Capitulo IV

"Querida Aimi".

"A veces la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que sus ilusiones se vean destruidas."

- Friedrich Nietzsche-

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Mis dedos golpeaban la madera de la mesa redonda, en un fino compas de sonidos que fácilmente podía imitar el cabalgar de un caballo, mi pie se movía en un movimiento continuo y frenético… desesperado; estaba mordiendo mi labio inferior y con frecuencia tragaba pesado, sintiendo miles de agujas clavarse en mi garganta. Lo había dicho antes, tenía miedo, pero en este momento, estaba angustiado por lo que podía estar escrito en esas hojas viejas y amarillas.

¡Pavor! eso sentía.

Ya no era solo suponer que me la encontraba en la calle, en mis sueños. Ya no era pensar en que debía quemar sus recuerdos. No, nada de eso era la realidad, ya no era suponer nada, suponer si se casó en realidad o solo quería que yo desapareciera de su vida. No, ya no. No se trataba de eso, ahora debía ver lo que realmente pasaba por la cabeza de Sora, lo que pensó realmente y cuáles fueron sus verdaderos motivos.

¡¿Por qué diablos sentía el corazón pesado y comprimido?!

¡Maldita sea! ¿Cuándo demonios me convertí en un maldito cobarde? ¿Cuándo mi vida pasó de ser genial a esta tortura? Había olvidado su estúpido nombre, había borrado su recuerdo. Ella tomó su camino y yo el mío, pero ahora... ahora todo se iba al retrete.

Tuve que adoptar una actitud un poco orgullosa, solo para no sentir dolor, y para que nadie más me volviera a hacer daño. Qué ironía, luego de tantos años de no sentirme así, de esquivar ese sentimiento, era la misma mujer que volvía por la revancha, como si lo que había hecho no era suficiente.

—En algún momento deberás empezar a leer.

Las palabras de Mimí me sacaron de mis tortuosos pensamientos. Alcé la mirada que desde hace un buen rato estaba sobre aquel cuaderno viejo y lleno de polvo. Ella estaba recargada sobre la entrada de la cocina; relajada y sonriente.

—Seguro que sí —dije, saliendo de mi estado silencioso— ¿Qué haces despierta a esta hora?

—Aimi. —Caminó hasta la mesa y se sentó— Tuvo una pesadilla y me despertó.

—¿Ella está bien?

—Sí, está dormida. Por suerte, ya se calmó. Pero ¿Y tú, estás bien?

—Depende…

—¿De qué?

—De si leo o no estas hojas.

Mimí tomó un largo y pesado suspiro. Luego, solo me observó. Yo me sentía totalmente desnudo ante esa mirada, podía ser serena, pero tenía cierta presión que me obligaba a sentir que debía correr a tapar mis sentimientos, que al parecer, estaban expuestos a simple vista sobre esta mesa.

—Te debe de importar, sino, ya estuvieras leyendo.

—Claro que me importa, se supone que es mi hija ¿no?

Soltó una risa insolente, que provocó que la mirara con el cejo fruncido y los ojos achinados. Ella se explicó —No, no hablo de Ai, hablo de Sora.

Seguro eran pasadas las dos de la mañana. Todo estaba en calma, salvo mi corazón que se agitaba a más no poder ¡Rayos! Tan solo la mención de esa mujer me ponía los vellos de la nuca erizados.

¡NIEGALO TODO! Gritó una voz en mi interior.

Adopté una actitud aparentemente relajada e intenté sonreír como galán de cine estadunidense —Por supuesto que no.

—¡Jah! —Su mano se apoyó en la tabla de la mesa haciendo un enorme ruido. Con su otra mano me apuntó con el dedo— ¡Mentiroso!

¡¿Peo qué diablos…?! Esta chica está loca. La miré como queriendo decir: "¿En serio, de veras quieres discutir lo que siento o no?"

—Escucha —Bajé su mano acusadora de un manotón—. De cualquier modo, no es tu problema.

—Eres un grosero ¡Ju!

—Lo lamento, pero en realidad no quiero…

—¡Te gusta! ¡Aun la amas!

Y de vuelta la gallina al trigo —Que no, ya te he dicho que no ¡NO!

—Pues, a mí me parece que sí.

—Y yo soy quien siente, y no, no siento nada por ella.

—Sí, si lo sientes. Te gusta.

—¡QUE NO!

—¡Te gusta! —Ella continuó y yo ya me estaba cansando del asunto.

—¡Que no, no me gusta Sora, no siento nada por ella ¿Qué quieres que acepte?! —Y… ese hubiese sido un magnifico momento para cerrar mi boca y no tirarme la soga al cuello. Nunca aprenderé a no escupir lo que pienso— ¿Quieres que te diga que siempre la veía al cerrar mis ojos, que al despertar sabía que la había soñado, que al caminar por la calle la confundía en el mar de personas, que siempre pensé que me veía jugar; que iba a mis juegos y me observaba, y entonces sentía que debía dar lo mejor de mí mismo y así ella regresaría a mí porque no se daría cuenta de soy una maldito perdedor? ¡¿Eso quieres que te diga?!

»Pues, bien ¡sí, si la amo! y aun espero que me perdone por lo sea que haya hecho yo para que se fuera de mi lado. Porque soy una estúpido que nunca pudo olvidarla, porque aun la tengo marcada en mi piel, porque aun siento que… aun siento que… que… —Y entonces lo vi. Estaba agitado y lleno de rencor, pero no por Sora, sino por mí y mi actitud tan débil, porque aun la amaba y esperaba por ella. Mi respiración se escuchaba y ya no hablaba, hace mucho había empezado a gritar y a bufar, no solo eso, sino que empezaba a sentir las lágrimas fluir desde mis ojos hasta mis mejillas. Gemía, como si hubiese corrido un maratón—. Siento que… —continué pero con voz baja— mi vida sin ella… no es vida ¡Rayos! —Esto último lo susurré lleno de pena y vergüenza por estar llorando. Con mis brazos intenté borrar las lágrimas y baje la mirada—. Esto es deprimente —finalicé.

—Pienso que no.

Giré a ver a Mimí confundido. Sé que era patética esa escena que estaba dándole, cualquier otro se reiría del "invencible" vencido Yagami. Vaya oxímoron, pero era la realidad.

—Escucha Tai, vives en un mundo en donde preferiste huir a los sentimientos que tenías hacia mi amiga, luego te sentiste atormentado, pues estos te seguían… hicieras lo que hicieras. Y tu error fue pretender que nada te sucedía, que no sentías nada, engañarte. Es como si hubiese muerto y te negaras a esa realidad, suprimieras tus emociones y, luego, llegaste al límite de esa presión y explotaste, llevas siete años con esa presión aplastando tus sentimientos, eres como un Coca-Cola light cuando se agita y luego se abre… Simplemente estalla. Y lo acabas de hacer.

—Pensé que eras una cocinera.

—Lo soy.

—¿Y por qué tu sesión de psicología barata?

—Eres un tonto —Y tenía razón, pero me sentía entre la espada y la pared. Ella se levantó enfadada y se iba pero…

—Lo siento… —dije con la mirada hacia el suelo.

Se giró y me miró, no con lastima, sino con… ¿Ternura? —Tai, debes disculparme tú a mí, yo no debí…

—Lo siento Mimí, acepta mis disculpas, soy consciente de que solo querías ayudar, y actué como un cretino en vez de darte las gracias.

—Está bien —Sonrió con castidad—. Espero te animes a saber que fue de la vida de Sora, te ayudará un poco. Lo sé.

Solo asentí con una sonrisa muy chueca. Ella y Aimi parecían seguras de que Sora solo era una víctima más de la vida, pero no lo creo, no imagino qué pudo ocurrir para que ella me dejara y ocultara lo de mi hija. Bueno, aun no estoy seguro de que Ai sea mi hija. Independientemente del calor tan absurdo que me abarca cuando estoy junto a ella, puede que todo solo esté en mi cabeza.

En fin, Mimí se fue a acostar y el diario de Sora me miraba y gritaba que lo escuchara.

—¿Qué puedo perder? Si ya lo he perdido todo.

Entonces abrí el cuaderno. Si, era la muy ordenada y perfecta letra de Sora.

Del Diario de Sora:

Odaiba Enero 16 del 2005.

¿Cómo comenzar a escribir lo que me ha pasado en estos últimos meses?

Según mi psicólogo: Joel Yuqueara. Debo de alguna forma desahogarme, y ya que no lo hago con él, debo drenarlo de algún modo. Pero me sentiría ridícula al comenzarlo con un: "querido diario, estoy a punto de morir de desamor, por culpa de Tai y de mi madre". Eso seguro le vendría bien a Kari o a Mimí. En mi caso me siento como una payasa y no creo que pueda escribir más de lo que ya he hecho.

Odaiba, Enero 20 de 2005.

Ya pasaron cuatro días desde que escribí por primera vez, en realidad no he dicho nada relevante, solo que, aunque fue un ejemplo, moría de amor por Tai y mi madre, no de la manera cursi, ni del buen modo, sino literalmente: moría de amor, por no tenerlo.

Hace cuatro días dije que me sentía ridícula al escribir esto, que solo podía ser escrito por niñas dulces e inocentes, pero hoy lo veo distinto, siento que es una forma de limpiar mi conciencia y espero, hija mía, lo logres entender. Porque todo lo que se encuentre en esta libreta, es para que algún día comprendas a tu madre. Así que lo comenzaré de la siguiente manera: Querida Aimi.

Querida Aimi:

Hoy comprendí que la vida te puede sonreír, aunque no puedas devolverle la sonrisa.

Tu madre ha hecho cosas malas y estoy segura que me arrepentiré algún día, pero, estoy dispuesta a seguir haciéndolas por ti y tu futuro, espero este esté lleno de felicidad, porque ese es mi objetivo. Para que puedas entenderme, comenzaré desde un principio. Y no omitiré nada, porque no quiero que cometas mis mismos errores, aunque tengo la fe, de que cuando te entregue estos escritos seas una mujer, la cual, comprenda y perdone.

Todo comenzó un día luego del último partido de fútbol de Taichi, un antiguo novio de la preparatoria (seguro leerás su nombre con regularidad, porque esto se trata de ti, de mí y de él, ya luego comprenderás mejor), ese día, luego de ganar el campeonato estudiantil, él recibió la noticia de que sería fichado por un gran equipo de Reino Unido, cosa que me alegró profundamente. Pero mis alegrías se esfumaron cuando en la fiesta post partido, un amigo me dijo que ahora todo cambiaria, que Tai iría a jugar lejos y que si me seguía prestando atención, (como solía hacer en sus prácticas de la preparatoria), no llegaría a nada, pues yo era su distracción. Tenía razón, aunque no se la di al momento. Me caracterizo por pensar las cosas mucho y ese día no fue la excepción.

Luego de terminar la charla me fui de la fiesta a donde mis abuelos, en el patio trasero. Junto al lago dela casa comencé a meditar y las palabras de Daisuke hacían eco en mi mente. Era cierto, yo distraía a Tai. Muchas veces él abandonaba las practicas por ir a verme ya sea: porque andábamos molesto y no se podía concentrar, porque ese día no nos vimos en ningún momento o porque no sentía la necesidad de ir, ya que, según él, necesitaba urgente verme porque si no moriría. Si, era sin duda un amor, decía lo que pensaba (eso cuando pensaba, porque la mayoría de las veces simplemente actuaba y luego veía y analizaba lo que había hecho).

Era impulsivo, siempre lo fue, y me gustaba que lo fuera, porque siempre terminaba sorprendiéndome y enamorándome. Bueno, él solía decir:

"Mientras pueda, te enamoraré, no importa si ya lo estás, seguiré enamorándote como cuando lo hacía antes de hacernos novios. No sabría que hacer sin ti y no importa si debo arrastrarme para pedirte perdón por las tonterías que hago y te molestan (estoy seguro seguiré haciéndolas), pero siempre iré en busca de tu perdón, precisamente por eso, porque sin ti no soy nadie".

La piel se me erizaba cuando repetía esas palabras, porque siempre lo hacía. Y seguro dirás que no podían ser las palabras exactas, pues, piensas mal, si son exactas, porque las grabó en una tarjeta y las escribía en muchos mensajes electrónicos. Taichi era único.

Como te venia contando, resulta que luego de pensar mucho, decidí que no sería yo quien le hiciera tropezar en su carrera, y como dicen: "Si amas a alguien, déjalo ir…" y eso hice. Esa noche el dio conmigo, luego de una conversación que nos sacó lágrimas y demonios escondidos, la relación se acabó. Aunque el último adiós fue dicho en cuerpo y alma.

La mañana llegó y el dormía junto a mí, envuelto en un mar de sábanas blancas, su rostro sereno y pacifico me llenó de nostalgia. Una lágrima partió desde dentro de mí, ya no era fuerte y ya no quería comprender nada. No deseaba dejarlo ir, no quería hacerlo. Acaricié su rostro con el revés de mi mano, dibujé con el dorso de esta la silueta de su rostro, de su cuerpo; me acurruqué entre sus brazos y su pecho y lloré en silencio.

Él seguía durmiendo y yo no podía soportar tener que decirle adiós, así que me levanté con cuidado y cubrí mi cuerpo, me acerqué una vez más hacia él y quité el mechón de pelo que reposaba sobre su frente y en ese lugar, mis labios lo tocaron por última vez.

»—Te amo —Le susurré.

¿Por qué quiero que sepas esto? Porque, (y lo diré sin rodeos, no es fácil y nada de lo que diga o suavizará) Tai es tu padre, el resultado de aquella noche fuiste tú. Perdóname por favor…

Tai:

Eché un suspiro hondo. Hasta el momento lo único que he logrado es despertar esa nostalgia en mí. No sabía lo de Daisuke, ni mucho menos sobre que me contempló al dormir. Sora era de las chicas que decía algo hoy y al otro día se arrepentía, por lo menos conmigo, y eso pensé yo que había sucedido esa noche, que al despertar ella estaría arrepentida y a mi lado, pero solo me encontré con mi soledad.

La busqué, la llamé y fui hasta su casa y solo me encontré con que había ido a visitar a su padre y que no volvería hasta, en ese entonces, dentro de una semana, a pesar de la noticia la llamaba todo los días esperando saber que había vuelto, pero no pasó, me tuve que ir sin volverla a ver.

En Inglaterra, le enviaba correos, llamaba a su casa y a su teléfono móvil, pero o nunca estaba o no contestaba. Entonces comprendí que, tal vez, era una señal, que debía convertirme en el mejor y buscarla luego. Qué ironía, porque cuando lo hice caí en cuenta, de que la realidad era diferente y que lo que me decía el destino era que debía soltarla, olvidarla…

Continué leyendo el diario.

Del Diario de Sora:

Odaiba, Enero 21 de 2005.

Querida Aimi:

La noche pasada te escribí y revelé sobre que Tai es tu padre, pero nunca escribí, el porqué de que no lo sepas y esta es la razón…

Habían pasado tres semanas desde aquella noche, Tai se había marchado y yo comenzaba a vivir una vida lejos de él. Constantemente recibía sus correos electrónicos, marqué su dirección como "spam" no estaba lista para saber de él, igual ocurría con sus llamadas, bloqueé su número en mi teléfono y dejaba dicho con mi madre que no estaba, así si llamaba a casa no tendría que sentirme obligada a atenderle.

Cuando al fin dejó de llamar o escribir, pensé que había comprendido mis indirectas. Me sentí aliviada y asustada. En el transcurso de esa semana, estaba haciendo el papeleo para la universidad en Tokio, pero algo me preocupaba más que eso, mi periodo menstrual debía de haber comenzado hace dos semanas y media, al principio pensé que era el estrés, pero luego recordé que aquella noche no nos habíamos protegido en absoluto y eso me llenó la cabeza de tormentos. No dormía bien, y sabía que esa preocupación solo se iría si me hacia el examen médico.

Soy una persona que debe hacer las cosas bien o si no, no se siente completa, es algo irónico si contamos las veces que no he actuado "perfectamente" ya que son innumerables las veces que me equivoco, de hecho soy tan imperfecta que es absurdo creer que intento hacer todo bien y como los demás esperan. Pero, precisamente por eso fui hacerme los exámenes. Luego de que me sacaran la sangre y me dijeran que debía esperar un aproximado de una hora, me fui a caminar-

Un dolor muy peculiar salió de mi vientre, fui al baño de un centro comercial y sonreí por primera vez ante la sensación, que no pensé sentir nunca, por la llegada de mi menstruación. Estaba aliviada y no era necesario ir por aquel examen. Pero de todos modos fui a retirarlo.

Una hora después, estaba al frente de Joe Kido, él hacia la pasantía en aquella clínica. Se había graduado un año antes y era mi superior por uno, así que ya estaba en la universidad y a un año de lograr ser médico, por ello hacia la pasantía en aquella clínica. Aunque solo era un vulgar y simple "secretario"

Me sentía avergonzada de decirle si ya me habían entregado los exámenes para saber si estaba embarazada, quise irme y dejar aquel inútil resultado, pero no lo hice. Simplemente le dije que me entregara el sobre de unos resultados de sangre.

»—Ten —Saludó muy gratamente, Joe siempre fue sencillo y agradable, solía pasarse con Mimí y conmigo, luego de un campamento en donde él era nuestro guía (por ser el mayor). Después de ser la novia del futbolista más popular de Odaiba Este, perdí el contacto con Joe—. ¿Estas enferma o algo así?

»—No, no creo estar enferma, es un… uhmmm… un examen que me piden en la universidad —Mentí— sin ello, no puedo inscribirme.

»—Bueno, espero que todo esté bien.

Me despedí, pensando que sería la última vez que vería a Joe. Al estar enfrente de la clínica y sentir los rayos del sol, pude aspirar un poco de alegría, no sabía el porqué, bueno, tal vez se debía a que ya no estaba angustiada por lo que decía aquel resultado debido a que ya mi cuerpo me había dado la respuesta. Error ¿Sabías que hay mujeres que menstrúan en su primer trimestre de embarazo? Yo soy una de ellas. Quedé en shock frente al resultado, ¿era una broma?

De pronto sentí el mundo girar de prisa y todo se oscureció.

Desperté dentro un cuarto pulcro y blanco. Vi borroso y delante de mí estaba una silueta, restregué mi mano por mis orbes y cuando logré ver mejor, noté a Joe junto a mí. Y lo primero que dijo fue:

»—Con que un examen de rutina ¿eh? —Por supuesto su tono fue chocante e inundado de sarcasmo puro.

Eso me hizo volver a la realidad, estaba embarazada y con esa noticia sentía mi mundo caer. Cabe resaltar que ese día Joe tuvo que tranquilizarme, yo tiritaba del miedo, frases como: "¿Qué dirían mis padres?" "¿Por qué justo ahora que Tai está lejos?" o "No, no es cierto, he tenido mi periodo, los resultados están mal". Pero, Joe fue quién me dijo que habían excepciones en cuanto esa "regla" de las mujeres embarazadas y su periodo, que era una patología la cual me permitía ver mi periodo los primeros tres meses de embarazo. Yo no quise creerle, solo quería huir y haber deseado no haber leído esos resultados.

Perdóname Aimi, perdóname hija, pero debes comprender que mi visión en ese momento, no era traerte al mundo, no sin antes ser digna de ti y menos con un padre a miles de kilómetros de nosotras. Porque de todos mis pensamientos ese día el único que no circuló por mi cabeza fue que tu padre decidiera darnos la espalda.

¿Darle… la espalda?

Sora… Sora estaba llenándole la cabeza a Aimi, pero ¡¿Qué demonios escribía?, ¿por qué mierda le decía eso a la niña?! Maldita sea, Sora estaba lavándole el cerebro a Aimi. Eso hacía, ¿tanto así me odiaba?

Esto no estaba llegando a nada así que hojee un par de páginas, hasta llegar a una parte que me dejó atónico, ¿Intentó matarse? ¿Desde cuándo era tan cobarde como para recurrir a esa huida de la vida tan… tan estúpida?

[…]Fue la peor decisión de mi vida, fui una idiota tan solo en pensarlo y una maldita n hacerlo, no solo me estaba matando, sino que en ella te llevaba conmigo. Soy la peor de las cobardes, tenía tanto miedo que decidí acabar con mi vida y la tuya ¿por qué? No tenía las agallas para vivir sabiendo que pude haber abortado, que pude haberte quitado la vida antes de vivir. Eso era lo que rondaba por mi mente y no lo quería, ese peso en mi conciencia no lo quería.

Vacié el frasco de pastillas y de un puñado las tragué. No quería un intento de muerte, quería morir. Así que llené la tina de agua y me sumergí en ella. Con el cuerpo adormecido y muriendo no tendría la fuerza para arrepentirme. Solo que no conté con que Joe fuese a mi casa y me encontrara moribunda. Una segunda oportunidad, de nuevo estaba él allí para ayudarme cuando todos incluso tu padre me dieron la espalda.

—OK —dije deteniendo la lectura— Esto no está llegando a ningún lado, ahora entiendo menos. Solo… solo quiero saber porque me mintió. Porque dice que la abandoné.

Seguí leyendo: decía muchas cosas, pedía perdón por sus errores, habló de que su madre le dio la espalda, de que su padre no podía tenerla por cuestiones de vivienda y economía, pero que a pesar de la desilusión, podía contar con él. Cosa que no le sirvió para nada, puesto que, si nunca estuvo para ella, menos para la criatura que llevaba en su vientre. El nombre de Joe aparecía con mayor continuidad, el mío iba desapareciendo, era opacado por el del peliazul. Era una especie de gurrero: noble y sin armadura. O eso decían las palabras de Sora, en cambio yo era la bestia nefasta y piltrafa. Exactamente no lo dijo así, pero palabras más, palabras menos… es lo mismo.

No solo habló de su momento de depresión y del intento de suicidio, sino que según, Joe la salvó de múltiples maneras, pasaban mucho tiempo juntos y aceptó decirle al mundo que él era el padre, por ello se mudaron y al poco tiempo se casaron.

Es ridículo de pensarlo, tan siquiera, es que es absurdo, muy… sentía mi cólera aumentar. Joe siempre amó en silencio a Sora.

¡DEMONIOS! ¡En estos malditos tiempos no se puede confiar en nadie, EN NADIE!

Y aun así, luego de leer por horas, no leí nada que me explicara el porqué de todo este maldito asunto.

Decidí regresar a la hojas que me salté, no tan atrás, me fijé en una zona rayada, habían borrado un pequeño párrafo. Desde allí lo continué.

Los rumores de mi embarazo corrían como pólvora. Las miradas de lastima y satisfacción eran puestas sobre mí, mi vientre crecía y a pesar de que mi madre, Joe y mi padre lo sabían, nadie más estaba al tanto, solo especulaban, no sabían nada a ciencia cierta. Me armé de valor, no podía contactarme con él por el correo o por teléfono, ya hace dos meses, en ese momento, que no teníamos contacto. No sabía nada de él, ni siquiera su dirección. Los Yagami, mantenían esa información con discreción y recelo.

Escribí una carta, en ella decía que lo último que quería era privarlo de sus sueños, no me importaba ser la que sufriera la que viviera lejos y abandonara sus sueños, solo quería que ambos, tanto tú como él fueran felices. Entonces, renuncié a mi futuro y busqué un trabajo de medio tiempo, Joe, un pilar muy importante en aquel momento me ayudó a buscar una escuela técnica de modas. En la carta le decía todo esto más detallado. Le pedí que no renunciara a su sueño que yo podía con las responsabilidades, por lo menos hasta que su posición económica y profesional estuviese estable. Le imploré que no se enojara por ser tan estúpida y olvidar tomar la píldora, y rogué que no nos dejara, que si de algo estaba segura era de su amor y compromiso y que sabía que no nos dejaría…

Llegué a la parte en donde estaba todo tachado por la tinta azul de un bolígrafo. Manchas que parecían ser causadas por gotas se encontraban en el papel… lágrimas. Eran muy viejas y estaban secas, si no fuese por eso, por estar secas, hubiese jurado que eran las mías que habían caído y terminado empapando la hoja vieja. Solté el aliento pesado, soplé y resoplé; me sentía frustrado, estrujé mi rostro y llevé mi cabello hacia atrás, para luego despelucarlo con furia. ¿La carta nunca llegó? Es por eso que me odia, porque pensó que la había leído… ¿era eso?

Aun duele hija mía, aun duele pensar en lo que me dijo cuándo respondió…

¿Le respondí? Estoy seguro de que no, y drogado o loco no estaba.

[…] cuando respondí sus palabras fueron tan hirientes y fuerte. No llegaré a esa parte aun.

Fui a donde la familia Yagami, a su apartamento, mi intención era hablar con Hikari y decirle que enviara el sobre, pero no estaba solo estaba el señor Susumu.

Me miró de arriba para abajo, sentí vergüenza de su mirada que me analizaba. El chisme había llegado a sus oído, era lo más seguro. Aun así me recibió con enorme sonrisa.

»—Querida, ¿Cómo has estado? Tiempo sin saber de ti.

»—Hola Sr. Yagami. Estoy bien, gracias por preguntar, ¿se encuentra Hikari?

»—Lo siento, está con TK, pero dime ¿Qué pasa? Yo te puedo ayudar.

Dude si hacerlo o no, pero al fin lo hice. Le estiré la mano y le entregué el sobre. Le pedí que se lo entregara y me dijo (aun lo recuerdo reír) »—: ¿Si quieres te doy la dirección y lo envías tú?, ¿Quieres su número?

Asentí. Me invitó a pasar, mientras buscaba el bloc en donde tenía la dirección y el número de teléfono. Tenía ya dos meses sin vivir allí, pero el olor peculiar de Tai se encontraba impregnado en aquel mueble de su sala, su favorito. Allí vivimos mundiales, Champions, copas europeas y nacionales, también fútbol en su consola de juegos, chistes que soltaba, una vez ya de novios: besos y caricias. Muchos recuerdos y añoranzas. Temblaba de miedo, ¿Qué si Tai regresaría a Japón dejando atrás todo por lo que luchó?

El Sr. Yagami llegó y me pidió la carta, pues, él la enviaría debido a que Yuuko había tomado la libreta con los datos de Taichi. No dudé y le di la carta.

Dos semanas después, recibí la respuesta:

"Es difícil para mí escribir esto, de hecho, no sé cómo me he armado de valor para hacerlo.

Fuiste mi primer amor, mi primera ilusión y ahora mi primer desamor. Jamás pensé en decirte esto, pero tú me obligaste a hacerlo. Te busqué como un loco desesperado, llamé, pregunté por ti y solo obtuve como respuesta el silencio de tus palabras y las mentiras de boca de personas que me amaron (y de tu madre).

Quise dejar todo atrás, mis sueños y metas e irte a buscar, pero luego me enteré de que te has estado viendo con otro. Sora, no soy bobo, sé que ese hijo no es mío, estoy dispuesto a volver por ti y ayudarte, decir que seremos padres y fingir que no sé la verdad, pero debes ser sincera… no me mientas, ya todos lo saben ¿Y sabes…? El mundo es tan pequeño como dicen que es.

Espero tu respuesta, te amo lo suficiente como para fingir que esto es real.

Solo quiero la verdad".

En medio de esta habitación sentir caer el cuaderno de mis manos. Mi cuerpo no reaccionaba, sentí la ira apoderarse de mí en forma de un sonrojo que iba desde mi cuello hasta las orejas… ¡Maldita sea, Maldita sea, maldita sea! ¿Por qué demonios me hiciste esto? ¿Por qué?

¿Cómo demonios quieren que la comprenda? ¡¿Cómo?! Maldita sea ¡¿Cómo?!

Me levanté de la silla como que si sintiera que esta quemara. Di tras varios tras pies y esta calló al suelo. Al lado de esta, estaba el diario… abierto. El viento del aire acondicionado movía las hojas y están sonaban en el silencio del lugar.

Yo solo me apoyé sobre un pilar de la habitación del hotel. Mi vista se perdió en la nada y mi cara, cada vez, ardía con más rabia. No lo podía creer, no lo podía creer ¡NO, DE ELLA NO! Ella nunca me haría algo así. Pero lo hizo.

—Maldición, maldición—. Mi quijada estaba tensa y las palabras salían a penas de entre mis dientes apretados.

Sostuve mi cabeza, ocultándola detrás de mis brazos. Luego solo me desparramé de rodillas en el suelo.

—¿Estas bien?

Tan rápido como oí esa voz, levanté mi rostro para verla. Estaba de pies frente a mí. Llevaba una bata de noche larga hasta los tobillos y un dinosaurio de peluche entre sus manos. Me miraba con pena en sus ojos. Seguramente, porque sabía cómo me sentía esa noche.

No pude responderle.

Ella se acercó y tomó el cuaderno del suelo y lo miró con tanta insignificancia. Como si este tuvieras las preguntas y respuestas más obvias del mundo.

—Ya veo, leíste tu carta.

—¡Ai! Yo… —Reaccioné de inmediato.

¡Rayos! No quiero que mi hija piense que yo la odié, o que yo no la reconocí. ¡Demonios! Yo nunca envié esa carta de mierda.

—Lo sé. No negaré que te odié cuando leí esta parte… pero, ¿sabes? A veces siento que puedo ver cosas que nadie más ve, Joe decía que era un sexto sentido.

—Ai…

—Debes leerlo completo. Te odié, pero luego comprendí que no había sido tu culpa. Aunque, creo que Mamá no se dio cuenta del meollo del asunto.

—Yo sería incapaz Ai… incapaz de escribir eso. A tu madre la amé como a ninguna mujer y estoy seguro que a ti…

Sus pies corrieron en dirección a mí y me rodearon con fuerza. Un abrazo intenso. En él se escondían días, semanas y años de ausencia. Lo extrañaba, aunque nunca los sentí.

—Lo siento hija.

—No te preocupes papá —Su voz se escuchaba sofocada entre aquel abrazo, sus palabras chocaban con mi piel, pues, hundía su rostro en el hueco de mi cuello. Aun se aferraba con fuerza a mí y yo igual, me aferraba a ella—. Solo promete que no dejaras que nadie nos vuelva a separar.

—Nunca pasará, Ai. Nunca.

Se separó y me miró, su pequeño dedo limpió una lágrima que había soltado en medio de mi enojo e impotencia. Sonrió con tanta calidez, con inocencia y castidad, podría perderme en ese sonido risueño por siempre sin importarme nada.

Susurró —Si lloras, el pequeño Agu se pondrá triste —Mostró el dinosaurio de color Anaranjado.

—Aimi… —Era Mimí— ¿Qué haces despierta? Ven a dormir.

—Solo vine a hacer pis y por agua. —Me miró y guiñó el ojo, luego solo se marchó tomada de la mano de Mimí.

Una vez más, me encontraba solo en aquel oscuro lugar, con el diario a unos centímetros lejos de mí. Sentía un susto extremo. Odiaba a Sora Takenouchi en ese momento. Jamás le perdonaría tantas mentiras… ¿Cómo podría hacerlo?

Sentí pasos rápidos devolverse hacia a mí. Era ella de nuevo, mi pequeña castaña —Ten —Me extendió el peluche— Lo uso cuando me da miedo, te lo presto para que termines de leer.

Sus dulces y pequeños labios rozaron mi mejilla y salió corriendo tras el nuevo grito de Mimí.

Si el valor se me había ido, ahora volvía y repotenciado. Expulsé aire y volví a la mesa. Tomé el diario y levanté la silla. Coloqué al dino sobre la mesa y me dije a mi mismo.

—Veamos cuantas mentiras más dirás sobre mí Sora Takenouchi.

N/A: En el próximo sabrán más del diario. I promess you

Gracias a Todos por sus comentarios, por seguirme y por sus favoritos. Si no le contesté a alguien. Sorry. Estoy demasiado humillada para hacerlo :'( y menos por aquí (como suelo hacer).

Si pues, nos humillaron en el Camp now. ¿Qué se hace? A veces se gana, otras se empata, otras se pierde y hay ocasiones en la que te dan con los pies hasta en el ego. Me satisface saber que los merengues no pasaron a la final… que luego de tres años con Mohu aún no hacen nada bueno y la décima está taaaaaaaaan lejos, como Messi de ganar su quinto balón de Oro consecutivo. OK, su semifinal fue más digna, y reconozco que jugaron bien y, por poco lo logran, POR POCO, eso no significa que lo lograra, una derrota es una derrota u.u

Ay mis culé, qué más da… ganar la Liga BBVA es algo bueno también. –Patalea- Yo quería la liga de campeones ok, he abierto nuevas heridas y esto no tiene que ver con el tema principal.

A los Madridistas y otros que leen no los odio, solo que los odio. Fanáticos del Bayern y Borussia, espero que sus equipos hagan una gran final. Se lo merecen, por algo están en donde están ¿no?

PD: Espero les guste el capi :3