Lo Que Quede De Mi

Capítulo 3

"No tengo nada"

El sudor empapaba su corto cabello, jadeó tratando de respirar y se dio cuenta de que había estado soñando. Hace un segundo Bobby le estaba diciendo algo, algo importante y ahora estaba en su cuarto, despertando de una horrible pesadilla y…

El cazador se sentó en la cama, miró sus manos sin señales de lucha, sin quemaduras. Era un sueño, había sido un sueño. Sam no estaba, y él hubiera preferido quemarse en el infierno a sufrir un segundo más su ausencia. Resbaló hasta el suelo sin poder contener los sollozos que atenazaban su garganta.


Castiel se alzaba justo delante de él, no se había dado cuenta que estaba ahí. Jodido plumífero que no era capaz de ayudarle a encontrar a Sam y aparecía a regodearse en su miseria.

- ¿Estás seguro que eres un ángel? Más bien pareces un buitre oliendo carroña – gruñó levantando la cabeza, tras limpiarse la cara con un gesto de rabia

- ¿Por qué me atacas? Solo trato de ayudarte – dijo tendiendo la mano para levantarlo del suelo

- Pues se te da de coña… - dijo rechazando la mano con un gesto y poniéndose de pie

- No es bueno para ti que sigas negándote a comer.

- ¿Para mí?

No sabía dónde estaba, no parecía un motel y desde luego no era el desguace, conocía la casa del viejo chatarrero como conocía su propio coche. El ángel apoyó una mano en su hombro, un gesto de consuelo que no necesitaba, porque sólo necesitaba una cosa para respirar.

- Déjame solo Cass, por favor.

- No estás solo Dean – el de la gabardina lo tomó por los hombros dándole la vuelta y mirándole fijamente – yo nunca te dejaré, yo…

- Tú ¿qué? – replicó con desgana

El beso fue tan sorpresivo que el mayor de los Winchester no atinó a rechazarlo, no le correspondió. La mano poderosa de Castiel sujetó su nuca, impidiendo al cazador, por unos segundos, rebelarse.

- ¿qué ha sido eso Cass? – no lo entendía, ¿o no quería entenderlo?

- Podría haberte obligado hace mucho tiempo Dean – respondió con dulzura el ser celestial – pude haberte reclamado sólo para mi, pero no habría sido justo, parecías estar tan seguro de esa obsesión que tu hermano y tú llamáis amor, tenías que comprender que no era posible. No lo has hecho Dean, y Sam no está y no volverá.

El rubio cogió las solapas de la gabardina y atrapó con rudeza la boca del ángel. Castiel sintió toda la furia, toda la desesperanza y toda la ironía que había en ese gesto. Porque sabía que no era una aceptación, era la prueba de que aquel hombre no podría amarle.

Lo separó de su lado mientras gruesas lágrimas brotaban de sus azules ojos. Estremecido por la necesidad de volver a sentirle cerca. Sin embargo no podía estar más lejos. La cara de Dean no mostraba ninguna expresión. Su mente estaba muy lejos tratando de encontrar algo de fuerza en los recuerdos.

- No tiene porqué ser así Dean, puedo hacerte olvidar, pídemelo y olvidarás todo el dolor, toda la miseria – aún lloraba, sabía que el cazador no olvidaría voluntariamente – Por favor Dean, a mi lado podrías tenerlo todo.

- Cuando Sammy era pequeño quería cualquier cosa que yo tuviera, la menor tontería que cayera en mis manos él la quería. Montaba tal escandalera que mi padre acababa dándole lo que fuera. Cuando se hizo mayor y le pregunté por qué nunca me dejó tener nada mío, me dijo que quería cada cosa que hubiese tocado porque era como estar conmigo cuando lo dejábamos en algún sitio mientras iba al colegio… - Su tono era lento, pausado, sin inflexiones. Su mirada se había vuelto a perder en un lugar inexistente, sus hombros se hundieron bajo un peso insoportable, su voz se quebró – la última vez que hablamos, me enseñó un cromo de José Mesa, de cuando estaba en los Indians. Me la encontré tirada en la calle Cass, ni siquiera era nada para mí, yo no me sabía ninguna estadística de béisbol y él con diez años se las sabía todas, la guardé para dársela, pero ya la había cogido de mi chaqueta. Aún la conservaba Cass, me la dio y no la encuentro… la he perdido Cass… lo he perdido… lo he perdido todo

- Aún tienes a Bobby, me tienes a mi

- No tengo nada.

LQQDM LQQDM LQQDM

Dicen que los sueños son importantes, que si no sueñas tu cerebro no funciona como debería, que acaba rayándose como un antiguo disco de vinilo después de mucho uso. Por eso Sam Winchester se obligaba a dormir todos los días de siete a ocho horas. No importaba que durante ese sueño estuviese atrapado en el peor de los infiernos con el mismísimo Lucifer.

Aunque el auténtico motivo era que durante algunos minutos volvía a ver a su hermano, a su amigo, a su amante. Porque se pusiera lo mal que se pusiera su pesadilla, siempre aparecería Dean a rescatarle a ayudarle a salir, a despertar.

Había rezado llamando a Castiel, la última conversación con Bobby le había dejado preocupado, aunque el viejo chatarrero había insistido en que su hermano estaba bien, el "¿Estás seguro de que borrar sus recuerdos es lo mejor para él?" le había hecho reflexionar.

No recordaba qué había ocurrido antes de que le devolviesen su alma, pero había visto el orgullo de Dean ante cada tontería, cada gesto, cada actitud suya. Lo había visto emocionarse hasta el llanto la primera vez que lo besó desde su regreso. Y le habían quitado eso como le habían quitado todo lo vivido en el último año y medio.

¡Cómo había sido tan estúpido! ¡Lo había dejado solo! Iba a volver con él. Según Bobby lo primero que hizo cuando volvió del infierno fue dejar que su hermano tuviese una vida "normal", pero hasta siendo un robot sin sentimientos había acabado buscándolo.

Continuará...