Como prometimos volvemos a actualizar pronto, en esta parte se explican algunas cosas y se complican otras. Muchas gracias por los comentarios y cómo no Felices Fiestas a tods. Nos vemos el año que viene.

CAPÍTULO CUATRO

Cuando despertó, Draco ya no estaba en casa, así que después de compartir el desayuno consigo mismo, se dedicó a haraganear por la casa consciente de la atenta mirada de los elfos domésticos, cosa que le impedía realizar uno de sus mayores anhelos, entrometerse en la intimidad de Draco Malfoy, hurgar en sus cajones, descubrir algún secreto oculto o simplemente saber por fin como era su ropa interior.

En mitad de la mañana, decidió, a su pesar, que era momento de presentarse ante sus amigos o ex amigos y el primero en la lista era Ronald Weasley. A pesar del carácter volcánico de éste y del gran aprecio que le tenía a su físico, se auto convenció durante el camino que nada podía ser peor que matar a Voldemort o robarle un huevo a un Colacuerno Húngaro cabreado.

Por eso Harry entró confiado en el despacho de Ron, que se encontraba rodeado de papeles, hablando por la chimenea intentando solucionar lo que por el tono que utilizaba parecía ser una catástrofe de dimensiones apocalípticas.

A duras penas le dedicó una mirada, pero un breve gesto con la mano por parte de Ron le hizo tomar asiento frente al imponente escritorio que presidía la habitación, dejándole reducido a un mero espectador del carácter explosivo de éste y ante todo con la horrible sensación de haber caído en el olvido, algo constatable en la falta de efusividad o quizás de reacción ante su presencia. Desgraciadamente y en contra de su carácter curioso Harry sólo podía escuchar lo que Ron decía, no captando claramente las palabras de su interlocutor.

-No, te he dicho que no... – exclamó, sin dejar de teñir sus palabras de aquel tono tan Malfoy que para Harry era sinónimo de 'obedece o muere'.

-...

-Claro que sí, y también le regalo mi casa y mi coche y mi varita... – exclamó esta vez con frustración.

La conversación terminó antes de que a Harry le diera tiempo a situarse, a intentar atar cabos o a pensar en las palabras que siempre huían de su mente cuando más las necesitaba. Pero el hecho de que sus dedos tambolirearan en la mesa con impaciencia contribuyeron a que las manos de Ron viajaran con más frecuencia a sus cabellos mesándoselos suavemente, en contraposición a los frustrantes tirones de pelo que Harry aún recordaba haber visto en Ron cuando ambos asistían a Hogwarts. Pero aquella situación no se alargó más de lo necesario, Ron apagó la chimenea con un ligero movimiento de varita y volvió al escritorio centrándose en la montaña de papeles. Ignorando al que había sido su mejor amigo. Ambos sabían que el momento sería corto, pero ayudaba para acostumbrarse a la situación. Harry pudo comprobar que los tres años habían transformado a Ron en una persona más segura, sus gestos, su voz y sobre todo la sensación de poder que irradiaba.

Se acomodó en el asiento y esbozando una semisonrisa esperó la explosión de su compañero. Sorpresivamente los ojos de Ron sólo reflejaban furia, contenida, eso sí, pero furia al fin y al cabo.

La sonrisa de Harry se evaporó al instante. Cambió la postura, reacomodándose. Tensándose observó a su amigo con la esperanza de descubrir detrás de la actitud gélida un rescoldo de lo que habían sido antes. Pero lo único que descubría Ron Weasley era ira en estado puro.

Carraspeó y se decidió a empezar la conversación. Alguien tenía que hacerlo y teniendo en cuenta que quien se había largado sin avisar fue él...

-Hola - y su voz salió más como un quejido, apenas le salía.

Ron esbozó lo que parecía ser una sonrisa que al final quedó en una mueca sarcástica, pero su postura no se relajó, el continuó en todo momento firmemente sentado, sin llegar en ningún momento a acomodarse como Harry había inconscientemente hecho, quizá fruto de la antigua camarería compartida y que en los últimos días no había podido evitar recordar

-¿Y? – preguntó. Y en su tono de voz, en cada uno de los sonidos, reflejaba la magnitud de su cabreo.

Harry no supo que contestar. Cualquier otra pregunta le hubiese servido como excusa para comenzar la conversación, pero ese '¿y?' gélido lo dejó literalmente sin palabras. Aunque no por nada era uno de los mejores buscadores, así que intentando recuperarse preguntó a su vez:

-¿Después de tres años sin vernos sólo se te ocurre preguntarme 'y'? – inquirió, esperando algo que pudiera deshacer aquella tensa atmósfera, pero en contra de lo querido la actitud de Ron no pareció dar tregua.

-No Harry, de hecho se me ocurren frases del tipo "grandísimo cabrón¿dónde coño te habías metido tres años?" o "especie de imbécil con gafas, como tuviste la desfachatez de marcharte sin decir nada" , luego sopesé la opción de darte una paliza sin explicar nada imitando el fantástico estilo Potter, así que en este momento deberías dar las gracias porque elegí el plan b y tu gran explicación ya puede empezar con "me caí en un pozo, perdí la memoria que no he recuperado hasta hace poco..."

Harry se pateó mentalmente, había sido un idiota pensando que lo acogerían con los brazos abiertos después de tanto tiempo y sobre todo, teniendo en cuenta que se había marchado sin dar ninguna explicación

-Tienes razón, yo...

-No - interrumpió el pelirrojo - nada de; lo siento por todas las noches sin dormir; por las lagrimas de mi madre; por las horas perdidas intentando localizarte, porque en vez de tres años envejecí diez pensando en que podías estar muerto, herido o peor, en manos de algún mortífago vengativo sufriendo.

Y de pronto, como si le hubiesen tirado un cubo de agua fría, fue realmente consciente de lo mucho que afecta a los demás cada una de las pequeñas o grandes decisiones que tomas en la vida.

La orfandad y su maravillosa familia, habían despojado a Harry del sentimiento de arraigo. En su interior nunca se había terminado de creer que había gente a la que le importaba de verdad, y a pesar de que Ron y Hermione habían estado siempre a su lado, jamás fue consciente de que sus sentimientos eran correspondidos en toda la extensión de lo que aquello significaba.

Bajó la cabeza, avergonzado y feliz al mismo tiempo, si Ron se sentía tan mal era porque le seguía queriendo. Aferrándose a este último pensamiento enfrentó a su amigo.

-Tuve un buen motivo para marcharme, para no decir adónde y para no enviar ni una mísera lechuza para deciros que estaba bien.

-Tengo tiempo - contestó Ron - y curiosidad, así que empieza...

Harry lo miró con ternura, pese a todo Ron Weasley no había dejado de ser uno de los seres más bondadosos que conocía.

-Hay un refrán muggle que dice algo así como; la curiosidad mató al gato.

-Ya - contestó Ron- pero el gato se enteró de qué había estado haciendo el bastardo de su mejor amigo durante tres años.

-¿Y mereció la pena? – preguntó, no queriendo saber si en realidad su historia era o no importante a los ojos de Ron, sino el hecho de ser él en sí y todo lo referente a él lo que importaba a su amigo.

-Depende – contestó, mientras se inclinaba ligeramente en la mesa y por primera vez desde que se iniciaba la conversación dejaba de lado aquella rigidez que tanto incomodaba a Harry.

-¿De qué?

-De lo buena que sea la historia, por supuesto y de lo bien que se te dé mentir, aunque en ese caso déjame decirte que estás perdido.

Harry asintió, aún tamborileando sus dedos, con la vista clavada en un lugar indeterminado, reviviendo recuerdos nunca olvidados.

-Ron – comentó, obviando su último comentario, buscando las palabras adecuadas que le permitieran ser juzgado más benévolamente o en su defecto que le diese tiempo para poder explicarse – ¿recuerdas nuestro quinto año¿recuerdas los sueños que tuve, mis miedos…?

-Sí, lo recuerdo – concedió, pero sin aún dejar paso a una postura relajada.

-¿Recuerdas que quise ir sólo a salvar a Sirius?

-Sí – murmuró, con aquel nudo en la garganta que sólo los recuerdos producen.

-Ron… -prosiguió, con su vista fija en aquellos ojos que ya no transmitían furia, sino emoción – eso fue lo que me pasó. Pero esta vez no hubo ningún Sirius, ninguna Ginny, ningún mundo que salvar. Esta vez era yo.

-¿Necesitabas ser salvado? – cuestionó, mientras su puño se estrellaba contra la mesa y Harry se erguía por el sobresalto. – Recuerda que no se te da bien mentir. ¿Ser salvado¿de quién¿de mí, de Hermione?.

-No – murmuró suavemente, poniéndose en pie y yendo junto al sillón donde Ron estaba sentado, parándose a escasos pasos de él con la vista fija en su rostro, sus gestos y su ceño fruncido que ocultaba sus irascibles ojos.

Hubiera sido fácil en ese momento salir sin decir nada, huir y auto convencerse de que era mejor dejar las cosas como estaban o al menos como habían estado hacia sólo unos día. Pero no, la decisión fue tomada muchos antes de haber tomado ese avión con destino a Inglaterra; a su hogar, y no fue otro sino ése el motivo por el que ahora sus ojos imploraban con la mirada aquella oportunidad que tanto tiempo rechazó y que ahora lucharía por ella. Así que con un poco más valor del que sentía, se sentó en el brazo del sillón donde Ron se encontraba, mientras sus cuerpos se pusieron en ligero contacto a través de sus ropas y desde donde podía seguir hablándole manteniendo la vista fija, sin titubeos y mostrando en todo momento una verdad que sabía Ron le exigiría – De ti nunca¿de Hermione…? - sonrió débilmente y dejó la respuesta inconclusa, como una más de las bromas que disfrutaron en Hogwarts – pero de mí huiría siempre; de quien soy, de lo que me he convertido.

-¿Por qué necesitabas ser salvado?

-Todo el mundo necesita alguna vez ser salvado – comentó con una sonrisa amarga – quizás ya era tiempo que me tocara a mí.

-Y por ello decidiste salvarte tú mismo¿cierto? – recriminó, intentando apartarlo de sí. Pero el cuerpo de Harry pareció relajarse en vez de haberlo puesto en alerta y su cabeza terminó apoyada en su hombro mientras aquel negro cabello le rozaba la mejilla haciéndole ligeras cosquillas.

-No Ron, no lo has entendido. Yo no puedo ser salvado. - Susurró, mientras el suave deslizar de sus palabras las impregnaba de una verdad difícil de contener.

-¿Ah no?, pues entonces explícame Potter¿por qué has vuelto?, porque te recuerdo que te fuiste por el mismo motivo que según tú regresaste.

-No sé porqué he vuelto – mintió, cerrando sus ojos fuertemente, como si de ese modo las mentira pudiera parecer más verdad. Pero el cuerpo de Ron se tensó en el mismo instante que aquellas palabras se deslizaron de sus labios tanteando posibles caminos y él no pudo más que darse cuenta de su error. – Está bien, lo sé. Pero aún me cuesta reconocerlo ante mí. No me pidas que te cuente los motivos cuando yo aún no soy capaz de afrontarlos.

-¿Entonces por qué estás aquí? – gruñó.

-Te necesitaba – confesó. Esta vez siendo él el que quiso huir de su lado y Ron quien lo obligó a permanecer a su lado, sujetándolo suavemente de un brazo, pero con la presión necesaria. – Me siento solo. Me siento vacío, Ron.

-¿Tú nunca has estado solo? Yo siempre he estado aquí. Lo sabes¿verdad?

-¿Lo sé?

-Sí, lo sabes – sentenció, acariciando aquellos cabellos ya casi olvidados – por eso estás aquí, porque a pesar de todo sabes que siempre te perdonaré.

-¿Lo harás?

Ron rió suavemente conteniendo las ganas de golpear la cabeza de su amigo, ante la frustración de no poder obtener las rápidas respuestas que normalmente siempre obtenía.

Lo harás – prosiguió con una leve sonrisa.

-Sí, lo haré – gruñó – pero a cambio quiero mi explicación.

-¿Te gustan los vampiros?

-¿Y eso a qué viene? – se quejó, pero no tuvo más opción que inspirar y aspirar sucesivas veces, profundamente, para tranquilizarse, porque sabía que por alguna extraña razón que no lograba comprender, su respuesta era importante para Harry. – Bien - volvió a comenzar esta vez sonando un poco más sosegado – no me gustan los vampiros¿por qué maldita razón habrían de gustarme¡A nadie le gustan los vampiros! – terminó, haciendo trizas sus intentos de calmarse ante aquella conversación tan inverosímil.

-Por eso me fui

-¿Te fuiste porque no me gustaban los vampiros?

Harry rió suavemente, dejando que su aliento golpeara el cuello de Ron, mientras negaba significativamente con la cabeza. – En realidad las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen. Sería tan fácil poder clasificar las cosas en buenas o malas. Pero así es la vida – adujo, encogiéndose ligeramente de hombros, restándole importancia a una cosa que en realidad la tenía – unas veces buena, otra mala y otras simplemente… inidentificable.

Ron permaneció callado un momento. Sopesando las palabras, valorándolas y ante todo intentando discernir lo que para Harry sabía que era complicado explicar. Pero todo era tan distinto. Harry ya no tenía aquel rostro infantil. Sus rasgos ya no eran aquellos redondeados, ni sus mejillas tenían ese cariz sonrosado. Pero ante todo ése no era el Harry tímido que recordaba, aquel chico que huía de las admiradoras y que se azoraba al pensar en dar su primero beso. Ese era un Harry más maduro, mundano y ante todo mucho más complicado.

-¿Y cuál es la tuya? – preguntó, mientras su vista ausente observaba como el pomo de la puerta giraba suavemente y olvidaba que él tampoco era ya el niño que otrora fue.

-Siempre la peor – respondió – aquella a la que se condena a los vampiros. La de quienes eligen una burda imitación de la vida.

-¿Y tú, la elegiste?

-No, yo siempre amé vivir. Luché por ello, por mi vida, por la de las personas que quiero. Y sabes qué es lo peor – preguntó, mientras se respondía a si mismo negando con la cabeza – que podría vivir una vida apacible si lo quisiera. Una vida en la que no tendría que preocuparme cuando mi cuerpo me pidiera a gritos eso. Pero no, no puedo permitirlo porque sé que jamás me perdonaría. Esto es lo que soy ¿sabes? – prosiguió, alzando su cabeza del hombro de Ron y haciendo que por primera vez sus manos tomaran el rostro de Ron entre ellas, poniendo en contacto ambas pieles. Fría contra caliente. – Ni mago, ni muggle. Sólo una burda imitación de ambas.

Silencio. Un frío y absoluto silencio mientras descargas de magia se deslizaban a través de los dedos que acariciaban la incipiente barba y por primera vez Ron pudo constatar que un hecho vale más que mil palabras. Cerró los ojos, consciente de que el dolor que en ese momento sentía rompería cualquier barrera que pusiera para ocultarlo. Pero eso no lo aminoró, sólo sirvió para ser más consciente de la magia que en pequeñas cantidades abandonaba su cuerpo perdiéndose en aquellos dedos que se volvían más tibios conforme la magia era absorbida. No pudo evitar pensar que quizás ese era el motivo por el que Harry le había parecido quizás más pálido cuando lo había visto.

No lo dudo ni un instante más del debido. Sus manos se alzaron incluso antes de darle permiso para ello y sus ojos se abrieron con la misma irreverencia. Pero a veces la vida también da sus pequeñas alegrías y así, mientras sus dedos se deslizaban por la tersa mejilla esta se fue coloreando con aquel breve sonrojo que Ron recordaba y añoraba. Quizás ese rostro no fuera aquel juvenil aniñado que fue, quizás el sonrojo tuviera menos viveza, menos inocencia, pero él lo vio igual, del mismo modo que lo recordaba en sus sueños.

-Harry – comenzó, con el corazón en la garganta golpeándolo dolorosamente – tú nunca serás una imitación de nada.

-¿Cómo lo sabes, cómo puedes estar tan seguro? – susurró, aferrándose a las palabras tanto como sus dedos se aferraban a la capa de Ron.

-Porque… - pero sus palabras se perdieron mientras observaba la puerta entreabierta. - …no puede ser de otro modo – acabó diciendo. No sabiendo qué palabras decir. Ignorando cuáles hubieran sido las acertadas, las correctas e ignorando que seguramente ninguna serían.

-No puede ser de otro modo – repitió Harry, como si de algún modo el repetir las palabras estas pudieran convertirse en realidad. – pero a veces las cosas son de otro modo.

-¿De cuál?

-E pur si muove – pronunció, en un acento ligeramente francés que nunca llegó a hacer suyo – y sin embargo se mueve – tradujo –, lo dijo Galileo Galilei, un muggle que decidió que quizás las cosas no eran como todos creían que eran. Alguien que fue capaz de ver más allá de lo que sus ojos le mostraban.

Su respiración era más ligera cuando terminó, constató Ron. El aliento de Harry lo golpeaba ligeramente y ante ese arranque de euforia él se sintió un poco mareado. Sabiendo con total seguridad que su magia estaba siendo absorbida en el amplio sentido de la palabras. Pero lo que sin duda lo dejó sin aliento era aquel dolor que no se expresaba en aquellos ojos otrora tan expresivos y supo, sin lugar a equivocarse, que Harry no hacia más que acorazar sus sentimientos. Guardarlos bajo llave en algún lugar donde sólo él tenía acceso. Por ello, porque supo cuan importantes podían llegar a veces a ser las palabras, dejó que estas fluyeran por sí solas, tomando aquel cariz que las hacia valiosas.

-Me da igual ese muggle – acotó, dejando que las palabras impregnaran esa piel tanto como su magia – no me importa qué fue capaz de ver y qué no. Y por Lucifer y todos los demonios juro que me da igual qué creas tú que eres. Lo importante es quién eres. Y déjame decirte que para mí siempre serás Harry Potter, aquél mocoso escuálido a quien Hermione siempre tenía que reparar sus gafas.

-Y tú siempre serán para mí el pobretón.

-Vaya… - comentó con una dulce sonrisa – creí que eso es lo que siempre sería para Malfoy.

-Sí… - susurró, retirando sus manos al darse cuenta que estas se demoraban más de lo debido en esa piel, inconscientemente buscando el alimento que comenzaba a necesitar – Ron¿por qué... por qué Draco nunca se casó?

-Quizás esté esperando a la persona adecuada – probó. Fijando su mirada en la puerta entreabierta mientras Harry se sentaba en su regazo y enterraba el rostro en su cuello.

-Ya… claro… - comentó, dudando de la veracidad de aquellas palabras.

Ron suspiró mientras pasaba sus manos tranquilizadoramente por la espalda de Harry, en una caricia fraternal. Desechando casi desde el mismo instante que sacó el nombre de Draco aquel tema que parecía afectar más a Harry de lo que sabía que éste admitiría.

-Harry¿cómo fue que…?

-¿… me ocurrió esto?

-Sí

-Del mismo modo que todo comenzó – dijo con amargura, mientras levantaba su rostro y apartaba el flequillo que cubría la pálida cicatriz de su frente – En realidad no recuerdo mucho¿sabes? Aunque sí puedo sentir aún la tensión que se vivía momentos antes de la gran batalla final. Porque fue allí donde me convertí en lo que ahora soy. ¿Recuerdas como me hice la cicatriz?, o mejor dicho ¿recuerdas qué la produjo? Fue un Avada, una maldición imperdonable. La misma maldición que me fue enviada por segunda vez condenándome esta vez a un vago reflejo de mago.

-Harry…

-Teniéndome que rebajar a ser no menos que una sanguijuela de magia. Porque es el único modo que tengo de seguir siendo lo que soy; un mago. Porque no puedo renunciar a eso. Y no sé el porqué, no me lo preguntes. Pero sé que si dejo de alimentarme del único modo que sé hacerlo, dejaría de ser lo que siempre he sido, lo que mis padres fueron y dejaría de tener cabida en aquel mundo que por primera vez pude llamar hogar.

-Harry…- volvió a intentar, llevando una mano al rostro de éste. Una mano que nunca llegó a su destino porque fue antes apartada.

-Y dime Ron¿quieres saber qué hago para robar la magia?

-No – dijo claramente enfatizando su respuesta con un rápido movimiento negativo de cabeza.

-Sexo

Silencio. Otra vez ese duro y frío silencio.

-Y dime Ron – cuestionó, mientras se ponía en pie, aún enfrentando su mirada – sigo siendo Harry Potter, aquél mocoso escuálido a quien Hermione siempre tenía que reparar sus gafas.

Ron, lo observó, apreciando los significativos cambios en su aspecto. Su piel más pálida, su rostro más afinado, sus ojos quizás más grandes y lo que aún era más importante. Aquel niño que era capaz de enfrentarse a la muerte por aquellos a quien sin lugar a dudas amaba – sí, lo sigues siendo. ¿Y sabes qué?, por mucho que lo intentes siempre lo serás. Mocoso.

Y una sonrisa se asomó a los labios de Harry, no pudiendo quedar oculta entre los mechones de cabello que se deslizaban por su rostro. Haciéndole saber a ciencia cierta a Ron por qué alguien le cedería gustosamente su magia.

--

Harry decidió aparecerse en el piso de Colin. La conversación con Ron, aunque había dejado un buen sabor de boca, al final supuso un increíble desgaste de magia. Un desgaste que en ocasiones transformaba las ganas. A Potter, que normalmente era un buen chico, le gustaba ser malo. Por eso en vez de caminar, surgió de la nada en el salón de Colin pillándolo desprevenido tumbado en el sofá-¡Harry! Hola - casi gritó el rubio, que había sido evidentemente sacado de un estado de sopor.

-Desnúdate - respondió el aludido

Colin lo miró, sólo tuvo un segundo de duda, si Harry Potter te pide que te desnudes, ya estás tardando, y sin correr pero sin tomarse su tiempo se quitó la ropa, mientras el otro se sentaba en un sillón contemplando esta vez a gusto el cuerpo que había profanado, un cuerpo que le gritaba tómame en cada uno de sus gestos.

-¿Te gustaría hacerlo ahora Colin? – preguntó.

-Sí - susurrado pero seguro, mientras temblaba en mitad de la alfombra, con su cuerpo iluminado únicamente por el veleidoso fuego de la chimenea.

-Pues no - Harry sonrió mientras que con un gesto de su mano le ordenaba acercarse.
Colin lo miró sin comprender, se acercó para sentarse a su lado, pero Harry lo sujetó por el brazo

-Colin, gatito, arrodíllate, así estarás cómodo mientras te cuento - se calló para comprobar que efectivamente Colin se arrodillaba entre sus piernas - puedes entretenerte mientras tanto - el chico comprendió al momento las intenciones de Harry o se dejó llevar por las suyas propias. Desabrochó el pantalón de su amante y mientras acariciaba el pene y comenzaba a saborearlo escuchaba de fondo la voz que había ocupado interminables fantasías, algunas como la que estaba cumpliendo en ese momento.

-Hoy vas a ser mi esclavo. Harás cualquier cosa que te diga, sin rechistar ¿a que sí?

Colin sintió como su erección despertaba admirablemente, asintió con la cabeza, sin atreverse a abandonar el pene del que era, aunque él no lo supiese, su dueño desde mucho antes de empezara a jugar. Harry sonrió mientras se dejaba llevar, observaba la devoción de Colin y una punzada de culpabilidad en un momento lo atenazó, pero no sabía muy bien si esta era por Draco o por Colin. Sin embargo, éste último conocía las reglas y aun así había decidido jugar, además en ese momento estaba disfrutando como nunca.

Posiblemente, el hecho de que por primera vez alguien se entregase abiertamente influía. Colin aumentó el ritmo al sentir que Harry estaba a punto:

Harry abrumado por el golpe de placer sólo pudo susurrar:

-traga...teló... todo

Y después, la laxitud que acompaña al orgasmo. Colin lo limpió con delicadeza y se quedó en el suelo, a cuatro patas, entre sus piernas, temblando por la excitación no resuelta; Harry sonrió al mejor estilo slytherin y de un solo gesto lo sentó en su regazo, acariciando la erección del pequeño mientras éste ni siquiera se atrevía a moverse.

-Te has portado muy bien gatito, debería compensarte - dijo mientras continuaba acariciando con tortuosa lentitud su erección

Las pupilas de Colin se agrandaron. Su excitación aumentó, si aquello fuese posible, la tensión se hacía cada vez menos soportable. El hecho de que fuese el auténtico Harry Potter y no una imagen en su cabeza el que lo estuviese masturbando en ese momento, no ayudaba en absoluto, apoyó su cabeza en su hombro, mientras abría más sus piernas. Realmente estaba disfrutando. Cuando Harry notó que se iba a correr, dejó de acariciarlo y lo levantó de su regazo.

-Creo que ahora no te compensaré, tengo hambre, mejor nos vamos a cenar.

Colin se sentía completamente frustrado, excitado y humillado. Quería esconderse en el baño y terminar con aquella tortura. Pero Harry adivinando sus pensamientos extendió la palma de la mano haciendo aparecer en ella un finísimo lazo de seda. Sin dejar de observarlo temblar acarició el pene de Colin al tiempo que lo rodeaba en su base con aquel lazo.

-Esto gatito, es un pequeño suspiro de magia, no podrás correrte y tampoco podrás impedir que esa increíble erección baje en ningún momento, de hecho quiero que todo el mundo se de cuenta de cómo estás…

Colin no fue capaz de replicar, sintió un ligero mareo, cuando los Dioses quieren castigarnos, escuchan nuestras plegarias. Suspiró suavemente y agachó la cabeza. Harry estuvo tentado a no salir de casa y quedarse a disfrutar totalmente de aquel regalo con lazo y todo. Pero lo bueno, como siempre, era mejor que esperase. Vistió a su gatito con un movimiento de varita y mientras lo abrazaba se concentró para aparecerse en uno de los restaurantes más concurridos del mundo mágico.

Si el portero notó la turbación del rubio o el asombroso parecido del moreno con el desaparecido Harry Potter no dio muestras de ello. Precisamente la clase de un establecimiento se mide por la discreción de sus trabajadores. Así que pese a las insistentes miradas del resto de los comensales o la cada vez mayor vergüenza y porque no decirlo excitación de Colin, Harry James Potter se estaba divirtiendo de verdad.

-A ver gatito, nos vamos a sentar allí, tampoco quiero que nos prohíban la entrada al sitio donde mejor preparan la lasaña de todo Londres- dijo señalando a una mesa escondida en un reservado.

Cuando ya estaban sentados, Colin no pudo evitar perder su papel de gatito por un momento

-Harry puedo preguntarte algo.

-Eres periodista - contestó el aludido tranquilamente - Es lo tuyo, dispara.

-¿Por qué te fuiste? Eras el héroe, todos te buscamos para darte las gracias, para celebrar el fin de Voldemort .

Harry sonrió, por un instante estuvo tentado a contárselo, pero por el momento ya había hablado suficiente del tema. Sentía la magia cosquillear por todo su cuerpo al notar la excitación de Colín. Iba a ser una cena muy interesante.

-Creo que esa respuesta merece otro momento, por ahora gatito deberías ir al baño y traerme tus boxers, después ya veremos, si te portas bien quizás puedas enterarte.

Las pupilas de Colin se dilataron, se ruborizó como para encender todas las luces del Londres mágico y parte del muggle. Aquel Harry no se parecía en absoluto al que guardaba en su memoria. Lo cual no significaba que no le gustase, por eso se levantó para hacer lo que le habían ordenado. Cuando volvió con los boxers en el bolsillo, Harry le obligó a dárselos y le pidió que se sentara con las piernas abiertas.

Durante el resto de la cena, Colin tuvo que comer con los dedos la mayoría de la comida que Harry había pedido para el, sintiéndose cada vez más sometido, más humillado y más excitado. Cuando salían del restaurante ya estaba al borde de la desesperación. Ya se imaginaba en su cama recibiendo al que era su amo y señor desesperadamente. Pero a veces los planes no salen tal y como uno espera. Aunque no significa que salgan mal.

Inesperadamente, dado que habían llegado al restaurante apareciéndose, Harry paró un taxi muggle. Una vez dentro le dio la dirección del Callejón Diagon y se relajó en el asiento trasero. El taxista era un chico joven muy atractivo que desde el espejo retrovisor no paraba de vigilar a aquella pareja con placer. Harry cogió a Colin por la cintura y lo sentó en su regazo, éste sorprendido intentó zafarse:

-Gatito, te estás portando mal, no me obligues a castigarte - susurró Harry.
Pero Colin se retorcía entre sus brazos, desesperado porque el taxista no dejaba de mirarles. Una cosa era deshacerse de su ropa interior en un restaurante y otra era mostrarle al mundo según qué cosas. Harry adivinó aquello, y sonrió.

-Muy bien, tú lo has querido, tendré que castigarte - dijo en voz alta, y luego dirigiéndose al taxista - por favor¿puede parar un momento?

Si el taxista estaba sorprendido, nadie lo notó, se limitó a parar el coche en una de las calles más concurridas de la ciudad mientras por el espejo retrovisor pretendía no perderse nada de lo que estaba pasando.

Colin comenzó a temblar, la mitad de él por la excitación ya que Harry le estaba desabrochando el pantalón y la otra mitad porque no tenía ni la más remota idea de lo que su amante pretendía. De repente se vio volteado encima de Harry que se había situado en el medio del asiento, con la cabeza en un lado de éste y las piernas en el otro. Sintió como su pantalón era bajado a la altura de los muslos y escucho avergonzado el suspiro de satisfacción del conductor, extraño observador del primer castigo de Harry Potter. La primera cachetada inesperada le provocó el primario instinto de salir corriendo del taxi, a la segunda y mientras Harry le decía que no se discutían las órdenes sintió para su vergüenza que si seguía así acabaría corriéndose en un taxi delante de un desconocido. Desconocido que disfrutaba de aquel regalo, una de sus mayores fantasías en vivo y en directo protagonizada por dos hombres sumamente deseables. La única duda que tenía era el no saber en qué lugar le gustaría estar más.

Harry disfrutaba de aquello y sentía la punzante erección de Colin presionando sus muslos. Decidió que diez azotes eran bastante humillación. Sin subirle los pantalones lo sentó en su regazo comprobando que estaba llorando y que no le quedaba nada para tener un tremendo orgasmo. Lo besó con delicadeza pero sin perder el dominio ni por un segundo, empujó a Colin y lo dejó en una esquina oscura de la calle, mientras le pagaba al taxista con un obliviate y una estupenda sonrisa marca Potter. Cuando se giró vio a su gatito apoyado en la oscuridad del callejón con los pantalones bajados casi hasta las rodillas intentando recuperar la respiración o algo de control. Ese fue el momento en el que lo sujetó y se aparecieron en el apartamento nuevamente.

Colin notaba como el lazo cada vez apretaba más, mientras Harry se deshacía en caricias, besaba todo su cuerpo y le susurraba al oído que era sólo suyo. Sin que se diese cuenta lo penetró y sin prisas comenzó a embestirlo, Colin suplicaba el fin de aquella tortura pero Harry se vino sin que el pudiese hacerlo, hasta que sin salir de su cuerpo soltó el lazo, y sin necesidad de que nadie lo tocase estalló en el que seguramente había sido el mejor orgasmo de su vida. La magia salía de su cuerpo con fuerza inundando a Harry, mientas en algún lugar de Londres un taxista intentaba recordar que había hecho la última hora.

Continuará...