DISCLAIMER: todos los personajes de Robotech no me pertenecen (aún) son propiedad de Harmony Gold Corporation y todas sus empresas filiales. No es mi afán lucrar solo es una actividad de esparcimiento que solo tiene por objeto rendirle honor a mis héroes de infancia con los ojos de un adulto.
LIBRO PRIMERO: KARL
Capítulo Tercero.
Es Mentira Que El Tiempo Sana Todo.
20 de Mayo de 1993, SeaMirror, Southampton.
Los ojos de Sarah estaban enrojecidos por tanto llorar. Y aunque ya todo había terminado, su pena era algo muy difícil de controlar. Era como si ésta cayera gota a gota sobre el corazón hasta rebalsarlo… traspasando con creces aquella gracia ofrecida por Dios. En estos días le había sido imposible dormir o comer… si incluso hasta el respirar era un esfuerzo tremendo para ella.
- Debes ser fuerte Sarah.
Le dijo Donald, sosteniéndola por el brazo mientras caminaban en dirección a su casa. Ella hizo el esfuerzo por sonreírle, pero no tuvo éxito sólo consiguió que nuevas lágrimas inundaran sus mejillas. Él la miró preocupado nunca la había visto así de abatida. Y casi más por un acto reflejo que por voluntad propia, le acarició el rostro de modo protector. A lo que ella reaccionó con un leve sollozo, mientras refugiaba su cabeza en su hombro. Y le presionaba con más fuerza el brazo que la sostenía.
- Pediré unos días Sarah, no te dejaré sola.
Ella se limitó a consentir, ya casi no se sentía con fuerzas para nada. Apretó sus ojos pesadamente tratando de alejar la idea de que su padre ya no existía más. Un cúmulo de horribles sensaciones y culpas la recorrían castigándola duramente. Porque aunque era verdad que desde la adolescencia la relación entre padre e hija comenzó a distanciarse, hasta llegar a un punto en que entre ellos dos no existía nada más que una fría y distante cordialidad, también era cierto que ella lo quería muchísimo y fuese como fuese su relación él siempre la acompañó en cada evento importante de su vida. Sarah mordió con fuerza sus labios recriminándose que ella no haya sido capaz de acercársele en todos estos años, simplemente lo abandonó al olvido. Ya poco importaba quien tenía la culpa de este alejamiento. Lo único importante es que él ya no estaba y lo que es peor no pudo reconciliarse con él. Lo que sería una culpa que arrastraría hasta el último de sus días.
- Bienvenidos a casa, señor… señora. Tengan la bondad.
Les dijo Meriedith, a la vez que les abría la puerta de entrada de la casa. Sarah apenas levantó la cabeza para saludar. Luego la giró ligeramente para atrás, comprobando que Esther y su marido venían con ellos.- fue una fortuna que pudiera comunicarme con ellos y avisarles de papá.- Pensó Sarah al recordar cómo esa fatídica madrugada Richard la llamó, avisándole que el padre de ambos se había internado producto de un infarto al miocardio. Ella desde el momento que recibió esa llamada tuvo la certeza absoluta que su padre no sobreviviría. Y dentro de toda la desesperación que la invadió, atinó a comunicarse con Esther, que al parecer tuvo exactamente la misma convicción que ella.- eres demasiado cruel Richard.- Se dijo para sí apretando los labios al rememorar como este la increpó por haber traído a Esther.
- Tu casa siempre es tan agradable.- le dijo su hermana una vez que ya estaban dentro de la sala.- Es tan grato, el calor de hogar que siempre este lugar emana.
- Muchas gracias, pero tomen asiento por favor.- le respondió a la vez que ella misma se sentaba. Y dirigiendo su mirada a Donald, que parado a su lado aún le sostenía la mano.- Querido ¿Nos acompañaras a cenar?
- Por supuesto, sólo debo realizar un par de llamadas para coordinar unos cuantos asuntos pendientes con la comandancia. Por lo que me retiraré a mi despacho.- besando la mano de su mujer y dirigiéndose a los invitados.- Quedan en su casa.
Y se dio la media vuelta con ese aire marcial tan propio de él y que nunca le abandonaba, dejando a sus invitados y a Sarah en la sala. Esta última lo quedó mirando con una tímida sonrisa en su rostro. Desde el nacimiento de Elizabeth no se mostraba tan solicito para con ella.- al parecer si me amas… a tu manera… pero me amas.- Pensó para sí con una tibia alegría en su corazón.
- Siempre me pregunté qué le habías visto a Donald… lo encontraba tan frio y serio.- Le dijo Esther con un suave tono de picardía.- Pero ya voy comenzando a entender que es lo qué te flechó de él.
- Ah ¿Qué decías?- le respondió distraída y con una poco disimulada expresión de ensoñación. Pero sacudiendo rápidamente su cabeza se dirigió al matrimonio.- Insisto en que deberían quedarse a alojar esta noche. Se les hará muy tarde y es una considerable distancia a cruzar.
- Muchas gracias Sarah, pero no podemos aceptar.- intervino Benjamín.- Mañana debemos trabajar.
- Además a nuestro pequeño lo dejamos en la casa de unos amigos. Y te mueres cuánto lo extraño… no soporto un día más lejos de él.
- Debiste dejarlo aquí… te he dicho ya tantas veces que me gustaría que tu hijo compartiera con Elizabeth y Scott.
Sarah cortó su frase a la mitad y se giró rápidamente sobre sus hombros al sentir como unos livianos pasitos corrían hacia ella. A lo que la mujer inconscientemente dejó que una esplendida sonrisa se dibujara en su rostro, mientras recibía a su pequeña hija, que dichosa se arrojó a sus brazos. Que entre risas y exclamaciones le decía repetidamente qué feliz estaba de tenerla en casa nuevamente. Luego de un instante Sarah acomodó a su niña y la instó para que saludase a sus invitados. Ella con una impecable pose se inclina a sus tíos con tal formalidad, que los deja sorprendidos.
- Estás muy grande Elizabeth.- le contesto Benjamín.- Y cada día más linda.
Esto provoca que la pequeña se sonroje y agache su cabeza.
- Pero es verdad querida, que no te apene.- le ratificó Esther, que mirando a su hermana agrega.- Pero Sarah es increíble, esta niñita esta cada día más parecida a ti.
- Elizabeth tus tíos te están dando un halago… ¿Qué debes decir pequeña?- le inquirió Sarah a la niña, que con mucho pudor sólo acierta a dar un tímido agradecimiento.- Eso pequeña, muy bien así se hace.- mirando para todos lados.- Y… ¿Dónde está tu tía Betty? que no ha venido a saludarnos.
- Está en la pieza de Scott haciéndole curaciones.- con su rostro muy serio.- Él y Karl se cayeron de la punta de uno de los manzanos del jardín central. Yo los vi caer… iban de una en una rama tratando de sostenerse…fue como esas películas en cámara lenta mamá.
- ¡Blimey!- exclamo Sarah espantada.- Pero se encuentran bien verdad. Como estos niños pueden hacer tantas locuras.
- Es que Scott le apostó a Karl, que si se subía al manzano podría ver desde ahí Little Priors. Karl le dijo que estaban muy lejos y que no podría verse… se pusieron a discutir muy feo. Yo les decía que la vieja torre no les dejaría ver nada pero no me hicieron caso.- en casi un susurro de voz.- Nunca lo hacen mamá… y se subieron no más. Luego vi como las ramas se quebraban y cayeron los dos al suelo.
- Creo que hice muy bien en dejar a mi hijo en Manchester.- intervino Esther con la primera sonrisa que esbozaba en días.- Es pequeño, pero con una fortaleza que te quedarías sin palabras. Creo que si juntamos a estos primos no quedaría un ladrillo en su lugar en todo SeaMirror.
Sarah intentó sonreír pero su espíritu estaba tan quebrado y débil que inconscientemente sus ojos la traicionaron derramando nuevas lágrimas por su rostro. Elizabeth se alarmó al ver a su mamá así y con una inocencia tan propia de sus años le tomó las manos y le dijo dulcemente:
- Pero mamá no estés triste, Scott y Karl están bien. Tía Betty dijo que únicamente fueron magullones.
- Lo sé mi pequeña.- haciendo un esfuerzo sobre humano se obliga a sonreír.- Ahora sé buena niña, ve donde tu papá y avísale que cenaremos en unos minutos más… no queremos que tus tíos se retrasen en su viaje.- besándole la mejilla.- Ahora ve.
La niña movió afirmativamente la cabeza y luego de despedirse de sus tíos, salió de la sala caminando lentamente. Cualquier niño de su edad hubiese salido corriendo alocadamente. Pero Elizabeth era diferente, sus maneras eran siempre reposadas con ademanes tan sutiles que parecían etéreos. Además tenía un refinamiento innato que se reflejaba en su impecable forma de hablar y sus modales perfectos. Todas las personas cuando recién la conocían les resultaba imposible creer que fuera una niña de tan solo de cuatro años. Si más parecía un adulto encerrado en ese pequeño cuerpo.
Pero por otro lado su personalidad era extremadamente retraída. Esto ya le había ocasionado más de un problema en la interacción con sus pares, quienes no entendían su timidez y la acusaban de fría, indiferente y orgullosa. Sarah se preocupó mucho por este comportamiento, pero Donald le restó importancia diciéndole que sólo era una etapa y que los años se encargarían de corregir está conducta.
- Hola Lizzie… ¿A dónde vas?
Elizabeth que ya iba llegando a donde estaba la escala principal de la casa se giró lentamente hacia su interlocutor, haciendo que sus cabellos castaños floten graciosamente en el aire. Y encontrándose finalmente con el rostro de Karl que muy sonriente la observa.
- Hola Karl.- viéndole el raspón en su frente y los parches en rodillas y codos.- ¿Te duele mucho?
- Sólo un poco… más me dolió el yodo y ese alcohol que usa tía Betty.- con expresión traviesa.- Pero peor le fue a Scott.
La niña rio quedamente.
- Pero ¿A dónde ibas Lizzie?
- Ups.- exclamó recordando el encargo de su madre.- Debo ir donde papá ¿Me acompañas?
- Este no… quiero esperar a Scott… tía Betty me pidió que saliera, dijo que tenía que hablar seriamente con él.- un dejo de decepción se vio en rostro de la niña.- Pero nos veremos en la cena
- ¿Te quedaras a cenar?
- Hoy dormiré acá, mis papás se quedaron atascados en Londres.
- ¡Qué buena noticia!
Exclamó con sincera alegría la niña, pero sin perder más tiempo se encaminó hacia el despacho y a la vez que se despedía de Karl, le volvía a repetir que estaba feliz que se quedara a alojar esta noche con ellos. El trayecto no fue mucho más largo hasta que se encontró con las enormes puertas de ébano que daban a la oficina de su padre. Elizabeth acercó su nariz a la abertura que quedaba entre la unión de ambas puertas y aspiró con fuerza el sutil aroma a tabaco que se colaba por ellas. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, esta era la señal inequívoca que su padre se encontraba en casa.
Suavemente empujó las puertas y se deslizó silenciosamente hacia el interior, donde pudo ver la majestuosa figura de su padre tras el escritorio. Tenía en una mano el teléfono y en la otra sostenía su tradicional cigarro apoyado en un cenicero atiborrado de colillas, hablaba fuerte de temas que resultaban incompresibles para ella. Sólo tenía la certeza que él no se había percatado de su presencia, por lo que siguió avanzando hasta llegar al borde del escritorio. Y poniéndose en puntillas de pies pudo asomar sus ojos y observar curiosa la cubierta de la mesa.
- No me sirven las excusas Henry, te quiero aquí en los próximos días con los informes que te encargué.- habló tajante por el teléfono Donald que justo en el momento en que se dio vuelta a apagar su cigarrillo pudo notar por el rabillo del ojo, que su pequeña hija estaba escondida tras el escritorio.- Bueno te espero por acá Henry y más vale que esos informes traigan buenas noticias… ahora tengo cosas que atender.
Y luego de cortar el teléfono exclamo:
- Ya sé que estas ahí Elizabeth.
A lo que la pequeña niña salió de su escondite y soltando una suave risa traviesa lo quedó mirando con sus grandes ojos verdes. Donald con el corazón derretido le abrió los brazos y su niña se lanzó feliz llenando de sonrisas y risas el despacho mientras su padre la lanzaba por los aires.
El rudo oficial de la Royal Navy, disfrutaba enormemente estos momentos que podía tener con su hija. Cuando estaba así con ella, sentía que todo su trabajo valía la pena. Llegar a casa después de una larga jornada y sentir su risa era algo que se había vuelto para él una necesidad. Y aunque Sarah se quejaba de que la consentía demasiado, él no se complicaba, era su pequeña princesa y mientras pudiese, le daría todo lo que estuviese a su alcance.
- Qué haces aquí pequeña traviesa.- le dijo acomodándola en sus piernas.- Ya sabes que a tu madre no le gusta que entres cuando estoy fumando.
- Es que ella me pidió que viniera a buscarte, por que servirán la cena más temprano.
- El semblante de la niña se ensombreció al decir estas palabras. Lo que despertó las alarmas en Donald.
- ¿Hay algo que te inquieta pequeña?
- Mmmm sí.- mirando preocupada a su padre.- ¿Por qué mamá esta tan triste? ya no sonríe y llora mucho.
- Es verdad tu madre está muy triste.- pasándose la mano por el mentón y preguntándose si sería conveniente ser él quien tratara este tema.- Y es porque ha recibido muy tristes noticias.
- ¿Tristes noticias?
- Sí Elizabeth.- decidiéndose finalmente.- Fueron noticias sobre tu abuelo.- tragando saliva y buscando el lenguaje adecuado.- Él se encontraba muy cansado… su corazón ya había trabajado mucho y aunque su vida había sido muy buena, decidió que era tiempo de descansar y reunirse con tu abuela.
- ¿El abuelo murió?- le preguntó con sus ojos cristalizados.
- Él movió afirmativamente su cabeza a la vez que la rodeaba con sus brazos y le contenía las lágrimas que escapaban profusas de sus pupilas.
- Pero no debes ponerte triste, él está en un lugar mucho mejor… más feliz y tranquilo. Y junto a tu abuela ahora cuidarán de ti desde el cielo.
- Pero no entiendo papá.- le dijo la niña entre lágrimas.- Si el abuelo ahora esta tan bien… ¿Por qué mamá sigue triste?
- Bueno… la pena es algo inevitable. Las despedidas son siempre dolorosas y aunque tu mamá sabe que él está bien… aun así lo va extrañar.- suspirando con nostalgia.- Es la ley de la vida así como todos nacemos, también todos moriremos algún día.
- Papá.- con una expresión de miedo en su rostro.- ¿Tú también te vas a morir?
- Pues sí… no soy distinto a las demás personas y como tal algún día también moriré.
Elizabeth abrazó a su padre con fuerza y con sentidos y lastimeros sollozos se negó a aceptar esta realidad que su padre le había revelado. Él por su parte no hallaba la forma de poder darle consuelo a su hija que repetía incansablemente que no quería que él se muera.
- Tienes que calmarte.- acariciándole el cabello.- Morir es sólo un cambio de estado, cuando crezcas podrás entenderlo mejor.- pero ella seguía inconsolable.- Elizabeth calma que aún yo no pienso morirme… mi corazón es mucho más fuerte que el de tu abuelo y pienso vivir muchísimo más años que él.
- ¿De veras papá?- levantando intempestivamente su cabeza.- Me prometes que vivirás mucho mas años que el abuelo.
- Te lo prometo.- le respondió con un nudo en el estómago.
- Y me prometes también que te despedirás de mí antes de que te mueras… no te marcharas sin avisarme así como lo hizo el abuelo.
El hombre asiente con fuerza. Y antes de que se diera cuenta tenía a su hija colgada de su cuello besándolo efusivamente en la mejilla. Y aunque Donald se veía contento por fuera, sus ojos delataban lo triste que éste se encontraba. Y todo por hacerle una promesa a su hija que difícilmente podría cumplir. Él, como oficial de la Royal Navy, sabía que en cualquier momento podía ser llamado a cubrir Medio Oriente, África o cualquier zona que estuviese en conflicto.- lo siento Elizabeth.- Se dijo con profundo dolor, entendiendo que como Scott, ella en cualquier momento podría quedarse sin padre.
22 de Mayo de 1993, Hospital de Valley Falls, Kansas.
Roy estaba sentado en las escalinatas de la entrada del hospital, no había querido ingresar, estos lugares lo ponían incomodo; ya que muchos recuerdos tristes venían a su memoria. Y mientras estiraba sus largas piernas que recorrían casi tres peldaños, una torcida sonrisa se asomaba por su rostro.- hoy fue mi primera vez manejado por la ciudad.- Se repitió para sí orgulloso. Y es que tal proeza no era menor para un chico de solo trece años de edad, que le tocó manejar la destartalada camioneta de Pops, que venía sentado a su lado gritándole como un demonio, mientras sostenía a Joyce entre sus brazos que respiraba cada vez más agitada a la vez que su abultado vientre subía y bajaba con violencia.
El jovencito echó su cabeza hacia atrás y resopló cansado, haciendo volar sus rubios mechones de pelo. La excesiva adrenalina de conducir como enajenados por las calles de Valley Falls producto del prematuro nacimiento del hijo de Pops y Joyce. Lo había dejado en ese estado de letargo en el que ahora se encontraba. Inesperadamente esa extraña sensación de vacío en su pecho volvió a sobrecogerlo. La llegada de este nuevo bebé lo llenaba de miedos y dudas… Pensaba que quizás con un hijo propio ellos se olvidarían de él y sería dejado de lado. Sacudió su cabeza con violencia y se puso de pie alejando esas siniestras ideas de su cabeza.- no debo tener miedo… ellos me quieren mucho.- Se repitió en silencio. Y es que en verdad él recibía muestras diarias de ello. El afecto y atenciones que le prodigaba el matrimonio Hunter era algo que sólo le podrían brindar si lo considerasen su propio hijo. Respiró con calma debía mantenerse tranquilo, la llegada de este bebé solo aumentaría el número de integrantes de su familia. Porque él hace ya tiempo se sentía parte de los Hunter. Estas reflexiones lo calmaban de cierta manera pero no lograban del todo disipar las dudas que enturbiaban su corazón.
- ¡ES UN VARÓN!
Fue el estruendoso grito que Pops lanzó apenas abrió la puerta de ingreso al hospital. Haciendo que la gente de la calle se detuviera a observar la jubilosa declaración del portentoso piloto. Roy sobresaltado corrió a su encuentro.- ¿Ya nació?- Le pregunto inocentemente, a lo que Pops lo quedó mirando como si no entendiera el idioma que el chico hablaba. Y en un movimiento impulsivo lo abrazó con tanta efusividad que consiguió que este despegara sus pies del suelo.
- Claro que sí muchacho… tu hermano ha nacido.
- ¿Mi hermano?- repitió Roy, pestañeando rápidamente.
- Pues claro.- dejando al chico en el suelo.- Qué otra cosa puede ser mi hijo sino tu hermano.
El niño sonrió con cierto pudor, asimilando las palabras que Pops acababa de decirle. Y sintió como una profunda alegría lo invadía por completo. Qué estúpido fue al pensar que la llegada de su hermano sería una amenaza para él. Y de una barrida todas esas dudas que lo atormentaban desaparecieron completamente de su corazón.
- Así que ahora por fin me dejarás en paz con tus prácticas de futbol americano… Rick será tu nuevo compañero de juegos.
- ¿Rick?
- Sí Roy.- con un tono inusual de solemnidad.- Hemos decidido con Joyce llamarlo Richard en honor a tu padre… él era nuestro mejor amigo, le debemos mucho y es de justicia que nuestro hijo lleve su nombre.
El chiquillo quedó mirando al gran vikingo sin saber que decir. Y es qué le fue imposible poder responderle algo. Su corta edad e inexperiencia le hacían difícil el poder verbalizar lo que estaba sintiendo en esos momentos. Era algo demasiado abrumador y potente, iba a agachar su cabeza no quería que Pops se burlara de sus lágrimas. Pero súbitamente algo en la mirada de Pops llamó poderosamente su atención provocándole un inusitado ataque de risa.
- Pops tienes los ojos rojos… ¡Estuviste llorando!- en tono burlesco.- ¡Estuviste llorando!
- Que… qué dices.- refregándose los ojos.- Los hombres no lloran o al menos los hombres de verdad.- y tomando una postura que lo hizo ver mucho más imponente de lo habitual. Y cruzando sus brazos en el pecho y su rostro totalmente serio le dejó en claro a Roy que la broma había pasado.- Bueno muchacho es tiempo que conozcas a tu hermano, acompáñame.
Roy siguió calladamente al piloto. En su mente aún daban vueltas las palabras de Pops y saboreaba con alegría el término hermano. Era todo esto tan nuevo para él, se preguntaba cómo sería el compartir con su hermano y cómo debía comportarse con él. Miró de reojo al vikingo y se preguntó si Rick seria igual que él.- será un bebe gigante y súper poderoso.- Concluyó, analizando la situación.
- Con Rick ahora en casa, Joyce no podrá volver a trabajar en la cafetería.- habló de repente Pops.- Por lo que deberemos hacer un pequeño esfuerzo todos nosotros.- el niño asintió.- Vas a acompañarme a las ferias desde ahora. Así podremos sumar otro número al espectáculo y cobrar más caro por presentación.- deteniendo en seco su andar.- ¿Estás de acuerdo Roy?
- ¡Por supuesto! Volar es lo que más quiero en la vida.- con la mirada febril de emoción.
- Bien muchacho bien.- desordenándole la cabellera.- Coordinaremos lo de tu escuela, no quiero que pierdas clases… ah y ni una palabra a Joyce… tú sabes que ella no es muy partidaria de esto y no quiero que se agite en estos momentos.
- Sí Pops.
Respondió en forma automática el chico que ya imaginaba las aventuras que viviría saliendo junto a Pops. Pero lo que más lo emocionaba era saber que podría volar. Al fin tendría la oportunidad de poner en práctica todo lo que ha aprendido durante estos años.
Sus ensoñaciones eran tan profundas que ni siquiera se percató que habían entrado a la sala de maternidad. Este lugar era un largo pasillo lleno de mujeres con bebés en sus brazos. Algunos estaban durmiendo, otros estaban siendo amamantados. Esto último ruborizó al muchacho que rápidamente miró hacia otro lado. Donde justo estaba Joyce sonriéndole con una visible expresión de cansancio.
- Roy, mi niño… qué bueno que estas aquí. Me tenías tan preocupada, necesitaba saber cómo estabas.- con un reproche mira a Pops.- Hacerte manejar y en esas condiciones…
- No te preocupes Joyce… yo estoy bien.
- Fuiste muy, pero muy valiente.- le dijo con extrema ternura.- Eres mi héroe… mi querido niño.
- Hablas en serio Joyce.- le dijo el niño mirándola con su torcida sonrisa y un poco de rubor en su rostro.- Sólo hice lo que cualquier hombre haría.
La mujer miró a su marido sabiendo que esas ideas que tenía el niño, él las había implantado en su cabeza. Y aunque no compartía el excesivo machismo que Pops le entregaba en sus enseñanzas si debía reconocerle que estaba haciendo de Roy un muchacho íntegro y de bien.
- ¿Y dónde está Rick?- dijo el chico mirando para todos lados.
- Aquí, mira ven acércate.- le respondió la mujer que le mostró una pequeña cuna de hospital que tenía a su lado.- Se quedó dormido, por eso la enfermera lo dejó aquí.
Roy caminó con cierta cautela. Pero el poco delicado empujón que Pops le dio, lo puso en un tris frente al bebé que dormía plácidamente. Sonrió de forma espontánea y miró en dirección a los Hunter. Al parecer la familia al fin estaba completa. Posó nuevamente los ojos en el bebé y aunque era bastante más pequeño a como se lo imaginaba, encontró que él era simplemente perfecto.
- Como sólo tenía siete meses de gestación se ve más pequeño de lo normal… pero ya crecerá.- le dijo Pops, como si adivinara sus pensamientos.
- ¿Ah sí?
Contestó Roy bastante desatento. Estaba más pendiente en poder tocar al pequeño Rick sin despertarlo que en esas explicaciones referentes a su tamaño. Y antes de que sus dedos pudieran siquiera rozar al bebé esté abrió sus ojos pareciendo que los fijaba directamente en el muchachito. Roy se asustó ante este inesperado movimiento pero luego lo quedó mirando y notó que sus ojos eran idénticos a los de Joyce. Antes de que él pudiera comentar esta situación, el bebé se aferró firmemente al dedo del niño. Que nervioso miró a Pops no sabiendo qué hacer.
- Contesta muchacho, no ves que tu hermano te esta saludando.- dijo Pops soltando una fuerte carcajada.
25 de Mayo de 1993, SeaMirror. Southampton.
- Elizabeth no te levantaras de ese puesto hasta que te bebas por completo tu leche.
Le ordenó Sarah en forma tajante a su pequeña hija que la observaba con los ojos llorosos pero decididos en no obedecerle. Donald Hayes que ingresaba en ese momento al comedor de diario resopló contrariado al ver a su esposa nuevamente lidiando con el desayuno de su hija. Y es que ésta escena se repetía día con día, fastidiándole de sobremanera las mañanas que eran para él un instante sagrado, ya que eran las únicas horas en que él podía disfrutar de cierta paz y no ser interrumpido por su trabajo. Por lo mismo él había celebrado con entusiasmo que su mujer hubiera decidido trasladar el comedor de diario a la cocina de la casa. Nada mejor que la intimidad y tranquilidad que daba el calor de la lumbre sumado a la comodidad de tener todas las cosas a la mano para comenzar un día lleno de actividades y de paso darle un alivio al excesivo protocolo en el que sus vidas a veces se veían envueltas.
Por eso mientras tomaba asiento Donald decidió que hoy se le pondría término a este tormentoso ritual al que Elizabeth los estaba sometiendo cada desayuno.
- ¿Por qué no obedeces a tu madre?
Sarah se puso en guardia, conocía perfectamente lo que esa expresión significaba en su marido por lo que trató de intervenir a favor de su hija. Pero el oficial la cortó en seco dándole a entender que sólo él se haría cargo del problema. Y mirando severamente a su hija repitió la pregunta.
- No me gusta la leche papá.- le respondió la niña que aunque nerviosa le mantenía estoicamente la mirada.
- Eres demasiado caprichosa para ser una niña tan pequeña.
- No… no es capricho papá.- se apresuró en contestarle con el ceño fruncido.
- Y qué razón o argumento de peso puedes tener para justificar este comportamiento.
- Me da asco.- le respondió bajando la mirada.
- Esa no es una razón válida.
- Claro que sí, acaso papá no sabes de qué parte de la vaca sacan la leche... esta casi al lado de donde defecan.- le argumentó con una colorida expresión de repugnancia. A la cual Sarah apenas pudo contener la risa.- Además tomar leche no está bien… sabías que somos la única especie que toma leche de otra especie.
Los ojos de Donald se expandieron cuales platos, no era la primera vez que su hija salía con ese tipo de respuestas tan elaboradas. Carraspeo en varias ocasiones tratando de asimilar lo que ella le había dicho, pero no encontró ningún argumentó valido para poder desacreditar su posición. Miró a Sarah que seguía tratando de contener la risa y en sus ojos pudo ver la advertencia que ella le hiciera hace un tiempo sobre que adelantarle tanto el tema de los estudios y la lectura no sería del todo conveniente.
- De donde sacaste semejante idea.- le espetó Donald que no dejaba de salir de su asombro.
- Karl me lo leyó de una de sus revistas científicas papá.
Donald comenzó a refunfuñar por lo bajo. Seguramente ese mocoso era el culpable de la pataleta de su hija.- qué se habrá creído este Karl… metiendo ideas extraña en la cabeza de mi Elizabeth.- Masculló por lo bajo, mientras su mujer le tomaba la mano rogándole en silencio que por favor se calmara. Él cuando vio en el rostro de Sarah la aflicción que esta sentía, se obligó a respirar profundo y controlar su mal humor.
- Muy bien Elizabeth.- la miró con el seño fruncido.- Sólo te daré dos alternativas leche o yogurt.
La niña parpadeo rápidamente, era esta una decisión difícil ya que ninguna de las dos era de su agrado. Pero la pequeña era inteligente y mirándolo con sus brillantes ojos verdes, supo perfectamente que esto era lo máximo que podría conseguir de su padre.
- Prefiero el yogurt.
- Perfecto.- puntualizó satisfecho.- Desde mañana toda tu leche será reemplazada por yogurt… pero.- endureciendo cada una de sus facciones.- No permitiré otro berrinche así Elizabeth. La próxima vez no tendré tantas consideraciones.
- No fue un berrinche papá.
Contestó la pequeña sin un atisbo de temor en su voz. Sino al contrario se podría decir que había hasta cierto desafío en ella. Lo que Donald no pasó por alto y dispuesto a corregir ese comportamiento iba a contestarle cuando Sarah intervino.
- Cariño ya fue mucho por hoy… mejor deja todo ahí y sal donde tu primo a jugar ¿Verdad amor?- mirando suplicante a su marido, que asintió malhumorado.- Pero recuerda que a las once en punto comienza nuestra lección de piano.
La niña miró a su padre nuevamente y al comprobar que él también consiente. Pidió permiso y se levantó de la mesa victoriosa, rumbo al jardín donde se encontraban los chicos.
- Es demasiado voluntariosa y con mucho carácter para ser tan pequeña… eso no me gusta Sarah.
- Me pregunto de dónde lo habrá sacado.- le respondió en una lenta sonrisa.
- Vaya querida encuentro un tanto injusto acarrear con toda la responsabilidad.- sonriéndole de la misma manera.- Tus genes también han aportado lo suyo. No digamos que tu carácter es del tipo pasivo.
- Pues tienes toda la razón amor… la suavidad y dulzura de mi genio es una característica que te dedico única y exclusivamente a ti.
Él la tomó de la mano y se la besó con ternura. Estos gestos se estaban haciendo más habituales entre ambos. Lo que llenaba lentamente de alegría a Sarah haciéndola sentir cada vez más segura de que él estaba con ella porque la amaba y no porque fuera su mejor opción.
- Señor.- interrumpió Meriedith.- El Capitán Global ha llegado ¿Le digo que lo espere?
Donald iba a replicar que no, que lo atendería de inmediato… pero hubo algo que lo hizo contenerse. Algo tan sutil como fugaz, y que solo él que conocía tan bien a su mujer pudo percibirlo. ¿Fue un pequeño temblor de nervios que vio en ella? A qué se debería ese estremecimiento que vio en sus labios y sintió en la mano que aún le sostenía.
- Sí dígale que en unos minutos estaré con él. Mientras llévelo a mi despecho y ofrézcale algo.
- Señor si me permite decirlo, en estos momentos el capitán se encuentra animadamente conversando con la señora Betty, sería una lástima interrumpirlos.
El rostro del oficial se relajó visiblemente.- quizás solo sea eso.- Pensó, a la vez que con un gesto le señalaba a Meriedith que estaba de acuerdo con su solicitud.
- Sabes no me había percatado lo solicita que es Betty con Henry. Cada vez que viene a casa ella no se despega de su lado… ¿Tú crees que ella pueda tener algún interés en él?
Sarah casi se atraganta con su taza de té al oír las palabras de su marido. Ella sabía perfectamente cuál era el interés de Betty por estar cerca del ruso. Y aunque ella jamás le preguntó nada, existía un pacto tácito entre ellas de mantener al ex oficial soviético lo más lejos posible.
- ¿Tanto te molesta la idea que Betty pueda rehacer su vida Sarah?
- No es eso querido.- obligándose a sonar relajada.- Es sólo que cada vez que creo que te conozco por completo siempre sales con algo que me sorprende.- sonriéndole traviesamente.- Jamás pensé que dentro del cúmulo de cualidades que reúnes estaba también la de casamentero.
Donald rió de buena gana ante el comentario de su mujer. Pero ésta aunque reía junto a él, se mantenía en guardia hecha un atado de nervios. Sabía perfectamente que debía hablar con su marido respecto a Global, antes de que la situación pudiera malinterpretarse. Pero interiormente ella se negaba a hacerlo, finalmente estaba consiguiendo llegar a un punto en la relación con Donald en que se sentía segura y querida por él. Contarle podría alejarlo. No sería capaz de entender su pasado. Él era tan estricto que estaba segura que si él hubiese conocido este hecho antes, simplemente no se hubiese casado con ella.- si lo supieras ¿Qué pensarías de mí?- Era una pregunta que se hacía constantemente, sin saber que hacer al respecto.
- ¿Me acompañarías a recibir a Henry?
Ella asintió suavemente y sin que él se lo ofreciera ella se colgó firmemente de su brazo. Donald sonrió complacido siempre le ha gustado el que ella busque de una u otra forma su refugio. Se quedó un instante contemplándola, definitivamente Sarah había sido todo un hallazgo en su vida. Era la más perfecta amiga y compañera, apoyaba con ahincó y pasión todas las empresas que él emprendía, sus consejos eran siempre precisos y atinados. Tanto así que ya se había hecho habitual en él consultarle su parecer… Y con el tiempo ella además…
- Sabes querida, estos días en casa me han hecho darme cuenta que hace ya muchísimo tiempo que no tomo vacaciones.- mirándola fijamente.- Estoy tratando de solucionar unos pendientes pero si todo sale bien podría disponer de un mes ¿Te agrada la idea?
- ¡Pero por supuesto! Es una idea maravillosa.- le contestó con el rostro desbordando felicidad.
- Sí, quiero aprovechar de pasar tiempo con Elizabeth y también con Scott. Creo que he descuidado un poco mi rol en esta casa y te he dejado muy sola.
- Yo sé que tu trabajo es difícil y muy demandante amor.
- Eso no es excusa.- dijo tajante.- A parte también necesitamos un tiempo para nosotros.
La respuesta de ella se quedó en el aire, el trayecto ya se había terminado y podían ver como Global y Betty se ponían de pie para recibirlos. La inglesa abandonó su expresión de profunda alegría que le había provocado las palabras de su marido reemplazándolas por una de intensa sorpresa al ver que el ruso tenía un gran hematoma en su frente. Que aunque trataba de disimularlo era imposible que éste pasara desapercibido.
- ¡Blimey! Que te ocurrió Bruno.
- No es nada.- tratando de esbozar una sonrisa.- Creo que me crucé en medio de una misión comando y un misil se estrelló en mi cara.
Donald lejos de molestarse soltó una gran y sonora carcajada. Y palmoteando con fuerza el hombro de su compañero de armas, no pudo evitar burlarse.
- Quien lo diría. Un experimentado oficial como tú fue sorprendido por el ataque de unos niños.
- Es que los años no pasan en vano y las nuevas generaciones nos pisan los talones.- riendo también.- Fueron muy eficientes ni siquiera pude rescatar a la rehén.
Como el matrimonio no entendía a lo que se refería, Betty intervino.
- Lisa es el rehén y Scott y Karl son los encargados de rescatarla. Si no me equivoco el escenario es ahora la selva amazónica.
- ¡Ay no!- exclamó Sarah.- Mi pequeña se pasará horas amarrada a un árbol esperando que la rescaten. Mejor iré donde ella y comenzaremos de inmediato con su lección de piano.- mirando a su concuñada.- ¿Me acompañas Betty?
Y salió en dirección al jardín. Betty que se disculpó con los hombres salió tras ella indicándole que los niños estaban por el otro lado.
Donald por su parte quedó observando a Global. Su precepción de hace un instante, la pudo ahora confirmar definitivamente. A Sarah no le era grata la presencia de Henry, pero cuál sería la causa de ello, se preguntaba. Su mujer era la persona menos prejuiciosa que él conocía. Ésta característica incluso le había acarreado más de una complicación. Pero si no era por prejuicios, cuál sería la causa de este rechazo. Él tenía perfectamente claro que nada sacaría preguntándoselo directamente a ella, sabía que Sarah le tenía ciertas reservas y cuando no quería compartir con él algo por voluntad propia no existía manera en que él pudiera indagarlas. Suspiró algo molesto y notó que el ruso aún permanecía mirando en dirección hacia las dos mujeres.- quizás sólo sean celos.- Divagó y una idea cruzo intempestivamente por su cabeza.
- Henry dime qué tipo de interés tienes tú en Betty.
El ruso se gira violentamente hacia Donald dejando caer su pipa de las manos y con los ojos muy abiertos le exclama:
- ¡Qué estás diciendo!
28 de Mayo de 1993, Biblioteca Nacional, Beijing.
- Zor ahora quiero que observes esto muy bien.- le dijo Anzor el menor de los tres maestros rusos, que abriendo una caja, deslumbra al muchacho con la belleza de las distintas gemas que ésta contenía.- Hay aquí once amatistas, nueve aguamarinas, dieciocho cuarzos, quince ojos de tigre, catorce ámbares y diez zafiros.
- Son hermosos maestro.
- Obsérvalas bien, quiero que las memorices todas.- el chico lo miró concentrado y asintió.- Muy bien entonces dime cuántas gemas hay.- le preguntó mientras cerraba la caja.
- A ver.- cerrando los ojos.- Nueve aguamarinas, dieciocho cuarzos, once amatistas, quince ojos de tigre, catorce ámbares y diez zafiros.- finalizó con una sonrisa.
Anzor guardó profundo silencio por varios minutos, dejando intrigado al niño que lo observaba sin entender su comportamiento. Luego de un rato el hombre tomó la caja y abriéndola le ordenó al niño que sacara los ojos de tigre y que los contara.
- Está bien.- y tomándolas de una a una comenzó a contarlas. Cuando terminó, su expresión era una mezcla de sorpresa y molestia.- Maestro hay catorce ojos de tigre ¡Pero usted me dijo que eran quince!
- Es verdad Zor, pero también te dije que observaras bien.
El niño lo miró ofuscado, había tenido que trabajar muy duro para poder desarrollar su memoria fotográfica. Y ahora que siente que ha podido dominarla, su maestro descaradamente le hace trampa. Y es que con los maestros es siempre lo mismo. En todos sus ejercicios ya sea en los de deducción, de lógica o estrategia había escondida alguna trampa. Pero en todo caso no podía negar que estas actividades eran mucho más entretenidas que las otras clases más tradicionales como las de algebra o historia.
- Zor hoy has aprendido una lección importante… sólo puedes confiar en lo que tus sentidos te revelan y no en lo que las personas te dicen.- con una expresión solemne.- Las personas no son de fiar. Nunca confíes en nadie Zor.
El chico movió afirmativamente la cabeza. Asegurándose que este consejo no lo olvidaría jamás en su vida. en eso la puerta de la sala de la biblioteca se abrió ingresando por ella los otros dos hermanos que traían esa inconfundible expresión de siniestra frialdad.
- Anzor ¿Muestra algún progreso nuestro aprendiz?- preguntó Iván el más viejo de los tres hermanos.
- Más de lo calculado.- y conociendo a sus hermanos supo que estos querían habla con él. Por ello le ordenó a Zor salir de la sala.- ¿Díganme que ha sucedido?
- Nuestro mecenas y protector… salió mucho más hábil de lo presupuestado. Hizo una jugada realmente maestra, que de cierta forma consolida definitivamente nuestra posición en este país.
- ¿Y qué es lo ha hecho?- inquirió Anzor a la vez que se ponía de pie.
- De propia boca del presidente del partido comunista nos hemos enterado que casará a su hija con el líder de las fuerzas militares de China.
- ¿Al que apodan el regente?
- Pues el mismo
- Pobre muchachita, solo tiene diecinueve años y ese tipo es un viejo.- reflexiono Anzor.- Entonces nuestros planes con Zor se modificarán.
- En absoluto Anzor todo sigue igual.- contesto con dureza Iván.- Ya conseguimos que ese alcohólico de Yeltsin se quedara con la presidencia de Rusia… y aunque es un tanto impredecible su comportamiento, le es agradable a los norteamericanos y como confían en él, podremos trabajar tranquilos.
- Sólo debemos ver la forma en que podremos introducir allá el mismo modelo económico que estamos imponiendo aquí.- terció Nicholas.- La Economía Socialista De Mercado, será la llave que nos lleve de nuevo al poder.
Anzor guardó silencio. Pensando que lo dicho por su hermano era la más absoluta verdad. Su fracaso en las políticas económicas fue lo que hizo colapsar las bases del antiguo régimen socialista. No fue el poder bélico del enemigo, ni la presión internacional, ni mucho menos la influencia de la ideología occidental. Sólo el vil dinero era el único y exclusivo causante de su caída y también éste sería el que llevaría a su nación al pináculo de la supremacía hegemónica, que era a lo que ellos aspiraban. Por eso con sus hermanos hacía tiempo habían decidido que lo mejor para derrotar a los occidentales era ganarles en el terreno que siempre se han sentido superiores.- jugaremos con sus propias reglas y venceremos.- Sentenció para sí.
- De eso no te preocupes, los mismos americanos están interesados en poner sus garras en el mercado ruso, por lo que se encargarán de facilitarnos todas las herramientas para ello.- intervino Iván.- Pero lo que no saben es que será bajo nuestros propios términos.
- Y ahora cuando se consolide este matrimonio controlaremos el poder político y militar de China.- decretó con entusiasmo Nicholas, que se sorprendió, al ver que su hermano menor se mantuviera pensativo.- ¿Qué sucede Anzor?
- Ustedes dan por hecho que a esta mocosa la podremos manipular a nuestro entero antojo… pero… ella es peligrosa tiene ideas propias y no se dejará manipular para nuestro beneficio.
- Tu observación no ha revelado nada que nosotros ya no supiéramos.- le espeto fríamente el mayor de ellos.- Para eso tendremos a Zor… ese es su papel en este teatro.
- Pero solo es un niño.- trató de abogar Anzor.
- Y está creciendo.- respondió con ironía Nicholas.- Y muy rápidamente.
- Su trabajo será asegurarse de mantener siempre sometido a este gobierno a nuestra voluntad. Y en ese escenario la futura esposa del regente tendrá un rol vital.- concluyó Iván mirando duramente a Anzor que sólo agachó su cabeza.
- Y si nuestros informantes tienen razón.- sonriendo con sarcasmo.- El regente está imposibilitado en poder complacer a su esposa…
- Lo cual hará que el trabajo de nuestro Zor no sea tan desagradable.
Los hermanos sonrieron silenciosamente, ya saboreando los frutos que el futuro les deparaba. Sólo Anzor permanecía con su rostro inexpresivo, él seguía pensando que Zor sólo era un niño para estar disponiendo con él para empresas tan retorcidas como las que ellos planeaban.- corromper el alma de un niño es algo que de una u otra manera se paga.- Pensó con tristeza evocando en su mente la imagen del hijo de Darela.
31 de Mayo de 1993, SeaMirror, Southampton.
- Esto me sucede a mí, por meterme donde nadie me llama.
Regañaba consigo misma Betty mientras colocaba otro par de vestidos más sobre la cama, que ya se encontraba abarrotada de ropa.- además no tengo absolutamente nada que ponerme.- Concluyó mentalmente poniéndose furiosa consigo misma. Sólo ahora caía en cuenta que en estos últimos seis años, únicamente se había dedicado a criar a Scott y las pocas salidas que realizó durante todo este tiempo fueron a las cenas de caridad que Sarah organizaba a nombre de Donald.
- ¡Bloody hell! qué diantres es lo que se utiliza hoy en día en una cena casual.
Susurró pasándose la mano con cansancio por su frente. Trató de recordar el porqué no mandó al mismísimo demonio a Donald cuando comenzó a hablarle de lo conveniente que era Henry y de lo bien que le haría a ella rehacer su vida. Empujó con fuerza un montón de ropa y se sentó con los brazos cruzados sobre su cama.
- Mmmm. Fue por Sarah… lo había olvidado.- se dijo con ironía.
Ella sabía perfectamente que algo ocurría u ocurrió entre su concuñada y ese ángel del demonio con bigotes. Donald había comenzado a sospechar que algo no andaba bien entre su mujer y el ruso, pero menos mal (o por desgracia) apuntó sus conclusiones hacia un extremo totalmente distinto.- o sea yo.- Se dijo con más resignación que rabia. Y es que no le quedaba de otra si no aceptaba ante su cuñado que era posible que tuviera algún tipo de interés por el ruso… la situación se mantendría. Y ahí sí, Donald podría enterarse de forma inadecuada de lo que realmente estaba pasando. Y eso haría sufrir a Sarah… que era algo que ella no podría permitirse. Sarah era más que su amiga… era su hermana del alma.
Se dirigió nuevamente al closet. Debía tener algo medianamente decente para la cena de esta noche, pensaba con resignación. Sutilmente la manilla de su puerta se giró y la puerta de su alcoba se abrió apenas. Deslizándose hasta el interior Sarah que con una palidez más intensa de lo habitual se mantenía en silencio con la espalda en la puerta y las manos empuñadas a la manilla como si aún no tuviera claro si debía huir o quedarse ahí.
- ¡Sarah!- exclamó sorprendida Betty.- No te sentí entrar.
La mujer no contestó nada, seguía con el rostro cabizbajo dejando que varios mechones de su cabello cayeran de su frente. Betty sonrió con afecto, camino hacia su cama y tomando asiento le habló.
- Vienes a conversar Sarah.- la mujer únicamente movió afirmativamente su cabeza.- Mmmm ya veo, me vienes a contar lo que sucedió en Rusia.- ella vuelve a asentir.- Entonces ven siéntate a mi lado.- Sarah caminó en completo silencio y se sentó muy cerca de Betty.- ¿Quieres algo querida… un vaso de agua?- ella negó con la cabeza.- Bueno entonces te escucho.
- Cuando justo cumplí diecinueve años el conservatorio me invitó a una pasantía en el teatro Bolshoi por seis meses.- sonriendo tenuemente.- Acepté de inmediato, no me motivaba el tema político o lo misterioso e inexpugnable que era en ese tiempo la URSS. Sino única y exclusivamente el que allá se encontraban los mejores maestros de piano de todo el mundo. Y en ese tiempo yo pensaba que sólo la música iba a guiar mi destino.
- Recuerdo haber leído algo en la prensa en ese tiempo.- reflexionó Betty.- Hubo algo de polémica.
- Sí por la posición política de mi familia… decían que el que yo fuera a ese país era como una forma tácita de apoyar el régimen.- con el ceño fruncido.- Pero eso no es lo importante… Finalmente hice caso omiso a todas las limitaciones que me impusieron y viajé a la Unión Soviética, una vez ahí tuve bastantes dificultades con el idioma, yo manejaba menos de lo básico, pensé que sobre la marcha iría aprendiendo lo necesario. Pero el idioma me resultó en extremo difícil. Por lo que decidieron en el teatro ponerme un instructor que terminó siendo Bruno.- Betty notó como todos los músculos de su concuñada se contraían.- Desde un principio me resultó atractivo, ese aire distante y misterioso fue irresistible para una jovencita inexperta como era yo en ese tiempo… en su beneficio debo decir que jamás se me insinuó, yo fui quien lo persiguió, quien lo acosó hasta que finalmente terminamos convertidos en…
- En amantes.- sentencio Betty.
- Sí creo que ese es el término adecuado. Ya que mantuvimos nuestra relación en secreto. En parte porque él en ese tiempo no podía tener pareja y por mi lado me daba cierto pudor el hablar del tema.
- ¿Qué tanto… este… te comprometiste en esa relación Sarah?- la interpelada sólo la quedó mirando con los ojos llenos de lágrimas.- Ay Dios, tan enamorada estabas que ni pensaste…
- Como una boba Betty.- le confesó con tristeza.- Cuando ya se terminó mi pasantía avisé a casa que permanecería unas semanas más en la Unión Soviética. So pretexto que quería recorrer el país y conocerlo, porque el trabajo en el teatro fue tan intenso que no se me permitió hacerlo. Con Bruno nos arrancamos a San Petersburgo… fue un sueño para mi conocer la capital del arte de Europa del Este.
- La Venecia del Norte… sin duda una bella luna de miel para ustedes.- le dijo con melancolía Betty.
- Así es, aunque Bruno insistía en llamarla Leningrado .- le respondió Sarah mientras secaba una solitaria lágrima que rodaba por su mejilla.- Maldición Betty, sabes yo era tan feliz en ese tiempo y sentía que todo iba tan bien entre nosotros.- bajando el tono de voz.- O al menos eso creía yo. Teníamos tantos planes, yo me mudaría a vivir a Moscú y trabajaría como concertista en alguno de los tantos teatros de la capital y él solicitaría una asignación permanente en esa misma zona. Estaba obnubilada en ese mundo de fantasía que estaba construyendo con él, que no vi las señales… o quizás simplemente nunca las hubo. Sólo sé que un día desperté en la habitación del hotel y Bruno simplemente no estaba.
- ¿Cómo?
- ¡Pues que no estaba!- le gritó con los ojos enjuagados en lágrimas.- Desperté esa mañana miré a mi lado y él simplemente no estaba ya conmigo… pensé que estaba en el baño… o que había salido… o que lo habían llamado sus superiores ¡BLIMEY! Pensé tantas cosas.- le dijo con la voz desgarrada.- Todo con el afán de poder justificar lo obvio… pero a medida que pasaban las horas tuve que empezar a asumir una verdad que no podía negar por más tiempo. Él me había abandonado.
- Desgraciado.- masculló Betty mientras abrazaba a su concuñada que lloraba en silencio.- Es un maldito traidor... por eso es que no me agradan los rusos.
- Esa no es la peor parte querida Betty.- le contestó Sarah soltándose del abrazo.- Si así hubiese sido esto no hubiera pasado de una trágica anécdota de una incauta jovencita… pero para mi desgracia esto fue peor.- suspirando cansadamente.- Pasé todo el día encerrada en la habitación del hotel… lloré por horas hasta que cayó la noche. Y en ese momento casi como una autómata me levanté, me puse mi abrigo y salí a la calle. De ahí en más no recuerdo mucho, sólo sé que me dolía mucho la cabeza y no podía parar de llorar.- la voz de Sarah se hizo ajena, extraña como si fuese otra persona la que hablase por ella.- No recuerdo más… fue como si simplemente cerrara los ojos y después de muchísimo tiempo los volví a abrir. Y desperté en un lugar totalmente desconocido, habían varias personas y todas hablaban en inglés; Yo no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Hasta que se me acercó un médico y me explicó que me encontraba en dependencias de la embajada británica. Que la policía local me encontró tirada en una calle en un avanzado estado de hipotermia, pero que había tenido suerte y sólo por un pelo me libré de la muerte… aunque lamentaba mi pérdida.- con una triste sonrisa.- Han pasado como diez años y aun recuerdo esas palabras como si las hubiese oído recién ayer "lamento su pérdida".- echando su cabeza hacia atrás.- Recuerdo que en ese mismo momento ingresaron mis padres a la habitación, papá me rehuyó la mirada, no quiso verme a los ojos. En cambio mamá venía furiosa su rostro estaba hinchado por la rabia que sentía. Tanto así fue que apenas me tuvo cerca y sin importarle que hubiera más gente me abofeteó con todas sus fuerzas.- ella instintivamente se tocó el rostro.- Desvergonzada… cómo pudiste, me decía una y otra vez. Yo no entendía que era lo que pasaba y eso al parecer más la alteraba… siempre has sido una suelta de casco pero embarazarte Sarah ¡Que tenías en la cabeza! Me gritó finalmente. Esas palabras me cayeron como un tempano de hielo.
- ¿No te cuidaste?
- Creo que es obvio que no me cuidé Betty.- le dijo con fastidio.- Yo aún no alcanzaba a asimilar esas palabras, cuando papá tomó mi mano y me explicó que entre el frío y la caída, terminé perdiendo la criatura. Y que la hemorragia fue lo que casi me costó la vida.
Sarah ya no dio más, esta historia estaba tan enterrada en su pasado que sacarla ahora a la luz era como irse desgarrando lentamente el pecho. Cubrió con sus manos su rostro y lloró amargamente al tener que enfrentar esta realidad que la entristecía y avergonzaba. Betty por su lado intentaba consolarla sin éxito, pudiendo finalmente completar el puzle que era para ella la vida de Sarah. Ahora entendía por qué esa nula relación que existió siempre entre su concuñada y su madre, la distancia que tomó de toda su familia, sus dificultades para quedar embarazada y el encierro que se auto impuso desde que llegó a SeaMirror. Solamente una duda tenía Betty… qué papel jugaba Donald en la vida de Sarah.
- Dime querida quién más sabe sobre esta historia.
- Aparte de tú y yo, no queda nadie más vivo que la sepa.
- Y Bruno… es decir Henry ¿No lo sabe?
- Por supuesto que no.- exclamó con cierta violencia.- Si nunca más lo vi. Hasta que apareció aquí en la recepción que hicimos en su honor.
- Y ya estando acá. ¿Nunca se lo mencionaste?- le preguntó con cautela.
- ¿Qué sentido tendría hacerlo? ¿Qué ganaría al hacerlo? Humillarme aún más.- con una contenida rabia.- Yo ya me había desgraciado la vida… y él… bueno a él el destino pereció cobrárselas todas juntas.- recordando el atentado en Donetsk.- Por último Betty, aunque yo hubiese querido hacerlo jamás se dio la oportunidad para que conversaremos.
- O sea ¿Nunca te has reunido con él fuera de SeaMirror?
- Obviamente que no.- mirándola ofuscada.- ¿Qué me estas tratando de insinuar?
- De insinuar nada.- manteniendo la calma y observándola detenidamente.- Únicamente quiero saber si te has reunido con él.
- ¡Claro que no! Yo no tengo por qué hacerlo.- con un tono orgulloso y lleno de rabia.- Al contrario es él quien debe darme explicaciones ¡A mí! Y es lo que ha tratado de hacer todo este tiempo si no te has dado cuenta.
- No tienes para que enojarte conmigo, yo sólo quiero ayudarte.- le respondió en el mismo tono.- Y no entiendo por qué te pones a la defensiva… ¿Por qué tienes tanto miedo de reunirte con él?
- Yo amo a Donald… lo amo más que a mi propia vida.- le respondió con tono derrotado.- Pero cada vez que Bruno aparece me pasan cosas… a veces siento verdadero odio hacia su persona, me dan ganas de golpearlo, de abofetearlo y refregarle en su cara todo el daño que me ha hecho… en cambio en otras ocasiones siento mucha lástima por él, le ha tocado una vida muy dura y mucho de su forma de ser se debe a lo duro que le ha tocado vivir.- temblando sutilmente.- Por último hay veces en que …
- Te preguntas que hubiese pasado si él no se hubiese marchado esa noche.- le susurró comprensivamente Betty. A lo que ella sólo asintió.- Tranquila querida todo estará bien… esto que te sucede es normal.
- Cómo va a ser normal.- sollozando nuevamente. –Que fantasee con la vida que pude tener con un hombre que no es mi marido. Pero yo amo a Donald… créeme, lo amo. Si Bruno se fuera y desapareciera de mi vida yo seguiría feliz junto a Donald… en cambio si lo pierdo a él… yo… yo me muero.
- Tienes una historia que concluir con ese hombre Sarah.-le dijo con ternura, casi como si se tratase de su propia hija.- Y mientras no la resuelvas.- tocándole su corazón.- Esa duda seguirá creciendo.
- Tienes razón… pero ni siquiera sé ni cómo, ni cuándo hacerlo.
- Bueno eso déjamelo a mí… yo tengo cierta ventajas de acercarme a él.- tomándole la mano.- Mientras trata de ver cómo puedes hablar de esto con Donald.
- ¡Con Donald! No bajo ningún motivo, eso jamás. Él no sería capaz de comprenderlo.
- Pero Sarah…
- ¡He dicho que no Betty!
La mujer acomodó su rubio cabello tras su oreja. Y decidió que por el momento dejaría el tema hasta aquí. Ya Sarah había tenido suficiente con todo lo que tuvo que confesar hoy.
- Entonces por qué mejor no me ayudas a salir de este trance.-con un mohín divertido.- Mal que mal tú eres la culpable de que hoy tenga una romántica cena con ese pseudo galán y no sé qué demonios ponerme.- Sarah la quedó mirando y finalmente rio entornando sus ojos.
- Estás completamente loca.
- Pero mira querida éste vestido puede ser una muy buena opción.- mostrándole uno de los tantos que estaba tirado en la cama
- Betty pero ese es el vestido que usaste para el funeral de Scott.- le respondió sorprendida.
- El mensaje sería más que claro ¿No crees?
Ambas rieron más relajadas. Era eso algo necesario después de una charla con revelaciones tan profundas que aún daban vueltas en la cabeza de Betty. De pronto está se levanta de la cama como recordando algo.
- Sarah ¿Y los niños?
- Están en el jardín de abajo con Meriedith.
- ¿Tú crees que estén bien?- le preguntó con una visible incertidumbre en sus ojos.
- Pues qué pueden hacer ahí… sólo hay rosas… y la pileta
Dijo abriendo inmensamente sus ojos. Betty se paró de inmediato de la cama. Pero lamentablemente ya era muy tarde. Un estruendoso ruido proveniente del exterior hizo que las dos mujeres se volteen lentamente en dirección a la ventana, y luego de unos eternos segundos de silencio escucharon gritar a Meriedith pidiendo auxilio, mientras unas burlescas risas infantiles se sienten débilmente.
- Ahora qué habrán hecho este trió de delincuentes.- dijo con desesperación Betty saliendo rápidamente de su habitación.
31 de Mayo de 1993, Restaurant The King and I, Southampton.
Global llevaba más de veinte minutos esperando en el local.- quizás se haya arrepentido a última hora.- Especuló, mientras bebía una largo sorbo de su whisky. Luego de meditarlo un instante descartó esa idea de su cabeza, ella vendría sí o sí. No expondría jamás a Sarah y por mucho que detestara su presencia ella prefería compartir su ingrata compañía a que Donald apuntara sus sospechas hacia su concuñada. Dejó que el aire escapara con fuerza de sus pulmones.- sólo es una cena y nada más.- Se repitió mentalmente pero estaba seguro que esta cena sería aprovechada por la orgullosa viuda como una espléndida ocasión de aplicar los métodos de interrogación de Scotland Yard. Menos mal el apacible tono del local con sus inmaculadas murallas blancas habían logrado calmarlo dejando atrás la vorágine de dudas que lo invadían.
- Buenas noches Henry, disculpe mi demora… inconvenientes domésticos de último minuto.
El oficial fue tomado por sorpresa, incluso le costó reconocer que quien tenía en frente era Betty. Estaba acostumbrado a verla siempre en su rol de madre con ropas más holgadas y su pelo recogido. En cambio ahora su largo pelo rubio suelto que le llegaba a la mitad de la espalda le revelaba que era una mujer mucho más joven de lo que en realidad aparentaba. Y qué decir de su apariencia ese ajustado vestido celeste corte Chanel hizo que contra su propia voluntad el ruso se quedara sin palabras.
- ¿Tan molesto estás que no me dirigirás la palabra Henry?
- No para nada… es solo que como inglesa pensé que la puntualidad era algo innato en ustedes.
- Es que como soy galesa no me tomo tan a pecho eso de los horarios.
- Vaya eso es algo de lo que no estaba enterado.- le dijo en una semi sonrisa, aliviado de que su invitada no llegara con la hostilidad de siempre.- ¿Quieres ordenar de inmediato?
- Sí lo prefiero… no lo tomes a mal pero esto es bastante incómodo.
El asintió, concediéndole que él estaba totalmente de acuerdo, la situación era al menos bizarra. Ordenaron rápidamente, él como no entendía mucho de comida tailandesa se limitó a ordenar lo que le sonara menos asqueroso. Cuando finalmente les trajeron las bebidas Betty decidió romper el silencio y volvió a hablarle.
- Creo que podríamos aprovechar este momento para hablar sin rodeos ¿No te parece?
- Creo que es lo justo.- le respondió seriamente.
- ¿Qué pretendes con Sarah?… ¿Quieres revivir el romance?- con cierta ironía.
- No claro que no, eso murió hace ya mucho. Debo conversar con ella.- mirándola directamente a la cara.- Necesito tener una conversación con ella.
- ¿Sólo eso?
- Sácame de una duda… ¿Estás preocupada por Sarah o por Donald? Eres una cuñada demasiado esmerada.
Había dicho esto con toda la intención posible, esperando que ella se molestara y se sintiera ofuscada con la grosera insinuación. Pero para su sorpresa la mujer lo quedó mirando con esos fríos ojos que ya una vez lo habían hecho sudar. Y soltando una suave risa le habló marcando con dureza cada una de sus palabras.
- ¿Acaso piensas que con una estrategia tan básica lograrás desviarme de mi objetivo?- Acomodándose sus cabellos.- Soy una mujer bastante segura de mí misma, quizás no estás acostumbrado a eso. Sé que te gusta involucrarte con muchachitas más ingenuas.
La expresión de Global se endureció y un cúmulo de gruesos epítetos se amontonaron entre sus dientes. Pero se obligó a mantenerse sereno. Estaba delante de una dama.
- Sabes, a mí me gusta mucho leer novelas de crimen y misterio, ¿Has leído a Agatha Christie?- el aludido niega con la cabeza.- Mi personaje favorito es Miss Marple… ella siempre habla de la naturaleza humana y que no existen tanto las personalidades como los tipos de personas. Que finalmente todos nos parecemos a otra persona por lo cual terminamos actuando de forma muy similares.
- ¿Y qué tipo de persona cree que soy?
- Esa es una buena pregunta Henry… aun no lo sé.- bebiendo de su vaso.- Porque a pesar que tengo todos los argumentos necesarios para considerarte un rufián… no puedo evitar sentir que en el fondo eres una buena persona.- suspirando tranquilamente y relajando su expresión.- Por eso he venido hoy en son de paz, dispuesta a escuchar lo que tenga que decirme.
El hombre quedó con la boca abierta no creyó que eso pensaba ella de él. La quedó mirando detenidamente y quizás por primera vez, sí la estaba mirando a ella. Y se dio cuenta que estaba delante de esos escasos y extraños seres humanos que en su propia esencia resultan fascinantes. Ahora entendía cómo alguien tan disperso como el hermano de Donald había caído rendido ante esta mujer que al parecer era capaz de navegar hasta por las profundidades más inexpugnables del alma humana.
- Yo mismo me considero una persona desdeñable.- sacando su pipa.- Y no sólo por lo que le hice a Sarah… créeme he hecho muchas cosas de las cuales me arrepiento. He sido desleal y cruel. Envidioso y acomplejado. Resentido y orgulloso. Pero ahora ya estoy en paz y no pretendo hacerle daño ni a Sarah ni mucho menos a Donald. El es mi único amigo y jamás le traicionaría.
- No se puede fumar.
- Perdón.- dijo algo sorprendió.
- Aquí no se puede fumar Henry así que mejor guarda tu pipa.- le dijo con una sonrisa divertida.- Entiendo y sinceramente creo en sus buenas intenciones.- endureciendo sus facciones.- Pero tú sientes aun cosas por Sarah, eso la atormenta y tú lo sabes.
- Pero qué quieres que haga… no puedo impedir sentir aún cosas por ella. Yo mismo pensé que eso estaba terminado.- se defendió calmadamente.
- Podrías irte.- le espetó.
- Aún no puedo…
En ese momento llegó el camarero con los platos. Los fuertes aromas de los condimentos y frutas marearon al ruso que tuvo el hondo deseo de pedirle al camarero que se llevara esa porquería y lo tirara en la basura. Pero qué diablos no le queda más que resistir con dignidad. Su compañera al contrario parecía feliz.
- Y por qué no puedes irte.- le preguntó sin mirarlo.
- Porque aún debo ayudar a Donald.
- Eso es una excusa.- le cortó sin miramientos.- Yo supe que te ofrecieron un puesto muy importante en la base de Gibraltar, con una asignación más que generosa.- levantando sus amenazantes ojos.- No te irás hasta que hables con Sarah ¿Verdad?
Él no supo que decir, sólo guardó silencio se sintió por primera y quizás única vez en la vida desarmado.
- Henry y si yo consigo que puedas hablar tranquilamente con Sarah… ¿Serías capaz de prometerme que te alejarías para siempre de la vida de ella?
Él la quedó mirando, la crudeza del ofrecimiento lo tomó tan desprevenido que no supo qué contestarle, en el fondo el sólo quería eso. Poder disculparse. Que ella pudiera entender que su actuar no fue tan cruel, lo hizo pensando que era lo mejor para ambos.
- Quizás prefieras responderme cuando ya tengas algo en el estómago. Le dijo mirándolo sin ningún tipo de animosidad.
- Lamento decirte que creo que me iré con el estómago vacío.- mirando con desconfianza su plato, como si este le fuera a atacar.- Esto es demasiado exótico para un paladar tan vulgar como el mío. Creo que la elección del local fue con cierta premeditación y alevosía.
- No Henry.- apuntándolo con el tenedor.- Esto fue total y absoluta venganza. ¿Cómo se te ocurre decirle a Donald que tienes interés por mí?- enarcando las cejas.- Eso fue ofensivo.
- Él me pilló de sorpresa, no supe qué decirle.- se defendió.
- Eres muy poco ocurrente por lo que veo.- inesperadamente el semblante de la mujer se entristeció.- En realidad elegí este local porqué me recuerda mucho la estadía que tuvimos con Scott en Tailandia… fue la última antes de su accidente.
- Lo lamento.
- No tiene que hacerlo.- dejando que su vista se perdiera en los recuerdos.- Odié tanto ese lugar, los bichos, los mosquitos… el clima era un espanto uno andaba sudoroso todo el día… aunque hubiera tormenta. Pero sabes no hay día en que no recuerde ese lugar, a pesar de todo fui tan feliz ahí. Scott siempre fue un espíritu libre y creo que sólo allá se sintió a sus anchas. No hubo día que no me sonriera o me dijiera lo mucho que me amaba. Ahora que miro hacia atrás estoy segura que ese fue el mejor momento de mi vida.
- Es una lástima que uno solo se da cuenta de eso, cuando éste ya ha pasado.
- Si es verdad.- mirándolo distraída.- ¿Y cómo era Miho?
El ruso palidece súbitamente, nunca hablaba de este tema. No le gustaba hacerlo y menos con alguien que abiertamente le mostraba su hostilidad. Endureció toda la expresión de su rostro y tratando de hacer sonar duras sus palabras le dijo que ese tema no era para conversarlo con alguien como ella.
- Vaya en verdad la querías mucho.- le dijo mirándolo con evidente empatía hacia su persona.- Pero no te sientas mal, no debes culparte por lo que pasó.
- Creo que lo sienta, no es algo que te incumba Señora Hayes.
Los ojos del ruso destellaron algo muy parecido a la ira, haciendo que Betty contuviera el aliento, su objetivo ya lo había conseguido comprobando finalmente aquello que sólo suponía. Ahora más le valía bajar el tono de sus comentarios, Henry estaba perdiendo la paciencia y ella sinceramente se había excedido. Por lo que en un tono más amable rompió el tenso silencio que se instalo entre ellos.
- Sí por supuesto. Pero como viuda de un oficial de la Royal Navy puedo decirle que nosotras sabemos perfectamente con quienes nos estamos casando. No tenemos por maridos oficinistas, ni banqueros. Sabemos cabalmente a los que nos exponemos cuando decimos "acepto".
- Sí pero las heridas debemos vivirlas nosotros no nuestras familias.- le contestó en un tono más amable y bajando un poco las defensas.
- Dime si el amor es verdadero… ¿Cuál es la diferencia de quien sobrevive?- dijo con evidente dolor en su voz la mujer antes de proseguir.- El tema es que ya no pueden estar juntos y ambos quedan esperando por el otro.
Global levantó la copa y brindo en honor a su acompañante. Después de mucho tiempo sufriendo por esta herida al fin oía algo que le hacía sentido. Y de cierta forma le daba un poco de resignación a la culpas que sentía por su familia perdida.
- Por usted Betty.
- ¿Por mí Henry?- tomando la copa.- Estás seguro… recuerda que en esta historia yo soy tu Némesis.
- Por usted Betty.- volvió a repetirle.- inogoda solntse ne davayte videt´lunu
- ¿Qué significa eso que acaba de decir?
- Es un viejo proverbio ruso. Que quiere decir a veces el sol no nos deja ver la luna.
- Ohhhh.
Fue lo único que alcanzó a exclamar antes que un fuerte rubor cubriera sus mejillas. No estaba acostumbrada a los halagos, en realidad hacía tanto tiempo que nadie le daba uno, que éste la tomó con tanta sorpresa que no pudo evitar el reaccionar como una chiquilla.- Supongo que Sarah será el sol.- Se dijo para sí con ironía.
- Y creo que ya he meditado el tiempo suficiente la oferta que me has hecho.- le dijo Global después de un tiempo.
- En verdad y cuál es su respuesta.
- Acepto el trato que me ofreces, te doy mi palabra de honor que si me consigues el poder conversar tranquilamente con Sarah yo me marcharé muy lejos de su vida. Pero sólo una cosa.- carraspeando fuertemente.- Yo tengo una deuda moral con Donald y en lo que él solicite mi ayuda yo colaboraré con él sin dudarlo.
- Me parece de toda justicia.- le contestó amigablemente.- Y eso nada más me confirma que en el fondo tú no eres una mala persona.
- Y cuando podría ver a Sarah.
- No desespere capitán.- en tono burlesco.- Te prometo que no te haré esperar mucho. A Sarah no le conviene tampoco seguir dilatando esta situación.
Él guardo silencio, se preguntaba si Sarah hablaría también con Donald sobre este tema. No podía negar que la sola idea de que esto ocurriese le revolvía las entrañas. Apreciaba en verdad al inglés y por lo que lo conocía, esta verdad no le haría ningún bien es más podría poner en un riesgo innecesario la estabilidad y felicidad de su matrimonio.
- Cuando se haría efectivo tu traslado a Gibraltar.- le preguntó Betty sacándolo de sus pensamientos.
- Estás desesperada por que me vaya Betty.- ironizó
- No, no es eso.- bajando la guardia ante él.- Es sólo que pienso en lo que me dijo Sarah.- él la miró intrigado.- Que a ti te había tocado una vida muy dura y que por eso era así.
- Así ¿Cómo?
- Tan osco e introvertido.- sonriendo graciosamente.- Creo que a ti te ha faltado un verdadero amigo con quien conversar abiertamente. Donald es tu amigo pero por razones obvias hay temas con él que no puedes tratar
- Tienes a alguien en mente
- Sí.- sonriendo triunfalmente.- A mí.
Él quedó por cuarta vez en la noche sin saber qué contestarle.
- ¿Me estás hablando en serio?
- Por supuesto… tú pasaras mucho tiempo solo en Gibraltar, donde tendrás mucho en que pensar. Y a mí me encanta tanto el recibir correspondencia.
Le dijo con un dulce sonrisa. El ruso la quedó mirando largamente. Quizás ella no era hermosa en el sentido tradicional de la palabra pero había algo en ella que le resultaba en verdad interesante.- sin lugar a dudas es un ser humano singular.- Se dijo para sí. Mientras denegaba con una cortés sonrisa el ofrecimiento de la mujer. Si iba a alejarse de los Hayes, lo haría de todo el clan.
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Hola nuevamente a todos.
Como siempre si estas leyendo estas palabras es por que te has dado el trabajo de leer esta historia que puede tener muchísimos baches pero que de lo único que no carece es de trabajo cariño y dedicación.
espero que haya sido de su agrado aunque es un capitulo mas denso. los siguientes serán mas resolutivos antes de volcarnos de lleno a la nueva generación.
Fer este capitulo va dedicado a ti, sin ti ni siquiera le tendría nombre a la obra... aun tenemos un laaaaaargo trabajo. Así que espero sigas con el animo arriba. Monica gracias por el tiempo y la paciencia de corregir mis atrocidades ortográficas y presentar esto de forma decente.
un beso a todos y nos vemos no este jueves sino el próximo jueves.
gracias totales
