Capítulo 4: Trozos del pasado.
Parte 2.
((Igual este trocito queda un poco... corto. Lo siento pero es que no se me ocurre mucho más, ya he ido poniendo cómo ven los diferentes personajes del conflicto el mismo; voy a poner ahora un par de cosas que serán importantes y luego al final del capítulo ya pongo un hecho que dará un giro a la historia.))(Salto espacio-temporal)
(Voz de 'X'?)
"Informe." Pedí cuando me desperté tras echarme un sueñecito reparador tras una jornada de 5 días consecutivos sin dormir.
"Se ha localizado unos focos de ataque acallados." Me dijo uno. "No tenemos muchas imágenes, son muy rápidos y escurridizos, pero hemos conseguido unas imágenes."
"Ponerlas." Ordené.
Las imágenes eran claras, sombras encapuchadas que entraban en acción y en menos de tres minutos el enemigo estaba reducido. Se las veía porque estaban paradas un momento antes de desaparecer.
"Pensamos que desean ser vistos." Afirmó uno.
No, no parecía eso, era más bien como...
"¿Hay alguna grabación?" Pregunté para asegurarme.
"Montones de ellas, pero no hay ninguna clara." Afirmó alguien.
"La que corresponda a estas escenas." Afirmé.
"Tenemos una de otra pelea." Me dijo una mujer para ponerla cuando asentí.
Escuché con atención, allí había muchos ruidos mezclándose, gritos de terror, disparos, ruidos de pelea...
"Ahí." Afirmé. "Intentar aislar el ruido del reloj, y hay un sonido de frecuencia 48.000 Hz. (el oído humano solo llega a los 20.000 o así, mientras que el de los perros llega a los 50.000 o casi y el de los murciélagos pasa de los 100.000) Aislarlo y ponerlo."
"Podría llevarnos un tiempo." Me dijo alguien.
"Lo que sea, pero hacedlo." Dije.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"Están al norte." Afirmé mientras parábamos los vehículos y Sari apoyaba el pie en el suelo para sujetar su moto.
"Está bien." Nos dijeron por los comunicadores. "Ahora vamos."
Últimamente nos habíamos modernizado un poco, hacía un tiempo que habiamos conseguido comunicadores, hacía un tiempo que ya no necesitábamos ir juntos en formación con los vehículos que en algún caso eran robados, para poder estar en contacto con el resto del grupo.
"Seth, esto se va a volver a poner chungo." Me dijo Sari suavemente antes de bajarse la visera del casco. "Ten mucho cuidado."
Por fin habíamos encontrado un núcleo de actividad principal. Nuestra misión esa noche era destruirlo y asegurarnos de que no causábamos daños innecesarios o a gente inocente.
La pelea se puso dura, tal y como había presagiado Sari, y así siguió hasta que de pronto comenzaron a estallar unos cuantos enemigos y vimos ráfagas moviéndose en torno a nosotros. Unos hombres con pelo blanco y media cara tapada con el flequillo estaba peleando contra varios tíos a la vez y había una mujer con el pelo hacia atrás y cogido en una coleta que se metió entre mi presa y yo sujetándomelo con un látigo.
"Selene, no pierdas el tiempo." Afirmó alguien con un acento extranjero mientras el enemigo salía volando y se estrellaba contra un poste que habíamos roto clavándose como si fuese un pincho moruno con otros enemigos más.
"¡Otra vez estos tíos!" Dijo Dakota molesto.
La verdad es que muchas veces solíamos encontrarnos con los tíos aquellos mientras peleábamos. No sé, no me gustaban mucho, me daban mala espina. Para empezar, todos tenían los ojos rojos, salvo la tal Selene que los tenía amarillo brillante como los gatos o los halcones. También eran demasiado agresivos y sádicos en mi opinión, había llegado a pensar que estaban locos salvo por Selene y el de pelo medio rubio medio gris ceniza, que se divertían matando y viendo sangre.
Eran vampiros, pero allí ni el enemigo era tan sanguinario.
Como siempre, aparecían de la nada, peleaban ayudaban a exterminar a todos y luego se quedaban congelados mirándonos, unos silbidos y salían volando. Algunas veces los silbidos eran más bien punzantes y nos hacían retorcer a la mayoría de nosotros.
"¡Esperar!" Les gritaron Sari, Nessy y Jacky antes de que se perdieran de nuevo.
"Solo queremos..." Había comenzado Sari antes de que se perdiesen de vista de nuevo en la oscuridad. "...hablar con vosotros."
Kuckunniwi había intentado seguirles, pero volvió con las manos vacías como cada vez que lo habíamos intentado nosotros.
"No hay manera." Nos dijo destrasformándose para lamerse la mano donde tenía una herida de zarpazo que le estaba comenzando a cicatrizar. "Han vuelto a escapar."
"¿No os parece raro?" Les dijo Claire. "Siempre es igual, aparecen de la nada, nos ayudan y luego desaparecen."
"Sí, justo después de los silbidos." Afirmo Nessy.
"¿Qué silbidos?" Preguntó Claire.
"Déjalo Claire." Le dijo Sari. "Tú no los oyes porque están en una frecuencia que el oído humano no puede coger."
"Bueno, nos viene bien que nos ayuden ¿no?" Dijo Dena. "Trabajo que nos quitan."
"Ya, pero a mí no me huelen tan bien." Afirmó Quil que se había destransformado de nuevo.
"A mí tampoco." Afirmé. "No sé, hay algo en ellos que no me cuadra..."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Louie)
"Tenéis que venir." Les pedí a los hombres de la casa principal (de los Valerius). "Sarah Arianna está peleando por ayudar."
"No es nuestra incumbencia." Afirmó alguien.
"Tenéis un deber hacia nuestra líder." Afirmé. "No lo olvidéis."
"Sí, bueno... algunos pensamos que no es tan líder como se supone." Me cuestionó alguien.
"Cuidado con lo que dices." Afirmé yo enfadándome.
"Yo solo quiero decir que aún no es vampiro por completo." Dijo el tipo ese. "Es solo una portadora. El ciclo no se cerró."
"Porque su madre regresó, estaba viva cuando todos pensábamos que estaba muerta. Ella seguía siendo la cabeza del clan." Afirmé yo. "Y ahora que está muerta, Sari debe ocupar su puesto."
"¿Y por qué no alguien más?" Dijo Tanya. "Alguien con fuerza, con pureza de sangre..."
"¿Alguien como tú, Tanya?" Le dije. "¿Qué no eres descendiente directa de los Valerius?" Eso le cerró la boca. "Este cargo pasa en línea descendente, no lo olvidéis, a la primogénita de la anterior líder, y si no a su nieta, su bisnieta... Una mujer, nunca un hombre."
"Igual va siendo hora de cambiar las cosas." Afirmó uno de los hombres.
Iba a haberle cortado el cuello yo mismo, pero se me adelantaron.
"Nunca me gustó ese tío." Afirmó Lucien entonces. "¿Alguien más quiere dudar de nuestra líder?. ¿No? Entonces callar la boca y obedecer."
"Sarah Arianna está luchando por defender a la gente inocente de este conflicto." Les dije tras agradecer con un gesto a Lucien su ayuda. "Nadie pide que luchéis, solo que defendáis a la gente normal."
"Valiente petición considerando que son ganado, gente de la que nos alimentamos y que solo sirven para saciar nuestro apetito." Afirmó alguien.
"¿Y no pensáis que si les matan nosotros nos quedamos sin alimento?" Dijo mi hermano. "¿De qué nos alimentaremos si acaban con nuestra fuente de alimentación?. ¿Nos alimentaremos de vulgares animales que campan por el monte?. ¿O nos arriesgaremos a emigrar a algún sitio abandonando el que ha sido nuestro hogar durante siglos y siglos?"
Había que reconocerlo, Lucien igual era algo apático, callado y prefería no mover un dedo si podía evitarlo, pero al igual que yo, teníamos un don para la política, para convencer de nuestros puntos de vista al resto de gente.
Mientras dejábamos dudar un poco, yo salí al jardín a pasear un poco a la luz de la luna clara que brillaba y alumbraba como una enorme linterna colgada en el cielo.
Suspiré recordando mi niñez allí, corretear con mis primos y primas que estaban allí en ese momento, las partidas de escondite.
De pronto vi a dos niños jugando con palos al juego de la guerra que habíamos visto a nuestros mayores. Isabella y yo mientras Lucien como otros primos más mayores estaban descansando.
A veces peleábamos entre nosotros dos, otras, peleábamos codo con codo contra hordas de enemigos imaginarios.
Y de pronto, llegué a la zona de los rosales. Todos estaban muertos, el invierno los había matado y ya nadie cuidaba a penas de ellos. Todos menos uno.
En el centro de aquella maraña de muerte había uno que hasta hacía unos años había estado solo, solía dar una rosa cada vez, pero esta vez me fijé mejor, había varios capullos que habían salido del tronco. Con cuidado retiré un poco la escarcha y descubrí que los capullos aún estaban cerrados, y en lo alto del rosal, había una rosa, era enorme, como la rosa que producía aquel rosal cada año con la llegada de la primavera.
Moví la mano más deprisa con nerviosismo, ansiaba ver aquel milagro. Moví y moví la nieve que lo rodeaba, y entonces, allí mismo donde se supone que debía salir un capullo de rosa roja, descubrí el milagro. No era una rosa roja, era una rosa roja y negra como si el negro se hubiese abierto camino entre lo rojo, como una especie de estampado en cada uno de los futuros pétalos, una armonía de ambos con predominio del negro.
Aquello era simplemente glorioso, una rosa negra aunque fuese en parte... el emblema de nuestra raza, la rosa negra; siempre habíamos buscado encontrarla, nunca lo habíamos hecho.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de "X"?)
"Señor, lo tenemos." Afirmó uno de los hombres de comunicaciones. "Parecen pitidos de un silbato para perros, parecen haber sido grabados con poca fuerza, pero al aislarnos se oyen más o menos bien y hacen daño a los oídos."
"Ponedlos." Dije.
"Pero señor, los pitidos..." Me dijo una mujer.
"He dicho que los pongáis." Le dije molesto.
"Sí, señor." Dijeron ambos.
Piiipipi pi pipiiipiiipiii pipiii piiipipi pipiiipipi pi pipipi...
Una serie de pitidos largos y cortos, combinados y juntos en golpes.
"No vemos que tenga mucho interés." Me dijo uno de los hombres. "Parece ser algún tipo de reclamo para animales."
"Están usando el código morse." Afirmé cogiendo un papel para anotar lo que oía. "Es una idea muy inteligente... solo los animales y los vampiros podemos oírlo... Está trasmitiendo unas órdenes claras y breves."
Dejadlos. Son críos. Replegaros. Comprobar enemigos todos muertos. Volved aquí.
Aquello era claramente órdenes a los soldados, era lo que les había hecho replegarse y huir de la escena.
Era curioso cómo fuese quien fuese la misteriosa persona que estaba tras esas acciones era capaz de controlar a asesinos peligrosos.
"¿Intervenimos?" Me preguntó el general.
"Ir a donde provienen estas grabaciones." Afirmé. "Acercaros en silencio y atrapad a los fugados. No queremos víctimas inocentes. Viajaremos en cuando nos hayamos preparado."
"¡Mi señor!" Dijeron varios.
"¡No puede salir, mi señor!" Me dijo la mujer.
Era una mujer y eso le salvaba. Le hubiese roto un hueso por cuestionarme, pero yo no ponía la mano encima a las mujeres. Un hombre nunca debía ponerle un dedo encima a una mujer, debíamos protegerlas.
"Quiero ver quién está detrás de todo esto." Afirmé. "Quiero ver quién ha acabado con mi descendencia..."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Edward)
"Edward, tú ocúpate de aquellos dos de allí." Me dijo Sorien. "Yo me ocupo de los otros cuatro que van con los tuyos."
Había sido más fácil de decir que de hacer, la verdad es que habían puesto una trampa y habíamos caído todos como tontos. Nuestras presas de la noche resultaron ser soldados, una trampa que nos habían puesto los 'infieles' para hacernos caer y poder atacarnos mejor. Lástima que no sabían que teníamos un as en la manga.
Uno a uno fuimos derribándolos hasta que acabé encontrándome con una cara conocida mientras ambos cruzábamos nuestras armas.
"¡Ahhh!" Gritó Bella.
"¡Muérete de una vez, maldita zorra!" Le dijo Sorien mientras le apretaba el cuello. "¡no haces más que estorbar maldita basura convertida!"
Aquello me abrió los ojos. Sorien no era el aliado, para él no había distinción entre el caso de Isabella y Jacob y el de Bella y mío. Y la verdad es que tampoco había tanta diferencia, tanto Isabella como yo habíamos tenido opción a no hacerlo, pero por amor a nuestras respectivas parejas, habíamos acabado bajándonos del burro y siendo nosotros mismos los que habíamos hecho el proceso.
"¡Sorien, no!" Grité para ir a ponerme entre ambos y parar el proyectil que iba dirigido a ella.
