DRACO MALFOY
Tocar a una Sangre Sucia
19 de Septiembre, 1998
11:51 pm
"Me pregunto si ese estúpido elfo sabrá que eres una tabla que no vale la pena tocar…"
No creía en huevonadas como el karma, ni mucho menos en aquellos dichos idiotas de nunca digas de esta agua no beberé y mierdas que la gente inventaba para que uno no fuera como tenía que ser. Un maldito.
No entiendo la necesidad de las personas de impartir lecciones no pedidas, no entiendo su necesidad de fastidiar para hacer de alguien un ser bondadoso y amable. ¿No es preferible que una persona sea un maldito por naturaleza que pretender algo que la verdad no es y que de paso no es feliz siendo?Yo soy feliz siendo maldito. Es mi naturaleza, es mi condición, es para lo que me criaron y es la razón de la existencia de los Malfoy. No necesito lecciones de ayuda, no necesito conocer del karma porque primero, no existe y segundo, nosotros en nuestra condición de pureza de sangre y apellido somos inmunes a sus supuestos efectos. Una cosa tan insignificante como un karma no podía tocarnos.
O eso pensaba.
Porque la frase que le había dicho a la sangre sucia esa mañana seguía repitiéndose en mi cabeza constantemente, demostrándome cuan equivocado ella era una tabla, yo era un maricón bondadoso y lleno de arcoíris en el conclusión, ella era todo menos una puta tabla.
¿Quién diría que todo eso estaba escondido bajo la piel de una sangre sucia? Sin embargo, mi sensación de alarma no se evaporaba del todo, sin importar lo preciosa que estaba o cuán tentadora me parecieran sus disimuladas curvas. Había un punto importante que no podía ignorar, no podía acostarme con ella, mi primer impulso al verla fue obvio e imperativo, necesitaba correr, alejarme, poner una distancia kilométrica e infinita entre nosotros. ¿Por qué? Muy sencillo, una cosa era ser prostituto y otra muy diferente era acostarse con una sangre sucia. El poco honor que portaba mi apellido iba a terminar por desmoronarse si accedía a esa locura.
No entiendo qué se había apoderado de mí en ese preciso instante, no sabía si era un hechizo que poseía el Salón blanco o eran mis propios sentimientos encontrados jugándome una mala pasada, pero verla en esas fachas, tan vulnerablemente semi desnuda ante mi mirada, luciendo nerviosa y ansiosa por lo que venía a continuación, me hacía arder de deseo por ella. Cuestión que no era para nada buena. Además del hecho que Roger, maldito sea de paso, me había tendido una trampa. Ésta chica tenía todas las cualidades de las cuales siempre he huido en la vida.
Era virgen.
Era sangre sucia.
Y era Hermione Granger.
¡Él lo sabía! Sabía que ella estaba prohibida en muchos sentidos y aun así me había elegido a mí para la agridulce tarea.
Desde mi punto de vista, tenía dos opciones. Salir corriendo y no ver nunca más las lucrativas ganancias de nuestro negocio o me quedaba, le hacía un rapidito y luego me iba. Si accedía a realizar ésta última, sabía que no podría vivir con ello, mi orgullo como amante quedaría mancillado por cambio, decidí tomarme un momento, porque no estaba pensando las cosas con claridad, y la mirada de Roger estaba sobre mí esperando una reacción de mi parte, yo sabíaque no se marcharía hasta que notara que no las iba a cagar, así que saliendo de mi inicial estado de sorpresa la miré profundamente a los ojos y tomándole el dorso de la mano la besé. Ella se sonrojó y yo me eché a reír internamente.
¿Quién lo diría?
Si supieras por quien te sonrojas, querida sangre sucia…
Tenía muchas cosas que preguntarle. La primera de ellas: en siete años… ¿Cómo es posible que Weasley no se hubiera aprovechado de ella?
¿Krum no tomó nada de ese cuerpazo?
¿La varita de Potter no se sentía tentada?
¡Merlín si esa mujer se pasaba rodeada de hombres todos los putos días! ¿Cómo es posible que ninguno de ellos hubiese intentado nada? ¿Eran ciegos? Luego caí en cuenta de que estaba hablando de homosexuales en potencia, por lo tanto, era obvio que no iban a intentar nada cuando sus deseos sexuales no iban más allá que cogerse un conejo de peluche rosa con una cicatriz en el trasero, (porque a Potter todo lo que estuviera rajado le llamaba la atención), o eso me inclinaba a pensar.
Decidido a analizar las cosas objetivamente y ver qué ganancias podría traer de todo este asunto, la acerqué más a mí. Ella inhaló sonoramente y me vi complacido del efecto que parecía tener sobre é su rostro, que las ninfas habían maquillado levemente con khol, me deleité en la visión de sus iris castañas, en su nariz pequeña, en las pecas que se asomaban en sus mejillas tímidamente, en sus labios carnosos, descendí hasta su cuello largo de alabastro acariciando con mi mirada varios lunares que se unían formando lo que parecía ser un triángulo, sorprendiéndome de las ganas de besarlos y morderlos. Indudablemente, me gustaba lo que veía, mi cuerpo no podía é saliva, y traté de controlarme, decido a no dejarme llevar por su disimulada belleza que en ese momento yo estaba descubriendo.
Los pensamientos de culpa, reproche y desconcierto me acosaron en un solo segundo, recordándome afanosamente las razones específicas de porqué ese encuentro era tan mala idea, y la verdad era que no podía continuar con esto. De verdad no podía. ¡Tenía que detenerme! Era la insufrible sangre sucia de quien estábamos hablando. ¿Cómo podía ignorar ese hecho tan fácilmente? Pero ella, maldita fuera, tenía las piernas más apetitosas que nunca hubiese visto. Roger se encargó muy bien de resaltar las partes femeninas que me volvían que sonreír porque toda la situación era tan estúpida y no esperada que simplemente provocaba reírse. Esto era tan injusto y tan merecedor de mi suerte que no me provocaba lamentarme por enésima vez de la vida que me había sido provista por el creador.
Nunca pensé que llegaría al punto de bucearme a Granger, o aún peor, nunca pensé desear desvirgarla y quedarme dentro de ella para siempre. Al darme cuenta de la línea de pensamientos que estaba teniendo, tomé nota de ser más precavido de lo usual, había una delgada línea entre el romanticismo y mi oficio,tan frágil que con solo un tímido pensamiento podría romperla definitivamente causándome problemas innecesarios. Aun así, mis actos parecían ser comandados por mis básicos instintos ya que ignorando todas las prevenciones que había enumerado, instaron a mis manos a moverse hacia el rostro de la chica casi con voluntad propia. Toqué su mejilla para comprobar la textura de su piel pensando Vamos sangre sucia, alguna imperfección debes tener. Es un desperdicio tener toda esa belleza cuando tu sangre no es pura. Continué acariciando con el dorso de mi mano su piel de terciopelo que se erizaba dulcemente ante mi contacto, bajé hacia su cuello con la clara intención de verla más, de verla mejor, a pesar de que su cabello lucía preciosamente rizado, necesitaba quitarlo del camino miré a los ojos, porque estaba a punto de desnudarla un poco más. Ella me devolvió la mirada expectante, llena de inocente curiosidad y disposición.
Nunca antes había sido tan delicado con una amante, tampoco tenía la costumbre de considerar lo que ella estaría sintiendo porque ya suponía que lo estaba disfrutando, sin embargo, con la sangre sucia era diferente. Cada reacción, cada mirada, cada gesto era nuevo y excitante para mí porque sabía que ella estaba conociendo un mundo de sensaciones que probablemente ni sabía que tendría. Por eso, quería ir lento, disfrutar el momento, disfrutar de su piel sonrosada, de la suavidad de sus contornos y la curiosidad que brillaban en sus ojos castaños.
Así que lentamente, no queriendo apresurar el momento y sin apartar mis ojos de los suyos,moví mi mano por su hombro echando el cabello hacia atrás, primero un lado, luego el otro sin poder evitar regocijarme en el hermoso sonido susurrante que hacían nuestras pieles al encontrarse. Después de unos segundos de vacilación, me permití apreciar mi premio. Fue el peor error que pude cometer en toda mi maldita existencia. ¡Sus tetas eran preciosas! Redondas, con el pezón pequeñito que provocaba pensamientos bastante libertinos.
Al mirarla, noté que se había mordido el labio inferior, una acción que me hizo preguntarme si su afilada lengua estaba conteniendo un mordaz comentario o un suspiro, esperé que fuera el segundo y deseé ser yo quien la mordiera de esa forma tan íntima, tan secreta. Fue entonces cuando se le ocurrió abrir la boca.
-¿Cómo te llamas? – me preguntó con voz débil. -No te imaginas lo mucho que desprecias mi nombre cielo. Si lo supieras probablemente ya me hubieses tirado el estúpido hechizo de las aves que crees que nadie más conoce.– estuve a nada de soltar una risita, pero me contuve, esperando lucir tan serio como debería estar. Ella continuó. - No me veo llamándote Dragón. – ¡Yo no me veo llamándote Hermione! ¡Ni si quiera me veo llamándote!
Pero tenía que acostumbrarme a la idea por más foránea que fuera, no podía llegar a un estado de éxtasis y soltar un ¡Vamos Sangre sucia! ¡Oh sí sangre sucia! ¡Así preciosa sangre sucia! Estuve a punto de soltar otra carcajada, así que opté por darme la vuelta y distraerme tomando un poco de vino. Necesitaba mucho alcohol si quería sobrevivir a esa noche. Así que seguí el consejo de Roger y le serví una copa a ella. Cuando me giré, noté que su mirada regresaba a mis ojos de forma azorada. ¿Le gustaba lo que veía? Si ella seguía así, echándome miradas furtivas cuando creía que no le estaba prestando atención, definitivamente la iba a violar sin ningún remordimiento al respecto.
Complacido por su escrutinio y anticipadamente duro por ella, me acerqué y le tendí la copa. Ella la tomó mirándome como si desease decir algo. Supuse que estaba exasperada por mi silencio. Bien, que se muriera de rabia, por lo menos me la iba a tirar feliz sabiendo que la había pasado mal durante unos segundos.
-No me parece justo que sepas mi nombre y yo ignore el tuyo…- ¡Si el mundo fuera justo tú serías fea, llena de pústulas y con un trasero chato repleto de verrugas! Y por supuesto, no estuvieras aquí.
Si el mundo fuera justo, Zabini estuviera en mi lugar.
Si el mundo fuera justo, no estuviera duro por ti.
No dije nada. Era divertido ver las expresiones de su cara, la frustración de la que estaba siendo presa en ese momento por mi falta de palabra se dibujaban claramente en su rostro como un libro í un sorbo de vino, dejándola en ascuas otro tanto. ¿Qué ventaja podía sacar de ésta situación? Seguramente estaba pasando algún punto por alto.
Noté que era momento de estudiar mis opciones, así que decidí pensar a fondo toda la situación para llegar a una satisfactoria conclusión. Habían cosas que no podía ignorar, y el hecho de ser el primer hombre en tocarla, era en definitiva el más atractivo de todos. Además, podía pavonearme al frente de Weasley todas las veces que quisiera sin emitir palabra, ni siquiera insulto alguno, porque sabía algo que él ignoraba… Yo era el dueño de un precioso detallito que él juraba le pertenecía. ¡Hablando de Weasley! No podía olvidar al mayor cabeza hueca del mundo, Potter jamás esperaría que su adorada amiguita perdiera la virginidad conmigo, eso sí que sería algo digno de mi burla, aunque dicha burla no pueda ser expresada, lo que me llevaba a mi siguiente punto y quizás el más importante. Y es que Granger se encontraba en la palma de mi mano, a mi entera disposición. Todo esto era un secreto demasiado jugoso, el cual tenía potencial para ser increíblemente ventajoso.
Salí de mi letargo cuando ella con una mueca de sorpresa y terror dijo lo más estúpido que alguien pudiera decir en una situación como ésta.
-No me digas que no sabes hablar… ¿Eres…? – se calló repentinamente colocando las manos en su bonita boca.
Y ahí está. No pude soportarlo. Me eché a reír. ¿Pensaba que era mudo? Para ser la chica más inteligente de Hogwarts esto era una gran decepción.
-¿Tengo cara de mudo? – pregunté acercándome a ella.
-¡Te conozco!- exclamó como si se hubiese ganado la lotería. – ¡Por eso no querías hablar! – ¡Vamos Granger, sigue cagándola!
-¿Luzco familiar? – solté invadiendo su espacio personal, porque ya me estaba hartando de esta cháchara sin sentido y porque me estaba muriendo por besarla (para efectos decisivos, claro está). No le di tiempo a hablar, simplemente tomé su boca en un arrebato de soltó un gemido de sorpresa y se apretó contra mi cuerpo haciéndome sentir la plenitud de sus pechos contra el mío. El cerebro dejó de funcionarme, ya no me importaba quién coño era ella o su maldito nombre o lo insufrible que era. El sentido más básico en mi masculinidad se encendió como un torbellino de fuego, imposible de apagar. Ya lidiaría con las consecuencias después. Por ahora, necesitaba tocarla. Y así lo hice.
Ella no era tan experta en el arte de besar, así que me tomé mi tiempo, mostrándole como debía hacerlo y cómo me gustaría que lo hiciera, y si una cosa tenía la sabelotodo, es que aprendía rá ó mis movimientos con presteza y soltura, mientras que sus manos subían pos mis brazos y acariciaban lentamente mis hombros. En ese instante me perdí en quién estaba seduciendo a quién. Me aparté de ella para observar su reacción, tenía los labios apetitosamente hinchados por mis besos, las mejillas arreboladas y la mirada nublada de placer. Le sonreí, y agarrándola por las piernas, la levanté del suelo instándola a enrollarse en mi cintura. Ella soltó un gemido de sorpresa y me rodeó los hombros con fuerza.
-No me has dicho tu nombre aún.
-Tampoco lo haré.- le respondí caminando con ella hacia los cojines frente de la chimenea, me senté con ella en mi regazo mientras que sus piernas rodeaban exquisitamente mi cintura. Quería admirar la luz del fuego en contraste con su cabello y con su piel cremosa. Ella me miró con adoración haciéndome sentir extraño, porque nunca antes había recibido una mirada así. - ¿Te han besado alguna vez? – pregunté porque me sentía curioso. En ese momento quería saber todo acerca de ella. La sangre sucia se sonrojó.
-Sí, esta noche.- Eso captó mi atención.
-¿Quién?
-Eh… R-Ron Weasley. - ¡Ah! Con que la comadreja sí que la había notado. Sonreí porque le había ganado en algo sin siquiera proponérmelo.
-¿Y?- pregunté acercándome al seductor hueco de su hombro para aspirar su aroma a flor de loto. Ella se arqueó ante mi escrutinio y encantado con su respuesta, besé el punto donde yacía su pulso y poco a poco fui ascendiendo hasta llegar al lóbulo de su oreja al cual tomé juguetonamente entre mis dientes.
-No fue… no… No fue nada del otro mundo.- logró decir finalmente. Me aparté para mirarla a los ojos.
-¿No sentiste nada?- ella negó con la cabeza de una forma tan graciosa que me hizo reír.
– No como contigo.- admitió con timidez, recompensé su confesión depositando un suave beso en su nariz respingona y arrogante.
-¿Qué sientes conmigo?- pregunté acariciando su pierna, ascendiendo en una lenta caricia que me estaba volviendo loco. Ella se mordió el labio inferior cuando mis dedos rozaron descaradamente su muslo. Al ver que no respondía, me detuve, divertido ante las reacciones que despertaba en ella. - ¿Qué sientes conmigo? – repetí liberando su labio inferior de la cárcel de sus dientes y capturándolos con los míos. Ella cerró los ojos extasiada, formando el cuadro más sugerente y excitante que jamás hubiese visto.
-Muchas cosas…
-¿Cómo qué?- presioné acercándola más a mí, provocando un encuentro somero entre el centro de nuestros cuerpos. No hallaba la hora para quitarle la escaza vestimenta que la cubría.
-Mi sangre hierve… No, no puedo explicarlo. Nunca había sentido algo así…
-Viene más cariño…- le aseguré subiendo mis manos por su cintura para soltar el enganche de las cadenas, que con un tintineo, cayeron por su torso hasta el piso rozando sus preciosos senos.
Mi mirada la acarició con lujuria. Era preciosa…
-¿Te gusto?- la pregunta no fue hecha con autosuficiencia o con conocimiento sexual. Fue más bien con curiosidad, como si ella pensara que no era lo suficientemente hermosa para tentarme. No la culpaba por sentirse insegura, yo jamás pensé que debajo de la túnica se escondiera eso, precisamente. Además, estaba seguro que yo mismo había sido un factor decisivo a la hora de derrumbar su autoestima.-¡Viva por mí! – pensé con sarcasmo.
Así que en vez de responderle con palabras, presioné su trasero de modo que su femineidad se encontrara descaradamente con la dureza de mi cuerpo. Ella abrió la boca sorprendida ante el asalto. Sonreí sin poder evitarlo.
-¿Sientes eso? – pregunté mordisqueando su labio inferior. Ella asintió.- ¿Qué crees que signifique?
Sé que la torturaba con preguntas, pero quería que hablara, quería que en ese momento fuera la propia Afrodita en persona. Quería enseñarle a usar su cuerpo, a conocer el mío y que se enredase sin muchos pensamientos en nuestro furtivo encuentro.
-No puedo decirlo…
-No es necesario que te avergüences conmigo…- le susurré acariciando sus guedejas castañas y admirando los reflejos rojizos que parecían cobrar vida bajo la cálida luz del fuego.
Subí mis manos por su estrecha cintura hasta que se ahuecaron en sus senos. Su mirada… ¡Oh mierda!Ella se arqueó levemente cuando mis dedos comenzaros a acariciar lentamente sus pezones, su movimiento me hizo hervir la sangre de deseo y acercándome más, lamí su preciosa garganta que quedó expuesta ante mí.
-Me gusta que me toques…- susurró avergonzada. Complacido por su respuesta, mimé el pequeño botón de sus senos con mis dedos, ella cerró los ojos con fuerza mientras que sus manos me apretaban los hombros, aferrándose a mí.
-¿Qué sientes?- insistí con mis preguntas porque su voz femenina tenía un extraño efecto sobre mí, necesitaba oírla, necesitaba saber lo que pensaba.
-Placer.- fue su simple respuesta. ¡Qué Merlín nos amparara!
Me incliné un poco más y tomé un tierno pezón entre mis labios y lo acaricié con mi lengua. Su sabor era exquisito, adictivo, ella no era asquerosa como una vez llegué a pensar. Sabía a gloria, a una gloria que yo estaba conquistando y poseyendo. No sé cuánto tiempo estuvimos ahí, en esa posición, solo sé que no me cansé de deleitar sus senos, de lamerlos y estimularlos hasta que ella no pudo más y se arqueó contra mí en un brusco movimiento. Se veía deliciosamente cansada y arrebolada. Pero estaba equivocada si creía que habíamos terminado, como le dije, venía más… mucho más…
-¿Cómo te sientes?- le pregunté besando su frente perlada de sudor.
-Muy bien. ¿Ya terminamos?- su pregunta inocente me hizo reír. Negué con la cabeza.- Oh…
Sosteniéndola aún entre mis brazos, me levanté trayéndola conmigo, ella me miró con sus preciosos ojos oscuros plagados de curiosidad y no pude evitar inclinarme y capturar sus labios en los míos en un beso abrasador. Nuestras lenguas se encontraron en una caricia anhelante, sugerente y desesperada. Mi boca la poseyó dejándola sin aliento.
-Me encanta tu sabor…- murmuré contra sus labios mientras caminaba hacia la cama, con delicadeza, la deposité en el suave colchón y luego me aparté para observarla.
La preciosa sangre sucia tenía los ojos entrecerrados de placer, su boca, hinchada por mis besos estaba entreabierta, en un ruego mudo por mis labios. Su cuerpo se veía exquisito a la luz del fuego, así que levantando una mano, pasé mis dedos por la plana superficie de su estómago, ella se removió inquieta por mi asalto en su cuerpo. Yo tracé varios círculos delicados en su ombligo y fui descendiendo hasta llegar a las cadenas de oro que se entremezclaban formando una falda que exhibía demasiado. Acaricié con alevosía su vientre con la yema de mis dedos viendo como ella inspiraba con fuerza cuando la tocaba en un punto muy sensible.
-Creo que eres malvado….- murmuró. Yo me eché a reír. Me acerqué a ella apoyando un brazo en la cama para quedar a su altura, sus ojos castaños escrutaron los míos con ternura. Capturé sus labios en un beso lento y sensual, mientras que mi otra mano conseguía el gancho que unía las cadenas, lo solté sin miramientos. Ella se tensó cuando notó que estaba desnuda.
-No sabes lo malo que puedo llegar a ser…- le susurré en respuesta. Mis dedos bajaron hasta su sexo y con experticia, aparté los pliegues femeninos hasta encontrar su capullo que vibró de placer ante mis atrevidas caricias. Ella abrió la boca sorprendida y yo introduje mi lengua en su cavidad instándola a besarme con locura. La sentí relajarse y a la vez convulsionarse ante mí. Pronto, los gemidos se fueron haciendo más sonoros y mierda… ¡La deseaba tanto!
Finalmente, con un grito agónico la sangre sucia llegó a un orgasmo. Su primer orgasmo, bajo mí mirada, bajo mis caricias, bajo mi dominio, convirtiéndose en el sonido más hermoso que había escuchado en toda mi vida.
Me acerqué para besar su cuello y susurré.
-Feliz cumpleaños.- ella soltó una risita infantil.
-¿Ese fue mi regalo?- noté complacido que estaba perdiendo el miedo y la timidez, muy bien. Porque para lo que estaba a punto de hacer, necesitaba que fuera tan libertina como yo. Con un último beso me alejé de ella.
-El primero de la noche.- respondí acercándome a la mesa en la cual estaba dispuesta la comida. Observé una bandeja pequeña que estaba tapada y la tomé regresando hacia la cama. La sangre sucia frunció el ceño.
-¿Qué es eso?
Depositando la bandeja a su lado, la destapé para que ella viera un pequeño pastel de cumpleaños desbordado en crema blanca. Ella sonrió.
-No me han dado un pastel de cumpleaños decente.
-¿No?- pregunté sorprendido. Ella sacudió la cabeza y extendiendo una mano, tomó con su dedo índice un poco de crema, cuando estaba a punto de metérselo en la boca, le tomé la mano y lamí la crema de su dedo en lentos movimientos. Ella entornó los ojos mientras sus pupilas dilatadas me miraban con detenimiento.
-Tiéndete…- mi voz ronca por el deseo me sorprendió, sentía que mientras más la descubría, menos control me quedaba. Ella me obedeció y yo me deleité una vez más con la visión de su cuerpo desnudo.- ¿Por qué piensas que no eres hermosa?- pregunté confundido. Ella se sonrojó ante mi mirada.
-Porque no lo soy.- negué con la cabeza mientras acariciaba sus piernas con mis manos.
-Estás equivocada.- dije inclinándome para besar un lunar en su muslo izquierdo. Ella se encogió ante mi beso.
-¿No te meterás en la cama conmigo?- preguntó tímidamente.
-Pronto.- tomando más crema entre mis dedos y empleándola como si fuera pintura en manos de un artista en pleno oficio, comencé a trazar dibujos abstractos sobre la piel femenina. Ella soltó un suspiro cuando sintió la fría consistencia de la crema chocar contra su sensible estómago. Yo le sonreí y me incliné para besar su frente, su nariz y su boca mientras mis manos continuaban bajando hasta llegar a sus suaves rizos femeninos.
-¿Qué estás haciendo?- me preguntó con voz debilitada. Yo la insté a abrir sus muslos para mí, tomé más crema y la esparcí en su femineidad. Ella apretó la sábana en un vago intento de aferrarse a algo tangible, su cuerpo se arqueó en respuesta a mis leves caricias. Tragué saliva, porque cada vez que hacía eso, mi verga daba un respingo de dolor por la intensidad con la cual la deseaba. Si seguía así iba a terminar mucho antes de estar dentro de ella. Tenía que concentrarme. Cerré mis ojos tratando de recolectar todo mi control, toda mi voluntad y toda mi fuerza. No sé qué ella interpretó de esto, pero sentí que se sentaba y tomaba mi rostro entre sus manos.- ¿Estás bien?- me preguntó besando mi frente, tratando de deshacerse de mi ceño fruncido.
-No- contesté sorprendido ante mi honestidad. Abrí los ojos y me agradó descubrirla tan cerca de mí, siendo el centro de su mirada, de su mundo. ¡Qué bastardo tan egocéntrico era! – Te deseo tanto que duele…- dije con voz ronca. Pensé que la iba a asustar con mi declaración, pero ella se vio sorprendida, casi como si no fuera capaz de creer el poder que tenía sobre mí.
-Lo siento…- dijo tontamente. Yo me eché a reír porque técnicamente no era su culpa… técnicamente. - ¿Hay alguna forma en la cual pueda…?- ¡Joder! Inocente, virgen y solícita. ¿Alguna cosa más para matarme? ¿Tanto así había cabreado a los dioses? ¡A punto de correrme y sin estar dentro de ella! ¡Qué mierda tan graciosa!
Estuve a nada de quitarme la maldita cosa que me mantenía vestido y llevar sus manos hacia mi recargado miembro para que lo aliviara. Pero no lo hice, no lo hice porque esa noche no me pertenecía a mí. Le pertenecía a ella.
-No.- dije apretando los dientes, luchando conmigo mismo.
-¿Por qué?- preguntó.
-Porque ésta noche no es para mí…- le dije besando brevemente sus labios. – Tiéndete. – en vez de eso, la muy desobediente me tomó del cuello, me acercó a ella y me besó con un frenesí que me agitó las entrañas. Sus manos acariciaron mis hombros, mi torso hasta que se detuvieron en mi cintura y sentí que me jalaban hacia la cama, junto a ella. La dejé hacer, porque me estaba volviendo loco, porque no quería esperar y necesitaba que me tocara, que sintiera mi piel y el ardor que tenía por ella.
Mi peso cayó sobre su cuerpo y mierda… aún entre la capa de ropa la sentía, sentía su calor, sentía su vivacidad, su fuego me estaba quemando, reduciendo a cenizas mi determinación. La besé con locura mientras mis manos se movían por su cuerpo explorando, conociendo y reclamando. Lamí su cuello, torturé sus senos una vez más, lamí la crema de su estómago y luego…
Luego reclamé mi premio.
Ella se estremeció de placer cuando empecé a lamer los restos de crema en su entrepierna.
-¡Dragón!- exclamó extasiada mientras se retorcía en la cama. No me detuve, nada en el mundo podría llegó a su segundo orgasmo conmigo, pero no me detuve tampoco, y no lo hice hasta que llegó al tercero suplicándome clemencia.
-Feliz cumpleaños- dije besándole tiernamente la frente.- feliz cumpleaños.- repetí besando su nariz. Ella soltó una risita.
-¿Dragón?
-¿Sí?
-¿Puedo verte?
Detuve las caricias que le prodigaba a su cuello y tragué saliva sonoramente.
-Es que… Nunca he visto a un hombre desnudo y… bueno, quiero verte a ti.
Me separé de ella, quedando arrodillado en la cama a su lado.
-Ven aquí.- le tendí la mano y ella se arrodilló al frente mío. Tomé su mano llevándola hacia mi torso, instándola a tocarme. Nunca esperé que me acariciara el rostro delicadamente, nunca esperé que delineara mis facciones con adoración, tampoco esperé que se estirara para alcanzar y besar mi barbilla, ni que pasara sus dedos femeninos sobre mi cabello sopesando su textura. No podía despegar mi mirada de ella, de su inocencia que en vez de causarme gracia, me enternecía el alma.
Al parecer sí podía ser tierno…
Sus dedos pasaron por mi garganta, debilitando mi respiración, contornearon los huesos de mi clavícula con un sutil escrutinio y luego se quedó quieta, mirando mi garganta como si no supiera como continuar.
-Daría todo lo que tengo por ese pensamiento…- susurré acariciando su mejilla.
-Soy muy torpe en esto. Perdón…- ¡Merlín! Si ella supiera el lobo feroz que se escondía debajo de mi túnica sabría que era todo menos torpe. Le tomé la barbilla entre mis dedos y la alcé para que me mirara.
-No eres torpe. Ésta noche, soy todo tuyo. Haz lo que quieras conmigo, créeme, me gustará. – ella asintió sonrojada ante mi declaración. Sus manos obedientes, viajaron hacia el cierre de mi túnica y con un rápido movimiento, lo soltó, la tela cayó a la cama revelando mi desnudez.
En ese instante, noté que estaba desnudo con la sangre iba a tirar a Granger y no podía esperar.
Ella acarició mis pectorales, mis abdominales y descubrió con placer el tatuaje de dragón plasmado en mi cadera derecha. Lo acarició con sus dedos y luego… luego miró mi miembro, y sentí la sangre abandonarme para acumularse ahí.
Mierda.
Ella estaba sorprendida.
-Es demasiado grande…- dijo perdiendo el aliento. Solté una risita sin poder contenerme. Con cualquier otra chica hubiese soltado algún comentario sarcástico o morboso, con ella no lo haría.- ¿Te duele?- me preguntó mirándome con genuina curiosidad. Asentí. Porque ardía por ella. Entonces sus dedos, viajaron suavemente por mi erección, tocándola y descubriendo mi textura a su í. Porque me gustaba, porque no quería que se detuviera y porque quería más de lo que ella sabía que podía dar, más de lo que estaba dispuesta a ofrecerme, más de lo que jamás hubiera deseado, más de lo que merecía. Quería y necesitaba más, mucho más…
Pero tenía que detenerme. No podía terminar tan rápido, así que no la dejé continuar, y ella no se mostró muy contenta con eso, cosa que me hizo sonreír.
-Tengo que detenerte, con el dolor de mi alma.
-¿Lo estoy haciendo mal?- Siempre inocente, siempre ávida de conocimiento, mi adorable sangre sucia.
-No…- negué acercando su cabeza a la mía para que nuestras frentes se tocaran.- pero prefiero dejar eso para después. Ahora me muero por hacer otra cosa.
-¿Qué?
-Besarte.- y así lo hice. La besé, la conquisté con mis labios y dejé que se retorciera bajo de mi cuerpo mientras la tendía otra vez en la cama y me posicionaba entre su entrepierna que ya estaba húmeda por mis é en mi beso y tomé sus manos entrelazadas entre las mías, buscando que se aferrara a mí como su refugio, como su consorte para lo que vendría. Me separé para mirarla a los ojos y dirigí una de nuestras manos unidas para que tocara el centro de su placer. Ella inspiró el aire sorprendida al tocarse a sí misma, siendo dirigida por mis propios dedos. La hice bajar, hacia la entrada que pronto me recibiría y tracé leve círculos con nuestros dedos, ella se estremeció.
-¿Sientes lo cálida que estás? Ya estás lista para mí.
Agitado, nervioso por poseerla de una vez, y asustado hasta la médula porque no quería causarle daño, dejé nuestros dedos ahí porque quería que sintiera como poco a poco nuestros cuerpos se iban uniendo. Ella se arqueó contra mi cuerpo cuando la punta de mi pene rozó su entrada. Cerré los ojos con fuerza y sin pensarlo mucho, embestí lentamente hacia dentro, hasta que sentí la prueba de su virginidad delante de mí.Liberé su mano de la mía y me preparé para romper su himen. No sin antes, besarla. Besarla con locura, con todo lo que tenía para dar y todo lo que era.
Esto estaba mal, yo no debería estar a punto de robar algo tan preciado para ella. Si ella se llegara a enterar de quién era yo, del engaño de todo esto, estoy seguro que me odiaría mucho más de lo que ya lo hacía. Pero era demasiado tarde.
Pasé la barrera de su virginidad con un gemido. Ella tembló y se tensó al sentirme dentro de ella. Y ¡Merlín! No había un lugar más perfecto…
CONTINUARA
