Ya estábamos en clase, teníamos clase de historia, por más que trataba de ponerle atención al profesor no podía, sentía que mi cabeza iba a explotar en cualquier momento, al parecer el profesor Ruki se dio cuenta de esto y me mando al enfermería.
-Disculpe…hay… ¿Hay alguien aquí?- Ya que no obtuve ninguna respuesta, camine a las camillas y me acosté en una.
-¿Qué haces?- Una voz me llamo cuando me estaba empezando a acomodar.
Shuu, era el médico y psicólogo de la escuela, debido a que es muy atractivo tiene hasta un club de fans en la escuela.
Es un vago y se la pasa durmiendo la mayoría del tiempo. Solía dar clases de artes pero como se quedaba dormido a mitad de hora, lo cambiaron.
Al parecer se lleva muy bien con el Bibliotecario Yuuma, y no tiene una buena relación con el maestro de química, Reiji.
-Estas ardiendo- dijo mientras tocaba mi frente.
-Voy a tomarte la temperatura…- saco un termómetro de su escritorio y lo coloco en mi boca, espero que pasaran unos segundos y lo saco.
-39°, será mejor que te recuestes, llamare a tus padres.
-No servirá de nada, mi padre no se encuentra ahora aquí.
-Entonces llamare a tu madre.
-No…yo no…- Baje la mirada con tristeza, el pareció entenderlo.
-Ya veo, entonces solo descansa un poco- coloco un pañuelo húmedo en mi frente y se fue.
Estuve varios minutos mirando el techo, sin embargo el dolor y debido a que no había estado durmiendo bien me quede dormida.
Cuando desperté, sentí como removían y volvía a colar el pañuelo en mi frente.
-¿Subaru?- una vez que pude abrir mis ojos completamente me topé con unos color carmín, el chico de cabellos claros se sobresaltó al escuchar mi voz y como siempre tuvo la intensión de salir corriendo.
-¡Espera!- grite antes de que se fuera, mientras intentaba sentarme.
-Yo, lo siento, es que, no vi al médico aquí, y te veías muy mal así que…- al parecer no tenía ni idea de que decir- Pero, no es como si me importara tu salud o algo así, yo…
-¿Estuviste todo el tiempo que estuve dormida aquí?- pregunte.
-Tal vez…- respondió ya más calmado, pero aun podía ver ese tono rojo en su cara.
-Subaru… ¿Por qué huyes siempre que me vez? ¿No te agrado?
-¡No! No es eso…
-Entonces ¿Qué es?
-Yo…- el tono de sus mejillas se hizo cada vez más rojo… yo ya lo sabía, todo era una trampa mía, le había aprendido muy bien sus mañas a Laito, y estaba empezando a utilizarlas a mi favor.
-Entonces ¿me odias? –Yo me había convertido en lo que más odiaba.
-¡No digas eso! ¡Tú me gustas mucho, siempre me has gustado! – Vi la sinceridad de sus palabras y no pude evitar el sonreír maliciosamente, me daba asco, pero ¿ya que importaba?...
Me acerque a él lentamente y tome su rostro, el apretaba fuertemente sus ojos y puños.
Él había jugado también de esta forma conmigo…
Junte sus labios con los míos.
Pero…no, ¡no estaba bien! Él no tenía la culpa de lo que me habían hecho a mí, la antigua yo gritaba desesperada, tratando de hacerme entrar en razón pero…
-¿Qué estás haciendo?- se alejó bruscamente de mí.
Perdóname Subaru-kun…
-¿No te gusto?- pregunte con un fingido tono de tristeza.
-N-no es que no me haya gustado, es solo que…
-A mí me gustas mucho, Subaru-kun…- y una vez más me acerque a sus labios, al principio intento alejarse otra vez, pero después, me tomo de la cintura y profundizo el beso.
El calor de nuestros cuerpos comenzaba a aumentar, caímos juntos en la camilla, desesperadamente tiro de uniforme, dejando mi pecho desnudo, y empezó a delinear la línea de mi cuello hasta mi pecho con su lengua, aunque un poco torpe, se sentía igual de bien, quizás mejor, masajeaba cuidadosamente mis senos, mientras trataba de desabotonar su camisa, al final ambas intimidades se rozaron y nos unimos en uno solo.
Sus fuertes estocadas, me hacían gemir sin control, tratando de sofocar mis gemidos con besos, intentando hacer el menor ruido posible, aun se podía escuchar el sonido indecente de nuestro encuentro hacer eco por la habitación.
El éxtasis aumentaba, y me aferraba desesperadamente a su espalda, encajando las uñas a veces para aguantar el dolor, escuchaba como gemía y como gruñía, me hacía algo de gracia, me parecía encantador.
Y a pesar de que sabíamos que en cualquier momento alguien podría entrar por la puerta y vernos, eso solo aumentaba más mi placer.
Agotados, caímos rendidos y en la camilla, respirando agitados…yo no estaba acostumbrada a esto pero…él se acercó a mis labios y me dio un beso, pero no uno intenso, lleno de pasión y lujuria como los de Laito, porque a pesar de la conducta y forma de Subaru aquel beso había sido suave y dulce, como el toque de una pluma.
-Te amo…-susurro en mi oído tiernamente, sentí una fuerte opresión en mi pecho, jamás creí sentirme así.
Las lágrimas recorrieron mi rostro.
Perdóname Subaru-kun…pero yo…ya estoy rota.
