Notas iniciales:
Más excusas baratas a la hora de pedirles perdón por no actualizar. Si han leído mi profile, he estado teniendo problemas con mi computadora; por ende, no he podido actualizar como es debido. O como debió de ser debido. Dejando de lado eso, y esperando que sepan disculparme, les informo que este capítulo es cien por ciento RoyxRiza. Bien, no los molesto más, les dejo la historia cuatro lista para ser leída.
Disclaimer: en el capítulo 1.
Nosce
Te Ipsum
Escrito por Megumi Asakura
Historia 4: Café.
Miraba absorto la ventana. No había nada de interesante, al menos para la gente común, ver un par de nubes grises revoloteando encima de Ciudad Central. Tal vez eran nubes de tormenta, tal vez eran nubes de contaminación.
No era el caso. Había algo que lo llevaba a mirar fijo ese cielo monótono gris con cierta devoción. Desde su sillón en su oficina parecía muy cercano este paisaje. El silencio era el dueño de ese momento en la vida de la persona que osaba escucharlo.
Pasó su mano por sus negros cabellos como en una señal de desesperación. Ya el paisaje no era lo que mantenía sumergido en meditación a Roy Mustang, eran los recuerdos que él le traía. La misma mano recorrió su pecho y se detuvo en su corazón. Allí, escuchó la fuerte y agitada marcha del mismo. Solamente pensar en lo que había sucedido hacía tres noches atrás le aceleraba su percepción del tiempo.
Mientras Roy se desesperaba pensando sobre ese momento en particular, otra persona con quien había compartido ese momento simplemente lo recordaba con devoción y orgullo. Claro, porque ella era la única que había podido volver loco al coronel con una simple mirada.
Ella miraba otro cielo, uno con sol a pleno. Pero el sol no era suficiente para calentar el frío invierno de Geekandort, un país demasiado lejos de la Ciudad Central, y bastante diferente por cierto. Allí la gente estaba más ocupada, miraba menos a su alrededor. Así, Riza Hawkeye se sentía más libre de soñar, nadie estaría observándola detenidamente.
Cerró sus ojos y dejó que su mente se conectara al pensamiento de Roy.
-Roy...
-Riza...
Ambos dijeron el nombre de una de las personas más importantes en su vida al mismo tiempo. ¿Casualidad?...
--o--
Pero, ¿qué era ese momento en común?. ¿Qué era lo que les hacía sentirse bien cuando recordaban eso? Simplemente un momento compartido entre ambos, cuando las respiraciones se hicieron una y sus cuerpos se fusionaron en uno solo también.
Todo había sido desencadenado por el factor viaje del cual nunca regresaré por parte de Riza Hawkeye. Ese día lo había decidido: se iría a un país que estaba como a miles y miles de kilómetros, cruzando muchos ríos hacia el norte, en donde el invierno siempre estaba presente. Ese lugar era Geekandort, un país pequeño pero con una economía estable. Se iba allí porque...
-Como les venía anticipando, me voy a Geekandort dentro de dos días, así que mañana será el último día que trabaje aquí. –anunciaba Hawkeye mientras todos almorzaban.
-Es una pena, ¿no había un país más cercano? –preguntaba Armstrong.
-Hubiera querido que así fuese, pero las circunstancias no lo permitieron.
Lamentos y más lamentos por parte de todos los compañeros de trabajo. Pero había alguien que no estaba allí: claro, él no compartía ninguna clase de comida con ellos, porque tenía un alto rango. Ése no era otro más que Mustang. Sabía que Riza se iría, mas la fecha exacta la desconocía.
Pasó ese día, y el día siguiente. No vio nada extraño en el comportamiento de la teniente. Solamente algo de nostalgia en su mirada, pero podría haberse confundido con cansancio.
Se despidió de todos como siempre, prometiendo cartas y algunas visitas de por medio, las cuales ella misma dudaba en prometer ya que era algo incumplidora en eso. Se mudaría a otro país en el cual no conocía a nadie... O bueno, a casi nadie.
El día en que Riza no fue, Roy se preguntó porqué había faltado a su trabajo. Tal vez la cara de cansancio era cierta y simplemente se había quedado dormida. No preguntó nada a nadie y siguió con su vida militar.
--o--
-¿No lo sabía?
-No estaría preguntando sino, Fuery.
-Bueno, ella se va en el tren que sale dentro de media hora a Geekandort a vivir... Es extraño que no sepa sobre la partida de la teniente Hawkeye, Coronel.
El mundo se le desmoronó. Casi acababa el turno de Mustang, era de noche y se enteraba de que ella se iba para siempre a un país muy lejano. La garganta se le secó y una presión en el pecho le impedía respirar con tranquilidad.
-Media hora...
Tenía solamente media hora para llegar a la estación de trenes, hablar con ella sobre muchos temas, despedirse e irse a casa contento con las acciones realizadas en esa media hora de tiempo. Gracias al cielo, la estación quedaba a diez minutos del cuartel. Diez minutos.
Sin dudarlo, salió a toda marcha hacia la calle, a tomar un taxi. Subió a uno y le dijo que le pagaría el doble si lo llevaba lo más rápido posible a la estación de trenes. El conductor así lo hizo, y Roy estaba más que agradecido. Solamente le había tomado cinco minutos el llegar.
Entre tanta gente, ¿cómo haría para distinguir a Riza? Qué importaba, buscó y buscó esa cara familiar hasta que dio con ella.
-Coronel... –dijo mientras lo miraba incrédula. Tal vez de alguna forma esperaba verlo allí, pero nunca creyó que pudiera ser realidad.
-Ya no importa el rango que ocupo, -dijo entrecortado- quisiera despedirme de ti...
Riza volteó y escuchó atentamente cada palabra de Roy.
-Sé que nunca me mezclé mucho con todos ustedes, léase Armstrong, Fuery y todos ellos, incluyéndote a ti. Pero hay algo, cómo decirlo... Algo que me atrajo a ti. Suena como un cliché, lo sé –respondió a la risita de ella- pero es la verdad. Sabes a lo que me refiero.
-Me siento muy halagada por todo lo que has dicho y por lo que no dijiste pero que sé que quisiste decir. Estoy muy feliz de oír todo eso, pero... No puedo amarte. Me voy a Geekandort por ese motivo: allí vive mi prometido, con el que me casaré en dos meses.
Estupefacto, no, no alcanzaban las palabras para describir la expresión en el rostro del coronel.
Una lágrima se escapó de los ojos ambarinos. Siempre lo había amado, pero desde la sombra, y ahora que tenía la oportunidad de amarlo debidamente, se tenía que ir para siempre. Qué mala suerte que tenía en el amor.
-Lo siento. –dijo Riza, quien tomó su bolso con algunas pertenencias. Se fue corriendo a los baños, en donde cerró la puerta y se miró en el gran espejo. Comenzó a llorar en silencio, no había nadie allí.
Roy sólo la había seguido con la mirada. Cuando la perdió de vista, una corriente eléctrica hizo que sus pies se pusieran en marcha para seguirla hacia donde ella fuera.
Señores pasajeros del viaje de las 20 horas con destino a Geekandort, se les informa que el tren llegará con un retraso aproximado de 10 minutos. Disculpen los inconvenientes ocasionados.
Ahora tenían diez minutos más para aclarar o empeorar las cosas.
Oyó una puerta cerrarse. Se dirigió lentamente hacia donde creía que el sonido había salido. Apoyó su oreja contra la puerta del baño de mujeres y escuchó un sollozo algo ahogado. Inconfundiblemente era ella, Riza.
Abrió la puerta y la encontró cabizbaja, llorando, de pie en frente del espejo.
Roy Mustang, al recordar esa escena, esa cara triste con el maquillaje corrido, hizo que la taza de café que sostenía en sus manos se volcara y cayera al suelo. Qué mal, había estado esperando esa taza de café por más de una hora. Ni siquiera le había dado un trago.
Miró desesperanzado el charco formado en los mosaicos del suelo de su oficina. El aroma lo inundó todo muy rápido, y en los claroscuros que hacía el café desde su lugar desparramado, le parecía ver todo lo que había sucedido en la estación de trenes de ese día.
Siguió mirando el café. Le recordó cuando se acercó a Riza y ésta lo rechazó.
-No te imaginas cuánto esperé a que me dijeras que me amabas... Hoy, justo hoy, el día en que me voy de aquí para siempre para casarme con el hombre de mi vida supuestamente, ¡hoy vienes a decirme que me amas!. ¡Eres tan... Oportuno, Roy Mustang!
Allí mismo cayó sobre sus rodillas. Era de noche, y no mucha gente viajaba en tren a esas horas. Por lo menos nadie más que Mustang vería ese cuadro de soledad y tristeza profundas.
-Riza, lo siento... –bajó hasta quedar arrodillado también para colocar ambas manos a los lados del rostro de la rubia- Pero no abandonarás Ciudad Central sin que yo te haya besado.
Justo a Riza Hawkeye, la mujer más estricta, la más fiel, la más... Le sucede esto. Estaba comprometida... ¿Con el hombre que amaba?. ¿Era Roy Mustang esa persona o era ese rostro lejano que la esperaba en la fría ciudad de Geekandort?
Los labios de él se acercaron hasta hacer contacto con la temblorosa boca de ella. Un simple beso, un simple roce. El aroma al café le recordaba demasiado al sabor de los labios de ella.
Había besado tantos labios de tantas mujeres, pero ninguno de ellos era como los de Riza. La pasión se volvió inaguantable, y se transformó en un beso más profundo aún, pero...
-Roy, no, estoy comprometida... No puedo. –sus lágrimas se habían secado ya.
Se puso de pie y se dirigía a la puerta cuando él la detuvo, abrazándola por detrás.
-No te irás... Sin ningún recuerdo mío, Riza.
La aludida se volteó para verlo directamente a los ojos y tratar de explicarle qué parte del estoy comprometida y me casaré en dos meses no entendía, pero no pudo porque se volvió a encontrar con los labios de Roy, esta vez más hambrientos que nunca.
Un largo beso seguido de pequeños mordiscos en el cuello de ella fueron más que suficientes para colocarla bajo el dominio total del Coronel de mirada azabache. Se dejó llevar hacia la pared.
Los besos se alternaban entre los labios y el cuello de su amada, mientras que sus manos osaban tocar o las bien formadas piernas para acercarlas más a sus caderas, o los senos casi perfectos.
¿Riza le estaba siendo infiel a su prometido? No, por supuesto que no. Simplemente estaba teniendo una despedida.
Ese olor a café... Lo volvía tan loco como la respiración agitada de la joven de ojos escarlata.
Las manos masculinas subieron por debajo de la camisa de Riza, buscando el contacto de piel a piel. Se encontraron con los senos, los cuales no se salvaron de una exploración minuciosa.
Ya no aguantaba más, y tenía menos de ocho minutos antes de que el tren saliera. Detuvo con sus manos al hombre que amaba, y le indicó el camino que debía seguir para finalizar la despedida.
Bajaron un poco el pantalón y la prenda de ropa interior masculina, lo suficiente para que se produjera un contacto. Ella hizo que Roy subiera sus manos por debajo de la falda hasta encontrarse con las bragas, que fueron sacadas con una simple seña de ojos. Todo parecía estar listo.
-Nunca pensé... Que perdería mi virginidad contigo y en este lugar. –le confesó.
Nadie respondió, porque no era necesario. Ya había comenzado la función.
¿Con cuántas mujeres había tenido sexo? Bueno, no eran muchas, pero habían sido suficientes como para quitarle el miedo y los nervios. Pero parecía que toda esa experiencia se había ido: se sentía tembloroso, asustado y nervioso, y solamente pudo tranquilizarse cuando besó a Riza para que sus gemidos fueran callados.
Cada movimiento de él en ella era tan intenso como un terremoto, y tan sutil como la brisa de verano cuando se choca con tu rostro.
Señores pasajeros con destino a Geekandort: se les informa que el tren ha llegado y quienes viajen a ese destino pueden subir ya. Habrá una tolerancia de cinco minutos. Muchas gracias.
-El tren... –dijo Riza casi sin aire.
Roy se detuvo todavía estando su miembro en ella. Quería seguir, quería seguir dejando sus huellas dentro de ella, pero el tiempo se le estaba escapando de sus manos. Por lo menos había tenido la oportunidad, aunque fuera muy corta.
-Te amo. –le dijo mientras apoyaba la frente contra la de su pareja.
-Yo también; nunca me olvides. –dijo ella, a quien le dolía tener que dejarlo allí, con ganas de más. Estúpido Roy, si tan sólo le hubiera dicho cuánto la amaba una hora antes... Sólo una hora...
Recogió el equipaje del suelo y se colocó la ropa interior, a medida que el coronel se acomodaba sus ropas también. Le dio un beso en la mejilla y se fue, simplemente se fue como si nada hubiera sucedido. Él se quedó con una mirada de sorpresa y felicidad al mismo tiempo, algo difícil de formar en un rostro pero posible. Porque en ese momento, el coronel Roy Mustang creía que todo era posible.
-Buen viaje, Riza. –dijo para sus adentros mientras seguía en el baño de las mujeres, escuchando partir el tren del cual ella nunca jamás regresaría.
--o--
-Dios mío, Dios mío... –se dijo mientras ocupaba su asiento al lado de la ventana. Aunque estaba de noche, le gustaba ver el paisaje.
No, no estaba desesperada porque casi perdía el tren. Estaba desesperada porque había hecho algo imperdonable si se lo contaba a quien la esperaba en ese país lejano. ¿Cómo era posible que ella hubiera perdido el control de la situación? No se lo aceptaba a sí misma.
Pero ya tendría tiempo de pensarlo. Ahora quería dormir y recordarlo todo. Todos sus años vividos en Ciudad Central. Tenía muchas horas de viaje por delante.
--o--
El café estaba perdiendo el aroma. Decidió que era hora de limpiarlo, porque eran demasiados recuerdos los que le traía a la mente ese aroma. Fue y buscó un trapo que estaba por ahí, y lo secó.
¿Cuántos recuerdos más podría aguantar? Decidió ponerse a prueba y para ello preparó otro café.
Le dio un sorbo y tragó lentamente. Pronunció su nombre accidentalmente una vez más.
-Riza...
--o--
El sol se estaba desvaneciendo de la ciudad. Unas nubes comenzaron a taparlo, y la fría brisa del interminable invierno estaba pegando fuerte a todos los habitantes de las ciudad. Era tiempo de irse, no sin antes comprar un café.
-Un café doble, por favor. –le pidió al vendedor del pequeño negocio ubicado en la plaza central. El tono de extranjera se hizo notar fuertemente en toda la frase y en cada una de sus letras.
Se lo dio. Fue a sentarse al mismo banco de la plaza, ahora para terminar de tomar el café. Le dio un sorbo y, sin querer, se le escapó ese nombre, el cual se había prohibido a sí misma pronunciar.
-Roy...
El frío viento dejó de soplar. Al menos para ella.
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Notas
de la autora:
Como se habrán dado cuenta, no me enfoqué tanto en el asunto del sexo esta vez, si no más en los sentimientos de los personajes. ¿Es bueno o es malo para esta historia?... Supongo que es malo xD
Dato curioso: tenía pensado otra trama para este one-shot, por eso le había puesto Café. Era una trama muy similar a la de los capítulos anteriores, pero de repente se me prendió la lamparita y cambié todo :P
Bien, se han acabado las parejas hetero... ¿Qué seguirá?. ¿Elricest o un yuri? Sobre una pareja yuri tengo dudas sobre escribir algo (es algo muy fuerte, para mí al menos :P) pero sé que Elricest habrá seguro... Así que les dejo el título del siguiente capítulo: Hambre. Ah, y por favor díganme si debo escribir o no yuri en este fic, y voten en mi profile en la encuesta, que es muy importante para mí :D
Ahora sí, nos vemos!!
And now it's too late to apologize... It's too late…PD: Los reviews… Pronto los responderé en mi blog, cuando tenga tiempo. Pero los responderé, eso ténganlo por seguro n.n
