muchas veces" pensó, recordando todos los momentos en que el castaño lograba sorprenderlo con sus besos y caricias espontáneas.
Y otro de eso momentos ocurrió. Hiroya lo jaló del brazo para empujarlo hacia su pecho, sentándolo sobre sus rodillas. Se besaron fieramente hasta que el más bajo se quedó sin aire y tuvo que buscarlo en jadeos que hicieron endurecer al mayor. Un nuevo jadeo escapó de los labios de Jin cuando sintió lo excitado que su pareja estaba en ese momento.
Los besos del castaño se deslizaron a su cuello mientras que sus manos se colaban bajo la bata de Jin y su camisa, acariciándole el abdomen con una mano, y subiendo peligrosamente hasta uno de sus pezones y la otra, al contrario que su gemela, bajando para tantear el elástico de los calzoncillos del de pelo plateado.
Aquí no, Hiroya – y aunque lo dijo, deseó con todas sus fuerzas que su pareja no lo escuchara y siguiera con lo que estaba hasta que ambos estuvieran tan agotados que no se pudieran mover de la camilla de la enfermería.
¿No te da morbo saber que en cualquier momento nos pueden encontrar? – le mordió el lóbulo de la oreja y lamió su nuca, bajando aún más su mano, esta vez dentro de la tela del bóxer para buscar el miembro erecto de Jin.
Hiroya – gimió echando la cabeza hacia atrás, impaciente porque lo tocara.
Ves – el aliento del moreno en su cuello lo hizo estremecer – estás tan impaciente porque te tome en esta camilla tanto como yo quiero estar en tu interior… - "en tu podidamente apretado interior" agregó para sí mismo.
Sí… - perdió la voz en un grito ahogado con su mano cuando la mano que se había colado en su ropa interior encontró lo que buscaba.
Feliz aniversario Jin – dicho lo dicho se encargó de emplear su mano libre en la tarea de desvestir a su amante sin importarle el hecho de que la puerta de la enfermería podía ser abierta en cualquier momento. Tenían diez años juntos, y eso había que celebrarlo.
Además, siempre había querido violarse a su novio en su entorno de trabajo para que sintiera lo mismo que él sentía cada vez que miraba el escritorio del aula en la que impartía clases.
Fin
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