Detective Conan es propiedad de Gosho Aoyama.
Capitulo 3: Robo exitoso y algo jamás planeado
-¿Tú eres…? – Vio como esa chica asentía
El príncipe Shinichi la miraba sorprendido mientras bailaban, no podía creerse que ella sea la princesa desaparecida, el cadáver no encontrado, que en realidad, no tiene de desaparecido y absolutamente nada de muerta. Ran estaba confundida, no entendía el por que le había dicho su identidad, a él… ¡A un Kudo! No entendía el motivo, pero algo en él le dio confianza… Una extraña y agradable confianza.
-Quiero una prueba – Dijo de golpe el príncipe, no iba a confiarse fácilmente esas palabras, era una pirata, es parte de su naturaleza mentir. – Es imposible que la desaparecida princesa este viva… Ni mucho menos que sea pirata
-Está bien – Su mano izquierda toma su hombro derecho cuando dejaron de bailar y se bajo un poco el vestido para mostrar lo que tenía en el hombro: Una marca de nacimiento, que consistía el escudo de la realeza de Fairy Land. Era un león. – ¿Ahora me crees?
Shinichi quedó sorprendido… ¡Feather Black era Ran Mouri! Estaba por decir algo cuando la fiesta se interrumpe por un fuerte sonido: Un Disparo. La tripulación Fairy Paradise había atacado, disparando al techo para dar su señal de existencia.
-¡¿Pero qué…? – Exclamó Shiho y antes de que hiciera algo, Sato y Jodie aparecieron detrás de Agasa y la reina Yukiko, tomándolos por la espalda con fuerza y rozándoles el cuello con un cuchillo – ¡Abuelo!
-¡Yukiko! – Exclamó su esposo mientras se levantaba. Se acercaba a su Reina, pero al ver como Jodie se lo impedía acercando más el cuchillo a su esposa, se quedo quieto.
-Así se hace Su Majestad… No querrá que este rostro se arruine, ¿verdad?
-Capitana – Dijo Sato viendo a Feather Black, quien aún seguía con el príncipe.
-Lo sé Sato. – Sonríe irónicamente. - Lo sé – Con algo de burla, se inclina ante Shinichi y se aleja de él.
Gin iba a aprovechar el momento para robar la joya, ya que estaba cerca de ella, y hacerse el héroe, pero cuando estaba por tomarlo, sus manos se alejan de la Sirena ya que Kazuha y Yuuko se lo impidieron, Kazuha lanzando un disparo cerca de su mano y Yuuko apuntándole la espalda con una espada. Ran comienza a caminar hacía Gin y la joya para tomar el preciado regalo de cumpleaños y cuando su mirada se cruza con la del general, algo en él le hizo familiar y al recordar, la sorpresa y furia la invade por completo.
-Tú… - Murmuro furiosa.
-¡Capitana! – Grita Jodie al entender sus motivos.
-Cierto, cierto… Gracias Jodie – Se guarda la joya y camina hacía los reyes – Rey Yusaku, Reina Yukiko – Inclinándose con ironía – Lamentamos esta pequeña interrupción y que la reina se quede sin regalo, pero no tenemos de otra – Sonriendo divertida. – Le aconsejo Rey que se acerque a mí o la vida de la reina correrá peligro.
-Haré lo que me pidas…Pero cumple tu palabra y no le hagas daño a Yukiko. – Se fue acercando a la chica, quien tuvo que ocultar la tristeza, podía ver claramente el amor que se tenía y eso no hacía más que recordarle a sus padres.
-Descuide, seré mala, pero una mujer de palabra. – Le aseguro. Y quedaron frente a frente. – La Sirena de Diamante… Una hermosa joya de Fairy Land… Y esto me pertenece por derecho.
-¿Te pertenece?
-Mi nombre es Feather Black. – Sonríe con arrogancia y victoria. – La capitana de Fairy Paradise. – Todos quedaron sorprendidos y murmuraban entre si – ¡Silencio! ¡O la reina y el consejero lo pagan! – Ordeno tajante, con una postura autoritaría.
Yusaku quedo algo confundido, algo en esa chica misteriosa, cubierta por el antifaz le era familiar, pero no lograba identificar de donde. Se oye un grito de asombro, interrumpiendo sus pensamientos y la tensa atmósfera, la causante fue la reina Yukiko, quien miraba sorprendida a la chica y se cubría la boca con su mano derecha.
-¡Señores! – Dijo la capitana al momento que se apartaba del rey unos tres pasos. – Lamento ser una grosera, robar e irme, pero… - Se quita el vestido para mostrar su traje pirata y aún tenía su antifaz puesto – Tengo muchas cosas que hacer, tesoros que robar… Ustedes me entienden. – Se inclina ante los reyes al momento que su tripulación se va – Príncipe Shinichi – Le dijo con un tono de burla al momento que se vieron a los ojos. – Ya nos veremos en otro baile y me asegurare de devolverle el favor. – Y se va corriendo por los pasillos del palacio.
Cuando se fue, el Rey grito a sus hombres de que atraparan a las piratas, pero todos habían salido con éxito del terreno del palacio, aunque estaban escondidas por la ciudad, cercanas a su barco escondido ya que no podían irse del pueblo sin su capitana, quien no daba su señal de vida. Feather Black, o Ran, estaba aún en el palacio tratando de escapar de aquellos hombres que cada vez aumentaban… El motivo por el cual no se iba aún era porque quería respuestas y eso era lo que Jodie, su mano derecha, se temía.
-No me iré hasta saber lo que ese rubio planea… - Susurro mientras veía en un escondite como los soldados pasaban por su lado corriendo sin darse cuenta y una vez que se alejan, suspira aliviada – Estuvo cerca…
-Para ser Feather Black, actúas muy torpe al adentrarte en el castillo después de hacer un robo – Ran voltea y su mirada se cruza con la de Shinichi.
-Vete, no tengo porque darte motivos.
-Le estas pidiendo que se vaya al dueño de este lugar – Dijo con una sonrisa que era la mezcla de burla y sarcasmo. Al oír como hombres se acercaban al lugar, se apega más a la chica, para esconderse ambos detrás de la armadura y gracias a la oscuridad, pudieron pasar desapercibidos.
Cuando se fueron, notaron que estaban muy pegados al otro, el príncipe, sin haber pensado, se había aferrado de la cintura de la chica con intenciones de poder estar los dos ahí sin problemas y Feather Black había apoyado sus manos, sin darse cuenta, en el pecho del chico y sus rostros estaban demasiado cerca del otro.
-Lo siento… - Murmuro el príncipe mientras trataba de mantenerse sereno ya que le había dado ganas de probar aquel néctar llamados labios
-¿Por que? – Murmuro, tratando de mantener la cordura. – ¿Por qué no me delataste antes y ahora?
-Yo… No lo se…
-¿Por qué me diste confianza? – El chico la mira confundido – Eres un Kudo, debería odiarte, pero… No puedo hacerlo… - Sin darse cuenta ambos comenzaban a acercar sus rostros. – Y lo peor de todo, te he delatado mi identidad…
-Prometo… - Murmuro mientras rozaba sus labios con los suyos – Te prometo que no diré nada
-¿Por qué debería…Confiar? – No se había enojado por ese atrevimiento, es más, le había gustado aquel roce y su cuerpo pedía más.
-Porque yo no soy un chismoso… - Aquellos labios le habían gustado y quería más, era una peligrosa droga… Ninguna mujer pudo hechizarlo así antes y ahora aparece esta pirata y le roba todo sentido del juicio… ¿Qué clase de príncipe era?
Y sin que pudiera detenerlo se besaron. Era un beso dulce que no tardo en ser apasionado. El chico se aferraba de su cintura y la chica rodeaba su cuello con sus brazos, sus labios bailaban una hermosa melodía, era como si ambos estuvieron hechos el uno para el otro. No querían separase, pero el oxigeno les ganaba y se separan, pero solo un poco, por lo que sentían con claridad la respiración del otro y el sonido muy lejano de pisadas los sacaron de aquel mágico mundo.
-Ven. – Dijo Shinichi mientras la tomaba de la mano.
-¿Qué planeas hacer? – Susurro siendo llevada por él.
-Te llevo a mi cuarto. – Le tapa la boca antes de que grite. – Es un lugar seguro para que puedas huir.
-¿Por qué?
-Eres Ran Mouri, la heredera de Fairy Land, ¿No? La princesa que todos esperan ver, no puede estar bajo rejas, además… Tú solo estas recuperando lo que es tuyo.
-Kudo… - Estaba sorprendida y seguían corriendo.
-Shinichi – Dijo de golpe – Te ordenó a que me digas Shinichi.
-Hmm… -Gira su rostro molesta – Yo no tengo porque recibir órdenes tuyas.
-Ya llegamos – Entran al cuarto del chico y una vez adentro, cierra con seguro.
-Ahí. – Indicando la ventana que da al muelle, la abre y mira el jardín, estaba desierto – Si, puedo escapar por aquí.
-Ten cuidado. – Le pidió. Y por una fuerza fuera de control, la trajo hacía él para volver a besarla y la chica no se negó, le correspondió el beso – Para la suerte.
-Tarado. – Murmuro mientras se daba la vuelta para ocultar su rubor en las mejillas.
-La capitana me preocupa Jodie –Murmuro Sato, muy preocupada.
-Lo sé.
-¿Acaso la habrán atrapado? – Preguntó una aterrada Kazuha.
-No lo creo – Le aseguro una tranquila Yuuko – La capitana no se entrega fácilmente.
-¡La capitana! – Grita Nami de golpe, desde lo alto.
-¡Sí! ¡Ahí viene! – Afirma Vainilla, indicando.
-¡Hola! – Grita Ran, moviendo su mano derecha en saludo, como amigos que no se ven en años. – ¡Nami! ¡Kazuha! ¡Preparen la partida! – Ordenaba a gritos mientras corría hacía el barco, no podían perder tiempo o las atraparían.
-¡Entendido! – Gritaron a la vez.
-¡Capitana! – Grita Sonoko al ver a hombres detrás de ella.
-¡Yuuko! – Grita Vainilla, girando su rostro para verla – ¡Vuela y trae a la capitana!
-Buena idea – Respondió Yuuko, da un salto y estaba volando por los aires con dirección a su capitana – ¡Tome mi mano capitana!
-¡Kazuha! – Grita cuando toma la mano de Yuuko y ambas vuelan – ¡Trae niebla!
-¡Entendido capitana! – Le deja su parte del trabajo a Sonoko y estira sus brazos al cielo y sus ojos se le iluminan, para luego aparecer mágicamente niebla y viento que cubría todo el pueblo, logrando confundir a los soldados.
Cuando la niebla desapareció y los soldados finalmente pudieron ver, notaron que el barco estaba muy fuera de lugar. La tripulación de Fairy Paradise gritaba emocionada por su victoria y Feather Black se sentaba en uno de los barriles con una sonrisa victoriosa mientras miraba la Sirena de Diamante.
-¡Ran! – Para su desgracia, su felicidad desaparece al oír la voz dictadora de Jodie – ¡Casi arriesgas tu vida por una estupidez tuya!
-Está bien Jodie, todo salio bien, ¿o no?
-¿Por qué te acercaste al príncipe?
-Yo… - Se sonroja levemente al recordar lo ocurrido. – No tengo que dar motivos Jodie, solo quería divertirme un poco – Ni ella misma se lo creía.
-¡Pero hicimos un buen trabajo! - Interrumpió Vainilla entre los gritos de celebración – Ran-sama recuperó su tesoro.
-Y gracias a ustedes – De un salto, cae al suelo de pie – ¡Gracias a mis navegadoras, la samurái Nami y la hechicera Kazuha! ¡A nuestra cocinera y maestra del naginata Sato! ¡A nuestra princesa Sonoko Suzuki! ¡A mi otra hechicera Yuuko y a Vainilla! – Abraza a Jodie – ¡Y no nos olvidemos de Jodie, mi mano derecha y la maniaca de las pistolas!
-¡Viva! – Gritaron todas, menos Jodie, quien lanzo un suspiro de resignación, esta niña era un caso perdido… Como la antigua capitana de la tripulación.
