Capítulo IV: "Tratos sucios".
El Thousand Sunny navegaba majestuoso en medio de un caluroso día de verano, las olas mecían el imponente navío que a pesar de tener un aire desgastado y colores desvaídos que un día habían mostrado vida, ahora sólo quedaba un viejo rastro de lo que en un buen tiempo fue. Lo lúgubre del enorme león amarillo era adornado en su cima por el cuerpo relajado de cierto capitán pirata que miraba hacia el horizonte sin preocupación aparente alguna.
Mientras tanto, en el interior del barco, la cocina era irrumpida silenciosamente por una peli naranja que creía haber pasado desapercibida.
—¿No debería estar usted en sus aposentos?
Nami dejó caer un par de platos que había acumulado en su habitación puesto que no compartía ni la comida con el resto, giró su cuerpo mientras se alejada dos pasos lejos de aquella voz. Tuvo que alzar la mirada ante tal tripulante sumamente alto para encontrar al par de ojos que le ejercían tal pregunta, soltando un suspiro de alivio.
—Creí que era uno de los idiotas borrachos de Tortuga. - se disculpó rápidamente para luego limpiar el desastre que había dejado.
El aludido ladeó su cabeza con una ligera sonrisa en los labios. —Aunque me sienta alagado al no verme dentro de aquel grupo ante sus ojos, le rogaría que respondiera a mi pregunta. – insistió mientras tomaba asiento en un taburete y vaciaba un poco de agua en una taza para luego beber un sorbo sin quitarle los ojos de encima a la joven.
—Le he visto entrar con el capitán al Black Hole, junto con el hombre ese de nariz larga y el hombre peludo. –respondió tirando los restos de porcelana barata a la basura. —Y si por "aposentos" se refiere al cuartucho de ratas, que por cierto me han hecho limpiar y ordenar sola, en estos momentos no me apetece seguir viendo como roedores asquerosos continúan intentando colarse por los agujeros que he tapado.
Farfulló molesta mientras recordaba la extraña conversación que había tenido con el capitán al preguntar dónde dormiría, mas no hizo más que estremecer su cuerpo tras revivir la segunda opción que había para pasar la noche.
"—Tú decides. – dijo ya sin paciencia un Rey pirata fastidiado ante la actitud de la joven que había dejado entrar a su navío, decisión de la que se había arrepentido apenas abrió la boca para criticar lo sucio y viejo que estaba su amado Tousand Sunny. —Te quedas con el cuarto que te doy, o duermes en las literas junto a los nuevos."
A Nami no le quedó de otra que pasar la noche entera limpiando para lograr obtener un lugar apartado en donde no sería molestada por salvajes piratas que algún día habían tenido tiempos de gloria. Mientras maldecía entre polvo y telarañas, se había preguntado en más de una ocasión en dónde había quedado aquel hombre alegre que había visto en la taberna, habría preferido pasar aquel viaje en compañía de un idiota en vez de aquel horrible tirano malhumorado que había tomado su lugar.
—Lamento no haberme presentado antes, soy Brook. Y si me permite darle un consejo, no me pasearía por el barco mientras la nueva tripulación permanezca aquí. Ya sabe lo que una mujer provoca entre tantos hambrientos de aventuras. Por cierto, me haría el honor de enseñarme sus…
—Si quieres llegar al siguiente puerto, cierra la puta boca.
Nami se giró al reconocer aquella voz con cierto aire de tranquilidad. —Eres Sanji.- dijo un poco más animada.
El hombre rubio estuvo a punto de lanzarse al suelo ante aquel reconocimiento por parte de la bella joven que tenía frente a él, pero se limitó a sonreír con notable rubor y asentir como si de un perrito entrenado se tratase intentando con todas sus fuerzas mantener la compostura. —Lamento informarle, que el pervertido éste tiene razón, bella dama.
—Nami, sólo llámenme Nami, por favor.
—Yohohoho, suelo tenerla mi estimado. – dijo el alto y delgado hombre mientras reía y continuaba bebiendo el té. —No queremos que nada malo le pase a las mujeres de la tripulación.
—¿"Las"? – preguntó confundida Nami, con cierta ilusión plasmada en el rostro esperando encontrar a otra mujer con quien al menos compartir momentos de aburrimiento. Pero la respuesta de Sanji desinfló aquel pensamiento de inmediato.
—Robin, nuestra querida arqueóloga, se encuentra en estos momentos con un grupo de amigos bastante confiables, se reincorporará al barco cuando sea seguro para ella. – Sanji respondió mientras encendía un cigarrillo. —Es por eso que Luffy no te quiere fuera de tu habitación.
—Basta de charlas. – Zoro irrumpió en la cocina provocando un incómodo silencio, y antes de que Sanji se abalanzara a él con el pretexto perfecto para iniciar una pelea, agregó. —Tú. –dijo viendo a Nami. —A tu habitación.
Había oído esa frase las últimas dos semanas, cada vez que se escabullía mientras la tripulación se encontraba en cubierta y encontraba algo que hacer se le cruzaba cierto hombre de malas pulgas provocando que rodara sus ojos y se marchara con pasos pesados de vuelta al "cuarto de ratas" como ella había bautizado.
Y no es que quisiera llevarle la contraria, sólo se aburría bastante con sólo un par de salidas durante el día que iban directamente del baño a su habitación, siempre escoltada por aquel hombre enorme, bastante peludo para su gusto. Para su sorpresa aquel hombre mucho más alta que ella era bastante agradable y hasta bordeaba lo adorable, tras un par de pláticas había descubierto que su nombre era Tony Tony Chopper y que no era ni más ni menos que el doctor de la tripulación.
Y así, día tras día intentaba una nueva forma de seguir explorando el lugar sin ser descubierta, acción que tenía más que harto al espadachín.
—Ya va la tercera vez en el día que se escapa, ¿por qué no la dejamos libre y que vea a lo que se enfrenta? De todas formas el cocinero ya los amenazó a todos… – decía Zoro tras ingresar al cuarto de provisiones. —¿Oye, eso no se supone que es de reserva?
Luffy por su parte, se encontraba disfrutando de un rico jamón que había obtenido en Tortuga para una ocasión especial, como por ejemplo, cuando su misión terminara. Pero la ansiedad se la había ganado.
—Si la dejamos suelta –intentaba responder Luffy con la boca medio llena. —Se podría escapar.
—¿Y…? – Zoro fastidiado se apoyaba de brazos cruzados en el marco de la puerta observando como su amigo y capitán se zarpaba la pierna de jamón entera. —Es una mujer, ¿se te olvida por qué dejamos a Robin?
—No, no se me olvida. Pero la mujer tiene algo que Kid quería, ¿ya lo olvidaste? – respondió Luffy con un siniestro aire de seriedad, el mismo que tomaba cada vez que había alguien frente a él que no formara parte de sus Nakamas. —¿Acaso eres idiota, Zoro?
Suspirando ya cansado, el espadachín no tuvo de otra que resignarse a seguir en aquella absurda persecución.
—A veces me sorprendes, casi parece que piensas. –dijo imitando su tono amenazante mirándole fijamente provocando que el temido rey pirata comenzara a sudar sin moverse de su lugar. —Pero seguro fue Usopp quien te dio la idea. – comenzó mientras avanzaba lentamente hacia su capitán, quien por su parte retrocedía disimuladamente. —Ni si quiera sabes que lo primero que dijo al subir al barco fue "no les daré mi mapa, así que ni lo intenten". O tal vez lo sabes, capitán, y te importa una mierda que eso nos llegue a desviar de nuestro rumbo. ¿Por qué la dejaste subir?
Luffy, confundido ante aquella pregunta se congeló en su lugar frunciendo su ceño soltando una maldición entre dientes. —No lo sé. ¿Debía dejarla en Tortuga para que Kid la matara? Tú lo viste, la iba a matar sin dudarlo cuando entré al Black Hole.
—Cómo ha matado a cientos, ¿desde cuándo eso a ti te importa?
Un silencio se hizo lugar, mientras el capitán bajaba su mirada y su mandíbula se tensaba al son de sus puños. —No quiero ser igual a ellos. –respondió con furia contenida. —Al menos no voluntariamente. Y no te preocupes, recuperaré lo que es mío aunque me desgaste la vida en ello.
Nami, completamente congelada en su lugar, decidió retirarse tal como había llegado en sigilo tras haber oído aquella conversación. Sus pasos la llevaron a su habitación en donde se recostó observando el viejo techo mientras una presión en su pecho se hacía lugar.
—Será hipócrita… igual que tú, Nami. Igual que tú. –murmuró mal humorada hablando consigo misma girando su cuerpo para largar su frustración en soledad.
Abrió los ojos de golpe cuando sintió las risas y gritos inconfundibles de los hombres del barco, se había dormido. Sabía que la tripulación del rey pirata comía en el comedor principal situado en la cocina, pero el resto de salvajes, consumía en un comedor improvisado justo fuera de su "cuarto de ratas".
Cada día, indeseables molestaban en su puerta, al principio con claras intenciones de molestarla, dado a las amenazas de cocinero que no se tomaban muy en serio. Pero con el paso de los días, habían cambiado de dar toquecitos inocentes tras las paredes, a mover el cerrojo y sacudir la puerta intentando abrirla, hasta que Nami gritaba asustada y enojada que la dejasen en paz provocando aullidos de risas.
Con una maldición en los labios, volvió a cerrar los ojos, cuando recordó no haber trabado la puerta correctamente. Saltó de la cama a la puerta en un segundo, pero ya era tarde.
—Mira, pero qué preciosura… - los gritos del comedor se habían atenuado al descubrir que la puerta por fin había sido abierta, curiosos y morbosos se asomaban intentando mirar, mientras uno que otro se mantenía al margen en temor a las consecuencias de aquello. —¿Qué haces ahí parada? ¡Anda, quítate un poco de esos trapos y ven aquí!
—¡SANJI! – gritó con todas sus fuerzas en el momento justo antes de que unas callosas y enormes manos la callasen y tomaran con fuerza de la cintura. Su holgada y vieja ropa no había servido de mucho al momento de querer ocultar sus curvas ante tales bestias, puesto que uno de los hombres no dudó en arrancar con fuerza la ancha camisa que traía la peli naranja dejando al descubierto gran parte de su piel.
El forcejeo era inútil, pero Nami no era una princesita indefensa, sabía luchar, aunque con veinte tipos que la doblaban en peso era algo casi imposible zafarse de aquella situación. Rogaba que el cocinero, quien le había prestado ayuda anteriormente, hubiese oído su grito. Era lo único que le quedaba mientras gruesas gotas de lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
—¡Hija de puta! – gritó el corpulento hombre que la aprisionaba en sus brazos al sentir un golpe en su entre pierna, pero antes de que Nami pudiera salir de aquella situación, manos ajenas la volvían a contener en contra de su voluntad. La bofetada que recibió en su rostro sacó un quejido penoso, trayendo consigo una debilidad en sus piernas que casi la hace desfallecer de no ser por aquellos intrusos que la sostenían. —Te voy a enseñar a respetar.
—Por favor… por favor… no le diré nada al capitán, pero déjenme en paz – pedía Nami entre sollozos que intentaba reprimir con todas sus fuerzas pero le era imposible apaciguarse al anticipar lo que vendría a continuación. —Te lo suplico…
—Eso es, ruega. Ruega todo lo que quieras, pero las ganas de hacerte gritar no me las va a sacar nadie. – respondió el hombre mientras soltaba la hebilla de su pantalón, ignorando que un silencio aterrador se había hecho lugar en aquel comedor.
Los hombres que sostenían a Nami, la soltaron cómo si ésta emanara llamas, dejándola caer de golpe al tiempo que intentaba cubrir la desnudez de sus senos.
—¿¡Qué cojones están haciendo, inútiles!?
Aquel grupo de mal nacidos, había creído correr suerte al no ser oídos por el cocinero de la tripulación, quien no dudaría en socorrer a la joven mujer sin antes darle una buena paliza a cada uno de ellos. Lo que ellos ignoraban, era que no había sido más que otro quién había oído tal grito.
—Te di de comer. – lentos pasos se detenían en la espalda de aquel hombre, quien aún con hebilla en mano se giraba molesto ante la interrupción. —Te di un techo y un lugar a salvo lejos de la Marina. – continuaba la profunda voz que calaba en los huesos del sucio salvaje que no fue capaz más que de negar lentamente con la cabeza confundido. —¿Y así es cómo me pagas?
—¡A-ataquen! – dijo el sucio hombre con un temblor en su voz, siendo ignorado por el resto quienes se alejaban suplicando perdón por tal error. —Es nuestra oportunidad de amotinarnos, ¿no lo ven, pedazos de mierda?
Sus palabras fueron ignoradas por cada par de oídos en aquel barco, mientras el doctor de la tripulación se abría paso entre la multitud aterrada, encontró el par de ojos de Nami, a quién no dudó en socorrer.
—¿Sabes, Chopper? – dijo el capitán con un furia en su voz llamando la atención del doctor quien se encontraba arrodillado junto a una joven que no podía apartar su mirada del capitán. —Llegué a sentir remordimiento por reclutar veinte hombres para llevarlos como moneda de cambio.
—Luffy, aún los necesitamos.- respondió Chopper comprendiendo la dirección de sus palabras, al momento en que se detenía de inspeccionar a Nami visualmente. —No lograremos encontrar otro lugar para recoger a veinte más. Ya no hay tiempo.
—Lo sé, pero no hubo especificaciones sobre el estado de dichos "hombres", ¿verdad?
—Verdad. – afirmó el doctor con seriedad e ira tras revisar el rostro de Nami que comenzaba a hincharse.
Cual alma endemoniaba el Rey pirata observaba a sus presas con sigilo, ningún mal nacido se atrevía a intentar huir del barco, y no es como si pudieran hacerlo, puesto que Zoro y Sanji ya habían tomado su lugar entre las únicas dos salidas que había en aquel lugar. —Llévala a la enfermería. – sentenció finalmente el capitán con una fugaz y poderosa mirada a Nami, quien se estremeció al momento de hacer contacto visual con el par de ojos más profundo que había conocido. — Me haré cargo.
"Me haré cargo." dijo como si de una promesa se tratara, sin apartar los ojos de la joven peli naranja, quien se llenaba de aquel sentimiento de alivio y protección que creyó nunca volver a sentir.
Continuará...
¡Gracias por sus reviews! Me emociona bastante esta historia y agradezco que apoyen ideas nuevas.
Bueno, para comenzar, creo que ya se habrán dado cuenta que algunas apariencias han sido adaptadas por el bien del tiempo de la historia. Esto será algo crudo en muchos sentidos y vamos a llevarlo a un plano un poquito más realista en relación con el antiguo mundo pirata.
Sobre el sombrero de Luffy, sólo diré que tiene relación directa a los hombres que está llevando a bordo.
Y Nami, ¿será la navegante? ¿Quién navega actualmente? Se viene en el siguiente episodio, esos detallitos y más.
