CAPITULO 4: NO SOY EL UNICO.
Que consuelo.
Red Hood me ganó en una apuesta contra Slade. No sé porque no termino de sentirme como un objeto. De seguro culpa mía, pienso con sorna, esos dos no tienen nada que ver...o en todo caso el resto del mundo que se atreve a verme, comentar e incluso pretender a tocar como si me tratara de un jarrón de la dinastía Ming.
Por supuesto que no.
¿Se ha notado mi sarcasmo?
Ya estoy divagando por que el imbécil de Milliardo no dejaba de respirarme detrás de la nuca. Slade le pidió sostenerme, no más: no me asombrará que uno de estos días Milliardo amanezca muerto.
Y ahí viene el infeliz de Slade, se nota lo furioso que está: me tengo que alegrar que no sea yo quien le contente. Francamente no resistiría una tortura de Slade en ese estado alterado.
Lo único bueno es que viene con Hannibal.
El tierno Hannibal.
-Te vas, Avecilla. Hannibal, por favor. Llévalo a dónde está aparcado el auto de Red Hood. Los alcanzó en un instante. Avisaré a Hall de esto.
-Slade, no te esfuerces. Mamba estará gustosa de tratar de que no mates a nadie.
-No apuestes por eso, Hannibal: desde que tengo a la Avecilla, Mamba no me ha vuelto a dirigir la palabra. Le tiene celos. ¡¿De qué?! ¡Una asquerosa Muñeca no podría competir en contra suya!
Hablan de Caroline White, la mano izquierda de R´as Al Ghul: una mulata que al parecer amaba a Slade, pero que a causa mía se distancio. Alegando que no soportaba mí presencia.
Mamba, como es que la apodan: es actriz, una muy buena. Me gustan sus trabajos. Son torcidos y distintos. Tiene un halo de misticismo y sexo a su rededor.
En cuanto Wilson se va a qué Hall Jordan se ría en su cara por su estúpida derrota, es Hannibal quien me dirige al aparcado. Tratando de no sentirse incomodo por mi silencio. Ignorando los rojizos en mis mejillas.
Trata inútilmente de no recordar su miserable vida.
Apuesto a que es igual de movidita que la mía. Sólo tengo que mirarlo, estudiarlo cinco minutos para saber que posee sombras tenebrosas.
El tipo me agrada, incluso Caroline; entre la lista de los acertijos que conozco, que resultan ser los pilares de Jordan...Loki, Ty Wals, Guy Gardner y alguien que no recuerdo muy bien, son agradables...dolorosamente agradables.
-Cuídate.
Tal pedido, me sorprende.
Lo dicho, Hannibal es tierno, dulce.
Es el predilecto de Guy Gardner y Hall Jordan, el líder de Jordan le alimenta en la boca, le cobija y en apariencia pareciera que lo trata con distancia... Cuando no es así.
Hall Jordan tiene una forma difícil de mostrar cariño.
-Tengo un hermano, Ave: te veo y lo observo, me imagino como las cosas pudieron ser de quedarnos en la estancia. Los Alemanes, no somos muy populares y mucho menos hace años.
-Descendientes de nazis.
-Si.
Le ha costado el mundo entero decírmelo, confesarse. El pesado suspiro me dobló las rodillas y no se lo deje ver.
¿Por qué tendría que compadecerme de Hannibal? Era un hombre que lograba todo en la vida.
Hoy se encontraba en la punta de la escala alimenticia social y eso tendría que ser un bálsamo.
Y si no lo ve de tal manera, vaya: Entonces si qué compadezco a tal perdedor.
-Red Hood es un bruto. Un animal que no te respetará. Espera una mascota, su justa ganancia. No lo trates como haces con Slade: no te esperaría nada bueno de hacerlo.
-Red Hood es un imbécil. Pero daño real, ya no puede hacerme.
Slade se acerca con unos metros de listón celofán arrastrándose por el limpio suelo.
Tengo un mal presentimiento.
Wilson es tan imaginativo.
Y yo soy tan terco.
-Desvístete. Red Hood me exigió que te quería con un moño de regalo y pienso cumplírselo.
-Ajá y... ¿De cuándo acá eres tan obediente, Slade? ¿Cuándo es que te ha importado obedecer a alguien que no sea tu a preciado Hall Jordan?
-Sabes porque lo hago. Será mejor que encuentres los documentos que llevan por titulo "Serpientes & Canes" trabaja un poco para mí. Por tu bien, por el de Red Hood. Sabes lo que tienes que hacer. Los mandarás a mi oficina, conoces la dirección del fax.
-¿Qué me darías si te entrego dicho papel? Robarle algo a Red Hood no es fácil, te lo aseguro. Dame algo que compensé el riesgo. Red Hood podría matarme y tú no perderías nada.
-¿Quieres un premio? ¡Tienes que obedecerme! Muñeca, mi muñequita...para obtener la libertad hay que...
-Matarte. Lamentablemente aun no puedo. No has dormido aún cerca mío y yo en mis cinco sentidos.
-Eres tan tonto, Avecilla: ni te has percatado. Voy ha sacarle provecho a la situación, Red Hood me la ha regalado. No desperdiciaría tal gesto generoso.
Bien, eso me asusto más que ver a Slade a punto de perforarme la oreja con una gruesa aguja.
Me impresiona que comprara una perforadora para esto.
¿Qué estoy ignorando que divierte a Wilson?
Ha logrado sacar a Red Hood, pero eso no tiene nada que ver conmigo. Red Hood no haría nada por mí, creí que Wilson lo tenía claro.
Creí que yo lo tenía claro.
¿Entonces porque me enoja?
Yo sé quién es Red Hood, que haría Red Hood...que hará Red Hood: ¡Y me enoja que Wilson me diga que Red Hood se tomaría la molestia de verme!
¡Porque yo sé que no es cierto!
¡No quiero guardar esperanza!
Ni expectativa.
Porque dolería demasiado enterarme que Red Hood, efectivamente, mi Red Hood me ha olvidado.
Y sé que he obrado correctamente: Red Hood sube a su auto después de su camarada albino que me observa con autosuficiencia, con burla... E intriga, tiene pensado algo...Red Hood grito antes su nombre.
¡Esa es una mala manía mía!
Tengo que ser capaz de recordar los nombres de las personas.
Era algo parecido a Valencia o Venecia, podría intentar con Wasiolka.
-Nos desviaremos, Nightwing. Hay un paquete que recoger.
-Por mí, vayamos al infierno: te dejo y conduzco de vuelta.
No me esperaba el siguiente golpe.
En serio me aturdió. No sangré, pero mis ojos tuvieron que cerrarse y mi conciencia descansar demasiado.
El albino, ese hombre me paso su chaqueta...cobijándome.
No tengo sentido. Tengo ganas de volver a llorar. La impotencia me inunda otra vez: ¡Maldito Red Hood! No era necesario que me noqueara.
No alcanzo a detallar su conversación. Es acalorada. Supongo que tratan cosas de Outlaws.
Las preguntas me atacan. No tengo respuestas.
No saber que pasa a mi rededor me asquea.
Le daré reconocimiento a Red Hood, el golpe incluso me ha revuelto el estómago... Tengo que avisarle que se detenga, o manchare el interior de su precioso auto. Seguro que no le incomoda. Hasta encontrara la sátira en mi imagen desmejorada en jugos gástricos. Red Hood no hallará nada más en mi estómago; me negaba a ingerir alimento desde hace dos días.
Slade Wilson tenía culpa.
Intentaron probar a convertirme en su cobaya de laboratorio para las muestras de dosis en prototipo. Tenía entendido que se trataba de una fórmula de morfina y otra de antiofídico. De cualquier manera, no me convertiría en adicto a tal porquería y en segunda, era condenadamente alérgico.
La tercera cosa a probar resultaba ser una droga y mi negativa era enorme.
Prefería morirme de inanición.
Pero por supuesto, jamás resistía más que cuatro o cinco días, dependía mucho las actividades que Slade tuviera programadas en su agenda y por consiguiente tenía que acompañarlo como su avecilla.
Ocupaba alimento para aguantar... Para lo que se traducía en horas de negociación con Slade, entendimientos, mismos que ganaba en su mayoría.
El auto se detiene bruscamente, Red Hood ha tenido que frenar de golpe y el albino voltea a verme con temor, con frustración: sólo alcanzo a saber que Red Hood le ha ordenado algo y que eso le ha enfurecido: me toma entre sus brazos tras abrir la puerta a un costado mío...el que estaba sobre mi cabeza, me acomoda con rapidez sobre su cuerpo.
Hay ruido, hay plomo... Huele a muerte.
Es el mismo olor que el aire despedía el día que encontré a Red Hood muriéndose en medio del agua; el mar estaba bravo aquella vez y Red Hood aguantaba sujetado de un madero, que para cuando divise sin dudas de que se trataba de una persona...Red Hood ya estaba hundiéndose en las negras aguas saladas.
El recuerdo ahora parece distante.
Como si no lo hubiera tenido presente cada uno de los días que trascurrieron, como si sus atardeceres de sangre y oro no envolvieran mi triste mente tras el vidrio, en el que pasaba sentado en el alfeizar horas esperando a que Wilson llegará con una nueva cita a la que asistir: era como si la memoria estuviera borrándose, como si fuera un sueño el que permaneciera conmigo.
El olor idéntico me despabila.
De golpe abro mis ojos.
Red Hood...ya no veo a Red Hood. ¿En dónde está?
Vallewida corre, subimos las escaleras... El tramo es asquerosamente largo y estrecho, por instantes pareciera que las escaleras están forjadas en manera vertical; Mi mareo ha empeorado, de seguro a causa del golpe y la conmoción de los olores y ruidos.
Es horrible.
Me debato entre los brazos de Vallewida, asombrándome por pronunciar correctamente su nombre en mi pensamiento. Trato de que me suelte sin importarme el que me lleve cargando y podamos caernos ambos.
-¡Estate quieto!
-Déjame en el piso entonces.
Le demando con el mismo tono que él uso para amedrentarme.
Vallewida aprenderá que no puede tratar de ordenarme nada sin que haga algo por contradecirlo, a él y a todos los demás... Incluso y por sobre todo a Red Hood.
¡No nací esclavo!
¡Estoy harto de que me traten de esa forma!
No conozco otra manera de vida...ni tampoco mi media alma, pero ambos somos condenados por culpas ajenas.
Y el cansancio es demasiado y es preferible morir en rebelión a perecer en aflicción.
Una decisión desesperada.
Mi única opción.
-Red Hood ha ordenado que no te separe de mí. Por alguna razón que desconozco te me ha confiado hasta llegar con Neiper. El recogerá a Al´ghul. Nos han tendido una emboscada.
-Puedo andar por mi cuenta. No seré ninguna carga. Si me retraso, hallaré la táctica para juntarme contigo...Red Hood no se dará cuenta. Y deja de obsérvame como si tuviera tres cabezas, es una sugerencia...pero si no la quieres tomar.
-Las mascotas son débiles.
-No dirás lo mismo cuando pueda ponerte las manos encima.
-Andando.
Divagaba entre la ofensa y el criterio común bien acertado de Vallewida sobre las mascotas en debilidad, la mayoría de las mascotas son juguetes sexuales, compañeros para tratar como objetos y pocos, muy pocos eran perros guardianes... Y es que pese a no gustarme, no me encontraba en el mejor de los momentos: las piernas me temblaban con asquerosa frecuencia que me hacía imposible el andar más de cinco pasos sin tropezarme con ellas.
Tenía que aguantar mi propio humor por encontrarme débil; Vallewida caminaba delante mío con ventaja y desplegando su talento con las armas, presumiéndome la fuerza pura de sus delgados brazos que tumbaban sin consideración alguna a cuantos se le acercaran.
Supongo que Outlaws no se trata sólo de un grupo opositor ordinario que por cuestión de suerte se pusiera a la par de La Corte y Jordan.
En fin, sino hago lo propio Vallewida tendrá que cargarme hasta la salida de este infierno.
¿Por qué Red Hood se mete en estos problemas? ¿Por qué en realidad no me molesta?
Sin otra opción esquivo los golpes con suerte, vigilo los costados he intento que nada me dé... Justo como él me enseño.
Me escabullo por donde pueda.
Ni loco me pondré contra ninguno de estos desquiciados.
-No eres tan malo como imaginaba, Avecilla: hasta es aceptable el nivel que manejas... Red Hood tiene algo de razón en arriesgar lo apostado. ¿Qué más secretos te guardas?
-Primera Vallewida, mi nombre no es Avecilla... En todo caso llámame Nightwing, Red Hood lo hace y es el único que me llama así: si Red Hood te desagrada tanto como logré apreciar y amas el molestarlo, utilizaras el nombre con el que me bautizo: Sentirá que le estas robando un privilegio; en segunda, ni se te ocurra sugerir que necesito de alguien para cuidarme, por más cierto que sea.
-Jamás, Nightwing... Es obvio que eres demasiado frágil; Red Hood está esperándonos con Al´ghul.
Preferí ignorar su comentario sobre mi delicadeza.
La fragilidad mía es imperdonable.
Esa parte nadie tiene que verla.
Ése insulto es mío.
Ése tesoro es incompartible... Sólo él puede verlo, sólo sus ojos iguales: Sólo sus manos idénticas percibirme: en su similitud él es el único... Y quiero seguir creyendo en la mentira que dicen los garabatos de las líneas de mi mente...germinándose perennemente.
Siempre creciendo como veneno.
Red Hood, él... No estaría nada mal que me viera cual soy.
Pero sé que no pasará.
Es imposible que deje de soñar.
Y tengo que aprender a hacerlo o moriré de dolor.
Damian Al´ghul es un niño no mayor de los diez años para mi sorpresa: una cosita tierna de rostro serio y cabello negro, con unos ojazos envidia de cualquiera... Eran dos glaciales verdes que se imponían aún bajo la custodia de Red Hood.
Observo con deleite que no hemos llegado fuera del tiempo que el mismo antipático (que me observa insistentemente) manejó paranoicamente para llevar sus planes al pie de la letra: ¡Ni modo, Red Hood...no podrás quejarte con nadie!
Llegamos dentro del límite que impusiste.
Y completos.
Tampoco parece que tuvieras problemas para estar aquí.
-Deja de babear, Nightwing; Damian, éste hombre va a ser el que este a tu cargo, hazle caso. No lo saques de quicio, su tolerancia no es mucha.
-Red Hood, te estas confundiendo... No soy ningún niñero. Esos días han quedado atrás, ya no tengo que cerciorarme de que el mocoso se tome hasta la última cucharada de sopa.
Red Hood frunce el ceño, sabe que lo he dicho por los días en los que me tocaba quedarme hasta que limpiará el plato para que Kelpiax pudiera tener un pendiente menos.
Adoro recordárselo.
-Eres lo que quiero que seas, no menos: sabes que de quererlo, bailarías en un pie en donde yo diga y como ordene: Si te digo que saltes, a ti no te queda más que preguntar la altura. Te gané a Wilson y pienso aprovechar.
-Te estas tomando una libertad incorrepsondida.
-Muy bien ganada, mejor dicho.
-¿Cuándo es que te has vuelto en mi contra?
-No seas engreído. No vales el esfuerzo.
Parece que Red Hood me odiará.
Pareciera como si yo le hubiera hecho algo maligno, imperdonable y escandaloso en aquella época: Casi como si lo forzase a que hiciera lo impensable.
Me trata como si el que lo atendiera fuera el pecado, la razón por la que jamás volveré a ver su sonrisita ácida que lograba sacarle a comentarios burlescos y honestos.
¿Qué hice para tener su desprecio?
¿Qué pasa en su cabeza que le insiste en matarme a tortura?
Lejos de mis cavilaciones, alcanzo a divisar con el rabillo de mi ojo la forma en la que Damian en un gesto infantil le pide a Vallewida que le conduzca al baño... Sé que la tarea es mía por la manera en la que el ruso me señala.
Existe un pequeño problemita, no sé en dónde están los dichosos servicios.
-Cuarta puerta.
Me responde Vallewida.
Son unos hijos de sus desgraciadas madres y es que no puedo creer que sean benditas y estén orgullosas teniendo a semejantes capullos respectivamente por vástagos... Ellos son sus desgracias seguras.
Y lo sostengo.
Por mi parte, bajaría el rostro si mi hijo anduviera por la tierra amedrentando a sus semejantes... Andando tomando lo que se le pegará la gana: Arrastrando con sus negras uñas de malicia y codicia, a las pocas plumas blancas del mundo para teñirlas y desbaratarlas por capricho; Si él no respondiera con ferocidad cuando se le ocupará.
Yo, los negaría sí sé que traerían a mi vida desprecio y perjuicio, si es que en su mal hora de respirar obstruyeran mis escapatorias.
Tal como ella lo hizo.
Creí que era tema olvidado.
Imaginaba tenerlo superado; después de todo, los años no pasan de en balde, son suficientes para enfriar la venganza y el odio, de convertirlas en hiel que escame la piel... Formando visos hermosos, reflejando tantos colores que es imposible ver el único.
Ella tiene la culpa... Pudo hacer algo más que negarnos.
Pudo brindarnos libertad en vez de grilletes.
Tuvo la oportunidad de ponernos alas.
Pudo ayudarnos.
Pero su egoísmo, su hedonismo... Su todo que la hacía diva de su minúsculo mundo, su cobardía disfrazada: todo eso que la hacía tan perfecta, nos destruyó.
Juró que el recuerdo es vivido después de tanto de sepultado. Me preguntó si a él le sucede lo mismo.
Es hasta absurdo traerla al presente, digo: Poco recuerdo sus rubios cabellos o su aroma... Aunque creo saber por qué lo he hecho.
Observó a Damian y creo que no soporto tenerlo entre los brazos.
Sé que tengo que resguardarlo, pese a que no exista peligro dentro del auto que nos remolca hasta el departamento en donde vamos a residir los próximos dos meses: Pero eso no me permite soltarlo, algo me lo impide... Y trato de negarlo, pues no se trata de la orden de Red Hood.
Intento no reflejarme en el rostro sin emociones de Damian.
Es imposible.
Tiene mis líneas.
La misma talante de torcer los músculos de la boca de manera casi imperceptible, diciendo con eso lo asustado que se encuentra y que continuará controlándose; Yo hacía lo mismo cuando Raphaelo me aterraba y no encontraba lo que ansiaba de mí: Me obligaba a permanecer impávido, sereno para alcanzar a dar con la respuesta y que eso significara menos dolor.
No voy a encariñarme.
Tengo que obligarme a cumplirme por vez primera, no se trata de algo similar a Red Hood: esa locura ya la cultivó cual cianuro, esperando que me asesine... No, esta palabra tengo que tomarla... Me lo debo.
-Bienvenidos. Sé que es modesto pero siéntanse como en su casa; Vallewida, lárgate ya: iré a donde Neiper después de una ducha.
-Lleva a Nightwing, que no se te olvide que el jefe quiere conocerlo, Red Hood. No creo que pase más nada, el intento de esos por recupéralo fue infructuoso... ¿Quién es Damian Al´ghul?
¡Huy! Tengo que abstenerme de sucumbir a la carcajada, el rostro de Red Hood es un poema; Él sabe que fui yo quién le dijo a Vallewida mi nombre, nadie más sabia de el... ni siquiera Slade.
Ya no eres un privilegiado, Red Hood ¿Qué se siente ser como cualquier mortal?
Claro, no es como si la propiedad de un nombre fuera un lujo pero a Red Hood le da cierta autoridad...o eso es lo que piensa y es lo que importa.
¡Ah!...por un momento, Red Hood me supo patético. ¡Y lo disfruté!
-¡Lárgate, Vallewida!
Grita Red Hood, me sorprende lo que le afecta... Red Hood es infantil, detesta perder y es algo que en personalidad compartimos.
Red Hood saca a empujones al buen Vallewida que se apura a irse, por supuesto que agrega comentarios con mi nombre incluidos, enervando solamente a Red Hood.
Una vez ha conseguido eliminar la presencia de Vallewida del departamento, Red Hood se abalanza con tal violencia por la sala y sin reparar en Damian, lo empuja, lo patea en su ir y venir... Arroyándolo sin parar.
¡¿Pero qué jodidos hace el mocoso que no logra quitarse del camino?!
Damian se mueve tan lento que apenas quiere gatear a una dirección ya Red Hood anda de vuelta y vuelve a empujarlo.
Red Hood anda perdido en su nublada mente.
Me muevo de mi posición, yo también tengo que dejar de ser el cínico que sólo se queda al margen de las situaciones; Empujo con tal fiereza a Red Hood que logro tirarlo al suelo, tengo que revisar los daños de Damian.
Únicamente sus manitas están pisoteadas. Los moretones se le irán enseguida.
Es un niño ejemplar.
Ni siquiera llora.
-¡¿Qué te pasa, Nightwing?! Los perros no atacan a sus dueños.
-Andas equivocado, Red Hood...no soy tu mascota, en todo caso tal título de amo lo sigue ostentando Slade.
Red Hood bufa, airado y enojado.
Le he herido profundamente... Hasta yo puedo notar lo profundo de tal tazada.
¿Qué es lo que me duele más?: ¿Qué Red Hood me aleje o que decida yo mismo poner distancia?.
¿Qué es lo que me asusta?
-¿Y a ti que te pasa, Damian? Podrías haberte levantado.
-Es ciego, Nightwing... Pero claro, eres lento y sonso, por supuesto que no te percatarías que sus ojos son su maldición.
-Ceguera degenerativa.
Lanzo con pesar en un suspiro estremecedor.
Había olvidado por completo que ese verde azulado fantasmal y hermoso es sólo la carnada para la desgracia: Damian padecía de un mal cromosómico que de seguro con unos pocos años de existencia ya le robará la luz.
Kelpiax andaría avergonzado de mi por olvidar tal lección de clases.
A mi favor, un olvido es común.
-Por eso ocupa de una nana, Nightwing. Harás tal tarea hasta que se acostumbre al departamento y cuando salgan a la calle. Hazle de lazarillo. Sólo fíjate por donde caminas. Damian vale más que tu vida... Literalmente, así que perderlo en un accidente automovilístico por no saber cuándo cruzar la calle, está fuera de los planes de Outlaws.
-Dinero...típico. Dime en donde dormiremos.
-Damian tiene su propia habitación, es un invitado de honor... Tú por el contrario, déjame pensar,... una manta en la esquina de mi cuarto te bastara.
-Déjame la cama y te cederé el trapo.
-No juegues.
-Dame mi lugar.
-Te lo estoy dando, regalado... Pero si tanto insistes, dormirás conmigo. Es decisión tuya si gustas compartir la cama, no pienso mal lograrme el descanso por una cosa.
-Iré a bañar a Damian.
A Damian no le pareció, pero no es como si le pidiera su opinión... Es lo bueno de los niños, tienen que hacer lo que los adultos les ordenan o lo que les dicen con palabras graciosas y tiernas, palabras embrujadas de encanto salvaje que son peores que las verdades hostiles.
Eso es lo malo de ser infante.
Tengo que aceptar que Red Hood tiene listo todo, es precavido; los jabones se encuentran en abundancia en los estantes y los champús no faltan, los estropajos pulcramente guardados dentro de sus plásticos que nos piden elegir uno. El calentador del agua es solar, simplemente hay que girar la manija del agua caliente y ¡listo!... Me asegurare que Damian se halle bien para poder asearme.
Damian no se ha movido del sitio en donde lo dejé, espera pacientemente captando los olores y sonidos y pude apreciar que ha iniciado con la tarea de reconocimiento, pues no ha dejado de contar los pasos desde la sala y de memorizar los sitios que le mencionó de vez en cuando: como lo son algunos muebles a los costados.
Inicio a sentir simpatía.
Damian tiene un instinto de supervivencia mayor al de algunos adultos que conozco.
Uno mayor al mío.
Le envidiaré.
Me apresuro a quitarle la ropa. Ni me asombro al notar algunos morados tiñéndole la fina piel, a pesar de que el secuestro de seguro se llevó con la máxima de cuidados por lo frágil del envase, Damian tuvo que haber puesto resistencia... Se nota que Damian no toma nada de sol, a lo mejor no ha trabajado nunca bajo la incandescente cara amarilla del mediodía: eso es, se trata después de todo del hijo de una familia prestigiosa; Sus padres tienen que estar muy preocupados al no saber de él, al no poder acostarlo y al desconocer si se alimenta adecuadamente.
Tiene que ser terrible también para el pequeño.
-Ven, toca el agua y me dices si la quieres así o más caliente como fría.
-La prefiero caliente. Relaja los músculos.
-Red Hood es una bestia.
-No me moví rápido, soy ciego no tullido. Es mi culpa no del señor Red Hood. Él estaba pasando por un mal momento por lo que alcance a percibir. Lo hiciste enojar.
-Mejor te tallo.
¡Vaya lengua!
Es la primera vez que encuentro a una persona que no considera la incapacidad de ver, como incapacidad.
Qué ironía.
Es peor que yo.
Creo que me apresure a sentir de alguna forma aprecio... No, claro que no, la actitud de Damian es más de mi agrado, la fortaleza la encuentro divina.
-Podrías dejar de sentir lástima por mí.
- No te tengo especial afecto por tu incapacidad, sino porque te sacaron de un buen lugar. Creo que extrañas a tus padres, ir a la escuela... Imagino que es confuso tener miedo.
-El señor Red Hood no me saco de casa, lo hizo un hombre al que llaman Bruce Wayne y no me provocó miedo, Omi da más terror... Su manera helada y dicipliente con mis actos, ella es tan ajena que da pánico... Aunque padre me hace tenerle precaución, con ambos no se sabe que esperar.
-Extrañarás a tus amigos.
-Uno no extraña lo que no conoce, joven Nightwing.
Por vez primera Damian me provoco lástima.
Hasta yo tenía un amigo.
-Eres sin duda nacido en cuna de oro, Damian: hablas de forma entendible y legible, correcta para tus ¿Nueve años?.
-Ocho, joven Nightwing. Padre insistía en contratarme a los profesores de etiqueta, sugería que los hombres son severos cuando inculcan el arte de los modos...que son aún más estrictos que las mujeres, ya que estas se encariñan y se vuelven suaves con los genios o los incapacitados... Además de que un hombre enseña mejor las artes de los caballeros que las mujeres, no he visto muchas nodrizas ni institutrices, dispuestas a compartirme los secretos que las hacen suspirar y por el contrario, los hombres son más osados contando lo que les enloquece.
-¿Te consideras un genio?.
-Sólo inteligente y buen mozo, seré un conquistador. Puedo empezar ahora mismo con usted, doncel Nightwing.
Aguante la burla.
¿Un niño vendría a intentar conquistarme?.
¿Un niño estaba diciéndome "Doncel"? ¿Estaba asegurando que era un efebo sin manchar, sin conocer varón? ¿En serio que me está diciendo que pretende no saber que me han violado y marcado?
Le vacié otra jarra de agua en la cabeza para iniciar a lavarle el cabello.
Sin duda, la precocidad es una parte indiscutible de su encanto.
-Le contare un secreto, doncel Nightwing. Cuando deje de percibir los colores del mundo... No tenía importancia para mí. Fue en medio de una discusión familiar, de lo que los adultos denominan como desacuerdo marital por celos y deslealtad, por un fantasma que literalmente andaba vagando los avernos o los elíseos.
-¿Tus padres peleaban mucho?.
-Por supuesto que no.
No era el único que estaba roto por los ajenos.
Damian me lo estaba diciendo.
Ambos atados a los designios de otros...
No soy el único.
-Ellos apenas se veían frente a mí, cuando discutían encontraban la forma para que fuera tal como ellos decían..."divertido" ... Placentero y que demostrara la superioridad de cada uno, son muy competitivos; Me salí del tema; Ellos discutieron de poderes y se les fue de las manos, yo había tenido una plática ese día en el preescolar acerca de la guerra...era el día mundial por la paz, hasta soltaron palomas blancas durante el acto cívico: La profesora fue demasiado explicita para ser tercero de párvulo, las imágenes que imprimió, sangrantes y degradantes... Dolorosas, hambrientas y abusivas, no sólo detuvieron las peleas infantiles por los crayones o la propiedad de los columpios: detuvieron mi propio corazón.
Padre se puso serio, Omi continuaba altivo... Ninguno vio mi pesar: trate de avisarles que la luz aumentaba.
Les grite por un momento que la luz era inmensa. "Mami, la luz no me deja verte" "¿Papá, que pasa? ¡Están desapareciendo!" "Vuelvan" les decía, doncel Nightwing, les suplicaba porque me dejaran verlos, porque seguía escuchándolos... Y por instantes, realmente no quise ni ver u oír... Su pelea subía de tono hasta los reproches y el llanto.
Yo nunca viví con ellos, doncel Nightwing: ellos no me querían a su lado y me lo dijeron el día que los conocí.
Se ocupaban de mí económicamente...tenia padres sin tenerlos.
A los tres años su honestidad me asesinó, aunque no comprendiera del todo lo que me decían, sin embargo se percibía.
El médico dijo que "aceleré mentalmente" la degeneración ocular. Que de alguna forma no quería ver...es a lo que llaman: ceguera psicológica.
Y es que ya no quería ver, doncel Nightwing.
Demasiadas peleas.
Demasiados matices que no comprendía, que sigo sin entender.
De todas maneras estaba condenado desde el inicio, mis ojos ocupaban de un aumento que hacía que fuera la burla del resto de los niños... Mis espejuelos eran gruesos y los niños crueles.
Siguen siendo crueles, divisan a un ciego y creen que pueden poner sus manos sobre uno sin temor a que le reconozcan después: pero no, doncel Nightwing, me gravo cada tono de voz, cada piel y aun entre los puños puedo identificar a mis agresores si es que después les tengo que tender la mano... La venganza llega siempre tarde.
Pero es un plato delicioso cuando está frío.
Pasmado.
Apenas respiraba.
¡No era el único!
Damian a su manera paso por el mismo trecho.
Ambos atrapados por Outlaws.
Ambos despreciados por los progenitores.
¡Lamentablemente no era el único!
¡Dolía!
¡Quería decirle a Damian lo que le pasaría! Ése odio es terrible, a mí no me ha servido de nada. Sólo me ha empeorado... Felizmente pero me ha terminado.
Damian no me escucharía.
Yo no lo hice y eso que me lo gritaron por toda una noche.
-Gracias.
-No llore, doncel Nightwing.
¿Cuándo es que ha notado que gemía quedito?
Su mano es tersa a pesar de las magulladuras causadas por Red Hood y su suela.
Limpia el rastro de mi carne y compone una mueca cansina.
-De ser necesario me la comeré, doncel Nightwing, está lágrima cristalina brilla tal estrella. De seguro sabe tan bien como su boca.
-¡Damian!.
-Eso parece más una protesta de efebo avergonzado que una negativa adulta, doncel Nightwing. ¿Es que ya he iniciado a gustarle? Pero si aún el cortejo no empieza.
-Eres todo un pícaro, Damian. Venga ya. Tengo que secarte para que puedas ponerte el pijama y descansar. Definitivamente no iras con Neiper.
-¿Me rechaza, doncel Nightwing?.
-Es que ya tengo a quien adorar, Damian... Además no está bien enamorar a tu niñero; Si tienes hambre le pediré a Red Hood que nos deje pedir algo, dudó que preparara la alacena para recibirte y dejarme cocinar...
En-mudó inmediatamente.
¡Red Hood ha conseguido lo que quería! ...¡Me tendrá preparándole los alimentos!
Me pregunto que tendré que hacer en mi estadía, si Red Hood ha conseguido que sea el ama de llaves del departamento, me espera una jornada de ser su asistente personal... Su mascota que le trae el periódico en el hocico, una mascota que le ponga las pantuflas y le quite el saco.
La suerte le sonríe a ese imbécil.
Apagó la luz eléctrica del cuarto de Damian.
Me retiro en silencio, asegurándome caminar de puntitas si es necesario.
Buscó a Red Hood.
Así que éste sería mi sitio de trabajo de haber aceptado; me es imposible imaginarme sacudiendo las enormes cortinas y de cuidar las madreselvas que se enroscan en cada pórtico de los interiores. Ni siquiera puedo verme aseando los pisos de madera, es curioso que este no truene con el peso moviéndose sobre su impoluta superficie.
Que silencioso.
Como tiene que ser.
Red Hood tiene muchas cosas en que calibrar y el silencio ayuda.
No me imagino como hará con un niño, no es que Damian se note un infante travieso... Me aventuro a asegurar que disfruta de otra clase de diversiones.
-Nightwing.
Apenas lo noté atrás mío.
Red Hood me empotro con violencia contra el cristal del balcón.
Subió mis manos por encima de nuestras cabezas, apretándolas con fuerza para que en mi debate furioso no me liberará: metió su pierna entre las mías, para que dejará de patearle.
Sabe inmovilizar... Bien, punto a su favor... Mal, estoy perdido.
Nos detuvimos.
Yo me detuve...
¡Dime lo que deseas de mí, Red Hood!
-Tan igual... No has envejecido, Nightwing: te has detenido en el tiempo. Es extraño, pero hasta ahora puedo detenerme a verte.
-¿Contemplarme? Tuviste mucho tiempo.
-¡Hey! No ladees tu cabeza, Nightwing... Quiero ver la mala perforación que Wilson le hizo a tu lóbulo... Aún no la has desinfectado. Se pudrirá.
-La estas lamiendo, es sangre seca, Red Hood. ¡Asco! Detente. Si se infecta será tu culpa, la boca humana contiene demasiadas bacterias, una mordida podría traspasar la rabia.
-Jajaja tu respiración es tan acelerada y te has ruborizado. ¿Qué es de lo que te apenas? Jamás creí verte así.
-¡Deja de burlarte! ¡Basta, no aspires mi cuello! ¡RED HOOD!.
-Me imaginaba a que sabría tu sangre... Imaginaba que Wilson la disfrutaba a diario; Me torturaba con la idea constante de otros disfrutes provenientes de ti, siempre contigo de protagonista ofrecido. Tan ofrecido para salvar tu pellejo.
-¡No tienes límite, Red Hood!.
-Otras ocasiones te soñaba lloroso... Te ilusionaba en tantas posiciones, caía en la locura; Korian trataba de controlarme, me abrazaba con espasmos y me ataba con sus sedas rojas y llegue a ofenderla por ti.
Red Hood se enojaba, pasaba del dulzor al picor.
Logramos tener un forcejeo mayor, logré ponernos en el suelo para rodar... Red Hood lograba ponerse arriba, otros segundos me posicionaba sobre suyo, rozábamos nuestros cuerpos violentamente.
El cabello mojado de Red Hood por la reciente ducha, me salpicaba.
Red Hood se corono como el vencedor: Con ambas piernas a mis costados e inmovilizándome los brazos, aplastándolos por sobre el codo, con su cuerpo sentado en mi abdomen y rozándome las costillas dolorosamente, Red Hood coloco su cara frente a la mía: Apenas le alcancé a escuchar el susurro prodigado.
Bajo y desesperado, adorable y profano.
-Tanto. Tanto. Tanto.
Red Hood lloraba.
Me dejaba ser un privilegiado.
Era clara su desesperación.
No podía pretender tocar a Red Hood, no me dejaba... Me odiaba, me dejaba sentir su amor y su odio mezclados.
Red Hood continuaba susurrando como si en cualquier momento Damian pudiera pararse de su cama y vernos desde el fondo de las sombras que le desfigurarían, que le protegerían como no nos abrigaban a nosotros tirados en el suelo, a plena luz de la luna ingrata y desvergonzada que se filtraba por los ventanales del vigésimo piso en el que estábamos.
Susurraba en secreto, en complicidad con su corazón que no se mostraba ahora que andaba alterado en el pecho, resguardado entre capaz de músculos y bombeo de sangre compitiendo con las estampidas de los equinos pura sangre de las praderas indias de los lacota.
Se ocultaba su órgano de mi tacto, pero hacia presencia en sus ojos turbados y dilatados en negros abismales, jurándome muerte y pasión, tratando de desquitarse un poco por lo que fui culpable... Aunque no sepa de que se me acusa.
Red Hood jamás me ha dicho de que soy responsable.
Y mucho menos, me ha expresado lo que le provoco... Creo reconocer la pasión en su iris, pero es imposible... Red Hood sólo puede demostrarme rencor.
-Te extrañe a salvo. Te anhelaba.
No era el único.
-Estúpido.
No era el único.
-Voy a hacerte llorar, Nightwing.
No soy el único.
-Ya estas llorando, Red Hood.
Y se lo hago saber.
.
.
.
.
Notas de la autora
¡Puff! A que no e tardado en esta ocasión pero es que tengo una razón (JUjujujujuju) bueno ya. Apenas escribí esto, lo cuelgo, ya que tengo que irme a la cama para despertar e ir a la Universidad en unas horas para presentar un examen de Psicoanálisis infantil con un profesor que ama a Lacan y pues… los que sepan del tema, ya saben mi predicamento.
¿Y qué piensas? ¿Estos dos tendrán un futuro? De que son apasionados, lo son… ¿Eso será suficiente? Anímate a decirme que piensas y anda, ten voz.
Agradezco infinitamente el que me tengáis tanta paciencia. Que me sigas leyendo, apoyando, comentando y que leas, de madruga, mañana, tarde o noche y digas que esto da para más.
A ti por seguirme, gracias.
A ti por comentarme, gracias.
A ti por inspirarme, mil gracias.
A ti por atreverte a conocerme, muchas gracias.
