Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, aunque lo desara. Todo es de J.K Rowling... menos la trama. Es mía, mía y sólo mía.

Summary: -¿Se supone que vas a cumplirme todos mis deseos?. -Granger pensé que eras más inteligente. - Oh, genial me volví loca , ahora me gusta Malfoy.


4- Te presento a mi nenesis

― Mucho gusto señores Granger - decía un azabache mientras le tendía la mano a una pareja de adultos muggles que se encontraban de pie al lado de la Gryffindor cumpleañera que no hacía nada más que sonreír feliz por la compañía de sus padres. Aún no asimilaba del todo que de la noche a la mañana sus padres hayan recuperado su memoria y hayan aparecido en el castillo, justo el día de su cumpleaños. Sin duda alguna aquel era el mejor regalo de cumpleaños que podría recibir.

― El gusto es nuestro Harry Potter - habló el hombre castaño mientras procedía a presentarse ante los otros dos pelirrojos que presenciaban la escena. Luego de haberse reencontrado con sus padres, les había contado todo, resumido, de lo que había sucedido en el Mundo Mágico, con ayuda de su director. Luego de que todo había quedado solucionado había procedido a enseñarles el castillo, a sugerencia de Dumbledore, que le parecía una idea estupenda de que dos muggles pudieran recorrer los amplios pasillos de Hogwarts. Sus padres habían quedado tan asombrados como ella en su primer día, y luego había decidido presentarles a sus mejores amigos, puesto que nunca antes lo había hecho, si bien se habían topado con la familia Weasley y con Harry en el Callejón Diagon, nunca había hecho las presentaciones formales, también en el trayecto se había topado con compañeros como Seamus Finnigan, Dean Thomas, las gemelas Patil, Romilda Vane y otras personas a las que la castaña les presentó a sus padres. Ahora se encontraban en el Gran Comedor, donde había dejado al pelirrojo luego de que Snape le comunicara que Dumbledore le buscaba, para su suerte allí había hallado a sus mejores amigos y ahora se encontraba feliz de la vida escuchando la amena conversación que sostenían.

― Mione tenemos que ir al entranamiento de Quidditch - le avisaron a la castaña que asintió sin tomarle mucha importancia a ese hecho, los tres amigos se despidieron del matrimonio Granger y se encaminaron a los jardines hablando en voz baja, de lo que suponía la castaña, tenía que ver con su cumpleaños, anteriormente olvidado.

― ¿Cuándo se tienen que ir? - preguntó la Gryffindor sospesando la posibilidad de quedarse un poco más con sus progenitores

― Dumbledore nos ha dado dos horas, así que tenemos una media hora más - le comunicó su padre y la leona asintió algo desanimada. La verdad no tenía muchas ganas de separarse tan rápidamente de sus padres luego de haber estado sin ellos por tanto tiempo, además no tenía ni idea de que haría después de que ellos se fueran, sabía de sobra que el entrenamiento de Quidditch se extendería bastante ese día puesto que el próximo partido era contra las serpientes, y cuando eso sucedía los leones agotaban a sus jugadores al máximo, así que con la presencia de sus amigos no contaría si no luego de varias horas, y la perspectiva de pasarse ese día en la biblioteca no se veía muy alentadora. Alejando sus pensamientos para tratar de darle la mejor de las visitas a sus padres se dispuso a enseñarle el último piso, pasando por la torre de Astronomía, el cual emociono en demasía a su padre, que desde pequeño había tenido una enfermiza obsesión por las estrellas. Luego se había decidido por vagar por los pasillos charlando durante los últimos 15 minutos que le quedaban por pasar con sus padres, pero como no todo podía ser perfecto, y menos en ese día una voz siseante detuvo su andar haciendo que sus padres también se detuvieran.

― Granger ¿estás practicando para trabajar de turista de indigentes o algo por el estilo? - musitó con una sonrisa perfilada que hizo que la chica apretara las uñas en las palmas de sus manos haciéndolas sangrar. Lo que le faltaba era que ese rubio prepotente apareciera para arruinarle el día. Sus padres fruncieron el ceño sin entender bien las palabras del chico, si bien sabían lo que significaba, no sabían por que lo decía y por que se burlaba tan descaradamente de su hija.

― No Malfoy , no he tenido el inmenso placer de darte un tour, pero si quieres puedo hacerlo, me mola eso de hacer obras de caridad a hurones oxigenados y con escaso intelecto - bufó la chica y el rubio alzó una ceja algo enojado para luego enfocar su mirada en la pareja de extraños que miraban de hito en hito a la Gryffindor, y entonces comprendió que se trataban ni más ni menos que de los padres de Granger, y con una sonrisa viperina se acercó hasta estar a un palmo de ellos ignorando a la castaña que le miraba alarmada temiendo que de un momento a otro el rubio sacara la varita y le lanzara alguna maldición a sus padres.

― ¿Y bien Granger? ¿no presentas? que falta de modales de tu parte - siseó y al ver como la castaña respiraba agitádamente seguro por los esfuerzos de no mandarlo a volar le tendió una mano decidida al hombre que lo veía con desconfianza - Draco Malfoy , un placer conocerlo señor Granger - dijo para luego estrechar la mano desconfiada del señor que miraba suspicaz a su hija que parecía no caber de asombro puesto que no hacía ningún movimiento, de no ser porque respiraba hubiese pasado como una estatua. - Señora Granger - saludó el chico sosteniendo con delicadeza la mano de la mujer que se encontraba algo confundida por los delicados modales del rubio para con ellos y la manera arisca de tratar a su hija.

― Hija nunca nos mencionaste de un Draco Malfoy - habló la mujer y la leona le mandó una gélida mirada al rubio que sonreía disfrutando de la situación.

― Créeme mamá no pierdo mi tiempo hablando de estupideces, y de hecho ahora que lo recuerdo si te hablé de el, te conté como en tercero un despreciable chico había sido transformado en hurón, lo cual te pareció a la mar de divertido, si no recuerdo mal - respondió la chica disfrutando el rostro enrojecido del rubio que parecía querer mandarle crucios en ese instante. La madre de la castaña parecía apenada por sus palabras por lo que se apresuró a decir

― Oh si si lo recuerdo hija, pero no mencionaste que era un chico tan apuesto y con tan buen porte - elogió para disfrute del rubio y desesperación de la castaña. Si, su día mejoraba, ahora se encontraba en medio de un pasillo desierto con como única compañía sus padres y una serpiente peligrosa. Y encima, su madre elogiándole.

― Madre, créeme no es nada de eso que dices - al ver como su madre iba a rebatir su opinión, se apresuró a añadir abatida - madre, padre, ya es hora de que vuelvan a casa - informó y su madre asintió nostálgica y su padre que aún no quitaba la vista del rubio Slytherin asintió sin estar muy cociente de ello. - Piérdete Malfoy - añadió comenzando a caminar hacia el despacho del director esperando que el rubio le dejará en paz.

― ¿Qué modales son esos Granger? - picó el rubio y sonrío a sus padres - fue un gusto verlos por primera vez señores Granger - se despidió con una afable sonrisa correspondida por la mujer y un asentimiento de cabeza por parte del hombre.

― Sí, despídete por que será la primera y última vez que los veas - susurró enojada y el rubio enarcó una ceja divertido.

― Yo no estaría tan seguro de ello - se limitó a decir desapareciendo de la vista de la castaña que suspiró enojada dejando a un lado el doble sentido de las palabras del rubio. Evitando las preguntas inquisidoras de sus padres caminó rumbo al despacho de su anciano director y una vez frente a este paró su andar y volteó a ver a sus padres.

― Escucha mamá, papá , lo siento por la escena de hace unos momentos , la verdad hubiese preferido ahorrarles esa parte desagradable del castillo, en fin , no se preocupen por él, no lo volverán a ver - aseguró la chica ignorando la voz del rubio diciendo que no estaría tan seguro de ello que se había instalado repentinamente en su cabeza.

― Pero si me ha caído a la mar de bien - anunció la mayor y la Gryffindor suspiro preguntándose si algo podría andar peor.

― Mamá, te quiero , papá también te quiero, ahora vayan a casa y vuelvan a hacer de ella un hogar, los visitaré pronto, los quiero - dijo a modo de despedida para luego asegurarse de dejarlos en la comodidad del despacho de Dumbledore y se dirigió a su Sala Común nostálgica. Por culpa de aquel prepotente rubio no había podido pasar bien sus últimos 10 minutos con sus padres, y eso le hacía enojar. Ignorando nuevamente las últimas palabras del rubio se dejo caer abatida en uno de los sillones frente a la chimenea y cerró los ojos dispuesta a descansar un tiempo, quizá lo suficientemente largo para que cuando abriera los ojos ya sus amigos hubiesen salido del entrenamiento, pero tras unos 5 minutos de tranquilidad, recordó las 9 velas que descansaban en su habitación pidiendo ser sopladas antes del final de ese día y con un salto se dispuso a hacer de sus deseos realidad.

Al fin y al cabo ya había notado que eran de verdad, realmente tenían poderes mágicos, y no era una broma pesada de los gemelos ni ninguna otra persona.

Repaso mentalmente la lista de sus diez deseos y con una mano temblorosa cogió una vela con forma ovalada y color verde escarlata y la sopló con un pensamiento en la cabeza.

Esa vela era demasiado Slytherin para su gusto.

¿Cómo demonios voy a aprender a cocinar encerrada en mi habitación? - se preguntaba la chica pero no tenía ninguna intención de cambiar de paradero, estaba muy aburrida y no tenía intenciones de vagar sola por el castillo inspirando lástima, y menos el día de su cumpleaños, así que de acostó en su cama esperando que por un milagro apareciera un libro de recetas junto con un caldero y alimentos, pero nada de eso paso, y por unos largos 20 minutos sospesó las posibilidades de que aquella aparición repentina de sus padres si haya sido por mera coincidencia, ya se estaba acostumbrando a la idea cuando de repente una lechuza negra cruzó su habitación depositando sobre su escritorio una carta, la cual la chica cogió confusa preguntándose de quien era aquella lechuza tan tétrica y que podría contener la carta. Por un momento pensó que se trataba de una felicitación de cumpleaños, pero pronto desechó la idea y abrió la carta leyendo una impecable letra que provenía de su no tan querido profesor de pociones

Señorita Granger

Me he enterado de que usted y el señor Malfoy han sido vistos en los corredores del séptimo piso, que como usted bien sabrá los días que no hay clases en el, está prohibido transitar. Con ningun otro motivo más que el de informarle que se presente en las cocinas dentro de 30 minutos para cumplir su castigo, le escribo esta carta.

Sea puntual. 20 puntos menos para su casa.

La chica releyó la carta incrédula y luego la tiró a la papelera con enojo. No sólo había hecho perder puntos a su casa, sino que también tenía que pasar su cumpleaños castigada. Vaya día - pensó con humor negro para luego encaminarse a las cocinas, sin percatarse de que un rubio igual de enojado que ella se encontraba dirigiéndose hacia el mismo camino haciendo que sucediera lo inevitable. La chica chilló del susto al sentir su pecho impactar contra un cuerpo varonil y antes de que cayera el suelo sintió como el chico le agarraba por las muñecas y la levantaba, con poco gentileza. Al levantar la mirada para agradecer, algo malhumorada a su salvador, se encontró con los fríos ojos del rubio y bufó sin poder contenerse

― Vaya Granger, no me equivocaba diciendo eso de que eres muy mal educada, te salvo de una segura caída y me lo agradeces bufandote, 10 puntos para Gryffindor - dijo burlón y algo enojado lo cual irritó aún más a la chica.

― Mira Malfoy hoy, no estoy de humor para soportar tus tonterías ni tus desplantes, tengo un castigo que cumplir así que adiós - se despidió pero frunció el ceño al notar que el rubio le seguía de cerca, con un suspiro habló sin detener su marcha hacia las cocinas - ¿se puede saber por qué me sigues?.

― Lamento bajarte de esa nube Granger, pero yo también estoy castigado, por si no lo has notado, así que debemos compartir castigo, sabelo-todo - pronunció con sorna su mote y se dispuso a seguir caminando, pasando olímpicamente el rostro enojado de la Gryffindor, que decidió seguir su camino tratando de ignorarle.

Encuentra a sus padres, bueno. Malfoy encuentra a sus padres, malo. Castigada y puntos menos para su casa, malo. Castigo compartido con Malfoy, horrible.


Otra vez tardé mucho en publicar, lo sé , lo siento.

Es que con tantos fics que se me han venido a la cabeza, de verdad he necesito mucho auto-control para no comenzar como 10 más que se no terminaré.

Espero les haya gustado este capítulo. No lo alargué demasiado, por que me pareció innecesario, lo importante ya paso, es decir, ya apareció Malfoy.

En el próximo capítulo:

― Gracias Malfoy - pronunció sin dar crédito a si misma, el rubio sonrío sin saber muy bien el porque del agradecimiento de la leona.

― ¿Se puede saber a que debo tu gratitud Granger? - cuestionó.

― Pues, que inconscientemente me has cumplido un deseo - dijo alegre pasando por alto que posiblemente aquel era el intercambio de palabras más grande que había tenido con el rubio sin discutir.