Capítulo 4: Una nueva amiga

Silencio. Todo el comedor quedó sumido en un incrédulo silencio. Todos pensaban que habían oído mal, o que el sombrero se había vuelto loco. Hasta Dumbledore se quedó mudo. Una hija de muggles, ¡en Slytherin! La habían llevado al matadero.

Pero ella, en lugar de asustarse, de asombrarse, o si quiera preocuparse, se quitó lentamente el sombrero-ya que también McGonnagal estaba en estado de shock-, se levantó del taburete y lo depositó cuidadosamente en él. Después, se irguió, alzó la cabeza, y con una sonrisa de satisfacción en los labios, se dirigió grácilmente hacia la mesa de Slytherin.

Mientras caminaba hacia allí, Dumbledore recuperó la compostura y se acercó al atrio. Carraspeó para recibir la atención, tanto de alumnos como de profesores-ya que todos seguían mirando a la joven con cara de sorpresa-, y comenzó a hablar:

-Un fuerte aplauso para la señorita Applewhite y su nueva casa, ¡Slytherin!

Al principio nadie salvo él aplaudió, pero rápidamente se le unieron los profesores y al fin, el comedor se sumió en unos tímidos e incrédulos aplausos. Todos los alumnos aplaudían sorprendidos, todos menos los de Slytherin, claro, que miraban a su nueva compañera con cara de situación. Demasiado impresionados todavía como para que la furia, el coraje, la vergüenza o incluso el asco pudieran haber aflorado en su interior ante aquella situación.

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Theo y Blaise tenían la mandíbula desencajada, como la mayoría de los de su casa. Y Draco… Draco la miraba con una mezcla de admiración, repugnancia y curiosidad a partes iguales.

Admiración porque debe de ser muy valiente como para querer formar parte de la casa que menos la aceptaría. Eso o que estaba realmente loca, ya que si ella realmente no hubiera querido, el sombrero nunca la hubiera puesto en Slytherin, y eso todos lo sabían.

Repugnancia porque por primera vez en la historia una asquerosa sangre sucia entraba a formar parte de SU casa, y tenía que ser justo cuando era precisamente él el Príncipe de Slytherin. Para mancillar así su paso por Hogwarts. Y eso nunca se lo perdonaría.

Y curiosidad…curiosidad porque después de todo- y eso debía reconocerlo-, no podía ser una sangre sucia normal y corriente si había entrado en Slytherin. Porque, aun sabiendo todo esto, aun teniéndole asco por ser una sangre sucia… no podía apartar la mirada de ella. Cada vez le entraban más ganas de acercarse, saber cómo huele, sentir su perfecta piel bajo sus manos, tocar su sedoso cabello castaño, probar sus carnosos labios y sentir su oscura y profunda mirada en sus ojos. Porque, sí, y esto era lo más extraño de todo, ella todavía no había recaído en su presencia. Y eso era algo imposible, porque Draco Malfoy siempre llamaba la atención, sobre todo en el sexo opuesto.

Y por todas estas cosas que esta imbécil y estúpida sangre sucia le hacía sentir Draco la odiaba, despreciaba y repugnaba todavía más, haciendo que estos sentimientos emergieran como un huracán dentro de él, opacando aquellos que esa estúpida le hacía sentir y que nunca antes creyó tener.

Y en ese momento Draco Malfoy tomó una decisión. Aquella nueva intrusa que había entrado en su terreno no se merecía ni siquiera su atención. Durante este curso tenía una tarea muy importante que cumplir, y no pensaba distraerse con otra estúpida sangre sucia que podría arruinar su vida. No. Haría como que no existía. Como si ella nunca hubiera entrado en Hogwarts. Quizás así llegue realmente a pasar inadvertida y nunca nadie se acuerde de que en Slytherin llegó a entrar alguien que no era un sangre pura. Y si todo esto no funcionaba…entonces dejaría actuar a los demás.

Después de todo, había sido ella misma la que se había metido en aquel nido de serpientes, de las cuales todas y cada una de ellas estaban dispuestas a darle el golpe de gracia cuando menos se lo esperara.

Al menos, eso era lo que él pensaba…

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Dana se sentó en una esquina de la mesa de Slytherin. Todos los que había a su alrededor se apartaron de ella, como si tuviera la peste, con el rostro torcido en una mueca de desprecio. "Mejor. No me interesa tener a esas rastreras serpientes tan cerca." Pensó con una sonrisa en los labios. Les dirigió una última mirada de superioridad y se giró hacia el director, que acababa de iniciar su partículas discurso, sintiendo a millones de ojos de serpiente clavándose en su nuca.

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-No me lo puedo creer. ¿Pero cómo es posible?- Hermione ponía todo su empeño en intentar resolver el por qué una hija de muggles había ido a parar a la casa de los elitistas sangre pura. Pero por más que buscaba, no encontraba respuestas.

El banquete había acabado y se dirigían a la Torre de Gryffindor, seguidos por la parte Gryffindor del ED, que cuchicheaban entre ellos.

-Bah, el Sombrero Seleccionador está pirado- dijo Ron, intentando restar importancia al asunto- ¿cuántos años tendrá ya? ¿Mil? ¿5 mil? – chasqueó la lengua en forma de desacuerdo- debería jubilarse ya.

-No Ronald, por muchos años que tenga, el sombrero nunca se equivoca – Hermione calló un momento, reflexionando- ha tenido que ser ella – sentenció, haciendo que sus amigos se giraran para mirarla- ¿es que no te das cuenta Harry? A ti te puso en Gryffindor porque tú se lo pediste. Y a ella la ha puesto en Slytherin porque ella se lo ha pedido.

- Pues si ha sido así como dices, esa chica está loca- dijo Ron. Hermione rodó los ojos y Harry se quedó pensativo. Si aquello era verdad, aquella chica tenía que ser verdaderamente valiente para hacer aquello. Eso o que era autista o masoquista o algo por el estilo, porque no creía que esas serpientes se quedaran quietas ante tal situación.

-Bueno- Harry habló por fin- sea como fuere, este curso tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos…

Y dicho esto, todos se internaron en la Torre de Gryffindor sumidos en un completo silencio.

Me dirigía hacia las mazmorras, después de salir del despacho de Dumbledore, cuando algo a mi izquierda me llamó la atención.

Detrás de una gran armadura de plata se encontraba una chica acorralada contra la pared, rodeada por otras tres chicas que le cerraban el paso. Todas ellas parecían de mi edad.

La chica que parecía en "apuros" era más bajita que las demás. Era muy delgada y tenía una cara pequeña y alargada de la que sobresalían unos saltones ojos azules. Su largo y ondulado pelo rubio –casi blanco-, que caía desordenadamente por sus hombros, hacía que su figura se viera más pálida aún de lo que ya era.

A pesar de que su cuerpo en tensión reflejaba que estaba un tanto incómoda, sus facciones despreocupadas y soñadoras y aquel atisbo de sonrisa hacían parecer que la cosa no iba con ella. A juzgar por su túnica y corbata azules, pude ver que se trataba de una Ravenclaw. Las otras tres chicas se mantenían de espaldas.

Pasé de largo despreocupadamente, haciéndome la loca. No me convenía tener más problemas en mi primer día en este colegio. "Después de todo, algo habrá hecho esa Ravenclaw para tener a esas tres en su contra" pensé encogiéndome de hombros.

Pero entonces escuché a una de las tres chicas que se mantenían de espaldas. La más grande y robusta:

-Por lo tanto, que no se te ocurra volver a poner uno de tus asquerosos ojos de sapo encima suya. ¿Te ha quedado claro Lunática?- pronunció esta última palabra con un tono particularmente despectivo. Tanto que no me pasó desapercibido y provocó que toda mi furia interior se desatara. Aquello me había recordado a viejos episodios de mi vida no muy agradables de recordar.

Las demás se rieron abiertamente ante este comentario.

-¡Eh! – Me había dado la vuelta y volvía con paso decidido y la cabeza alta en dirección al pequeño grupo- ¿¡Por qué no os metéis a un nargle por el culo y os largáis dando saltitos!- les dije amenazadoramente.

Sabía que mis ojos habían adquirido ese habitual brillo peligroso que aparecía cuando algo me enfurecía y hacia dudar a las personas si me querían como enemigo o no. Pero pronto me di cuenta de que a aquellas chicas sería difícil acobardarlas con una sola mirada, pues acabada de conocer- e insultar- a tres de mis nuevas compañeras de casa. Y según tenía entendido, los Slytherins eran huesos duros de roer…

Una de las tres chicas- que parecía ser la que mandaba en el grupo- salió de detrás de la gran muchachota y me miró con superioridad. Y en ese momento pude ver, con cierta curiosidad, como la chica pálida dejaba atrás su cara soñadora y despistada para concentrarse en la "conversación" que acababa de iniciar con las tres Slytherins.

-Repite eso, sangre sucia- la chica era delgada, y no mucho más alta que yo. Su pelo era corto, solo le llegaba hasta un poco más por debajo de las orejas. Era liso y negro como el carbón, y se le pegaba a la cara resaltando sus pálidas y elegantes facciones. Era guapa, eso había que reconocerlo. Pero había algo en su rostro que hacía que pareciera fría y dura como la roca, algo que te echaba para atrás antes de querer acercarte a ella.

Pero hiendo a lo más importante: me había llamado sangre sucia. Y ODIABA que me llamaran sangre sucia.

-He dicho que desaparezcáis de mi vista- contesté fieramente, acercándome más a la chica- ¿o es que acaso encima de arañas rastreras también sois sordas?

Las otras dos emitieron una exclamación de sorpresa, y la chica apretó las mandíbulas y frunció fuertemente el ceño.

-Serás hija de…- se había llevado rápidamente la mano a su varita y la alzó con rapidez. Pero yo estaba preparada y había alzado la mía al mismo tiempo.

-¡No Parkinson! ¡Déjala! – la pequeña Ravenclaw se había colocado entre esa tal Parkinson y yo y cogió a la Slytherin del brazo para que bajara la varita- todo ha sido un error. Yo…

-¿¡Cómo te atreves a tocarme asquerosa lunática!- Parkinson empujó a la chica tan fuerte que esta calló de culo al suelo. Levantó otra vez su varita, pero esta vez contra la indefensa Ravenclaw- ¡Levi…

Antes de que pudiera terminar el hechizo, levanté mi varita y apunté a Parkinson con ella.

-¡Acromántulam!- grité, y Parkinson pasó de ser una joven de 16 años a una peluda y fea araña el tamaño de un pequinés.

Sus compañeras salieron corriendo y gritando cuando la chica-araña intentó subirse a la más bajita de ellas, mientras la pequeña Ravenclaw las observaba asombrada, aún en el suelo.

-Será mejor que cierres la boca y te levantes de ahí antes de que ese tal Filch y su gato te encuentren fuera de tu casa a estas alturas de la noche- le dije, mirando por primera vez aquellos enormes ojos azules- y tengo entendido que no es muy agradable, que digamos.

Me giré y me dispuse a seguir a las dos Slytherins y la chica-araña. Pero antes de girar la esquina, la voz de la chica me detuvo.

-Gracias – dijo tímidamente- No tenías que haberte molestado.

Su voz era un vivo reflejo de lo que sus facciones mostraban. Era suave y tenía un toque despistado y soñador.

-No…no ha sido nada- contesté sorprendida, todavía de espaldas a la chica.

-Soy Luna. Luna Lovegood- se presentó. Su voz sonaba más fuerte ahora, por lo que supuse que se estaba acercando.

Así pues, me giré lentamente, hasta encontrarme de cara con aquellos extraños ojos, tan profundos como dos pozos sin fondo.

-Applewhite. Dana Applewhite.

Lovegood sonrió. Sus grandes ojos inspeccionaban mi rostro a consciencia, buscando algo que yo ignoraba.

-Sabes lo que son los nargles- soltó de repente. Y no era una pregunta. Era una afirmación. Ahora pude ver claramente la sorpresa en su rostro.

La miré con algo parecido a la comprensión. Yo también había pasado por aquello. Y sabía que no era fácil.

-Claro- respondí- ¿Y quién es el loco que no lo sabe?

Le guiñé el ojo, dejándola más sorprendida aún. Y con algo parecido a una sonrisa en mis labios, me giré. Dando por finalizada la conversación.

-Buenas noches, Dana-escuche débilmente, casi como un susurro, antes de girar la esquina.

Y casi sin poder evitarlo, una sonrisa afloró en mi rostro. Pero no una de esas muecas que tuve que aprender a hacer para mantener las apariencias, sino una de verdad. Como las que hacía mucho tiempo dirigía a las personas que me importaban. Como las que ahora solo dirigía a las personas que realmente se han merecido que importen para mí.

Rápidamente hice desaparecer esa sonrisa. No podía volver a ser débil. Se lo debía. Aunque en el fondo, sabía que con aquella extraña chica, esa sonrisa inoportuna aparecería en más de una ocasión.

Holaaa!:))

He aquí el cap 4! Que tal os ha parecido? Primeroo hemos visto la reacción interna de Draco al seber de su nueva compañera de curso…humm…no os parece raro que sienta todas esas cosas tan opuestas por un la nuevaa? Y es que ya nos lo aviso Ron: una persona no puede sentir tantas cosas a la vez, explotaría!hahahahaXDD por eso creo que Draco ha preferido pasar de todo aquello….hahahaXD Y por ultimoo: Dana ha ayudado a Luna a deshacerse de Parkinson y compañía! :OOO que pasara ahora con ella? Y porque Parkinson se estaba metiendo esta vez con Luna? Si quereis seguir descubriendoo que pasaraa….esperaad al siguiente capitulo de La Elección Acertada!:)) espero vuestros reviews!

ps: sii, me acabo de inventar un nuevo hechizoo...pero tendreis que acostumbraros porque es posible que me vaya inventando alguno que otroo!jejejejeXDD

UN BESO Y UN ABRAZO MUY MUUY FUERTE

Ahriel:))